1-SHUUSEI (Nacimiento)
1-Youshouki no Rinshi Taiken to Kakuri Byoutou Seikatsu
(Experiencias infantiles cercanas a la muerte y mi vida en la sala de aislamiento del Hospital)
Estoy en una cuna...que se mece suavemente de un lado para otro. Mi campo de visión está borroso. Echo un vistazo a la cara de mi madre. Por encima de su cabeza, un móvil da vueltas ininterrumpidamente mientras suena una melodía.
Al siguiente instante, un año más viejo, dos años, tres…los recuerdos de esos momentos reaparecen ante mí claramente. Gateo... Camino tambaleándome sobre mis inestables piernas... Intento con dificultad decir las palabras que memorizo. No sabía hablar muy bien…
"Ma…má…"
También oigo las palabras de mi madre:
“Mañana tienes una lección de piano”.
“¡Practica!”
Días soleados y brillantes. El sudor deslizándose por las teclas del piano...
En la línea del tiempo, estas escenas sólo duran unos pocos segundos.
Entre cada segundo, esos pocos pero grandiosos recuerdos recorren mi cabeza a una velocidad feroz. Cada momento de estos recuerdos que he vivido hasta ahora se convierten en imágenes vivas y comienzan a dar vueltas como un caleidoscopio giratorio...
¿Voy a morir...?
Hasta ahora, he pensado en esto 15 veces.
La primera vez que el caleidoscopio giratorio apareció fue cuando tenía 7 años.
Me ahogaba en el mar de Okinawa, las olas me tragaban. Con dificultad intenté luchar, pero mis pies no podían tocar el fondo y veía cosas por encima de mi cabeza arrastradas con fuerza por olas. Era arrastrado por el agua. Aunque intenté respirar, todo lo que entraba por mi boca era agua salada.
Y de pronto, mientras me tragaba ese agua salada sin poder evitarlo, todos los sonidos desaparecieron repentinamente. Noté una agradable y cálida sensación, como si algo me estuviera abrazando completamente. No importa cómo quieras llamarlo. Me estaba envolviendo un alivio que hasta ese momento no había sentido jamás.
Fue justo después de ese suceso. El caleidoscopio comenzó a moverse. Todos los recuerdos que tenía desde mi nacimiento comenzaron uno por uno a aparecer por mi mente.
Fue la primera vez que esto ocurrió. No sentí miedo. Pensé que estaba a punto de morir. Pero no lo hice.
Después de entonces, cada vez que estoy cerca de la muerte, el caleidoscopio comienza a girar. En situaciones en las que puedo morir, como un accidente de tráfico, una pelea...aparece de repente.
15 veces ha ocurrido. Quizá sea demasiado.
Siempre fui un chico travieso. Tenía tendencia a acercarme a la muerte.
Cuando me hundí, estaba terriblemente asustado. Por una parte, creo, fue por el gran miedo que sentía hacia la muerte. Pero al mismo tiempo, me fascinaba. Me atraía...Sabía que si no intentaba acercarme a ella, no podría verla. Quería acercarme lo máximo posible para poder examinarla. Ese era el tipo de niño que era.
Por ello hacía intencionadamente cosas peligrosas. Hice cosas muchas veces que me hicieron pensar que podría morir. Por supuesto siempre tuve miedo, pero cuando el momento se acercaba, siempre guardaba la calma.
Sólo un poco más. Sólo un poco más y quizá pueda ver la respuesta. Eso era lo que sentía. Hasta ese límite, no podría morir. Si llegaba hasta ese límite lo conseguiría. Quería asomarme más y más al otro mundo. Hubo veces en las que me animaba a mi mismo pensando en eso.
Por ejemplo, me gustaban las bicis y cuando era adolescente montaba mucho en ellas. La ciudad tenía muchos bordillos y creo que por entonces tenía una extraña manía de ir siempre por ellos. No tenía ningún tipo de técnica, pero sentía que podía llegar hasta ese nivel. Me encantaba esa sensación.
Iba cada vez más rápido, y cuando cruzaba una zona, durante un segundo podía ver todo a cámara lenta. Esa sensación duraba un rato y era como si pudiera verlo todo claramente. En ese lugar que había cruzado, seguramente había algo, y necesitaba verlo. Quería saborear cada instante, y por ello a veces era imprudente.
Hasta que viera el caleidoscopio giratorio, continuaría lanzándome hacia todo con toda mi energía. Y cuando lo viera, entonces comenzaría a sentir que la muerte está cerca, como si yo estuviera en algún lugar entre la vida y la muerte, y dejaría de llevar las cosas al límite.
Ahora pienso …”esto es muy extraño”…Era un chico peligroso.
Buscaba la muerte y ni siquiera sabía el significado de la vida. ¿Qué significa vivir? ¿Cuál es el valor de mi vida y existencia?
Preguntas como esa tuvieron la oportunidad de nacer de mis propias experiencias a la edad de 7 años.
Después de ahogarme, comencé a darme cuenta de muchas cosas. Ese día, todas las fronteras se rompieron. Después de que mis ojos se abrieran y hasta ahora, gané la capacidad de ver las cosas completamente, algo que antes no podía hacer. No podía distinguir la gente que estaba viva de la que no lo estaba.
Cuando hablaba con las personas que no estaban vivas, debía ser extraño para quien me viera desde lejos. Mis padres por supuesto se sorprendieron.
“¿Con quién hablas?”
“Con el tío”
“¿Dónde está?”-Al decirlo se reían.
A lo mejor se reían para ignorarlo. ¿Pero no lo ignorarían porque en el fondo tenían miedo de enfrentarse a mí?
Esto comenzó a ocurrir con mayor frecuencia, y comenzaron a decir de mí que estaba mal de la cabeza. La gente hablaba de mí, y comenzó a desconcertarme el significado de mi existencia. Podía ver a los vivos y a los muertos, y eso hacia que no entendiera lo que la vida misma significaba.
Esto continuó, y cuando cumplí 10 años, de repente me desplomé. Tenía un dolor muy agudo en mi estómago e intestinos, y no podía moverme.
Después de llevarme al hospital, dijeron que la causa era desconocida. Probablemente se trataba de algún tipo de enfermedad infecciosa.
Y sin darme cuenta me encontré aislado. Aislado, recluido en cama dentro de una sala de un hospital que más parecía una prisión. Pensé que me habían puesto en la habitación del pediatra porque era muy joven. Allí llevaban a los niños gravemente enfermos, con enfermedades infecciosas o terminales. Con 10 años, eso era lo que pensaba. Todos ellos estaban como enjaulados, y apunto de cruzar el corredor en cualquier momento.
Cruzando el corredor, en otra habitación maldita, estaba los niños que probablemente iban a morir. Yo normalmente sabía cuando eso iba a pasar.
Hablando con los niños, a veces sentía que podían morir al día siguiente.
A la siguiente mañana, oía a las enfermeras bajar apresuradas hacia la sala, y sabía que uno de mis amigos había muerto.
Fueron días difíciles. No podía soportarlo. Justo cuando acaba de hacer un amigo, moría al día siguiente. Y eso era algo que sólo yo sabía. Era el infierno.
Estando en un sitio así, crecí de forma muy extraña. Pero como no era muy fuerte mentalmente no obtuve pronto la libertad.
¿Por qué no me dejaban irme? ¿Por no ser normal? ¿Cuál es la diferencia entre ser normal y no serlo?
Pensaba mucho en ello. No podía escapar. Tenía que hacer algo para salir de allí, y continuaba pensando.
Comencé a observar a mi médico superior. Cuando le imitaba exactamente, decían que me comportaba “normal”. Continué así durante unos 10 días y de repente un día me dijeron que podía irme a casa.
Realmente no cambié en nada. Pero aunque nada dentro de mí cambiara... Hacia los adultos que me repetían “Ya te lo dije”, sentía una profunda desconfianza, pero no quería volver nunca más al hospital.
Así que desde entonces, continué copiando a las personas a las que mis padres y otros adultos de su generación consideraban correctas.
Todo el tiempo tenía el mismo pensamiento: “¿Qué demonios soy?”