CAPITULO 1 – Sueños Rotos
El despejado cielo de Littlewood comenzó a llenarse de pesadas y oscuras nubes, mientras un viento extraño y seco comenzaba a agitar las copas de los árboles. Los dos hermanos caminaban despreocupados por el centro de la desierta calle.
-... y entonces el mago elevó su mano derecha y un demonio alado cayó sobre el dragón y lo partió por la mitad de un solo golpe
-Déjate de tonterías Edward, Mark siempre te está tomando el pelo...
-¡Pero Jack!, si se lo ha contado su primo, que fue reclutado para las guerras bárbaras
-Ninguna criatura puede partir un dragón de un solo golpe -afirmó su hermano mayor con rotundidad-
Edward, que era el mas pequeño, cruzó los brazos y se esforzó por poner la cara de indignación mas intensa que supo. Era delgado, aunque relativamente alto para su edad, tenía el pelo intensamente negro y vestía una sencilla túnica azul. Solo tenía 10 años pero todos lo conocían como “el pequeño viajero”, Edward siempre soñaba con visitar lugares lejanos...
Jack, su hermano mayor, de 16 años, era considerablemente mas alto y corpulento, su pelo rubio y sus ojos azules le habían granjeado no pocos corazones femeninos, pero no más que su cálida sonrisa, que siempre lucía al hablar con su hermano pequeño. Iba vestido con túnica blanca y llevaba una ligera espada atada al cinto.
-¿Como cuando aquella vez quiso venderte esa piedra como un talismán mágico? -dijo Jack frunciendo el ceño-
-El no lo sabía... -dijo Edward con ingenuidad-
Jack se limitó a alborotarle cariñosamente el pelo
-Algún día viajaré y te demostraré que un Dragón puede ser vencido -dijo Edward, obcecado-
-Y yo tendré que ir contigo para cuidar...
Pero Jack se interrumpió en seco. Habían llegado al final de la calle, su casa estaba justo enfrente, una casa blanca y ligera, bellamente adornada, con unos extensos jardines y un lago en sus cercanías. Con un poco de suerte Madre estaría tendiendo la ropa, ellos podrían salir a pescar con su padre sin que ella los viera y darle una bonita sorpresa pescando la cena...
Pero la casa ardía en llamas, las lenguas de fuego la envolvían en un abrazo mortal, haciendo que la casa entera pareciera una gran pira funeraria. Los dos hermanos se quedaron petrificados, Jack observaba hipnotizado el llameante fuego que se alzaba ante el, como si se tratara de una bella ilusión y todo aquello fuera una fantasía juvenil.
Y entonces aparecieron; la Inquisición. Y Jack apenas tuvo un instante para aceptar lo inevitable y desenfundar su espada para evitar que una reluciente espada de rubí cortara en dos a su hermano. El frío contacto de su empuñadura le golpeó el alma, pues no recordaba haber sentido frío en ninguno de sus sueños. Al instante surgieron dos caballeros mas, sus relucientes armaduras rojas brillaban con una luz sobrenatural al reflejo de la casa en llamas. Edward se desplomó en el suelo y observó como su hermano esquivaba con agilidad los mandobles asesinos del Sacro Ejército.
Jack era muy hábil con la espada para su edad, era alto, ancho de hombros, veloz y de espíritu audaz, pero poco podía hacer contra tres caballeros de la Santa Inquisición. Entonces, en un segundo que le pareció una hora, Edward vio como una flecha de marfil surcaba el aire y se incrustaba en el desprotegido pecho de su hermano, que apenas pudo articular un grito de sorpresa antes de desplomarse en el suelo, inerte.
Los caballeros se giraron hacia el hermano pequeño, que tenía la cara inundada en lágrimas, al tiempo que el mas cercano se quitaba el casco escarlata y se agachaba sobre el.
-¿Edward Bladewind?
Pero apenas recibió un débil hipido como respuesta.
-Es él Régulus, estoy seguro, mira sus ojos
El aludido se incorporó, al tiempo que levantaba su enorme espada de rubí
-Muerte a los renegados -susurró con furia asesina- por la gloria de Yevon
Pero Edward rodó sobre la sangre de su hermano y, con una agilidad increíble agarró la katana para, acto seguido, describir un amplio círculo, y cercenarle una mano al atónito Régulus.
Otra flecha surcó el aire, pero una extraña pared de sombras sólidas surgió de la nada y detuvo el proyectil. Con rapidez casi felina, Edward se escabulló por la calle, trepó por un muro y desapareció de la vista, envuelto en una oscuridad fantasmal.
-¡¡Atrapadlo idiotas!! -bramó Régulus agitando su muñón ensangrentado- si lo perdemos somos hombres muertos
**********************************************************************
Se descorrió un pestillo por dentro y un pequeño ventanuco se abrió en la desvencijada y ennegrecida puerta, unos ojos anchos y unas pobladas cejas escrutaron al recién llegado.
-¿Nombre?
-Raven
-El nombre real, no me interesan los apodos de renegados
-Edward
Los ojos no mostraron ninguna clase de emoción ni asomo de reconocimiento
-¿edad?
-20 años
-¿Peculiaridad?
-Digamos que guardo perfecto dominio de mí mismo -dijo Edward con tono comedido-
-Pero si perdieras ese dominio, ¿Que habremos de temer de ti?
-Simplemente tengo mas fuerza y velocidad -dijo Edward consciente, sin embargo, de que no era del todo sincero-
El ventanuco se cerró con un golpe seco y la puerta se abrió chirriando. Edward pudo ver entonces que su interlocutor era un hombre bajito y rechoncho, pero de ojos perspicaces
-Bienvenido, mi nombre es Regis -dijo afablemente- Debes disculpar, pero con los renegados hay que ultimar las precauciones... la semana pasada uno incendió todo esto en un santiamén...
Su anfitrión le indicó que lo siguiera, llegaron a una especie de taberna en semipenumbra en la que se daban cita las personalidades mas dispares, era una taberna de renegados. Los dos se sentaron en una mesa de la esquina.
-¿Que quieres? -dijo sin mas rodeos-
Edward tardó unos instantes en contestar
-Vengo desde muy lejos en el norte, y he venido a Ciudad Central porque aquí se encuentra la sede de la Inquisición -dijo con sinceridad, intentando ganarse la simpatía de su interlocutor-
Regis, que estaba bebiendo un vaso de cerveza, se atragantó y tosió con fuerza
-Aquí no podemos ayudarte con eso -dijo mirando a su alrededor, temeroso- no se juega con la inquisición
-Solo te pido que me pongas en contacto con alguien que conozca su funcionamiento, un espía quizás...
-Aquí no colaboramos con renegados beligerantes -dijo Regis exageradamente alto y mirando nervioso a un lado-
Entonces, a dos metros de distancia, en un extremo de la taberna comenzó a concentrarse una nube de sombras alrededor de un borracho, pasados unos instantes la oscuridad rodeó totalmente al borracho. Se oyó entonces un grito ahogado, la oscuridad comenzó a disolverse y el hombre cayó al suelo con un golpe sordo.
-Ahora puedes hablar sin miedo -dijo Edward guiñándole un ojo a Regis-
-¿Conque solo fuerza y velocidad eh? -dijo Regis con socarronería-
****************
Edward se alejaba a paso rápido de la taberna, había conseguido una información muy interesante y estaba de tan buen humor que había comenzado a tararear una vieja canción de su infancia, se disponía a visitar un contacto que Regis le había proporcionado cuando, de repente, la desierta calle estalló en actividad. Una femenina figura alada apareció por encima de una de las casas, surcando el cielo con velocidad con unos soldados alados pisándole los talones.
Edward estaba contemplando atónito la persecución cuando un hombre surgió por una de las callejuelas laterales. Cuatro soldados lo perseguían. Pero no eran los habituales pretorianos de armadura azul y espadas de reluciente zafiro que constituían la espina dorsal del ejército real, sus armaduras eran rojas y sus espadas de llameante zafiro. La Inquisición.
El hombre, viéndose acorralado, se giró hacia sus perseguidores levantó los brazos y un enorme chorro de hielo líquido impactó en el mas cercano, que cayó al suelo como una muñeca de trapo. Los legionarios lanzaron entonces algo al suelo, que explotó y rodeó al jadeante hombre de llamas. Entonces una enorme nube de sombras surgió de la nada y se abalanzó sobre uno de los legionarios, aplastándolo.
Sus atónitos compañeros apenas tuvieron tiempo de reaccionar, pues Edward avanzaba hacia ellos con una reluciente katana de Marfil centelleando en su mano, el primero calló sin oponer la más mínima resistencia. El último Inquisidor se defendió de tres ágiles estocadas moviendo con dificultad su pesado espadón, pero la cuarta le cercenó el cuello de cuajo.
Edward bajó entonces su ensangrentada katana, y se dirigió al fugitivo, que había apagado las llamas con un chorro de agua y estaba arrodillado en el suelo. Se sorprendió al comprobar que era un muchacho pelirrojo de aproximadamente su misma edad. Iba vestido con unos caros y suntuosos ropajes blancos, que destacaban al lado de la modesta vestimenta negra que lucía Edward, barata pero resistente y fiable.
-¿Como te llamas? -dijo poniendo una mano en su hombro-
El desconocido se estaba mirando fijamente las palmas de las manos, como si no comprendiera lo que acababa de hacer y la razón de porqué había podido generar agua , después de unos instantes levantó lentamente la cabeza, pero al toparse con las fantasmales facciones de su interlocutor su expresión se transformó en una mueca de genuino pánico. Aunque de facciones agradables y atractivas, Edward lucía una desmarañada melena negra y unos siniestros ojos negros que se asemejaban a dos pozos de negrura.
-Te he hecho una pregunta
-William
-¿Quien eres?
-¡Mi hermana! -exclamó de pronto William- ellos...
El pelirrojo muchacho intentó incorporarse, presa de un ataque de ansiedad, pero Edward lo retuvo en el suelo con firmeza
-¿La voladora? -William asintió- olvídalo, ya es demasiado tarde para ella, los avens que la perseguían jamás dejan escapar una presa, ahora estarán a kilómetros...
William se encogió como un animal herido y Edward distinguió en sus ojos la necesidad ineludible de echar a correr y llamar a su hermana a gritos, a su pesar sintió envidia de ese sentimiento y deseó tener alguien a quien proteger...
-¿Porque? ¿Porque hacen esto?-dijo William en un susurro-
-¿Porque? -repitió Edward mientras le ayudaba a levantarse- porque eres diferente.
William tosió con fuerza mientras intentaba recomponer su destrozada vestimenta
-Vámonos de aquí, -dijo Edward súbitamente preocupado al fijarse en los cuatro cuerpos- ¿Cual es tu historia ?
-Somos William y Ginebra Elric, gemelos; nuestro padre era un rico noble comerciante, acaba de morir y vinimos a Ciudad Central para firmar los papeles del testamento
William hizo una breve y silenciosa pausa, Edward presintió que le estaba mintiendo, pero se calló y le indicó que lo siguiera
-Era de noche, dormía tranquilamente cuando sentí un ruido... la insquisición irrumpió en nuestra habitación, estaban intentando atar a Geena cuando se transformó y...
-¿Atarla?
-Si -respondió William-
-La insquisición no atrapa, mata -dijo Edward con rostro sombrío-
-Creí que pretendían reclutarla...
-Es cierto que a veces algunos Renegados jóvenes son entrenados e introducidos en el ejército... -dijo Edward con tono experto- como los soldados alados que perseguían a tu hermana... pero nunca si tienen mas de 4 años, porque necesitan mentes jóvenes y maleables
William lo miró sorprendido, iba a preguntar algo, pero algo distrajo su atención
-¿Que es esto?
-Bienvenido al mundo de los Renegados