Capítulo II

CAPITULO II

 

 

EL ASESINATO DE SÁNCHEZ CERRO

 

 

Ø      La revolución de Trujillo

Ø      El ataque a Trujillo

Ø      La masacre

Ø      La represión

Ø      El caso de Juan Corrales

Ø      Los niños del aniversario

Ø      Escuelas de Talara bajo control del  Estado.

Ø      Se crea el distrito La Brea

Ø      Huelga en el Colegio San Miguel

Ø      El incidente de Leticia

Ø      Diversos hechos en 1932

Ø      El conflicto con Colombia    

Ø      Rebelión y muerte del comandante Jiménez

Ø      Incendios en Piura y fundación de la Compañía de Bomberos

Ø      Asesinato del presidente Sánchez Cerro

Ø      Impacto en Piura

Ø      Luis Miguel Sánchez Cerro

 

 

La revolución de Trujillo

ARRIBA

            Manuel Barreto Risco,  Delfín Montoya, Remigio Esquivel y Alfredo Tello, habían organizado a los trabajadores de Laredo y con pólvora sustraída  de los almacenes de la hacienda habían fabricado bombas y petardos de dinamita.  En la madrugada del jueves 7  de julio de 1932, casi dos centenares de campesinos , armados con machetes y algunas  armas de fuego, así como provistos de sogas con garfios para escalar paredes, partieron rumbo a Trujillo, engrosando el contingente en el recorrido.  En el lugar llamado Mampuesto dieron muerte a dos policías rurales y se apoderaron de sus armas.  Una gran cantidad de alumnos sanjuanistas se les unieron. Barreteo fue el que tomó la decisión de  actuar de inmediato, pues las órdenes  del apra desde Lima eran que se postergase el inicio de la rebelión, mientras se conseguían mas adhesiones. Ni Agustín Haya de la Torre, ni Alfredo Tello querían que estallara la rebelión de inmediato pero Barreto dijo, yo o espero mas. Tello accedió no obstante que estuviera guardando cama por tener paludismo.

            Esquivel partió de Laredo  con 130 hombres y Tello con 100 hombres debía atacar el reten. A las dos de la madrugada llegaron sigilosamente al cuartel O’Donovan y muy silenciosamente con las sogas  escalan las paredes.  Una vez dentro atacan las cuadras en donde los desprevenidos soldados dormían.  Gran cantidad de bombas y petardos de dinamita causaron numerosas bajas.  Simultáneamente los vigías habían sido atacados y el “Búfalo” Barreto al tratar de forzar la entrada es muerto y Esquivel herido. El sargento  Salomón Arancibia habia entregado anticipadamente un plano del cuartel a  Barreto por lo que éste actuó erradamente. El 2 de febrero de 1937, los apristas mataron a Arancibia en el bosque de Matamula en Lima

 Repuestos los soldados de la sorpresa y por reacción instintiva repelen el ataque, no obstante que muchos eran apristas.  En el cuartel no estaba el comandante Silva Cáceda y solamente había unos pocos oficiales al mando el alférez Miguel Picasso, el que estaba herido de una pierna y se le habían agotado las municiones. Había ya 36 muertos entre ambos bandos y 25 heridos...  A las cuatro de la mañana, el número de atacantes había crecido, pero la lucha continuaba.   Cerca de las 6 de la mañana se presentó el capitán en retiro Rodríguez Manfourt y parlamentó con los  defensores, haciéndoles ver que estaban rodeados por fuerzas muy superiores.  Se produjo la rendición, con garantías, pero muchos aprovecharon la oportunidad  para escapar. Antes habían escapado otros soldados cuando se cortó la luz por media hora. Dueños de las armas, los rebeldes que ya pasaban de los 300, se dispusieron a ocupar la ciudad.  El ruido de los disparos había despertado a los trujillanos y al saber de qué se trataba, se dirigieron presurosamente y en grandes cantidades a sumarse al movimiento. El capitán  Manfourt contaría después que él no sabia nada de la  rebelión y que dormía cuando le anunciaron los sucesos del cuartel O’Donovan a donde e dirigió  de inmediato para interponer  sus buenos oficios. Los  rebeldes ingresaron a Trujillo bajo el comando de Tello,  por la plaza Bolognesi, cantando la Marsellesa Aprista y llevando a los prisioneros. Un cañón Krupp iba adelante

Mientras que unos grupos atacaban los puestos de la Guardia Civil y  de Seguridad, que resistieron, otros se dirigieron a la Prefectura, en donde acompañaban al prefecto, el comandante Silva Cáceda y otros oficiales. Los revolucionarios llevaron varios cañones a la plaza de armas, pero los dañaron al transportarlos, sin embargo lograron colocar uno en el atrio de la catedral, apuntando a la Prefectura. Un gentío de unas 1.500 personas se habia reunido y amenazaba atacar

            A esa hora, percatado el director del Centro Escolar, señor Antonio Rivera, de lo que pasaba, subió al segundo en donde nos encontrábamos ( mi madre y cuatro hermanos, uno recién nacido) y nos condujo a un refugio de la parte baja,  donde estaba ya su familia y otras varias personas.  Se trataba de un sótano del mismo edificio, en donde estuvimos todo el tiempo que duró la revolución, alimentándonos sólo de pan duro, galletas  y té. En el sótano había varias personas. Teníamos todo listo para. embarcarnos  rumbo a Paita en el “Urubamba” ese día. 7.

 

            La revolución se extendió rápidamente a Salaverry, Otuzco, Santiago de Chuco, Huamachuco y los pueblos del valle de Chicama, menos la hacienda Casa Grande en donde la Guardia Civil repelió los ataques de los rebeldes, hasta el día 9 en que llegaron las tropas del Gobierno.  Fuera del departamento, la revolución se extendió a Cajabamba (Cajamarca) y Huaraz.

 

            A las 7 de la mañana del mencionado día 7, los revolucionarios emplazaron un cañón en el atrio de la iglesia y desde allí intimaron rendición a la Prefectura que estaba al frente.  Como parlamentarios fueron a entrevistar al prefecto La Riva, Agustín Haya de la Torre y el capitán (en retiro) Leoncio Rodríguez Manfourt, el cual ofreció amplias garantías a los allí presentes, entre los que estaban el subprefecto Carranza, el comandante Silva Cáceda, el mayor Pérez Salmón, el capitán Morzán  y otros.  El prefecto había logrado dar por telégrafo la noticia a Lima y por eso el comandante Silva Cáceda era de la opinión de resistir con los oficiales y los pocos soldados que allí había hasta que llegaran las tropas del gobierno.  Se optó por la rendición y el comandante Silva y los oficiales fueron llevados al Club Central  o Casa Iturregui en medio de amenazas, insultos y escupitajos de las turbas, mientras que el prefecto y otros civiles fueron puestos bajo protección en casa del líder aprista Alberto Cárdenas, Los presos comunes de la cárcel de Santo Domingo, fueron puestos en libertad entre los que había muchos asesinos. En su mayor parte se sumaron al movimiento y se convirtieron en carceleros de los militares detenidos.  Eran las nueve de la mañana y en la plaza de armas había  unas 1.500 personas.

 

            Los que eran adictos al régimen, se escondieron, pues muchos eran buscados por grupos apristas casa por casa y las que encontraron vacías las saqueaban. En muchos lugares pusieron en las esquinas  carteles con la relación de lo civiles que eran buscados. Allí figuraba el nombre de mi padre don Gustavo Moya Jiménez.

Para el control de la ciudad,  Rodríguez Manfourt, dispuso la formación de una guardia urbana.  Fue así como trabajadores y estudiantes armados con fusiles, apostados  en esquinas solicitaban papeles a todos los transeúntes. Otros en grupos rondaban la ciudad y un buen número fueron a cavar trincheras frente a las portadas. Ordenó también la requisa de autos y camines particulares.

 

            Como prefecto, los apristas nombraron a Agustín Haya de la Torre, a quien llamaban Cucho, hermano del líder.  Aceptó el cargo contra su voluntad y dijo que todo lo que se estaba haciendo era una locura.  Como subprefecto se nombró a Víctor Augusto Silva Solís y como jefe de la plaza al capitán Rodríguez Manfourt. Este contaría después de que era amigo del comandante Silva Cáceda  y del Mayor Pérez Salmón al que conocía desde niño. El día 6 había almorzado con ellos y otros oficiales en el cuartel.

                                                                                                                  

Posesionado de la Prefectura, Agustín Haya de Torre, desde los balcones  lanzó una proclama al pueblo reunido en la plaza- Luego trasladó la Prefectura al Club Central y llevó allá a los detenidos..

En medio de gran regocijo de la multitud, se izó en el mástil de la Prefectura la bandera roja indoamericana del apara

            El 7 había amanecido anclado frente a Salaverry el “Urubamba”   barco de la Compañía Peruana de Vapores en el que mi familia debía trasladarse a Paita;. fue recibido a balazos, por cuyo motivo regresó al Callao a toda máquina.

 

Ese día, el Señor Manuel Hernández director de un plantel y líder aprista, muy amigo de mi padre, nos fue a visitar y nos dijo que Tello buscaba a mi padre. Consideró que el Centro Escolar nos resultaba inseguro y nos llevó a su casa en donde estuvimos hasta que las topas ingresaron a la ciudad.

 

 

 

El ataque a Trujillo

ARRIBA

            El Gobierno dio orden al coronel Manuel Ruiz Bravo, Comandante General de la 1ra. Región Militar con sede en Lambayeque, que con todas las fuerzas a su mando convergiera contra Trujillo, a las que se le unirían otras unidades enviadas desde Lima.  El citado jefe,  de inmediato partió con el batallón de infantería  Nº 7 y una compañía del batallón de infantería Nº 1, así como una sección de ametralladoras.  De Cajamarca partió a Trujillo el batallón de infantería Nº 11 y fuerzas de la Guardia Civil.  De Piura partió el batallón de zapadores Nº 1 al mando del mayor Luis Lizárraga, y para acelerar la marcha el prefecto Barúa Ganoza hizo requisa de vehículos.  De Sullana partió el regimiento de caballería Nº 7 al mando del comandante Jerónimo Santibáñez.

Las primeras tropas procedentes de Lambayeque pasaron por Pacasmayo el día viernes  8 en donde se cortó todo intento de subversión.

 

En ese mismo día 8; a la 1 de la tarde aparecieron  en el cielo de Trujillo procedentes de Lima y Ancón,  tres aviones de guerra y dos hidroaviones.  Que volaron casi a ras sobre la ciudad  Desde las azoteas de las casas y de las trincheras fueron recibidos con fuego de fusilería

El 8 fue el sepelio de Barreto Risco el “Búfalo” y de otros apristas muertos, lo que congregó a una inmensa multitud, que portando una gran cantidad de banderas,  avanzaban cantando la Marsellesa Aprista.

En esa noche torturaron  a los presos  políticos de la cárcel de Santo Domingo.

 El día sábado 9,  francotiradores se posesionaron de las torres de las iglesias y montaron algunas ametralladoras de tal manera que cuando a as  10 y 30 de la mañana se volvieron a presentar los aviones  se trabaron en combate. Durante varias horas los aparatos volaron sobre Trujillo distrayendo a los apristas, del desembarco de más  tropas en Salaverry, su avance hacia Moche

 La vanguardia del ejército llegó a Cartavio donde estaba la primera línea de defensa de los rebeldes, armados con fusiles.  El tiroteo duró dos horas,  se tomó la hacienda y se rompió el cerco que había sobre Casa Grande.  De hecho los pueblos del Valle estaban ya en poder del Gobierno.  La captura la hizo el comandante Matos con 60 guardias civiles..

A las 3 de la tarde la vanguardia del ejército del sur llegó  a la Portada de Moche y tras encarnizado combate se replegó. Eso fue consideraron como un triunfo por los apristas que lo celebraban en las calles bebiendo y lanzando amenazas de muerte contra los presos de Santo Domingo.

 

            Los días siguientes siguió actuando la aviación-

 

El día 9 cayó  el pueblo de Chocope al norte de Trujillo y fueron fusilados varios rebeldes.

 

            El barco “Urubamba” de la Compañía Peruana de Vapores había retornado  del Callao con tropas que estaban al mando del mayor Alfredo Miró Quesada que dominó y desembarcó en Salaverry contando con el  apoyo del crucero “Grau”, de dos submarinos y de la aviación.  Tras la reconquista de Salaverry, Miró Quesada avanzó precipitadamente al sur de Trujillo, pero en el sitio denominado “La Floresta” encontró enconada resistencia, teniendo que replegarse para iniciar una acción conjunta con las fuerzas de coronel Ruiz Bravo que amagaban por el norte.

Lo cierto era que Trujillo estaba ya cercada y su caída era cuestión de horas y así lo comprendió Rodríguez Monfourt y se lo comunicó a Agustín Haya de la Torre .Por lo tanto, esas personas, así como  Silva Solís y otros líderes considerando que la situación era insostenible en la ciudad, se trasladaron al caer de la noche a Laredo..Mientras tanto en Cartavio se había formado un foco de resistencia al mando un  líder Peláez.

En esa noche  se llevó a cabo la masacre del cuartel de Santo Domingo de que no ocuparemos aparte.

 La acción de tenazas se inició el día domingo 10  y el plan fue preparado por el coronel Eloy Ureta.  Al amanecer de ese día, la aviación inició una acción de reblandecimiento sobre las trincheras que habían fabricado los defensores apristas.  Francotiradores se posesionaron de las torres de las iglesias y de los techos de las casas desde donde disparaban a los aviones. Al atardecer  Ruiz Bravo atacaba por el noroeste en la Portada de Mansiche, el comandante Matos por el norte por el sector del Cuartel O’Donovan y Miró Quesada por la Portada de Moche al  sur.  El mismo día 10, un fuerte temblor sacudió al mediodía a la ciudad aumentando el pánico.  Los proyectiles de los cañones de largo alcance del “Grau” con un característico silbido anunciador, causaban gran temor.

 

            En la noche del día domingo 10, estando la ciudad completamente rodeada,  ya los apristas habían perdido la batalla de Trujillo y  grandes grupos huyeron a la sierra, sobretodo los cabecillas menos Tello.

 .

            El día lunes 11, la lucha se intensificó desde el amanecer.  Desde las siete de la mañana principió a actuar la aviación que a las nueve de la mañana bombardea el Cuartel O’Donovan y las concentraciones de la plaza de armas.  Por la tarde las tropas de Miró Quesada rompen las defensas e irrumpen por la Portada de Moche y entraron por la calle Ayacucho mas  tarde toman la Prefectura.  Pocas horas después  las tropas de Ruiz Bravo que habían roto el cerco en el norte, también llegaban a la plaza de armas.

 

            El ejército admitió haber tenido 20 muertos y 22 heridos. 

            El mismo día 11, los rebeldes abandonan el Club Central en donde estaba funcionando su Cuartel General.  En la ciudad quedaban aún focos de resistencia y muchos francotiradores en los techos.  La aviación entró en acción ametrallándolos.

A las 7 de la noche el fuego había cesado y solamente se oían algunos disparos de cuando en cuando.

            El día 12 los rebeldes abandonan todos los puestos de lucha, las torres de las iglesias, los techos de las casas y las tropas toman posesión de la ciudad.

 

            El día 13, se instala en la Beneficencia Pública, local ubicado frente a la plaza de armas, la Corte Marcial.

 

            El coronel Ruiz Bravo asumió la Prefectura, mientras que el señor La Riva, que había estado refugiado en casa de un líder aprista, cesó en forma automática.  Hasta el amanecer del día 13 había quedado un foco de resistencia en el Barrio Chicago capitaneado por el maestro Alfredo Tello, el mismo que había asumido el mando del ataque al Cuartel O’Donovan cuando cayó el “Búfalo” Barreto.

 

            Cuando las tropas del Gobierno retomaron la Prefectura, ocuparon también el amplio local del Centro Escolar colindante, en cuyos patios encontraron gran cantidad de municiones y armas,  pues los apristas lo habían utilizado como depósito, así como una sede del sub-comando.  En los otros sótanos, pues el plantel tenía muchos, alojaron los apristas a los detenidos civiles, entre ellos varias de las 35 personas que habían estado buscando y cuyos listados aparecían en varias esquinas.

 

La masacre

ARRIBA

            En la noche del sábado 9, los presos que estaban en el Club Central, en el Centro Escolar y en el local de la Sociedad Entre Nous, fueron llevados  a la Cárcel Central de Santo Domingo.  Eran  un total de sesenta.  A medida que iban llegando, eran ultimados a pistoletazos, con machete y otras armas blancas y rematados a culatazos y a palos.  Por eso se veían más tarde sus cadáveres muy desfigurados y las paredes salpicadas de sangre.

 

            El comandante Silva Cáceda, el mayor Luis Pérez Salmón, 2do. jefe del regimiento de artillería Nº1, el alférez Miguel Picasso que resistió hasta el final en el Cuartel O’Donovan, aún después que ese cuartel se rindió y otros oficiales fueron torturados con sadismo antes de ser ultimados.

Entre los sesenta masacrados, se contaban a 14  jefes, oficiales y soldados del ejército y 20 de la Guardia Civil.   El teniente de la Guardia Civil, Alberto Villanueva exclamó:  “Mátenme a mí, pero no toquen a mis guardias”.  No se le hizo caso y luego de ser muerto a culatazos, le cercenaron los testículos.  Al comandante Silva Cáceda lo amarraron y velaron estando vivo y luego de ser muerto, le extrajeron el corazón.  Al cadáver del alférez Picasso, le infirieron 20 heridas.  Muchos tenían la masa encefálica afuera por los culatazos, así como también los intestinos al aire por los machetazos.

El cadáver del mayor Luis Pérez Salmón era casi irreconocible Estaba decapitado. Los cráneos destrozados   y el suelo con charcos también de sangre. Algunos miembros  estaban

            desparramados. El cuadro era horroroso y dantesco También fueron masacrados el capitán armero Víctor Corante, una de cuyas hijas vivió muchos años en Sullana, estuvo casada con el sargento Zea y era una activista de la Unión Revolucionaria;  el capitán de la Guardia Civil Eduardo Carbajal Loaiza; el alférez Ricardo Ravelli quien vivía frente a la plaza de armas y a cuya familia conocía la familia del que  esto escribe,  fue igualmente masacrado  También sucumbieron el alférez Alfonso Molina, el subteniente Federico Mendoza, el subteniente Carlos Hernández, el subteniente Carlos Valderrama, que había sido instructor del Colegio San Miguel en Piura en el año 1930, el alférez de la Guardia Civil Humberto Lengua Romero, el capitán Manuel Morzán. Entre los civiles figuraba un trabajador piurano de apellido Vargas  Algunos cadáveres fueron arrastrados por las calles adyacentes..Total 35   militares y 25 civiles. De la matanza pudo escapar el jefe de investigaciones de Trujillo, el que mas tarde narraría en detalle lo que pasó en la noche trágica.                                                                                                                                                        

 

Los apristas han querido echar la culpa a escalones inferiores que actuaron  sin autorización, pero todo estuvo perfectamente organizado y  se dieron varios pasos previos, como fue reunir a todos  los detenidos en un solo lugar con el fin de eliminarlos. En las primeras horas del sábado ya se corría la voz en Trujillo que los presos serian ultimados.

Como ya se ha dicho, Agustín Haya de la Torre huyó con su comando a Laredo y desde allí dictaba órdenes, En el Club Central quedó un comando operativo, que tomaba las decisiones por consenso. El sábado por la noche, estando Trujillo cercado por tropas del Gobierno, el comando operativo no sabía que hacer con los prisioneros y se entregaron a agrias discusiones. Llamaron por teléfono a Laredo y preguntaron ¿Qué hacemos con los prisioneros?.- La respuesta fue; “a los primeros liquídenlos y a los demás suéltenlos”. Una decisión tan delicada solo podía ser tomada por quien tuviera la máxima autoridad, en este caso por Agustín Haya de la Torre.

 

Cuando las tropas del gobierno tomaron Trujillo, los restos fueron llevados al Hospital de Belén y posteriormente trasladados a Lima, siendo recibidos en el Callao y en la capital por decenas de miles de personas y luego se les rindieron honores militares y fueron ascendidos.

 

            Uno de los pocos que se salvó de la matanza, por haberse escondido dentro de una caja, fue el ordenanza del comandante Silva, de apellido Cárdenas, el cual narraría después los hechos.  Pero los masacrados en la Cárcel Central, no fueron los únicos, pues antes habían despojado de sus uniformes a Guardias Civiles y semi-desnudos los entregaron a la furia  de la multitud que los linchó.

 

Víctor Villanueva, en su libro  “El Militarismo en el Perú”, relata  que el sargento 1º Luis Chanduví, entonces militante aprista que pertenecía al grupo de Artillería Nº 1 del Cuartel O’Donovan, dio posteriormente a la masacre, la versión siguiente;  se había logrado comprometer a  la mayor parte de la unidad de artillería, todos trujillanos y a una parte de una compañía de infantería enviada de Lima a< órdenes del capitán  Canal Guerra, compadre de Sánchez Cerro. En ese mes llegaron en plan conspirativo  el coronel García Godos y el comandante Beytía que se entrevistaron con Haya de la Torre, el coronel garcía dijo a Haya de la Torre que se contaba con la tropa, pero no haba ningún oficial comprometido, y García ofreció hablar con el comandante  Silva Cáceda por ser amigo suyo. Dice Chanduví que el propio Haya, le contó que el comandante Silva había ofrecido  sublevarse y  que pedía un plazo para  sondear a la tropa; pero al día siguiente  Silva  obligó a los soldados de artillería a desarmarse y entregar las armas a la compañía del capitán  Canal Guerra. El apra calificó al comandante Silva de traidor y así lo propaló en las paredes de la ciudad. Cuando estalló la revolución, los apristas se consideraron en el deber de castigar al que consideraban traidor.”

Por lo tanto el comandante Silva estuvo condenado desde el principio.

 

            En la Policía y en el Ejército en todo el Perú se levantó una ola de indignación y de protesta y sobre todo la III División con sede en Arequipa pidió muy severas sanciones para los culpables, sin conmutaciones de sentencias o amnistías.  Los luctuosos sucesos de Trujillo, crearon entre el Ejército y el Apra una brecha que duró 60 años.

   

La represión

ARRIBA

            Cuando los soldados entraron en Trujillo, encontraron por las calles un buen número de muertos.  Eran los últimos combatientes a los que sus partidarios no habían podido enterrar.  También en las cercanías del Cuartel O’Donovan había insepultos y en estado de descomposición los restos de soldados que habían muerto defendiéndolo.

            La Corte Marcial se instaló en el local de la Beneficencia Pública de Trujillo. Y condenó a muerte a 44 reos que habían sido capturados y alojados en los sótanos del Centro Escolar ubicado frente a la plaza de armas a los cuales el que esto escribe pudo verlos a través de mirillas..  Otros sentenciados a la pena capital en número de 53 habían huido.  Otros 81 fueron condenados a prisión y de ellos 62 no estaban presentes.

 

            Pero el Ejército enardecido al conocer la matanza del domingo 10, procedió también por su cuenta a disponer juicios sumarísimos con fusilamientos inmediatos por muchos centenares.  Los capturados que al costado de la clavícula tenían huellas del culateo del fusil, eran irremediablemente condenados a muerte.

 

El primer fusilado fue el sargento Vivanco .comprometido en la toma del O’Donovan.

 

            Los fusilamientos se hacían en la ciudad pre-inca de Chan-Chan.  El Ejército también ocupó el Centro Escolar de la plaza de armas, instalando Oficinas y alojando a los condenados por la Corte Marcial en los sótanos.

 

            Sánchez Cerro fue noticiado por su ministro de Hacienda y senador por Tumbes Ignacio Brandariz, de los fusilamientos extra-judiciales.  El Presidente se indignó grandemente porque era consciente que todos los hechos negativos del régimen le eran imputados.  El historiador Jorge Basadre, afirma que el Presidente exclamó: “Esto no es justicia, es un crimen, acompáñeme a las oficinas de telégrafos de Palacio”.  Al llegar el mandatario a esa  oficina, ordenó al  oficial telegrafista cursara el siguiente telegrama:  “No fusilen ni una persona más.  Del cumplimiento de esta orden  me responden Uds. con su propia vida”.La leyenda de los seis mil muertos a que siempre se han referido los apristas, parte de un manifiesto, lanzado el 12 de noviembre de 1933,  por Haya de la Torre, cuando ya estaba en libertad,  en el que afirmó se habían producido “cuatro mil caídos”.lo que incluía los muertos en combate.

 

            El 3 de mayo de 1933, cuando ya Sánchez Cerro había sido asesinado, el diario colombiano “Universo” bajo un título “A 73 políticos hizo fusilar Sánchez Cerro”, hace el siguiente recuento:

 

En Trujillo

56

En San Lorenzo Marinos sublevados)

7

En Huaraz (Rebelión de López Mindreau

5

En Chan chan en abril 1933, rebelión en Cajamarca

5

TOTAL   EN   15  MESES

73

 

El mayor (en retiro) Víctor Villanueva, connotado líder aprista, al referirse a los “6 mil mártires”, en su obra “El Militarismo en el Perú” dice: “Nada hay que confirme esa cifra.  El Apra no ha publicado jamás documento alguno para respaldar tal afirmación”.

            Indudablemente que la cifra de 6 000 fusilados era destinada a actuar psicológicamente no sólo sobre la masa aprista, sino también en el resto del mundo.  Entre el 7 y el 27 de julio, es decir en 20 días  de ser ciertos los 6.000 muertos,  se habría producido un promedio de 300 fusilamientos diarios ¿En que cárcel estuvieron alojados?.  Sin embargo, se tiene que admitir que hubo  excesos en la represión y que la cifra de caídos fue alta.

 

            Los rebeldes de Cajabamba (Cajamarca) recién fueron dominados el 17 de julio.

 

            Los alzamientos de Huaraz y de Huari se produjeron casi cuando ya los rebeldes de Trujillo habían sido derrotados.  Su jefe fue el mayor Raúl López Mindreau, que después sería fusilado.

 El 18 de julio la rebelión en estos dos lugares ya estaba dominada y se fusilaron a cinco comprometidos.  El 19 de julio  cerca de Yungay se precipitó a tierra  un avión manejado por el capitán Víctor  Montes Arias, que murió  al igual que su copiloto  Héctor Castillo Baca. La base aérea de Talara se llama “Capitán Montes”  para honrar su memoria..

 

            El 28 de julio, las actividades en Trujillo se habían normalizado y se realizó un baile en el Club Central o Palacio Iturregui, organizado por el Director de Gobierno, Ricardo Guzmán Marquina, lo que sin duda fue de muy criticable, a pesar de lo cual estuvo muy concurrido.

 

            El 16 de julio, el vapor “Mantaro” de la Compañía Peruana de Vapores, volvía a hacer su itinerario normal de Callao- Salaverry-Paita.  El viaje que debí hacer con mi familia el 7 se realizó el citado 16.   A bordo encontramos tiritando de frío, al señor Tejada, secretario de la Prefectura, quien sólo disponía de la ropa  que llevaba puesta.

 

            El Colegio San Juan fue clausurado.  La ciudad de Trujillo mostraba claramente las huellas del gran drama que había vivido.

 

Hay algunos hechos especiales que merecen remarcarse. Rogger Mercado en “La Revolución de Trujillo” cuenta que Alfredo Tello fue llevado ante el pelotón de fusilamiento en Chan chan, pero que solo quedó herido y fue abandonado como  muerto. Cuando se repuso se arrastró penosamente con las manos amarradas a la espalda hasta una choza de un campesino  aprista de nombre Anastasio. Allí estuvo unos días, siendo  alimentado y curado y luego fue llevado a la casa de una hermana de Tello.

 

Otro caso narrado por el mismo autor, es el de un campesino de El Cortijo” llamado Macedonio, que fue muerto en el ataque al cuartel O’Donovan. Tenía un hijo que era soldado en dicho cuartel y estaba de franco, pero en la tarde anterior se incorporado al O’Donovan  y allí encontró la muerte en manos de los atacantes. Ambos cadáveres yacían cerca.

Por esas cosas extrañas del  destino, el día 7 debió embarcarse  el capitán Demetrio Martínez con 69 soldados del O’Donovan  en el “Urubamba” rumbo a Paita, para estar presentes en los festejos del Aniversario de Piura. Fue el mismo barco que iba a tomar mi familia. Varios de esos 59 soldados murieron en la revolución..

Podríamos decir que como trágico epílogo de estos luctuosos sucesos, el 1º de diciembre de 1963, los hijos de el “búfalo “ Barreto,  Irma y Manuel Barreto Ormeño, en carta dirigida a Haya de la Torre, hacían renuncia al Apra, como protesta  por la Alianza APRA-UNO con Odría, a lo que calificaban de traición. También  expresaban:”No murió nuestro padre para que el apelativo de “Búfalo” que tan cariñosamente le pusieron los compañeros por su singular vigor y por su valentía, designe  ahora a las mesnadas de matones que en las calles, en las universidades  y sindicatos, aterrorizan  a quienes defienden las causas populares o a quienes discrepan de la línea traidora de sus líderes”

 

 

 

El caso de Juan Corrales

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            En medio de las más grandes tragedias, siempre ocurren hechos anecdóticos.  Uno de ellos tuvo como protagonista a Juan Corrales, chofer de la Casa Romero.  Narra don José Vicente Rázuri en “Anecdotario Norteño” que el prefecto de Piura  Barúa Ganoza hizo requisa de camiones, autos y camionetas para trasladar a los contingentes militares a Trujillo, y Corrales con su vehículo fueron levados.  Días más tarde, un telegrama hacía conocer a la familia que Corrales , que había muerto.

 

            El sentimiento fue grande.  Hicieron  colectas para las misas y las atenciones en los rezos y para el 27 de julio se preparó una suculenta  “sopa de honras”.  Estaban los asistentes para iniciar la comida, cuando se presentó de improviso Corrales generando espanto y pasmo  general, tras de lo cual vino la alegría y la “sopa de honras” de todas maneras se sirvió  en medio de los brindis.

 

            Había sucedido, que tras primeras acciones militares, Corrales se encontró con un paisano que lo alojó en su casa y allí  durmió 48 horas, mientras que sus jefes lo daban por desaparecido.

 

 

Los niños del aniversario

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            Por ley dada el 26 de abril de 1932 con el número 7514, se dispuso, que todos los niños que nacieran en Piura en el mes de julio de ese año, hijos de padres también piuranos, tendrían la protección del Estado en cuanto a  instrucción primaria, secundaria y superior, debiendo los municipios extender las certificaciones bajo la forma de diplomas, que serían refrendados por los alcaldes y los síndicos.  Tales documentos llevarían además la firma del juez de primera instancia, del párroco y del médico municipal.  Este beneficio sólo se otorgaría a los niños de hogares pobres, cuyas rentas mensuales fueran menores de 300 soles.  No se exigía la condición de hijo legítimo.

 

Escuelas de Talara bajo control del  Estado.

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            El 3 de mayo se promulgó la Ley 7519, por la cual la dirección y supervisión de las escuelas de Talara,  Negritos y campos petroleros, estarían a cargo de un Inspector normalista y a los directores y auxiliares se les consideraría como empleados públicos y no de la empresa petrolera.  En la ley se señalaba que el Inspector ganaría 300 soles que serían pagados por la International Petroleum Company.  También deberían proporcionar movilidad y local.

 

            En cuanto a los directores y auxiliares de las escuelas, sólo podrían ser nombrados y removidos por las autoridades de educación.

 

            La instrucción para los niños menores de 14 años con padres residentes o temporales, sería obligatoria  y gratuita.

 

            También el mobiliario debía ser proporcionado por la IPC.

 

            Fue así, como cuando menor en el aspecto educativo, el Estado readquirió sus derechos, como país soberano en la zona petrolera.

 

 

Se crea el distrito La Brea

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            En 1908, era Amotape un extenso distrito ubicado al norte de la Provincia de Paita de la que era parte integrante.  El 14 de noviembre de ese año, el mencionado distrito de Amotape, fue cercenado y se creó el distrito de Máncora.

 

            Después de 24 años, la población e importancia de los pueblos de la zona petrolera había aumentado y el distrito de Máncora resultaba muy extenso.  En  1932, el diputado Luciano Castillo, contando con el apoyo de toda la representación piurana, propuso la subdivisión del Distrito de Máncora en tres,  que serían los distritos de Máncora, Pariñas y La Brea.

 

            El 31 de octubre de 1932, el presidente Sánchez Cerro promulgaba la Ley 7627 que disponía lo siguiente:

 

            Artículo 1º .- El distrito de Máncora con su capital Lobitos, estará formado por los caseríos de Máncora, El Alto y Restín.

 

            Artículo 2º.- El distrito de Pariñas tendrá como capital el puerto de Talara y estará compuesto por los caseríos de Querecotillo ( de Talara), Pescadores y demás secciones de su dependencia.

 

            Artículo 3º.- El distrito de La Brea con su capital Negritos, se compondrá de los caseríos Brea, Verdún y Lagunitos.

 

            Artículo 4º .- Los mencionados distritos tendrán los linderos actuales, con los distritos y provincia vecinas.

 

            El pequeño villorrio de Querecotillo que se menciona, no debe confundirse con la Villa de Querecotillo ubicado en la provincia de Sullana.

 

 

 

Huelga en el Colegio San Miguel

ARRIBA

            El 7 de junio de 1932, fue declarado feriado laborable, a diferencia de años anteriores en que toda actividad y lógicamente las escolares se suspendían.

 

            Los alumnos de 5º año del Colegio San Miguel, en gran número resolvieron no concurrir a clases y permanecer afuera.  Eso contrarió mucho al Director, señor Luis Gambirazio, quien solicitó el apoyo de la policía, la que hizo una redada con los estudiantes que se habían quedado en la Plaza Merino o en los alrededores, y fueron llevados al Colegio.  Para dar garantías al Director, la fuerza pública permaneció dentro del plantel.

 

            Una rápida investigación hecha por la Dirección  estableció que eran tres los alumnos que habían sido instigadores del ausentismo y se dispuso su expulsión.  La medida sin dura era drástica, y parece que faltó el diálogo, pues las cosas fueron empeorando y el alumnado terminó declarándose en huelga a partir del 9 de junio.

            En el problema ya no sólo estaban involucrados los estudiantes, sino también los padres de familia  que tomaron partido por sus hijos, luego se involucró toda la ciudad y en cierta forma se politizó el problema, pues no faltaron aprovechadores, sobre todo en momentos en que el país se encontraba convulsionado.

 

            Por ese tiempo, San Miguel era el único plantel secundario en la región de Piura y Tumbes, de ahí la importancia que tenía todo lo que allí pasaba.

 

            La dirigencia estudiantil del 5º año se reunía diariamente, en secreto y cambiando de lugar, para tomar acuerdos según decían, pero la mayor parte del tiempo lo ocupaban en hacer chacota y en preparar memoriales al Presidente de la República, al Prefecto, al Pueblo y al Congreso, que nunca enviaron.   Lo cierto es que la Policía ya se había puesto al margen del asunto  y no existía ninguna clase de persecución, pues se tenía puesta la atención en asuntos de mayor importancia.  Fue por eso que las cosas llegaron a un punto muerto y las semanas fueron pasando.

 

            Los diputados socialistas Hildebrando Castro Pozo y Luciano Castillo, se ocuparon del asunto en su Cámara y lograron el apoyo del diputado por Lima y Jefe de la Unión Revolucionaria, Luis Flores, quien tenía dos sobrinos en el 5º año y por ser miembros del Comité de Huelga, tenían una expulsión segura en caso de seguir en la Dirección del plantel el señor Gambirazio.

 

            El problema se resolvió recién el 8 de agosto cuando el señor Gambirazio fue reemplazado por el doctor Arturo Tapia.

 

            El periodista José María Cupén que se ha ocupado de esta huelga en la revista “Época”, dice que una jubilosa caravana de padres de familia, fue a Paita a recibir al nuevo Director y que todos los alumnos correctamente alineados lo esperaron en los patios del plantel tributándole caluroso recibimiento.

 

 

 

El incidente de Leticia

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            El 24 de marzo de 1922, se firmó en Lima un tratado de límites con Colombia, habiendo representado al Perú, el ministro de Relaciones Exteriores doctor   Alberto Salomón Osorio y a Colombia, su embajador Fabio Lozano.  En virtud de ese tratado el Perú cedió a Colombia una zona sumamente extensa de tierras selváticas, comprendidas entre los ríos Caquetá y Putumayo.  Pero eso no era todo, sin antes haberlo pretendido, Colombia logró la entrega de otra gran extensión de tierra entre los ríos Putumayo y Amazonas, llamado por su forma el Trapecio de Leticia.  Con eso Colombia logró acceso al río Amazonas, creando un mal precedente, pues lo mismo pidió Ecuador.  El puerto peruano de Leticia sobre el Amazonas, pasó a convertirse en colombiano.  Lo único que dio Colombia al Perú fue un pequeño territorio llamado Triángulo de Sucumbíos, comprendido entre los ríos Putumayo y Sucumbíos, que antes Colombia había reconocido como territorio ecuatoriano y que en 1922 el Perú se comprometió a cederlo al Ecuador.

 

            Todo esto ocurrió durante el gobierno de Leguía y motivó protestas en diversos lugares del país, sobre todo en el departamento de Loreto.  Fue por ese motivo que todos  los documentos que estaban destinados a protocolizar el tratado marcharon a paso muy lento y recién el 17 de Agosto de 1930, las autoridades peruanas hicieron entrega oficial del territorio que se cedía a Colombia.

 

            El 26 de agosto de 1932, la Célula Parlamentaria Aprista solicitó la revisión del Tratado Salomón-Lozano y el 1º de mayo, peruanos residentes en Leticia hicieron igual pedido.  Por entonces, ya existía en Loreto un estado de tensión, sobre todo en las poblaciones próximas a Leticia.  El alférez Juan Francisco La Rosa, el ingeniero Oscar Ordóñez de la Haza (descendiente de paiteños) y Enrique Vigil, complotaban para apoderarse del pueblo de Leticia.  En la madrugada del 1º de setiembre de 1932, llegaron a Leticia con 48 hombres armados con carabinas antiguas.  En el mencionado puerto fluvial los colombianos tenían 5 autoridades y 19 policías armados con fusiles “Mauser”.  Fueron apresados sin dispararse un solo tiro, y  deportados al vecino puerto brasilero de Tabatinga. Los expulsados, fueron el intendente  Alfredo Villamil,  el alcalde Heriberto Uribe y otras autoridades colombianas..  El prefecto de Loreto y Comandante General, coronel Jesús Ugarte, de inmediato telegrafió los hechos a Lima haciendo conocer que la población de Iquitos daba pleno respaldo a la captura y se iba a realizar un mitin de apoyo por la tarde.  Las tropas peruanas en Loreto eran pequeñas .unidades  Solamente existía el Regimiento de Caballería Nº 17 y una sección de artillería de montaña.  El primero contaba con 326 soldados de los que 180 estaban en Iquitos.  En esta población se formó una Junta Patriótica.  Esta principió a presionar  al prefecto para que enviase tropas a Leticia y luego la guarnición de Iquitos se pronunció a favor y pidió a Ugarte el envío de 50 soldados en la lancha “América” a puerto Castilla, cercano a Leticia, para defender a éste.  El prefecto no quiso comprometerse a tanto y renunció, siendo reemplazado  por el comandante Isauro Calderón. Nombrado por la Junta Patriótica.  El día 4, las fuerzas armadas de Loreto lanzan un manifiesto al país.

            El día 5 llegó a Iquitos el nuevo prefecto nombrado por el Gobierno, doctor Oswaldo Hoyos Osores, siendo recibido en el aeropuerto por 12000 manifestantes.

 

            El 7 el ministro de Gobierno comunicaba al prefecto de Loreto, que se aprobaba la actitud del pueblo de Loreto de reintegrar a Leticia y que se procedería  a pedir la revisión del tratado.  El presidente Sánchez Cerro, telegráficamente dispone que se mantenga la bandera peruana en Leticia.

 

            Mientras esto ocurría en Loreto, en Lima los diarios daban amplias informaciones de los sucesos y lo mismo hacían en Piura los diarios “El Tiempo” y “La  Industria”.  Aunque las cosas se tomaron en el resto del país con mayor calma que en Loreto, el fervor patriótico fue creciendo y con ello el deseo unánime de que se reivindicara a Leticia.  De  Colombia, se sabía poco entre el público, pero se conocía que era un país que gozaba de estabilidad económica y de paz social, aunque militarmente hablando no estuviera mayormente preparada.

 

            El 30 de setiembre, el Perú pidió a la Comisión Permanente de Conciliación Internacional que tenía su sede en Washington, para crear una Comisión de  Conciliación Peruano-Colombiana que revisara el tratado.  Colombia rechazó la propuesta y el Perú la reiteró el 15 de octubre, pero volvió a ser rechazada.  Los colombianos movilizaron una fuerza de mil hombres sobre el Putumayo, mientras que el Gobierno peruano decretaba la movilización en Loreto. El conflicto armado ya no podía ser detenido.

 

 

 

Diversos hechos en 1932

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            -Con ocasión de la celebración del IV Centenario de la Fundación de Piura, el diario “El Tiempo” lanzó un Suplemento tamaño tabloide, el mismo que por la cantidad de páginas y por el contenido, no ha tenido igual en el departamento hasta la fecha.  Se componía de dos secciones, una literaria y otra ilustrada y como Director tuvo al historiador Ricardo Vegas García.  De tan importante documento quedan en la actualidad muy pocos ejemplares por cuyo motivo siempre se ha sugerido a “El Tiempo”, que con los recursos tecnológicos que hoy tiene lo reproduzcan.

 

            -El 19 de setiembre, la población fue despertada alarmada, por un pavoroso incendio que se había producido en la prensa y desmotadora Bolognesi, situada en la calle del Cuzco.  Miembros del ejército y de la policía así como gran cantidad de voluntarios lo combatieron con los recursos que tenían a la mano, pues no existía una compañía de bomberos.

 

            -En el segundo semestre se produjo el cambio del señor prefecto don Alejandro Barúa Ganoza por don Víctor Dellepiani Ocampo.  El señor Barúa Ganoza no retornó a Trujillo de donde era natural, y no era querido por su anti aprismo, sino que se radicó en Piura y se dedicó al cultivo del algodón, habiendo adquirido la Hacienda Huápalas en el Alto Piura que años más tarde condujo su viuda.

 

A Piura llegó el Regimiento Escolta con sus vistosos uniformes y se alojó en el Centro Escolar Nº 21 de la calle el Cuzco.

 

 

El conflicto con Colombia

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            Al iniciarse el año 1933, el Perú vivía un clima de gran fervor patriótico que también se podía apreciar en Piura.  Mientras que la juventud se aprestaba a enrolarse en el ejército movilizable, los diarios piuranos eran arrebatados por el público que ávidamente leía los despachos cablegráficos, sobre los sucesos del conflicto.

 

            Desde el 19 de octubre de 1932, las tropas peruanas habían tomado posesión del pequeño puerto de Tarapacá que era llave de entrada del río Putumayo, y que había estado en la misma situación de Leticia . Se dejó una guarnición de 92, dos cañones krupp muy antiguos y de corto alcance, bajo el mano del teniente Gonzalo Díaz Rojas, un militar de edad y enfermo.

De un puerto colombiano partió el general Efraín Rojas con 700 hombres y varios barcos, que ingresaron al Amazonas, con la orden de unirse con el  general Vásquez Cobo que se encontraba en el río Amazonas con otras fuerzas y barcos, cerca de Leticia.

            Como jefe de las fuerzas colombianas quedó el general Alfredo Vásquez Cobo, el mismo que en 1930 había tenido un incidente con Sánchez Cerro en París.  Para poder operar sobre Leticia, esta escuadra tenía que ingresar por las bocas del Amazonas y recorrer todo el largo curso de este río con permiso de Brasil.  Colombia había adquirido varios barcos, en gran parte tripulados por mercenarios de Europa.  El destructor “Sucre” estaba al mando del capitán alemán Y. Visack y toda su tripulación era de esa nacionalidad.  También adquirió hidroaviones con los que forma escuadrillas, tripuladas por alemanes.  Una de ellas era comandada por el mayor Von Engel y la otra por el mayor Von Oersten.  El comando de la toda la fuerza aérea lo tenía el coronel Herbert Boy. 

El 6 de enero la escuadra colombiana estaba en la boca del río Amazonas, en el puerto brasilero de Belem. El general Efraín Rojas en febrero,  unió sus fuerzas con las de Vásquez Cobo y sumaron 1.000 hombres, varios barcos y dos  escuadrillas de aviones.

 

Vásquez Cobo suponiendo que Leticia estaba bien guarnecida decidió atacar puestos peruanos menores.

 

El 13 de febrero Vásquez Cobo envió un ultimátum a la guarnición peruana de Tarapacá y al día siguiente la aviación colombiana atacó. A continuación se inició el desembarco de tropas colombianas, que fue resistido por varias horas.  Ante la imposibilidad de seguir luchando el   teniente  Díaz Rojas dispuso la evacuación, y tras de dañar los 2 cañones que no podían transportar y dejar abandonadas algunas cajas de municiones,  Díaz Rojas con  56 hombres, muchos enfermos, se internaron en la selva y tras de una penosa marcha de 10 días llegaron a un centro poblado. Los otros  36 hombres de la guarnición de Tarapacá, al mando del subteniente Antonio Cavero se embarcaron en la lancha  “Estefita”, la que tuvo que burlar a la escuadra colombiana para llegar a puerto seguro. Posteriormente, el teniente  Díaz Rojas fue sometido a una Corte Marcial, pero como estaba muy enfermo murió en pleno juicio. Al final el fallo lo declaró inocente, Los colombianos consideraron la recaptura de Tarapacá, como un gran triunfo y hasta  afirmaron que era tan inexpugnable como Gibraltar.

 

            Por entonces el nuevo jefe de la V Región Militar con sede en Iquitos, coronel Víctor Ramos, envió a Vásquez Cobo una comunicación advirtiéndole que se abstuviera de atacar Leticia, porque sería enérgicamente repelido.  Se había propalado el rumor  que el mencionado puerto fluvial estaba protegido por minas.

            Colombia denunció al Perú como agresor ante Estados Unidos y la Liga de las Naciones, los que aceptaron ese temperamento al igual que una gran cantidad de países miembros de la Liga, con lo que la opinión mundial se puso contra el Perú.

 

            La defensa de Leticia estaba encomendada a 1 000 hombres de infantería, artillería, zapadores y marina.  Las famosas “minas” eran tarros de lata sumergidos en el río con material explosivo, y los cañones –si bien eran Krupp- eran muy antiguos, pero se hizo tanta alharaca sobre la situación inexpugnable de Leticia, que Vásquez Cobo desvió el rumbo de la flota y en lugar de atacar Leticia se dirigió al Putumayo y atacó a la pequeña guarnición  de Tarapacá

            El 19 de febrero Sánchez Cerro dirigió un mensaje por radio al Perú, que apenas se pudo escuchar en Piura, por ser muy pocos los que tenían radio receptores y apenas se oían.

 

            El 20 de febrero se realizó en Lima un gran mitin patriótico convocado por la Municipalidad y a la cual concurrieron 120 000 personas según lo expresado  por el Cónsul de  Uruguay.  Al término de la misma, algunos desaforados atacaron el edificio de la Embajada Colombiana causando grandes destrozos.

                                                                                                                  

            El 26 de marzo, la flota colombiana ataca el puesto peruano de Gueppi.  En este caso no era una acción de rescate, pues Gueppi siempre había sido peruano.   Era defendido por 194 soldados sin artillería. Al mando del teniente Víctor Tenorio, el que siendo general sirvió en Piura  La acción se inició a las 8 de la mañana y terminó a las 5 de la tarde, con la evacuación de ese puerto.  Allí murió heroicamente el sargento Fernando Lores Tenazoa..  En la retirada se encontraron los peruanos con contingentes que iban en su socorro por lo cual establecieron en la selva una nueva línea de defensa.  Se empezó entonces a concentrar tropas en ese lugar para iniciar una contraofensiva, que no se realizó porque luego se iniciaron conversaciones de paz.

Hasta entonces  solo las guarniciones de Loreto habían enfrentado la guerra y cuando la escuadra peruana estaba ingresando al Amazonas y aviones de guerra llegando a Iquitos, junto con apreciables contingentes de tropas, el conflicto iba a tomar otro giro. Pero vino el asesinato de Sánchez Cerro y la intervención  de la Liga de Naciones y se dio la orden de alto el fuego.

 

            Por entonces, se desconfiaba mucho del Ecuador y no se descartaba un ataque repentino de ese país, por cuyo motivo hubo concentración de tropas en Tumbes y Piura.

 

            Al iniciarse el mes de abril, el Perú envió al crucero Grau y a los submarinos R-1 y R-2 a Iquitos, para lo cual tenían que hacer un largo recorrido, pasando por las costas colombianas del Pacífico, para luego ingresar al  Canal de Panamá y de allí entrar a la boca del Amazonas.  Cuando el “Grau” pasó frente a Colombia, hubo verdadero pánico en el puerto de Buenaventura, pues se temió un ataque de esos barcos peruanos.  Poco después salieron del Callao el crucero “Lima” y los destructores “Guise” y “Villar”.  Cuando todas esas fuerzas  pudieran llegar  a la zona de conflicto, sin duda alguna que la situación se iba a tornar totalmente favorable al Perú.

 

            Entre enero y febrero había ya en Iquitos 14 aviones e hidroaviones y 9 en San Ramón.  La línea aérea nacional y los aviones de Elmer Faucett tendieron una línea de abastecimiento y transporte de Lima-Paita-Iquitos.  El 20 de febrero un avión conducido por el comandante Manuel Cánepa que viajaba de Lima a Paita se precipitó a tierra en Virú resultando dos muertos.  Cuando una escuadrilla volaba de Paita a Iquitos, un avión conducido por el alférez Alfredo Rodrigue Ballón se precipitó a tierra a la altura del río Nieva y murió el piloto.

 

 

Rebelión y muerte del comandante Jiménez

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            En 1932 el comandante Jiménez que se encontraba desterrado en Chile, llegó a un acuerdo con líderes apristas que estaban también en condición de deportados para iniciar en Trujillo el 15 de julio una rebelión para lo cual previamente el comandante Gustavo Jiménez se trasladaría a Chimbote y de allí a Trujillo contándose con el apoyo –según aseguraban- de algunas unidades militares.  Pero Barreto “el Búfalo “, adelantó el golpe y el viaje de Jiménez se frustró. Eso causó el fracaso de la revolución de Trujillo..

 

            Al iniciarse el año 1933, Jiménez persistí en el propósito de hacerle la revolución a Sánchez Cerro..Para tal fin  se reunió con Manuel Seoane y firmaron lo que se llamó el “Pacto de Arica”, para intentar una nueva rebelión en el norte peruano al cual los apristas llamaban “el sólido norte”.

 

Entre febrero y marzo, Jiménez viajó a Lima de incógnito, luego fue a Trujillo y de allí a Cajamarca, en donde el 11 de marzo se sublevó con el regimiento de infantería Nº 11 que estaba previamente comprometido.  Esta unidad, había combatido antes contra los apristas en Trujillo, Jiménez lanzó un manifiesto al país y entre otras cosa se pronunció contra la guerra con Colombia.  Por estar en esos momentos el Perú enfrentando un conflicto internacional, mereció el repudio de todo el país.

 

            El gobierno envió al encuentro  de Jiménez, que había llegado a Pacasmayo, al regimiento de infantería Nº 3 de Trujillo, al mando del comandante Luis Vinatea.  De Chiclayo partió el regimiento de infantería Nº 1 y fuerzas de la guardia civil al mando del capitán Cervantes.  Fueron estas últimas las que tuvieron el primer encuentro con los rebeldes deteniéndoles y dando tiempo a que actuaran el regimiento de infantería Nº 5 y de caballería Nº 3 que acababan de llegar de Lima.

 Jiménez pensó que todas las tropas que ahora lo enfrentaban se le iban a unir, pues así se lo habían asegurado los líderes apristas; pero más bien entre Paiján y Puerto Chicama fueron derrotados por las fuerzas del gobierno.  El 14 se presentó ante los rebeldes el teniente Luis Ramírez del regimiento Nº 3 con cuatro soldados a pedir la entrega de las armas, a lo que accedieron los derrotados. Poco después ante sus soldados formados, Jiménez se disparó en la sien derecha y se suicidó.

 

            La represión fue dura. El 6 de abril de 1933 una Corte Marcial condenó a ser fusilados  al Mayor  Manuel Castillo Vásquez,  a los capitanes  Luis Tirado Vera y Daniel Villafuerte, al subteniente  Héctor Saldaña  Alavedra y al civil  Luis Benjamín Gálvez.  O sea cinco oficiales y un civil que  fueron fusilados en Chan-Chan.  A muchos se condenó a prisión, entre ellos al español (civil) Eugenio Kar y Corona que años después fuera director del diario “Acción” en  Sullana.

El capitán Luis Tirado Vera, habia sido de los que mas habían intervenido para evitar la lucha con las unidades del Ejército, pues se dio cuenta de que habían sido engañados y que las fuerzas militares del Gobierno no se iban a unir a la rebelión. Después en la Crte Marcial, con gran entereza, trato de salvar al resto de condenados  diciendo que sólo él era responsable.

El regimiento de infantería Nº 11 fue disuelto y su bandera incinerada.  Mucho se dijo  que el comandante Jiménez había tenido intención de declarar al   doctor Luis A. Eguiguren como presidente de una Junta de Gobierno en caso de haber triunfado.

 

 

 

Incendios en Piura y fundación de la Compañía de Bomberos

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            El 13 de abril de 1933, la población de Piura, fue despertada en horas de la madrugada a los gritos de  ¡Quema!  ¡Quema!   La gente corría hacia un punto; la octava cuadra de la calle Arequipa.  Allí se había producido un dantesco incendio en el Almacén Romero, que ocupaba casi media manzana y era el más importante de la ciudad.

 

            El local y el negocio eran de propiedad de don Calixto Romero Hernández, dinámico hombre de negocios que incursionaba también en la agricultura, la industria y en la exportación de sombreros de paja de Catacaos.

 

            Se supuso que el incendio se originó por un corto circuito, pero bien pronto se propagó, ante la mirada impotente de cientos de vecinos que veían como el fuego se extendía hasta la calle del Cuzco y la transversal Ayacucho.

 La policía, los soldados del ejército y varios vecinos entre los que destacaba el súbdito alemán Hernann Dientsmaier se entregaron a la gigantesca y casi inútil tarea de tratar de combatir el fuego con baldazos de agua y de salvar lo que se podía de la mercadería la que era depositada  en la transversal Huancavelica, calle Arequipa y hasta cerca de la plaza de armas.  Como era imposible cuidarla adecuadamente se produjeron actos de pillaje.  A las seis de la mañana el fuego se había extinguido y cientos de personas hurgaban entre las cenizas con el fin de extraer algunos objetos y mercadería semi-quemada.

 

            Este incendio que en las sombras de la noche se pudo observar desde fuera de la ciudad de Piura, pues las lenguas de fuego se proyectaban decenas de metros hacia el cielo, hizo sentir la necesidad de contar con una compañía de bomberos.

            El 1º de agosto se produjo otro gran incendio en la ciudad de Piura.  El fuego se inició también de noche en las tiendas de la calle Tacna, llamadas “Todo Rojo” y “Palacio de las Sedas” que tenían numerosa clientela.  La dirección del viento que soplaba de sur a norte, llevó las llamas hasta el establecimiento vecino el “Bar Génova”, el principal de la ciudad, del ciudadano italiano Massuco.  Este local fue también consumido en su totalidad por el fuego.  Al contrario de lo que ocurriera con los Almacenes Romero, poco fue lo que se pudo salvar.

 

            Fue entonces cuando el señor Dientsmaier tomó la iniciativa para la creación de una compañía de bomberos en Piura, siendo entusiastamente secundado por don Alberto Radicí, de profesión joyero y por el profesor  don Enrique Drouard.  El 12 de agosto se celebró una reunión convocada por el nuevo prefecto, señor Teobaldo Santa María.  El acto fue en el local prefectural y asistieron 46 personas.  Ante la urgencia de los hechos, en la misma reunión se fundó la Compañía de Bomberos Voluntarios Nº 1 de Piura, que ahora tiene Nº 25.  Fue su primer presidente el señor Dientsmaier quien mostró un gran sentido de organización, y pronto hizo que la flamante compañía de bomberos fuera operante, pero mal se le pagó a ese diligente ciudadano extranjero, pues en 1941 con motivo de la Guerra Mundial, fue confinado en un campo de concentración en los Estados Unidos.

 

 

 

Asesinato del presidente Sánchez Cerro

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            El 30 de abril  1933, el presidente Sánchez Cerro se había levantado muy temprano como era su  costumbre.

.  Estaba de muy buen humor, pues iba a pasar revista a unos 30.000 jóvenes movilizables que estaban listos para imarchar a la selva en la guerra con Colombia.

            Días antes, el  presidente había recorrido varias avenidas y calles a pie en medio de enfervorizadas multitudes.  Nunca hizo caso de las voces prudentes que le aconsejaban tuviera más cuidado, sobre todo frente a enemigos que pregonaban: “Antes los colombianos que Sánchez Cerro”.

 

            Sánchez Cerro se puso la malla anti-bala que le había obsequiado un diplomático y luego su uniforme de general, pero se sentía incómodo y allí quedó la malla sobre la cama.  Al salir, lo esperaba un auto blindado comprado por Leguía, pero él prefirió un coche descubierto.  Se le dijo que eso era imprudente, pero él respondió:  “Cuando se va a revistar soldados no  se puede tener miedo”.

 

            Lleno de gran emoción el presidente presenció el desfile en el Hipódromo de Santa Beatriz, hoy Campo de Marte.

 

            A la 1 p.m. Sánchez Cerro se dirigió a la puerta de salida, rodeado de una gran multitud que lo aclamaba, pero eso le impedía avanzar al auto descubierto.

 

.  Repentinamente un hombre se abrió campo entre la multitud y luego apartó a los  gendarmes que iban al costado del auto y agarrándose de la capota con la mano izquierda, disparó a quemarropa tres tiros de revólver que le impactaron al mandatario.  Luego se oyeron otros disparos provenientes de diversas direcciones.  El asesino trató de fugar y el policía José Rodríguez Pisco quiso detenerlo, pero un disparo de mano anónima lo mató.  El asesino cayó con 16 heridas de bala y 4 de bayoneta.  Otros cinco militares resultaron heridos.

 

            El Presidente, en estado de gravedad extrema fue llevado al Hospital Italiano y allí falleció 10 minutos más tarde.  Miles de personas se reunieron en torno a ese centro de salud y cuando la bandera se puso a media asta, se pudo conocer el fatal desenlace.  El gentío dejó oír un tremendo clamoreo, mezcla de cólera, de asombro y de pena.  De inmediato Lima se paralizó.  Los establecimientos comerciales y públicos cerraron sus puertas y los espectáculos se suspendieron.  Muchos ponían la bandera a media asta.

 

            En el cuarto Nº 8 yacía el cadáver del mandatario.  Desconsolado a su lado, su hermano Pablo Ernesto.  Presa de desesperación el general Cirilo Ortega

lloraba, el doctor Herrera coloca en los labios del moribundo la medalla de Santa Teresita  que el presidente llevaba.

 

            Al poco tiempo llegó el general Oscar R. Benavides, nombrado recientemente Jefe de las Fuerzas Armadas del Perú.  Momentos más tarde el general y el    Primer Ministro Matías Manzanilla salían del hospital rumbo a Palacio.

 

            Se reúne el Consejo de Ministros, declara duelo nacional y  asume el  poder por 3 días hasta que el Congreso nombre al sucesor de Sánchez Cerro;  pero el Congreso se reúne en la tarde del mismo día 30 y eligen al general Benavides.

 

            Mientras tanto, el cadáver de Sánchez Cerro había sido llevado a la capilla de Palacio y de allí a la Iglesia del Sagrario.

 

            El asesino era un mozo de bar llamado Alejandro Mendoza  Leiva, que vivía en Lima desde niño.  Una vez sufrió detención por robo.  Estaba afiliado al Partido Aprista, frecuentando el local de ese partido en la calle Belén.  Se hizo activista y continuamente hacía uso de la palabra ante pequeños grupos en la plaza San Martín.

 

            Con su muerte, quedó en el misterio toda la trama del complot, pues indudablemente lo hubo.

 

 

 

Impacto en Piura

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            Muy pronto la Prefectura de Piura tuvo noticias del triste suceso, lo que fue comunicado a los padres del presidente.  Las banderas a media asta en la casa paterna y en la Prefectura llenaron de alarma y curiosidad a la gente y la noticia pronto se esparció.  Estupor, incredulidad y congoja fueron los sentimientos iniciales, para luego dejar campo a un acentuado rencor y deseos de venganza,  entre las masas “urristas” de Piura, sobre todo en el sector de la mangachería en donde se le tenía verdadera devoción.

 

            Centenares de personas dieron el pésame a los padres, mientras las multitudes desorientadas recorrían las calles sin dirección, no sabían que hacer.  Se implantó también el estado de sitio.

 

            Don Antonio Sánchez, hizo lo que nunca antes había efectuado, viajar a Lima en avión.  Allí fue recibido por sus hijos Pablo Ernesto que era diputado y Hortensio Superintendente General de Aduanas.  También por el doctor Luis Flores, Jefe de la Unión Revolucionaria.

 

            Lo primero que hizo don Antonio en Lima, fue dirigirse a la casa particular  donde había vivido su hijo.  Luego en automóvil se dirigió a la Iglesia del Sagrario  donde con dulzura pudo contemplar al hijo muerto que estaba dentro de una urna.  Ningún gesto alteró la noble faz del anciano, pero gruesas lágrimas se desprendieron de sus ojos.  Quedamente dijo “parece dormido”, luego “Ha muerto joven, sólo tenía 43 años.  Basta ya” y se retiró.

 

            El cadáver del presidente estuvo expuesto hasta el 3 de mayo para permitir que miles y miles de sus acongojados seguidores pudieran darle el último adiós.  En ese día un imponente cortejo civil-militar acompañó los restos a la Basílica Metropolitana, mientras que en el Fuerte de Santa Catalina se hacían cinco tiros de cañón, las banderas y estandartes lucían crespones negros y los oficiales brazaletes de luto.

 

            El arzobispo celebró solemnes honras fúnebres y tras de eso, los restos fueron trasladados al Cementerio Presbítero Maestro.  Entre los que arrastraban el duelo estaban el padre del mandatario don Antonio, sus hermanos Pablo Ernesto y Hortensio, ministros, parlamentarios, altos dignatarios, jefes militares y sobre todo una enorme masa de gente acongojada.  Muchos quizá negándose a aceptar la tremenda realidad, o como queriendo resucitarlo, gritaban “¡Viva Sánchez Cerro!”.  Veintiún cañonazos dieron fin a la emotiva y grandiosa ceremonia fúnebre del sepelio.

 

 

 

Luis Miguel Sánchez Cerro

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            Nació en Piura el 18 de agosto de 1889, en la segunda cuadra de la calle Arequipa llamada antes el Playón, es decir en el Barrio de la Mangachería.  Pertenecía a la clase media, siendo sus padres, el notario don Antonio Sánchez Cherre y su madre doña Rosa Cerro Guerrero, de los altos círculos sociales de Piura.  Se bautizó el 10 de febrero de 1890.

 

            Terminó sus estudios secundarios en el Colegio  San Miguel de Piura.  Fue condiscípulo de Gustavo Moya Jiménez., Emiliano Otero, Pedro Gálvez Mata, Miguel Checa Eguiguren, Luis Antonio Eguiguren ( sólo un año), Sixto Ramírez y otros,  pertenecientes a la Promoción 1905.  Cuando era estudiante siempre decía “Yo seré Presidente de la República” lo que era tomado a broma por sus compañeros, pues era bajo y de contextura débil  Con el tiempo, eso se convirtió en obsesión.

 

            Pedro Gálvez Mata, que llegaría a coronel, sería después su compañero de promoción en la Escuela Militar de Chorrillos.

 

El Dr. Luis Antonio Eguiguren,  apoyó a Sánchez Cerro cuando llegó a ser Presidente de la Junta Militar de Gobierno, y lo nombró Alcalde de Lima. Cuando fue Presidente Constitucional, pensó Sánchez Cerro  en nombrar a Eguiguren como su Primer Ministro, pero éste por lo visto pecó de ingenuo y presento a su amigo Sánchez Cerro una lista  que denominó “de ancha base”, del futuro gabinete entre los que habían simpatizantes apristas y leguiístas, lo que no  fue aceptado por Sánchez Cerro.

 

Gálvez Mata fue nombrado con cargo militar  en Piura.

Miguel Checa Eguiguren fue embajador y diplomático en época de Leguía y muy vinculado a ese mandatario. Sánchez Cerro lo subrogó y como es lógico, la familia Checa se ubicó en la oposición.

 

Don Emiliano Otero era escribano y visitó a Sánchez Cerro cuando era Presidente Constitucional .Fue acogido muy cordialmente y cuando el mandatario le preguntó en que podía servirlo, le pidió  una prefectura.  Sánchez Cerro casi da un brinco y sonriendo le dijo: No pues, eso no. Ya todas están comprometidas. Entonces don Emiliano insistió y le dijo: Una prefectura chiquita.- Fue nombrado prefecto de Tumbes.

 

Sixto Ramírez, el popular “pelao” o “chilalo” era Regente en el Colegio San Miguel.

 

Gustavo Moya Jiménez era normalista y cuando fue depuesto Leguía se desempeñaba en Trujillo como Visitador de Educación Primaria del departamento de La Libertad y de lo que hoy es la costa de Ancash. Era apolítico, pero se mantenía fiel a la amistad de Sánchez  Cerro. En Trujillo era considerado sanchecerrista, pero  fue subrogado el 1º de julio de 1932, bajo la acusación de actuar muy condescendiente con los maestros apristas- Don Gustavo dispuso que su familia viajase a Piura y él fue a Lima a entrevistarse con Sánchez Cerro. El presidente hizo desocupar su despacho y se quedó sólo con mi  padre. En forma altanera le preguntó: ¿a que vienes? Seguramente eres aprista como el zambo Serapio (el hermano de mi padre). Seguro que me vienes a pedir algo. Mi padre era un hombre alto, fornido y de carácter también fuerte. Casi gritando le replicó.: Yo no soy aprista ni  urrista, me considero tu amigo No te vengo a pedir nada, sino a exigirte me devuelvas, lo queme  has quitado. Siguió un tormentoso diálogo a gritos y luego de serenarse Sánchez Cerro le dijo: Los cargos de supervisores han sido suprimidos por razones de economía, pero puedes  ir de Inspector de Educación  Piura. Mi padre aceptó. Mientras tanto en Trujillo había estallado la revolución.

 

En enero de 1906 se dirigió a Lima, como aspirante a la Escuela Militar de Chorrillos, pero como los cursos se iniciaban en el mes de marzo, ingresó como soldado de artillería, de donde pasó de inmediato a la Sección Preparatoria.

 

La bella caligrafía inglesa que poseía y su buena ortografía, la aprendió en el estudio profesional de su abuelo abogado-notario Miguel Serapio Cerro, en donde trabajaba en vacaciones.  Fueron sus hermanos Antonio, Hortensio, Pablo Ernesto y Francisca.  A estos últimos que eran menores los ayudó en sus estudios.  Con los cuatro antes mencionados fue con quienes tuvo mayor contacto, pues en total fueron 10 hermanos.

            Desde que era alumno en la Escuela Militar de Chorrillos, destacaba entre sus compañeros por su coraje, autoritarismo y no tener sentido del miedo.  Fue así como el 22 de diciembre de 1908 fue designado por sus compañeros de  promoción, para que exigiera amplias satisfacciones o recurrir a las armas al periodista Pedro Ruiz, por un artículo publicado en el diario “La Prensa”, que se consideraba ofensivo.  Egresó de la Escuela Militar en 1910 y fue enviado a Sullana a un puesto de frontera  durante  el conflicto con Ecuador.

 

            En 1912, como subteniente, se encontraba destacado en la guarnición de Lambayeque y en 1914 ya de teniente estaba en Lima en el Regimiento de Artillería de Costa.  El 4 de febrero de ese año, la guarnición de Lima se sublevó contra el presidente Billinghurst.  El teniente Sánchez Cerro recibió el encargo de tomar la puerta principal de Palacio defendida por oficiales y soldados del regimiento escolta, con una ametralladora.  Sánchez Cerró nunca habia intervenido en política y se limitó a obedecer sin dudas ni murmuraciones. Vio caer a ocho de sus soldados con el fuego de la ametralladora, lo que lo impulsó a lanzarse sólo contra la puerta, introducir la mano en ella para correr el cerrojo y lograrlo, pero en la acción sufrió grave herida en el dedo índice de la mano derecha, que le tuvo que ser amputado en la misma plaza de armas.  Además le fue desastillado el húmero del mismo brazo, por lo que se le tuvo que poner una placa de platino. A raíz de esa acción de armas y de la pérdida del dedo, se le conoció como “El Mocho”.  Fue gracias a su acción que los sublevados ingresaron a Palacio.

 

            En octubre, fue ascendido a capitán por acción de armas y se le nombró Agregado Militar en la legación del Perú en Estados Unidos.  Sólo estuvo dos meses pero los aprovechó para aprender inglés.  Regresó a Lima porque no se le abonaban sus sueldos. 

 

            En 1916  encontramos al capitán Sánchez Cerro en el regimiento de infantería Nº 9 de Arequipa y al año siguiente, es decir en 1917 se encontraba sirviendo en el regimiento de infantería Nº 7 de Lima.  En 1918 pide su traslado a Loreto, lo que es atendido.  En abril de 1919, el capitán Sánchez Cerro obliga a retirarse a un grupo de soldados ecuatorianos que al mando del capitán Bonilla habían invadido el  Perú en el sector de Huasaga en el río Pastaza, en donde era comisario el capitán Sánchez Cerro.  En la acción fue secundado por el sargento Manuel Frías y 14 soldados.  Frías era también piurano y llegaría a ser coronel.

 

            Nuevamente por acción de armas es ascendido el mismo año de 1918 a sargento mayor.  En 1920 es trasladado a Arequipa y en 1921 a Sicuani.

 

            En agosto de 1922, el mayor Sánchez Cerro se encontraba en el Cuzco en el batallón de infantería Nº 15, siendo luego nombrado Juez Militar sustituto.  Por entonces empezó a complotar con otros oficiales, contra el presidente Leguía, lo cual fue sabido por el prefecto coronel Julio Mindreau, el que lo citó para el día 19 a dar cuenta de sus actos.  Lo mismo se hizo con otros oficiales que fueron reducidos a prisión.  En cambio Sánchez Cerro se refugió en el regimiento de infantería Nº 3 que logró poner de su parte.  Cuando el coronel Mindreau se constituyó a ese cuartel, fue recibido en forma altanera por Sánchez Cerro, pero el prefecto logró su detención y alojamiento en otra unidad.  El día 22 el mayor Cirilo Ortega –quien años más tarde sería fiel seguidor del presidente Sánchez Cerro- se constituyó a la Prefectura para solicitar la libertad de los detenidos, lo cual fue negada, dando origen a la rebelión de dos regimientos y otras fuerzas.  No menos de 35 muertos causó esta rebelión, en la que tomó parte activa Sánchez Cerro, pues logró sublevar al regimiento en donde estaba preso.  La rebelión fue al fin sofocada con fuerzas llegadas de otros lugares y 12 oficiales fueron confinados en la inhóspita isla de Taquila en el Lago Titicaca.  Entre ellos estaba el mayor Ortega, el mayor Sánchez Cerro a pesar de tener herida de cuidado en el brazo y el teniente, piurano, Aristarco Seminario.  Dada la situación inhumana y degradante imperante en la isla Taquila improvisada como prisión, se levantaron en el Perú y en el extranjero muchas voces de protesta.  En diciembre el Gobierno de Leguía se vio obligado a sacar los presos de Taquila, el que no retornó fue un oficial asesinado por uno de sus carceleros.  Los detenidos fueron llevados a la isla de San Lorenzo y al poco tiempo dados de baja y puestos  en libertad.

 

            Sánchez Cerro se dedica en Lima a la compra-venta de productos para poder subsistir.  Vendía en Lima carbón de palo de Piura.

 

            El 9 de mayo de 1924 retorna al servicio, como ayudante del ministro de Guerra que era don Alfredo de la Piedra, amigo suyo.  Cinco meses más tarde es enviado a Madre de Dios, para hacerse cargo como 1er. Jefe del Batallón de Colonización Nº 4 acantonado en el sitio llamado La Pampa.  Dicha unidad se encontraba en total estado de abandono, desmoralizada e indisciplinada y casi al borde de la rebelión.  Sánchez Cerro se presentó completamente solo y en poco tiempo reorganizó esa unidad y en admirable marcha sin desertores, la llevó a Sicuani.  Al rendir cuentas, había ahorrado más 1 500 L.P.

 

            Al retornar a Lima fue enviado a Cajatambo como Jefe Provincial, pero como no lo aceptó, su amigo el ministro lo envió en misión militar a Italia a donde parte en agosto de 1924.  Estuvo en España, y durante 14 meses participó en la Guerra del Riff.  En esa lucha frente a los árabes y en el ardiente desierto nor-africano dio muestras de valor siendo condecorado.  Durante su permanencia en Italia hizo estudios de los idiomas italiano y francés.  En esa época Mussolini gobernaba Italia.

 

            El 15 de enero de 1929 regresa al Perú y es ascendido a teniente coronel, siendo enviado a Arequipa al batallón de zapadores Nº 3 donde se subleva en 1930.

            Carlos Miró Quesada en “Sánchez Cerro y su tiempo” dice:  “Su coraje tan desmesurado y extraordinario acusaba anormalidad.  Parece increíble que se pueda dominar el miedo en forma tan completa.  Era un hombre sin nervios.  Nacido para la lucha, vino al mundo sin instinto del peligro”.    

 

            Esos eran rasgos de su carácter.  Otro, era su honradez.  Cuando Luis Flores habló en su sepelio, reveló que el único patrimonio que dejaba eran 180 soles.

Siendo presidente de la Junta de Gobierno, se le presenta el funcionario encargado de pagar su sueldo. Lleva dinero en efectivo y le entrega un recibo por 2,800 soles, cantidad a la que ascienden los emolumentos del jefe del Estado. Sánchez Cerro le pregunta:

            - “¿Acaso he pedido yo algún adelanto a cuenta de mis haberes?”

            - “No señor, le dice el funcionario. Pero esa suma corresponde a los honorarios del primer magistrado de la nación”.

            - “Soy teniente coronel y por lo tanto sólo tengo derecho a cobrar 662  soles.

I eso fue lo que cobró

 

Su persona concitó la adhesión y hasta veneración de muchos, pero también el odio profundo de otros, que no lo perdonaron ni hasta después de muerto.  La gente del pueblo de Piura, tenía en su hogar un retrato del caudillo al cual velaban y en su tumba en Lima por muchos años nunca faltaron flores.  El escritor aprista, comandante Víctor Villanueva, decía en “El Militarismo en el Perú”:  “Sánchez Cerro gozó en los primeros momentos de auténtico apoyo popular y unánime respaldo ciudadano”.

 

            Sin duda Sánchez Cerro murió como hubiera  deseado morir.  Su postrer mirada vio el desfile de miles y miles de jóvenes soldados y las banderas de la Patria desplegadas, así como a las multitudes que se le rendían.  Y en sus oídos resonaban aún los himnos militares, los clamores ciudadanos. y las estrofas de nuestro Himno Nacional.   Toda la grandiosidad de un escenario trágico y dramático, como lo hubiera imaginado Wagner.

Sus restos reposan en el Cementerio Presbítero Maestro, donde tiene un bello mausoleo.