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Tomado de: Boletín Cultural y Bibliográfico. Número
46. Volumen XXXIV - 1997 - editado en 1998,
Banco de la República
Exportaciones no tradicionales en Nueva Granada.
El caso del gigante Cano (1792)
La historiografía
ha recogido con entusiasmo la preocupación "científica" de
los ilustrados
gobernantes
y funcionarios españoles del último tercio del siglo XVIII.
La notoria curiosidad
por el conocimiento no estuvo, sin embargo, exenta de frivolidad,
donde la obsecuente
intención de satisfacer los deseos reales abrieron caminos a la
arbitrariedad
e inclusive al aventurerismo.
En el plano de
las artes la academia expresa un testimonio cabal del "despotismo ilustrado"
donde lo despótico
primó sobre lo ilustrado y los proyectos de la catedral de Popayán
o el
palacio de los
virreyes de Santafé de Bogotá se frustraron en la burocracia
y la intolerancia
cortesana.
El caso que vamos
a abordar hoy es más elocuente en lo que significaba para los
funcionarios
de la corona la vida de sus súbditos, que podía llegar en
casos especiales a ser
un objeto de
simple curiosidad y trapicheo, eso sí, envuelto con una supuesta
preocupación
"científica".
Por la documentación
que se conserva en el Archivo General de Simancas, en España,
sabemos que
en febrero de 1792 el virrey de Nueva Granada, Ezpeleta, se había
enterado
de que en la
parroquia de Guadalupe "había un mozo de pocos años llamado
Pedro Antonio
Cano, de gran
estatura".
La curiosidad
del virrey motivó que ordenara al corregidor de Vélez "que
procuraran reducirlo
a venir a esta
capital a verse conmigo". La utilización del término "reducirlo"
implica algo
más que
mera negociación y convencimiento por persuasión.
Cuando los indígenas
fueron desarraigados y se formaron las "reducciones", ellas procedían
de la idea compulsiva
de "reducirlos a policía"; es decir, a control y, por ende, a "polis"
(ciudad o pueblo).
Al parecer, el
corregidor de Vélez "le hizo esta insinuación que surtió
el deseado efecto" y,
hallándose
el virrey en Zipaquirá, "se me presentó el referido Cano
cuya estatura resultó ser
mayor de lo
que se había dicho, pues en la edad de 21 años medido descalzo,
se halló tener
7 pies, 5 pulgadas,
3 líneas de Burgos, siendo por otra parte de buena proporción
y
agradable fisonomía".
Pedro Antonio
Cano mediría entonces el equivalente de 2,27 metros aproximadamente,
mientras que
su hermano Miguel Antonio "que parece le domina y sigue en su compañía"
medía
solamente 1,90 metros.
El virrey comentó
que el rey "tendría mucho gusto en ver a ese mozo, que puede llamarse
gigante" y decidió
enviarlo a España al cuidado del capitán de la compañía
de Caballería de
Guardia don
Veremundo Ramírez de Arellano.
El traslado del
pobre mozo, configurado ya en un objeto de curiosidad, no se hizo sin algún
resguardo que
demuestre la fina delicadeza de nuestras autoridades coloniales. Por un
lado,
lo dejaron ir
con su hermano, agregaron al séquito de exportaciones no tradicionales
un
"hermoso y raro"
loro amarillo que se destinaba (sin segundas intenciones) a la reina y
finalmente se
decidió compensar a la familia del gigante.
Los Canos eran
diez hermanos, y Pedro Antonio, el penúltimo de ellos, se dedicaba
a la
agricultura.
Preocupado el virrey por la familia, solicita al rey y a su "natural generosidad"
se
le paguen cuatro
reales diarios, "para compensarles con este auxilio el natural sentimiento
que habían
tenido de desprenderse de su hijo".
No se trata de
una "compra" del gigante, sino simplemente de arriendo, mientras Su
Majestad tomaba
conocimiento de este singular producto americano. Es más: se entendía
que, en caso
de que Pedro Antonio Cano quisiera quedarse en España (o el rey
así lo
dispusiese),
"sería preciso traer a su familia para que aquél nunca desee
volver a su país".
Demás
está decir que la presencia del gigante en Europa ayudaría
a alimentar aquellas
versiones que
desde el abate Pauw, Raynal y Robertson insistían en presentar nuestro
continente como
una fábrica de monstruosidades.
La parte "científica"
que prepara el virrey Ezpeleta para la presentación en sociedad
del
joven Cano está
integrada por un retrato, "que aunque no esté exacto en cuanto a
la
fisonomía,
por no haber aquí pintores acostumbrados a este ejercicio lo está
respecto a las
medidas sin
disculpar un punto". También se acompañaba una "relación
abreviada" que
transcribimos
y que acompaña al retrato.
Al rey le pareció
muy adecuada la iniciativa del virrey, que le permitiría conocer
"un vasallo
suyo de talla
tan prócer", y no menos interesado estuvo en el "hermoso loro",
al cual "no
podría
dársele más noble y correspondiente destino que el de ofrecerse
a la Soberana de los
mismos dominios
que presentan tan varias y singulares producciones".
El gigante y
el loro cubrían así el imaginario exótico de la Nueva
Granada en la "ilustrada"
concepción
de nuestro paternalista monarca.
Gigante y loro
embarcaron en Cartagena en la fragata de guerra Santa Águeda, que
comandaba Juan
Antonio Gartel, quien para hacer méritos ante virrey y rey donó
los costos
de alimentación
y traslado de los hermanos Cano, del capitán Ramírez de Arellano
y,
obviamente,
del loro.
El 16 de julio
de 1792, nuestro gigante llegará a Cádiz con el "loro amarillo
y encarnado",
mientras Ramírez
de Arellano tomó las providencias para que vistiesen adecuadamente
a
ambos hermanos
y esperaba el coche para trasladarlos a Madrid.
Sabemos que en
octubre de 1792, probablemente en el tercer centenario del
descubrimiento
de América, el rey tuvo el impactante episodio del "encuentro de
dos
mundos" cuando
Pedro Antonio Cano lo visitó en el palacio de San Ildefonso. Sabemos
que
todo fue con
"su real agrado", por lo que deducimos que nuestro gigantesco embajador
no
hizo ni historias
ni reclamos. Desconocemos si la reina se sintió conmovida por el
loro
amarillo y si,
como muestra de condescendencia, nos devolvieron el gigante.
Lo que sí
parece haber tenido mejor trámite fue la "compensación" a
los padres por aquel
"natural sentimiento"
que se solía tener en estas tierras entre padres e hijos. Aquellas
dos
ausencias fueron
recompensadas, por la generosa decisión del virrey, con cuatro reales
diarios, la
mitad de lo que percibía un artesano calificado en aquella época...
Desde entonces
los términos de intercambio no nos favorecen; la pérdida
de dos
americanos agigantados
para regocijar el inquieto e "ilustrado" espíritu de la corte no
parece
adecuadamente
compensado. Encima, el loro fue de ñapa.
RAMÓN GUTIÉRREZ
Relación
abreviada que acompaña al retrato del gigante de Guadalupe de la
provincia
de Vélez en el Nuevo Reino de Granada
Suele no ser
muy raro en todas las regiones del Mundo, y en todos los siglos ver renovado
de tiempo
en tiempo el agradable espectaculo de algunos hombres de extraordinaria
estatura
que desvanecen las dudas acerca de la existencia de los gigantes sobre
la tierra,
sin la necesidad
de recurrir a interpretaciones violentas para torcer a otros sentidos
voluntarios,
y aun demasiadamente impropios, las expresiones literales de las sagradas
escrituras.
En la Historia de la Conquista de este Reino se refiere que en las batallas
de
Opón
en la Provincia de Velez mataron los Conquistadores algunos Gigantes retirados
por
los Indios
antes que la curiosidad de los nuestros pudiera informarse de su verdadera
medida para
trasmitir a la posteridad el autentico testimonio de tan curiosa noticia,
que
por acá
no tiene mas apoyo que el unanime consentimiento del pequeño exercito
del
General Quezada.
Mas equivocas
son las pruebas que pretenden deducir los Naturalistas y curiosos de los
huesos de
extraordinaria magnitud hallados aqui, a imitacion de los de otras regiones,
en
los campos
que llaman de los Gigantes en la Provincia de Neyba, y a una legua de esta
Capital,
cuyos fragmentos se han llevado a España en distintas ocasiones.
Su actual
estructura
incompleta no permite los recursos que suministra la osteologia para descubrir
la verdadera
forma de los huesos humanos; quando por otra parte sus desproporcionadas
dimensiones
confirman mas bien pertenecer a otros cuerpos de animales que a hombres
incomparablemente
mas altos que Goliat; y aun tal vez mayores que Og, el unico que
sobrevivió
a toda la raza de los Gigantes antiguos.
En la misma
Provincia de Velez se ha dexado ver en dichos dias el Joven Campesino Pedro
Antonio Cano,
natural de la Parroquia de Guadalupe, cuya estatura merece ser mencionada
en la lista
de los Gigantes de nuestro Siglo. Su edad de veinte y un años promete
todavia
algun aumento
en longitud, para que no la disminuya en la apariencia de regular
enbarnecimiento
que debe adquirir con la edad. La presente no la ha sacado de la regular
estatura
de sus Padres casi igual a la de sus hermanos segun la relacion del que
le viene
acompañando,
y a quien excede dicho Gigante en un pie 3. pulgadas 4 y un tercio lineas.
Es el penúltimo
de sus diez Hermanos, y se ha criado sano y medianamente robusto en el
exercicio
y labores del Campo; cuya ocupacion mas ordinaria del azadón en
sus comunes
tareas unida
al cansancio de su corpulencia por el frecuente agobiamiento del cuerpo
le
han hecho
perder todo aquel aire y gentileza de mejor educacion y exercicio.
Haviendolo
medido con todas las precauciones necesarias se há hallado su altura
de 7, pies
5, pulgadas
3, lineas medida castellana, y la de su hermano 6, pies 1, pulgada 10 dos
tercios.
Todas las medidas particulares tomadas para la formacion del retrato manifiestan
que su crecimiento,
advertido por sus Padres desde los quince años en adelante, no ha
sido proporcional
a todas las partes de su cuerpo, ni correspondiente a las comunes
estaturas
de la mejor ni aun de la mediana proporcion: pues se nota desde luego la
desproporcion
de los extremos inferiores comparados con la longitud del medio cuerpo
hasta la
coronilla; aunque por otra parte sus brazos y manos corresponden mejor
a sus
piernas y
pies.
Tampoco era
razon perder la oportunidad de comparar el peso de nuestro Gigante con
las
proporciones
señaladas por el exacto y elocuente Naturalista el Conde de Buffon
segun las
estaturas
posibles, y los diversos estados de gordura. En efecto se ha encontrado
tan
justo el
peso proporcional, que admira el tino conque ha sabido fixar sus proporciones
en la
historia
del hombre; porque haviendo señalado el peso de 220. libras por
primer termino
entre los
mas proximos limites de flaco y grueso en el cuerpo de 6. pies medida de
París;
siendo justamente
este el termino que más conviene a nuestro Gigante con exclusion
de
los tres
restantes grueso, muy grueso, y demasiadamente grueso; le corresponde por
el
calculo el
peso de 233 y tres cuartos libras del peso total de 9. arrobas y 11. libras
que se
han regulado
por la ropa precisa y muy ligera conque entró al peso.
Santafé
19 febrero de 1792.
Nota:
Que los anchos
que se expresan de la pantorrilla, muñeca, etc. se han tomado por
medio
de dos tablas
colocadas en lineas paralelas, cuya distancia ha dado las medidas.
JOSÉ DE EZPELETA
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