| Pero sin duda alguna la
reacción más importante es la reacción de hidrólisis, o sea, la reacción contraria a
la esterificación catalizada por ácidos, que en presencia de un ácido mineral
diludo consiste en regenerar el ácido y el alcohol de los cuales proviene el
éster. 
Se utiliza un exceso de agua para asegurar
la completa descomposición y la reacción se produce a alta temperatura para acelerar el
proceso. A menudo se añade alcohol para solubilizar los reactivos. Esta reacción se
puede desplazar hacia la derecha eliminando el ácido a medida que se forma, mediante la
presencia de una base; la reacción se llama, entonces, saponificación .

De las muchas reacciones de saponificación
existentes, la más importante es la que consiste en saponificar las grasas que son
ésteres de ácidos grasos y glicerina que se pueden hidrolizar en medio ácido,
utilizando ácido clorhídrico o ácido sulfúrico diluidos o el reactivo de Twitchell
(preparado a partir de benceno o naftaleno, ácido oléico y ácido sulfúrico
concentrado). En esta reacción se obtiene jabón y glicerina, pero sólo es válida para
los alcoholes primarios y secundarios, no para los terciarios que se descomponen solamente
por hidrólisis ácida.
R, R' i R'' se sostienen por las cadenas de
hidrocarburos de los ácidos de acuerdo con la siguiente ecuación:

La hidrólisis tiene importancia
especialmente cuando se trata de ésteres naturales, como los que están presentes en
grasas, ceras, aceites animales y vegetales. El término grasa se reserva, normalmente, a
los ésteres sólidos de glicerol (mantequilla, manteca de cerdo, sebo) y el término
aceite a los ésteres líquidos (ricín, oliva, linaza, tung, etc). El término lípido
incluye tanto grasas como aceites, como componentes solubles en grasas.
Los ácidos grasos saturados (que contienen
cada uno de los enlaces con la máxima concentración de hidrógeno) se encuentran
habitualmente en grasas sólidas o semisólidas, mientras los ácidos grasos insaturados
(que contienen uno o más de un doble enlace) acostumbran a encontrarse en aceites. El
hidrógeno puede añadirse, catalíticamente, al doble enlace de un aceite para
convertirlo en una grasa semisólida. Por ejemplo, la semilla de soja líquida y otros
aceites vegetales son hidrogenados para producir grasas de cocina y margarina.
Los consumidores en Europa y Norte América
han considerado, históricamente, la mantequilla como una fuente de grasa. A medida que la
población de estos lugares ha aumentado, el interés por conseguir un sustituto de la
mantequilla se ha hecho patente, y los esfuerzos para preparar este producto empezaron
hace un siglo. Uno de los problemas iniciales fue que las grasas comunes provienen,
generalmente, de productos de origen animal con sabores demasiado pronunciados. La mayor
parte de los componentes análogos de los aceites vegetales, que eran suaves o tenían
sabores mezclados, eran, sin embargo, insaturados y, por lo tanto, aceites. Una grasa
sólida podía estar constituída por aceites vegetales mucho más baratos si se
descubría un método más económico para añadir hidrógeno a través de los dobles
enlaces. Después de extensos experimentos, se encontraron muchos catalizadores, de entre
los cuales el níquel dividido refinadamente es uno de los más efectivos.
Los aceites comunmente sujetos a este
proceso incluyen los que provienen de la semilla de algodón, del germen de trigo, del
coco, de la semilla de soja, del cacahuete, etc. Recientemente, al hacerse patente que las
grasas saturadas pueden desencadenar enfermedades del corazón y de las arterias, han
salido margarinas suaves al mercado.
Sin embargo, los ésteres de ácidos
carboxílicos di-orto-sustituidos (por ejemplo, el ácido 2,6-dimetilbenzoico) presentan
una dificultad para la hidrólisis y tienen que ser tratados según la técnica de Newman
que consiste en la disolución en ácido sulfúrico al 100% y la posterior adición
sobre un exceso de agua fría. Esta técnica no es conveniente para la hidrólisis de los
otros ésteres y se supone que implica la intervención del ión acilo resonante:

|
|