4. Madagascar no Kettou. (Duelo en Madagascar)

Tres años después fui a Madagascar, un pequeño país isleño al este de África, cuyo tamaño es 1.6 veces el tamaño de Japón y con una población de 1.600.000 habitantes. Fui para hacer un trabajo para la NHK . Cuando me lo pidieron, pensé que me serviría para buscar algo de inspiración allí. En esos momentos estaba necesitado de ella, era mi segundo año en solitario. A la vez que continuaba con mis actividades musicales, buscaba un camino hacia mi estilo personal.

Fuimos a los pueblos de Madagascar populares por el Wrestling y el Boxeo. Realmente era impresionante. Cuando llegamos al pueblo, todos los habitantes estaban colocados por la marihuana. Pero como su estilo de vida consistía en todos los días andar muchos kilómetros, sacar agua y labrar la tierra, tenían sus cuerpos moldeados y esculturales. Estos tíos representaban combates realmente intensos sin usar guantes de boxeo. Debían llevarlo en la sangre. La gente formaba un anillo alrededor de los combatientes, y las mujeres y los niños del pueblo observaban la batalla. Eran como batallas entre dos leones machos para ver quien consigue a la leona hembra. También era un modo para probar la fuerza de los hombres. Naturalmente, también había algunos luchadores insignificantes. Eso daba bastante miedo. Sólo verlo me daba pánico. La fuerza muscular de aquellos luchadores...Todos los africanos tienen músculos de acero. Al principio, yo sólo observaba. Después, el director comenzó a preguntarme:

-“Gackt-san, ¿te gustaría participar?”

-“¿Cuando dices que si me gustaría ir, significa que vas a hacer que vaya?”

Justo en ese momento había acabado una pelea, y decidí probarlo. ¡Quería luchar con alguien de Madagascar! Unas cien personas, adultos y niños, se juntaron alrededor mía, formando un círculo gigante. Era la primera vez que esto me ocurría. Con esas pintas, en medio de gente que no conocía, ahí estaba yo solo, rodeado. También era la primera vez que me sentía como el más débil. En el fondo de mi corazón me sentía insignificante. Sin embargo, al mismo tiempo mi corazón palpitaba con fuerza. En estas circunstancias, no había sitio al que pudiera echar a correr. En una situación tan peligrosa, estaba realmente entusiasmado y nervioso.

Estaba en el centro de un anillo de arena y justo delante mía podía ver a 4 o 5 africanos enérgicos. A un lado, un tío que parecía el entrenador conmovía a la gente con gritos feroces y temerarios. En su lenguaje nativo estaría diciendo algo así como: “Puedes elegir al que quieras”.

Yo era un luchador competente. ¿Iba ahora a convertirme en un estúpido? Intercambiamos palabras. Miré a los ojos de aquel hombre y le dije:

-“¿Es que no podéis luchar conmigo? Quiero luchar con vosotros”.

En ese instante todos los aldeanos se echaron a reír con fuertes gruñidos.

-“¡Entrenador, tú puedes hacerlo!”-sus ojos brillaban con excitación.

-“¿Yo?”

Al ver sus expresiones faciales, el hombre se desabrochó sus prendas y se las quitó. Bajo ellas apareció una piel de color negro puro sin una pizca de grasa. ¡Era realmente un oponente digno! Por eso los aldeanos le animaban con fuerza. Tenía un físico increíble. No podía compararle con ningún otro rival. Sin embargo, no me eché atrás. Por encima de la multitud de aldeanos, se sentía un creciente ambiente de tensión. No sabía bien cuales eran las reglas. No estaba bien dar puñetazos o patadas, y se me explicó que el único medio de ganar era hacer que la cara o el hombro del oponente tocaran el suelo. La explicación fue muy parca, pero fue suficiente para mí. Pensé que sólo intentándolo podría saber si podía ganarle o no, y me lancé al primer combate, pero al segundo de empezar la batalla, me pegó un puñetazo.

-“¡Oye, acabas de decir que no podemos golpearnos!”

Y entonces, un cambió surgió dentro de mí. El instinto de batalla que dormía en mí despertó. En ese instante, pensé que iba a matar mi rival. Estaba en un estado de inconsciencia, en el que estaba preparado para romperle el cuello. Su cuello estaba justo debajo de mí, sacudiéndose. Todos los aldeanos y el árbitro entraron en pánico y me cogieron la mano para que parara. El combate terminó. Aunque me habían prometido tres batallas, terminó tras la primera. Mi oponente estaba muy agitado y excitado. Después de levantarse, decía: “¡hagamos otra pelea!”

-“¿Qué dices? ¡Has estado a punto de morir!”

Desde entonces, puedo ver las secuencias de esos momentos una y otra vez. Mi mirada expresaba peligrosidad. El equipo me regañó severamente: “¡No podemos dejar que los fans vean cosas como esa!” Sin embargo, acababa de confirmarlo claramente. Ésa era mi verdadera naturaleza. Pensaba que esa parte de mí estaba enterrada en mi interior desde hacia mucho tiempo. Con esto no quiero decir que fuera una persona violenta, pero, cada vez más, necesitaba liberar este espíritu dentro de mí.

En esos momentos, me sentía mal por no poder conseguir las cosas que buscaba, todo por lo que luchaba y los trabajos que quería hacer.

Cada vez más, no servía de nada si la parte débil dentro de mí y las partes salvajes no se unían. Cuando tenía 10 años, era una peligrosa mezcla de emociones. Pero sin darme cuenta, pronto suprimí completamente las partes más peligrosas dentro de mí. Estaba sometido a unas normas, y era como si me hubieran aprisionado dentro de una jaula en mi propio interior. Cuando mi lado salvaje aparecía, lo ocultaba, y creía que había conseguido frenarlo.

Después de la pelea, el jefe del pueblo vino y dijo:

-“En este pueblo apartado, en medio de la tierra hostil y de muchos espectadores, has demostrado fuerza, dando un paso adelante y luchando esta batalla. Esta fuerza ahora será enviada a todos los jóvenes que te vieron luchar. Gracias.”

Eso era lo que él pensaba. Yo dije: “Lo que tenía que hacer, el modo en que tenía que luchar, la forma de ser que tenía que adoptar...eran éstos.”

Después de regresar de Madagascar, me pregunté si realmente había cambiado mucho. Me hice más sociable. Antes me era extraño abrirme a los demás. Me hice más consciente de las personas que me rodeaban. Desde entonces, por ejemplo, cuando veía que una situación se estaba empezando a poner peligrosa, me preguntaba a mí mismo si debía actuar o no, y siempre actuaba más que en el pasado. En el pasado, mi respuesta siempre era luchar con todo el mundo, aunque fuera un amigo. He empezado a pensar en esto recientemente.

Más que frenar mi forma de ser, me estaba torturando por ser incapaz de unir las partes esenciales y las despreciables dentro de una misma persona. Tanto en mis actividades como en mis trabajos, me hice más agresivo que antes.

La gente que me rodeaba también empezó a cambiar. Desde que vine de Madagascar, por una extraña casualidad del destino he estado conociendo a personas muy diferentes. Ahora, alrededor mía hay gente que es para mí como familia, que están atados a mí a través de relaciones mutuas.

Creo que esta cosa llamada “destino” es algo que está en cada persona y que nos conduce a todos hacia delante. Si mi forma de ser cambió, ¿podría haber cambiado también mi destino?

Cuando el poder de un pensamiento es convertido en una acción, nace un resultado. Eso es lo que pienso.

NHK: Televisión japonesa pública.

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