IGLESIA DE CRISTO EN MONTERÍA, COLOMBIA

 

¿PREDICADOR O PASTOR?

 

El nombre “Pastor” es característico de las iglesias surgidas de la Reforma protestante para referirse a sus ministros de culto. Esto es debido, quizás, a que el término “sacerdote” de la Iglesia Católica Romana se rescató con un sentido universal para todos los creyentes. El término “Pastor”, como título, se suele usar no sólo entre las iglesias protestantes históricas, sino entre las iglesias evangélicas en general. El Pastor es el ministro de culto oficialmente reconocido por una iglesia local en la mayoría de las denominaciones, aunque en algunas se conserva el título de Obispo.


Sin embargo, “Predicador” es el nombre por el cual, normalmente, se suele conocer a la persona que expone las enseñanzas de la Biblia, bien a través de estudios o disertaciones temáticas (sermones), en las Iglesias de Cristo. En la mayoría de los casos, el “Predicador” es el “ministro de culto” equivalente al “Pastor” de las iglesias aludidas anteriormente. No obstante, se rehúsa el título de “Pastor”, en singular, toda vez que la organización de la Iglesia de Cristo está constituida por una pluralidad de Ancianos. Es decir, en las Iglesias de Cristo no hay un Pastor, sino una pluralidad de Pastores, usualmente llamados “Ancianos” (rara vez Obispos). Aun así, la persona que monopoliza el púlpito, casi institucionalmente, para predicar y enseñar, es el “Predicador”, que no es necesariamente Anciano, aunque puede serlo.


¿Tiene algún fundamento bíblico la figura del “Predicador”, tal como está institucionalizado en las Iglesias de Cristo? ¿Se le puede llamar “Pastor”, si reúne los requisitos y lleva a cabo las funciones propias de éste? ¿Usurpa el título de Pastor el “Predicador” que cumple con los requisitos del Anciano, pero no ha sido designado como tal? ¿Tiene responsabilidades pastorales el “Predicador”? ¿Quién designa o elige al “Predicador” en la iglesia? ¿Qué requisitos debe reunir un candidato para ser reconocido como “Predicador”? ¿Necesita los mismos, más o menos requisitos el “Predicador” que el Anciano para ser designado como tal? ¿Dónde está establecido en el Nuevo Testamento la forma de elegir al “Predicador”? ¿…?

 

ACLARANDO TÉRMINOS


En el Nuevo Testamento encontramos una variedad de nombres (Anciano, Obispo y Pastor) para referirse a las personas que tienen la responsabilidad de gobernar la iglesia local.
Anciano:
El término griego para anciano es “presbíteros”, un adjetivo comparativo que significa “el más viejo”. La elección de personas mayores en edad para dirigir una comunidad, ya fuera ésta grande o pequeña, de carácter sagrado o profano, era usual en todas las culturas de la antigüedad. El Senado de la antigua Roma tenía como precedente este ancestral “consejo de Ancianos”. En Egipto, por ejemplo, existía esta institución (Génesis 50:7), y parece ser que los israelitas imitaron esta costumbre egipcia mientras aun estaban en esclavitud (Éxodo 3:16). Después, constituido como pueblo, mantuvieron esta mínima organización civil de carácter local (Deuteronomio 19:12; 21:2; 25:7). Finalmente, quedaría como norma en número de 70 ancianos con autoridad jurídica, que desembocaría en el histórico Sanedrín (Número 11:16-17; Jueces 8:14).
En la época del Nuevo Testamento, aparte del Sanedrín, la sinagoga estaba gobernada por un consejo de Ancianos a quienes Marcos llama “principales de la sinagoga” (Marcos 5:22). Estos no tenían títulos eclesiásticos, la sinagoga era una institución laica. La iglesia se organizó siguiendo el modelo de la sinagoga: se establecieron Ancianos para su gobierno local (Hechos 14:23). Al comparar la organización de la iglesia apostólica con el precedente judaico de la sinagoga y la organización secular social de su entorno, hallamos una no casual coincidencia. Lo contrario nos hubiera llamado la atención por su singularidad. Al considerar el convencionalismo, aunque atávico y sabio, de este consejo de Ancianos, que la iglesia se apropió para establecer su estructura organizativa, nos preguntamos si esta forma de gobierno “debe ser” la única para la iglesia, independientemente de cualquier circunstancia.


Obispo
El término, literalmente, significa supervisar, mirar, vigilar. Aparte del significado del término griego, la idea está recogida en las palabras de Pablo a los Ancianos de la iglesia de Éfeso: “Por tanto mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos” (Hechos 20:28). Obviamente, estas personas, a las cuales el Apóstol les exhorta y les llama obispos, son las mismas que antes Lucas ha llamado Ancianos (Hechos 20:17). Es decir, los nombres Anciano y Obispo se intercambian. El término Obispo se halla además en Filipenses 1:1; 1 Timoteo 3:2; Tito 1:7 y 1 Pedro 2:25.

 

Pastor
En principio, el término se refiere a la persona que guarda y cuida un rebaño de ovejas. Metafóricamente, se aplica a las personas que cuidan de la vida moral y espiritual de la iglesia. Una buena definición la hallamos en el texto de Lucas: “para apacentar la iglesia del Señor” (Hechos 20:28) y en estas palabras de Pedro: “apacentad la grey de Dios que está entre vosotros” (1 Pedro 5:2). En este sentido metafórico la usa el profeta hablando en nombre de Dios: “y os daré pastores según mi corazón, que os apacienten con ciencia y con inteligencia” (Jeremías 3:15). Y usando el mismo lenguaje metafórico, Jesús se definió a sí mismo como “el buen pastor” (Juan 10:11). En el Nuevo Testamento, para referirse al Anciano, el término Pastor aparece una sola vez, en una lista de dones y ministerios, entre los cuales figuran además los apóstoles, los profetas, los evangelistas y los maestros (Efesios 4:11). El término “apacentar” comunica el mismo concepto, pues es sinónimo de “pastorear” (Juan 21:15 sig; Hechos 20:28; 1 Pedro 5:2, 4). E implícitamente lo hallamos en esta expresión de Pedro: “Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores..” (1 Pedro 5:4). Pedro dice esto referido a los Ancianos entre los cuales él mismo se cuenta (1 Pedro 5:1). Como podemos observar, los términos Anciano y Pastor son intercambiables de la misma manera que los términos Anciano y Obispo (ver Hechos 20:17, 28).

 

¿PASTOR O PASTORES?


Como ya hemos dicho más arriba, la iglesia tomó como referencia la organización que ya estaba establecida en la sinagoga: un consejo de Ancianos. Este mimetismo organizativo de la sinagoga nos parece totalmente lógico toda vez que la iglesia se originó en un entorno social y religioso judío. Y ocurre que en el mundo gentil, gobernado por el imperio romano, también encontraba parangón con su organización secular, cuyas ciudades contaban con un consejo de Ancianos constituido por hombres mayores, respetados y elegidos por la comunidad. Pablo, de profundo arraigo rabínico, estableció Ancianos en las iglesias surgidas durante su primer viaje misionero, al estilo de la sinagoga (Hechos 14:23), y dio instrucciones a Timoteo y a Tito para que hicieran lo propio en la iglesia de Éfeso y en las iglesias de la isla de Creta, respectivamente (1 Timoteo 3:1-7; Tito 1:5-9). No sabemos cómo ni cuándo se nombraron, pero en la iglesia de Jerusalén ya había Ancianos en la fecha cuando se llevó a cabo el Concilio en el cual participaron juntamente con los Apóstoles (49 AD) (Hechos 15:2, 4, 22). Una cosa parece evidente: el término Anciano u Obispo aparece siempre en plural respecto a una iglesia local (Hechos 14:23; 20:17, 28; Filipenses 1:1).


No obstante, es muy interesante saber que ya a principios del siglo II esta institución eclesiástica evolucionó y diversificó las funciones o rangos entre el Obispo, en singular, y los “Presbiteros” (Ancianos), en plural. Es decir, lo que en la época apostólica parecía ser una diversidad terminológica (Anciano, Obispo o Pastor), posteriormente se constituyó en dos instituciones diferenciadas: el Obispo (Pastor), como la autoridad máxima en la iglesia local, y el “Presbiterio”, una pluralidad de “Presbíteros” (Ancianos) auxiliares del Obispo, como queda atestiguado en estas citas patrísticas:
“Justo es, pues, que en todas maneras glorifiquéis a Jesucristo, que tanto os ha glorificado, para que, ajustados bajo una misma disciplina, en todo viváis santificados, siempre sumisos al Obispo y al Presbiterio” (Carta de Ignacio de Antioquia a los efesios)[1]

“Yo que he tenido la dicha de veros a todos en la persona de Damas vuestro Obispo digno de Dios, y en la de los dignos presbíteros Baso y Apolonio, y en la de mi consiervo el diácono Zoción..” (Carta de Ignacio de Antioquia a los magnesios)[2]
¿Por qué evolucionó esta institución eclesiástica? ¿Evolucionó porque la eminencia de uno de los Obispos hizo sombra al resto del “Presbiterio”?[3] ¿Fue el abandono progresivo de una doctrina eclesiástica? ¿Quizás, en la práctica, dejó de funcionar bien el consejo de Ancianos? ¿Se debió al relajamiento de las responsabilidades que recaía en el Presbiterio primitivo y tomó el “timón” uno de ellos? No lo sabemos. Sí sabemos que, posteriormente, la autoridad del Obispo se ampliaría más allá del ámbito local, acaparando una provincia o una “diócesis” en las grandes ciudades. También sabemos que el siguiente paso fue la institución de los “patriarcados”, cuya autoridad abarcaba grandes regiones geográficas (Roma, Constantinopla, Alejandría, etc.). Y sabemos también que, finalmente, la institución del papado sucedió a la del patriarcado.

 

¿ANCIANO, PASTOR U OBISPO?


¿Por qué le llamamos Anciano, en las Iglesias de Cristo, y no Pastor u Obispo, que son nombres intercambiables? Que no le llamemos Obispo es comprensible por las connotaciones que evoca al Obispo de la Iglesia Católica Romana, ¿huimos también de llamarle Pastor por las connotaciones que evoca al Pastor protestante? Si esto es así, tendremos que reconocer que no somos todo lo bíblicamente libres que decimos ser toda vez que la historia y los prejuicios nos condiciona. Dicho de otra manera: echamos por tierra nuestros propios argumentos en el sentido de que enseñamos que los términos Anciano, Obispo y Pastor son intercambiables. Si son intercambiables, ¿por qué no intercambiamos y usamos indistintamente dichos nombres?

 

¿PREDICADOR O EVANGELISTA?


El término “predicador”

El significado del término “predicador”, ya sea como sustantivo o como adjetivo, tenemos que buscarlo en el DRAE[4] [Orador sagrado], ya que en los Diccionarios Bíblicos y en la Enciclopedia de la Biblia que consultamos ni siquiera consta. Vine[5] incluye una nota al término Kerux (heraldo) y dice que “indica al predicador dando una proclamación”. Obviando el significado de la raíz griega para “predicador”, sus sinónimos pueden ser: “heraldo”, “pregonero”, “evangelista”, “misionero” etc. No obstante, de las tres veces que aparece el término “predicador” en el Nuevo Testamento, en la Versión Reina-Valera, una se refiere al comentario que hicieron los atenienses respecto a Pablo ["predicador de nuevos dioses"] (Hechos 17:18), aunque la raíz griega es distinta. Las otras dos son atribuciones personales de Pablo: “fui constituido predicador y apóstol” (1 Timoteo 2:7; 2 Timoteo 1:11). Aparte de estos textos, como nombre o título no aparece más en el Nuevo Testamento. En 2 Pedro 2:5, cuya raíz gramatical es también kerux, se traduce como “pregonero”


Adelantamos que nos es indiferente el nombre que usemos para referirnos a la persona que “predica”, “evangeliza” o “enseña” mediante la oratoria, ya sea desde un púlpito o desde el suelo llano, ya sea en el local donde se reúne la iglesia o en un lugar de tránsito público. Al que proclama el evangelio en público podemos llamarle “orador”, “conferenciante”, “disertador”, “evangelista”, “predicador”, “misionero” etc. Todos estos nombres pueden ser válidos, según en qué contexto. Pero qué duda cabe que las palabras (un nombre es una palabra) tienen lugar propio según sea la comunidad lingüística donde se usa (en España, por ejemplo, no usamos el verbo “platicar”, sino hablar, disertar, conversar, charlar, etc.). ¿Por qué, entonces, se ha acuñado el término “Predicador” casi de ámbito universal en la Iglesia de Cristo? ¿Quién acuñó este nombre? ¿Por qué se acuñó? Lo que queremos decir es esto: ¡Usamos conceptos e ideas (¿también doctrinas?) por simple inercia, sin razonarlos ni analizarlos! Si hay que llamar al que usa el púlpito “Predicador”, lo llamaremos así, pero no le demos categoría doctrinaria: hacemos el ridículo.


El término “evangelista”

El nombre de Evangelista (“mensajero de lo bueno”), como sinónimo de Predicador, aparece en la lista de dones de Efesios 4:11. Ahora bien, en el contexto misionero del Nuevo Testamento, el ministerio del Evangelista solía ser itinerante. Normalmente, no estaba afincado en una misma iglesia. A Felipe se le llama “el evangelista” (Hechos 21:8) y es comprensible por qué: ¡Salía a predicar! (Hechos 8:4-5, 26). Timoteo es exhortado a hacer “obra de evangelista” (2 Timoteo 4:5), es decir, a salir y anunciar el evangelio para ganar almas para Cristo. La afinidad más próxima del Evangelista, en cuanto a su cometido, sería el Apóstol (“enviado” a predicar). Pero sabemos que el término “apóstol” adquirió matices muy concretos aparte de su significación general (1 Corintios 9:1; Efesios 2:20; etc.).
Si queremos ser neotestamentarios, ¿por qué usamos un nombre que sólo aparece indirectamente en el Nuevo Testamento, como es el de “Predicador”, y no el de Evangelista, que aparece como un don y un ministerio específico (Efesios 4:11)?

 

REQUISITOS DE LOS ANCIANOS (OBISPOS O PASTORES)

Los requisitos o condiciones para ser elegido Anciano (Pastor u Obispo) se encuentran expresamente en 1 Timoteo 3:1-7 y en Tito 1:5-9. Una cuestión muy importante a este respecto es si dichos requisitos, uno por uno, son necesarios e inexcusables que los candidatos reúnan, o son orientaciones para elegir lo mejor entre lo mejor. Sea como sea, las condiciones que deben reunir los candidatos para aspirar a ser Anciano (Obispo, Pastor) tienen que ver con áreas concretas de su vida: personal, familiar y social.
Área personal


El Obispo NO DEBE ser:

Soberbio, iracundo, dado al vino, pendenciero, codicioso de ganancias deshonestas, neófito [en la fe].

Por el contrario, DEBE ser:

hospedador, amante de lo bueno, sobrio, justo, santo, dueño de sí mismo, amable, apacible, apto para enseñar, retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza (Tito 1:6-9; 1 Timoteo 3:2-3).


Área familiar

El Obispo DEBE tener solvencia de que gobierna bien su casa, que tiene a sus hijos en sujeción con toda honestidad y que éstos no estén acusados de disolución ni de rebeldía.
Además, debe ser marido de una sola mujer. ¿Qué significa “marido de una sola mujer”? Se ha deducido de esta frase que el Obispo debe ser casado, ¿pero quiere decir el texto que el Obispo debe estar casado, o que si está casado sea marido de una sola mujer? ¿Haría falta especificar que debe estar casado con una mujer? ¿Cuál es el contexto? ¿La poliginia lícita en aquella sociedad, tanto en la judía como en la grecorromana, o los matrimonios homosexuales actuales? El contexto parece ser la poliginia. Entre los convertidos al evangelio había hombres que tenían varias mujeres, pero la enseñanza evangélica introdujo la monogamia, como “era en el principio” [dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer] (Génesis 2:24; Efesios 5:31). La exégesis más correcta, a la luz de su contexto, es que en el caso de que el aspirante sea casado, éste sea marido de una sola mujer. Pero ni siquiera el requisito de tener hijos creyentes implica que debe estar casado; sino que aquellos que tienen hijos, que éstos muestren ser frutos de un hogar cristiano digno de ser imitado. Es cierto que el hombre casado y con hijos, cuyo hogar refleja esas virtudes (fe y respeto), ofrece más garantías de gobernar bien la iglesia que otro que desconoce la experiencia de gobernar un hogar y de educar unos hijos. Así pues, entre aspirantes casados y con hijos, se requiere que sean elegidos aquellos que tienen hijos creyentes lo cual indicaría que el candidato ha sabido guiar a sus propios hijos hacia la fe. Aun cuando la fe es individual e intransferible, es un buen indicador para el candidato que sus hijos hayan abrazado la fe siguiendo los pasos fieles de su progenitor. Aun así, no sería justo, hoy, desechar a un candidato, padre de familia numerosa, porque uno o algunos de sus hijos hayan elegido el camino del mal o el de la incredulidad [no es de todos la fe] (2 Tesalonicenses 3:2). Ni sería justo elegir a un candidato que carece de los requisitos personales, simplemente porque tiene hijos creyentes, y descalificar al candidato que supera aquellos requisitos personales porque simplemente no tiene hijos.


Área social

El Obispo DEBE tener “un buen testimonio de los de fuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo” (1 Timoteo 3:7). Es decir, que en sus relaciones sociales sea irreprensible, que nadie pueda decir con verdad algo malo de él.

 

¿PERO EXISTEN PERSONAS ASÍ?


Si todos estos requisitos bíblicos son indispensables, uno por uno, para elegir a los Ancianos, nos queda la duda si existen personas con esa perfección moral, preparación teológica e intelectual y con ese hogar “paradisíaco”, sobre todo cuando algunas de esas condiciones no dependen de él personalmente. No obstante lo dicho, en ninguna manera estamos subestimando estos requisitos del Anciano (Pastor, Obispo). Al contrario, creemos que la vida de la iglesia, su crecimiento espiritual y, por lo tanto, numérico dependerá mucho de la clase de Ancianos y Evangelistas que tiene la iglesia.

 

¿SON DIFERENTES LOS REQUISITOS PARA SER “PREDICADOR” QUE PARA SER ANCIANO?


Como la figura del “Predicador”, como tal, no aparece en el Nuevo Testamento, no disponemos de los requisitos o condiciones que deben reunir para ser “elegido” o “nombrado” en la iglesia. Se supone que lo menos que se puede exigir del talante del “Predicador”, aparte del don de la oratoria y la preparación teológica, es el mismo que se exige del Anciano (¿excepto ser casado?), toda vez que el ministerio del “Predicador” es público y más visible aún que el del Anciano (al menos en las Iglesias de Cristo). Y si los requisitos personales que se exigen al “Predicador” son los mismos que a los Ancianos, ¿por qué no se puede llamar Pastor al “Predicador”? ¿Qué es más importante, el título que se otorga o los requisitos y, por lo tanto, la función o funciones que desempeña la persona que ministra desde el púlpito? ¿O es sólo el estado de estar casado lo que diferencia al “Predicador” del Anciano?

 

LA ELECCIÓN DE LOS ANCIANOS EN LA IGLESIA


Pablo instituyó ancianos en las iglesias de Listra, Iconio y Antioquia de Pisidia, a la vuelta de su primer viaje misionero (47-49 AD?) (Hechos 14:21-23) ¿Cuánto tiempo había transcurrido desde que las personas de estas iglesias se convirtieron al evangelio? ¿Un año? ¿Un año y medio? ¿Dos años? En el mejor de los casos (dos años), ¿no eran todavía unos neófitos? ¿Tanto habían madurado espiritualmente? ¿Habían aprendido toda la sana doctrina? ¿Habían convertido a sus hijos a la fe? ¿….? No lo sabemos. Quizás sí, quizás no. La Escritura no lo dice. Pero el sentido común, y la experiencia, nos ofrece mucha información respecto a las personas. El hombre no ha cambiado desde entonces.
Muy probablemente, los requisitos y las condiciones que Pablo enumera para elegir a los Ancianos era el fruto de las malas experiencias, pues de ellas se aprende. También de la sabiduría y del sentido común. Por un lado, los muchos años de convertido al evangelio no garantiza la concurrencia de todos esos requisitos en una misma persona. Hay creyentes que serán toda la vida “neófitos” en la fe. Pablo los retrata cuando dice: “que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles” (1 Tesalonicenses 5:14). Por otro lado, tampoco el hecho de ser mayores en edad, “viejos”, significa que sean las personas adecuadas para ejercer dicho ministerio. Así pues, la presencia continuada del “Predicador”, ejerciendo como Pastor en la iglesia, puede ser anómalo desde un punto de vista bíblico, pero siempre será menos nocivo que instituir Ancianos que no reúnen los mínimos requisitos para dicho ministerio. Y en este punto llamamos la atención a la irresponsabilidad, que se observa en algunas iglesias, de nombrar como Ancianos a personas inadecuadas para el ejercicio de dicho cargo. No pocas veces se nombran Ancianos simplemente porque se cree que la iglesia “debe tenerlos” o por la presión de quienes, desde lejos, pagan el salario de los “Predicadores”. Pero cuando esto es así (se cede a la presión o se nombran porque hay que nombrarlo) el resultado es pésimo y las consecuencias desastrosas.

 

¿Cuándo hay que elegir Ancianos?

Tenemos que ser bíblicos, pero también tenemos que ser prácticos. Es decir, tenemos que ser coherentes y usar el sentido común y la responsabilidad. Si una iglesia tiene necesidad de Ancianos para ser apacentada, y hay personas que tienen esa vocación, debemos permitir que lo ejerzan y lo cultiven para edificación de la iglesia. La pastoral no empieza y acaba en la idea de “gobernar” la iglesia. No, la pastoral es tan amplia que ofrece un campo de actividad sin la obtención previa de un título. La valía personal del individuo y el desenvolvimiento de su ministerio le legitimará para el mismo. Pero será la necesidad de la congregación la que reclame dicho don, y éste satisfará la necesidad (¿No es Dios quien reparte dones en la iglesia?). Después, la iglesia, más que “nombrar”, reconocerá y legitimará dicho don en las personas afectas. Esta dinámica está acreditada en la cláusula añadida en los requisitos para elegir Obispos y Diáconos: “Y éstos [los Diáconos] TAMBIEN sean sometidos a prueba primero” (1 Timoteo 3:10). El precedente de “éstos” son los Obispos, quienes debían ser sometidos a prueba primero. Mientras que surjan esas personas con vocación en el pastorado, y dicha vocación sea reconocida por la iglesia, es preferible que el “Predicador”, quien recibió la vocación y la visión de servir al Señor, continúe su ministerio pastoral y evangelístico con el respaldo de la iglesia.

 

¿Cuántos Ancianos hay que elegir?

Ni más ni menos que los que la necesidad de la iglesia requiera. Dependerá del número de personas que forman la congregación, de sus características e idiosincrasia, de la homogeneidad social, de la proximidad geográfica de las personas que la forman, etc.

 

FUNCIONES DE LOS ANCIANOS


En la iglesia apostólica, los Ancianos tenían como cometido, además de gobernar la iglesia, visitar a los enfermos (Santiago 5:14), predicar y enseñar la Palabra (1 Timoteo 5:17). Todo esto respaldado por sus cualidades personales, familiares y sociales antes expuestas. Los Ancianos deben estar formados para enseñar y predicar en la iglesia: “Porque es necesario que el obispo sea… retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen…” (Tito 1:7-9). “Porque es necesario que el obispo sea… apto para enseñar” (1 Timoteo 3:2). Mirando hacia dentro, los Ancianos deben estar capacitados para cubrir todas las necesidades de la iglesia, ya sea en el gobierno de la misma, la enseñanza o la predicación mediante la cual se edifica y se exhorta a la congregación: ¡es la tarea de los Ancianos en la iglesia!

 

EL “PREDICADOR”, ¿UNA INCOHERENCIA?


Si esas son las funciones y el cometido de los Ancianos en la iglesia, ¿por qué se busca tan insistentemente a un “Predicador” cuando la iglesia carece de él? Y si el “Predicador” tiene que asumir esas responsabilidades pastorales, como asimismo la enseñanza y la exhortación a través de la predicación (el sermón), ¿por qué se le niega el título de Pastor, si desarrolla las mismas funciones que ellos? Es más: si esas funciones las tiene que desarrollar el “Predicador”, ¿qué pintan los Ancianos? Lo que queremos decir es que los Ancianos no son “floreros” en la iglesia, sino ministerios de alta responsabilidad por su valía, idoneidad, entrega y actitud activa. Y queremos decir que cuando el “Predicador” lleva a cabo las mismas responsabilidades ES un PASTOR.
Cuando la presencia de un “Predicador” es necesaria en una iglesia que ya tiene Ancianos, una de dos, o los Ancianos no están cumpliendo con sus obligaciones (léase vocaciones), o no están capacitados para ellas. Si es lo primero, la iglesia estará pagando a un “Predicador” para que haga el trabajo que les corresponde a los Ancianos. Si es lo segundo, entonces los Ancianos están usurpando un ministerio que no les corresponde. Puede ocurrir, y de hecho ocurre, que los Ancianos estén a pleno tiempo en sus trabajos seculares, y ello les impide desarrollar su cometido pastoral en la iglesia. Y puede ocurrir, y de hecho también ocurre, que los mismos “descansen” en la diligencia pastoral del “Predicador”. La pregunta legítima es esta: Si no pueden desarrollar debidamente su ministerio como “Pastor”, y tienen que “descansar” en el “Predicador”, ¿por qué no dimiten de sus cargos? ¿O ser Anciano es un título honorífico? Y si el “Predicador” recoge la antorcha de la praxis pastoral, ¿por qué se le niega el estatus de Pastor?


La otra posibilidad es que la iglesia desarrolle una actividad evangelística constante, ya sea en la misma iglesia o fuera de ella, y dicha actividad sea el ministerio concreto del “Predicador”: evangelizar a las personas que no conocen las Buenas Nuevas. Es decir, cuando una iglesia tiene constituido un consejo de Ancianos, y estos llevan a cabo sus funciones de Pastores, más que un “Predicador”, para que haga lo que les corresponde a ellos, lo que debería tener es un Evangelista para llevar a cabo la “tarea de evangelista”, es decir, llevar el evangelio a otros lugares ["me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra" – Hechos 1:8], sin excluir el lugar donde se reúne la iglesia.

 

CONCLUSIÓN:
Posiblemente, el retrato que hago aquí de la figura del “Predicador” no se ajuste a todas las Iglesias de Cristo, dependiendo del lugar y de la herencia eclesiástica recibida; pero estoy seguro que muchos se sentirán identificados con este retrato. La cuestión, en general, es que la figura del “Predicador” en nuestra educación religiosa es bastante extraña. En la práctica es una figura “híbrida” en cuanto que sus funciones son las propias del Anciano y la del evangelista. Esto se debe a que se espera del “Predicador” lo que es propio del Pastor, pero no le reconocemos este estatus. Por otro lado, subestimamos la formación del Anciano porque confiamos en el buen hacer del “Predicador”, cuya influencia en la iglesia, en no pocos casos, eclipsa el papel de los Ancianos ¡y estos lo saben! Deseamos una profunda reflexión sobre la organización eclesiástica de nuestras iglesias en torno a la figura del “Predicador” y también a la de los Ancianos (Pastores y Obispos).

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[1]Ignacio Errandonea S.I Primer siglo cristiano, Biblioteca Príncipe, Escelicer, S.A. Madrid. p. 90

[2] Ignacio Errandonea S.I Primer siglo cristiano, Biblioteca Príncipe, Escelicer, S.A. Madrid. p. 102

[3] Este término, que aparece en 1 Timoteo 4:14, es traducido “consejo de Ancianos” por Francisco Lacueva, Nuevo Testamento interlineal Griego-Español. CLIE 1984.
[4] Diccionario de la Real Academia Española

[5] W.E.Vine, Diccionario expositivo de palabras del Nuevo Testamento, “Predicador”

 

Predicador español Emilio Lospitao

http://restauromania.wordpress.com

 

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