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Nada se sabe con seguridad las fechas en las cuales se inicia la construcción del templo y cuando finaliza. Solamente se sabe que se terminó a principios de 1798, en tiempos del R.P. Fray Francisco de la Fuente.
Por una tradición arraigada que se dio a fines del siglo XIX, y que en nuestros días se escucha todavía, se narra lo siguiente:
Se dice que Don Pascual Paniagua, esposo de María Hernández, hija de Don Eugenio Hernández, persona muy honorable y conocida en esta ciudad. Don Librado tenia una tienda de abarrotes en la esquina de Sámano y Madero (así se llama actualmente, antes se llamaban "cupido" y "enseñanza".)
Don Pascual y Ma. Antonia conservaban una imagen de Sn. Antonio que era para ellos una joya de familia, pero por desgracia vinieron a menos económicamente y en medio de su pobreza deseaban hacer una capilla a Sn. Antonio; Pero con el modesto trabajo de don Pascual (obrajero), le era imposible realizar su deseo de erigir aquella obra; sin embargo, tratan el asunto con el "Califa" (así se llamaba al encargado de estos asuntos). Al conocer de esto él les contestó con displicencia: "están locos" pero ellos insistieron diciendo que esto era fácil, porque solamente era una ermita pequeña; "no importa, se lo rogamos por favor". Después de tanto rogar, contestó: "está bien, háganlo pero no vallan a acribillar a los demás" contestó don Pascual lleno de alegría "se lo prometemos que a nadie molestaremos".
Llegaron a casa y todo fue hacer comentarios y proyectos para trazar en el terrenito de su propiedad, el pequeño templo de Sn. Antonio lugar donde actualmente se encuentra.
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Al día siguiente comenzaron su ardua tarea: por la tarde al terminar de su trabajo, salía él a traer piedra y ella un poco de arena; además cada ocho días compraban un poco de cal; cuando ya tenían suficiente material llamaron a un señor llamado Fausto quien era maestro albañil y a un joven para que comenzaran a trazar y a abrir los cimientos, al maestro le pagaban dos reales y al joven un real.
Mientras se hacían las excavaciones los dos esposos seguían como hormiguitas trayendo piedra y arena; pero he aquí que una tarde Ma. Antonia no pudo acompañar a su esposo y al pasar por la parte de atrás del solar de su casa exactamente a la hora de la oración, él se quita su sombrero y lo coloca sobre su pecho, después de dejar caer una piedra casi a sus pies e inclinando la cabeza escucha el toque de la oración y mientras rezaba, ve arder la misma piedra y oye una voz que dice: "aquí está el dinero". Verdaderamente sorprendido, presuroso recoge su sombrero y deja la piedra en el mismo lugar donde estaba ardiendo, pues momentos antes la había tomado para cerciorarse que de ahí salía la voz, y corriendo presuroso llega hasta el lugar donde se encontraba Ma. Antonia, y hablándole casi en secreto muy agitado le dice: ¡Ma. Antonia, Ma. Antonia! Respondiendo de inmediato ésta: "¿qué te pasa Pascual, te has vuelto loco?" "no, no, es que a la hora de la oración cuando rezaba con la cabeza agachada, vi arder una piedra junto a mis pies y oí una voz que me dijo- aquí está el dinero- y vengo por ti para que me ayudes". Se levanta Maria de su lecho, lo sigue y en efecto llegan al lugar donde estaba la piedra, y a poca profundidad había una olla de barro de las que se usaban para cocer el nixtamal, tapada con una cruz de cantera un poco gruesa y plana que al levantarla grande fue su asombro al encontrar aquella olla, con monedas de oro y de plata.
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Entre los dos se ingeniaron para llevar la preciosa carga, una vez en casa su primer pensamiento fue darle gracias a Dios y a San Antonio. Enseguida se decidieron a tratar el asunto de continuar la obra con el maestro, para que buscara otros compañeros y comenzar la construcción con más rapidez.
El dinero lo dividieron en tres partes: la mayor para el templo un poco para aumentar su negocio (él era obrajero y ella tejía las barbas de los rebozos) y la otra parte para levantar unos lavaderos que les sirvieran para ayudarse en su forma de vivir. Por eso le llamaban San Antonio de los lavaderos.
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Esta información fue extraida del libro "AMANECER DE UN PUEBLO" del R.P Carlos Ríos Velarde (q.e.d.)
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ORACIÓN
¡Oh admirable y esclarecido protector mío, San Antonio de Padua! Siempre he tenido grandísima confianza en que me habéis de ayudar en todas mis necesidades, rogando por mi al Señor a quien servisteis, a la Virgen Santísima a quien amasteis y al divino Niño Jesús que tantos favores os hizo, rogadles por mi, para que por vuestra poderosa intercesión me concedan lo que pido.
¡Oh Glorioso San Antonio! Pues las cosas perdidas son halladas por vuestra mediación y obráis tantos prodigios con vuestros devotos; yo os ruego y suplico me alcancéis de la Divina Majestad el recobrar la gracia que he perdido por mis pecados, y el favor que ahora deseo y pido, siendo para Gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.
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REZO DIARIO PARA SAN ANTONIO
Te saludo San Antonio y me regocijo en los favores que nuestro Señor libremente te ha otorgado. Te recuerdo en especial tu momento de dicha cuando el Divino Niño Jesús condescendió abrazarte con ternura. ¡Oh, que gran felicidad y alegría llenaría tu corazón en esa ocasión! Por esta especial prerrogativa y por la alegría de tu beatífica visión, que ahora le tienes a El cara a cara, te ruego, te suplico y te imploro ¡Oh querido San Antonio!, que me ayudes en mis aflicciones, problemas y ansiedades, particularmente concerniente a (aquí menciona tu problema, tu petición). Oh, deja que tu corazón se conmueva para interceder por mí, para escuchar y responderme. Dile al Señor de los deseos y necesidades de tu devoto (a) cliente. Una palabra, una mirada de tu corazón que tanto ama el Niño Jesús, coronará mi éxito y me llenará de alegría y de gratitud. Amén.
San Antonio a quien el Niño Jesús amó y honró, concédeme lo que te pido.
San Antonio, poderoso en palabra y acción, concédeme lo que te pido.
San Antonio, siempre dispuesto a ayudar a los que te invocan, concédeme mi petición. Amén.
V. Ruega por nosotros San Antonio.
R. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
ORACIÓN. Oh Dios, que te dignaste escoger a San Antonio como modelo de todas las virtudes para la bendición de toda la humanidad, y has convertido a muchas almas a través de sus sermones y buen ejemplo, concédeme que por sus méritos e intercesión pueda real y verdaderamente convertirme, renunciar al pecado y a todo deseo de pecar, y convertirme cada vez más y más del agrado de Dios por la práctica de la verdadera virtud. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
(Traducido del inglés por Chickie Ortigas)
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REZO INFALIBLE A SAN ANTONIO
Oh bendito San Antonio, él más gentil de todos los santos, tu amor por Dios y tu caridad por sus criaturas te hicieron merecedor, cuando estabas aquí en la tierra, de poseer poderes milagrosos. Los milagros esperaban tu palabra, que tu estabas siempre dispuesto a hablar por aquellos con problemas o ansiedad. Animado por este pensamiento, te imploro obtengas para mí (menciona tu petición). La respuesta a mi rezo puede que requiera un milagro, pero aún así tú eres el santo de los milagros.
Oh gentil y querido santo, cuyo corazón siempre está lleno de simpatía humana, susurra mi petición a los oídos del dulce Niño Jesús, a quien le gustaba estar entre tus brazos, y por siempre tendrás la gratitud de mi corazón.
Rezar 13 padrenuestros, avemarías y glorias.
(Traducido del inglés por Chickie Ortigas)
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PARA PEDIR SU INTERCESIÓN
¡Oh glorioso San Antonio!, a quien Dios ha elegido como intercesor nuestro en los apuros y pérdidas de la vida material, y como protector de los pobres ante los ricos: protégenos con tu favor en todas las necesidades y enredos de nuestra vida, danos sincero amor de los pobres, mucha confianza en Dios y alto aprecio de la vida eterna, a la cual se ordena toda la vida temporal.
Especialmente suplicamos tu intercesión en éste favor que te pedimos.
RESPONSORIO DE SAN ANTONIO
Si buscas milagros, mira:
Muerte y error desterrados,
Miseria y demonio huídos,
Leprosos y enfermos sanos.
El mar sosiega su ira,
Redímense encarcelados,
Miembros y bienes perdidos
Recobran mozos y ancianos.
El peligro se retira,
Los pobres van remediados;
Cuéntenlo los socorridos,
Díganlo los paduanos.
Gloria al Padre, Gloria al Hijo, Gloria al Espíritu Santo.
Ruega a Cristo por nosotros, Antonio divino y santo, para que dignos así de sus promesas seamos.
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ORACIÓN A NUESTRO SEÑOR
Altísimo y Sapientísimo Señor del mundo, de los cielos y de la tierra, que todo lo conoces y todo lo gobiernas suave y fuertemente; excelentísimo Creador de cielos y tierra, que muestras la grandeza de tu poder en las cosas grandes y la perfección de tu gobierno en las cosas pequeñas; vigilantísimo Gobernador del universo, sin cuya anuencia no cae ni un cabello de nuestra cabeza, ni una hoja de nuestros árboles; bondadosísimo Dueño, que vistes de espléndidas galas a las hierbas del campo y das de comer a las aves del cielo; amantísimo Padre, que para que los ricos den su pan a los pobres, los estimulas con tus palabras, los amenazas con tus enemistades y les premias sus caridades con innumerables favores, unas veces advertidos y otras inadvertidos: te suplicamos que atiendas a los ruegos que te dirigimos por medio de tu siervo San Antonio, para que tengas providencia de nosotros para nuestro bien, nos concedas todas las gracias temporales que nos convengan y, sobre todo ordenes nuestra vida, conforme a toda caridad contigo y con tus pobres, para salvación y santificación de nuestras almas.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
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13 MINUTOS CON SAN ANTONIO
Esta oración se hará todos los martes.
Trece minutos que estaré a tus pies, Padre mío San Antonio, para ofrecer mi invocación sentida ante tu imagen milagrosa, de quien tanto espero, pues bien se ve que tu tienes poderosas fuerzas divinas para llegar a Dios. Así lo revelan tus patentes milagros, Padre mío San Antonio, pues cuando acudimos a tí en horas de tribulaciones, siempre somos prontamente escuchados.
Hoy que es un día tan grande llegarán a ti, miles de almas, que son tus fervientes devotos, a pedirte, porque sabemos que nos harás grandes concesiones, poniendo en primer turno a los más necesitados para que reciban tus favores. ¡Qué consolado me siento al entregarte mis penas!
Espero Santo mío me concedas la gracia que deseo y si me la concedes, te prometo contribuir con una limosna para tus niños pobres.
Tres grandes gracias te concedió el Señor; que las cosas perdidas fueran aparecidas, las olvidadas recordadas y las propuestas aceptadas. ¡Cuántos devotos llegarán a ti, diariamente a pedirte alguna de las tres, y tú jamas te niegas a concederlas! ¡Qué llegue hoy a ti, lo mío que tan necesitado pone a tus pies éste humilde devoto.
Al final se rezarán tres Padres nuestros, Ave María y Gloria.
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A SAN ANTONIO
Oh admirable San Antonio, glorioso por la celebridad de los milagros que habéis obrado, que tuvisteis la dicha de tener en vuestros brazos al Señor en forma de tierno infante, obtenedme de su bondad la gracia que ardientemente deseo de lo íntimo de mi corazón.
Tu que fuistéis tan bondadoso con los pobres pecadores, no mires a los pecados de quien os ruega, sino a la gloria de Dios, que será otra vez exaltada por ti, y a la salvación de mi alma, tan unida a la petición que ahora tan encarecidamente te hago.
Como prenda de mi gratitud, os prometo llevar una vida más conforme con las enseñanzas del Evangelio y consagrada al socorro de los pobres, que tanto habéis amado y al presente amáis. Bendecid esta promesa que os hago y alcanzadme la gracia de ser a ella fiel hasta la muerte.
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