(Sitio inicial de la Federacion Cubana de Ajedrez que ha dejado de actualizarse,
pero que conserva toda la información anterior, hasta tanto el nuevo sitio sea
creado)
Hotel LTI Bella Costa Resort & Villas, sede del torneo.
Vista desde la piscina
Sitio Oficial
(Provisional)
Distinguidos amigos: Nos interesa conocer la opinión de
organizadores de torneos, federativos y ajedrecistas en general sobre el
contenido de la siguiente crónica, publicada en el número 56 de nuestra
revista electrónica.
EL ELO NO ES LO UNICO
QUE IMPORTA
Francisco Acosta Ruiz
No es que tenga algo personal o esté en desacuerdo con la aplicación del
sistema ELO, pero no es menos cierto que tengo que vérmelas con él
constantemente en mi camino; no será una expresión muy periodística, pero sirve
para decir en pocas palabras algo de lo que seguramente se habrán percatado los
lectores que han leído algunos de mis trabajos de los últimos tiempos, o
incluso en los de mucho tiempo atrás, desde los años 70: no me convence, porque
puede convertirse — y en mi opinión ya se ha convertido— en un freno para el
desarrollo del ajedrez.
El tema me motiva de nuevo luego de tener que dedicar algunas horas al
trabajo de búsqueda bibliográfica, asociado a la selección de trabajos
incluidos en el presente número, inmerso en revistas y materiales que reflejan
el quehacer ajedrecístico de los años anteriores a la aplicación universal del
Sistema Elo, período en el que los organizadores de los grandes torneos podían
darse el lujo de conformar una nómina más variada y hasta atractiva, acorde a
los intereses nacionales.
Qué es, en definitiva, el Sistema ELO
Pero antes
de entrar en comparaciones y hacer algunas proposiciones, es necesario comenzar
por recordar qué significa conceptualmente el sistema propuesto por el profesor
ELO.
Obviando
las formulaciones matemáticas que lo fundamentan, el "ELO" no es otra
cosa que un parámetro que mide o representa
"la fuerza de
juego relativa entre "ajedrecistas contemporáneos".
La expresión anterior se ha destacado de todas las formas posibles con
el propósito de resaltar algo que no puede ser obviado, aunque en muchas
oportunidades este "número" ha sido empleado hasta para realizar
comparaciones entre ajedrecistas que vivieron en épocas bien diferentes.
Podemos hacer, incluso, una simple valoración para demostrar por qué
este sistema no debe ser extrapolado en el tiempo: si vamos a las
primeras listas ELO, publicadas a comienzos de los años 70, nos encontraremos
con el hecho significativo de que de la mayoría de los grandes maestros de
entonces (que no eran tantos pero si muy buenos), eran realmente pocos los que
tenían más de 2550 puntos. Esto nos conduce a la siguiente interrogante
inevitable:
¿son
comparables, por su fuerza real, aquellos grandes maestros, que tenían entonces
entre 2500 y 2550 puntos, con los grandes maestros actuales incluidos en igual
rango de rating?
Naturalmente que no; basta con tomar la nómina de cualquier torneo de
entonces y hasta nos parecerá sorprendente que en esa época aquellas grandes
figuras —y otras bien distinguidas—, estuvieran incluso por debajo de los 2500
puntos ELO. Y es que, sencillamente, no podemos aceptar como cierto que el
desarrollo de la técnica ajedrecística ha sido tal, que ha llevado a que
nuestros ajedrecistas actuales con 2700 puntos o más tengan una fuerza de juego
superior ¡en 200 puntos! a nuestras grandes figuras de entonces.
Las consecuencias
Esto viene a demostrar además que, aunque las bases del sistema no han
sido esencialmente modificadas desde su comienzo hasta nuestros días, el
parámetro matemático que representa si se ha ido modificando numéricamente en
orden ascendente. Y no aceptar esta realidad fuerza entonces a tener que
reconocer que muchos grandes maestros de antaño —de los cuales no pocos se
mantienen aún activos— pudieran ser vencidos fácilmente por sus homólogos
actuales de igual ELO, y hasta por cualquiera de los Maestros Internacionales
que hoy ronda bien cercano a los 2500 puntos.
Por tanto, resulta claro que el incremento hacia los 2700 puntos o más
que ha tenido el top de la lista ELO es consecuencia clara de la aplicación del
propio sistema, que tiende a hacer cada vez más selectiva la conformación de
las nóminas en los principales torneos (categoría 14 o superior) haciendo
prácticamente imposible el enfrentamiento entre grandes maestros entre los que
medie una diferencia superior a los 100 o 150 puntos, y esto es extensivo al
resto de las categorías y de los jugadores de la lista.
Por tanto, si el propio sistema se hace cada vez más selectivo,
convirtiéndose en un mecanismo de selección natural que limita todo contacto
entre ajedrecistas de diferentes categorías, estamos propiciando la generación
de élites que impiden o evitan el intercambio con ajedrecistas de categoría
inferior (algo que no ocurrió jamás en la historia del ajedrez) frenando o
dificultando el desarrollo de estos ajedrecistas en formación, de los cuales sólo aquellos de condiciones muy superiores
podrán alzarse sobre sus congéneres, para entonces abrirse paso hacia la
cúspide del ajedrez mundial.
Obviamente, tal sistema a quien único beneficia es precisamente a los
super grandes maestros, que rara vez se ven en la necesidad de enfrentarse y
tener que prepararse para jugar contra un ajedrecista "X", y por
tanto, tienen todo el tiempo del mundo para hacerlo solo con sus adversarios
habituales de todos los torneos y de todos los días...
¿Qué podemos hacer ?
Pudiéramos hacer mucho para equilibrar o perfeccionar el sistema actual
de cosas, pero al mismo tiempo las propias circunstancias nos obligan a ser
bien pesimistas, y concluir en que nada o poco podremos hacer hasta tanto el
gran público se aburra de ver una y otra vez la misma película con el nombre
cambiado, y los organizadores de torneos se vean obligados a buscar otras
variantes que hagan más atractivas las competencias del Siglo XXI, sin
descontar las modalidades de Ajedrez Avanzado que pudieran surgir a partir de
las experiencias actuales, en un mundo en que todo va a ser dominado por
tecnologías aún impensadas, pero que seguramente ya están en la mesa de los
diseñadores.
No obstante, podemos "soñar" y someter a debate algunas
sugerencias que pudieran ser motivo de análisis, pues en el fondo existen
razones para pensar que la introducción de algunas regulaciones pudiéran
resultar de interés o beneficio a la mayoría de las naciones miembros de la
FIDE.
Y es que una cosa sí es cierta: sólo dentro del marco de la FIDE es
posible analizar y proponer modificaciones de beneficio común, y sólo la FIDE
puede establecer regulaciones que necesiten ser tenidas en cuenta por los
organizadores de torneos para que estos eventos sean reconocidos oficialmente y
los resultados finales puedan ser incluidos en las listas ELO delmáximo organismo del ajedrez mundial.
La organización de torneos por cuotas
Si retornamos a la etapa anterior a la aplicación del Sistema ELO, los
más viejos recordaremos que, por entonces, los torneos se organizaban
atendiendo a ciertas cuotas porcentuales, de manera que en todos los torneos
era posible contar —por reglamento— con la participación de grandes maestros,
maestros internacionales y hasta maestros nacionales, y en dependencia a esa
relación se otorgaba la categoría del evento y los puntajes para la obtención
de normas y títulos internacionales.
La pregunta que cabe hacerse es entonces evidente: ¿qué impide
aplicar un sistema similar, compatible con el sistema de categorías por ELO?
Dicho en otras palabras: si la FIDE establece regulaciones
reglamentarias que obliguen a que en todo torneo oficial la nómina quede
integrada dejando un mínimo de cuotas para que sean ocupadas por ajedrecistas
de un ELO relativamente inferior (respecto a la categoría del torneo), sin que
esta sea afectada, (por ejemplo, incluir ajedrecistas con -100 ó -150 puntos
respecto a la media del evento, maestros internacionales con una norma de gran
maestro, etc.) los países con ajedrecistas en desarrollo verían de inmediato incrementadas
sus posibilidades de incluir a estos en importantes eventos internacionales a
los que hoy no tienen acceso ni hasta grandes maestros consagrados.
Por otra parte, no se trata de una idea descabellada, sino de un hecho
que puede convenir a los propios organizadores. Pongamos un sólo ejemplo,
tomado de nuestra propia realidad.
Cuba cuenta hoy con varios juveniles en franco desarrollo, que no sólo
serán grandes maestros, sino que tienen sobradas condiciones para alcanzar los
2600 puntos en un plazo razonable (algo que no ha logrado aún ningún gran
maestro cubano hasta la fecha) si recibe las oportunidades necesarias, pero
estas no sobran, más bien faltan...
Supongamos ahora que la mencionada regulación existe; en tal caso,
¿cuántos organizadores de grandes torneos se disputarían la inclusión del GM
Lázaro Bruzón o del MI Leinier Domínguez?; y hay más: ¿quienes saldrían más
beneficiados que los propios organizadores y la prensa en general, con la
presencia de jóvenes como estos, que pueden ganarle una partida a cualquiera,
dando nueva vida y no poca espectacularidad a los grandes supertorneos?
Sencillamente gana todo el mundo: los organizadores, los medios de
difusión, los ajedrecistas en desarrollo —aunque pierdan ELO en la contienda— y
hasta la misma FIDE, amén de que no las tenga todas muy buenas con los
ajedrecistas de la Elite mundial, que son obviamente los únicos que no parecen
beneficiarse con estas modificaciones, si bien no puede descartarse que todo
aquello que de vida al ajedrez beneficia de alguna manera a todos los
ajedrecistas, con más razón a los profesionales.
Para los que vivimos de cerca aquellos grandes torneos de los años 60,
resulta inevitable mirar atrás y recordar los días inolvidables en que las
páginas de la prensa internacional anunciaba, con grandes titulares, el
enfrentamiento de un Maestro Nacional, cubano o latinoamericano, con un gran
maestro de renombre y hasta con un ex-campeón mundial; y es lamentable que todo
haya tomado por el camino equivocado, porque si las condiciones actuales se
mantienen, ya nunca más será posible ver como un pueblo entero salta de alegría
con la victoria inesperada de un Carlos Calero contra un Miguel Tal.