
El Desierto
Un cielo intensamente azul cubre esta explanada sin límites, tierra caliente donde todo parece haber sido pintado en ocre.
El sur del estado, pasando Jiménez -llamado antes Guajoquilla- se convierte ya en zona semidesértica; aquí todavía crecen álamos; sin embargo, conforme avanza la recta carretera se entra paulatinamente a la zona desértica. Estos son los áridos caminos del Bolsón de Mapimí, donde caen menos de 250 mm de lluvia al año -pareciera mentira que hace millones de años el desierto fuera un mar-. Con tan poca lluvia, los habitantes requieren perforar pozos y así crían algo de ganado en los pastizales que resultan de su incansable empeño.
Siguiendo esta ruta se llega a Camargo -antes Santa Rosalía-, a un lado del camino corren las vías por donde pasa el Ferrocarril Mexicano del Norte. En Camargo está la Presa de La Boquilla, donde se practica la pesca; también hay manantiales azufrosos que tienen fama de curar las reumas; la población tiene calles agradables de ambiente colonial, de tal manera que el turismo no falta. Porvenir, Ojinaga y San Carlos, son cuarteles de guardias forestales y punto de encuentro de los ríos Conchos y Bravo. Aquí cruza una línea llamada Kansas City -México y Oriente- aunque nunca salió de Kansas ni llegó a México, conecta con otra y continúa hasta la Sierra Madre Occidental. En esta región se produce cera, obtenida de la planta silvestre candelilla. Es zona de contrastes pues habitan ejidatarios muy pobres junto con dueños de grandes extensiones ganaderas, que emplean a los primeros en sus haciendas como vaqueros o caporales. Maclovio Herrera es un lugar famoso por "los Dorados" de Villa, así como por sus minas de oro, plata y uranio; aún hoy es común buscar fortuna como gambusino. Coyame es uno de los pocos pueblos afortunados, pues recibe agua del río, y llegar a él es como entrar en un oasis.
Por todas partes se ven macizos de huizache, largoncillo y chamiso; hay gobernadoras, nopales, órganos y todo tipo de cactos. A lo lejos, con las ondas de aire caliente parecen dibujarse los cerros parduzcos. El viento hace danzar al polvo en espirales gigantescas que suben al cielo -la gente dice que dentro de éstas se esconde el diablo-, corren grandes bolas de espinas que por momentos son lo único que se mueve. Mirando con atención se pueden apreciar liebres, conejos, gallinitas silvestres y víboras.
Esta especie de parajes lunares se conocen como Sierra Seca, Sierra de los órganos, Llano de los Gigantes, Llano de los Caballos Mesteños. En algunos se hallan unas presitas que permiten desarrollar valles de pasto cañita, donde pasta ganado. En otros hay que acarrear el agua de muy lejos.
Sólo silencio y calor: casi no se ven personas, de repente, a la distancia, se divisan los caseríos plomizos donde habitan los hombres luchones que le sacan a esta reacia tierra lo que se deja. Cruzan a caballo las grandes extensiones, y los que pueden llevan alimento a sus animales a bordo de una troca; transportan el ganado para su venta en trailers; de lo contrario lo arrean a caballo como lo hacían antiguamente. En las rancherías que cuentan con pozo cultivan lo que es su alimento: maíz, chile, tomate verde, papa, zanahoria, frijol, haba y cebolla. Del desierto aprovechan la lechuguilla, de la que se extrae fibra para fabricar costales y reatas. Los zopilotes planean, siempre a la espera de algún cadáver de animal, por lo cual resultan eficaces limpiadores de la zona. Todos los días la temperatura pasa a los extremos: 10 grados bajo cero por las madrugadas, hasta 40 grados a la sombra durante la jornada. Por la noche, mientras el cielo se tapiza de estrellas, es posible ver venados, berrendos, pumas y coyotes, que aprovechando lo fresco, bajan a los aguajes a beber. Dentro de estos desiertos destaca Samalayuca, el desierto de dunas, médanos de arena con una superficie de 2000 km2, donde las ondas se mueven como olas de oro. Al norte, Casas Grandes, donde se produce el mejor sotol de Chihuahua; y más hacia la frontera, la zona arquelógica de Paquimé, con su mágica ciudad de adobe.
Los hombres del desierto, con la cara curtida por el sol y el viento, son serios y hoscos como su tierra; la mujer, amable, ofrece su mesa al viajero, con mantel a cuadros y trastos de peltre en los que sirve exquisito cocido de res con verduras, tortillas y salsa, y dulces de leche con pasas y miel.
Allá, en un rincón de la Sierra Madre Occidental, donde las montañas se desvanecen en el amarillo desierto apenas salpicado por roqueríos y huizaches, se atisba "la punta de la llanura".
Esta planicie nace en el camino a Parral. Hacia el oriente se encuentra Valle de Allende, hermoso pueblo rodeado de huertas de nogales, con el sabor añejo de antiguas casonas en las que es posible admirar desde sus terrazas los frondosos árboles cuyas copan sombrean los jardínes. Las casas aún conservan la romántica fineza del siglo XVIII en sus costumbres y su comida.
Paralelas a la gran sierra corren otras pequeñas, metidas en ellas está Balleja, Valle de los Olivos y Valle de Rosario, pueblos con antiguas misiones franciscanas, dedicadas a labores del campo. Al otro lado se extiende la amplitud de la llanura en enormes pastizales para la cría de ganado caballar. Ya desde aquí es posible ver la Hacienda de Santa Gertrudis -propiedad del ejército mexicano- , pues es donde empiezan las grandes haciendas ganaderas.
Los ejidatarios cultivan en las riberas del río San Pedro: Maíz, frijol, chile y trigo. De igual manera en Cusihuiriachi -que antes fue minero- se sostiene con tierras temporales. Siguiendo la misma ruta se llega a Santa Isabel, donde el agua baja desde la sierra y corre por sus campos. En otros lugares se riega mediante pozos artesianos, que requieren una gran inversión; sin embargo, esto se ve retribuido con buenas cosechas.
Por la carretera que va de la capital a Cuauhtémoc se aprecian, como un bello tapiz de distintas tonalidades, los interminables plantíos de trigo, avena, sorgo, alfalfa, soya y cacahuate. Estan tan bien sembrados y cuidados que las milpas semejan una perfecta formación de soldados verdes con cascos de plumas doradas.
Las huertos de manzanos se antojan infinitos; estos árboles son delicados y para su cuidado requieren de varios peones; si ocurre una helada colocan en medio de cada cuatro un calenton de diesel para mantenerlos a buena temperatura. Continuamente se desyerban y fumigan, la manzana que cae y se malluga pierde su calidad de exportación. Con el esfuerzo y disciplina de los trabajadores del norte se logra una roja y jugosa cosecha, que bien acomodada en gigantescos trailers, parte a surtir el país vecino.
En la cuenca de la laguna de Bustillos está acentada la gran industria celulosa de Chihuahua. Más alto se encuentra el Parque Nacional de Majalca, con sus bellos bosques que sirven de reserva natural para renos y venados cola blanca.
En una plataforma superior, más fría que la llanura, se halla Babícora, región ganadera -fué uno de los más grandes latifundios del Magnate Norteamericano Hearst- donde se aprecian en los extremos grandes corrales y se pueden ver pastando tranquilos, magníficos ejemplares de ganado Herford, Angus, Brangus, Carablancas y Charolais, que más tarde se convertirán en excelentes cortes de carnes que harán la delicia de propios y extraños en otras partes del mundo. Esta región también es pródiga en riquísimos quesos, entre los que destaca el menonita.
Más al norte se cultiva algodón de fibra larga, y siguiendo el cauce del río Santa María se encuentran los antiguos ejidos Nanijipa y Las Cruces. Ya camino a la frontera se aprecian otros ricos y productivos pastizales de ganado. En esta zona destaca también el río Santa Clara, que desemboca en la Laguna de Patos -en cuyos alrededores se practica la cacería-, y en Casas Grandes, que agota su decurso en el desierto.
Es en las ferias ganaderas, o en la de la manzana de Cuahtémoc, donde se puede ver a la gente de Chihuahua, fuerte, franca y trabajadora; de distintos grupos étnicos y religiones; se reúnen para ver con orgullo los productos que con ahínco le han arrancado a su tierra. Allí se come lo típico: carne inigualable, tortillas de harina, el queso que lleva el nombre del Estado, y deliciosos dulces.

Cañon de Santa Elena
El Cañon de Santa Elena fue decretado en 1994 como Área de Protección de Flora y Fauna. Situada en el municipio de Manuel Benavides, tiene una superfice de 277,209 hectáreas. Es un Area de matorral desértico, pastizal y bosque de pino-encino. Continuación natural del Big Bend National Park, será en un futuro cercano un sitio de gran interés ecológico y turístico.
El Parque Nacional "Boquillas del Carmen" es un área de reserva localizada en el Edo. de Coahuila, es otra continuación natural de esta área de protección.
Conoce sobre el taller de sobrevivencia en el Big Bend realizado en Mayo del '98, y como subsistir bajo condiciones de emergencia en esta área natural.

Hidrografía
Corresponde a las vertientes del Golfo de México, del Océano Pacífico y Continental.
A la primera pertenece el río Bravo del Norte que nos sirve de límite con Estados Unidos y sus afluentes, de los cuales el Conchos es el más importante, siendo riachuelos todos los demás.
A la segunda pertenecen los ríos Papigochi y del Castillo que van a engrosar la corriente del Yaqui; los ríos de Moris y Agua Caliente que forman el Mayo; los de Chínipas, Urique, Batopilas y San Ignacio que constituyen la corriente del Fuerte y el de Pentatlán que forma el río Sinaloa.
Los ríos de la Vertiente Continental son el de Casas Grandes que desagua en la Laguna de Guzmán; el de Santa María en la Laguna de su nombre; y el del Carmen en la Laguna de Patos. Además existen las lagunas de Encinillas, Bustillos, Mexicanos, Chávez o Babícora, Palomas y otras de menor importancia que son termino de otras corrientes fluviales.