fondos animados para myspace

FRANCISCO EL HOMBRE

Francisco el Hombre es la leyenda que corresponde al nombre de Francisco Antonio Moscote, cuyos restos reposan en el cementerio de Machobayo, un lugar cercano a la ciudad de Riohacha. Tuvo una descendencia numerosa que se perdió por los miles de caminos de La Guajira y de El Cesar. La Fundación Cultura Guajira ha decidido denominar su gran Festival con el nombre de Francisco el Hombre, un guajiro raizal cuya fama comenzó a extenderse a lo largo y ancho del Caribe luego de haber protagonizado un episodio que a fuerza de repetirse entró a formar parte de la ficción. Estudiosos de diversos países han dedicado innumerables páginas a Francisco el Hombre recordándolo siempre como un importante personaje que, con su acordeón, derrotó al demonio en una contienda que aún hoy se repite en todos los pueblos de La Guajira. La historia es real: Francisco Moscote fue un hombre que, según la tradición oral transmitida por sus familiares y vecinos, nació en el año 1848, y murió en 1953 con la mente lúcida y los recuerdos vivos de aquel día que él contó siempre como una aparición fantasmagórica atravesada en su camino. El fantasma, según su versión de entonces, fue el diablo transformado en notas de acordeón acompañadas de versos que conformaron un increíble contrapunteo al mejor estilo de las piquerías encarnizadas de antaño. Fue, de acuerdo a los testimonios que se han venido repitiendo de la misma manera, un duelo entre Francisco el Hombre y el mismísimo demonio que ocurrió en algún camino situado entre la ciudad de Riohacha y la población de Barbacoas. Francisco llegó a casa en la madrugada, montado en su burro, sudando a chorros y delirando por aquel reto que venció en franca lid después de rezar el credo al revés. Algunos historiadores del vallenato guajiro afirman que muy posiblemente Francisco Moscote fue el inventor de la situación que vivió en medio de una de esas borracheras en que la razón se pierde y surgen por encanto escenas que siempre estuvieron guardadas en la imaginación. Francisco repitió su encuentro con el diablo y lo repitió hasta que su memoria se fue diluyendo en medio de los más de cien años que vivió en Machobayo y sus veredas cercanas. Según sus descendientes, Francisco Moscote murió de viejo. Era un hombre apuesto, moreno, con una incipiente calvicie y una tristeza que transmitía en su canto. Su bohemia facilitó la conquista de mujeres que lo veían como un hombre exótico, pero distinto a todos los demás por la simple razón de tocar con destreza un instrumento musical ajeno a las tierras de La Guajira. Se sabe que vivió varios años con una mujer de nombre Teresa Lavette, y después con Rosa Cuadrado. Se sabe, también, que de esas relaciones nacieron José del Carmen, Isabel y Lorenza Moscote, quienes prolongaron una prole que hoy está perdida en la leyenda que circunda a Francisco Antonio Moscote. El Hombre.

Los descendientes de Francisco el Hombre Nietos, bisnietos y tataranietos aparecieron de repente en la sede de la Fundación Cultura Guajira convocados por el nombre de Francisco el Hombre, el juglar guajiro que se convirtió en leyenda después de una vida azarosa y andariega. El primero en aparecer fue Eliseo Moscote, uno de los tres nietos vivos que se encargó de prolongar aún más el apellido del mítico personaje. Entre todos, lograron crear una descendencia en la que sólo uno de los integrantes intenta descifrar las notas de acordeón con las que, según la tradición oral, el viejo Francisco derrotó al diablo. Samir Ortiz Moscote, a sus 16 años, carga un moderno acordeón y una sonrisa a flor de labios. Dice que toca por puro gusto, pero en el fondo se nota que el mito gira alrededor de su vida. Los demás integrantes de la familia lo observan como el artista que podría prolongar la leyenda más allá de las tierras guajiras a través de cuyos pueblos Francisco Moscote entregaba sus mensajes en forma de noticias. Etelvina Aragón, una matrona de 80 años con rasgos similares a los de su hermano Eliseo, pareciera ser la voz autorizada para contar las vicisitudes de la existencia de su abuelo, a quien atendió en su vejez en medio de las historias que iban y venían hasta que una noche ya no hubo más relatos porque la muerte se llevó para siempre al juglar. Elvia Moscote, la otra nieta, es la más silenciosa, pero mantiene vivos los recuerdos, pues su hermana Etelvina se ha encargado de transmitirle los más mínimos detalles de los que no está exento el momento en que, a sus 103 años, falleció el hombre que, años más tarde, comenzaría a convertirse en leyenda. De aquel personaje, cuyo nombre es ahora uno de los Festivales más importantes de Colombia, están hoy más de 30 descendientes que la Fundación Cultura Guajira convocó días después de su aparición para el registro gráfico y el testimonio oral que ahora comienza a formar parte de la historia del evento que reivindica su nombre y su historia guajira.

*Pagina de inicio

La información que se ve aquí fue obtenida de FRANCISCO.COM y las imagenes de GOOGLE