La extorsión económica no sólo azota a las grandes fortunas de Neguri, el corazón económico y financiero de Euskadi enclavado en el término municipal de Getxo. También profesionales liberales, pequeños empresarios y, sobre todo, comerciantes, son víctimas del chantaje etarra. Y los radicales de la kale borroka actúan, habitualmente, como recaudadores de ese otro impuesto revolucionario. Oswaldo Uribe, presidente de la Asociación Comercios Unidos de Getxo, asegura que la coacción es siempre sutil. «A veces te piden una contribución voluntaria para los presos de ETA, y si no pagas vives con el temor de que, al día siguiente, vengan los de la gasolina. ¿Cantidades? Nadie lo dice, y yo no me he atrevido a preguntarlo; eso sólo se comenta en el círculo familiar».
En ningún comercio reconocen haber pagado ese diezmo. Ni en el bar La Landa, que quedó completamente destrozado tras un ataque con cócteles molotov que obligó a desalojar al vecindario («me he gastado cuatro millones en arreglarlo», asegura su propietario); ni en la agencia de viajes Ecuador, dos veces atacada («lo hicieron en pleno día», dice uno de sus empleados); ni en la compañía de seguros La Estrella, también dos veces arrasada por las llamas («lo peor es que perdimos los ficheros de todos nuestros clientes», se lamenta una oficinista), ni en ninguno de los establecimientos visitados. Pero todos, aseguran fuentes de la Ertzaintza y de la Policía Municipal, acaban pagando.
«Jamás se ha puesto coto a este chantaje, sobre todo porque nadie se atreve a denunciarlo. Por puro miedo», afirma un agente de la policía autonómica. «¿De dónde cree que sale el dinero para fletar los autobuses con los que visitan a los presos que están fuera de Euskadi o para comprar la gasolina de los cócteles molotov?», añade un agente de la policía local.
«Cualquiera que gane más de cinco millones al año puede convertirse en víctima de la extorsión», concluye el edil del PSE Joseba Markaida.
ETA ha estado enviando, durante el último mes, una nueva remesa de cartas de extorsión a abogados y médicos que ejercen su profesión en el País Vasco. En ellas reclama cantidades que oscilan entre los cinco y los veinte millones de pesetas y advierte a algunos destinatarios de que si no satisfacen el pago en el plazo de un mes, pasarán a ser objetivos de la organización terrorista. Algunas de las misivas, que fueron selladas en Vitoria y en Urnieta, estaban dirigidas a familiares directos de los profesionales.
Las cartas, redactadas en euskera con un pequeño resumen en castellano al final, fueron puestas en las delegaciones de correos en Vitoria y en la localidad de Urnieta. Estas misivas han ido llegando a sus destinatarios de forma escalonada a lo largo de este mes.
En varios casos se trata de la segunda carta que reciben los extorsionados y en ella se recuerda que han pasado varios meses desde que la organización terrorista enviara las primeras cartas, sin que los afectados hayan satisfecho las cantidades requeridas por ETA. En estas situaciones, se advierte a los destinatarios que tienen un mes para hacer efectivo el dinero reclamado. Pasado este tiempo sin hacer efectiva la entrega de dinero, la víctima y sus bienes pasarán a ser considerados objetivos de ETA.
Algunas de las cartas van dirigidas a las esposas del profesional extorsionado y otras, aunque en el sobre consta la dirección de un familiar, el texto de la carta va encabezado con el nombre y la dirección del profesional chantajeado. Según han reconocido algunos destinatarios, esta práctica tiene «el claro objetivo de que la noticia de la extorsión sea conocida por la familia para que el miedo, al ser compartido por los más cercanos, ejerza más presión sobre el extorsionado».
En otras misivas aparecen remites de familiares del extorsionado o personas de su entorno «lo que indica los niveles de control al que están sometidos los extorsionados y la amplia red de chivatos dispuestos a facilitar información a la banda terrorista o a sus interpuestos».
La totalidad de las cartas de extorsión están mataselladas en el ámbito de la Comunidad Autónoma Vasca.
Las cartas a profesionales liberales han seguido a otra oleada de misivas de extorsión dirigidas a empresarios y comerciantes que la organización terrorista realizó en los primeros meses de este año y en las que también se utiliza la técnica de los remites de familiares y las direcciones a nombre de las esposas, hermanos, padres o domicilios sociales de las empresas.
En las cartas a estos profesionales las cuantías económicas exigidas pueden oscilar entre el medio millón, los ocho, catorce y hasta los 50 millones, según el volumen del negocio calculado por ETA. Algunas de ellas son enviadas por la organización terrorista por primera vez y, otras, se repiten con las mismas condiciones, plazos e iguales características de amenazas que las establecidas para los profesionales liberales.