IGLESIA DE CRISTO EN MONTERÍA, COLOMBIA

 

INSTRUMENTOS MUSICALES EN LA ALABANZA

Emilio Lospitao

 

(Un Miembro de las Iglesias de Cristo “Anti-Instrumentales” Cuestiona La Postura de su Hermandad Sobre el Uso de Instrumentos en la Alabanza)

¿Qué debemos entender por “instrumento” musical? ¿Se refiere exclusivamente al artilugio mecánico con el cual se puede producir sonidos musicales? ¿Está incluido como “instrumento” musical los propios órganos físicos, como las manos, con las cuales se puede producir sonidos musicales, o la boca, con la que también se puede producir sonidos sin articular palabras comprensibles? ¿Es suficiente el silencio  bíblico del Nuevo Testamento respecto a los instrumentos musicales en la alabanza cristiana como para excluirlos? ¿Debemos entender este “silencio” como la voluntad expresa de Dios en cuanto a la exclusión de los instrumentos musicales en la alabanza cristiana? La ausencia de los instrumentos musicales en el Nuevo Testamento, ¿tiene alguna implicación teológica, o se debe más bien a las circunstancias sociales y religiosas en que se desenvolvió la iglesia del primer siglo? Las proclamas del salmista en relación con los instrumentos musicales, ¿están en el contexto de la adoración del culto público del Viejo Pacto o tiene un contexto general de la alabanza a Dios? En cualquier caso, ¿Le agradaba a Dios la alabanza con instrumentos musicales durante el Viejo Pacto y le desagrada ahora en el Nuevo Pacto? ¿Por qué?

El arte de la música y los instrumentos para producirla se hayan presentes ya en las primeras páginas de la Biblia, antes de cualquier pacto. De Jubal se dice que “fue padre de todos los que tocan arpa y flauta” (Génesis 4:21). En general, el uso de los instrumentos musicales en el Antiguo Testamento están ligados a celebraciones de diferentes naturalezas. Moisés, tras el paso del Mar Rojo, cantó con los hijos de Israel un himno de alabanza por tan maravillosa gesta a la vez que las mujeres, con María a la cabeza, acompañaron la alabanza “con panderos y danzas” (Éxodo15:1-21). El pueblo de Israel expresó su regocijo por las victorias guerreras sobre sus enemigos:

“Y todo Judá y los de Jerusalén, y Josafat a la cabeza de ellos, volvieron para regresar a Jerusalén gozosos, porque Jehová les había dado gozo librándolos de sus enemigos. Y vinieron a Jerusalén con salterios, arpas y trompetas, a la casa de Jehová (2 Crónica 20:27-28). La música instrumental estaba presente en las fiestas familiares: “¿Por qué te escondiste para huir, y me engañaste, y no me lo hiciste saber para que yo te despidiera con alegría y con cantares, con tamboril y arpa?” (Génesis 31:27). La música instrumental estuvo presente en el servicio religioso del Tabernáculo levantado por David (1 Crónicas 15-16), así como en el servicio religioso del Templo (1 Crónica 29:27-28; ver 2 Crónicas 5:11-14). A David no sólo se le atribuye la autoría de salmos, los cuales venían a ser piezas musicales, sino de inventar instrumentos de música, los cuales él sabía tocar: “Y los sacerdotes desempeñaban su ministerio; también los levitas, con los instrumentos de música de Jehová, los cuales había hecho el rey David para alabar a Jehová porque su misericordia es para siempre, cuando David alababa por medio de ellos” (2 Crónicas 7:6). De hecho, la ejecución de los salmos eran acompañados con instrumentos musicales como queda evidente en el salmo 150. No es necesario decir que los instrumentos musicales en el entorno de la alabanza del Antiguo Testamento fueron introducidos por mandato de Dios: “Puso también levitas en la casa de Jehová con címbalos, salterios y arpas, conforme al mandamiento de David, de Gad vidente del rey, y del profeta Natán, porque aquel mandamiento procedía de Jehová por medio de sus profetas. Y los levitas estaban con los instrumentos de David, y los sacerdotes con trompetas. (1 Crónica 29:25-28).

No existe ningún texto neotestamentario que cite por su nombre algún instrumento musical relacionado con la alabanza cristiana que tenga que ver con alguna iglesia histórica.21 No obstante, creemos que es un abuso exegético apelar al silencio de la Escritura con valor excluyente para prohibir los instrumentos musicales en la alabanza cristiana.

Textos relacionados con la alabanza cristiana en el Nuevo Testamento.

“La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales” (Colosenses 3:16).

“hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones” ( Efesios 5:19).

¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanza” (Santiago 5:13).

Significado de algunos términos

¿Qué diferencia existe entre “salmos”, “himnos” y “cánticos”?
Adam Clarke dice que “apenas podemos decir cuál es exactamente la diferencia entre estas tres expresiones”. No obstante, hace el siguiente comentario de ellas:
“Salmos” (ψαλμοι), probablemente puede referirse a aquellos de David.
“Himnos” (Υʇμνοις), improvisadas efusiones de alabanza a Dios bajo la influencia del Espíritu divino
o una percepción de su especial bondad.
“Cánticos” (gιδαις), Odas; composiciones poéticas deliberadas; pero cualquiera que fuera su forma de composición, eran totalmente espirituales, para magnificar a Dios y edificar a los hombres.22

¿Qué significa el término “Salmos”?
Thayer, una autoridad en el griego del Nuevo Testamento, define así esta palabra:
Golpeteo, hacer vibrar.
Golpear las cuerdas de un instrumento musical.
Una canción piadosa, un salmo.
El término psallo de Efesios 5:19
Este término se traduce en la Reina Valera 1960 como “alabando” (En Santiago 5:13, donde también aparece, se traduce “cante alabanza”).
W. E. Vine dice que este término significa, primariamente, “puntear o rasgar (la cuerda de un arco), y por ende, tocar (un instrumento de cuerdas con los dedos).23

Thayer, por otro lado, define la palabra psallo (yavllw) de la siguiente manera: puntear, tirar de.
Hacer vibrar, tañer.
Tocar o golpear una cuerda, tañer las cuerdas de un instrumentos musical de manera que suene afinadamente.
Tocar un instrumento de cuerda, tocar el arpa, etc.
Cantar con la música del arpa.
En el Nuevo Testamento cantar un himno, festejar alabanzas a Dios cantando.

Y Strong define la palabra psallo (yavllw) como: “Tirar o hacer vibrar, esto es, tocar un instrumento de cuerda (celebrar la adoración divina con música y odas): hacer melodía, cantar (salmos).24

Según las definiciones de esta palabra, podríamos inferir que Pablo está exhortando a cantar salmos tocando algún instrumento de cuerda. Si así lo hiciéramos en la alabanza cristiana, estaríamos haciendo lo que el término psallo implica según su significado. ¿Pero importa el significado de este término, tanto para incluir como para excluir los instrumentos de música en la alabanza? ¿Estaría Pablo diciendo que “teníamos que” alabar a Dios usando un instrumento musical, o al contrario, que no debíamos usar ningún instrumento? No obstante del significado de este término, decir que “habría que” usar instrumentos musicales en la alabanza, porque el término lo implica, sería lo mismo que decir que “no hay que” usarlos porque no se dice explícitamente que se usen. La declaración formal y el sentido del texto bíblico no tiene ninguna inferencia de “cómo” debemos alabar a Dios excepto que la alabanza ha de ser sincera y genuina, que salga del corazón y de la mente. Cualquier inferencia inclusiva o exclusiva en este texto, respecto a usar o no usar instrumentos de música en la alabanza, es forzar la hermenéutica bíblica.

Argumentos de las Iglesias de Cristo en contra de los instrumentos musicales en la alabanza

Las Iglesias de Cristo presentamos dos argumentos apologéticos en contra de los instrumentos musicales en la alabanza cristiana: a) Argumento semántico, y b) Argumento de los Pactos.

Argumento semántico
Las Iglesias de Cristo argumentamos que el Espíritu Santo dijo, a través de Pablo, “cómo” debemos alabar, y citamos los textos ya aludidos (Colosenses 3:16, Efesios 5:19 y Santiago 5:13) en los cuales “no” se dice que cantemos “con” instrumentos de música, sino que “cantemos”. A partir de aquí soltamos una verborrea sobre qué significa “cantar”, como si nuestro interlocutor tuviera un cociente intelectual “0″.

Para reforzar nuestro argumento establecemos dos principios basados en dos situaciones bíblicas que se encuentran en Génesis 6:14 y en Levítico 10:1-2. El primer texto relacionado con la clase de madera con que Noé debía hacer el arca. El segundo texto relata la historia de Nadab y Abiú, dos hijos de Aarón, quienes ofrecieron “fuego extraño”, que Dios nunca les mandó.

Establecimiento de los principios argumentativos
Con estos dos ejemplos queremos establecer dos principios absolutos, transportados a la iglesia, concretamente con la manera de alabar a Dios. En el primer caso (Génesis 6:14) establecemos el principio de que todo dictado expreso de Dios excluye por definición cualquier otro. Decimos: “Dios no necesitó decir a Noé qué madera “no” debía usar, pues el mandamiento expreso de la madera que debía utilizar excluía cualquier otra”. Esto, en aquel caso específico, es evidente que debía ser así. En el segundo caso (Levítico 10:1-2) establecemos el principio de que cualquier cosa que incluyamos nosotros en aquello que Dios no ha dicho nada supone una inclusión “extraña” a Su voluntad. Y esto, en este caso específico, también es evidente, sobre todo porque el mismo texto aclara la desaprobación de Dios (“Salió fuego de delante de Jehová y los quemó…”) ¿Pero podemos establecer un principio absoluto y universal de la deducción de un caso particular y concreto y trasladarlo a todas las situaciones y particularidades? ¿Podemos usar estos principios de forma generalizada en todas las situaciones, ya sea que afecte a la vida doméstica o al culto cristiano? Si tan importante son estos detalles, como alabar a Dios con o sin instrumentos de música, que implica estar obedeciendo o desobedeciendo a Dios, ¿por qué los autores del Nuevo Testamento no lo explicitaron de forma clara y concreta? Por ejemplo: Si celebrar la “Santa Cena” debe ser con “mosto sin alcohol”, porque esa es la voluntad de Dios, ¿por qué los hagiógrafos usaron una expresión tan general y ambigua como es la de “fruto de la vid”? ¿Por qué no declararon expresamente que debía ser mosto sin alcohol? Lo mismo ocurre con la exclusión o inclusión de los instrumentos de música. Por otro lado, creo que abusamos del argumento de que Dios no necesita decir LO QUE NO debemos hacer, pues basta que nos diga LO QUE TENEMOS que hacer. Pero este principio, que en ciertos casos es sano exegéticamente, deriva en un simple sofisma cuando se generaliza y se fuerza la hermenéutica.

Estos principios, con valor absoluto, y desde esa hermenéutica, nos lleva a situaciones absurdas en la vida real, y sólo son comprensibles desde extraños sofismas que los explican.

Dos ejemplos que ilustran la debilidad de estos principios

Siguiendo estos principios, con la hermenéutica inclusiva o exclusiva, de manera absoluta, nos lleva a las siguientes conclusiones de estos dos textos bíblicos:

Ejemplo 1
“Ya no bebas agua, sino usa un poco de vino por causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades” (1 Timoteo 5:23).

Deducciones de este texto:
En caso de alguna enfermedad estomacal o cualquier otra:
-No se debe beber agua
-Se debe beber un poco de vino

Implicaciones de este texto:
-Queda excluida cualquier otra posible sustancia terapéutica que no sea el vino.

Ejemplo 2
“Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas” (1 Timoteo 2:8).

Deducciones de este texto:
-Los hombres “deben” orar en “todo lugar”,-Los hombres “deben” orar con las “manos levantadas”,
-”Sólo” los hombres pueden orar.

Implicaciones de este texto:
-Queda excluida otra forma de orar que no sea con las manos levantadas.
-Queda excluida la posibilidad de que oren las mujeres.
Siguiendo los principios establecidos de exclusión e inclusión, deberíamos sacar estas conclusiones, ¿pero es correcta esta manera de hacer exégesis de la Escritura? ¿Son válidos los principios con los cuales formulamos la doctrina que prohíbe usar instrumentos de música en la alabanza cristiana? ¿Restauramos con esta exégesis la iglesia del Nuevo Testamento?

¿Qué dicen los textos bíblicos?
Quienes se oponen radicalmente a los instrumentos musicales en la alabanza ponen en marcha toda la artillería dialéctica y teológica para demostrar que en ninguna manera los textos permiten usar instrumentos musicales en la alabanza. Los motivos quedan explicados en los principios establecidos más arriba. ¿Pero tienen los contenidos de los textos citados alguna inferencia específica sobre la manera de cómo hay que alabar a Dios excepto que debe salir “del corazón”?

¿Podemos deducir de estos textos que la alabanza cristiana “debe” ser exclusivamente “vocal” y, además, deducir que los instrumentos musicales están “excluidos” implícitamente porque no se dice explícitamente que se cante “con” instrumentos? ¿Justifica la exclusión de los instrumentos musicales en la alabanza cristiana la simple omisión de citarlos por su nombre? Aparte de estos textos (Colosenses 3:16, Efesios 5:19 y Santiago 5:13), en los cuales no hay ni implícita ni explícitamente una declaración formal de cómo debe ser la alabanza (excepto la sinceridad y el carácter espiritual de la misma), no existe ningún otro en el NT formalmente que prohíba los instrumentos musicales en la alabanza cristiana.

El espíritu de la alabanza
Lo que sí enfatizan los textos aludidos es el carácter de la alabanza: la sinceridad y la
espiritualidad de la misma; apela a la interioridad del adorador, a la intención que debe haber en su mente de glorificar a Dios por medio de ella. Los textos no infieren nada sobre la postura, los gestos, las articulaciones del cuerpo o los medios que utilice: el adorador puede levantar los brazos, si esa es la necesidad que anímicamente siente, puede batir las palmas acompañándose como expresión musical propia, puede llorar o reír de gozo si ese es su estado de ánimo. En la alabanza participa todo el ser del individuo: cuerpo, alma y espíritu. La alabanza cristiana no está estrechamente circunscrita a la cultura en que se originó la iglesia: las expresiones comunicativas de los individuos tienen sus propias peculiaridades culturales y éstas no son iguales en todos los lugares del planeta. Exportar los medios y las formas de la alabanza, lejos de “restaurar” la iglesia del Nuevo Testamento, es expandir nuestros propios prejuicios cuyas raíces están ancladas en la cultura del lugar más que en la Biblia.

Argumento de los pactos

Otro de los argumentos que usamos las Iglesias de Cristo, paralelamente a los principios aludidos más arriba, es el de los Pactos. Cuando creyentes de otras iglesias nos increpan diciendo que David alababa al Señor con instrumentos musicales, o nos citan el salmo 150, nuestra respuesta de forma mecánica es que aquella forma de alabar corresponde a la del Antiguo Testamento, pero no a la del Nuevo Testamento. Y aquí sacamos todo ese arsenal de textos bíblicos y situaciones o ejemplos del Antiguo Testamento que, por supuesto, hoy no están vigentes (sacrificar animales, quemar incienso, etc.). En cierta manera todo esto es verdad. Pero no toda la verdad.

Todos estamos de acuerdo que entre el Antiguo y el Nuevo Pacto hay que marcar una línea de separación en muchos aspectos. El autor de Hebreos se encarga de subrayar los aspectos que pertenecían al antiguo pacto, como figuras, y aquellos que pertenecen al nuevo pacto, como realidades ya hechas y consumadas. Todo esto especialmente en lo relacionado con los sacrificios del templo, que prefiguraban al único sacrifico de Cristo. Y todos estamos de acuerdo en que la liturgia religiosa perteneciente a aquellos sacrificios del AT no tenían nada que ver con la liturgia de la adoración de la iglesia cristiana en la nueva dispensación. Pero todos estaremos de acuerdo en que la iglesia apostólica de Jerusalén, si bien no sacrificaban animales, sí continuaron practicando otros ritos judaicos pertenecientes al antiguo pacto (véase Hechos 21:17-26). Es decir, la iglesia “primitiva” de Jerusalén (incluido el mismo Pablo) no marcó esa línea de separación que las Iglesias de Cristo suelen marcar entre el antiguo y el nuevo pacto. Es más, si en verdad la iglesia judeo-cristiana de Jerusalén no usó instrumentos musicales en la alabanza, no fue por motivos teológicos o doctrinales. La razón de cualquier ausencia de instrumentos musicales debemos buscarla en otras diferentes a las teológicas o a las de los pactos. Lo mismo podríamos decir acerca de las instituciones sociales pertenecientes al AT, las cuales, muchas de ellas, fueron revalidadas en el NT (por ejemplo: la esclavitud, la patria potestad, el estatus social de la mujer, etc.).

El espíritu de las proclamas de muchos salmos, entre ellos el 150, aun cuando están escritos en esa parte de la Biblia (AT), no obstante, dicho espíritu no está sujeto a ningún pacto, sino al profundo deseo de magnificar y alabar a Dios con todo el ser: cuerpo, alma y espíritu, y mediante los recursos de que dispone. Y como se trata de “hacer música” para alabar al Señor, ésta podía ser vocal e instrumental. ¡Y así alababa David!

Textos mal usados del AT para descalificar los instrumentos musicales
No faltan quienes citan Isaías 24:8, Ezequiel 26:13, Amós 6:5 y otros pocos textos más para descalificar los instrumentos musicales en la alabanza. ¿Pero tienen algo que ver estos textos con alguna descalificación de los instrumentos musicales? ¿Cuáles son los contextos de estos textos?

El texto de Isaías tiene como contexto el juicio de Dios sobre la tierra y como consecuencia de ese juicio no sólo “cesaría” el sonido del arpa o el “regocijo de los panderos”, sino también el fruto de la vid, etc. ¿Y por qué todo eso? Porque “la tierra se contaminó bajo sus moradores; porque traspasaron las leyes, falsearon el derecho, quebrantaron el pacto sempiterno” (Isaías 24:5) Es decir, el cese de los instrumentos musicales iba a ser una consecuencia del juicio que vendría sobre ellos, pero no porque hubiera algo malo en los instrumentos musicales.

El texto de Ezequiel 26:13 tiene el mismo contexto que Isaías, el juicio de Dios sobre Tiro. Basta leer todo el capítulo 26 de Ezequiel para entender por qué haría “cesar el estrépito de tus canciones, y no se oirá más el son de tus cítaras”.

El texto de Amós 6:5 tiene como contexto el juicio de Israel. ¿Qué está condenando el profeta? El estilo de vida mundano, irreflexivo, materialista del pueblo: “Duermen en casas de marfil, y reposan sobre sus lechos, y comen los corderos del rebaño, y los novillos de en medio del engordadero; gorjean al son de la flauta, e inventan instrumentos musicales, como David; beben vino en tazones, y se ungen con los ungüentos más preciosos” (Amós 6:4-6). El profeta no está condenando los instrumentos de música como tales, sino la actitud del pueblo respecto a su Dios.

¿Tienen algo que ver estos textos con alguna condena explícita o implícita de los instrumentos musicales per se? ¿No es fanatismo deducir de un texto lo que el texto no dice ni siquiera indirectamente?

La exclusión de los instrumentos musicales en la alabanza cristiana, ¿un principio o una doctrina?

Por “principio” nos referimos a la decisión libre de prescindir de instrumentos musicales en la alabanza cristiana por considerar, a la luz de la información histórica de que disponemos, que los mismos o no fueron utilizados o no proliferaron, dejando, por lo tanto, que las iglesias locales decidan libremente el uso o no de los mismos. Sin embargo, los argumentos que exponemos las Iglesias de Cristo no ofrecen muchas dudas: ¡es una doctrina! Los argumentos esgrimidos exigen que sea una doctrina. Cuando evitamos esta categoría caemos en una seria incoherencia, toda vez que dichos argumentos nos enfrentan con la culpabilidad de estar “desobedeciendo” a Dios por “introducir” un elemento “extraño” (el instrumento musical) en la adoración cristiana.

¿En qué nos basamos para elevarlo a categoría de doctrina?

En el fondo nos basamos en el silencio de la Escritura, constituyéndolo en un principio excluyente, como ya se ha expuesto más arriba. Para deducir que los excluye tenemos que entender que la  exhortación de los autores de estos textos están declarando la voluntad de Dios de forma expresa y excluyente. Se arguye que al “mandar” Dios esta manera de alabar (“hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones” – Efesios 5:19), está excluyendo cualquier otra distinta, entendiendo por “distinta” acompañarse con un instrumento musical cualquiera que sea éste. ¿Pero estaban los autores de estos textos pensando precisa y escuetamente en la “manera” de cómo debían alabar a Dios y en la “manera” en que no debían de hacerlo los cristianos? ¿No es esta forma de hacer exégesis un atentado y un fraude a la Palabra de Dios? ¿No es un serio sofisma esta conclusión exegética?

¿Es el silencio un argumento suficiente para excluir los instrumentos musicales en la alabanza cristiana?

Si sólo podemos usar o aplicar aquello de lo cual la Escritura habla expresamente, en relación con el culto, ¿por qué no celebramos la “Cena del Señor” semitumbados en el suelo, como lo hizo Jesús y los discípulos? El vaso con que Jesús instituyó la “Cena”, ¿era de arcilla, de madera, de metal…? ¿No estaremos “introduciendo” algo “extraño” cuando participamos de dicho elemento sentados en cómodas butacas, con una copa de preciado metal o en copitas de vulgar plástico? ¿Cómo debemos entender el silencio de la Escritura respecto a la clase de “fruto de la vid” que utilizó Jesús cuando instituyó la “Santa Cena”? ¿Era vino con alcohol o mosto sin fermentar? Hay quienes desarrollan toda una tesis para demostrar que fue mosto sin fermentar.

Si no podemos usar nada de lo cual la Escritura guarda silencio, ya sea en cualquier área del culto o en el desenvolvimiento de la vida eclesial, ¿cómo organizamos las muchas facetas que implican nuestra sociedad en el siglo XXI? ¿No podemos asumir responsabilidades sociales y políticas en nuestra sociedad porque el NT no ofrece ejemplos aprobados o declaraciones implícitas o explícitas que lo autorice? ¿No podemos edificar y adecuar templos, según las posibilidades económicas, donde llevar a cabo nuestros servicios religiosos porque los cristianos primitivos se reunían en casas particulares? Sabemos lo que dicen nuestros “exegetas” cuando establecen principios con los cuales esclavizan a las iglesias, ¿pero qué dice de verdad la palabra de Dios? Es más: ¿cuál fue la actitud y el ejemplo de Jesús durante sus tres años de ministerio público respecto a tantos “principios” que ya estaban establecidos por los religiosos de su época?

Jesús aceptó y usó la sinagoga judía, una institución “extraña”

No existe un acuerdo entre los eruditos sobre el origen mismo de la sinagoga, pero se cree que se originó en la cautividad, como centro de reunión para el culto, la oración y la enseñanza de la Ley, en ausencia del templo. Después de la cautividad, la sinagoga se implantó en Palestina, y en toda la diáspora, con toda naturalidad y con el mismo propósito. Su implantación en Palestina ni suplió ni mermó la importancia y el significado del templo, pero se hizo popular en cada ciudad o población con más de diez varones, requisito imprescindible para su institución. Lo que llama la atención es que la sinagoga vino a ser una novedad introducida en la vida religiosa del pueblo judío, y, no obstante, no supuso ninguna contrariedad ni cambio en la ortodoxia religiosa o mesiánica ni siquiera para los más fundamentalistas de su época tardía: los fariseos. Y, no obstante, Jesús la usó asiduamente como lugar de adoración y alabanza (Lucas 4:16). Es más, los líderes cristianos la consideraban el lugar apropiado para la lectura de la ley (Hechos 15:21). ¿Debió Jesús rechazar esta institución “introducida” en la vida religiosa de Israel porque la Escritura no hablaba de ella ni afirmativa ni negativamente?

Jesús aceptó y usó el vino en la celebración de la pascua, una costumbre “extraña”

En la institución de la pascua, en Éxodo 12, no se menciona la copa para nada, a pesar de cuantos detalles se indican para su celebración. La incorporación del “fruto de la vid” (la copa) en la celebración de la pascua judía fue una costumbre tardía pero con una significación especial de bendiciones durante la cena de la pascua. Sólo Lucas recoge estos matices en su evangelio (Lucas 22:17-20). Jesús celebró la pascua siguiendo la costumbre en uso, con las diferentes bendiciones, y “después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo…” (Lucas 22:20). Esta costumbre tardía se “introdujo” sin autoridad divina o profética. ¿Debió Jesús repudiarla o excluirla de aquella cena pascual porque había sido una añadidura “extraña”? ¡Sin embargo, Jesús usó de esa costumbre extraña para instituir el símbolo de su sangre! ¡Qué paradoja!

Jesús peregrinó a Jerusalén en la fiesta de la “Dedicación”, una fiesta “extraña”

Esta fiesta, de cuya institución nuestro Antiguo Testamento guarda un profundo silencio, se menciona una sola vez en el evangelio de Juan (Juan 10:22). Su institución la encontramos en 1 Macabeo 4:52-59 y 2 Macabeo 10:5-8, ¡dos libros apócrifos! Se instituyó con ocasión de la liberación del templo, durante las conquistas macabeas, el 25 de diciembre del año 164 a.C. Y lo celebraron “como la fiesta de los Tabernáculos”, dice el texto. Pero Jesús, que solía subir a Jerusalén prácticamente durante las fiestas, estuvo allí precisamente en ésta de la Dedicación. ¿No es significativo? ¿Debió Jesús ignorar esta fiesta por haber sido instituida al margen de alguna autoridad divina válida?

¿Es suficiente el silencio de la Escritura respecto a los instrumentos musicales en la alabanza como para formular una doctrina con tanto ahínco argumentativo y dialéctico en contra de ellos?

¿Utilizaron instrumentos musicales en la alabanza los cristianos de la época apostólica?
En primer lugar, debemos tener en cuenta que la iglesia primitiva se originó en un aposento eventualmente alquilado o prestado (Hechos 1:13) y se desenvolvió en un entorno físico particular: las casas (Hechos 2:46; 12:12; etc.). En segundo lugar, los servicios de adoración carecían de una liturgia sofisticada, como luego llegó a ser en los siglos posteriores. En tercer lugar, el desarrollo del cristianismo, en sus primeras décadas, sufrió la inestabilidad que suponía predicar una “doctrina nueva”, tanto dentro como fuera del judaísmo, lo que restó oportunidad para una organización cultual y religiosa. En cuarto lugar, y esto es muy importante, la prioridad de la iglesia primitiva radicaba en la proclamación de las Buenas Nuevas por encima de cualquier aspecto litúrgico y en la koinonía, el amor fraternal, por encima de las formas. Visto desde esta perspectiva, la “urgencia” de la iglesia primitiva no favorecía la formación de cantores y músicos especializados como requiere el uso de instrumentos musicales. Pero el hecho de que no fuera ésta la “urgencia” de la iglesia, no indica que estuviera en contra de los instrumentos. Ni podemos dogmatizar que no los utilizaran.

¿Qué sabemos de los instrumentos musicales en la historia de la iglesia?

El primer instrumento musical que conocemos en la historia de la iglesia.

Al tratar el artículo “música”, la Enciclopedia de la Biblia,25 el Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado26 y el Diccionario Ilustrado de la Biblia27 usan como bibliografía bíblica exclusivamente el Antiguo Testamento. Esto es lógico puesto que la música instrumental en la alabanza de la iglesia de las primeras décadas, según el testimonio del Nuevo Testamento, brilla por su ausencia. El testimonio patrístico se ocupa, aunque no mucho, de la alabanza en la iglesia, pero nunca hace mención directa o indirecta de instrumentos musicales en dicha alabanza. El primer dato histórico de un instrumento musical en relación con la iglesia se atribuye al Papa Vitalino quien introdujo la música del órgano en algunas iglesias del sur de Europa en el siglo VIII. El único argumento para usar el órgano en la iglesia fue el hecho histórico de que el emperador griego Constantino envió un órgano como regalo a Pipino, rey de los francos, en el año 775, quien lo instaló en la iglesia de San Cornelio en Compiegne (Francia). Posteriormente, Carlomagno mandó hacer un órgano de acuerdo al modelo de Constantino.28

Y fue en la Edad Media, “por el uso del recién aparecido instrumento musical llamado “órgano”, que se hace las primeras tentativas de la polifonía… Fue el monje Ubaldo, en el siglo IX, quien dejó algunas reglas relativas al acompañamiento de este instrumento… Pero las composiciones instrumentales de Giovanni Gabrieli son uno de los mejores documentos del despertar de la música instrumental junto con la vocal en el siglo XVI. El resultado de esta influencia, de la música instrumental sobre la vocal, constituyó una nueva forma realmente original: el madrigal… El madrigal vino a ser una diversidad de la música litúrgica, de carácter profano”.29

Según esta síntesis histórica acerca de los instrumentos musicales en la iglesia podríamos pensar que éstos no fueron usados en la alabanza de la iglesia primitiva, pero no podemos decirlo de forma absoluta.

Quien suscribe este artículo está educado en una iglesia que no usa instrumentos musicales en la alabanza, pero cree insostenible bíblicamente hablando cualquier prohibición de los mismos por razones doctrinales. Eso es hablar donde la Biblia no habla.

21 Excluimos aquí los textos del libro de Apocalipsis para centrar el tema dentro del tiempo histórico de la iglesia.
22 Clarke´s Comentary, Vol. VI, página 462 (Ephesians 5:19).

23.Vine, W.E., Vine Diccionario Expositivo de Palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento Exhaustivo, (Nashville:
Editorial Caribe) 2000, c1999.

24 E-Sword

25 Enciclopedia de la Biblia, Ediciones Garriga S.A. Barcelona. Segunda Edición 1969.
26 Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado, Vila-Escuain, Editorial CLIE, 1985.
27 Diccionario Ilustrado de la Biblia, Editorial Caribe, 1974.
28 Enciclopedia Nuestro Siglo, Tomo VIII, p. 2277.
29 Ibíd. p. 2277.

Predicador español Emilio Lospitao

http://restauromania.wordpress.com

 

VOLVER A LA PÁGINA PRINCIPAL