Cali Agosto 13 de 2001
BORIS Y ANA UNA PARTIDA DE AMOR
Por Emilio Fernandez de Soto -
Centro de Prensa.
Cali. El viernes último cuando llegó a la ceremonia de inauguración de éste Continental Absoluto, mas de uno lo confundió con un rabino por el kippa que lucia. Se ubicó en la primera fila y sonrió cuando el presentador oficial del evento hizo mención del palmares del gobernador del Valle del Cauca Germán Villegas Villegas, a quien enfrentaría en la partida simbólica. se retiró del recinto de cermónias en el mismo silencio en que llegó. Unos minutos más tarde el salvadoreño Jorge Vega, el secretario de la confederación de ajedrez de las américas y quien también oficia como árbitro principal del certamen, se refirió otra vez a el, cuando anunció que no diligenciaría la planilla de juego por que su credo religioso no se lo permitía
En la noche, al término de la primera ronda le gano en 17 jugadas al colombiano Freddy Diaz y calificó este juego como el más inusual de su carrera deportiva.
Este lunes, hizo tablas con el GM Argentino Pablo Zarnicki y después en el centro de Prensa, nos narró casi con timidez, su historia de amor y rebeldía. Una historia que se escenifica en la plaza de Arbat, que está en el centro de Moscú, entre 1979 y 1986 y que tiene como actores centrales a Boris Gulko de 39 años y Ana Aklisharumova de 19 quienes están unidos por el amor y el ajedrez.
Dos decadas después en este hotel y en medio de tablero, fichas y relojes, Boris Gulko, el "patriarca del ajedrez", evoca, con un poco de nostalgia, los sucesos de aquella época.
A mi esposa la conocí durante un torneo de ajedrez, ella era campeona de la Union Soviética y yo también, Ana tenia entonces 19 años. Nos enamoramos y nos casamos y en 1979 le pedimos permiso a las autoridades de mi país para emigrar. Nos negaron la solicitud y allí comenzó nuestra rebeldía.
Con carteles que decian: "Nos queremos ir" salimos a la calle y nos detuvieron; luego nos dejaron en libertad y volvimos a salir. La gente nos sonreía pero nada mas. Tres años después volvimos a la calle y otra vez nos apresaron, pero en ésta ocasión la presión internacional de los ajedrecistas del mundo, nos devolvió la libertad.
Ana y yo acordamos en abril de 1986 hacer una huelga de hambre y el 8 de mayo de ese mismo año, las autoridades Soviéticas, nos dieron el permiso para abandonar el país. Algunos comentaron que nosotros éramos "el Romeo y Julieta del ajedrez" y creo que tenían mucha razón.
No le niego que siempre tuvimos temor de ir por siempre a prisión, pero pudo mas nuestro amor y nuestro deseo de salir.
Cuando abandonamos la Unión Soviética nos fuimos a Israel; allí vivimos unos años y después viajamos a los Estados Unido. Nos naturalizamos y seguimos jugando por todo el mundo y agradeciendo a todos nuestros amigos del ajedrez nuestra "eterna libertad".
Camina lentamente al abandonar el centro de prensa; no tiene prisa porque Ana, su "eterna" novia... siempre está a la espera de éste "patriarca del ajedrez".