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Fecha
del Comentario 06-05-2005
Género:
Drama / Romántica / Bélica / Acción |
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Orlando Bloom .... Balian of Ibelin |
Drama
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El
Reino de los Cielos es una aventura épica acerca de un
hombre común que se encuentra empujado en medio de una
guerra de varias décadas. Es un extraño en una tierra
extraña que sirve a un rey condenado. Además se enamora
de una reina exótica y prohibida y logra alcanzar el título
de caballero. Debe proteger a los habitantes de Jerusalén
de fuerzas implacables al mismo tiempo que se esfuerza
por conseguir una débil paz.
Si
las reconstrucciones historias tienen una deuda
ineludible es, desde luego, una bien grande con el rigor
histórico. Todo acercamiento a capítulos pasados merece
rigor, seriedad y precaución. La propuesta que nos trae
Ridley Scott es una de las etapas más fascinantes del
siglo XII, Las Cruzadas. El problema es que en nuestro
tiempo de la Guerra de Civilizaciones resulta una
propuesta arriesgada y un tema controvertido. Parece ser
que el amigo Scott es uno de esos bien pensados que
abogan por una alianza de dichas civilizaciones, en España
nos suena de algo el término, un idealista de la memez
que alienta una América y una Europa plagadas de
mezquitas, mientras los cristianos son perseguidos, junto
con otras confesiones, en los países musulmanes. A
muchos de nosotros ya nos resulta más que indignante que
nos cuenten la misma película una y otra vez, que nos
digan que el velo es un rasgo de su cultura, que el papel
de la mujer está bien considerado en el Islam y todas
esas cosas. Puede que nuestro mundo occidental no sea
perfecto, desde luego que no, pero la democracia, la
libertad y todas esas palabras bonitas de las que
disfrutamos en Europa y Estados Unidos no existen en los
países musulmanes. Por todo esto resulta tan irrisoria
la aventura que nos narra Ridley Scott, por estúpida,
falsaria y completamente inexacta desde el punto de vista
histórico. En un mundo en el que terroristas suicidas
estrellan aviones y hacen estallar dinamita alrededor de
sus cuerpos, resulta hiriente la desfachatez de presentar
a un Saladino reconvertido en embajador de buenas
intenciones, de tachar a los Cruzados y Templarios de
genocidas sin piedad y de contarnos la milonga de que la
religión no importa. El ridículo llega al extremo con
el epílogo de la cinta, una frase lapidaria carente de
toda utilidad. No se puede hacer una reconstrucción del
siglo XII con ideas, pensamientos y condicionantes del
siglo XXI.
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