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Stendhal y Napoleón            

 

Henri Beyle, Stendhal, inmenso novelista. mantuvo su admiración por Napoleón durante toda su vida. Oficial del Gran Ejército, vivió experiencias como la retirada de Rusia en el invierno de 1812. Conozcamos alguno de sus puntos de vista:

 

"Escribo esta historia tal como hubiera querido encontrarla escrita por otro, el talento exceptuado. Mi propósito es dar a conocer a este hombre extraordinario, a quien yo amaba vivo y a quien estimo ahora con todo el desprecio que me inspira lo que ha venido detrás de él... Vi por vez primera al general Bonaparte dos días después de su paso por el Monte San Bernardo: estaba en el fuerte de Bard -¡hace treinta y siete años, lector mío! Ocho días después de la batalla de Marengo, estuve en su palco de la Scala -gran teatro de Milán- para dar cuenta de medidas relacionadas con la ocupación de la ciudadela de Arona. Presencié la entrada de Napoleón en Berlín, en 1806; en Moscu, el 1812; en Silesia, el 1813. Tuve ocasión de verle en todas estas épocas. Este gran hombre me ha dirigido la palabra, por primera vez, en una visita al Kremlin. En Silesia, durante la campaña de 1813, fuí honrado con una larga conversación. Finalmente, me ha dado de viva voz instrucciones detalladas, cuando fuí a Grenoble con una misión en compañía del Conde de Saint-Vallier. Así, puedo burlarme tranquilamente de muchas mentiras..."

Sthendal. Vida de Napoleón

 

Fabricio tiene conocimiento de la fuga de Napoleón de Elba y de su travesía en el Inconstante:

"...Fuí yo el primero que descubrí a lo lejos el barco que llegaba de Como, trayéndonos tan grande noticia. Mientras yo estaba contemplando aquel barco, sin pensar en el Emperador y sí únicamente en los que tienen la buena suerte de poder viajar, de pronto me acometió profunda emoción. El barco tomó tierra, el agente habló en voz baja con mi padre, quién mudó el color, y nos tomó parte para anunciarnos la terrible noticia. Yo me volví hacia el lago, sin otro motivo que el de ocultar las  lágrimas de alegría de que estaban mis ojos inundados. De pronto, a inmensa altura, y a mi derecha, ví un águila, el ave de Napoleón; volaba majestuosamente dirigiéndose hacia Suiza, y por consiguiente, hacia París. Y yo tambien, me dije al instante, cruzaré Suiza con la rapidez del águila e iré a ofrecer a aquel hombre, muy poco, pero en fin, todo cuanto puedo ofrecerle, la ayuda de mi débil brazo. El quiso darnos una patria y amó a mi tío. En un momento, mientras estaba viendo el águila todavía, se me secaron los ojos; y la prueba de que aquella idea me vino del cielo, fué que en el mismo instante, sin discutirla, tomé mi resolución y vi claramente la manera de ejecutar este viaje. En un abrir y cerrar de ojos, todas las tristezas que, como tú sabes, emponzoñaban mi vida, sobre todos los domingos, desaparecieron como si las arrebatara un soplo divino. Vi aquella magna imagen de Italia volver a levantarse del lodo en que los alemanes la tienen hundida; tendía sus brazos magullados y cargados aun de cadenas hacia su rey y liberador. Y yo, me dijo, hijo todavía desconocido de esa madre desgraciada, partiré, iré a morir o a vencer con aquel hombre señalado por el destino, y que quiso lavarnos del desprecio que nos arrojan hasta los más esclavos mas viles de Europa."

Sthendal.      La Cartuja de Parma.

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