NOCHE

Este fic es de Zoids, nunca encontré uno en la Web así que aquí está el único. Si encuentras otro, se te devuelve la totalidad de lo que pagaste por este fic… O sea, ¡Nada!

Oye, si no conocen la trama no se las explicaré. Aunque si no la conocen, y abrieron esto, es porque solo les interesa el lemon, así que tampoco se los explicaría.

 

Ése día llegó, iluminando a dos niños que dormían juntos protegiéndose mutuamente de frío. El calor ligero matinal, y el vacío en el estómago les hicieron abrir los ojos.

-Fine, Fine, despierta, -la besó en la mejilla, muy cerca de la boca. –Vamos, ya es de día.

La chica abrió los ojos con pereza, se estiró, y se sentó. Él la imitó.

-Van. –Sonrió.

-¿Qué tal si desayunamos? –Ella asintió.

Después de desayunar, viajaron. Y así todos los días. Claro que no iba a ser un cuento tonto que hasta ahora es. A veces, Van abrazaba su cintura por detrás, y ella reía. Las manos se deslizaban queriendo explorar las bocas se buscaban con sed. En medio del desierto no había nadie más, en la selva o en el mar estaban solos, uno en compañía del otro, y se dejaban llevar por su necesidad de afecto, y por sus ansias de saber y sentir.

Claro que nunca más llegaron a nada más que eso, besos y caricias inocentes. Pero hubo un malintencionado que les dijo que aquello era malo, y siendo ambos tan puros, lo creyeron.

Aun se abrazaban, pero tenían miedo de estar haciendo algo malo. Dejaron de hacerlo. Hubo frío y lagrimas de noche, y el tiempo paso por los caminos y los cuerpos. Y llegó el tiempo en que sin darse cuenta ya eran otros, y un reencuentro con los que fueron sus tutores: Arbain y Mumbei

Ya era de día, y trataban de arreglar los Zoids, como siempre. Fine luchaba con un tornillo.

-Oye Mumbei…

-Dime Fine…- Algo la hizo dudar, Fine solía gastar bromas bastante seguido.

-quiero hablar contigo de un tema… Delicado.

-Eh? Se sorprendió, dejando a un lado la herramienta que estaba usando, y cerrando la escotilla.- De que cosa…

-De… De los chicos.

Ambas habían terminado, y se sentaron a conversar.

Con bolsos y botellas de agua, caminaban Arbain y Van, en una conversación sobre las chicas.

-Es que mira, -le explicaba Arbain – Sólo tienes que dejarte llevar por lo que pienses que es correcto, dejarte llevar.

-Ése es el problema, Arbain, no sé lo que es correcto.

Pasaban en ése momento por un oasis con bosquecillo, y todo, así que se detuvieron para aprovisionarse de agua.

-¿Quieres saber lo que es incorrecto?

-Eh?

Arbain Soltó las cosas, y lo miró de frente. Van las dejó a un lado, preparado para luchar. Pero hizo algo muy distinto, a la sombra, se sacó el pene. Imaginen a cara de Van, miró a dónde huir, pero Arbain de un tirón le bajó los pantalones.

-Hoy te enseñaré a masturbarte.

Fine reía bajo las caricias de Mumbei. Esta se dio por vencida, la dejó, y suspiró con resignación.

-Creo que será mejor que tú y Van se conozcan por sí solos.

-Así son las cosas, Eh? Y a ti quién te enseñó?

-Nadie, nací sabiendo.

-Ahrv… Ahrv…a…

Nuevas risas.

-Tal vez otro día te enseñe más.

-Ahrv…

Van arrugó la cara, y gritó. Arbain por única vez había renunciado a su placer propio por el de Van; estaba vestido. El chico estaba arrodillado, con las piernas semiabiertas, y los pantalones por las rodillas. Arbain lo tenía tomado por la cintura, con su mano izquierda, y con la derecha, instruía a Van. Cuando polucionó, apoyó su cabeza en el hombro de Arbain, a la vez que éste apoyó su frente en el hombro de Van. Éste jadeó un poco, y le sonrió a Arbain. Éste sacudió la cabeza.

-Que escena más tierna.

-¿Entendiste todo, Fine?

-Sí, se parece mucho a la mecánica.

-En qué

-En que para esto también necesitare a Van.

-Ah. Oye, creo que de verdad esto te esta afectando el cerebro.

-¿Porqué?

-Porque es la broma mas fome que hayas dicho nunca.

-¡Hola chicas! Llegamos con la comida.

Arbain y Mumbei se miraron sonriendo. En cambio Fine y Van esquivaron la mirada.

Viajaron todo el día. Resultaba extraño que no apareciera algún Zoid maligno, o algo. No hablaron mucho.

Al llegar la noche, acamparon.

-Van –pidió Fine- ¿Puedes llamar a Arbain y Mumbei? La cena está lista.

-Claro.

Van se levantó y fue donde supuso que estarían, pero no estaban. Se puso a dar vueltas hasta que los encontró. Arbain abrazaba la cintura de Mumbei y acariciaba su espalda mientras besaba sus labios. Mumbei colgaba de su cuello. Se separaron un poco, y el besó su cara y su cuello.

Van dio media vuelta, y fue donde Fine, aunque sin saber qué le iba a decir. La encontró junto al fuego.

-Ellos dicen… Eh… Que comerán luego. Que están viendo una pieza del Zoid.

-Está bien- Sonrió Fine al entender a través de la vacilación de Van lo que realmente estarían haciendo.- Nosotros comeremos primero.

Comieron en silencio, interrumpidos sólo por sus miradas y risitas de cosquillas en sus cuerpos.

Hace año y medio ya que se miraban sin verse para no sufrir. Ahora Van veía un hermoso cuerpo que llamaba a ser acariciado, explorado, besado y amado, ya sin miedo, sin temor.

Acabaron de comer y llegaron Mumbei y Arbain, se mostraron un poco decepcionados, creyeron que llegarían por lo menos en mitad de la cena. (Sí, claro. Y yo soy un gato.)

-Bien, Sic, Fine, vamos a dormir.

-¿Juntos?

-¡Fine!

-Oh, está bien.

Días después, volvieron a separarse. Y Van y Fine se encontraban viajando como siempre en el nosecuantosliher, y Van se quedó dormido al volante.

Abrió los ojos al sentir cosquillas en su musculado vientre, que dejaba ver su uniforme de la fuerza guardián. Miró abajo, y vio a Fine sonriendo, arrodillada, con la expresión del niño que roba mermelada.

-Realmente te ves muy guapo con ése uniforme.

Van sonrió de forma tierna. (¿¿Tierna??)

Y tú también estás muy linda.

Rieron, y ella subió a sus rodillas. Se abrazaron y besaron y comenzaron las manos a volar. El recorrió sus hombros y su cuello, sin dejar las lenguas de girar, y bajaron las manos. Una por su espalda, la otra por su pecho. Ella comenzó a quitarle el uniforme,

Y riendo el fue recorriendo uno a uno los músculos de su piel, tersa y dulce. Ella acariciaba los tersos músculos de su pecho. Él comenzó a quitar su ropa también. En la incómoda cabina del Bledligher (¡Me acordé!), Van logró poseer deliciosamente a Fine por primera vez. Hicieron el amor sin grandes pautas, siguiendo sus instintos, sin sentirse amarrados para siempre el uno con el otro, sin sentir que eran uno, pero sintiéndose felices del aquí, del ahora, del placer puro y bello que solo podía pertenecerles a ellos dos.

 

Nota de autora: ¿Qué les pareció?

 

 

 

 

 


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