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La
última aventura de Indiana Jones empieza en el desierto
del suroeste Estados Unidos en 1957, en plena Guerra
Fría. Indy y su amigo Mac acabar de escapar por los
pelos de las garras de unos infames agentes soviéticos
en un remoto aeropuerto.
El profesor Jones regresa a casa y se entera de que las
cosas van de mal en peor. Su mejor amigo, el decano de la
Universidad, le dice que muchos sospechan de las últimas
actuaciones de Indy y que el gobierno presiona a la
Universidad para que le despidan. Indiana, a punto de
irse, conoce a un joven rebelde llamado Mutt, que le
propone un trato. Si el arqueólogo le ayuda a resolver
un problema personal, podría hacer uno de los
descubrimientos más espectaculares de la historia; se
trata de la Calavera de Cristal de Akator, un objeto
legendario que despierta la fascinación, la
superstición y el miedo.
Indy y Mutt viajan al rincón más perdido de Perú,
tierra de antiguas tumbas, exploradores olvidados y
rumores de una ciudad de oro. Pero no tardan en descubrir
que no están solos; los agentes soviéticos también
quieren apoderarse de la Calavera de Cristal. Los
miembros de una unidad militar de élite, dirigidos por
la fría, calculadora y letalmente bella Irina Spalko,
quieren apoderarse de la Calavera, convencidos de que
ayudará a los soviéticos a dominar el mundo... si
consiguen descifrar su secreto.
Indy y Mutt deberán despistar a los despiadados
soviéticos, seguir la pista de un misterio insondable,
sortear a enemigos y amigos dudosos y, sobre todo,
impedir que la Calavera de Cristal caiga en las manos
equivocadas.
Veinte
años no son nada, eso opinará mucha gente, pero para
alguien de 25 es toda una vida. Indiana Jones es un icono
fundamental en el mundo del cine y representa la mejor
tradición del cine de aventuras, pero para los que
fuimos niños en los 80 también es el protagonista de
una buena parte de nuestra infancia cinéfila. De ahí el
interés que ha suscitado entre este colectivo la nueva
aventura del arqueólogo más intrépido del mundo.
También en la ficción han pasado 20 años, nos
encontramos en los años 50, los nazis han pasado a la
historia y el nuevo enemigo lo encontramos en los rusos
comunistas. Aquí, en plena Guerra Fría, es donde se
desarrolla la nueva aventura del Dr. Jones. Por supuesto
las reglas han cambiado, el mundo es un poco más
pequeño y ya quedan menos secretos por descubrir.
Estamos en la era atómica, algo que queda plasmado en la
mejor escena de la cinta, la prueba nuclear de la que
Jones escapa por los pelos.
Si exceptuamos el desenlace, la trama es una aventura
clásica en toda regla, con ídolo, maldición, ciudad
perdida en la selva
ingredientes que nos
proporcionan un entretenido y vistoso espectáculo,
manufacturado con toda la profesionalidad de que son
capaces Lucas y Spielberg. El resultado es un film muy
entretenido, una película para pasar un buen rato y
disfrutar del personaje (impecable Harrison Ford), pero
que se queda a medio camino del resto de títulos de la
saga; veinte años parecen ser demasiados para que esta
aventura termine siendo una continuación con toda la
esencia de los film estrenados en los 80. En ocasiones
parece más un producto que busca sucesor para próximas
películas que una mera continuación; esa escena de Shia
LaBeouf intentando heredar el sombrero habla por sí sola.
Se echa de menos la esencia original de Indiana Jones, a
Sean Connery, y una aventura menos extraplanetaria. Aun
hoy sigue bastando con los secretos de nuestro planeta,
no hace falta buscar en las estrellas cuando se trata de
arqueología.
Manuel
Castro 7,5 / 10 |
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