Mitos desacreditadores de «ninfomanas» y acreditadores de «satiros»

Estudios de Género

Martín-Cano Abreu, F. (2010): Mitos desacreditadores de «ninfómanas» y acreditadores de «sátiros». Mitos sexuales de exagerada ideología patriarcal. http://galeon.com/arteprehistoria/satiros.htm

Resumen: Algunos mitos fueron inventados a principios  de la transicion del matriarcado al patriarcado, por mitologos de exagerada ideologia patriarcal, alentadoras de la violacion de varones a mujeres, como estrategia de dominio machista y potenciacion sexual masculina, y contrarimamente mara modelar la subordinacion femenina.

Francisca Martín-Cano Abreu

MITOS SEXUALES DE EXAGERADA IDEOLOGÍA PATRIARCAL

Mitos desacreditadores de «ninfómanas» y acreditadores de «sátiros»

Desde comienzo de la transición del matriarcado al patriarcado (hace unos 3.500 años en Grecia, la cuna de la civilización occidental), se inventaron mitos y leyendas, de exagerada ideología patriarcal que mostraban la diferente consideración que merecían las conductas sexuales en función del género. Así,  son numerosas las leyendas existentes en la prestigiadísima literatura de principios de época histórica, que mientras desacreditaban las conductas sexuales de las mujeres, potenciaban las de los varones y a la vez alentaban la actuación agresiva masculino para satisfacerla. Con ellos se potenciaban las conductas machistas en contra de los derechos femeninos e incidieron en la aceleración del cambio: del matriarcado al patriarcado.

Por ejemplo, muchas protagonistas míticas eran descalificadas y castigadas cuando actuaban como «ninfómanas lascivas». Es decir, cuando se comportaban con el ardor y la disposición específica humana: buscar la unión sexual por placer y de forma pacífica. Como narra el mito de las Propétidas / Propoétidas, que según Ovidio, eran despreciadas por Pigmalión y fueron castigadas por Venus por haber perdido el pudor. ¡Cuando en las leyendas anteriores era precisamente Venus, la Diosa del Amor, la que alentaba los placeres impúdicos femeninos!

En otros mitos, a las protagonistas femeninas se les negaba el antiguo derecho a elegir pareja o el de rechazar a los pretendientes. Como ilustra el castigo que Bóreas causó a la pastora Pitis / Pitys por preferir a Pan, o como el mismo Pan provocó en Eco por negarse a sus deseos.

Con este tipo de ficciones se alentaban a que los varones torturaran brutalmente a sus enamoradas, si se sentían celosos y despechados, porque la cruel se atrevía a favorecer a otro, mientras se negaba el derecho femenino a la libertad de elección de pareja.

Así que no sorprende que bajo el bombardeo de mitos en los que las protagonistas recibían castigos, tanto si se les ocurría tener conductas lascivas buscando con ardor amantes, como si se negaban a los requerimientos sexuales de otros, cumpliesen su función de modelamiento desacreditador de tales conductas. Y que las mujeres dejaran de disfrutar del placer sexual y terminaran por volverse muy decentes para no ser calificadas de «ninfómanas».

(Cuando es justo el epíteto de «ninfómana» el que se debería aplicar a toda mujer normal que actuase con el ardor y la disposición sexual permanente, propia de la especie humana, si no existieran las limitaciones culturales.Precisamente en las sociedades maternales, donde no es cuestionada la satisfacción del impulso sexual de las mujeres, su práctica «natural» espontánea es la de ser «ninfómana».Mientras que en las patriarcales, dado que a los intereses culturales machistas les interesa negar las satisfacciones del sexuales femeninas para imponerles la subordinación, la palabra «ninfómana» empezó a tener el sentido peyorativo de todos conocidos, y aplicado en tono despreciativo a la mujer que disfruta de su sexualidad.Y durante los últimos milenios, los mitos patriarcales de las sociedades judeocristianas, siguieron condenando como «brujas» a las que disfrutasen del sexo.Y aún en el pasado siglo, algunas desacertadas teorías psicoanalíticas, seguían considerando la conducta «ninfomaníaca» como ¡una enfermedad!Contrariamente, durante milenios no fueron descalificadas ni merecedoras de castigo, las conductas violentas de varones con gran potencia sexual, ni siquiera cuando la satisfacían mediante la violación, ni cuando la satisfacían con mujeres, obligadas a prostituirse, cautivas de tantísimas guerras ¡meras mercancías esclavizadas al servicio sexual de los varones!).

En otros mitos se prestigiaban y consideraban como heroicidades las acciones de los varones cuando actuaban como «sátiros» que buscaban la unión sexual de forma violenta, incluida la violación de mujeres cuando andaban solas por los caminos, o cuando trabajaban en los campos. Y ¡por sus «hazañas»! eran premiados. ¡Dada la superior lujuria masculina, no podían frenar su «instinto» a la vista de las bellas! ¡Y por tanto, era culpa de quienes les despertaban tan irrefrenables pasiones, el que se viesen obligados a violarlas! Por lo que las atemorizadas, habían de preferir quedarse encerradas para evitar sufrir los atropellos, o habían de buscar a otros «valientes» para que las protegieran.

El rapto y la violación de mujeres reflejaba el prestigiamiento de tales acciones contra el poder femenino, acorde con la ideología patriarcal.

Ejemplifican tales agresiones los numerosos mitos protagonizados por poderosos sátiros que «conquistaban» mujeres mediante el rapto y la violación. Y tras violarlas, las abandonaban y se apropiaban de sus riquezas o de su poder, se casaban con ellas y las llenaban de prohibiciones. Y todos sus actos terroristas quedaban impunes, sin oposición ni censuras.

 [Al respecto, es significativo, que entre los múltiples sentidos de la palabra «conquista», signifique tanto, la acción de seducir mujeres, como la de apropiarse de territorios ajenos de forma violenta. Y que la «heroicidad» de conquistar por la fuerza, se personificara hace unos 3 mil años, en Dioses y figuras preeminentes de la mitología patriarcal.

En relación a ello, afirma Mayr en (1989, 20): ... Hermes representa también un eros masculino simbolizado como Dios de la aventura, de la actividad y de la conquista. Estos caracteres se alían a la reinterpretación posterior de Hermes como Mercurio, o sea, como símbolo de la astucia, de la argucia y del robo o rapto...

 Hoy día, gracias a las valientes iniciadoras de la «revolución feminista» que nos antecedieron, las mujeres «conquistamos» un lugar más protagonista en la sociedad. Mejor dicho «reconquistamos» el papel que ya tuvieron nuestras ancestras en época arcaica.

Pero, contrariamente a las formas cruentas de «conquistar» de los defensores de otras revoluciones habidas hasta ahora, las mujeres «conquistamos» nuestros derechos de forma pacífica.

Somos las únicas adalides de una ideología que aspiramos a cambiar el mundo y que lo hacemos sin recurrir a la armas o a la represión contra el opresor. Y eso, a pesar de tener que soportar los femicidios por parte de varones, que empeñados en mantener la supremacía masculina a toda costa, asesinan a sus compañeras que no les son sumisas].

Incluso hay mitos de Dioses que se divertían en perseguir y violar a pastoras, cazadoras, profetisas, o Diosas. Como dice J. J. López (1994: 594): se levanta la veda de la «hembra», a ver cual de los dioses viola más. Conocemos muchos violadores.

Dioses violadores

Apolo y Poseidón, que violaron a las hijas de Metope y Asopo: Pirene, Egina, Ismena, Nemea, Tebe, Tespias, Platea, Tanagra (después emigraron a zonas todavía sin poblar donde fundaron ciudades y en cuyas monedas aparecen como Reinas).

Apolo, además profanó a Creusa, Cirene, Grinea, Hékate y Guinea / Guinia;

Y el Dios Poseidón / Neptuno, a: Alcias, Diopatra, Cenis, Demeter Nigra, Etra, Tiro, Medusa, Hipótoe, Melanipa / Hipa / Hippe / Nipa / Ociroe / Ocirroe / Hipo  “Yegua”, Hékate (por lo que recibía el epíteto de Brimo “Terror” “Espanto” por los gritos que lanzó);

Atreo / Astreo, violó a su hermana Alcipe;

Bóreas, a Oritia / Oretia / Oreithyía;

Butes, violentó a Coronis / Corona / Corónides;

Cástor y Pólux, a las dos Sacerdotisas: Arsinoe / Febea e Hilacira / Haira. Después se casaron con ellas, y como premio a su «hazaña», el nombre de los raptores fueron dados a dos estrellas de Géminis, que anteriormente habían recibido el nombre de las raptadas.

Cronos / Saturno, a Filira;

Dionisio / Baco, a Leucipe, Aura y Nicea;

Eolo, forzó a Tía / Tetis / Evipe y a Hippe / Hipo / Melanipa;

Hades a Leuce;

Halirrocio / Halirrotio, hijo de Poseidón, violó a Alcipe / Diosa-Yegua;

Orión a Mérope:

Tereo a Filomela;

Teseo, violó a Antíope;

Tiestes a su propia hija Pelopia;

Tmolo, a Arripe;

Zeus / Júpiter, violó a: Níobe, Calisto, Taigetes, Diosa Tierra / Rea, Némesis / Leda, Alcmena, Europa y Antíope.

Hermes / Mercurio, a Penélope y Dríope;

Pan, a Selene / Artemisa y Siringa...

[Curiosamente, un mito adjudica a Pan la enseñanza de la masturbación a los pastores, por sus grandes beneficios. El mito narra que la había aprendido de su cabrío padre Hermes, tras la inaccesible Eco, Orestíada experta en el arte de la música, frustrara sus esperanzas.

Pero la enseñanza de una práctica sexual pacífica es contradictoria con otros mitos que muestran que ni Pan ni Hermes habían puesto en práctica tal inofensivo y consolador hábito, en el que se dice que adoctrinaban a otros. Contrariamente cuando el Divino cabrón se sentía dominado por urgente necesidad sexual, es presentado entregado a la diversión de perseguir mujeres y provocarles «pánico» (citado por Graves, reacción de miedo, caracterizada por los chillidos espantosos que emitían las perseguidas cuando huían de su violador Pan, y término que deriva de su nombre, como recompensa por su práctica habitual). Y tampoco es acorde con la conducta vengativa que tuvo hacia su amada Eco, cuando ella no quiso satisfacer su apetencia sexual: se vengó enfureciendo a los pastores para que la despedazaran.

O sea que Pan, cuando tenía deseo sexual, prefería copular por la violencia y no masturbarse a solas. Confirmado además porque la palabra «cabrón» ha pasado a describir a los que maltratan, violan o provocan «pánico» a mujeres, dado que el Divino violador Pan era descrito con los atributos de macho cabrío.

Y la misma «honorable diversión» tenía el macho cabrío de Hermes, ya que el mito lo «honra» como su padre tras violar a Dríope, y del que también se cuenta que violó a Penélope.

El mismo fondo de “verdad” que adjudica al violento “la enseñanza de una práctica pacífica”, encierra el mito que considera a Pan “inventor de la flauta siringa”. Precisamente, flauta siringa / flauta de caña, que antes de ser denominada con el nombre del que se la apropió, flauta de Pan, llevaba el nombre de su inventora Syrinx / Siringa, de la que narra el mito que se transformó en caña / siringa al huir de Pan que pretendía violentarla].

 Incluso, en las sociedades en época de transición al  patriarcado, se institucionalizó la violación de las jóvenes vírgenes antes del matrimonio como instrucción en la subordinación femenina, con la iniciación / desfloración de las mujeres de corta edad por un extranjero (para mayor brutalidad, ni siquiera podía hacerlo un joven conocido de similar edad y más experiencia).

De igual forma, después de casadas, se permitía la violación del marido a su esposa dentro del matrimonio, ya que la mujer sólo era un «objeto» a la entera disposición del sustentador, y por ello mismo ¡la encerraba en casa dedicada exclusivamente a satisfacer al bienestar de su amo y señor y el de sus numerosos hijos!

Las conductas masculinas de «perseguir», «apresar» y «violar mujeres» para que satisficieran sus «urgentes apetencias sexuales» se reflejaban en obras de arte como si fuesen auténticos actos «heroicos», para que colaboraran con su función adoctrinadora, como «modelos valiosos a imitar».

Algunos ejemplos de raptadores y violadores, grabados en monedas y plasmados en terracota, de hace 2  mil quinientos años, los mostramos a continuación...

 

Figura 1. Sileno raptando a Ménade para violarla, moneda de isla de Tasos

Foto 1: Similar Moneda de Thasos

Figura 2. Sátiro itifálico a punto de violar a Ménade, Macedonia

Foto 2: Sileno raptando a Medma para violarla, Ninfa del río epónimo, Italia, s. V adne

Mitos terroristas exaltadores de la violación de mujeres para mostrar el triunfo de la ideología patriarcal

Con la divulgación de los diferentes sistemas de propaganda que se adaptaban a las aspiraciones patriarcales y que servían para modelar los comportamientos discriminativos de cada sexo, se influyó poderosamente en la visión inconsciente y provocó el cambio profundo de las ideas sociales, que contribuyeron a la evolución de la sociedad.

Así que no extraña que bajo la estrategia modeladora del dominio patriarcal de mitos terroristas, prestigiadores de actitudes machistas, exaltadores de la violencia masculina sobre las mujeres, apologizadores (término que deriva de Apolo) de la violación impune de mujeres por «sátiros», presentadas como «hazañas», se implementase la violencia del varón sobre la mujer, y que los varones terminaran por tener muy potenciado el deseo sexual así como una conducta violenta para satisfacerlo, y por jugar un papel dominante y machista.

Y tampoco extraña que bajo la propaganda de mitos ejemplificadores de que las protagonistas se inhibían de ejercer la violencia en legítima defensa frente a las violaciones y crueles atropellos por parte de varones; a la vez que ninguna autoridad asumía la responsabilidad de castigar a los violentos, las mujeres terminaran por evitar las reacciones de rebeldía o de venganza y terminasen por aceptar tal sometimiento y por conformarse con su papel subordinado.

En poco tiempo, se logró que las mujeres perdieran su poder milenario se sometieran dócilmente al dominio masculino y se convirtiera en un «objeto» sexual sin autonomía, totalmente subordinado al varón.

 

Conducta sexual de humanos actualmente, resultado del aprendizaje diferenciado

 Si en nuestra sociedad occidental patriarcal los varones presentan una alta apetencia sexual mientras las mujeres la presentan baja, es porque fue una conducta «cultural» enseñada de forma discriminada, que surgió por intereses patriarcales, en cierto momento de la historia humana, hace menos de cinco mil años.

Entonces fue, cuando los varones empeñados en imponer los valores que les beneficiaban, incluyendo tanto la satisfacción de su sexualidad como el derecho a la propiedad y a otros, usaron todas las estrategias de dominación a su alcance, ciñéndose sobre todo a la necesidad de destruir la posición femenina, para hacerse un espacio a sí mismos.

Y tras descubrir que la capacidad sexual que cada género tiene en la sociedad, aunque biológica, es modelada y encauzada por la cultura, se dedicaron a potenciar la sexualidad masculina y a limitar la femenina.

Incluso en aquellos tiempos, se le permitió y reforzó que usara la violencia sexual para satisfacer su apetito, porque resultaba útil para mantener la supremacía masculina recién adquirida y para la vejación de las mujeres ya sí tomaran conciencia de su «inferioridad». Y que se ha mantenido por intereses de dominación.

Y a la par, si la mujer ha tenido durante los últimos milenios de tradición judeocristiana, deudora de la tradición griega machista, una baja conducta sexual, se ha debido a que se le ha enseñado e impuesto una conducta sexual muy «decente».

Por un lado, dado que su sexualidad libre y pacífica se consideraba algo inadmisible, sufrió desde la infancia una educación modeladora, con normas morales para que reprimiera toda conducta que pretendiese satisfacer su ardor sexual. Incluso, era duramente castigada, si tenía una sensualidad no permitida y que dañara su pureza, por lo que no extraña que se le desarrollase baja apetencia. Y por otro lado, ha soportado el mecanismo psicológico de descrédito mítico, que ayudaba a imponerle el miedo al castigo, para que no se convirtiera en «ninfómana».

Al reprimir la sexualidad en las mujeres, terminaron por provocar su sumisión y que aceptasen ser atropelladas en sus derechos. Y como seres oprimidos dedicarse, ¡por fin en exclusiva!, a complacer las pasiones sexuales masculinas.

Lo que constata que las conductas que las mujeres han mostrado en las sociedades patriarcales, no son genéticas, sino que son resultado del aprendizaje diferenciado dado a cada sexo y que cada cultura impone diferentes normas y las enseña desde la infancia: La neurofisióloga Ruth Bleier utiliza estos hechos en un eficaz argumento contra cualquiera de las teorías que hablan de características humanas «innatas» (Lerner, 1990: 69).

 Las conductas sexuales que presentan cada sexo en la sociedad patriarcal occidental actual, surgieron a partir del momento en el que se inició la «revolución patriarcal». Fue llevada a cabo por varones, hartos de tener una función subsidiaria (que no subordinada) en sociedades maternales. Por lo que decidieron subvertir la situación. Y no sólo buscaron adquirir mayor protagonismo, sino que quisieron subordinar a las mujeres. Y para ello.

a) Instauraron el matrimonio patriarcal, institución que nació por decisión «cultural» en la Edad del Bronce (en nuestra civilización occidental, heredera de la griega, se produjo hace unos tres mil años).

b) Los padres de familia se encargaron del sustento de su familia patriarcal. Y se apropiaron del derecho al trabajo y de las profesiones que las mujeres habían ejercido hasta entonces. Y a ellas, les prohibieron ejercer cualquier actividad con la que autosostenerse (excepto la prostitución).

c) Se cambió la conducta sexual adecuada para cada sexo: los varones se permitieron disfrutar del privilegio a la libertad, a la promiscuidad, y a la bisexualidad. Y a sus esposas les impusieron la represión sexual para dominarlas, les exigieron que les guardaran juramento de fidelidad, y las castigaron si no se atenían a la prohibición. A la par, las obligaron a procrear muchos hijos.

d) Y en congruencia con la nueva estructura social que se quería implantar, privilegiadora de los varones, y para conseguir imponerla más deprisa, los defensores del nuevo modelo social, los implementaron a través de sutiles medios de adoctrinamiento que sufrieron la transformación que la nueva ideología imponía: mitos, narraciones literarias, leyendas, obras de arte simbólicas.

Y también crearon una religión de Estado patriarcal, con Divinidades masculinas violentas, que ejercían un poder exigente y dominador, muy lejos de la antigua y pacífica Diosa Madre de la religión matriarcal, dadora del regalo del placer sexual y alentadora de la sexualidad femenina libre y promiscua.

 [En nuestra tradición judeocristiana, la dominación masculina sobre las mujeres se enmascaró como maldiciones de Yavé, que pretendidamente dijo a los varones: Con el sudor de tu rostro comerás el pan. Y a las mujeres: «Multiplicaré los trabajos de tus preñeces» (Génesis III, 19).

Por lo que amparándose en el dios bíblico, durante los últimos miles de años del dominio patriarcal, se ha estado considerando al varón exclusivamente como el ¡elegido por el Dios masculino y con derecho de acceder al trabajo remunerado en exclusiva!.

Y a la par ¡era por designio divino, por lo que la mujer había de someterse y traer muchos hijos al mundo!].

 Prejuicios implícitos en mitos apologizadores de sátiros

 El presentar como una ¡hazaña heroica! a varones muy activos sexualmente, que cuando sufrían el furor testicular, violaban y agredían impunemente a las mujeres, para satisfacer su ansia sexual, ilustran de forma machista el triunfo de la ideología del nuevo orden patriarcal y servían para justificar las acciones violentas por parte de varones con gran apetencia sexual en las sociedades patriarcales occidentales. Y están basados en varios prejuicios que permanecen implícitos.

Primero: El varón tenía una sexualidad más «instintiva», como si sufriese satiriasis permanentemente y su «instinto animal» le impulsase a una sexualidad más necesitada de acoplamientos, más potente y con ello quisiese decir superior.

Segundo: El varón «había de» recurrir a violentar a la mujer para acoplarse sexualmente a ella, ya que la baja demanda de ella así lo aconsejaba.

Pero ambas ideas son absolutamente falsas y no hay ningún fundamento biológico que las sustenten.

El considerar a la violación masculina como conducta resultado de un desenfreno de su «instinto animal», no se ajusta en absoluto a la conducta instintiva de los animales. Precisamente, éstos sólo buscan intensamente acoplarse, por «instinto de procreación», en la época en que las hembras entran en celo y son receptivas. De ahí que los machos animalísticos (e igualmente las hembras) se acoplen muy pocas veces. En algunas especies, los sementales más exitosos, consiguen copular una vez al año, durante el estro anual de las hembras. Mientras que la mayoría de los subordinados copulan con menor frecuencia; algunos no tienen oportunidades de aparearse en toda su vida; y desde luego ninguno recurre a la violación.

También el considerar que el varón había de violar a la mujer por su baja libido, es totalmente falso. Hemos reflejado cuáles eran las costumbres sexuales en sociedades y en épocas anteriores a la evolución al patriarcado: la mujer era promiscua y la religión alentaba el libertinaje femenino. Además, la mujer, por genética está dispuesta a aparearse cada día del año, porque su deseo sexual es independiente de las hormonas (pero eso ocurría antes de que la afectase los condicionantes limitativos culturales). Si nos fijamos, lo que caracteriza el comportamiento sexual femenino, es que es hipersexual; su apetito sexual no depende de su ovulación, ni de su período fértil (dependencia propia de la hembra animalística, que sólo tiene apetito cuando entra en estro).

Hoy sabemos, que en la especie humana, la práctica sexual está vinculada al placer. Es por ello que ambos sexos buscan acoplarse de continuo para satisfacer su apetito. Por tanto hacen muchísimo el amor y no hay razón alguna que justifique el mito de que «la sexualidad masculina es superior a la femenina». Contrariamente, la conducta sexual femenina es tan potente o más, que la masculina.

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Bibliografía citada en el texto

MAYR, F. K. y A. ORTIZ-OSÉS (1989): La mitología occidental. Anthropos, Barcelona.

LÓPEZ, J. J. (1994): Los Dioses bajan del Olimpo: Historia de la humanidad a través de los mitos griegos, T. I y II. Centro Andaluz del libro, Sevilla.

Foto 1: Dracma de Thasos. Moneda de 16 mm y 3,6 g acuñada en Thasos (Tracia), entre los años 463 y 411 a.C. Anverso: sátiro ithyfálico desnudo, con cascos de caballo, arrodillado y llevando a una ninfa en sus brazos. La ninfa alza sus brazos en señal de protesta. www.tesorillo.com/grecia/tracia/satiro.jpg

Foto 2: Sileno raptando a Medma, Ninfa del río epónimo, Italia, s. V adne: pg. 221: SOLÉ, D., BACHS, E. CASTELREANAS, A. (Italia): (1988): Italia se asoma a la historia. Los grandes descubrimientos de la Arqueología. Volumen 6. Planeta-De Agostini, Barcelona.

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MARTÍN-CANO, F.: (246) - (2012): Sexualidad femenina en diversas culturas. De ninfómanas a decentes. Tomo 1. Chiado Editorial, 296 pgs., ISBN: 9789896976200. Depósito Legal n.º 342795/12. 1.ª edición: Maio
https://www.chiadoeditorial.es/libreria/sexualidad-femenina-en-diversas-culturas-tomo-i
MARTÍN-CANO, F.: (257) - (2013): Sexualidad femenina en ritos, obras de arte y mitos. Del mundo de la Diosa a la sociedad patriarcal. Tomo 2. Chiado Editorial, 347 págs., ISBN: 978-989-51-0219-8. Depósito Legal n.º 355559/13. 1.ª edición: Maio, 2013
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MARTÍN-CANO, F.: (319) - (2016): Arqueología Feminista Ibérica. Letras de Autor Editorial, 653 pgs., ISBN: 978-84-16538-67-6. Depósito Legal: M-2054-2016. Primera edición: enero 2016
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