CASTILLOS
DE AVILA
 
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2500-1800 a.c. Algunas investigaciones arqueológicas recientes nos permiten saber de algunos asentamientos en la Edad del Cobre en la zona.

1800-800 a.c. Durante la Edad del Bronce se sabe del asentamiento de algunas tribus de pastores dedicados principalmente a la trashumancia de ganado.

500 a.c. Durante la Edad del Hierro surge uno de los poblados más importantes en la zona: el Castro de Ulaca.

Rodeado por una muralla de 3 km. de longitud, se convierte en uno de los principales focos de resistencia vettones a la conquista romana.

Se encuentran además unas esculturas en la zona propias de los vettones y que dan testimonio de su paso por estas tierras: los verracos.

El Castro de Ulaca es abandonado tras la conquista romana.

Con la civilización visigoda surgen numerosos poblados.

Uno de ellos, conocido como La Cabeza de Navasangil permanece habitado hasta la dominación árabe.

Siglo XI. Conquistado el lugar a los musulmanes se desarrolla en el mismo un fuerte impulso repoblador. De esta época dice la leyenda que es el origen del nombre de Solosancho (1).

Consecuencia de este hecho sería la edificación de una original torre de vigilancia, al objeto de controlar el paso desde el Valle de Amblés hasta la Sierra de Paramera.

A últimos de este siglo (o principios del siguiente) se conoce el lugar como Xemensancho (el hijo pequeño de Sancho), nombre probablemente dedicado al repoblador.

1250. Aparece el nombre de Xemensancho en un documento mediante el cual el cardenal Gil Torres enumera en Lyon (Francia) las aldeas sufragáneas del Arcedianato de Avila.

Foto aérea realizada por Ricardo Melgar.

Siglo XIV. Se construye el castillo actual sobre los restos de la original y antigua torre de vigilancia.

1497. Las primeras noticias que se tienen del castillo nos llevan hasta la persona de don Diego González del Ágila, cuando funda mayorazgo en la persona de su hijo, Nuño González del Ágila.

Los escudos que campean a ambos lados del enrejado plateresco serían los del citado y su esposa Teresa Velasco y Guevara.

Siglo XVI. Una vez perdida su utilidad militar, el castillo sufre importantes reformas. En concreto, se le añade en el ala oeste una torre con pequeñas garitas: la Torre de las Damas. Tampoco puede faltar una leyenda (2) en relación con la citada torre.

1751. En el Catastro realizado por el Marqués de Ensenada podemos leer:

"...un fuerte todo de piedra rodeado con sus murallas
de lo mismo que no sirve para cosa alguna...".

El castillo lo hereda el l Marqués de la Roca, quien venderá el término, castillo y pueblo al Estado.

1931. El Castro de Ulaca es declarado Monumento Histórico Artístico durante el gobierno de la II República.

1995. Declaración ratificada y ampliada, considerándose como Bien de Interés Cultural, con categoría de Zona Arqueológica, por parte de la Junta de Castilla y Léón.

 

(1). El origen del pueblo de Solosancho parte de la leyenda de Zurraquín Sancho, solitario y andante caballero que según cuentan sorprendió a un grupo de moros (unos sesenta) que llevaban consigo, camino de la esclavitud, a veinte cristianos. Él solo arremetió contra ellos matando, hiriendo y sembrando confusión, poniendo en fuga a los mahometanos. De ahí el nombre de Solosancho que orgullosamente ostenta el municipio.

(2). Doña Beatriz  hija de D. Tello de Guzmán pasaba el verano de mil cuatrocientos y tantos años en el castillo de Villaviciosa, cuando los Reyes Católicos intentaban la conquista de Granada. Doña Beatriz amaba y como joven de diez y siete años cumplidos no sabia a que o a quien concretamente. 

Un día, llego sobre un brioso corcel un doncel, portador de la triste noticia de la muerte de D. Tello de Guzmán En la lucha contra los infieles.El castillo se lleno de lamentos y pesares, por ser querido por todos sus vasallos el buen D. Tello.Y, sin embargo, en las pupilas de Beatriz brillo un rayo de luz aquel día .Su amor de mujer tenia objeto que ¡Ay! quedo muy pronto en evocación, porque el doncel, una vez cumplido su encargo, tras de hacer cortesía de condolencia a la dama heredera y dueña , partió al instante,sin aceptar los agasajos que le fueron ofrecidos.

Doña Beatriz amó, volando su corazón tras el galopar del caballo, mirando a la lejanía cada mañana y cada tarde.Su silencio era interpretado como reflexión de soledad  y su palidez como dolor filial. Solamente, los ojos traslucían la luz de la joven amante. Su esperanza fue cumplida porque el doncel escribió, pero la confesión de amor era despedida juntamente"Viendoos,Doña Beatriz, sentí la llamada del amor y quise presentarme caballero delante de mi dama de Villaviciosa, con méritos para solicitaros en matimonio.Muero, no por tantas heridas como por el dolor de no veros". 

Y dicen que el pecho de Doña Beatriz se abrió cual un volcán rojizo de sangre y llamas. 

 
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Página actualizada el 22/02/2012

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