Decálogo del Buen Amo
Yo, Orejón, tu fiel amigo, te ruego
que observes y leas este decálogo del buen amo.
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Dame, sobre todo, tu cariño, lo
necesito más que cualquier otra cosa. ¡Los perros somos unos sentimentales
terribles!
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Proporcióname buena alimentación,
basta un plato abundante una vez al día. Cuando soy perro adulto, me gustan
las verduras y frutas (¡aunque no lo creas!), y, por supuesto, nunca debe
faltarme agua.
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Permíteme hacer ejercicio, necesito
correr porque, como tú sabes, desciendo del lobo. Por eso, tenme un amplio
patio o llévame donde pueda jugar sin peligro.
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Arréglame un lugar abrigado para
dormir. Me gusta tener mi casa, donde pueda recogerme cuando llueva o haga
frío.
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No me dejes nunca en la calle, no
quiero morir en la perrera, ni bajo las ruedas de un auto, ni sobre la mesa
de experimentación de un laboratorio. Cierra tu propiedad con una buena reja
y no dejes las puertas abiertas. Ponme collar con dirección y teléfono.
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Cuida mi salud, llévame al
veterinario cuando me notes decaído, resfriado o triste. Vacúname contra la
rabia y el distémper, escobíllame en vez de bañarme, o, si me bañas, sécame
bien pues la humedad me hace mal.
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No me tengas amarrado, pero si
tienes que hacerlo suéltame con frecuencia. Si no puedes soltarme, colócame
una cadena corredera sobre un alambre grueso y largo, tendido entre dos
árboles o postes.
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Enséñame a obedecerte y ayudarte,
me gusta aprender y demostrarte mi inteligencia. Pero hazlo con paciencia y
cariño, nunca con golpes o gritos.
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Trátame con justicia, no descargues
en mí tu mal genio ni me hagas pagar culpas ajenas.
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No me abandones jamás, sé tan leal
conmigo como lo soy contigo. Si algún motivo insuperable te obliga a
separarte de mí, prefiero que en vez de abandonarme me hagas dormir para
siempre.