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1829.
AL RÍO
——
¡Bello río! en tu clara y brillante onda de
cristal, agua vagabunda, eres un emblema del
esplendor de la belleza, un emblema del corazón
que no se esconde ahora, un emblema de
la alegre fantasía de arte en casa de la hija del
viejo Alberto.
——
Pero mientras ella mira en tu corriente,—que
resplandece y tiembla, ¿por qué el más
hermoso de todos ríos recuerda a uno de sus
adoradores? Es porque en su corazón como en
tu onda, su imagen está profundamente grabada;
en su corazón que tiembla bajo el brillo de
sus ojos que buscan el alma!
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1831.
A LA CIENCIA
Soneto
——
¡Oh Ciencia! tu eres la verdadera hija del
viejo tiempo, tu, cuya mirada indiscreta transforma
todas las cosas! ¿Por qué haces tu presa
del corazón del poeta, oh buitre, cuyas alas son
las sombrías realidades? ¿Cómo podría él
amarte? Como te creería sabia si no has
querido dejarlo vagar en sus ensueños en busca
de tesoros en el seno de los cielos constelados,
por más de que hasta allí subiera con ala intrépida?
¿No has arrancado Diana a su carro,
y obligado a las hamadriadas de la selva a buscar
un asilo en alguna otra estrella más feliz?
¿No has sacado a la náyade de su ola, al elfo de
su pradera verde y a mí mismo no me has arrebatado
mi sueño estival bajo los tamarindos?
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1849.
EULALIA
——
Vivía sólo en un mundo de lamentaciones y
mi alma era una onda estancada, hasta que
la bella y dulce Eulalia llegó a ser mi pudorosa
compañera, hasta que la joven Eulalia, la de
los cabellos de oro, llegó a ser mi sonriente
compañera.
——
¡Ah! las estrellas de la noche brillan bastante
menos que los ojos de esa radiante niña!
Y jamás girón de vapor emergido en un irisado
claro de luna, podrá compararse al bucle más
descuidado de la modesta Eulalia, podrá
compararse al bucle más humilde y más descuidado
de Eulalia, la de los brillantes ojos!
——
La duda y la pena no me invaden jamás,
ahora, porque su alma me entrega suspiro por
suspiro. Y durante todo el día, Astarté resplandece
brillante y fuerte en el cielo, en tanto que
siempre hacia ella, mi querida Eulalia, levanta
sus ojos de esposa, en tanto que siempre hacia
ella mi joven Eulalia eleva sus bellos ojos
violetas!...
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BOTELLA AL MAR (1986)
El mar es un azar,
¡qué tentación echar una botella al mar!
Poner en ella, por ejemplo,
un brillo, un barco sin velamen y una espiga,
sobrantes de lujuria, algún milagro y un folio rebosante
de noticias.
Poner un verde, un duelo, una proclama,
dos rezos y una cábala indecisa;
el cable que jamás llegó a destino
y la esperanza pródiga y cautiva;
El mar es una azar
¡qué tentación echar una botella al mar!
Poner en ella, por ejemplo,
un tango que enumerara todos los pretextos para
apiadarse de uno mismo
y quedarse en el borde de otro sueño,
poner promesas como sobresaltos
y el poquito de sol que da el invierno
y un olvido flamante y oneroso
y el rencor de los siglos que los sigue como un perro.
El mar es un azar,
¡qué tentación echar una botella al mar!
Poner en ella, por ejemplo,
un naipe, un afiche de Dios -el de costumbre-,
el tímpano vanal del horizonte, el reino de los cielos
y las nubes,
poner recortes de un asombro inútil,
un lindo vaticinio de agua dulce,
una noche de rayos y centellas y el saldo de veranos y de azules.
El mar es un azar,
¡qué tentación echar una botella al mar!
Pero en esta botella navegante
sólo pondré mis versos en desorden,
en la espera confiada de que un día
llegue a una playa cándida y salobre
y un niño la descubre y la destape,
y en lugar de estos versos halle flores y alertas
y corales y baladas
y piedritas del mar y caracoles.
El mar es un azar,
¡qué tentación echar una botella al mar!
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