LOS GRANDES CENTROS CEREMONIALES Y SU FUNCIÓN

La inmensa mayoría de las zonas arqueológicas que hoy se contemplan a lo largo y a lo ancho de nuestro país, corresponde precisamente a los grandes centros ceremoniales de las civilizaciones mesoamericanas a los cuales no debemos confundir con ciudades comunes y corrientes.

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Pirámide del Sol, en Teotihuacan.

Por su magnitud y esplendor los centros ceremoniales como Teotihuacan, Montealbán, Chichén Itzá, Uxmal y muchos más, seguramente fueron construidos para el servicio de una población considerable.

Las ciudades del México indígena se planeaban en tres círculos concéntricos, el primero de ellos que se construyó con material imperecedero, era el centro ceremonial, en el cual no vivía la población común; un segundo círculo, alrededor del interior, también con material permanente, se destinaba para edificar las casas y palacios donde residían los sacerdotes y los gobernantes; en un círculo mayor y más alejado del centro ceremonial, la población ordinaria compuesta por labradores, artesanos y comerciantes; las habitaciones de este sector se construían con adobes y materiales perecederos, que al ser abandonados y con el paso del tiempo, desaparecieron.

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Tula, capital de los Toltecas.

Lo que se conserva en nuestros días son los centros ceremoniales, en los que se construyeron grandes plazas, basamentos piramidales con adoratorios, templos, palacios y casas de culto para servicios religiosos, conducidos por los sacerdotes.

Las funciones de gobierno, particularmente durante la llamada época clásica, se realizaban precisamente en el centro ceremonial. Además de las dos funciones ya mencionadas, los centros ceremoniales fueron utilizados para realizar en ellos las actividades comerciales, particularmente las que implicaban el intercambio de productos en gran escala.

 

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Chichén Itzá: Pirámide de Kukulkán.