Concebir y Actuar para la Gobernabilidad Sexenal, como Prioridad absoluta del sexenio 2005-2011.

 

 

Una ponencia del Lic Oscar Luque Rodríguez.  Presentada en el Simposium:  “Una Agenda Real de Gobierno para Quintana Roo.-  Decisiones, respecto a la encrucijada del 2005-2011”.  27 y 28 de enero del 2005.  Sala de Juntas de la DCSEA, UQROO en Chetumal,Quintana Roo, México, como parte del Diplomado en Desplazamiento Institucional del Poder Formal

 

 

 

 

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Cada generación vive su tiempo histórico como una etapa única e irrepetible. Del pasado rescata a veces personajes o eventos para marcar ciertas continuidades históricas, pero en su mirada hacia ese tiempo pretérito predomina casi siempre una actitud de ruptura y diferenciación. Con ello, tal vez, pretende marcar una voluntad de progreso y superación, colocando, de este modo, una bisagra entre dos tiempos que, a la vez, une y separa.

 

Desde esta óptica, todo cambio, toda reforma, se vive como novedad, como una oportunidad de avance y como un desafío a la imaginación para vencer los retos que plantea el futuro.

 

Hoy Quintana Roo está inmerso en un proceso de renovación y cambio y dentro de algunos días, los ciudadanos acudiremos a las urnas para elegir a los nuevos representantes de los Poderes Legislativo y Ejecutivo.

 

Este proceso pondrá a prueba la fortaleza de las instituciones gubernamentales; la capacidad del Estado para resolver conflictos conforme a un sistema de reglas y de procedimientos formales o informales; la legitimidad y credibilidad de las instituciones electorales, que servirán como garantes de este proceso mediante la imparcialidad, equidad e igualdad de oportunidades entre los partidos políticos; la capacidad de organización de la sociedad civil para sumarse en torno a un proyecto y dotarse de un sistema de gobierno que empuje el carro de los objetivos del desarrollo humano; la capacidad de liderazgo y confiabilidad de la clase política con respecto a sus gobernados  y sobre todo, se pondrá a prueba el avance de la democracia quintanarroense.

 

En síntesis, este cambio y renovación nos permitirá evaluar los avances de la gobernabilidad democrática de Quintana Roo y sobre todo, nos permitirá fijarnos metas más elevadas, para ser del Estado el espacio de convivencia que propicie mejores estados de bienestar para todos los ciudadanos.

 

El desenvolvimiento de todas las sociedades y Quintana Roo no es una excepción, se da sobre la base de la existencia de conflictos entre los distintos actores y las demandas en competencia.

 

En este sentido, la democracia, el orden, el desarrollo y la justicia no son elementos dados en la sociedad. Hay que saber crearlos, afianzarlos y consolidarlos. 

 

La construcción de instituciones, su funcionamiento y su mejoramiento continuo, el diseño y aplicación de las políticas públicas, la capacidad del sistema político para dar cauce a los problemas, las expectativas y los resultados de la gestión pública, son tareas de cada día, a fin de asegurar que los valores sociales y políticos tengan expresión organizada en la sociedad.

 

Es por ello, que el tema de la gobernabilidad ocupa un lugar central en las agendas académicas, gubernamentales  y sociales, toda vez que son temas que penetran las fibras mismas del sistema de vida, el cual se condensa en instituciones, valores, costumbres, cultura y reglas de convivencia y se relaciona con el presente y el futuro de la vida en asociación.

 

La gobernabilidad es la articulación compleja entre la vida privada, la vida pública y la vida política, porque son estas organizaciones donde germina no solo una concepción de vida, sino que definen las pautas que dan sustento a las reglas de convivencia.

 

Por tanto, la gobernabilidad es la generación de condiciones para reconocer y enfrentar colectivamente los retos y oportunidades de cada tiempo, mediante la creación de visiones alternativas y metodologías innovadoras respecto a la acción y al efecto de gobernar.

 

En este sentido, el grado de avance y desarrollo de la gobernabilidad, determinan la capacidad de una sociedad para enfrentar positivamente los desafíos y oportunidades que se le plantean en un tiempo determinado.

 

Por tanto, la gobernabilidad es condición para asegurar la consistencia del Estado, el vigor de la sociedad y el desenvolvimiento pleno de las capacidades públicas y privadas. Su grado de complejidad y avance deviene de los múltiples factores que concurren en la organización, estructuración y funcionamiento de la sociedad y el Estado.

 

Es por todo ello, que el tema que nos ocupa hoy, la gobernabilidad como prioridad absoluta para el sexenio 2005-20011, significará para el nuevo gobierno, cualquiera que sea su signo partidista, tener claridad de fines, certeza de medios, instituciones aptas, diseñadores de políticas públicas competentes y operadores de políticas igualmente eficaces; vigilar que las capacidades institucionales permitan que la sociedad se desarrolle a pesar de los conflictos y las carencias; implicará flexibilidad para gobernar a los contrarios; desenvolvimiento productivo y justo en el ámbito de realidades dadas y óptica estratégica para llevar a cabo las reformas institucionales. En síntesis, hacer  que el Estado sea capaz de ordenar y armonizar el funcionamiento del régimen político, el económico, el social y el administrativo.

 

En consecuencia, el reto que el Estado de Quintana Roo y sus gobernantes tiene ante sí, es consolidar y ampliar los causes de la gobernabilidad democrática, mediante la construcción de una agenda comprometida de gobierno que deberá fundamentarse en cinco ejes estratégicos: En una Nueva Cultura Política; en una Nueva Cultura de la Legalidad; en una Nueva Cultura de Mercado; En una Nueva Cultura Administrativa, y en una Nueva Cultura de la Solidaridad y de la Participación.

 

En una Nueva Cultura Política: Impulsar una nueva cultura política donde los signos distintivos sean la pluralidad y participación para que transformen los mecanismos de decisión “de arriba hacia abajo”, que incorpore y concilie las iniciativas sociales “desde abajo”, como ingrediente básico de la gobernabilidad democrática.

En particular, se trata de evolucionar hacia formas de cultura participativa y de fomentar la pluralidad, a través de los tres instrumentos que propician formas directas de participación ciudadana: el plebiscito, la iniciativa popular y el referéndum, los cuales estén sustentados dentro de una tendencia de los intereses partidarios, de tal forma que el interés social encuadre las políticas de gobierno que influyen en los fenómenos locales y en la dimensión estatal.

La identificación realista de las presiones y demandas en el entorno gubernamental, lo cual supone una distribución de las responsabilidades, en términos de la relación Estado-sociedad.

La capacidad institucional para el procesamiento del conflicto y la generación de consensos necesita un nuevo diseño institucional que integre la evaluación de las políticas públicas por parte de los actores involucrados, así como la rendición sistemática de cuentas.

La condición para que la cooperación entre los actores sea horizontal es la implementación de metodologías participativas, que sean capaces de involucrar a los actores preocupados por la solución de sus propios problemas, y que lleven a los ciudadanos a saber exigir el cumplimiento de las obligaciones del Estado.

Oto aspecto importante y que en los últimos tiempos ha sido factor imprescindible para avanzar en la gobernabilidad democrática, es la manera en que se dé la regulación para alcanzar acuerdos entre los diferentes actores políticos, particularmente entre los partidos políticos representados en el Congresos de Estado, con objeto de construir un pacto social consensuado, en el que se definan nuevas maneras de negociación.

 

Además, es necesario avanzar en la construcción de acuerdos neocorporativos, que implican nuevas definiciones de los ámbitos público y privado, mediante políticas públicas que busquen una reestructuración corporativa de la sociedad que garantice la capacidad de los actores institucionales, para concretizar un pacto social incluyente y participativo que supere el corporativismo tradicional, el cual representa un factor decisivo para cubrir el "déficit democrático" en el proyecto de gobernabilidad, y

 

Construir acuerdos basados sobre la autoregulación social, en los que no necesariamente participe el gobierno, que impliquen promover compromisos institucionales democráticos que confieran mayor peso relativo a los grupos de masas políticamente relevantes (sindicatos, ONGs, partidos políticos...) por encima de grupos elitistas (empresarios, militares, iglesia...), pero que permitan la representación política efectiva de todos ellos, en un diseño institucional favorable a los arreglos institucionales.

 

En este sentido, hay tres aspectos que influyen decisivamente en la viabilidad de un pacto social consensuado: la cohesión de la clase política, que se exprese un fuerte sistema de partidos; la confianza y la autoconfianza  en las políticas públicas del gobierno. y la capacidad de actuación y de generación de iniciativas por parte de la sociedad civil.

 

Democratizar los medios de comunicación, para la construcción de una opinión pública informada y comprometida con el bien público. Esto incluye actividades para crear conciencia y afianzar los derechos y responsabilidades cívicos intrínsecos de una sociedad democrática.

 

Impulsar una real descentralización y avanzar hacia un federalismo democrático que fortalezca las capacidades de las comunidades y de los gobiernos locales.

 

Apoyar el fortalecimiento de las instancias de gestión municipal, ello requiere entre otras cosas, acciones de capacitación, introducción de tecnologías de gestión o promoción de proyectos productivos en el ámbito regional o municipal.

 

Una Nueva Cultura de la Legalidad: Es indispensable aumentar la credibilidad y la confianza de los ciudadanos en las instituciones judiciales, es por ello que se necesita un cambio integral del modelo de procuración e impartición de justicia, para lograr que Quintana Roo entre al mundo del Estado de derecho.

 

Esto puede lograrse mediante diferentes acciones:

 

Simplificar y perfeccionar los sistemas jurídicos de modo que los tribunales, la policía, las cárceles y los ministerios públicos adquieran un carácter profesional y sean más accesibles.

 

La simplificación de los procedimientos jurídicos y la capacitación del personal del sector de la justicia para que trate de manera correcta a los usuarios y con estricto respeto a los derechos humanos.

 

Fortalecer los sistemas de defensores públicos y mejorar la asistencia jurídica a los más necesitados, otorgando un buen asesoramiento jurídico, de buena calidad y costeable a disposición de grupos vulnerables, como a los ancianos, mujeres, niños, grupos indígenas y las personas recluidas en cárceles.

 

Aumentar la disponibilidad de información jurídica destinada al público, a fin de mejorar la toma de conciencia de los ciudadanos con respecto a sus derechos y fomentar la cultura de la denuncia.

 

Promover los instrumentos internacionales, nacionales y estatales de derechos humanos, mediante la capacitación, el monitoreo y la presentación de informes.

 

Una Nueva Cultura de Mercado: Es necesario diseñar políticas económicas que tengan efectos distributivos justos y colocarles objetivos sociales a esas políticas.

 

Formular políticas integradas que alienten la actividad productiva del sector privado, particularmente las actividades agro-industriales, la promoción de PYMES y de microemprendimientos, o el desarrollo de mercados en el plano local, estatal y nacional, que generen empleos y mejoren los salarios.

 

Cumplir un rol catalítico, es decir, no depender sólo de sus propios recursos y actuar en cambio como un factor facilitador, movilizador y autónomo en emprendimientos con empresas privadas, ONGs y con otros estados, sin renunciar a su identidad distintiva y sus objetivos específicos.

 

Es imprescindible abundar en el desarrollo de las regiones bajo un sistema integrador, desarrollando encadenamientos productivos que aprovechen el potencial económico de las diferentes regiones del Estado.

 

Una Nueva Cultura Administrativa: Es indispensable instituir normas y mecanismos que gradualmente sustituyan los controles de procesos por evaluaciones de resultados. Ello implica que la asignación de recursos debe guiarse por objetivos, productos y metas acordadas y verificables, en lugar de hacerlo por la automaticidad de los gastos comprometidos a través de la rutinaria reproducción presupuestaria. En este sentido, El desafío es triple:

 

Adquirir la capacidad para traducir objetivos institucionales a metas cuantificables,

 

Contar con sistemas de información que den soporte al diseño de indicadores de resultados y sobre todo,

 

Transformar una cultura administrativa que, en el mejor de los casos, sólo acepta que se evalúe la gestión en función del cumplimiento de los procedimientos establecidos.

 

Orientar las tareas gubernamentales por objetivos (y no por reglas o reglamentos), con objeto de tener una visión consensuada sobre el papel del estado; una clara delimitación de responsabilidades (competencias y resultados) de cada institución gubernamental y una definición precisa de los destinatarios y servicios a ofrecer.

 

Mejorar el servicio al cliente, en su diversa condición de usuario, contribuyente, beneficiario o sujeto de regulación, mediante acciones de reestructuración, desburocratización, reingeniería de procesos, capacitación de funcionarios e introducción de técnicas de calidad y sistemas de información soportados computacionalmente, en suma, una verdadera revolución en la interacción entre ciudadanía y gobierno.

 

Desarrollar y difundir sistemas de información que alimenten los circuitos decisorios y aumenten la capacidad de anticipación del gobierno a través de los procesos de planificación, seguimiento y control de gestión. Ello exige un serio esfuerzo en materia de diseño, desarrollo e implantación de sistemas de información en las diversas áreas de la actividad estatal.

 

Nueva Cultura de la Solidaridad y de la Participación:

La sociedad reclama participar en el debate público sobre propuestas de programas sociales y apertura de espacios institucionales, en este sentido debemos avanzar en el reconocimiento y regulación a las actividades de las organizaciones civiles y sobre todo romper las desconfianzas mutuas, los ideologismos y el aislacionismo tanto del gobierno como de las organizaciones ciudadanas.

 

Crear fondos y mecanismos financieros que apoyen las iniciativas de bienestar social y desarrollo de las organizaciones.

 

Diseñar mecanismos e instrumentos para la participación de las organizaciones de la sociedad civil en el diseño, ejecución y evaluación de las políticas públicas.

 

Diseñar políticas económicas, sociales y políticas de Estado que contribuyan a la construcción de la ciudadanía y reconstrucción del tejido comunitario y social.

 

Impulsar la vinculación entre las organizaciones civiles similares o que realicen acciones complementarias, con objeto de reforzar el capital social requerido para enfrentar los problemas del desarrollo.

 

Desarrollar una política social poderosa, integral y sustentable en el coto y mediano plazo, que enfrente el enorme reto de la marginación y la pobreza, con programas profundos de consolidación y ampliación del sistema de seguridad social.

 

Impulsar una nueva relación entre la política económica y la política social y lograr que  tengan coherencia es indispensable para alcanzar una mejor distribución del ingreso y combatir la pobreza. 

 

Establecer objetivos de trabajo y desarrollo productivo, crear empleos, mejorar salarios, impulsar la microeconomía social (microempresas, empresas sociales, apoyos de la banca social, acceso al financiamiento crediticio, acceso al capital de riesgo, entre otros elementos) y lograr una gran movilización social y de recursos para enfrentar con éxito la pobreza en Quintana Roo.

 

              El orden político democrático, es una veta que exige sapiencia y pragmatismo para estructurarlo, es decir, para diseñarlo, organizarlo e implementarlo. Es un orden que da cause al movimiento contradictorio de la sociedad, pero es la base para asegurar la gobernabilidad en términos de que convivan las diversas fuerzas, grupos y organizaciones.

 

Es un hecho, que la renovación de los poderes por sí mismos no garantiza las transformaciones política, económica y sociales que Quintana Roo está desde hace tiempo demandando, lo cual nos obliga a todos a sumarnos al esfuerzo de gobernabilidad que tenemos como propósito en un sentido positivo, y acaso como acechanza en un sentido negativo.

 

La circunstancia actual es un gran reto para la cultura política de los quintanarroenses. Enfrentamos un enorme desafío cuyo resultado dependerá en buena parte de lo que hayamos podido acumular hasta ahora en materia de esa cultura política, de prácticas cívicas, de participación ciudadana.

 

Porque la gobernabilidad no tiene que ver solamente con el ejercicio unilateral del poder público por parte del ejecutivo. Tiene que ver con la participación de todo el gobierno, incluyendo significativamente al Poder Legislativo y al Judicial, pero tiene que ver también con la actitud que adopten los partidos políticos (el que está en el poder y las oposiciones), las organizaciones de la sociedad civil, y los ciudadanos como tales. Por tanto, son todos estos actores políticos quienes tienen que participar en esta gran tarea de gobernabilidad que tenemos como objetivo. Ni la sociedad ni el gobierno por sí solos van a lograr que la renovación de poderes se convierta en el cambio social esperado.

 

La agenda propuesta de gobernabilidad, son en realidad propuestas sencillas, que pueden resumirse en la necesidad de recuperar el sentido común en la acción de gobierno. Sin embargo, debe insistirse en el punto de que la simple aceptación de principios y valores no define automáticamente ni el papel que el Estado debe cumplir en cada coyuntura histórica, ni los instrumentos de que el mismo puede valerse para cumplir con el rol asumido.

 

Definitivamente, el rediseño del estado no es sólo, ni principalmente, una cuestión técnica. La investigación y la consultoría ya han generado los modelos, los marcos normativos y contractuales, los diseños organizacionales, la tecnología informática, la ingeniería de procesos de gestión y los incentivos que permitirían construir organizaciones estatales impecables. Más que técnico, el problema a resolver es político. La gran tarea del próximo gobierno es preservar el necesario equilibrio entre las tres grandes cuestiones que conforman su agenda y se encuentran en tensión permanente: gobernabilidad, desarrollo y equidad.

 

Se requiere una fuerte coalición política para mantener esta tensión bajo control y revertir los hechos consumados de los que hoy estamos insatisfechos. También hacen falta actitudes sostenidas y coherentes, que expresen la voluntad de preservar una presencia estatal, pero que otorgue autonomía, es decir, ensanchar la esfera pública incorporando nuevos actores movilizados a través de genuinos mecanismos participativos, evitar las transferencias indeseables de ingreso y riqueza que ahondan la brecha social, alentar el desempeño ético, abrir el funcionamiento de las instituciones al escrutinio público, someterse a la rendición de cuentas y sancionar el incumplimiento de las reglas de juego instituidas. La corrupción generalizada, el poder económico concentrado, la exclusión social, el desmembramiento y la atomización de la sociedad civil, debilitan al estado y dificultan su misión. Por lo tanto, no se trata únicamente de redefinir el perfil del estado; lo que está en juego es, también, la reconstrucción del tejido social y de la escena pública.

 

Ninguna bola de cristal permite anticipar el desenlace de este proceso. Pero una cosa es segura: el nuevo gobierno, en su permanente metamorfosis, continuará siendo una tarea que exige la combinación razonable y racional entre la ética y el poder, entre la política y la ética; entre el mundo del ser y el deber ser.

 

Muchas Gracias.

 

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