Lanzaron un segundo ataque con ‘cócteles’ al ver que uno de los agentes seguía ileso y una pareja intentaba ayudarles El policía, envuelto en llamas tras el atentado, disparó con su arma para intentar repeler la agresión El agente herido con las quemaduras de mayor extensión continúa en estado muy grave tras ser operado
Los encapuchados que en la madrugada del pasado domingo tendieron una emboscada a una patrulla camuflada de la Ertzaintza realizaron un segundo ataque contra los agentes tras comprobar que uno de los ertzainas estaba ileso y una pareja intentaba ayudarle a rescatar a su compañero, envuelto en llamas y devorado por el ácido. Los primeros datos sobre la trampa -procedentes del relato que ha comenzado a realizar a sus allegados el policía vasco que sufrió las heridas graves, M.R.L., de 32 años-, revelan un brutal encarnizamiento de los radicales en su intento de acabar con la vida de los dos policías.
La emboscada se produjo alrededor de la una de la madrugada en Portugalete, después de que los agentes, de paisano y en un turismo sin distintivos, recibieran una llamada de su comisaría en la que se les pedía que acudieran a la calle Cristo,donde un grupo de radicales estaba atacando una sucursal de la BBK. Según la terminología interna de la Ertzaintza, su misión consistía en una ‘comprobación de incidentes’, una labor de protección ante las celadas existente en la Policía vasca desde hace más de cinco años. Debían acercarse discretamente a la oficina, comprobar que en la zona no había ningún signo que revelara la posibilidad de una emboscada y avisar a la comisaría de que el área era segura. Entonces llegarían las dotaciones antidisturbios.
No imaginaban que los radicales les estaban esperando. Según el testimonio de M.R.L., nada más acercarse a la entidad de ahorros, una lluvia de piedras y tornillos destrozó el cristal trasero de su vehículo. Tras romper la luna, los encapuchados lanzaron varios ‘cócteles químicos’ al interior del automóvil, que se convirtió en una bola de fuego. El conductor -C.G.D, de 48 años, un ertzaina veterano y con experiencia en las calles-, comenzó a arder cuando las llamas y el ácido sulfúrico que los radicales introducen en las botellas incendiarias le alcanzaron en la espalda y en la cabeza. Desesperadamente, pisó el acelerador para intentar huir de la emboscada, pero el coche apenas recorrió unos metros antes de perder el control y estrellarse contra uno de los turismos aparcados en el lado izquierdo de la calle. La colisión bloqueó la puerta del conductor, por lo que quedó atrapado en el asiento mientras, el automóvil se convertía en una brasa.
El copiloto sí pudo salir del vehículo. Tras comprobar que había cesado el ataque y los encapuchados se alejaban, se lanzó dentro del coche en llamas para ayudar a su compañero. Sus primeros intentos fueron inútiles , pero una pareja que se encontraba en las inmediaciones corrió en su ayuda. Mientras la joven sujetaba la puerta, los dos hombres tiraron del cuerpo abrasado de C.G.D. y consiguieron depositarlo en la acera.
Según el relato de M.R.L., en ese momento los encapuchados se dieron la vuelta e iniciaron una carrera hacia el coche atacado para arrojar una nueva oleada de artefactos incendiarios. Esta vez, los ‘cócteles’ sí alcanzaron al ertzaina, cuya ropa comenzó a arder. El agente consiguió empuñar su pistola y disparó en varias ocasiones para que los radicales cesaran en el ataque. En ese instante, otra patrulla camuflada se acercó a la calle Cristo donde descubrió a sus compañeros envueltos en llamas mientras los encapuchados les arrojaban ‘cócteles’. Los agentes recién llegados dispararon con sus armas para alejar a los radicales, que se dieron a la fuga y desaparecieron por las calles cercanas.
El ertzaina herido ha explicado que, entre los encapuchados, creyó ver a uno con un teléfono móvil mientras el resto llevaba a cabo el ataque. Este dato refuerza la tesis de que los atacantes estaban perfectamente organizados. Según la hipótesis de la Ertzaintza, el radical podría estar en contacto con un cómplice situado en las inmediaciones para anunciar la llegada de las dotaciones antidisturbios y darles así tiempo para huir.
C.G.D. permanece ingresado en la unidad de quemados del hospital de Cruces., con el 28% de su cuerpo afectado. Su estado sigue siendo de máxima gravedad y necesita respiración asistida. M.R.L., que ya ha sido trasladado a planta y tiene el 10% del cuerpo quemado , evoluciona favorablemente y pronto será sometido a una reparación quirúrgica.