Castillo de la Triste Condesa
 
 
 
 
CASTILLOS
DE AVILA
 
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En esta foto se puede observar la restauración llevada a cabo en las almenas.

En tiempos romanos era un importante nudo de comunicaciones (no hay más que ver la calzada romana que atraviesa el Puerto del Pico).

Antiguamente se le conoce como Las Ferrerías de Avila, por encontrarse y explotarse yacimientos de hierro en sus inmediaciones.

De su pasado árabe dan testimonio algunas monedas encontradas en la población.

1054. Cuenta la leyenda, que, tras aparecer La Virgen, la antigua población sufre una plaga de termitas que obliga a sus habitantes a desplazarse hasta la ubicación actual del Ojo de la Jara.

Siglo XIV. Cobija a una importante comunidad judía, que dispone incluso de Alhama.

Su situación geográfica y su abundancia de pastos es extraordinaria.

1393. Ello hace que los ojos del Condestable Ruy López Dávalos se fijen en esta zona considerándola un excelente lugar para ampliar sus dominios, consiguiendo de Enrique III autorización para segregar las aldeas más importantes del Valle del Tiétar del Alfoz de Ávila.

1395. El mismo rey pone bajo su mando las villas de Las Ferrerías, Candeleda, Colmenar y La Adrada. Como muestra de su poder, manda edificar un castillo, obligando a sus súbditos a contribuir con su esfuerzo personal, amén de aportar animales de tiro y carros.

1400. Por la envidia y mala fé de otros nobles, es condenado a pasar dos años en su villa de Arenas, sin poder intervenir en los principales asuntos del reino.

Durante la minoría de edad de Juan II es miembro del Consejo de Regencia, participando en la toma de Antequera junto al infante don Fernando.

1420. Participa junto a los Infantes de Aragón y otros nobles, en el secuestro del rey Juan II en Tordesillas.

Fotografía del castillo del año 1929

Don Alvaro de Luna.

1423. Por tal motivo es desterrado.

Don Ruy López Dávalos pierde todos sus bienes, y salva milagrosamente la vida refugiándose en Valencia, entonces bajo tutela del Rey de Aragón Alfonso V.

Sus bienes son repartidos, tocándole la villa y el Castillo de Arenas al Conde de Benavente, don Rodrigo Alonso de Pimentel, Candeleda a don Pedro de Zúñiga, Mombeltrán al infante don Juan y La Adrada a don Alvaro de Luna.

Don Alvaro de Luna, favorito del rey Juan II y nuevo Condestable de Castilla, envía una visita de cumplido a don Ruy, quien le devuelve el siguiente mensaje:

"Decid al señor Don Alvaro que cual es fuimos y cual somos será"

1428. Don Ruy muere en Valencia, pobre y desterrado.

1430. Don Alvaro de Luna casa con Juana Pimentel, hija del Conde de Benavente, recibiendo como dote el Señorío y el Castillo de Arenas.

1453. Don Alvaro muere en el cadalso.

Doña Juana se refugia en Arenas, adoptando el apelativo de "La Triste Condesa" en la firma de sus cartas y documentos; apodo con el se conocerá al castillo en adelante.

Aquí casa su hija y heredera, María de Luna, con Diego Hurtado de Mendoza, primogénito de la misma familia.

1460. Llega a Arenas el franciscano Pedro de Alcántara.

1462. Muere en Arenas fray Pedro de Alcántara.

1479. En el Censo de Aljamas, del Obispado de Ávila, se citan los 1.000 maravedíes otorgados por la importante comunidad judía de la ciudad.

1484. Muere doña Juana de Pimentel.

Estatua de San Pedro de Alcántara, sita en Arenas de San Pedro (AVILA).

Año 2003.

Tras su muerte, Arenas pasa a su hija María, terminando en las manos de la poderosa familia Mendoza.

Algunas medidas adoptadas por los Reyes Católicos y la desaparición del peligro musulmán traen cambios en la fisonomía exterior del castillo. Así desaparece el foso que lo rodea y la explanada de la entrada se integra en el núcleo urbano.

1669. Fray Pedro de Alcántara es canonizado. La ciudad le elige además como su patrón e incorpora el nombre del santo al municipio, quedando con el nombre actual de Arenas de San Pedro.

1776. Se instala en la localidad el infante don Luis Alfonso de Borbón, hijo de Carlos III, para poder dedicarse a una de sus pasiones favoritas: la caza.

1783. Hace traer a Goya para pintar retratos de todos los miembros de su familia, labor que mantendrá ocupado al pintor hasta el año siguiente.

En este mismo año muere el citado infante.

1809. El 25 de febrero, en plena Guerra de la Independencia una partida de 24 soldados franceses son asesinados en las cercanías (1).

No tarda en presentarse todo un ejército francés para ejercer las consabidas represalias (2).

Grabado del castillo.

Son degollados 30 vecinos del pueblo, y se incendian el ayuntamiento, el convento de agustinos y más de 300 casas, causando además, importantes daños en el interior del castillo.

1835. El Duque de Pastrana (actual propietario), dona el castillo al municipio a cambio de una fanega anual de trigo.

1838. Arenas de San Pedro vuelve a ser nuevamente incenciada durante la I Guerra Carlista, por un grupo de 550 guerrilleros al mando de Blas García el Perdiz (3).

Tras el paso de los carlistas, del castillo sólo se mantienen en pie los muros exteriores. El interior queda prácticamente arruinado.

Las desamortizaciones de este año obligan a los frailes a abandonar el convento.

1853. Se empieza a usar como cementerio, situación que durará hasta el 1929.

La dejadez de sus dueños hace que durante este intervalo se edifiquen viviendas contra sus muros.

1931. Es declarado Monumento Nacional.

1934. Se restauran las almenas.

1936. Durante la Guerra Civil pertenece a los republicanos hasta el mes de septiembre.

Fotografía antigua del castillo.

Tras la contienda, alcanza el título de ciudad y se convierte e un foco de atracción turística.

1965. Se intenta construir un hotel.

Desde entonces, su uso más común ha sido el de celebrar eventos de tipo cultural.

Se planea convertirlo en un museo permanente.

 

(1). Los soldados pertenecían a un destacamento de dragones westfalianos, enviados a la ciudad para proceder a requisar víveres y vino. El hispanista norteamericano Gabriel H. Lovett relata con gran dramatismo como fueron los hechos:

"Cuando los alemanes se sentaron a comer, la población los arrolló furiosa. Uno logró escapar. A los demás se les llevó a un cerro en donde se alza un monasterio. Estabn los hombres a punto de hacer una fila de prisioneros contra la pared, cuando una muchedumbre de mujeres enfurecidas rompió el cordón que formaban los hombres y se echaron sobre los prisioneros con una gritería salvaje. Se hizo con los alemanes la carnicería más diabólica que pueda imaginarse. Se les quebrantaron las piernas y brazos, se les cortaron los genitales y se les arrancó el corazón..."

(2). El mariscal Laval, enfurecido, manda una expedición de castigo desde la vecina Talavera a cargo de dos regimientos alemanes, uno holandés y varios dragones franceses, produciéndose una espantosa masacre entre los arenenses, saqueando e incendiando la villa. D. José Carramolino, vicario de Arenas, fue testigo de tal «hazaña» y nos ha dejado una sobria y patética relación del «degüello, saqueo e incendio» que sufrió la villa:

«... fueron muertas treinta y una personas de ambos sexos y heridas once, de las cuales murieron nueve después de mucho padecer ... el saqueo fue general en todas las casas que no incendiaron ... el incendio redujo a cenizas más de trescientas casas y barrios enteros quedaron destruidos... Ayuntamiento, Pósito, cárcel, escuelas, Convento de Agustinos Calzados, etc... Los vecinos que lograron huir se refugiaron en los montes cercanos, no regresando hasta pasados algunos días...»

(3). Archivo Municipal de Arenas, legajo 53:

El 22 de junio de 1838, «una facción carlista, partiendo de los montes de Gavilanes y en número de 500 hombres al mando del cabecilla Blas García «Perdiz» asalta y quema cuarenta y cuatro casas de las mejores de Arenas de San Pedro, perdiéndose 2.000 cántaros de aceite y grandes existencias de vino y aguardiente, dañándose igualmente las tinajas para su entroje"

 

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Página actualizada el 02/06/2011