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En enero de 1897, el francés
Gabriel Beyre hizo las primeras demostraciones públicas
del cinematógrafo de los hermanos Lumière.
Al poco tiempo rodó la primera película
breve, Simulacro de incendio. En los años siguientes
destacaron los pioneros Enrique Díaz Quesada,
autor de reportajes, como el del Parque del palatino
o de La Habana en agosto, cortos de ficción,
como Juan José, y, por último, en 1913,
del primer largometraje cubano: Manuel García,
rey de los campos de Cuba. Sin embargo, la falta de
infraestructura industrial era absoluta y los pocos
que como Ramón Peón intentaron levantar
una producción autóctona se vieron obligados
a emigrar (en su caso a México).
En 1930 se rodó la última
producción muda, El caballero del mar, de Jaime
Gallardo, y la primera sonora, La serpiente roja, de
Ernesto Caparrós. En los años siguientes,
se consiguió estabilizar la producción
en unos cinco largometrajes anuales, la mayoría
musicales o melodramas sin demasiado valor artístico.
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