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Fecha
del Comentario 21-02-2005
Género:
Drama / Bélica |
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Bruno Ganz .... Adolf Hitler |
Drama
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Berlín,
abril de 1945. Una nación está a punto de sufrir su
hundimiento. Una encarnizada batalla se libra en las
calles de la capital. Hitler y su círculo de confianza
se han atrincherado en el búnker del Führer. Entre
ellos se encuentra Traudl Junge, secretaria personal de
Hitler. En el exterior, la situación se recrudece. A
pesar de que Berlín ya no puede resistir más, el Führer
se niega a abandonar la ciudad. Mientras el sangriento
peso de la guerra cae sobre sus últimos defensores,
Hitler prepara su despedida final. Horas antes de
suicidarse juntos, él y Eva Braun contraen matrimonio.
Sus cadáveres deben ser incinerados para que no caigan
en manos del enemigo. Muchos otros optan por el suicidio.
Cuando la situación se hace insostenible, Magda Goebbels
envenena a sus seis hijos y seguidamente su esposo y ella
se quitan la vida. Poco después, Traudl Junge y otros
supervivientes consiguen escapar en el último momento...
La historia Una fría noche de noviembre de 1942, ya
entrada la madrugada, un grupo de mujeres jóvenes es
escoltado a través del bosque por oficiales de las SS en
dirección a "la guarida del lobo", el cuartel
general de Hitler en Prusia Oriental. Son candidatas al
puesto de secretaria personal del Führer. Entre ellas se
encuentra Traudl Junge (Alexandra Maria Lara), una joven
de veintidós años procedente de Munich. Las mujeres son
conducidas a la sala adyacente a la oficina privada de
Hitler. Están ansiosas por dar una buena imagen. La
puerta de la oficina se abre y Adolf Hitler (Bruno Ganz)
entra en la sala. Las mujeres se ponen en pie y el Führer
las saluda, una a una, estrechándoles la mano y preguntándoles
de dónde son. Traudl resulta ser la elegida para el
puesto y no cabe en sí de la alegría al pensar que va a
servir a su Führer. BERLÍN, 20 DE ABRIL DE 1945: Hitler
se ha retirado al sistema de búnkers que se encuentra
bajo la cancillería alemana. Traudl Junge duerme en su
habitación, a gran profundidad bajo tierra, cuando el
temblor del fuego de artillería la despierta. El enemigo
se acerca. El ejército ruso está estrechando el cerco
sobre Berlín. La capital está reducida a escombros. La
derrota de Alemania es inevitable. Sólo unos cuantos
soldados siguen luchando en las calles ayudados por las
milicias populares Volkssturm y los niños de las
Juventudes Hitlerianas. Uno de ellos, Peter (Donevan
Gunia), de trece años, ha logrado destruir con éxito
dos tanques rusos. Su padre (Karl Kranzkowski),
claramente turbado por la visión de su hijo manejando un
lanzacohetes, le suplica que deje el arma y regrese a
casa. El chico se niega y su padre avisa al pequeño
grupo de milicianos de que todo está perdido y que en
pocos días estarán todos muertos. Mientras, en el búnker
de Hitler, su amante, Eva Braun (Juliane Köhler), está
preparando la celebración del 56 aniversario del Führer.
Los dirigentes del régimen nazi se reúnen, por última
vez, ante una copa de champagne. Entre ellos se encuentra
el ministro del Interior, Heinrich Himmler (Ulrich
Noethen), que le pide a Hitler que abandone Berlín para
refugiarse en un lugar más seguro. Hitler se niega, no
piensa abandonar la ciudad. El segundo de Himmler es
Herman Fegelein (Thomas Krestchmann), marido de la
hermana a la que Eva adora. Fegelein pide a su cuñada
que convenza a Hitler de que abandone Berlín, ya que es
cuestión de días que los aliados lleguen a la cancillería.
Mientras la ciudad arde sobre sus cabezas, Hitler y su
ministro de Propaganda, Josef Goebbels (Ulrich Matthes)
siguen esperando una victoria final. Hitler ordena a lo
que queda de su ejército que regrese a Berlín. Sus
generales no sólo no contravienen sus órdenes, sino que
hacen todo lo posible por cumplirlas. Hitler dice a
Albert Speer (Heino Ferch), ministro de Armamento y
consejero personal suyo, que, una vez Alemania haya
ganado la guerra, el bombardeo de las ciudades facilitaría
la recogida de los escombros y el comienzo de la
reconstrucción. Speer también le pide que abandone la
capital para salvarse a sí mismo, a la ciudad y a sus
habitantes de la destrucción. Hitler le responde que o
gana en Berlín o afrontará su derrota. En este último
caso, ordena a Speer que destruya toda Alemania y que no
deje al enemigo más que "tierra quemada". La
lucha es encarnizada en cada esquina de Berlín. El Ejército
Rojo está cada vez más cerca. Los escuadrones de la
muerte de las SS deambulan ejecutando a cualquier
sospechoso de haberse rendido. La última de las fuerzas
alemanas se retira de la capital llevándose con ella los
alimentos y suministros que quedaban. Un médico del ejército,
el doctor Schenck (Christian Berkel), se niega a
abandonar la ciudad y se queda para ayudar a la población
en la medida de sus posibilidades. Se dirige a lo que
queda de un hospital y allí colabora con el doctor
Werner Haase (Matthias Habich), uno de los médicos
personales de Hitler, atendiendo a los heridos. Al darse
cuenta de que el final está cerca, Goebbels trae a su
mujer, Magda (Corinna Harfouch), y a sus seis pequeños
hijos al búnker. Traudl se alegra de la llegada de los
niños, pues para ella son la prueba viviente de que no
todo está perdido, de que hay motivos para la esperanza.
Ella y Eva abandonan la fría y lúgubre oscuridad del búnker
para ir a dar un paseo y tomar el aire por los jardines
de la cancillería. Como si todo fuera normal, deambulan
por entre las esculturas y fuman. Las bombas rusas las
obligan a dejar su paseo y regresar al búnker. Cuando
Hitler tiene noticia de que Himmler está intentando
pactar una rendición con los estadounidenses, ordena que
lo arresten. Luego exige ver a Fegelein, el ayudante de
Himmler. Pero nadie consigue encontrarlo en el búnker.
Hitler ordena que encuentren al joven y lo ejecuten. Eva
Braun le suplica que no mate a su cuñado, pero Hitler no
escucha sus ruegos. Más tarde encuentran a Fegelein
borracho en la cama de una prostituta. Lo arrastran al
jardín y, en el último instante, al darse cuenta de la
suerte que le espera, Fegelein se pone derecho, se
abrocha el uniforme y hace el saludo nazi. En su última
aparición pública, Hitler sale del búnker a los
jardines de la cancillería. Fuera le espera un grupo de
niños (lo que quedaba del que fuera su poderoso ejército),
a los que condecora con medallas por su servicio militar
al Reich. Entre ellos se encuentra el joven Peter. El 29
de abril, los rusos llegan al centro de Berlín. Nadie
puede negar que la guerra está perdida, ni tan siquiera
Peter, el niño soldado. Peter corre a su casa y descubre
que sus padres han sido asesinados por un escuadrón de
la muerte de las SS. Los soldados del búnker están
bebiendo e intercambiando ideas sobre la mejor forma de
suicidarse. Hitler, solo en su habitación, observa el
retrato de su héroe, Federico II, y planea las últimas
fases del hundimiento. Aquella noche, Hitler dicta su
testamento a Traudl y luego se casa con Eva (con Goebbels
y Boorman de testigos). A continuación habla
tranquilamente del suicidio con su médico para
asegurarse de que no será capturado con vida. Luego le
pide a su ayudante personal, Otto (Götz Otto), que
posteriormente queme su cadáver. Albert Speer viene a
despedirse del Führer. Antes de abandonar el búnker,
Speer ruega a frau Goebbels que huya con sus hijos. Pero
ella le contesta que no quiere que sus hijos vivan en un
mundo sin nacionalsocialismo. Al día siguiente, Hitler
reúne a su personal para la despedida final. Entrega a
Magda Goebbels una medalla a la madre más valiente. Da
las gracias por la deliciosa comida y se despide de
Traudl y de sus compañeras. Hitler y su esposa se
retiran entonces a sus estancias privadas. Se oye un
disparo, prácticamente ahogado por el ruido del fuego de
artillería. Otto y sus subordinados cumplen la última
voluntad de Hitler y queman los cadáveres en una zanja
sobre el búnker...
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Abril
de 1945. El III Reich está a punto de derruirse ante el
aplastante avance del Ejército Rojo. Las faraónicas
construcciones del régimen nazi han sido reducidas a
escombros y sus majestuosas demostraciones de fuerza son
solo recuerdos dentro de las estériles paredes del búnker
que acoge, en el sótano de la cancillería, a toda la cúpula
nacional socialista. Hitler es un hombre derrotado y
enfermo, incapaz de afrontar un final inminente y
definitivo. La meticulosa reconstrucción de estos últimos
días, los que van del 20 al 30 de abril de 1945, es un
reflejo dramático del final de un régimen ominoso que
Oliver Hirschbiegel ha sabido captar de forma contundente.
Bruno Ganz nos ofrece una impactante interpretación del
Führer, sin duda la mejor de la película, y nos muestra
un acercamiento al dictador que nunca antes habíamos
contemplado. Próximo a la locura, Hitler se consuela con
operaciones militares imposibles que frenen el avance
soviético, solo sus más fieles colaboradores cumplen
sus ordenes sin lugar a dudas, mientras el resto de la cúpula
militar es consciente de la cruda realidad. Las horas del
III Reich están contadas y Hitler ha sellado su destino
y el del pueblo alemán, asentado en su creencia de que
Alemania no merecía sobrevivir por no haber conseguido
cumplir su misión. En un clima de tensión creciente la
claustrofobia invade las estancias del búnker, mientras
todos los personajes afrontan su destino. Dramática,
cruda y valiente, la película de Hirschbiegel era
necesaria cuando se cumplen 60 años del final de la
locura nazi.
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