CREENCIA ARCAICA EN LA AUSENCIA DE PODER FECUNDADOR DEL VARÓN. Por Martín-Cano

Estudios de Género

 

CREENCIA ARCAICA EN LA AUSENCIA DE PODER FECUNDADOR DEL VARÓN

Texto de Martín-Cano

Martín-Cano Abreu, F. (2001, 2006, 2008): Creencia arcaica en la ausencia de poder fecundador del varón. (Actualizada el 16/02/05). Editado en parte (7.000 caracteres) por miabuelapepa en mayo de 2008 en Blog: ADIÓS CIGÜEÑA ADIÓS. Editado en parte (3.646 caracteres) por Juan Francisco en Foro hi5 - Grupos - Filosofia. http://galeon.com/arteprehistoria/procreacion.htm, http://lacomunidad.elpais.com/miabuelapepa/2008/5/3/adios-ciguena-adios, hi5.com/friend/group/ 52027--12007481--0--0--1--Filosofia----topic-html

Plagiado en parte (14.328 caracteres) por José Antonio Robledo y Meza (en su web de aprendizpolimorfo), aunque haya quitado su nombre ante mi queja, el March 8, 2006 (lo descubro el 7 de marzo de 2006) sin explicitar mi autoría en http://www.comunalia.com/aprendizpolimorfo/32691/

 

Resumen: Nuestros ancestros no veían relación entre acto sexual humano y fecundación, por lo que se desligaba la sexualidad de la reproducción, que se creía asexuada. Suponían que la madre sola creaba al bebé. Nuestros ancestros no creían que el varón tuviese ningún papel en la procreación; suponían que la madre sola creaba al bebé gracias a la Madre Naturaleza / el Principio femenino / la Diosa Madre Virgen, que tenía hijos virginalmente, de ahí su gran importancia.
Son ejemplos que lo traslucen:
1. Los rituales practicados por mujeres en culturas a principios de época histórica y en sociedades primitivas de todo el universo, propiciatorios de embarazo en honor de la Diosa Madre Naturaleza: bien mediante ofrendas a ríos sagrados, o mediante baños en aguas sagradas, o vertiendo agua en cúpulas sagradas, cuyas aguas sagradas estaban personificadas por la Diosa.
2. El exagerado culto a los muertos esperando que la Diosa los resucitasen y sus "semillas de vida" se reencarnasen en el nuevo ser.
3. También lo evidencia la costumbre de la covada, práctica por la cual el varón reconocía como hijos propios los de su esposa, a modo de declaración de paternidad.
4. Los mitos de exagerada ideología matriarcal de Diosas Madres Vírgenes, existentes en panteones de todo el universo, que narran que daban a luz sin necesidad de fecundación del Principio masculino, es decir que eran hermafroditas y engendraban solas a sus descendientes.
Índice:
 
Resumen
Introducción
Razones de la creencia en la ausencia de poder procreador del varón
Existencia de diferentes pueblos que tenían la creencia de que el varón no tomaba parte en la procreación de los hijos
Pruebas de la creencia arcaica de que el varón no era responsable de la procreación
1. Rituales propiciatorios del Principio femenino para que la mujer quedase embarazada
2. Exagerado culto a los muertos
3. Costumbre de la covada
4. Mitos de Madres Vírgenes
Cambio de creencias del poder de procreación del varón en culturas patriarcales
Nacimiento de ceremonias mágicas para que la mujer quedase embarazada asociadas al Principio masculino (no al varón)
Procreación atribuida a ambos sexos

Creencia arcaica en la ausencia de poder fecundador del varón

Francisca Martín-Cano Abreu

Introducción

Nuestros ancestros de la Prehistoria no veían la relación entre el acto sexual humano y la fecundación, por lo que se desligaba la sexualidad de la reproducción, que se creía asexuada. El varón (se creía que) no tenía responsabilidad en la procreación del nuevo ser. La mujer (se creía) concebía a sus hijos sin el concurso del varón de manera virginal. La reproducción (creían) se realizaba por partenogénesis / virginal / agámica / afrodita: sin cooperación del sexo masculino (E. U., T. 3, 1988: 231) / bisexual / hermafrodita.

Las que tenían hijos se creían ser madres vírgenes.

Ser «madre virgen», en la visión arcaica y de pueblos primitivos, no implica que la mujer «fuera virgen» en el sentido de que «no conociese varón», como tradujo de forma interesada la visión cristiana. Sino que implica la idea de el varón no la fecundaba al introducirle el pene, independientemente de que realizase numerosos actos carnales. Por lo que (creían) sólo la madre tenía el poder de transmitir la vida, era la única fuente de toda vida, que expresaba la creencia arcaica de que la mujer sola creaba al nuevo ser.

Algunos investigadores siguen creyendo que el hombre de la Edad de Piedra no asociaba el sexo con lo que podía llegar nueve meses más tarde. (Frade 1996, 14)

Creencia que parece absurda, pero que pervivía hasta hace poco en muchísimos pueblos primitivos.

Razones de la creencia en la ausencia de poder procreador del varón

Hay varias razones por las que nuestros ancestros no viesen la relación entre sexualidad y procreación:

1º - La razón principal es que, mientras en los animales mamíferos la fecundación se produce siempre tras la actividad sexual, en los humanos puede no acaecer la concepción, a pesar de un gran número de actos sexuales, si casualmente éstos no se producen en los días fértiles femeninos.

Al comparar la conducta sexual de la mujer con las hembras de otras especies de mamíferos, se descubre que mientras la relación sexual entre los humanos es muy frecuente, en las demás especies de mamíferos es muy poco frecuente. Y esa poco frecuencia es la causa de que la naturaleza haya asegurado la fecundación animal tras cada acto sexual, para preservar la supervivencia de la especie.

Así las hembras de los animales mamíferos, en general (ya que excepcionalmente en la mayor parte de las especies primates y sobre todo en los bonobos, pasa otra cosa), sólo están dispuestas a copular en el estro anual, por lo que las hembras sólo tienen relación sexual durante el período de apareamiento, una vez al año.

Las hembras de los primates tienen relaciones sexuales aún con menor frecuencia. Las primates aceptan al macho sólo durante el período mensual de celo, que al ser seguida de la cópula y del embarazo y del período de lactancia de su bebé, período durante el cual su actividad sexual se paraliza, no volverá a copular hasta el destete de su bebé transcurridos unos dos años.

(...) como resulta que las crías de los primates son amamantadas durante meses e incluso años, una hembra madura puede estar en condición de aparear solamente durante un breve período cada uno o dos años. (Ehrlich 1978: 126)

Mientras que la mujer (primate de la especie humana) está dispuesta a copular en cualquier momento, la relación sexual humana no tiene relación con la ovulación femenina. Y dada esta conducta femenina, no tiene nada de extraño que haya sido calificada de atleta sexual, según referencia de la antropóloga Helen Fisher (del Museo Americano de Historia Natural).

Es lo que diferencia la conducta sexual humana de la de los otros mamíferos: la conducta sexual humana está vinculada al placer, mientras que la del resto de los mamíferos está vinculada a la fecundación, a la supervivencia.

[Aunque esta creencia ha sido invalidada por nuevos descubrimientos. Observaciones realizadas por Nancy Thompson-Handler entre los chimpancés pigmeos / enanos / bonobos de la República de Zaire han venido a negar la creencia de que en todos las especies de primates, la relación sexual estuviese vinculada a la supervivencia. En los bonobos, la práctica sexual está vinculada al placer, al igual que la humana.

Los bonobos nuestros más inteligentes parientes primates y más semejantes a nosotros según lo afirmaba Karen Baad en 1995, hacen muchísimo el amor, lo hacen continuamente. Para tranquilizarse, relajarse, aliviar tensiones, relacionarse y fortalecer los lazos sociales.

Los bonobos son los animales que más hacen el amor, incluso mucho más que los humanos, ya que ellos no limitan la sexualidad con normas morales, ni tampoco eliminan el derecho al placer como los humanos aún hacen.

La conducta sexual de los bonobos se imagina que mostraría el comportamiento de los prehomínidos: Los antepasados humanos debieron de comportarse también así -señala Frans de Waal, etólogo del Centro de Investigación de Primates de la Universidad de Emory-. Más adelante empezó a restringir el recurso al sexo para estos propósitos y su uso quedó reducido sobre todo al medio familiar. (Small 1996: 115)

Las hembras bonobos no presentan estro (período definido para la procreación) y siempre están dispuestas a aparearse con cualquiera, a excepción del tabú madre-hijo. Forman parejas indistintamente de hembras con machos o de hembras o machos entre sí. Este emparejamiento evidencian que la utilización del sexo se ha desvinculado de la procreación mucho más que entre los humanos. Y además daría incluso un fundamento biológico a la homosexualidad.]

Dado que la relación sexual humana era muy frecuente, la naturaleza no tuvo necesidad de asegurar la fecundación para preservar la supervivencia de la especie.

Y esta ausencia de fecundación tras cada acto sexual, está en el origen de la creencia ancestral arcaica de que no existía relación entre copulación y procreación.

2º - Otra razón para no viesen nuestros antepasados la relación entre sexualidad y procreación era que, en sus circunstancias, la mujer gozaba de gran libertad sexual, era libre de elegir pareja sexual y de limitar los nacimientos, lo que subrayaba su posición privilegiada. Y dada la promiscuidad femenina imposibilitaría descubrir los rasgos heredados del hijo respecto al padre. Lo que evitaba ver la responsabilidad masculina para engendrar.

Existencia de diferentes pueblos que tenían la creencia de que el varón no tomaba parte en la procreación de los hijos

Se acredita que en época arcaica se desconocía el poder procreador del varón, porque similar desconocimiento fue heredado por pueblos primitivos en todo el universo. Así:

Todd cita algunos ejemplos de pueblos que desconocen la intervención del varón en el acto de la generación. (...) Algunas tribus australianas y melanésicas suponen que el niño es el nunu o eco de algún difunto... (...) Codrington indica que en las Hébridas las mujeres suponen que la causa de su embarazo es una nuez de coco o un fruto del árbol del pan, sosteniendo que su hijo era el nunu o eco de estos objetos. (...) (Los Celtas tenían creencias similares) .. un rey sin hijos fue avisado en sueños de que sería padre si daba de comer a su esposa un tipo de pescado. (...) la cocinera tocó también el pescado milagroso antes de servirlo a la reina, y al cabo de un año las dos mujeres dieron a luz un niño... (E. U. I. T. 33, 1988: 1001)

Los bellonais de las isla Salomón: ... ignoraban, hasta la llegada de los misioneros en 1838, la relación entre copulación y procreación. Si una mujer casada quedaba embarazada, ello no se debía a que hubiera mantenido relaciones sexuales con su marido, sino a que los dioses y los antepasados del patrilineaje de su esposo estaban satisfechos con dicha alianza y le daban descendencia.... (Zonabend 1988: 70)

Los trobiandeses, matrilineales, denegaban al marido de la madre cualquier papel en la procreación. Se suponía que la madre por sí sola creaba al niño.

Para los australianos, la fecundación de las mujeres no proviene del hombre, sino de un germen inmaterial de un antepasado, que la penetra. (Gran Larousse Universal T. 29, 1988: 9229).

Y en otra versión se dice que los gérmenes del bebé que iba a nacer eran enviados al cuerpo de la madre por la Luna personificada por una Diosa. Así los Euchlusi de Australia creían que los gérmenes de los niños procedían de la Luna que los enviaba a la mujer por medio de la corneja o del lagarto según que el que fuese a nacer fuese niño o niña. O procedían de las churingas que dejó en la Tierra la mujer que personificaba la Estrella Vespertina de la que emanan los gérmenes de la procreación que penetran a la mujer que se halla en ese sitio y la hace concebir.

De los canacos de Nueva Caledonia: Según su concepción de la vida, la mujer no es fecundada por el hombre sino por el bosque o el arroyo que cruza: el esperma del esposo no es una semilla, simplemente riega el bebé que va a nacer. (Soutif, Dray y Dibie 1999: 30)

(Y posiblemente crean que la fecundación femenina se deba a la Diosa Kabo Mandalat, en cuyo honor realizaban ceremonias de Fertilidad).

En otros pueblos, se creía que cuando una mujer estaba embarazada, era necesario hacer mucho el amor para que el semen del padre «alimentase» al bebé.

Los onas, como los tehuelches, de la Patagonia y de la llanura pampeana, establecieron una relación entre la unión sexual y la preñez, creyendo que las repetidas cópulas contribuían al feliz desarrollo del feto. (Puga 2005)

En civilizaciones Precolombinas se creía que las almas de los recién nacidos procedían de la Diosa Madre de la Luna.

En tribus primitivas de África eran los antepasados residentes en la Luna los que enviaban el germen del niño al cuerpo de la madre por intermedio de un sacerdote o bien procedían ellos mismos a esta reencarnación.

Pueblos africanos, eslavos del norte de Europa, esquimales y chinos invocaban a una Diosa para que concediese la Fertilidad femenina.

En otros pueblos africanos, hindúes y chinos se consideraba que eran las Aguas medicinales y sagradas, personificadas por la Diosa o por la Diosa que habitaba lagos y ríos, las que otorgaba la bendición del embarazo.

Entre los Jakuti, habitantes en el Asia septentrional en el área de los Tungusi, del Yeniséi al Pacífico: las mujeres se reúnen en la casa de la recién parida tres días después del parto para el almuerzo ritual en honor de la Diosa del Parto Ijehsit; durante el almuerzo una de las convidadas se echa a reír, todas ríen; y esto provoca en las mujeres la preñez (Jacobelli 1991: 80)

Existe una leyenda persa que explica la concepción humana diciendo que es un ángel el que coge tierra y lo echa sobre el ovario femenino, que así queda fecundado. Después cada persona tiene que ir a morir al sitio en donde se cogió la tierra para formarlo. (E. U. I. T. 14, 1988: 914)

Pruebas de la creencia arcaica de que el varón no era responsable de la procreación

La creencia arcaica de que el varón no participaba en la concepción se trasluce en ciertos rituales, costumbres y mitos existentes en multitud de culturas de los principios de tiempos históricos con religiones Mistéricas, y de pueblos primitivos, celebrados por mujeres y con los que creían iban a quedar fecundas.

1. Rituales propiciatorios del Principio femenino para que la mujer quedase embarazada

Estos rituales dejan traslucir la idea de que era gracias al Principio femenino cómo se esperaba quedar embarazada, o era la Diosa la que propiciaba que los antepasados se reencarnasen en un nuevo ser.

Uno de los múltiples modos en que creían que iban a quedarse «embarazadas», y que sabemos celebran mujeres de principio de época histórica y conservadas en regiones primitivas hasta hace poco, eran los ritos en los que mujeres bailaban para pedir la Fertilidad a una Diosa. Bailaban alrededor del árbol o el pilar / columna / betilos / cipo que representaba a la Diosa, mientras llevaban cálatos / calatisco / calathiskos (canastilla de mimbre donde guardaban falos) en la cabeza. Y lo practicaban en Santuarios de los bosques sagrados de Diosas. Después realizaban orgías sagradas (automasturbaciones o en ritos lésbicos) con los falos. Creían que iban a quedar fecundas con los gérmenes impregnados en su superficie, tras ser expuestos al polvo estelar que caía determinados días del año.

Las ceremonias que practicaban en verano (1 de junio, por ejemplo las Junonias, en las que las mujeres se imploraban a la Diosa Juno) darían significado a la metáfora existente en occidente de que los niños los traen las cigüeñas (1 de marzo, primavera, fiestas de las Matralias).

En el origen estaba la asociación de la Diosa, en cuyo honor celebran ceremonias para propiciar el embarazo, con las aves migratorias, entre ellas las cigüeñas. [Los rituales metafóricos nacieron cuando la constelación Cisne reaparecía tras haber estado oculta durante el invierno, en coincidencia con el tiempo en que las aves migratorias retornaban de su emigración anual y llegaba la primavera, cuando todo se renovaba. Por lo que las fiestas de mujeres (creían que) propiciarían la llegada de la primavera y asegurarían que las cigüeñas retornasen de sus emigraciones. Y con ellas el buen tiempo, el período del florecimiento vegetal y el nacimiento de niños].

Igual significación tienen las fiestas del país vasco llamadas Emakunde / Andrakunde. Y las similares de Eslavonia celebradas en las calendas de primavera en honor de la Diosa Lada / Lado, en la que se le ofrecían tortas en forma de cigüeñas para propiciar el nacimiento de bebés.

También vinculaba la Fertilidad al Principio femenino considerado hermafrodita, las ceremonias en las que mujeres invocaban a Diosas de la Fertilidad, del Río, del Mar y usaban el Agua Divina para que les otorgase la bendición del embarazo. Por ejemplo en Galicia en determinada noche del año, las mujeres estériles que querían descendencia se tomaban un baño de nove ondas en la playa de Alanzada, Pontevedra en determinada noche del año. Aguas sagradas del mar que creían estaban personificadas por la Diosa del Mar y que adquirían poder fecundante al quedarse impregnadas con la carga de almas inmortales de sus antepasados que caían con el polvo estelar de ciertos meteoritos. En este caso las fecundarían penetrándolas por vía vaginal.

De manera similar mujeres de otras regiones vertían agua en cúpulas, símbolo del Vientre de la Diosa Tierra y así esperaban quedar fecundas. En esta ceremonia se manifiesta el simbolismo de Vulva Divina / Útero / Seno / Vientre de la Diosa Tierra y asociado a la Fertilidad de los petroglifos de cupulitas / agujeros / tazas / huecos / cavidades / cazoletas ógmicas / hemisféricas / tectiformes.

En la actualidad uno puede ver a las mujeres hindúes llevando el agua del Ganges (las Aguas del río sagrado del Ganges están personificadas por la Diosa epónima Ganga / Ganges) hasta las montañas del Pendjab, para verterlas en las cúpulas y así obtener de la divinidad el don de la maternidad tan deseado. (Grieder cita a Garrick Mallery 1987: 32)

De manera similar las mujeres Pomo de los Indios de California hacían marcas de cavidades en grandes piedras cuando deseaban concebir un hijo para que la Madre Tierra se los concediese.

Mujeres chinas esperaban el deseado embarazo en un rito llamada "el paso del río". Consistía en que las mujeres se bañaban en un río cuyas aguas estaban personificadas por un Diosa antes de la unión conyugal, para que por el contacto con sus aguas la mujer quedase ¡fecundada! (es obvio el despreciable papel que se atribuye al varón en el proceso de procreación).

También mujeres hindúes cuando querían tener descendencia ofrecían "nagakals", monolitos de piedras grabadas con serpientes y las ofrecían a las Diosas Naginis que habitaban las aguas fluyentes de los ríos sagrados (femeninas), lagos, mares y estanques para que les concediese el embarazo.

Otro tipo de ceremonia de Fertilidad humana practicado en otros lugares consistía en abrirse de piernas y exponerse al viento para que éste (en el que estarían flotando las almas de los muertos cuando caían a tierra en forma de polvo estelar determinadas noche en que caían del cielo meteoritos) la fecundara.

También se acercaban a ciertas plantas, piedras o a ciertos animales porque esperaban que los gérmenes las traspasarían.

Mientras que en otras regiones, las mujeres que querían engendrar, se comían los frutos de los árboles, o los peces de los ríos, o se bebían ciertas bebidas de zumos extraídos de frutos, en los días en los que, tanto los frutos como los animales o plantas, se habrían impregnado con las almas inmortales de los muertos caídos del cielo. En este caso esperaban quedar fecundas por vía digestiva.

Se creía que la Diosa les concedería el embarazo con estos ritos, porque pensaban que en las copas de los árboles y sus frutos, así como las aguas de los ríos o mares y sus peces estarían impregnados con las "semillas de vida" que se depositaban o quedaban flotando en los mismos en determinados momentos del año, cuando caía a tierra la lluvia de estrellas / polvo de estrellas (por lo que se creería que dejarían en esos lugares su carga de almas inmortales).

Otro ritual que corrobora la creencia en la irresponsabilidad masculina en la concepción y que la fecundación se creía que no provenía del varón ni del acto sexual, era practicado por mujeres que ofrecían tortas de miel a las Hadas Miras, en las grutas en las que habitaban, para que les concediesen la Fertilidad.

Y evidencia igual creencia de la no participación del varón en la fecundación femenina, la conducta de las mujeres hindúes que imploraban numerosa prole en la ceremonia Putche / Nagaputche en honor de la Diosa Laksmi llorando copiosamente.

Algunas Diosas invocadas en diferentes regiones para conseguir el embarazo han sido:

Afaya, Anjenu, Artemisa / Diana Nemorense, Bambline, Derceto, Danann / Dana / Danu / Donu / Don / Dôn / Ana / Anu / Annan, la Letona Didilia, las griegas y romanas Ilithijia, Juno Lucina, Matrona, Februata, Elena, la japonesa Kisi-Bogin, la china Kwan-Yin, las hindús Ganga, Laksmi y las Naginis, la Diosa de los asirios y babilonios Ninmach, las africanas Buanga Bua Cibola, Erinle, Gwandusu, Ogun, Oshun, Phemba, Shango, Nimba, la Diosa de la Fertilidad de los Ashanti y los Fanti de Ghana, la Diosa Tierra de los indígenas de Benín, ex-Dahomey, la árabe-asiria-siria-babilónica Sin, la adorada en culturas precolombianas Tlazoltéotl, la Madre Tierra de los Indios Pomo de California, Thoeris, Yemoja, La Diosa de Ríos epónimos de numerosísmos panteones denominados en mitologías Indias y Celtas: "La Madre",...

2. Exagerado culto a los muertos

También corrobora la antiquísima creencia y existente de manera universal, de que la concepción no era fruto de la relación sexual, las costumbres de enterrar a los antepasados en la casa, o en el huerto cercano, o en cuevas cercanas a fuentes de agua, lugares por excelencia de la madre de familia y de la Diosa.

Y se les acompañaba de esculturas representativa de la Diosa, o sus tumbas eran presididas por estelas funerarias representativas de la Diosa. O si el difunto se incineraba, se guardaban sus cenizas en urnas femeninas.

En su obra «Estelas funerarias del país Vasco» J. M. de Barandiarán ha puesto de manifiesto la importancia de los símbolos vitales estelares (luna, sol, lauburus, etc.), así como el sentido de la sepultura vasca situada originariamente en la huerta de la casa, la cual, como el posterior asiento o yarleku sepulcral de las Iglesias, está asociada a la Etxeloadre o Señora de la casa. (Ortiz-Osés 1982: 58)

Con ello y el exagerado culto a los muertos desde la Prehistoria se esperaba que la Diosa propiciase la resurrección del difunto y como "semilla de vida" se reencarnase en el vientre de una mujer.

Se fundamentaba en la idea metafórica de que los antepasados enterrados, actuarían de la misma manera que la semilla: germinarían gracias a la Diosa y Ella lo transformarían en "gérmenes de vida" que se transformarían en descendientes tras una serie de vicisitudes: alma del difunto ascender al cielo, viajar por la Vía Láctea, caer por fin a tierra y fecundar a mujeres, encarnándose en un futuro bebé.

En palabras de Frazer todos los vivientes están animados por las almas de los muertos. Y que muestran las creencias sobre la Inmortalidad del alma concebida como una reencarnación continua en la que los vivos provienen de los antepasados muertos.

Incluso algunos pueblos consideraban a los huesos humanos como los huesos de las frutas: las semillas que germinarían en sus descendientes. De ahí la costumbre de descarnar a los difuntos y conservar los huesos en relicarios, ya que sólo ellos eran semillas que se encarnarían en el vientre de una nueva madre.

3. Costumbre de la covada

Otra costumbre que testimonia la creencia de la falta de importancia del varón en la procreación y que manifiesta que sólo la mujer da la vida al nuevo ser nos la da la existencia de la covada, práctica difundida por todo el universo desde época muy antigua.

Consistía la covada en imitar los varones el parto y sus dolores: el esposo se acostaba en el lecho de su esposa como si estuviera enfermo tras ésta dar a luz y era cuidado por ¡la esposa recién parida!.

...es un eslabón más en la evolución de la familia matriarcal a la patriarcal. Este eslabón sería el reconocimiento de la paternidad. La paternidad, como institución social, no comenzó sobre la base de la relación sexual entre los hombres y las mujeres, sino como un juego de funciones maternales realizadas por el hombre para con el hijo de su esposa. Comienza, pues, como una relación social entre el marido de la mujer y los hijos de ésta. (...) Para Evelyn Reed supone un paso decisivo en la destrucción del sistema matriarcal... (Martínez, 1985)

4. Mitos de Madres Vírgenes

También es corriente que en los mitos de diversos panteones, se narre que algunas Diosas tienen descendencia virginalmente. Es decir, que se consideraba que las Diosas daban a luz sin necesidad de fecundación del Principio masculino. Virginidad que implica el hermafroditismo / el afroditismo / la bisexualidad de la Diosa Madre. Ella engendraba sola a sus descendientes.

La Diosa (se creía) concebía de manera milagrosa, a veces comiendo algo, o por exponerse al viento, o al resplandor de la luz, o de la luna, o porque le entraba algo por el útero..., (al igual que se consideraba era la manera como concebían las mujeres en la sociedad).

La Diosa Madre era considerada la Causa del Principio masculino, que derivaba de Ella: el Principio masculino procedía del femenino. El que la Diosa diese a luz sola, pariese a solas y criase sola a su Hija Divina, y el hecho de que ésta no tuviera ascendiente paterno, sólo Madre y Abuela, resalta el derecho materno. Y ejemplifican las pautas sociales matrilineales, cuando no existía la vinculación masculina.

El sentido es: yo soy la Madre sin esposo, la Madre Primigenia. (Cita de Heinrich Zimmer aportada por Campbell, 1991: 88).

Algunas Diosas Madres Vírgenes de diferentes panteones, de las que el mito narra que dieron a luz Hijos Divinos, sin esposos, son: Adities, Afrodita / Venus, Allat / Ilat, Amayicoyondi, Angeja, Angerboda, Arianrhop, Aruru, Aserha, Astarté, Atabex, Ataentsic, Atugan, Belam, Benten / Bunsio, Brigantia, Cerridwen, Cibeles, Coatlicue, Comizahual, Cuerauáperi, Chimal-Man, Dabaida, Daksa, Danann / Don / Ana, Dechtire, Deva-Matri, Diam, Dichita, Divas, Dugdha, Eithinoha, Emese, Freya, Hainuwelle, Hanua, Hathor, Hebe, Hécate, Hera / Juno, Hoa-Se, Iatiku, Ida, Ilmatar, Isis, Ixmucana, Ixquic, La Diosa Madre Nigeriana, La Diosa Madre Virgen australiana, La Madre de los Edo de Benín (África), La Superior de los Ibidos africanos, Las Ondinas, Lunnotar, Llumpaca, Magna Mater, Manoid, Mari, Marjatta, Maut / Mut, Maya, Maya, Mena, Mezulla, Militta, Nammu, Nana, Nei Teukez, Neith, Nerthus, Nessa, Ninchursaga, Nishtigri, Omeyateciguat, Prithá / Cunti / Dropadi, Prthvi, Rea, Rinda, Sakaria / Sangarios, Shing-Moo, Skada, Suria, Sutá, Taranga, Tehom, Tetevinan / Teteo Innan, Tezé, Ti' Amat, Tlazoltéotl, Tonantzin / Toci, Tonantzin, Udo, Zolotaya Baba.

Fueron Diosas Madres Ancestrales de diferentes pueblos humanos (sin explicitar que hubo un padre): Yemoja de los Yoruba africanos; la Madre Ancestral de los senufos de Costa de Marfil; las Fravartis de Elam; Emese Madre del pueblos turcos de Siberia y Uot-Iccitá Madre del pueblo turco Yakutu; Histié / Tabití Antepasada de los reyes escitas; Las Dishinas de La India; Fuji Antepasada de los Ainus del Japón; Tsao-Wang-Nai-Nai-Hime Ancestra de los japoneses; Chang Di de China; la Trinidad de Diosas: Filgia, Hamingia y Spadisa de Escandinava; Gefiona de Dinamarca; Las Disir germánicas; Austeja de pueblos eslavos; Las Bam-sidh: Bodbh y Eithne de pueblos irlandeses; Amharia de Ásculo; Aleteia, Mania, Concordia, Vesta, Hestia, Lamia y Alcmena de pueblos griegos y romanos; la Diosa Banda galaica; la Madre Antepasada de los aborígenes de la isla de Hierro; la Madre Ancestral Autidamana de pueblos de Gran Canarias; las precolombinas Madres Ancestrales Itzapapálotl, Ixmucana, Ixquic y Tozi; la Madre Ancestral Iatiku de los Indios Pueblo occidentales y la Antepasada Nautsiti de los Indios Navajos del suroeste; la Madre Ancestral de los Indios Chamacoco; la Ancestra Virgen de pueblos de Venezuela; la Diosa Maraca de los Guaraní brasileños; Ataentsic de los Iroqueses norteamericanos; Kwakiutls de pueblo epónimo de Canadá; Dzuli de los Chukchi siberianos; Pukkeenegak de los Esquimales; Moko de pueblos de la isla de Pascua...

De estos mitos de Diosas Castas y Vírgenes surge la palabra «casta» como sinónima de pura, virgen y de linaje, grupo que lleva nombre común, con el significado de una Madre Ancestral Virgen / Diosa Casta / Diosa Virgen / Casta Diva, Madre Ancestral y Virginal de un pueblo, que evidencia en su acepción primitiva su asociación con el linaje / la casta / los que descienden de forma hermafrodita de una madre común / cuando se creía que Ella sóla daba el ser a su casta, sin que se creyera que el Principio masculino tuviera importancia en la procreación humana. Y extendida posteriormente al linaje / la casta patrilineal.

Cambio de creencias del poder de procreación varón en culturas patriarcales

En las diferentes regiones a medida que se iba produciendo la evolución hacia el patriarcado, la Diosa dejó de ejercer el papel supremo en el panteón y empezó a desempeñar funciones subordinadas, desbancada por un Dios supremo.

(La revolución patriarcal se produjo en diferentes fechas, según las regiones a las que nos refiramos. En unas, en el año 4000 adne; en otras, en el 2500 adne; en otras, en el 1200 adne, etc...)

Y paralelo al cambio en el mundo sobrenatural, la organización social y familiar se fue volviendo patriarcal. Los vencedores eliminaron el monopolio femenino e impusieron su modelo patriarcal. Y en correlación con el régimen patriarcal se modificaron los mitos.

A partir de entonces, se creía que el principio de la descendencia pertenecía exclusivamente al padre. Así leemos: El dios griego Dionisios promulgó la doctrina de divinidad de la paternidad sosteniendo que la madre sólo es la nodriza del germen depositado en su seno. (E. U. I. T. 33, 1988: 1002). Pero esta paternidad es explicitada como Divina, ya que se considera que Dionisios promulgó "la doctrina de divinidad de la paternidad", o sea que se atribuía al Principio Divino masculino la posibildiad de propiciarla, no al padre humano.

Nacimiento de ceremonias mágicas para que la mujer quedase embarazada asociadas al Principio masculino (no al varón)

Existen unos rituales reproductivos sagrados de princiios de çépcoa histórica que ponen de manifiesto que todavía se seguía ignorando el mecanismo real de la procreación humana. Y muestran que la evolución que pasó de creer que:

a) La fecundación de las mujeres provenía de las «ánimas» femeninas asociadas a los antepasados, que como espíritus inmateriales, las penetraba haciéndolas concebir como un don, gracias al Principio femenino / la Diosa.

b) A pensar que lo que propiciaba el embarazo era el acto sexual con un animal, o con un Sacerdote enmascarado de animal, representante de un Dios / del Principio masculino.

Sabemos que existían rituales reproductivos sagrados a principios de época histórica en diferentes regiones, consistentes en relaciones sexuales de mujeres con animales. En unos casos los acoplamientos eran aparentes (con Sacerdotes enmascarados como animales), mientras que en otras ocasiones los actos de bestialismo eran reales (representantes de un Dios masculino, al que se le otorgaba el poder de «fecundar», quizás en una interpretación totémica de la descendencia proveniente del Dios carnero).

Así Herodoto (II, 46) habla del carnero sagrado de Mendes, llamado «el señor de las jóvenes», al que se entregaban las mujeres para tener descendencia «divina» (Evola, 2002) en la ciudad de Méndez en el delta del Nilo. Allí se adoraba al Dios Pan en forma de carnero, para el que, según Píndaros (n. 522 adne) y Plutarco de Queronea, Beocia (n. 46 dne), sólo se elegían las más bellas mujeres.

Tales prácticas eran ya en Roma aparentes: las mujeres que querían concebir, copulaban con el Sacerdote Hircus, enmascarado como carnero, representante del Dios animal.

El ayuntamiento con animales para conseguir el embarazo tendría la finalidad mágica de propiciar al Principio masculino, que bajo la máscara animalística, se consideraba otorgaba el don del embarazo. Y por tanto evidencia que se creía, que tal responsabilidad la ejercía un Dios-animal (todavía no se creía que fuese el varón).

Procreación atribuida a ambos sexos

No fue hasta el siglo XVIII, en que se estudió ciertas anomalías hereditarias, cuando tomó fuerza la teoría de que ambos sexos participaban en la formación de un nuevo ser, ya que la apoyaron. Y sólo por fin se observó que ambos progenitores participaban en la formación del feto, al observarse la unión de un óvulo con un espermatozoide en 1854.

Artículo relacionado: http://culturaarcaica.iespana.es/1mitos_recuerdan.html

BIBLIOGRAFÍA

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1 - MARTIN-CANO, F.: (246) - (2012): Sexualidad femenina en diversas culturas. De ninfomanas a decentes. Tomo 1. Chiado Editorial, 296 pgs., ISBN: 9789896976200. Deposito Legal 342795/12. 1 edicion: mayo. https://www.chiadoeditorial.es/libreria/sexualidad-femenina-en-diversas-culturas-tomo-i

2 - MARTIN-CANO, F.: (257) - (2013): Sexualidad femenina en ritos, obras de arte y mitos. Del mundo de la Diosa a la sociedad patriarcal. Tomo 2. Chiado Editorial, 347 pags., ISBN: 978-989-51-0219-8. Deposito Legal 355559/13. Primera edicion: mayo, 2013.
https://www.chiadoeditorial.es/libreria/sexualidad-femenina-en-ritos-obras-de-arte-y-mitos-del-mundo-de-la-diosa-a-la-sociedad-patriarcal-tomo-2
3 - MARTIN-CANO, F.: (319) - (2016): Arqueología Feminista Iberica. Letras de Autor Editorial, 653 pgs., ISBN: 978-84-16538-67-6. Deposito Legal: M-2054-2016. Primera edicion: enero 2016. https://letrasylibros.es/estudios-y-otros/18-arqueologia-feminista-iberica-francisca-martin-cano-abreu.html

4 - MARTIN-CANO, F.: (333) - (2017): Sexualidad femenina en el tercer milenio. Letras de Autor Editorial, 273 pgs., ISBN: 978-84-17101-73-2. Primera edicion noviembre 2017. https://letrasylibros.es/estudios-y-otros/265-sexualidad-femenina-en-el-tercer-milenio-francisca-martin-cano.html

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Creencia arcaica en la ausencia de poder fecundador del varon