Otra Celaya Gobierna Gerardo
Javier Malagón
Secretario de la Sociedad de Escritores del Centro de México.

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Alfredo Tierrablanca Nieto

El amor que mueve el sol y las demás estrellas,
2007
Tinta/papel,
40 x 50 Cm.



El poeta Luis Cernuda decía: “¿Qué país sobrelleva a sus poetas?
A sus poetas vivos, quiero decir, pues a los muertos,
ya sabemos que no hay país que no adore a los suyos.

Aunque esta cita parezca vieja, fuera de tiempo, correspondiente
a tiempos oscuros, en Celaya cobra vigencia.

Supongo que a nadie le gusta que le digan qué hacer
pero tratándose de un régimen democrático, como éste,
el alcalde de Celaya, Gerardo Hernández,
tiene la obligación moral de escuchar a sus artistas.

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César Salcedo

A ritmo loco 26, (Purgatorio)
1996
Tinta y acrílico/papel
28 x 38 Cm.

Pues el alcalde, no le hace caso a sus poetas, ni a sus
escritores, ni a sus pintores, ni a sus músicos,
ni a sus bailarines, ni a nadie que
pueda ver más allá de sus narices. Prefiere poner
oídos sordos a los artistas que le demandan la justificadísima
destitución del arribista, espurio, megalomaniaco y
mitómano, mantenido del presupuesto e impuesto desde
León; que le ha hecho más daño a la cultura de Celaya que una
plaga egipcia mandada por Dios. Me refiero por supuesto
a Rafael Aguirre Torres, hermano del
secretario de salud del estado, pariente
político de Gerardo Mosqueda, secretario de
gobierno del estado, compadre
de Gerardo de los Cobos, líder de la bancada panista
y amiguísimo de Gerardo Hernández, nuestro singular alcalde.

Pero hablemos de nuestro alcalde que es el centro
de este discurso. Rafael Aguirre ya tiene
suficiente fama como alebrije, caricatura, botarga, discurso
deshilado y comidilla de café. Nunca había soñado
que se hablaría tanto como ahora de su
figura como tenor cómico (que no de tesitura).

En alguna ocasión le he dicho al alcalde, y a otros
alcaldes de Celaya, que no es un problema
la cantidad de centros nocturnos (más de cien, entre grandes
y medianos y pequeñas cantinuchas disfrazadas
que nos hacen ser “Celaya de la Rojísima Concepción”,
por eso de que somos la zona roja de la región). El verdadero
problema radica en que hay un sólo espectáculo: el Table Dance.
Esto hace que no sea un asunto únicamente
de reglamentación municipal, de fiscalización; realmente y
en el fondo es un problema de educación y cultura.

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Luis Melgoza Guillen

¡Por fin en el Paraíso¡,
2007
(Con perdón de Dante)
Tinta/papel,
25 x 35 Cm.

No puede ser que Celaya tenga únicamente una opción para que
los adultos salgan de noche. Opción que desde luego divide a la familia,
pues la mayoría de las amas de casa no salen a estos
lugares. Supongo que si se mantiene una gran cantidad de giros
negros es porque le conviene al alcalde, de alguna
manera. Porque no concibo que él, siendo de extracción
panista, de esos que se sostienen ante los
demás como incólumes moralistas, no haya hecho
nada, ya no por la cultura y la educación que están muy lejos
de su corta visión, sino por la moral.
¿Será que el alcalde tiene dos morales? O ¿más?

Y aquí quiero hacer un paréntesis. Resulta absurdo (realmente del teatro del absurdo)
que ahora los de más corta visión y de doble moral sean los que nos rigen.
Los que se suponen que estudian y se preparan para esto. Y que el
más sensato, inteligente y de mayor visión sea el obispo
de nuestra ciudad. Don Lázaro se ha cansado de dar consejos al
alcalde, a regidores y cronista. Pero ni el alcalde,
ni los regidores ni el cronista han usado
sus consejos. Parece que todos sufren de megalomanía
o sordera que para el caso es lo mismo.

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Ileana Guadalupe Sánchez Corral

La caridad que arde entre nosostros, 2007
(Séptimo Cielo)
Laca automotiva,
60 x 60 Cm.

El alcalde podrá decir que no pasa nada, que no tiene elementos
para tomar decisiones, como si las demandas
que le hemos hecho los artistas no fueran suficientes.
Quien sirve a dos amos con uno
queda mal y el alcalde ya quedó mal con el pueblo de Celaya.
Pero no se asuste, lector, mejor cómase un bolillo.
Esta es una receta dada por Gerardo Hernández para las explosiones
de los ductos de Pemex. Que, por cierto, qué bueno que no
hicimos caso a protección civil de quedarnos en nuestras casas.
Qué bueno que el pueblo de Celaya no confíe en
los responsables de la seguridad. En las primeras noticias
de ese día el pueblo se percató que no ataban ni desataban,
bueno, ni sabían. Cómo es posible que los
medios de comunicación hayan tenido más y
mejor información que los responsables de cuidarnos.
Así que cuídese cuando diga el alcalde que no pasa nada.
El alcalde podrá decir misa (ya sólo eso le falta)
pero eso de que no pasa nada cuando todos sabemos
que los asaltos a mano armada están a la
orden del día; y no se diga de robos a
casas habitación y robo de autos (por cierto hace
como un mes abrieron mi coche en Emeteria Valencia,
en el centro, a las ocho de la noche junto a la parada del camión).
Podrán poner las cámaras que quieran y
negar las cifras o no mostrarlas (creo yo que ni tienen),
podrán decir que se ha hecho mucho pero usted y
yo sabemos que la inseguridad continúa, que
lo que se hacía en Celaya respecto a
cultura ya no se hace. Que los esfuerzos los hacen los artistas
con sus propios medios y que los recursos municipales son dilapidados.
Usted y yo sabemos que Gerardo Hernández es alcalde
de no sé que gente, pero de Celaya, no.
A lo mejor de la Rojísima Concepción.
Gerardo Hernández: todavía le quedan dos años
por delante. Nuestra petición es que se incluya usted
en nuestra ciudad, en nuestro ejercicio de
ciudadanos y que siga consejos de
gente preparada y con visión, no de quien en su
vida jamás ha abierto un libro—€


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