Algunas estrategias para salir de la subordinación femenina

Estudios de Género

Martín-Cano, F. (2004): Algunas estrategias para salir de la subordinación femenina. ACP/ Independent Media Center de Madrid, red mundial de Indymedias. 04/08/10/. (http://acp.sindominio.net/article.pl?sid=04/08/10/1634200&mode=thread&threshold=0) http://galeon.com/arteprehistoria/subordinacion.htm

Resumen: Algunas estrategias de potenciacion sexual para que las mujeres, de naturaleza «ninfomana» pero obligadas desde hace 5.000 años a ser decentes, salgan de la subordinacion y recuperen el poder y la libertad de antano.

Algunas estrategias para salir de la subordinación femenina

Francisca Martín-Cano Abreu

Martín-Cano propone alguas estrategias para acelerar la transformación de la sociedad y conseguir que la mujer salga de la subordinación patriarcal en que aún se encuentra. Entre ellas:

1. Lograr que las madres occidentales, principales educadoras de sus hijas, comprendan cuál es el verdadero proceso de adquisición de los comportamientos diferenciados de cada género y convencerlas del importante papel que tienen como mantenedoras inconscientes de la subordinación femenina si no respeta los derechos sexuales de las niñas: tienen derecho al placer sexuas a soals desde que son bebitas.

Porque mientras las madres sigan bajo la influencia de culturas patriarcales caducas, seguirán promoviendo fuertes restricciones hacia la castidad de sus hijas, con la excusa de que no quieren que se conviertan en «ninfómanas». Cuando con ello les estarán negando, no sólo el derecho a intensificar, desarrollar su sexualidad como sujeto de placer, sino también la posibilidad de adquirir verdadera autonomía. Porque, mientras la líbido femenina sea inferior a la masculina (dependiente del entrenamiento y de la permisividad sexual desde la infancia), siempre serán (en general, claro) un «objeto para el placer masculino».

2. Potenciar la bisexualidad temprana, que también es genética, tanto en varones como en féminas.

Dado que si se recibe desde la infancia un fuerte condicionamiento en ser monosexual, la represión sexual impedirá convertirse en adultos bisexuales. Sobre todo potenciar la bisexualidad en las chicas (puesto que a las mueres, justo hasta el momento de casarse, se les ha negado del derecho a saber y desarrollar todo tipo de sexualidad (tanto a solas como juegos homosexuales con compañeras), con el objeto de romper la vinculación entre mujeres, causa de su poder en las sociedades maternales. Así que divulguemos lo que hacen las hembras bonobas (ya que su conducta da idea de la de nuestras antepasadas, que debieron de comportarse de forma similar, como afirma Frans de Waal), para que sirvan de modelos: es la relación sexual de las hembras adultas la que les sirve para estrechar vínculos ¡sobre todo con las hembras! Y explica el poder que llegan a tener sobre los machos (al vincularse estrechamente mediante el sexo y el acicalamiento).

El día en que la mayoría de mujeres sean trabajadoras autosuficientes económicamente; estén unidas en vinculación horizontal con auténticas compañeras que satisfagan las necesidades mutuas de afecto, sexuales y de amparo; tengan muchas camaradas en las que encontrar apoyo, que reconozcan la valía de unas y otras y se den alientos mutuamene para enfrentarse a las esperanzas frustradas; tengan muchas amigas cómplices con las que compartir sensibilidades y pensamientos, características deseadas y que no se encuentran normalmente en los varones; y además, sean colegas con las que pudan satisfacerse a la vez mutuamente sus necesidades sexuales.... entonces las mujeres no tendrán que conformarse exclusivamente con los rudos machos habituales del patriarcado, con los que han tenido que establecer una relación heterosexual falta de comunicación, en un matrimonio en el que ocupa un puesto subordinado, y sólo para cumplir su papel de madre de hijos y limpiadora del hogar.

Ni tendrán que recurrir necesariamente a la prisión de la institución del matrimonio heterosexual para formar convencionales familias patriarcales, a cambio de su subordinación e incomunicación.

3. Potenciar la promiscuidad de las jóvenes antes de elegir y tener pareja (tanto homosexuales como heterosexuales) para así evitar que surjan los celos.

Puesto que la promiscuidad es genética (ya sabéis lo que pasa entre las bonobas, que tienen una sexualidad «insaciable» y «ninfomaníaca», y gracias a ello accede al placer sexual siempre que quieren, de forma promiscua y con una pareja de su elección, tanto del género opuesto como del propio), hagamos por fin lo que hacen ellas, sin limitaciones morales, ni religiosas. Si la monogamia surgió de un régimen familiar en un sistema jerárquico, en el que el sexo masculino pretendía ejercer el dominio sobre el femenino, el control sexual deja de tener sentido en uniones igualitarias. Dado que en las actuales «familias» de parejas sexuales, tanto homosexuales como heterosexuales, ambos miembros son trabajadores autosuficientes económicamente y los mitos románticos del «amor eterno» han puesto de manifiesto que la monogamia a largo plazo es causa de problemas, seamos promiscuos. Pero dado que es difícil ser respetuoso con la promiscuidad e infidelidad de la pareja, si no se ha mantenido relaciones promiscuas en la juventud, convenzamos a todos los jóvenes para que se entrenen en la promiscuidad y en la capacidad de no sentir celos y no reproduzcan el mismo mito de «amor en exclusiva» a la pareja temporal, como han hecho las anteriores generaciones.

4. Mientras tanto divulguemos las soluciones que han encontrado las parejas actuales, tanto homosexuales como bisexuales, para que sirvan de modelos.

Por ejemplo, sabemos que las lesbianas deciden abrir la pareja y tienen esporádicamente otras compañeras sexuales.

5. Y recordar las soluciones practicadas por los pueblos patriarcales, a principios de la revolución patriarcal, como recuerdo de un tiempo anterior en que la conducta promiscua era lo normal.

Por ejemplo, la promiscuidad sexual se seguía practicando en determinados días festivos, en las sociedades patriarcales, en las que imperaba el matrimonio monógamo y la fidelidad. Y a pesar de que las casadas tenían prohibido el adulterio (que era castigado de forma despiadada el resto del año), excepcionalmente al menos una vez al año podían gozar de todo tipo de conductas deshonestas y practicaban la promiscuidad sexual religiosa. Además durante esas fiestas religiosas, los varones se travestían de mujeres y las mujeres de varones. Y se permitía que las mujeres mandasen, a lo que los varones habían de someterse. Este cambio de papeles entre sexos pone de manifiesto además cuáles eran antes de la inversión patriarcal: recordaba un tiempo anterior en el que las mujeres habían tenido el papel que ahora jugaba el varón. Así que ¿por qué no los imitamos instituyendo por ejemplo un día para la promiscuidad? Quizás la elección del día sería cuando se celebren las romerías. De todas formas es la ocasión en que la sexualidad se desborda. También se podrían organizar cenas de parejas de amigos, en las que se juegue al «cambio de parejas», conducta que se ha practicado en todos los continentes (antes de que el cristianismo suprimiera tajantemente esa costumbre).

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Ampliar:

MARTÍN-CANO, F. 130 - (2006): ¿Por qué el varón ha dominado a la mujer en occidente? Foro de Hombres por la Igualdad. Agrupación de Profesionales del PCM insertado por: El administrador. http://martincano.webcindario.com/xquevarondominado.htm

MARTÍN-CANO Abreu, F. B. (2004, 2011): Monogamia y promiscuidad. Editado como Nota en Facebook. http://galeon.com/culturaarcaica/promiscuidad.htm

MARTÍN-CANO, F. (2004, 2016): A Safo / Recuperemos las prácticas homosexuales de los bonobos y de nuestras ancestras de las religiones Mistéricas. http://martincano.webcindario.com/recuperemoshomo.htm

(1) He publicado varios libros con los muchas evidencias: mitológicas, antropológicas, etnológicos, arqueológicas,… que apoyan mis onsideraciones:

MARTÍN-CANO, F.: (246) (2012): Sexualidad femenina en diversas culturas. De ninfómanas a decentes. Tomo 1. Chiado Editorial, 296 pgs., ISBN: 9789896976200. Depósito Legal n.º 342795/12. 1.ª edición: Maio.
MARTÍN-CANO, F.: (257) (2013): Sexualidad femenina en ritos, obras de arte y mitos. Del mundo de la Diosa a la sociedad patriarcal. Tomo 2. Chiado Editorial, 347 págs., ISBN: 978-989-51-0219-8. Depósito Legal n.º 355559/13. 1.ª edición: Maio, 2013. 

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Comentario de internauta 1:

A por todas

Por anónimo el Wednesday 11 de August 2004, a las 11:02h. CET (#1)

Chiquito enmorbe el de Martin-cano, ponedmelas calientes, si si todos deacuerdo.

 

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Comentario de internauta 2:

Más cultura y menos hembrismo especulativo

Por anónimo el Friday 13 de August 2004, a las 18:08h. CET (#2)

DIFERENCIAS DE COMPORTAMIENTO

7.- La agresividad

La diferencia más obvia, la más llamativa entre el comportamiento masculino y femenino es la agresividad. El hombre es más agresivo que la mujer, como lo son también la mayoría de los machos de las distintas especies animales. Desde el ratón hasta el hombre (con muy pocas excepciones), el macho de toda especie es más agresivo que la hembra. La agresividad tiene una causa abrumadoramente biológica, no social, como lo prueba el hecho de que puede anularse o estimularse con medicamentos o drogas (los neurolépticos la anulan; la cocaína y las anfetaminas la estimulan). Es verdad que también la sociedad puede provocar reacciones agresivas. Por ejemplo, la injusticia conduce a la agresividad. Sin embargo, si la agresividad fuera debida sólo a causas sociales, es decir, si únicamente estuviera motivada por aspectos externos, podrían estudiarse los factores que la desencadenan para acabar con ella. Bastaría, pues, con evitar a los niños frustraciones hasta completar el desarrollo de su personalidad para que de adultos fueran menos agresivos. Sin embargo, se ha comprobado lo contrario. Esto es, niños a los que en el seno familiar se les da gusto en todo para evitarles frustraciones, al salir del hogar y encontrarse con una realidad mucho más hostil, se vuelven agresivos. Así pues, la agresividad masculina no es social, sino biológica. Es debida a las hormonas masculinas, sobre todo, a la testosterona. Y es que, los andrógenos no sólo poseen un efecto organizador en la estructura interna del cerebro, sino que tienen también una influencia inmediata sobre el comportamiento. Por ejemplo, los altos niveles de testosterona en los adolescentes guardan relación directa con su excesiva agresividad. Ahora bien, la agresividad no es sólo cuestión de hormonas. Para poder producir agresividad, la testosterona necesita un cerebro masculino sobre el que actuar. Si, por ejemplo, se castra a un macho de rata antes de que sus hormonas le hayan dado un cerebro masculino, no habrá dosis posterior de testosterona que produzca la misma agresividad que en un cerebro masculino. De igual modo, si a una hembra de rata, cuando su cerebro no ha terminado de madurar, se le aplican dosis anormales de hormona masculina, se volverá de adulta tan furiosa y agresiva como un macho. Y lo mismo ocurre con las personas. Una mujer normal no será jamás tan agresiva como un hombre, aunque se le inyecten dosis de testosterona, pues su cerebro no está "programado" para reaccionar ante dicha sustancia de esa forma. En cambio, a los hombres no muy agresivos sí se les puede volver más agresivos con una inyección adicional de hormona masculina.

Así pues, la testosterona conduce a la agresividad cuando entra en contacto con el cerebro masculino. Por el contrario, una de las hormonas femeninas (el estrógeno) posee una acción neutralizadora sobre el efecto agresivo de la testosterona. No por casualidad, se administra estrógeno a los presos de conducta violenta, consiguiendo así una acusada dulcificación de su carácter. Debido a la testosterona, los hombres son considerablemente más violentos y asociales en todas las partes del mundo. En cualquiera de las conductas de marginación social sobresalen los hombres muy por encima de las mujeres. Del total de detenidos por la policía, el 88 por ciento son varones. La población reclusa femenina en España no llega al 10 por ciento. En Estados Unidos, los hombres cometen el 96 por ciento de los robos y el 81 por ciento de los crímenes. Es 5 veces más probable que asesinen ellos a que lo hagan ellas. Sólo en agresividad verbal se igualan los dos sexos. Los psicólogos evolutivos han estudiado los homicidios en todo el mundo y han hallado una pauta consistente: los agresores y víctimas son generalmente personas de sexo masculino, jóvenes y solteros. Y es que, desde los 2 años, los niños se muestran más agresivos que las niñas. Los juegos de éstas son en su mayoría de colaboración y no competitivos. Cuando discuten, aunque lo hacen menos que los niños, resuelven las diferencias con palabras. Los niños, en cambio, corretean y muestran una permanente actividad. El interés masculino por mandar y el femenino por mantener las relaciones sociales son perceptibles desde muy temprana edad. La testosterona hace que los niños jueguen siempre a enfrentarse. En un grupo de infantes se perfila una jerarquía que elige con rapidez al líder y en donde el único objetivo es ganar. La agresividad del varón, producida por la testosterona, se canaliza en juegos de acción, peleas, contacto corporal, competitividad, dominio, liderazgo y un cierto conflicto. Quieren tener éxito y dominar. Y a medida que van creciendo, juegan de un modo cada vez más brusco. Los estudios demuestran claramente que los chicos prefieren la competencia a la cooperación y las chicas, la cooperación a la competencia.

Los juegos de las chicas son más sociales. Juegan por diversión y lo que pretenden es hacer amigas. Esto se ve también en los animales. A todos los cachorros les gusta jugar a pelear. Pero cuando cumplen un año de vida, las hembras empiezan a separarse de los machos y forman un grupo aparte, en el que practican juegos menos agresivos que los realizados por los machos. Éstos, a medida que crecen, empiezan a competir por el liderazgo, algo que les permitirá perpetuar su código genético. Los humanos, pues, no hacemos más que repetir los comportamientos de las especies animales.

El vertiginoso aumento de testosterona en los chicos a partir de los 10 años hace que se vuelvan cada vez más agresivos. A partir de esta edad (la pubertad), las peleas pasan a convertirse en una práctica habitual de su comportamiento. No es extraño, pues, que el grupo de edad con mayor tasa de agresividad sea el comprendido entre los 13 y 17 años. Los chicos de estas edades protagonizan también los índices más altos de criminalidad. Después de los 50 años, cuando los niveles de testosterona van bajando, los hombres se van volviendo cada vez menos agresivos y más cariñosos. Por el contrario, las mujeres, al ir disminuyendo sus niveles de estrógeno (con su conocida capacidad neutralizadora de los efectos agresivos de la testosterona, presente en pequeña cantidad en todas ellas), tienden a ser más decididas, seguras y agresivas. Por tanto, en la vejez, conforme los niveles hormonales de hombres y mujeres se van asemejando, sus diferencias de agresividad también.

Queda claro, pues, que los varones (como, en general, todos los machos animales) son por naturaleza más agresivos que las hembras, lo que tiene una significación mucho mayor de lo que parece, porque explica en gran medida la dominación histórica del varón dentro de la especie humana. Y es que, la testosterona no sólo estimula en el hombre la agresividad, sino que, además, su impacto en el cerebro masculino produce deseo de dominación, decisión y empuje. De ahí que la búsqueda de poder, de dominio y la conquista de los roles de prestigio, sean rasgos abrumadora y universalmente masculinos.

Las feministas no deberían ignorar esto cuando tratan de explicar por qué la mujer a lo largo de la historia no ha conseguido llegado al poder. Deberían saber que buena parte de las relaciones que existen entre las personas se basan en la capacidad que tienen algunos individuos de influir en la conducta de los demás. Esa capacidad se denomina "poder" y una de sus formas más comunes es el "poder coercitivo". El poder coercitivo se apoya en la fuerza y se basa en la posibilidad que tiene un sujeto o un grupo de ellos de castigar a otro si éste no se deja influir. Pues bien, no cabe ninguna duda de que el varón posee un tipo de fuerza (la física) que le permite ejercer el poder coercitivo sobre la mujer y colocarse en ventaja para acceder a la conquista del poder político y social.

Ahora bien, los hombres no aprenden la agresividad como una táctica de guerra entre los sexos. Ni enseñan a sus hijos varones a ser más agresivos; de hecho es al contrario: tratan en vano de que los niños sean menos violentos. Y es que, la agresividad masculina supone un problema para los propios varones.

La agresividad, pues, es un rasgo natural y típicamente masculino, y enfadarse por ello es tan inútil como enfurecerse porque salga el Sol, por la existencia de la gravedad o por la presencia del Himalaya.

DIFERENCIAS DE COMPORTAMIENTO

8.-Testosterona y sexualidad

La testosterona no sólo es la hormona de la agresividad y del dominio, es también la hormona del apetito sexual, tanto en los hombres como en las mujeres. Por ejemplo, los chicos, aunque maduran sexualmente más tarde que las chicas, tienen más sueños eróticos, se masturban con mayor frecuencia y tienen relaciones sexuales antes que ellas. Las mujeres, en los días previos a la ovulación (entre los 18 y 21 días después de la última menstruación), experimentan un mayor deseo sexual, aumento que viene provocado precisamente por la producción en sus glándulas suprarrenales de una pequeña cantidad de testosterona.

 

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F. Martín-Cano Abreu

1 - MARTIN-CANO, F.: (246) - (2012): Sexualidad femenina en diversas culturas. De ninfomanas a decentes. Tomo 1. Chiado Editorial, 296 pgs., ISBN: 9789896976200. Deposito Legal 342795/12. 1 edicion: mayo. https://www.chiadoeditorial.es/libreria/sexualidad-femenina-en-diversas-culturas-tomo-i

2 - MARTIN-CANO, F.: (257) - (2013): Sexualidad femenina en ritos, obras de arte y mitos. Del mundo de la Diosa a la sociedad patriarcal. Tomo 2. Chiado Editorial, 347 pags., ISBN: 978-989-51-0219-8. Deposito Legal 355559/13. Primera edicion: mayo, 2013.
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3 - MARTIN-CANO, F.: (319) - (2016): Arqueología Feminista Iberica. Letras de Autor Editorial, 653 pgs., ISBN: 978-84-16538-67-6. Deposito Legal: M-2054-2016. Primera edicion: enero 2016. https://letrasylibros.es/estudios-y-otros/18-arqueologia-feminista-iberica-francisca-martin-cano-abreu.html

4 - MARTIN-CANO, F.: (333) - (2017): Sexualidad femenina en el tercer milenio. Letras de Autor Editorial, 273 pgs., ISBN: 978-84-17101-73-2. Primera edicion noviembre 2017. https://letrasylibros.es/estudios-y-otros/265-sexualidad-femenina-en-el-tercer-milenio-francisca-martin-cano.html

Mis libros 1 y 2, se venden en América, en: http://www.buscalibre.co/
 
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