XXXV Torneo Internacional Capablanca In Memoriam
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    Distinguidos amigos:
    Nos interesa conocer la opinión de organizadores de torneos, federativos y ajedrecistas en general sobre el contenido de la siguiente crónica, publicada en el número 56 de nuestra revista electrónica.

    EL ELO NO ES LO UNICO QUE IMPORTA

    Francisco Acosta Ruiz

    No es que tenga algo personal o esté en desacuerdo con la aplicación del sistema ELO, pero no es menos cierto que tengo que vérmelas con él constantemente en mi camino; no será una expresión muy periodística, pero sirve para decir en pocas palabras algo de lo que seguramente se habrán percatado los lectores que han leído algunos de mis trabajos de los últimos tiempos, o incluso en los de mucho tiempo atrás, desde los años 70: no me convence, porque puede convertirse — y en mi opinión ya se ha convertido— en un freno para el desarrollo del ajedrez.

    El tema me motiva de nuevo luego de tener que dedicar algunas horas al trabajo de búsqueda bibliográfica, asociado a la selección de trabajos incluidos en el presente número, inmerso en revistas y materiales que reflejan el quehacer ajedrecístico de los años anteriores a la aplicación universal del Sistema Elo, período en el que los organizadores de los grandes torneos podían darse el lujo de conformar una nómina más variada y hasta atractiva, acorde a los intereses nacionales.

    Qué es, en definitiva, el Sistema ELO

    Pero antes de entrar en comparaciones y hacer algunas proposiciones, es necesario comenzar por recordar qué significa conceptualmente el sistema propuesto por el profesor ELO.

    Obviando las formulaciones matemáticas que lo fundamentan, el "ELO" no es otra cosa que un parámetro que mide o representa

    "la fuerza de juego relativa entre "ajedrecistas contemporáneos".

    La expresión anterior se ha destacado de todas las formas posibles con el propósito de resaltar algo que no puede ser obviado, aunque en muchas oportunidades este "número" ha sido empleado hasta para realizar comparaciones entre ajedrecistas que vivieron en épocas bien diferentes.

    Podemos hacer, incluso, una simple valoración para demostrar por qué este sistema no debe ser extrapolado en el tiempo: si vamos a las primeras listas ELO, publicadas a comienzos de los años 70, nos encontraremos con el hecho significativo de que de la mayoría de los grandes maestros de entonces (que no eran tantos pero si muy buenos), eran realmente pocos los que tenían más de 2550 puntos. Esto nos conduce a la siguiente interrogante inevitable:

    ¿son comparables, por su fuerza real, aquellos grandes maestros, que tenían entonces entre 2500 y 2550 puntos, con los grandes maestros actuales incluidos en igual rango de rating?

    Naturalmente que no; basta con tomar la nómina de cualquier torneo de entonces y hasta nos parecerá sorprendente que en esa época aquellas grandes figuras —y otras bien distinguidas—, estuvieran incluso por debajo de los 2500 puntos ELO. Y es que, sencillamente, no podemos aceptar como cierto que el desarrollo de la técnica ajedrecística ha sido tal, que ha llevado a que nuestros ajedrecistas actuales con 2700 puntos o más tengan una fuerza de juego superior ¡en 200 puntos! a nuestras grandes figuras de entonces.

    Las consecuencias

    Esto viene a demostrar además que, aunque las bases del sistema no han sido esencialmente modificadas desde su comienzo hasta nuestros días, el parámetro matemático que representa si se ha ido modificando numéricamente en orden ascendente. Y no aceptar esta realidad fuerza entonces a tener que reconocer que muchos grandes maestros de antaño —de los cuales no pocos se mantienen aún activos— pudieran ser vencidos fácilmente por sus homólogos actuales de igual ELO, y hasta por cualquiera de los Maestros Internacionales que hoy ronda bien cercano a los 2500 puntos.

    Por tanto, resulta claro que el incremento hacia los 2700 puntos o más que ha tenido el top de la lista ELO es consecuencia clara de la aplicación del propio sistema, que tiende a hacer cada vez más selectiva la conformación de las nóminas en los principales torneos (categoría 14 o superior) haciendo prácticamente imposible el enfrentamiento entre grandes maestros entre los que medie una diferencia superior a los 100 o 150 puntos, y esto es extensivo al resto de las categorías y de los jugadores de la lista.

    Por tanto, si el propio sistema se hace cada vez más selectivo, convirtiéndose en un mecanismo de selección natural que limita todo contacto entre ajedrecistas de diferentes categorías, estamos propiciando la generación de élites que impiden o evitan el intercambio con ajedrecistas de categoría inferior (algo que no ocurrió jamás en la historia del ajedrez) frenando o dificultando el desarrollo de estos ajedrecistas en formación, de los cuales sólo aquellos de condiciones muy superiores podrán alzarse sobre sus congéneres, para entonces abrirse paso hacia la cúspide del ajedrez mundial.

    Obviamente, tal sistema a quien único beneficia es precisamente a los super grandes maestros, que rara vez se ven en la necesidad de enfrentarse y tener que prepararse para jugar contra un ajedrecista "X", y por tanto, tienen todo el tiempo del mundo para hacerlo solo con sus adversarios habituales de todos los torneos y de todos los días...

    ¿Qué podemos hacer ?

    Pudiéramos hacer mucho para equilibrar o perfeccionar el sistema actual de cosas, pero al mismo tiempo las propias circunstancias nos obligan a ser bien pesimistas, y concluir en que nada o poco podremos hacer hasta tanto el gran público se aburra de ver una y otra vez la misma película con el nombre cambiado, y los organizadores de torneos se vean obligados a buscar otras variantes que hagan más atractivas las competencias del Siglo XXI, sin descontar las modalidades de Ajedrez Avanzado que pudieran surgir a partir de las experiencias actuales, en un mundo en que todo va a ser dominado por tecnologías aún impensadas, pero que seguramente ya están en la mesa de los diseñadores.

    No obstante, podemos "soñar" y someter a debate algunas sugerencias que pudieran ser motivo de análisis, pues en el fondo existen razones para pensar que la introducción de algunas regulaciones pudiéran resultar de interés o beneficio a la mayoría de las naciones miembros de la FIDE.

    Y es que una cosa sí es cierta: sólo dentro del marco de la FIDE es posible analizar y proponer modificaciones de beneficio común, y sólo la FIDE puede establecer regulaciones que necesiten ser tenidas en cuenta por los organizadores de torneos para que estos eventos sean reconocidos oficialmente y los resultados finales puedan ser incluidos en las listas ELO del  máximo organismo del ajedrez mundial.

    La organización de torneos por cuotas

    Si retornamos a la etapa anterior a la aplicación del Sistema ELO, los más viejos recordaremos que, por entonces, los torneos se organizaban atendiendo a ciertas cuotas porcentuales, de manera que en todos los torneos era posible contar —por reglamento— con la participación de grandes maestros, maestros internacionales y hasta maestros nacionales, y en dependencia a esa relación se otorgaba la categoría del evento y los puntajes para la obtención de normas y títulos internacionales.

    La pregunta que cabe hacerse es entonces evidente: ¿qué impide aplicar un sistema similar, compatible con el sistema de categorías por ELO?

    Dicho en otras palabras: si la FIDE establece regulaciones reglamentarias que obliguen a que en todo torneo oficial la nómina quede integrada dejando un mínimo de cuotas para que sean ocupadas por ajedrecistas de un ELO relativamente inferior (respecto a la categoría del torneo), sin que esta sea afectada, (por ejemplo, incluir ajedrecistas con -100 ó -150 puntos respecto a la media del evento, maestros internacionales con una norma de gran maestro, etc.) los países con ajedrecistas en desarrollo verían de inmediato incrementadas sus posibilidades de incluir a estos en importantes eventos internacionales a los que hoy no tienen acceso ni hasta grandes maestros consagrados.

    Por otra parte, no se trata de una idea descabellada, sino de un hecho que puede convenir a los propios organizadores. Pongamos un sólo ejemplo, tomado de nuestra propia realidad.

    Cuba cuenta hoy con varios juveniles en franco desarrollo, que no sólo serán grandes maestros, sino que tienen sobradas condiciones para alcanzar los 2600 puntos en un plazo razonable (algo que no ha logrado aún ningún gran maestro cubano hasta la fecha) si recibe las oportunidades necesarias, pero estas no sobran, más bien faltan...

    Supongamos ahora que la mencionada regulación existe; en tal caso, ¿cuántos organizadores de grandes torneos se disputarían la inclusión del GM Lázaro Bruzón o del MI Leinier Domínguez?; y hay más: ¿quienes saldrían más beneficiados que los propios organizadores y la prensa en general, con la presencia de jóvenes como estos, que pueden ganarle una partida a cualquiera, dando nueva vida y no poca espectacularidad a los grandes supertorneos?

    Sencillamente gana todo el mundo: los organizadores, los medios de difusión, los ajedrecistas en desarrollo —aunque pierdan ELO en la contienda— y hasta la misma FIDE, amén de que no las tenga todas muy buenas con los ajedrecistas de la Elite mundial, que son obviamente los únicos que no parecen beneficiarse con estas modificaciones, si bien no puede descartarse que todo aquello que de vida al ajedrez beneficia de alguna manera a todos los ajedrecistas, con más razón a los profesionales.

    Para los que vivimos de cerca aquellos grandes torneos de los años 60, resulta inevitable mirar atrás y recordar los días inolvidables en que las páginas de la prensa internacional anunciaba, con grandes titulares, el enfrentamiento de un Maestro Nacional, cubano o latinoamericano, con un gran maestro de renombre y hasta con un ex-campeón mundial; y es lamentable que todo haya tomado por el camino equivocado, porque si las condiciones actuales se mantienen, ya nunca más será posible ver como un pueblo entero salta de alegría con la victoria inesperada de un Carlos Calero contra un Miguel Tal.

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