LEGITIMIDAD DE NAPOLEON                                                                   

 

 A  comiezos del siglo, Francia era un magnífico espectáculo para las naciones. Un hombre la llenaba entonces y la hacía tan grande que Francia llenaba toda Europa. Este hombre, salido de la sombra, hijo de un pobre hidalgo, producto de dos repúblicas: por su familia, de la República de Florencia; por sí mismo, de la República Francesa, había llegado en pocos años a la realeza más alta que quizá nunca ha asombrado a la historia. Era príncipe por el genio,  por el destino y por las acciones. Todo en él indicaba al propietario legítimo de un poder providencial. Tenía para ello las tres condiciones supremas: la ascensión, la aclamación y la consagración suprema: una revolución le había alumbrado, un pueblo le había escogido, un Papa le había coronado.        

 

Víctor Hugo. (Discurso en la Academia Francesa, 3 de Junio de 1841)

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