Los radicales han decidido aumentar su presión sobre los partidos no nacionalistas. De esta forma, han ampliado sensiblemente sus objetivos. Ya no se conforman con amedrentar a los cargos públicos del PP y del PSOE en el País Vasco sino que sus familiares tampoco pueden estar tranquilos.
En apenas 24 horas, la kale borroka ha «tocado» a dos objetivos paralelos, alejados ambos de las lides de la política diaria. Domicilios de familiares o allegados a representantes políticos vascos o del Estado pero con lazos de consanguinidad en territorio vasco o navarro. Los padres del senador por Toledo, Tomás Burgos, el pasado viernes en su domicilio del barrio bilbaino de Deusto, y ayer la familia de José Manuel Gorostiza, hermano del suegro de Antonio Basagoiti, portavoz del PP en el Ayuntamiento de Bilbao.
En los dos ataques, el mismo tipo de artefacto de factura casera: un bidón de gasolina y un petardo, dato confirmado por la Ertzaintza. Sólo cambia la hora. El ataque contra la vivienda de los progenitores de Tomás Burgos, tuvo lugar a las 11.20 horas, a plena luz del día. Ayer, la oscuridad de la madrugada fue aprovechada por los jóvenes violentos para reiterar sus actos vandálicos.
La casi simultaneidad de ambos ataques, la localización en el fin de semana y su precisión, hace pensar que el nivel de información de los grupos que practican la kale borroka es muy elevado y selectivo. Además, las víctimas ya no son los políticos en primera persona, sino sus familiares directos, en aplicación de la teoría defendida por la dirección de ETA de «socializar el conflicto».
Antonio Basagoiti hablaba ayer desde la indignación: «Este tipo de ataques lo que me recuerdan es la estrategia nazi de exterminio. Nos persiguen, nos atacan y nos empujan hasta que abandonemos en el País Vasco. Hasta el exterminio».
Basagoiti reconocía sentirse instalado en la más absoluta paradoja. «Cuando oigo y leo en los medios de comunicación que el lehendakari da prioridad al diálogo y la autodeterminación me llevo las manos a la cabeza, porque lo que no vale aquí son los diálogos trampa ni los objetivos partidistas, lo único que vale es el ámbito vasco de libertad, y esta idea última tiene que pasar por encima de cualquier estrategia partidista».
El concejal bilbaino reiteró su deseo de vivir en paz en el País Vasco, tras recordar que sobre su persona se han registrado numerosas agresiones en forma de amenazas verbales y pintadas. El de ayer ha sido el primer ataque contra bienes de su familia, aunque es una casa que frecuenta poco por su escasa relación con los propietarios.
La puerta de entrada al domicilio del tío de la mujer de Basagoiti, en la localidad vizcaína de Bakio amaneció ayer totalmente calcinada. Una vivienda de pocas alturas y de estilo vasco que sufrió graves desperfectos. Varios cristales rotos y paredes afectadas por el humo resumían el ataque contra los familiares del concejal popular.
La suerte volvió a aliarse con los moradores de la vivienda, puesto que la obligación de asistir a una boda el día anterior, les había obligado a pernoctar fuera del domicilio atacado.
Según informó el Departamento de Interior del Gobierno vasco, la explosión se produjo a las 00.55 horas en la puerta trasera de la vivienda tipo chalé, situada en el barrio de Arkizaur, de la citada localidad. La deflagración del artefacto ocasionó un pequeño incendio en este residencia que fue rápidamente sofocado por la policía municipal. La Ertzaintza informó ayer que el artefacto utilizado en Bakio se componía de un bidón con gasolina y un petardo. La Policía vasca considera que es similar al empleado contra los padres del senador del PP, Tomás Burgos.
La socialización del terror ha calado hondo en el ámbito privado de las víctimas de ETA. En los últimos dos años y medio, trece familias de políticos y periodistas señalados por la diana terrorista han sufrido el acoso de los violentos.
Un artefacto estalló, el 23 de enero de 1999, frente a la farmacia de la hija de una concejala del PP en la localidad guipuzcoana de Hondarribia, Rosario Dorda, ataque que se repetiría en septiembre. En marzo, una bomba casera estallaba junto al domicilio de los padres del concejal socialista en Bilbao Dimas Sañudo.
El año 2000 inauguraba en Basauri la ola de ataques contra familiares; el cinco de marzo, dos personas lanzaron cócteles molotov contra la vivienda del marido de la edil del PP de esta localidad, María Pilar Vicente. A los padres del periodista Pedro Briongos, redactor jefe de El Correo, les estalló, quince días después, un artefacto en la puerta de su casa. En mayo, un grupo de encapuchados destrozaron la cafetería Arkupe de Hernani, propiedad del marido de la representante socialista en las Juntas Generales de Guipúzcoa, Izaskun Gómez. Los violentos intentaron, sin éxito, explotar el coche del novio de la concejal socialista de Irún, María Angeles Guerra a finales de agosto y, seis días después, el de la hija del concejal del PSE/EE en Andoain, Estanis Amuchastegi. En Berango, fue la hermana de la portavoz popular del Ayuntamiento de Getxo, Marisa Arrúe, quien sufrió un ataque contra su vivienda.
En lo que va de año, la farmacia de una hermana de la parlamentaria vasca del PP, Mari Carmen López de Ocáriz y, de nuevo, la librería donostiarra Lagun, propiedad de la esposa del ex consejero socialista Jose Ramón Recalde, María Teresa Castells, han padecido el sabotaje terrorista.