ANANDA K. COOMARASWAMY: ALGUNAS PALABRAS PîLI*
«Para una comprensión exacta del significado original de la mayoría de
los términos técnicos del budismo, es indispensable un conocimiento de su forma
sánscrita».
Max
Müller, Sacred Books
of the
East, Vol. 10, liv.[1]
En el siguiente artículo se
examinarán algunas palabras pli, con particular referencia a su tratamiento en el
PTS Dictionary** y a su traducción en los
volúmenes del Nikya de la PTS, ahora completados. Las referencias son a las
correspondientes ediciones, por volumen y página. Los estudios de Attha (artha), Rasa, Vyajana y Sahjanetta equivalen a un primer ensayo en el estudio
de la retórica budista, y deben leerse juntos.
akaniÊÊha. El Diccionario yerra completamente el significado
de esta palabra en su contexto, Sa×yutta Nikya V.237, Jtaka III.487, etc. No es «“no el
más pequeño”, es decir, el más grande, el más elevado», sino «entre quienes no
hay nadie más joven (o más pequeño) que otro». Los Devas en cuestión solo
pueden ser los Maruts, de quienes «Ninguno ha salido superior ni inferior, ni
ha sobrepasado la gloria media» (te ajye·Êh akani·Êhsa udbhido [2] madhyamso mahas vi vav¨dhuú, ôg Veda
Sa×hit V.59.6), sino que «como
hermanos han crecido juntos», ôg Veda
Sa×hit V.60.5. Al igual que Vyu es metafísicamente el
«Viento del Espíritu», así son estos Tempestuosos vientos «Ráfagas del
Espíritu». No se perderá de vista que en Maitri
Upani·ad II.1 B¨hadratha (del çk·vkuvaµ§a, también el del Buddha),
que está a punto de devenir un tmajaú (pli attaè ) y un k¨tak¨tyaú (pli katakicco, kataµ karaö´yam), es tenido por un Marut; y que en dem VI.30, donde él es efectivamente k¨tak¨tyaú («todo en acto») y entra a través de la Puerta del Sol adentro del
Brahmaloka, ya no es llamado por un nombre personal o de familia, sino solo
como «Marut». La frase budista akaniÊÊhgmin, que aparece con parinibbyin en una lista de las designaciones de los
«Nunca-retornadores» en varios contextos (D´gha
Nikya III.237, etc.), implica,
por consiguiente, la obtención del Brahmaloka y la compañía en iguales términos
de los Devas más altos, las «Ráfagas del Espíritu (Maruts)»,
entre quienes no hay ninguna distinción de superior o inferior o de entrados
antes o después. Enteramente análoga a esta es la posición del Comprehensor, de
quien se dice a menudo, por ejemplo, Sa×yutta Nikya I.12, que él no piensa de sí mismo como «igual, o mejor que, o
inferior a otros».
G. P. Malalasekera, en su Dictionary of Pli Proper Names
(Londres, 1937), cita de D´gha-Nikya Atthakath II.480, la explicación de akaniÊÊh dev de Buddhaghosa. En esta cita, sabbehÕeva debe ser sabbe hÕeva. Por otra parte, B. no da
dos explicaciones diferentes del nombre, sino solo una: las deidades akaniÊÊha se llaman así porque ninguno de entre ellos es
menor en realización y virtudes[3].
akliko. En Sa×yutta Nikya I.11-13, una Yakkh´ pregunta al Buddha lo que se entiende por la
designación del Dhamma como «intemporal» (akliko), es decir, «eterno». El Buddha responde que la vida eterna solo puede
realizarse con la comprensión de lo que-puede-decirse: «Aquellos que atienden
solo a lo que puede decirse (akkheyyam, es decir, a la narración
misma khynam), que se apoyan en lo que
puede decirse, que no comprehenden plenamente lo que puede decirse, estos caen
bajo el yugo de la Muerte: pero el que comprehende plenamente lo que puede
decirse, no hace ningún debate acerca del orador (akkhtraµ na maati, donde la referencia de akkhtro es al Buddha mismo, como en
Sutta-Nipta 167), puesto que reflexiona
para sí mismo (iti ) “Ello no es suyo”» (taµ hi tassa na hoti ),
y así no comete ningún error (yena naµ
vajj na tassa atthi )». La Yakkh´ no comprende y pide al
Buddha «que explique en detalle el significado de lo que se ha dicho resumido»
(saµkhittena bhsitassa vitthrena atthaµ
jneyyam). El Buddha expone
entonces, más explícitamente, la doctrina de kimcaa, por medio de la cual él ha respondido ya, a uno y
el mismo tiempo, a la referencia equivocada de la Yakkh´ al Buddha, como «rodeado
por otros Devats poderosos», y a su pregunta actual, en cuanto al
significado de «atemporal» (akliko): «Él [el Buddha] es
contrario (vivadetha, con referencia al vajj tassa precedente) a quien piensa
en términos de “igual, mejor o peor”», es decir, a quien considera al Buddha
como «alguien». Ella todavía no comprende (como antes). El Buddha dice más
explícitamente, «Al que ha acabado con el “número”, a l ni los dioses ni los hombres, ya sea aquí abajo o
ya sea allí en el más allá, pueden alcanzar» (pahsi saökhaµ… taµ… njjhagmuµ dev manuss idha
v huraµ
v ). Por último ella comprende
el significado del Buddha (attham): «atemporal» solo puede
aplicarse a una doctrina que no ha sido enseñada por «alguien»; el dhamma es akliko porque es, no la «opinión»
«fechada» de Fulano (que sea un hombre o una deidad personal, es irrelevante
aquí), sino la Verdad misma. Ni el Buddha ni el Dhamma están «en el tiempo»,
sino solo sus manifestaciones, que no deben tomarse absolutamente, sino que
deben ser penetradas y verificadas. La designación del Dhamma como «atemporal»
es la forma budista de la bien conocida doctrina india de la «eternidad del
Veda», para la cual hay buenos equivalentes cristianos, por ejemplo, San
Agustín, De lib.
arb. I.6, Lex, quae summa
ratio nominatur, non potest
cuipiam intelligenti non incommutabilis aeternaque videri; Santo Tomás, Summa Theologica I-II.91.1, divina ratio
nihil concipit ex tempore, etc. «Dhamma» difícilmente podría traducirse en Latín mejor que por Lex, quae summa
ratio nominatur… aeterna… divina ratio. La objeción del erudito
moderno a la doctrina de la eternidad de la Palabra, la Ley o el Dhamma, se
basa sobre una comprensión errónea de lo que se quiere significar; como observó
Santo Tomás, Summa Theologica, dem, «La Palabra Divina y la
escritura del Libro de la Vida (que corresponde a la vidy implicada en «Jtavedas» y a «Providencia») son
eternas. Pero la promulgación no puede ser desde la eternidad por parte de la
criatura que escucha o lee». La doctrina de la eternidad de la summa ratio es la misma que la doctrina
platónica de las ideas; la de su promulgación temporal corresponde a la
aparición de las sombras sobre el muro de la caverna. En los textos budistas
encontramos, de la misma manera, que el Dhamma se describe a la vez como sandiÊÊhiko, manifiesto, y como akliko, no en el tiempo. Pues, tomando las palabras de San Agustín, «Esta
sabiduría no es hecha; sino que ella es en este presente, como siempre ha sido
y como siempre será» (Confesiones IX.10). Hay otros muchos
textos en los que el Buddha identifica a él mismo, al Dhamma y a Brahma; el
Dhamma es, por consiguiente, temporal e intemporal, de la misma manera que el
Brahman, una única esencia con dos naturalezas, es kla y akla (Maitri Upani·ad VI.15, etc.), «tiempo y
sin-tiempo», y por lo tanto también sakala y akala, «con y sin partes». Expresado de otro modo, el
Brahman es, por una parte, el brahman audible = mantram, y por otra, silente: §abda
y a§abda, «vocal y silente».
akiriyavda. De la misma manera que en el brahmanismo
(por ejemplo, Taittir´ya Brhmaöa III.12.9.7-8; Jaimin´ya Upani·ad Brhmaöa I.5.1-2; Chndogya Upani·ad VIII.4.4; B¨hadraöyaka Upani·ad IV.4.23; KaÊha Upani·ad II.14; Kau·itak´ Upani·ad I.4; Maitri Upani·ad VI.18, 35; Bhagavad G´t V.15; etc.) y en el
cristianismo (I San Juan 3:9; II Corintios 3:17; Gálatas 5:18; Summa Theologica I-II.93.6 ad I y II-II.180.2), los valores éticos, en último
análisis, han de ser rechazados y toda responsabilidad cesa, así también en el
budismo pli (Majjhima Nikya I.135, 160; Majjhima Nikya II.36-39; Dhammapada 39, 267, 412; Sutta-Nipta 715, etc.); se sigue, ciertamente, como una
cuestión de hecho, que cuando se depone para siempre todo el fardo del kamma (la operación de las causas mediatas, o «fatum»),
los factores relativos de este fardo (lo que debía haberse hecho y no se hizo,
y lo que no debía haberse hecho y se hizo) se desechan igualmente; este
abandono de los valores éticos acompaña inevitablemente al abandono del «sí
mismo» psicofísico (pli apptumo, ppa att, anatt ), un abandono que se llama en el brahmanismo el «sacrificio de sí
mismo» o la «conquista de sí mismo» (tma-yaja, tma-jaya), en el cristianismo la «anonadación de sí mismo» («el alma debe
entregarse a la muerte» del Maestro Eckhart, «el odio a la propia alma» de
Cristo, y «la división entre alma y espíritu» de San Pablo), y en el budismo la
«conquista de sí mismo» (atta-jaya), la «doma de sí mismo» (atta-damatha), el «apaciguamiento de sí mismo» (atta-samatha), la «extinción de sí mismo» (atta-parinibbpana), o más explícita y
técnicamente la obtención de la «estación de no ser alguien» (akiµcayatana).
Se verá que la negación
última de toda responsabilidad es una posición puramente metafísica y
contemplativa: no puede tener ningún significado aplicable para quienquiera que
es todavía «alguien», que es todavía «activo» o, en otras palabras, que está
todavía «vivo». Argumentar que «yo», Fulano, no soy un agente responsable sería
una ridícula confusión de pensamiento: solo el yo que no es un Fulano está libre del fardo de la
responsabilidad, solo el nacido de Dios, y en el espíritu, no puede pecar.
Pretender que esto puede aplicarse a «mí» (Fulano), es interpretar la doctrina
de la filiación y de la theosis en el sentido satánico del paranoico. Sin
embargo, ha habido algunos eruditos modernos que han pretendido ver en el «Eso
eres tú» de las Upani·ads justamente una deificación tal como esta; y, por consiguiente, se han
«escandalizado»: y ha habido algunos otros, los Amaurianos, por ejemplo, que
fueron acusados de mantener que «como todo acto humano es el acto de Dios, no
hay ninguna distinción entre el bien y el mal, y de aquí que la Naturaleza no
debe ser rechazada en nada»[4].
Aquí solo estamos interesados en este último tipo de heréticos, aquellos cuya
herejía o «falso punto de vista» (micch diÊÊhi ) se llama en el budismo pli akiriyavda, es decir, la proposición de que, puesto que las obras se hacen sin un
hacedor[5],
no importa lo que «yo» hago, ya sea ello bueno o malo (D´gha Nikya I.53): en contra de esta
posición, el Buddha se proclama a sí mismo un kiriyavd´, y un akiriyavd´ porque enseña tanto lo que debe-hacerse como
lo que no-debe-hacerse (Vinaya-PiÊaka I.233 sig. y Aöguttara Nikya I.62); pero se proclama un kiriyavd´ slo en el sentido de «él que
enseña que hay un debe-hacerse» en oposición al akiriyavd´, cuya enseñanza es que no hay ningún «debe-hacerse» (D´gha Nikya I.115); estas distinciones
dependen de una división de la palabra, a saber, akiriya-vd´ (que enseña un no-debe-hacerse) y a-kiriya-vd´ (que no enseña un debe-hacerse)[6].
En Aöguttara Nikya II.232, Gotama es acusado
de a-kiriyavda, y el acusador mantiene que
él «enseña que no hay ningún debe-hacerse con respecto a ningún acto» (sabbakammnam akiriyaµ papeti ), y es de interés que en el curso de la refutación
el Buddha señala que akiriya (la palabra podría
traducirse aquí por «dejar hacer») equivale a una aniquilación del mundo (ucchedaµ… lokassa), «cuya subsistencia misma
consiste en la verdad, es decir, la eficacia causal, de la acción» (kammasacca, que ha de comprenderse, como en Aöguttara Nikya II.197-98, con respecto a
toda actividad corporal, vocal o mental, kya-, vc´- y mano-samrambha), un argumento que nos
recuerda a Bhagavad G´t III.8, §ar´ra-ytrpi ca te na prasidhyed akarmaöaú y III.24, uts´deyur ime lok na kuryµ karma ced
aham [7]. Ciertamente, es por esta
misma razón por lo que el Buddha pone en movimiento la Rueda, en respuesta al
deseo de todos los Devas, expresado por Brahm, que exclama que de otro
modo «¡el mundo está perdido!», nassati…, vinassati (Jtaka I.81, Sa×yutta Nikya I.136 sig., Majjhima Nikya I.168, etc.). También se
afirma expresamente que el Buddha «práctica lo que predica» (yathvd´ tathkr´, Aöguttara Nikya II.24, lo cual recuerda a ôg Veda Sa×hit IV.33.6, satyam ècur
nara eva
hi cakruú,
y a ôg Veda
Sa×hit IX.113.5, satya-vadam-t-satya-karman): es en tanto que el Arhat,
passim, como él (Buddha) ha «hecho
lo que tenía que hacerse»[8]
(katakicco, kataµ
karaö´yam, corresponde al brahmánico k¨tak¨tyah)[9].
Así pues, ahora podemos ver
fácilmente como puede ser que mientras que en Udna 70 se rechaza la noción de que «yo soy el hacedor» (ver ahaµkra), en Udna 45 se condena igualmente al
hombre «que cuando actúa dice que “yo no soy el agente”» (yo cpi katv na karom´ti cha). Como en la doctrina
cristiana, las virtudes morales no pertenecen esencialmente a la vida
contemplativa, sino solo dispositivamente, mientras que sí pertenecen
esencialmente a la vida activa.
att. (1º) Att puede igualarse con kya solo en el sentido reflexivo. Por ejemplo, en D´gha Nikya I.34, ao att dibbo
rèp´ manomayo corresponde a D´gha Nikya I.77, aaµ kyaµ… rèpiµ manomayam (también en Majjhima Nikya II.17). Esto no implica que att pueda traducirse por
«cuerpo», cuando cuerpo significa solo la carne; por el contrario, «cuerpo» se
usa para significar toda la personalidad psicofísica, de la misma manera que en
inglés nosotros hablamos de «somebody» [«algún-cuerpo» = «alguien»], y también
hacemos uso de soul [«alma»] de la misma manera
en expresiones tales como «not a soul was to be seen» [«no se veía un alma»]. Ao att y ao kyo son más bien lo que
nosotros entendemos por «otro hombre», un «ser nuevo», que «espíritu» o
«cuerpo», en el sentido más estricto de estas palabras. Kya se encuentra también en el sentido general de
«persona» (quisque) en Majjhima Nikya I.206, donde tres hombres
jóvenes están llevando la vida más elevada en mutua compañía: uno de ellos
dice, «Yo vivo en obediencia a la voluntad de estos venerables (camaradas), sometiendo
mi voluntad privada (sakaµ cittam);
nosotros, Señor, somos muchos hombres (nn… ky, varios “cuerpos”), pero
muy ciertamente una sola voluntad» (ekaµ cittam).
En Aöguttara Nikya I.168 (cf. II.68, D´gha Nikya III.61) encontramos tanto att como sar´ra (en lugar de kya) empleados en el mismo sentido de quis
o quisque = ka§cit: se suscita la objeción de que esto es el
perfeccionamiento de una única persona (ekam
attnaµ… parinibbpeti ), de que esto es una
adquisición de mérito que afecta solo a «alguien» (ekasar´rikaµ puapaÊipadaµ paÊipanno hoti ); el Buddha muestra que el
abandono del mundo por parte del monje, no solo le afecta a él, sino que es
«omni-efectivo» (anekasar´rik
).
El Diccionario sólo apunta
el significado quis o quisque, s.v. tuma (= att = sánscrito tman
= tman).
(2º) Uno de los ejemplos más
destacables de lo que C. A. F. Rhys Davids llamaría un «inciso» en la tardía
literatura pli aparece en Jtaka VI.252, donde kyo te ratha-sato… att va srathi corresponde a KaÊha
Upani·ad III.3, tmnaµ rathinaµ viddhi, §ar´raµ ratham
eva tu.
El texto es de suma importancia en conexión con la «Parábola del Carro» en
otras partes, notablemente en Sa×yutta Nikya I.135 y Milinda Paho XXVI sig.[10].
En el último pasaje, tan bien conocido, se muestra que de la misma manera que
no hay ningún «carro» aparte de la suma de las partes componentes a las que se
da convencionalmente el nombre de «carro», así no hay ningún «Ngasena» aparte de los componentes
psicofísicos del fenómeno variable al que se da convencionalmente el nombre de
«Ngasena»; el compuesto psicofísico es anatt, aquí y en todos nuestros textos; no hay nada sino un fenómeno (rèpa) al que pueda dársele un nombre (nma).
Obsérvese ahora, que de la
misma manera que los repetidos análisis de la constitución psicofísica del
presunto individuo acaban invariablemente con las palabras na me so att, «eso no es mi “sí mismo” o
“esencia espiritual”», así Ngasena muestra que en todo lo que puede ser nombrado, ya
sea «carro» o «Ngasena», no puede encontrarse ningún ser auto-subsistente
o substancia persistente. Ngasena no niega que pueda haber un auriga distinto del
carro, o un principio distinto de todo lo que puede ser llamado «Ngasena», y de la misma manera no
puede hacerse que las palabras na me so att signifiquen que «no hay
ningún att». Ngasena deja al auriga enteramente
fuera, debido solo a que su propósito inmediato, como el del Buddha en muchos
textos, es deshacer la creencia en un «sí mismo» que es ya sea físico o ya sea
psíquico. Él no tiene nada que decir, por lo tanto, sobre un auriga a quien no
puede darse ningún nombre, ese otro «sí mismo» (tman) de KaÊha Upani·ad II.18 que «jamás ha devenido alguien» (na babhèva ka§cit ), un sí mismo que solo
puede definirse por la eliminación de todo lo que él no es, pero que es,
verídicamente, la substancia de todos aquellos santos budistas que, como el
Buddha mismo, habían realizado que todos los fenómenos son anatt, y habían alcanzado la «Estación de No-ser-Alguien»
(kicayatana). Y nosotros podemos decir,
efectivamente, con Udna 80, que «si no hubiera este
Innacido, Indevenido, Inefectuado, Incompuesto, no habría ninguna vía de escape
de este mundo de nacimiento, devenir, efectuación y composición».
Si el Buddha mismo es el
«auriga más preeminente y luminoso» (srathi, Sutta-Nipta 83), si el Dhamma es el auriga (Sa×yutta Nikya I.33), si Att es el auriga (Jtaka VI.252), y el carro es inversamente,
«en-espirituado» (attaniya[11], Sa×yutta Nikya V.6), todas estas son
fórmulas equivalentes: el Buddha es el Espíritu, y solo cuando Él tiene las
riendas, solo cuando el Gran Sí mismo (mahatt, Aöguttara Nikya I.249) está en el control, solo entonces el contemplativo «sale lejos
de este mundo» en lo que se llama el vehículo-de-Brahma o el vehículo-del-Dhamma
(Sa×yutta Nikya V.6)[12].
attha (= artha). En Aöguttara Nikya I.151, las cualificaciones
del que enseña y del que escucha el Dhamma (la doctrina en tanto que enseñada, desitam, akkhytam, etc.) son que cada uno
separadamente y ambos juntos deben ser capaces de recibir (paÊisaµvedet´ )[13]
tanto el attha como el dhamma[14]. Woodward [traductor del Anguttara Nikya en la edición PTS] traduce
«debe ser capaz de penetrar tanto la letra como el espíritu de ambos» y agrega
en una nota que «Attha es el significado primario
o de superficie; dhamma el significado aplicado»[15].
No se da cuenta de que su palabra «de ambos» implica que hay un dhamma de un dhamma. No puede haber ninguna
duda de que lo que se quiere decir es «debe ser capaz de recibir tanto la
aplicación como la substancia» de la enseñanza.
En la sección inmediatamente
siguiente, se dice que las mismas cualificaciones son un requisito previo si el
discurso (kath ) ha de ser efectivo (pavattan´, traducido por Woodward como «provechoso» aquí y en
el contexto similar de Aöguttara Nikya I.125), es decir, si ha de mover al que escucha de modo que
resulte la acción.
Antes de proseguir,
observemos que el sánscrito artha es el propósito, la razón,
el uso, el valor, la aplicación y la función, tanto como el significado, de
cualquier cosa a la que se hace referencia[16];
y aunque en el pensamiento «primitivo» la función y el significado coinciden,
nosotros, que ya no pensamos en los términos de símbolos adecuados, somos
incapaces de tratar la función y el significado con un único acto de la mente.
Esto tiene un marcado efecto sobre nuestras teorías del arte, ya sea literario
o ya sea plástico. Debe entenderse que, tanto desde el punto de vista indio,
como desde el punto de vista escolástico, no puede decirse que el significado
de una frase ha sido transmitido, de otro modo que en la medida en que el que
escucha actúa respecto de lo que se supone que ha comprendido[17].
En otras palabras, el Dhamma no puede ser comprendido aparte de su aplicación.
Por consiguiente, en Aöguttara Nikya II.17 encontramos que el
hombre que ha aprendido sólo un poco, comprende, ya sea la aplicación (attha), o ya sea la substancia de la Ley (dhamma); y así, por su audición (sutena), es «innacido» (anuppanno, una expresión que recuerda vívidamente Jaimin´ya Upani·ad Brhmaöa III.14.8, «En verdad, es un hombre innacido hasta que no sacrifica»).
La versión de Woodward es «no conoce la letra (attham),
no conoce el significado (dhammam)», es decir, lo inverso
mismo de lo que se propone. En Udna 70, sin embargo, donde
tenemos «El ciego, el que no ve, no conoce el significado ni lo que no es el
significado (attham, anattham, es decir, como aplicar y como no aplicar), no conoce el texto mismo
ni lo que no es el texto» (dhammam, adhammam, es decir, no sabe cuando la doctrina ha sido expresada correctamente
ni cuando lo ha sido incorrectamente), la versión de Woodward «no conoce lo
provechoso (attham)… no conoce el dhamma» está mucho más cerca del acierto. En Udna 6, «Es puro, es un Brahman, aquel en quien están la
Verdad y la Doctrina (saccaµ ca dhammo ca)», saccam (= satyam) toma el lugar de attham, y equivale a vera
sentenzia.
Las interpretaciones
precedentes de attha y dhamma son confirmadas por dos textos Jtaka. En Jtaka VI.389 encontramos al Bodhisattva instruyendo a un
rey, donde Cowell y Rouse traducen atthaµ ca dhammaµ ca anussati por «solía instruir al rey en las cosas temporales y espirituales»[18];
la referencia es inequívocamente al Artha§stra y al Dharma§stra, un significado
completamente de acuerdo con los valores relativos encontrados arriba para attha y dhamma. Finalmente tenemos Jtaka VI.251-252, donde el rey ruega al Bodhisattva que
le enseñe atthaµ ca dhammaµ ca, «la conducta y la
doctrina» (Cowell y Rouse lo traducen erróneamente por «el texto sagrado y su
significado», invirtiendo el sentido de los términos). Por consiguiente, el
Bodhisattva le enseña cómo actuar; ha de proteger a los Brhmaöas y Samaöas; alimentar al hambriento;
no debe poner a trabajar ni a los hombres, ni a los bueyes, ni a los caballos
viejos, sino dar a cada uno su débito, puesto que ellos le sirvieron cuando
estaban fuertes; brevemente, ha de evitar la inrectitud y seguir la rectitud.
Entonces, «la Gran Persona, habiéndole hablado en lo concerniente a la liberalidad
y a las virtudes (dna y s´la)… procedió a instruirle en la Ley (dhamma) por medio de la parábola del carro que otorga
todos los deseos». Esta parábola del carro comienza, «Tu cuerpo se llama el
carro», y concluye «El Espíritu es el auriga» (kyo te ratha-sato… att va srathi, casi verbalmente idéntica con KaÊha Upani·ad III.3; ver arriba, s.v. att [2]). Tenemos aquí un ejemplo literal de lo que se
implicaba con attha y de lo que se implicaba
con dhamma[19].
El análisis precedente será
esencial para los estudios de rasa y de vyajana, después; ver también sahjanetta.
attham (= asta). El pli attha
no es solo el sánscrito artha, significado, propósito,
etc. (ver vyajana), sino que algunas veces es
también el sánscrito astam, «casa». En este sentido la
palabra aparece en Sutta-Nipta 1074-76: el Muni, ido como
una llama se apaga con el viento, y liberado de la denominación y de la
incorporación, «vuelve a casa (attham paleti )[20] y no
renace» (na upeti
saökhaµ, ver saökha); entonces se pregunta, en el caso del así «ido a
casa» (atthaµ gato),
si él «es» o «no es» y si él está para siempre bien; y la respuesta es que
«para el “ido a casa” no hay ninguna medida, no hay nada por lo cual pueda ser
aludido[21],
cuando todas las cualidades se han borrado, todos los modos de expresión[22]
también se han borrado». La expresión «ido a casa» deriva de fuentes
brahmánicas, donde el Viento del Espíritu, la «Completud de la Divinidad», es
la «casa» a la que retornan el Sol mismo y todas las esencias separadas; para
más referencias ver Svayamt¨öö: Janua Coeli», nota 28.
anatam. El texto impreso de Udna 80 dice duddassam anattaµ nma, na hi saccaµ sudassanam, pero el que es admitidamente el mejor MS. (A), y también un
comentario al menos, dicen anatam por anattam, y aunque el comentador entiende por anatam «desatado», y de aquí nibbna (cf. Kindred Sayings, I, 236, nota 4), y aunque la traducción de Woodward dice «infinito»,
es casi seguro que el significado del conjunto es, «Es difícil discernir lo que
es falso, y no es fácil discernir lo que es verdadero», y que anatam representa aquí a an¨tam,
la antítesis regular de satyam en los contextos
sánscritos. La lectura como anattam puede explicarse de dos
maneras, ya sea como un error por parte del escriba, no familiarizado con la
rara palabra anatam (que no está en el
Diccionario, y que no puedo citarla en otros lugares aparte del enunciado de
arriba)[23],
o ya sea, menos probablemente, por el hecho de que lo que es anattam es también anatam
= an¨tam, como podría mostrarse
fácilmente partiendo de fuentes pli, por ejemplo, Aöguttara Nikya I.149, donde de los dos sí
mismos del hombre, el «limpio» kalyöa) es verdadero (saccam), y el «sucio» (ppa) es falso (mus
), Majjhima Nikya I.135, donde el ego
psicofísico es «irreal» (asat ), y similarmente Dhammapada 368; o, literalmente, partiendo de fuentes
brahmánicas, particularmente Vjasaneyi Sa×hit I.5 y êatapatha Brhmaöa I.9.3.23, cf. Aitareya Brhmaöa VII.24, y êatapatha Brhmaöa III.9.4.2 («Los Devas son la verdad, y los hombres, inverificables»).
ahaµkra. Udna 70, «Aquellos que prestan
oído a la noción “Yo soy el hacedor” (ahaµkra), o que están cautivos de la noción “Otro es el hacedor” (paraµkra), no comprenden este asunto, ellos no han
visto el sentido»; en Aöguttara Nikya III.337, attakra reemplaza a ahaµkra y significa la noción de que «un sí mismo, o uno
mismo, es el hacedor»; en Sa×yutta Nikya II.252 y en pasajes paralelos, se trata de comprender que «no hay
ningún “yo” que hace, ningún “mí mismo” que sea el hacedor, ningún “yo soy”
latente (ahaµkra-mamaµkra-
[asmi-]mnnusay na honti )», ya sea subjetivo o ya sea objetivo. El sentido
aclara que ahaµkra es en realidad un compuesto
Karmadhraya, y no literalmente el «ego-factor» o «yo-hacedor», sino la noción de
que «Yo soy el hacedor». No puede haber tampoco mucha duda de que lo mismo se
aplica en los contextos brahmánicos en los que, como en muchas otras
tradiciones, se rechaza la noción de que «Yo soy el hacedor» (kartÕham iti, Bhagavad G´t III.27, donde se debe a que
piensa así, por lo que el sí mismo del hombre es «engañado por ahaµkra»), cf. Bhagavad G´t V.8, Jaimin´ya Upani·ad Brhmaöa I.5.2, etc. Puede observarse que una verificación de «no ser el
hacedor» solo puede hacerla el que ha alcanzado la «estación de no ser alguien»
(kiµcayatanam). Este «yo no soy el
hacedor» es una posición metafísica, no una posición moral, y no debe
confundirse con la herejía akiriyavda, la del hombre que en Udna 45 «aunque actúa dice que “no es yo quien soy el
agente” (yo cÕpi katv na korom´Õti cÕha)», y como en D´gha Nikya I.53, donde, por
consiguiente, es una cuestión de indiferencia si uno hace el bien o el mal:
mientras «yo soy quien yo soy», «este hombre», yo no puedo deponer el fardo de
mi responsabilidad tan fácilmente; es solo al final del camino, en el fin del
mundo, y como uno «nacido de Dios», y no ya como «mí mismo», como yo «no estoy
bajo la ley» (Gálatas 5:18).
ahetuvda. Una micch diÊÊhi, en Aöguttara Nikya II.31, Sa×yutta Nikya III.73, Majjhima Nikya III.78, agrupada con akiriyavda y natthikavda. También en Majjhima Nikya I.408; y sinónima de ahetukavda en Sa×yutta Nikya III.210. La negación de la
causalidad, es decir, del kamma, en tanto que la operación
de las causas mediatas (cf. Aöguttara Nikya I.173 sig., pubbe katahetu, «por el efecto de lo que se hizo anteriormente»), es una negación del
núcleo mismo de la doctrina budista expresado en la presunta confesión ye dhamm hetupabhav…, Vinaya-PiÊaka I.405, y en incontables
inscripciones; una negación a ver las cosas yath-bhètam, a saber, solo como efectos. Contrariamente (hetuvda en Majjhima Nikya I.409 = kammavda en Aöguttara Nikya I.187), el Buddha es un
«causalista» (kammavdi
), es
decir, un «determinista» o un «fatalista» (en el sentido cristiano, donde «el
fatum [destino] está en las causas creadas mismas» y «es la disposición o serie
misma, es decir, el orden, de las causas segundas», Summa
Theologica I.116.2; cf. Boecio, De consolatione philosophiae V.6), en lo que concierne a todas las cosas que son anatt, es decir, el sí mismo psicofísico compuesto de los
cinco khandhas. Es doctrina tradicional
que «nada en los mundos acontece por azar» (San Agustín, De diversis quaestionibus LXXXIII.34, aprobado por Santo Tomás, Summa
Theologica I.116.1 ad 2); solo el hombre de poca comprensión (alpabuddhayaú) mantiene que el mundo no se produce en una
secuencia ordenada (a-paraspara-bhètam, opuesto de yath-bhètam), sino que es como es solo como el resultado
de un ejercicio del libre albedrío (kim anyat
kmahaitukam), y este punto de vista es
equivalente a una destrucción del mundo (k·ayya jagataú, Bhagavad G´t XVI.9). Puede señalarse que
solo sobre la base de un orden del mundo (6`F:@H, ¨ta) son inteligibles las nociones de una omnisciencia
y «Providencia» omnisciente (praj como en Aitareya Upani·ad V.3, y passim); si «nada acontece por azar», la posibilidad de una Providencia se sigue necesariamente. En
otras palabras, solo desde el punto de vista hetuvda, kammavda podemos comprender nosotros
Aitareya îraöyaka II.3.2, donde de los avijna pa§avaú (= los puthujjana budistas) se dice que
«devienen tales como son; en verdad, nacen de acuerdo con la Providencia» (etvant´ bhavanti, yath prajaµ hi bhavanti ); B¨hadraöyaka Upani·ad IV.4.2, donde el savijnam (§ar´ram) está «poseído por el conocimiento y las obras, y
la Providencia antecedente» (taµ vidya-karmaö´ samanvrabhete, pèrva-praj ca); y Bhagavad G´t XVIII.14, donde más allá de
las cuatro causas mediatas (hetu) de todo lo que un hombre
emprende se reconoce como una quinta, la causa «Divina» (daivyam, sc. prajnam, y admirablemente traducido
por Barnett como «Providencia»). Nuestro principal objeto en esta sección ha
sido mostrar la consistencia e interdependencia de las doctrinas budistas del kamma, por una parte, y de sabba, por otra.
akoÊita. En Sa×yutta Nikya II.281, koÊitni pacckoÊitni c´varni, la traducción más correcta
sería, pienso yo, «vestiduras de material lustrado por ambos lados».
sivisa. Según el Diccionario, «de derivación incierta». En
todo caso, la aparición de la palabra es una supervivencia interesante, como lo
es la de «ahi»; ambas palabras aparecen
juntas en el Mahvagga, Vinaya-PiÊaka I.24-25, donde el ahi-nga vencido por el Buddha en el templo del fuego de JaÊila se describe como ngarj iddhim siviso ghoraviso… makkham asahamno. La palabra aparece en Aitareya Brhmaöa VI.1, donde el sarpa·i y mantrak¨t Arbuda es un §ivi·aú, un «basilisco»; y en el Avesta como azhi-visha en Azhi-vishapa. En Sa×yutta Nikya IV.172, los asivis son las cuatro grandes
familias de serpientes, y representan los Cuatro Grandes Elementos. Visha es ciertamente «veneno»; si es probablemente el sánscrito §i o §is (quizás de la raíz §i, «afilar»), en el sentido de «colmillo». îsivisa significaría entonces «de colmillo venenoso», ya
sea como adjetivo calificativo a ahi, o como nombre = serpiente.
itthatt. La expresión nparam itthattya, que concluye
constantemente la serie kh´na jti, vusitaµ brahmacariyaµ, kataµ karan´yaµ, descriptiva del Arahat, se traduce usualmente por «después de este
mundo presente no hay ningún más allá» o por «no hay ningún después para él».
Estas versiones no transmiten el significado y, por el contrario, afirman lo
que es precisamente la herejía natthika, que consiste en la
negación de un más allá (ver natthika). El significado es que «en
adelante para él no hay ya ningún tal ni ninguna talidad»: no es que no haya
«ningún más allá», sino que, en adelante, es impropio (akallam) hacer ninguna afirmación o negación sobre el
estado del Arahat, ni puede decirse tampoco que no ve o no conoce (D´gha Nikya II.68)[24];
su modo es sin-modo, y nosotros no podemos decir lo que él es, debido a que él
no es ningún qu. Mucho mejor es la
traducción de nparam itthattya en Majjhima Nikya I.184 por «ya no hay más de lo que yo he sido»; esto, lo cual es
verdadero para toda muerte y renacimiento, es preeminentemente verdadero para
el completamente muerto, parinibbuto.
Puede observarse itthatt, en Aöguttara Nikya II.82, con referencia al cambio de ocupación: «Muriendo a eso, nace a
esto» (tato cuto
itthattam gacchati ): de la misma manera, en D´gha Nikya III.146, con referencia al descenso del Buddha del cielo de Tusita,
«muriendo a eso, entró en esta condición de cosas (tato
cuto itthattam gato)»: puesto que itthatta, en tanto que «esto», es el aspecto finito de tathatta, «eso», es decir, nibbna; de la misma manera que uno «viene a este»
estado de ocupaciones, así uno «prosigue su vía a eso»
(tathattya paÊipajjati, D´gha Nikya I.175 y Sa×yutta Nikya II.199).
Itthatta es así sinónimo de bhavbhava (devenir de una manera dada, o no devenir de una manera dada), pero no
de bhavaµ ca vibhavaµ ca (devenir y no devenir, es
decir, existencia y no-existencia). Así, en Aöguttara Nikya II.10, iti-bhavbhava… taöh (la sed de devenir así, o de no devenir así)[25]
es un obstáculo; la variante ittha-bhvaathbhvam = saµsra en los versos: en Sutta-Nipta 752, precisamente, es de este «ser de esta
manera y no ser de ninguna otra manera» de lo que se libera el no-retornador (nissito… ittha-bhvaathbhvam saµsram ntivattati ). Itthatta es, entonces, la condición característica del
mundo, de ser de una manera dada y de no ser de ninguna otra manera: uno no
podría esperar una definición mejor de «las cosas como ellas son en sí mismas».
uÊÊhna. Literalmente «levantamiento». En Majjhima Nikya I.354, donde es muy de
noche y el Buddha yace durmiendo en la postura del león, tenemos uÊÊhnasaaµ manasikaritv, que ha de traducirse por alguna frase tal como «atento al pensamiento
de levantarse (por la mañana)». La misma frase aparece en Udna 84, donde el Buddha ha yacido en la misma postura
en su lecho de muerte. En ambos casos es plenamente consciente y cognitivo. En
ambos casos, en tanto que es «alguien», nombrable por un nombre personal y de
familia, hay una muerte de una consciencia y el surgimiento de otra, de acuerdo
con Sa×yutta Nikya I.135 (citado, s.v. natthika), aunque hay esta
diferencia, que en nuestro segundo caso, el «levantamiento» que el Buddha
espera no ha de ser en el cuerpo; y esto nos lleva a llamar la atención sobre
el uso paralelo de utthna en Pacavi×§a Brhmaöa XXV.10.19-21, donde
significa la cesación de una operación ritual, y, principalmente, esa cesación
que está dentro del orden cuando los sacrificadores, en su viaje
contracorriente (ver samudda), han alcanzado su meta.
Similarmente en êatapatha Brhmaöa IV.6.9.7, sattrotthna. Aquí, por supuesto, utthna, en tanto que un «levantamiento», contrasta con sattra, en tanto que «sesión» sacrificial. Ahora bien, la
vida misma es tradicionalmente una sesión sacrificial (Chndogya Upani·ad III.17). Es de esta sesión
de lo que el Buddha espera un «levantamiento»; él no
está esperando «levantarse otra vez» en el sentido temporal y común de las
palabras, sino dejar la operación corporal para siempre. De hecho, quiere
saborear la «recompensa final» (uÊÊhna-phalam) del ugghaÊitau; y en este contexto (Aöguttara Nikya XI.135), uÊÊhna corresponde, muy estrechamente, al utthna de Pacavi×§a Brhmaöa citado arriba.
udda. El Diccionario expresa duda de si udda no puede ser «castor» en lugar de «nutria».
«Nutria» es presumiblemente el equivalente etimológico. Que udda es «nutria» queda fuera de toda duda en el Dabbhapuppha Jtaka, donde uddh caza y come pescado; y en el relieve de Bhrhut (Alexander Cunningham, The Stpa of Bharhut, Londres, 1879, lám. 46, fig. 2), inscrito Uda Jtaka, en el que se representan
dos animales, más semejantes a nutrias que a castores. Los castores son estrictamente
vegetarianos y no cazan ni comen pescado.
Uddraka en Jtaka V.416 es también «nutria».
uyyoga. Dhammapada 235-237 se dirige al hombre
en la puerta de la muerte, por quien han venido los mensajeros de Yama, y que
ahora se acerca a Yama. Las palabras «Tú estás en la puerta de la disyunción (uyyoga-mukhe), y no tienes provisiones para la vía (ptheyyam, “viaje”)» son ciertamente reminiscentes de KaÊha Upani·ad II.9, donde Naciketas está
en la puerta de Muerte (M¨tyu, Yama) desnutrido. Uyyoga
(udyoga) es principal y
literalmente una ruptura de vínculos tal como la que tiene lugar en una
partida, e implica también la partida: así Dhammapada Atthakath XI.252, uyyojesi es simplemente «partido» (similarmente udyuj en êatapatha Brhmaöa IV.1.5.7, y el «Udyoga» Parvan de Mahbhrata); aunque más específicamente, cuando se trata de la
muerte, udyoga es lo opuesto de ese saµyoga (Bhagavad G´t XIII.26) por el que el Conocedor del Campo y el Campo mismo están
conectados durante la vida. Udyuga en Atharva Veda Sa×hit V.22.11 puede ser simplemente «enfermedad mortal» en el mismo sentido
de «partida»[26]; udyuje en Atharva Veda
Sa×hit VI.70.2, obscuro para
Whitney, es simplemente «caminar con», y su sentido pleno es «como el elefante
camina con su pareja, manteniendo cerca el paso (padena
padam udyuje)»,
o si es literalmente, «separando (su) pie del pie de ella (hastinyú)», es decir, caminando al lado: pues udyuj con padam, en tanto que objeto,
corresponde a chid en pdacchida.
kalyöa. El Diccionario no señala el importante contexto, Aöguttara Nikya I.149, en el que el «Sí
mismo Limpio» (kalyöam attnam) se distingue del «sí mismo sucio» (ppam attnam); una distinción paralela a
la de Aöguttara Nikya I.249 entre el «Gran Sí mismo» (mahatt ) y el «pequeño sí mismo» (apptumo).
En «Amistad con el Limpio» (kalyöa-mittat ) y en «Amigo Limpio» (kalyöa mitto), me inclino a ver no solo
una referencia al entorno y a las relaciones humanas, sino también una última
referencia al «Sí mismo Limpio» de Aöguttara Nikya I.149, con el cual «Sí mismo», uno puede también ser «inamistoso» (Sa×yutta Nikya I.57, amitten-eva-attan; cf. Bhagavad G´t VI.5-6, bandhur tmaiva ripur
tmanaú). ¿De qué otra «amistad»
podría haberse dicho que «la amistad, compañía e intimidad con el limpio» no es
la mitad, sino la totalidad del Brahmacariya (Sa×yutta Nikya V.2), o que tal amistad es
«una condición singular» (ekadhammam) con la cual pude abrirse
el Óctuple Sendero Ario, o si ya está abierto puede ser perfeccionado (Sa×yutta Nikya V.37); o qué otro «amigo
limpio» podría haberse descrito como el principal factor externo en el
desarrollo de los siete «miembros de la sabiduría» (Sa×yutta Nikya V.101-102)?
Es ciertamente también el kalyöatt, mahatt —no el ppatt, apptumo— el que se entiende por att en Sa×yutta Nikya I.75 (= Udna 47) que, siguiendo a B¨hadraöyaka Upani·ad II.4, IV.5 y IV.3.21 (tmakma), alaba al attakmo, un término que puede traducirse por «amador de sí mismo» solo si se
comprende que ha sido excluido todo lo que «no es mi sí mismo» (na me so att ). Es en este sentido también como «un hombre, por
caridad, debe amarse a sí mismo más de lo que ama a toda otra persona… más que
a su prójimo» (Summa Theologica II-II.26.4); y similarmente Hermes, Lib.
IV.6b, «ámate a ti mismo, si quieres tener sabiduría»; cf. Aristóteles, tica a Nicmaco IX.8, sobre los dos significados del «amor de sí mismo». Como observa
Escoto Erígena (Hermes, II.145), «El hombre a quien el hermetista describe como
“amándose a sí mismo” corresponde al FB@L*"Ã@H de Aristóteles, que…
demuestra ser n\8"LJ@H en el sentido de que busca JÎ 6"8`< (= kalyöam) para sí mismo… (y) desarrolla eso que es mejor y
más elevado en sí mismo por la meditación religiosa» (es decir, jhna).
kmakra. «Hacer lo que uno quiere no pertenece al
común rebaño (na kmakro hi puthujjannam, Sutta-Nipta 351)». Esta negación del
libre albedrío al hombre natural tiene su paralelo en Vinaya-PiÊaka I.13, y en Sa×yutta Nikya III.66-67, donde la
proposición de que el cuerpo, la sensación, la volición, etc. son anatt, no yo, ni mío, ni mí mismo (na me so att ), se prueba por la consideración de que si ellos
fueran mí mismo o míos yo sería capaz de decir, «Que mi cuerpo (o sensación, o
volición, etc.) sea así, o no así», y ello sería así, puesto que absolutamente
nada puede llamarse yo o mío a menos que yo tenga pleno poder sobre ello. Sutta-Nipta 351 implica, por supuesto, que un Tathgata es kmakro, que puede hacer lo que quiere; y que esto
es así se hace explícito en otras partes en las listas de los iddhis, que empiezan con la fórmula aham bhikkhave yvadeva haökhmi, «Yo, oh mendicantes,
cualquier cosa que quiero…», Sa×yutta Nikya II.212, etc. La palabra no aparece en los textos brahmánicos antes de
las Epopeyas, pero es la misma en efecto que kmcrin, «movedor a voluntad», reconocible en ôg Veda Sa×hit IX.113.9, anukmaµ caraöam, y en adelante en toda la literatura, por ejemplo, Jaimin´ya Upani·ad Brhmaöa III.28.3, Chndogya Upani·ad VIII.5.4, Taittir´ya Upani·ad III.5.
kèÊa (como arma). KèÊa
en Milinda Paho 38 no es tanto el caballete de una casa, sino más bien sinónimo de su
clave de bóveda (kaööik
) en la que
todas las vigas convergen. Esta clave de bóveda, como lo hemos mostrado a
menudo, representa el Sol en el simbolismo arquitectónico cósmico, de lo cual
tenemos abundantes datos en la literatura india; y en el simbolismo
microcósmico representa el brahma-randhra, o foramen escapular, por
donde parte el espíritu cuando el moribundo «entrega el soplo»[27].
KèÊa es entonces, como kaööik, una semejanza del Sol, y puede asumirse que, como
el kaööik, el kèÊa puede ser una forma perforada. Por consiguiente,
podemos comprender que cuando el Yakkha de Jtaka I.146 «tiene un kèÊa de metal, un sol poderoso,
del tamaño de una clave de bóveda» (kaööika-mattaµ mahantam dittam ayakèÊaµ gahetv ), está empuñando lo que
puede ser un disco, pero más probablemente un mazo, con la forma familiar de
una cabeza discoidal, y provisto con un mango que pasa a través de su orificio
central, de la misma manera que el Axis Mundi pasa a través de la Puerta del
Sol, y como el eje central de una casa o el humo de su hogar central pasa a
través del ojo de su domo, o chimenea. Lo mismo ha de comprenderse en Jaimin´ya Brhmaöa I.49.9, donde una Estación,
un agente del Sol, se representa como descendiendo sobre un rayo de luz,
«armado con un mazo» (kèÊa-hastaú); y en êatapatha Brhmaöa III.8.1.15, donde «ellos no
golpean a la víctima con un mazo» (na kèÊena
praghnanti )[28].
Por otra parte, en Jaimin´ya Upani·ad Brhmaöa I.49.2 donde «uno debe
golpear a la víctima sobre el kèÊa (kèÊe hanyt
)», es a la
coronilla de la cabeza a lo que se hace referencia, de acuerdo con la analogía
microcósmica mencionada arriba.
gadha (¿por ga¶ha?).
En Sa×yutta Nikya V.41 se dice que los factores del Óctuple Sendero «se sumergen dentro
de lo Sin Muerte (amato-ghada), tienen su más allá en lo
Sin Muerte (amata-paryana), tienen su fin último en
lo Sin Muerte (amata-pariyosna)». El Diccionario no tiene gadha (del sánscrito gh, zambullirse o sumergirse), y trata amatogadha aquí y en otras partes como amatÕogadha, es decir, -avaga¶ha. La metáfora está estrechamente emparentada a la de
los ríos que llegan al Mar = Nibbna (ver samudda): y corresponde a la
palabra del Maestro Eckhart, «Sumérgete: esto es la sumersión» («en el mar sin
fondo de la Divinidad»). La distinción entre una sumersión en las Aguas
Superiores y una sumersión en las Aguas Inferiores es, por supuesto, bien
conocida; esta última corresponde al naufragio en ruta en Sa×yutta Nikya IV.179-180.
gavakkha. No está en el Diccionario. En Eastern Art, III (1931), 195, supuse
que no podía citarse ninguna referencia para un gavakkha pli, correspondiente al gavk·a sánscrito (por ejemplo, en Mahvaµsa II.36) y al gavekkha prakrito, «ventana de ojo de buey». La palabra aparece, sin embargo,
en Mahvaµsa IX.15, 17.
cetiya. El Diccionario omite mencionar que cetiya no es en modo alguno necesariamente un thèpa, sino que de hecho es más a menudo un árbol
sagrado. Debía haberse citado la definición de las tres clases de cetiyas en el Klingabodhi Jtaka (Jtaka IV.228). Cf. Coomaraswamy, Elementos de Iconografa Budista, 1935, y «La Naturaleza del
Arte Budista»; B. C. Law, «Cetiya in the Buddhist Literature» en Studia Indo-Iranica (1931), pp. 42-48; y V. R.
R. Dikshita, «The Origin and Early History of Caityas» en Indian Historical Quarterly, XIV (1938), 440-451. La sugerencia de que la raíz cit, considerar, así como la raíz ci, construir, entran en el significado de la palabra caitya, cetiya, ha sido hecha
independientemente por Dikshita y por mí mismo, sobre la base de textos tales
como ôg Veda
Sa×hit VI.1.5, donde Agni es cetyaú (de la raíz cit ),
y êatapatha Brhmaöa VI.2.3.9, donde los cursos del Altar del Fuego son «citayaú» (de la raíz ci ) porque fueron pre-conocidos de acuerdo con la
prescripción «cetaya-dhvam» (de la raíz cit ), y porque fue cetayamn (de la raíz cit )
como los edificadores preconocieron los cursos; y también porque el cetiya no es siempre de hecho una cosa «construida», pero
sí es siempre un soporte de contemplación (caitya,
como si proviniera de la raíz cit ).
jhna, samdhi. Jhna es siempre «contemplación», jhyin» (como dh´ra) es siempre
«contemplativo». La traducción habitual de C. A. F. Rhys Davids y de F. L.
Woodward por «meditación» o «meditación serena» debilita enormemente los
valores propios de estos términos[29].
Aún menos apropiada (y puede agregarse, más bien «Victoriana antigua») es la
traducción de jhyino, que hace Lord Chalmer, por
«aquellos que Ensueñan» y de jhy´ por «Ensoñación» (Sutta-Nipta 719, 638). Contemplación, una palabra de
significado preciso en los contextos europeos correspondientes, es todo menos
«soñar de día». Jhna tiende hacia, y alcanza su
fin en, samdhi [30].
Samdhi es etimológica y literalmente «síntesis», y
generalmente es así como mejor se traduce en contextos tanto budistas como
sánscritos: dharaöa, dhyna y samdhi corresponden exactamente a consideratio, contemplatio y excessus o raptus en Richard de S. Victor y
otros contemplativos cristianos; excessus y raptus implican, en el primer caso, una «salida de uno
mismo» y, en el segundo, un ser «sacado de uno mismo», y, en ambos casos, un
consecuente «estar en el espíritu» y así en el «Sí mismo» real de uno; pero, de
estos dos términos, el último es inadecuado para los contextos indios, pues el yoga es una disciplina «activa» en vez de una disciplina
«pasiva» o «mística».
En samdhi ya no hay ningún objeto de contemplación; en avitakka samdhi uno es lo que uno conoce; uno
conoce, ciertamente, pero no es una segunda cosa, otra que uno mismo, lo que
uno conoce; hay adaequatio rei
et intellectus, como in divinis [31]. Los valores sintéticos
implícitos en la expresión común ajjhataµ (adhytmaµ) susamhito, «completamente Auto-centrado»[32],
se muestran claramente en Aöguttara Nikya II.29 (que corresponde a Aitareya îraöyaka III.2.1), donde se dice que todos los poderes del alma (kusal dhamm
) convergen
hacia un único punto, en el que se unifican, de la misma manera que las vigas
de un domo convergen y se aúnan en la clave de bóveda (del techo). La posesión
de iddhis depende enteramente de jhna y de samdhi, los cuales iddhis son, hablando estrictamente, «poderes» del Espíritu
y no del sí mismo individual.
Tathgata. En apoyo del punto de vista de que la
referencia de esta palabra es al adviento del Buddha (cf. mi nota en Bulletin of the School of Oriental and African Studies IX) puede citarse Aöguttara Nikya II.23, donde el Buddha es «Tathgata» por virtud de su
omnisciencia, infalibilidad y porque, «como él enseña, así hace» (yath-vd´… tath-kr´, como también en Sutta-Nipta 357): en Sutta-Nipta 430 e Itiv, p. 122, el Buddha es tath-vd´. Tath-kri y tath-vdi son paralelos de tathgata; tatahgata sería entonces, desde este
punto de vista, «El que vino diciendo así y haciendo así». Sutta-Nipta 957 tiene buddham… tdim… gatam, «El Buddha viene aquí de una manera tal». Es
sugestivo Sa×yutta Nikya IV.195, yathgatamaggo = Óctuple Sendero Ario. Dhammapada Atthakath III.226, tusit… gato, es otro sentido en el que
él es «así-venido». Lalita vistara, cap. 26 (Lefmann, p. 423), tiene dharmacakram pravartitaµ, yasya
pravartant, tathgata ity ucyate,
«Es porque hace girar la Rueda de la Ley (o la Rueda Principial) por lo que se
llama “Tathgata”»; y esto confirma la explicación de tath-vd´, tath-kr´, puesto que es precisamente el Dhamma lo que él
enseña y el Dhamma lo que él “hace”. El texto es sin duda un eco de D´gha Nikya III.135 (= Aöguttara Nikya II.24), donde todo lo que
el Buddha ha dicho, desde el tiempo de su Despertar al de su Deceso, «todo eso
es así y no de otro modo, y por lo tanto él es llamado Tathgata. Pues, oh Cunda, lo que el Tathgata dice, hace; y lo que hace
es lo que dice (sabbaµ taµ
tathÕeva hoti,
no aath. Tasm tathgatoÕti vuccati. Yathvd´, Cunda, tathkr´, yathkr´ tathvd´ )»[33].
Otro tanto para tath. îgata
aparece tan a menudo en conexión con la venida del Buddha, como para hacer la
división de la palabra tath-gata muy improbable; una evidencia
adicional la proporciona el hecho de que gata se encuentre a menudo igualmente en conexión con Agni (gamana es precisamente «adviento»). El Tathgata es el «Así-venido» con referencia a alguno o
a todos los «modos» de su venida, pero especialmente con referencia a su
adviento como el que «practicaba lo que predicaba». Cf. sgatam (su-gatam), «Bienvenido», en sgataµ bhante bhagavato, D´gha Nikya I.179 = Majjhima Nikya I.481; que no ha de confundirse con sugata,
«bien-acaeciente» o «bien-acaecido», un epíteto común del Buddha.
tejanam. Durante mucho tiempo ha estado en mi ánimo
compilar un vocabulario de la terminología del tiro con arco sánscrita y pli. Las dos palabras más
difíciles son kulmala y tejana. Los contextos pli hacen suficientemente claro
el significado de esta última palabra. El Diccionario enfatiza el sentido de tij, «ser agudo», y hace de tejanam la punta o el astil de una flecha o la flecha misma: sin embargo,
veremos que a lo que se alude directamente es siempre a un «calentamiento» y
que lo que se implica es un «enderezamiento». Consideraremos primero los
contextos sánscritos. Tejanam es un factor en la
manufactura de una flecha, pero no una parte concreta de la flecha. En ôg Veda Sa×hit IX.111.22 el flechero (aquí simplemente karmra, «artesano») aplica su oficio equipado con «cañas secas, plumas de
pájaros, piedras[34] y fuego», dyubhiú, es decir, literalmente «con llamas», y, como
comenta Syaöa tejanrthbhiú, «con el propósito de
calentar» (por lo tanto, como en ôg Veda
Sa×hit I.53.4 etc., y en el
sentido 15 de Grassmann para div). Estos cuatro requisitos
corresponden a los cuatro factores de una flecha en Aitareya Brhmaöa I.25, donde Soma es el
astil (§alya), Varuöa las plumas, Agni la punta (an´ka) y Vi·öu el tejanam (como lo es también en Taittir´ya Sa×hit VI.2.3.1)[35].
En Aitareya Brhmaöa III.26, donde la flecha se resuelve en sus equivalentes, el tejanam deviene el «gusano ciego» (andhhi ). Atharva Veda
Sa×hit VI.57.1 es una protección
de la flecha «de un solo ardor y un centenar de astiles» (ekatejanµ §ata§alym) —por lo cual nosotros
comprendemos una descarga de muchas flechas que proceden de una única fuente
(como muchos rayos proceden de un único sol)— y más especialmente una
protección de la insolación. En Atharva Veda
Sa×hit VI.49.1, donde «el mono
devora el tejanam» (lo que quiera que ello
signifique), no hay necesariamente ninguna referencia a una flecha[36].
En Atharva Veda
Sa×hit V.18.8, los dientes son
metafóricamente flechas y son tapasbhidigdhú, literalmente «bien untados
de ardor», e dem 15, i·ur iva digdh… s brhmaöasye·ur ghor, «y como la flecha untada,
así es esa flecha del Brahman terrible». Generalmente se ha supuesto que digdha, en este contexto y en contextos similares (puesto
que B¨hd Devat V.133, explica ôg Veda
Sa×hit VI.75.15 lkta… i·vai; êatapatha Brhmaöa XIV.9.4.8; R II.30.23,
etc.), significa «untado de veneno», y esto es, sin duda, correcto en algunos
casos; en Majjhima Nikya I.429, sallena… savisena glhapalepanena es ciertamente «con una
flecha fuertemente untada de veneno», pero se verá que hay otros modos y otras
razones para que se «unte» una flecha.
Podemos ahora ocuparnos de
los contextos pli. En Majjhima Nikya II.105 y Dhammapada 80 y 145, «los irrigadores
conducen el agua, los flecheros enderezan sus flechas (usukr namayanti tejanam), los carpinteros labran (namayanti
) la
madera, los instruidos se ilustran a sí mismos (attnaµ damayanti paö¶it )». Se observará que nam no es aquí literalmente curvar, sino «doblegar», en el sentido de «control» o de
«manejo», y dar la forma apropiada a un material[37].
«Los flecheros enderezan sus flechas» es una traducción legítima, aunque no
literal, de lo que es realmente «los flecheros controlan su fuego»; y esta es,
en algunos respectos, una traducción mejor desde el punto de vista budista,
según el cual es precisamente por el control apropiado del fuego de la vida
como es rectificado el «sí mismo». Sin embargo, lo que es importante en el
presente contexto es la conexión de una palabra que implica calor con una
metáfora que se refiere enteramente a un enderezamiento, a un ordenamiento de
las cosas en la vía que deben seguir, es decir, directas a su fin.
Podemos concluir ahora con
el texto de Jtaka VI.66 y la representación
correspondiente del flechero trabajando, en Bharhut (Cunningham, lám. 44, fig.
2). Se trata de una «enseñanza» de uni-intencionalidad; el flechero ve mejor
con un ojo cerrado, mirando a lo largo de la flecha para ver si ella está
derecha, y desatendiendo lo que podría ser visto simultáneamente por el otro
ojo, si estuviera abierto. El texto dice, tasmin
samaye usukro aögrakapalle usuµ
tpetv kajikena temetv ekaµ
akkhiµ nim´letv ekenÕolokento ujuµ
karoti, «Por ello mismo, un
flechero, calentando una flecha sobre una fragua, y humedeciéndola con pasta,
tenía un ojo cerrado y mirando con el otro estaba enderezando la flecha».
Debería ser claro ahora por qué es esencial un calentamiento (tejanam o tapas) para la hechura de una
flecha, pero no una parte concreta de una flecha. Parece también que una flecha
puede ser untada, con miras a un reblandecimiento temporal, y no con veneno:
las expresiones tapasbhidigdh y digh en Atharva Veda
Sa×hit V.18.8, 15 implican,
entonces, más bien un enderezamiento que un envenenamiento de las flechas
verbales del Brahman, que son «terribles», no en tanto que venenosas, sino en
tanto que vuelan «directas al punto». No hay ninguna evidencia de que tejanam se refiera alguna vez al afilado de una flecha[38].
A menudo es posible traducir tejanam literalmente por «calor» o
«fuego». Es posible una traducción por astil o flecha si asumimos la serie de
ideas asociadas, a saber, calor para enderezar, derecho e ir directo (¨j´ta, ôg Veda
Sa×hit VI.75.12; ¨ju-ga, citado de un léxico como un sinónimo de «flecha»):
de hecho, es de esta manera como en ôg Veda
Sa×hit I.110.5, tejanena (a pesar del tik·aöena §astreöa de Syaöa) debe significar «con una
vara (derecha)», una vara comparada a una flecha o «astil» de luz, puesto que
aquí manus tejanena corresponde a ra§min… mame en ôg Veda
Sa×hit VIII.25.18; como tejanam en Atharva Veda
Sa×hit I.2.4 (donde es el Axis
Mundi, diva-skambha) es «pilar ígneo»; y el tejanam en Majjhima Nikya II.105 = §alym, «flecha», en Atharva Veda Sa×hit III.25.2, como puede verse claramente por el uso de la raíz nam en ambos contextos.
thèpa. En D´gha Nikya III.117 puede observarse el significado original de stèpa, cúspide, cima, cabeza, domo, etc., donde habiendo
muerto Nthaputta, la doctrina y disciplina Nigaötha está «descabezada y sin
protección (bhinnathèpe appaÊisaraöe). En Jtaka VI.117, se describe un vimna, palacio, como pacathèpa, «de cinco domos», un significado y referencia que se encuentra en el
Diccionario, s.v. thèpika. Pero el Diccionario no
hace ninguna referencia a thèpik de Mahvaµsa XXXI.13, que aquí parece ser un nombre que significa
«domo» —el domo, o chapitel, de un psda, palacio. El Diccionario
tiene conocimiento de thèpa solo como «tumba» y
«bóveda» (dhtu-gabbha). La tumba budista es dhtu-gabbha por la función, y thèpa por su forma en domo, la cual corresponde a la forma
del cráneo.
Dikkhita. El propósito del presente artículo es indagar si
la ordenación regular budista puede igualarse o no con la iniciación (d´k· )[39].
La raíz aparece en pli sólo muy raramente, en dikkhita = d´k·ita. En Sa×yutta Nikya I.226, un profeta (isi = ¨·i; la palabra se usa también
respecto al Buddha y a los monjes budistas) es cira-dikkhita, «iniciado hace mucho», explicado por el Comentarista como cira-pabbajita [40], «ordenado hace mucho como
un Peregrino». Cira-pabbajita contrasta, por supuesto,
con navo acira-pabbajita, «recientemente ordenado como Peregrino», y ambos términos son de
común ocurrencia en otros contextos. Jtaka V.138-39, que dice cira-dakkhita, se refiere a los «profetas» (isayo) en el séquito del Bodhisattva Sarabhanga-Jotipla, que es incuestionablemente
un principio solar; y esta ortografía es de interés debido a que conserva la
forma de la raíz dak·, «ser capaz», puesto que el
valor básico de d´k·ita, «iniciado», es
precisamente «ser capacitado».
Dando ahora por sabido el conocimiento
del lector sobre la significación de la iniciación en la India y otras partes[41],
argumentaremos que pabbajita tiene realmente el valor de
d´k·ita y, a fortiori, que upasampad tiene el valor de una iniciación más
avanzada. Las primeras ordenaciones fueron hechas necesariamente por el Buddha
mismo, que usó las significativas palabras «Entra, monje mendicante» (ehi-bhikkhu), reminiscentes de la bienvenida, «Entra (ehi )» dirigida por el Sol al aspirante que ha
respondido acertadamente a la pregunta «¿Quién eres tú?» (Jaimin´ya Upani·ad Brhmaöa III.14.5, cf. Rèm´, Mathnaw´ I.3602-3). Si designaciones tales como «Pariente del Sol» (dicca-bandhu) han de tomarse literalmente, como deben
serlo por todos aquellos que no están extraviados por la forma «histórica» de
la «leyenda del Buddha», esto es suficiente para mostrar que tales ordenaciones
eran realmente iniciaciones e invitaciones, en los sentidos etimológicos de las
palabras: el Buddha histórico es ciertamente una evemerización del Agni Védico[42],
que es igualmente «despertado» en la aurora (u·ar-budh) y que es la «deidad del iniciado» (agni
vai d´k·itasya devat, Taittir´ya Sa×hit III.1.3). Tampoco se cambia
nada en principio por la delegación del poder de ordenación o iniciación a
otros (a quienes se hace referencia constantemente como «Hijos del Buddha», por
ejemplo, Sa×yutta Nikya I.192), puesto que una transmisión tal es a la vez necesaria y regular
en las condiciones más incuestionablemente ortodoxas y, ciertamente,
inevitable, si ha de haber una transmisión de una verdadera gnosis de generación
en generación.
Las ordenaciones originales
habían conferido el pabbajj (el estatus de «Peregrino»)
y el upasampad (la «obtención plena», y
casi literalmente el estado de ser un «Adepto») simultáneamente. Después de la
delegación del poder encontramos que ambos se confieren todavía juntos, pero
por un «quórum» de los monjes mendicantes, a aquellos que habiendo sido
tonsurados y vestido el hábito, repetían tres veces la fórmula de la «Toma de
Refugio». Encontramos, entonces, que el upasampad solo puede ser conferido por la recomendación de un maestro, a un
monje más joven que ha venido a él como un pupilo. Al maestro se le llama upajjhya, literalmente «el que se acerca a»; al
pupilo se le llama un saddhivihrika, literalmente «residente
asociado», es decir, que vive con el maestro en intimidad cotidiana. La
relación es formalmente paternal; el pupilo rinde al maestro servicio personal.
Antes de que un maestro pueda recibir a un monje como pupilo, él mismo debe
haber sido plenamente ordenado, debe haber sido un «Adepto», al menos durante
diez años. Bajo estas condiciones puede, cuando lo ve conveniente, proponer al
pupilo, como un candidato para el upasampad, a la asamblea monástica; y
el pupilo, por su parte, debe solicitar formalmente a la asamblea «extraed-me»
(ullumpatu [43] mam),
una fórmula sugerente de la fórmula Brhmaöa «como una serpiente (ahi ) podría liberarse de (nirmucyeta) su piel vieja, o como uno podría sacar (viv¨het ) una flecha de su caña (mujt
), así es
él liberado (nirmucyate) de todo mal» (Jaimin´ya Brhmaöa II.134, etc.)[44].
Un monje plenamente ordenado o iniciado así puede, después de diez años,
recibir él mismo pupilos. La sucesión de tales maestros Vinaya, desde Upli a Mahinda, se da en el D´pavaµsa. Todo esto tiene la apariencia del sistema de
transmisión regular de padre espiritual a hijo espiritual (guru-parampar ), de generación en
generación, pero con una adaptación específica al carácter más comunal de la
orden de «Peregrinos» (pabbajita) budista, que, desde los
tiempos más remotos, se concebían como una «congregación» (saµgha), en lugar de como solitarios.
Hay también evidencias
internas. La ordenación implicaba el abandono del nombre propio y del nombre
familiar de uno (nma-gotta) —«de la misma manera que
cuando los ríos alcanzan el mar, abandonan su nombre y linaje (pajahanti nma-gottni
)…», y el
Peregrino devenía ahora un «Hijo del Buddha» (sakya
puttiya, Udna 55). La ordenación es, de hecho, un segundo
nacimiento: encontramos junto con yato jto, «desde el tiempo en yo que nací», expresiones tales como «yato ariyna jtiy jto, «desde el tiempo en que yo
nací del linaje Ario» (Majjhima Nikya, II.103), es decir, como un sakya puttiya, un «hijo del Buddha»; e incluso un pasaje más explícito, en el que
Kassapa habla de su perfecta maestría y se llama a sí mismo un «hijo natural
del Bienaventurado, nacido de su boca, nacido del Dhamma, formado por el Dhamma
y un heredero del Dhamma» (Sa×yutta Nikya II.221)[45].
No todo el mundo podía ser
ordenado de cualquier manera. Como un ejemplo de la cualificación intelectual
puede citarse el caso de los «Hombres de fuego de Largos cabellos» (aggik jaÊil, es decir, los ascetas brahmanes
cuya deidad era Agni) a quienes podía dárseles el upasampad inmediatamente, sin la prueba habitual de los cuatro meses (parivsa) debido a que ellos eran ya kammavdino y kiriyavdino
[46], es decir, debido a que
creían en la «originación causal» de todos los fenómenos cualesquiera que sean,
y al mismo tiempo que hay un «debe hacerse», que ha de ser contrastado con un
«no debe hacerse», o un «saber hacer» que ha de ser contrastado con un «dejar
hacer» (los opuestos de estas posiciones son «herejías» bien conocidas desde el
punto de vista budista). No necesitamos citar aquí la larga lista de las
descalificaciones del Cullavagga, sino decir solo que estas
pueden ser morales, intelectuales o físicas, y que las descalificaciones
físicas incluyen una gran variedad de deformidades y trastornos[47].
Donde, como en Burma, es la
regla que todos devengan monjes por un tiempo limitado, o cuando un rey budista
es ordenado temporalmente[48],
parece que este retiro temporal del mundo corresponde exactamente al del
sacrificador védico (yaja-mna)[49],
que se consagra a s mismo
y, una vez iniciado (d´k·ita), durante la operación ya
no es él mismo, ya no es «este hombre», un tal, hasta que se abandona la operación y él retorna
entonces a sí mismo, de la Verdad a la Falsedad, y deviene una vez más «quien
él es realmente» en el sentido mundanal, Fulano por nombre y linaje.
La ordenación budista, concluimos,
no solo tiene la apariencia sino también la significación de una iniciación. La
única alternativa posible sería considerarla como una pseudoiniciación o
incluso como una contrainiciación. Esta última alternativa está manifiestamente
fuera de cuestión[50]:
tampoco la primera puede ser mantenida por nadie que acepta los textos en su
integridad, textos en los que se describe al Buddha como más que un hombre y
como del linaje del Agni y Solar.
natthika. Literalmente un «There-is-not-ist» [un
«no-hay-ista»], o un poco más libremente, «positivista»; el término se usa,
igualmente en sánscrito y pli, para significar aproximadamente lo que se entiende
por nuestro «escéptico», «materialista», «pragmático» o «ateo». El hombre que
mantiene que «no hay ningún otro mundo» (natthi
paro loko)[51]
a pesar del hecho de que «hay ciertamente otro mundo» (santaµ yeva, kho
pana paraµ
lokam)[52]
y en contra de los «Arhats versados en el otro mundo» (paraloka-viduno) es «un malvividor, un hombre de visión
falsa (herético), un negador» (duss´lo… micch-diÊÊhi natthikavdo, Majjhima Nikya I.403, cf. Aöguttara Nikya II.31 y Sa×yutta Nikya III.73). Natthika, en Sa×yutta Nikya I.96, no significa «vacío de mano» o «uno que niega la limosna»(!)
sino un «negador» como arriba: no podemos comprender el comentario del
traductor «nosotros no encontramos ningún paralelo a este término». En Sa×yutta Nikya II.17 natthit, «no-ismo», y atthit, «es-ismo», son los dos puntos de vista extremos, de negación y
afirmación, que se mantienen popularmente con respecto a lo que puede llamarse
la cuestión de la realidad o persistente identidad del mundo o del individuo;
en conexión con lo cual se debate, además, si es el mismo individuo el que, en
esta vida o en otra, actúa y recoge a la vez la recompensa de los actos, o si
uno es el que actúa y otro el que recoge. El Buddha enseña una Vía Media[53],
de «Originación Causal» (paÊiccasamuppda), según la cual las «cosas»
han de considerarse sin nada «en sí mismas»[54],
y solo como fenómenos (rèpa) que han surgido de tal y
tal manera (yath-bhètam, «como-devienen»), a saber,
en una secuencia causal ordenada. La clave de esta doctrina (afirmada también
muy claramente en Majjhima Nikya I.421) ha sido admirablemente resumida por el traductor en Kindred Sayings [= Sa×yutta Nikya] II.22, nota: «El sujeto de
la experiencia resultante es, él mismo, el resultado de la experiencia causal;
a la vez tan idéntico y tan poco idéntico como es, digamos, el árbol y el
brote» (o el niño y el hombre). Para nosotros hoy día, que tenemos un punto de
vista animista y unos intereses psíquicos en vez de espirituales, y que, por
consiguiente, consideramos que hay una identidad senciente que persiste durante
toda la vida, o incluso después de la muerte[55],
esto sería una solución «es-ista»[56].
Pero para el budista (como para Platón, Banquete 207DE; cf. Plutarco, Moralia 392[57])
esto no es consistente: la persistencia de una identidad, incluso de un día
para otro, no es un «hecho», sino meramente una «verdad convencional»; el hecho
es que, como en la parábola del mono de Sa×yutta Nikya II.95, «voluntad, mente y
conocimiento (cittam, mano,
viöam»,
es decir, toda la personalidad mental), esto, cada día y cada noche, surge (uppajati ) como una cosa y se destruye (nirujjhati ) como otra»; y como en la parábola del carro[58],
Sa×yutta Nikya I.135, donde se dice que el nombre de «esencia» (satta) se da solo convencionalmente (sammucc ) a lo que no es realmente una substancia
simple, sino un agregado. De la misma manera, a la muerte, «el alma-y-cuerpo
que fue en un devenir previo, se destruye sin residuo, y otro se adelanta» (purimabhave nma-rèpam asesaµ
niruddham, aam uppannam, Visuddhi Magga 413)», y es una herejía
mantener que «esta consciencia (idaµ viöam) concurre y migra (saµdhvati saµsarati
) sin
pérdida de identidad (anaam, Majjhima Nikya I.256)»[59];
y, sin embargo, no puede decirse que la muerte es una liberación automática del
mal y de las obras (Milinda Paho 72) debido a que «los seres (satt ) son los herederos de los actos (kamma-dyd )»[60].
Nunca debe perderse de vista que
la doctrina tradicional no hace ninguna distinción en principio entre nuestras
muertes y nacimientos diarios y la muerte y el nacimiento «cuando llega la
hora»: esto, junto con una comprensión de lo que se entiende por los dos sí
mismos[61]
(en el budismo, el gran sí mismo o el sí mismo limpio, y el pequeño sí mismo o
el sí mismo sucio) es esencial para una comprensión de toda la escritura india.
En cuanto a la supervivencia de la personalidad, ya sea de un día para otro o
ya sea de una vida a otra, el Buddha enseña una Vía Media de comprensión —la de
la continuidad sin identidad.
Solo queda agregar que se
encuentran en contextos Brahmánicos los correspondientes sánscritos nastika y nstikya = natthit. En Maitri Upani·ad II.5, nstikyam está agrupado con temor, hambre, cólera,
ignorancia, etc., en una larga lista de cualidades tmasa; Bhagavad G´t II.42 da el sentido del pli natthika, pero no la palabra misma, así, «El estólido pronuncia palabras
floridas, y su deleite está en el sentido literal de los Vedas, diciendo “No
hay nada más” (nnyad ast´ti
vdinaú)». De la misma manera KaÊha Upani·ad II.6, aunque sin mencionar
el término nstika, define de hecho al
«positivista» con palabras idénticas a las de Majjhima Nikya I.403 y de Jtaka V.228 citado arriba, a saber, como «el que sostiene
que “no hay ningún otro mundo que este” (ayaµ
loko nsti para iti
mn´ )», es decir, el que niega
que hay otras posibilidades que las posibilidades de manifestación. Para Mnava Dharma§stra, nstikya es un ahetuvda y, efectivamente, un ucchedavda: encontramos en Mnava Dharma§stra III.65 que «por la negación
de la causalidad, las familias se destruyen pronto» (östikyena ca karmöµ kulny §u vina§yanti ), lo cual entendemos que
significa que negar la herencia del carácter kármico del padre por parte del
hijo es negar la realidad de la filiación, y así «destruir la familia», como la
familia se comprende tradicionalmente: pues desde este punto de vista, donde no
hay ninguna transmisión hereditaria de una vocación y de un carácter, no hay
ningún linaje de familia. De la misma manera Mnava Dharma§stra VIII.22, donde se destruye
un reino infestado de nstikas; en II.11, y III.150, los nstikas son agrupados con los ladrones, los burladores del
Veda, los descastados, los §èdras, etc., y en IV.163 y XI.67 nstikya es emparejado con la burla del Veda y con el crimen[62].
Concluimos que el nstika es un nominalista, un negador de todo, excepto de
las verdades empíricas: y que la palabra puede traducirse acertadamente por
«escéptico», una palabra que tiene la ventaja adicional de corresponder en
valor al pli diÊÊhika, generalmente en el mal
sentido del que mantiene opiniones falsas.
nga. Aunque en la vasta mayoría de los casos nga, como tipo o epíteto del Buddha u otro Arhat, es
«elefante», hay un texto de especial interés, el Vamm´ka (Valm´ki ) Sutta, Majjhima Nikya I.142-145, en el que el kh´ösava bhikkhu, es decir, el Arahat, se tipifica por un nga, que es incuestionablemente una cobra. Un cierto Deva se aparece al
anciano Kumra Kassapa y dice, «mendicante, mendicante, esto es un termitero que
llamea de día y humea de noche». El Brahman responde, «toma una azada, Sumedha,
y excávalo»[63]. El Deva
cava, y desentierra una variedad de objetos, que se le dice que rechace, y que
cave más. Al fin él llega a una cobra (nga), y dice, «una cobra, su reverencia (bhadante)». El Brahman responde, «déjala, no le hagas daño, venérala».
En este punto falta algo;
debe comprenderse que el Deva hace quince preguntas sobre lo que se ha
encontrado, y que Kassapa no puede responderlas. El Deva dice entonces a
Kassapa que haga las preguntas al Buddha, cuya respuesta será convincente. Él
así lo hace, y el Buddha explica que la interpretación (adhivacanam) del termitero es «el cuerpo», del fuego «los
actos», del humo «los pensamientos», del Brahman «el Tathgata, el Arahat, el
Plenamente-despertado»; de Sumedha un «mendicante que es todavía un pupilo», de
la azada el «conocimiento Ario», del cavado «el esfuerzo heroico»[64],
de los diferentes objetos «las ataduras, etc. que han de ser rechazadas», y de
la cobra (nga)[65]
«el mendicante liberado de las salidas sucias (kh´ösava bhikkhu): Déjale, no le hagas daño,
venérale». Nosotros sabemos por Jtaka I.148 y Dhammapada Atthakath III.147 que como un
resultado de estas interpretaciones Kassapa devino un Arahat.
En otro contexto (Sa×yutta Nikya V.47, cf. V.63), la
obtención de la madurez por los mendicantes se compara al desarrollo de
serpientes jóvenes (o anguilas)[66],
que nacen en las colinas y bajan al mar por la vía de los lagos y ríos, y que
solo alcanzan su pleno desarrollo en el mar, que es aquí un equivalente de nibbna, amata (ver «samudda»).
Se establece así firmemente
que nga, en el sentido ofidiano,
puede ser el símbolo de un Arahat o Buddha. Una evidencia adicional la
proporciona Dhammapada 179, «A ese Buddha cuya
“pradera” es infinita (ananta-gocaram), puesto que es sin pies (apadam, una metáfora para “serpiente”, y que implica
también “sin dejar ningún rastro”), ¿por cuál rastro puedes tú rastrearle? (kena padena nessatha)». Este texto es estrechamente afín a B¨hadraöyaka Upani·ad III.8.8, donde el Brahman
es acak·uú§rotraµ tad
apöy apdam… anantaram, y a Muö¶aka Upani·ad I.1.6, donde el Brahman es ad¨§yam agrhyam agotram avaröam acak·uú§rotraµ tad apöy apdam, etc., y, puede agregarse,
a Shams-i-Tabr´z, «el último paso, que hay que dar sin pies» y «en mí no hay ningún
“Yo” ni ningún “Nosotros”, yo soy nada, sin cabeza, sin pies» (Rèm´, D´wn, pp. 137, 295).
Al mismo tiempo hemos
querido señalar el paralelo en la mitología griega, donde no solo Zeus (= Dyaus
Pit¨ = Varuöa = apara Brahman = Buddha parinibbuto) puede ser representado como una serpiente, sino que el Héroe
entumbado es también una serpiente: Jane Harrison, Prolegomena to the
Study of Greek Religion (3ª ed., Cambridge, 1922),
fig. 96 (la serpiente está, ciertamente, dentro
de la tumba) es la pintura misma de un thèpa
indio, tal como se erige para el Buddha (passim),
o para todo parinibbuto bhikkhu (Udna 8). Sin llevar el tema más
adelante, solo precisaremos que si la serpiente es el símbolo, a la vez de una
naturaleza imperfecta que se ha de abandonar y de una naturaleza perfecta que
se ha de realizar, esto corresponde al doble valor del «no ser» (1º) como un
mal natural del que se ha de escapar y (2º) como un bien sobrenatural que se ha
de alcanzar, y a la polaridad que es propia a todos los símbolos «negativos», y
que implica, por una parte, una privación, y por otra, una liberación de toda
afirmación limitativa.
niccakappam. En Majjhima Nikya I.249, donde, después de
dar un discurso, el Buddha dice que él compone y concierta su corazón, le
enfoca y le sintetiza (cittaµ saöÊhpemi sannisdemi ekodi-karomi samdahmi ), y que esto está en
conformidad con el primer samdhi, «en el que niccakappaµ niccakappaµ viharmi», el traductor lo traduce
por «en el cual Yo siempre moro». Esto es confundir niccakappam con niccaklam: el significado es «el cual
Yo gozo, o en el cual Yo reposo, cuando quiera que Yo quiero». «Siempre» contradice a la vez el sentido del
presente contexto, en el que el Buddha habla de sí mismo como entrando en este samdhi en un cierto tiempo, y el de pasajes tales como Majjhima Nikya I.482, en el que el
conocimiento del Buddha, en tanto que un hombre, en tanto que «Gotama, ora
despierto y ora durmiendo», difiere de su conocimiento en la contemplación.
nibbyati, nibbna. Es familiar que nibbna = nirvöa implica la extinción de una
llama. Nirvöa es literalmente
«no-soplando», o más técnicamente, «despiración»: donde nibbutam = nirvatam corresponde así a avtam en ôg Veda
Sa×hit X.129.2, tad ekam n´d avtam, y esto es el equivalente
exacto de la palabra del Maestro Eckhart, D diu zwei
apgrnde in einer glicheit sweben
gegeistet und
engeistet («igualmente espirado,
despirado»), d ist
ein h¯hez
wesen (ed. Pfeiffer, p. 517). El
Diccionario, s.v. nibbna, comienza, sin embargo, con
la afirmación errónea de que nir-v significa «soplar»,
ignorando el valor regularmente privativo de nis.
Así pues, en tanto que nibbna depende de nirv, nibbna implica una extinción o
muerte por cesación de soplar, es decir, por cesación de respirar, y no una
extinción por soplado, «proceso este que», como señala el Diccionario con
pertinencia inconsciente a la historia de la idea, «tiende más bien a incitar
el fuego que a extinguirle»: De hecho a Agni se le considera muy a menudo como
«vivificado» (jètaú) o «atizado» (mathitaú) por el Viento (del Espíritu)[67],
Vta,
Vyu,
Mtari§van, con quien también puede identificarse, de acuerdo con el principio de
que tanto Agni como Vyu son «auto-encendidos» (ôg Veda Sa×hit I.12.6; Aitareya Brhmaöa II.34). Además, las
referencias más antiguas en el Diccionario son «al fuego que brota, en vez de
al fuego que se apaga», para lo cual hay excelentes razones metafísicas además
de las razones «éticas» a las que se refiere el Diccionario. La cuestión de un
ser «apagado [de un soplido]» no surge, de hecho, en ningún tiempo en conexión
con la historia de nirv. El Diccionario, s.v. nibbpeti (causativo de nibbyati ), tiene, ciertamente, «enfriar por soplado» (esto repite el error
señalado arriba) y cita ôg Veda
Sa×hit X.16.13 nirvpaya, dirigido a Agni, a quien se implora,
efectivamente, que enfríe el terreno que ha quemado, la pira todavía humeante;
pero aquí nirvpaya (imperativo causativo) no
es en modo alguno «enfría soplando», sino «cesa de respirar», o «cesa de
soplar», y de esta manera él extingue sus propias llamas. «Enfriar», aunque no
por un «soplado» (que no enfriaría, sino que
más bien avivaría la llama) es entonces un sentido propio de nirv, causativo; y así aparece en Jtaka III.157 sabbaµ nibbpaye daram, «enfría toda mi fiebre», y
sobrevive en Brajabuli, por ejemplo, n nibhy hiyra guni, «Él no puede apagar la llama en mi corazón» (S. Sen, History of Brajabuli Literature, Calcuta, 1935, p. 406). No
puedo creer que nibbyati o nibbna tenga nada que ver con la raíz (v¨ ) que significa «cubrir»; por ejemplo Jtaka VI.196 jla… nibbyati es simplemente «el fuego cesa de tirar», y
así «se apaga».
Podemos proceder ahora a
examinar algunos de los contextos pli y sánscritos en los que nibbyati, o sus equivalentes, significan claramente
un «apagarse» el fuego, lo cual es una muerte, en el mismo sentido en que
nosotros hablamos de un fuego «que no tira». De hecho, el sentido de que el
fuego «se apague» es casi siempre parabólico, y su referencia es a la extinción
de la llama de la vida. En Majjhima Nikya I.487 el fuego «se ha apagado por falta de combustible» (anhro nibbuto)[68],
ese alimento o combustible con el que la consciencia empírica se sustenta
durante toda la «vida»: Sa×yutta Nikya I.159 habla del «apagarse de una llama» (pajjotassa nibbnam): Sutta-Nipta 19 dice «Mi techo exhala abierto, el apagado
de mi fuego» (vivaÊ kuÊi,
nibbuto gini ).
No hay necesidad de decir que hay muchos tipos de «fuego», y que en muchos
casos es específicamente el fuego de la cólera (kodha,
Aöguttara Nikya IV.96), o más a menudo los fuegos de la pasión, el engaño y el defecto
(rga, moha, dosa, Sa×yutta Nikya IV.261) los que se
extinguen. En los contextos sánscritos v, y nirv se encuentran usualmente
haciendo referencia directa a la espiración, por ejemplo, Kausitak´ Brhmaöa VII.9, donde se trata de
los «soplos» (pröú), y estos «aunque soplan (vntaú) en múltiples direcciones no se extinguen» (na nirvnti; versión de Keith)[69].
Cuando se trata específicamente del apagado de un fuego, que ya no «tira», el
verbo usual es udan [70], en el que se combinan los
significados de «aspirar» y «expirar»: así en Chndogya Upani·ad IV.3.1, yad agnir udvyati vyum apyeti,
«cuando el Fuego entrega su tiro (cuando muere), entra en el Viento», lo cual
recuerda a êatapatha Brhmaöa X.3.3.8, «cuando el Fuego se apaga (yad agnir anugacchati ) es dentro del Viento donde se apaga (vyuµ tarhi anèdvti ), por lo cual ellos dicen que “Él ha expirado” (udavs´t )». De la misma manera, por lo que respecta
al Sol, a la Luna y a los Cuadrantes, «ciertamente, establecidos en el Viento,
nacen nuevamente del Viento» (vyor… punar jyante, «nacen del Espíritu»). «Y
el Comprehensor de esto, cuando parte de este mundo… entra en el Viento con su
soplo de vida, y estando en él y siendo de él (etanmaya eva bhètv ), él deviene cualquiera de estas divinidades que él quiere, y se mueve
a voluntad» (ilayati, Syaöa saµcarati, ce·Êati )[71].
De la misma manera, Pra§na Upani·ad III.9, «Para aquellos cuya energía ígnea ha expirado, de modo que sus
energías ígneas están apagadas (tejo ha v udnas tasmd upa§ntatejú) hay una regeneración (punar bhavam), por vía de la
consistencia de los poderes del alma en el intelecto». No cabe ninguna duda de
que el nibbyati budista preserva los
valores que están contenidos en los textos antiguos sobre la despiración.
Sin embargo, nuestro
propósito principal en esta nota es recalcar que nibbna, y a fortiori parinibbna, es siempre una muerte o
transformación, y aclarar en qué sentido la muerte es un summum bonum, y coincidente con una
regeneración y el poder de resurrección. De hecho, parinibbna es sinónimo del parimara de Aitareya Brhmaöa VIII.28, êökhyana îraöyaka IV.12-13, y Kau·itak´ Upani·ad II.12[72], donde
«entrados en el Viento, y estando muertos, ciertamente no mueren, porque surgen
de nuevo», lo cual se aplica igualmente a las divinidades y a uno mismo. Pari- no es tanto «en torno a» como (1º) «completamente»,
en el sentido en que «el Reino de Dios no es para nadie sino el completamente
muerto»; y (2º) «hacia» o «en», como cuando nosotros hablamos de morir en el Señor»: que, en estos contextos, como en los
citados arriba, es el Brahman identificado con «El que sopla (vti ) aquí», es decir, Vyu, el mismo que no sopla allí
(êatapatha Brhmaöa VIII.7.3.9), sino que, como tad ekam,
«Ese Uno», «sopla y no sopla» (an´d avtam, ôg Veda Sa×hit X.129.2), y que nunca «vuelve a casa», puesto que él mismo es la
«casa» (astam) a la que todos los otros
retornan (Jaimin´ya Upani·ad Brhmaöa III.1.1-3; B¨hadraöyaka Upani·ad I.5.22), sin exceptuar al
Muni liberado, tanto de lo mental como de lo físico (nmaky vimutto = nmarèpay vimutto), que, «como una chispa llevada por la fuerza del viento, «vuelve a
casa» y ningún registro puede tenerse ya de él» (Sutta-Nipta 1074); ellos han «partido con el viento»; y, como nosotros sabemos,
esta expresión (vyogataú)[73]
es lo mismo que «unificado» (eko bhètv ) puesto que estas expresiones son dos modos comunes de decir «muerto»
en la literatura india.
Sin embargo, debe
comprenderse que hay muchas muertes, de entre las cuales, esa muerte en el
curso debido, después de la cual uno es depositado sobre la pira, es sólo una
muerte entre muchas otras. Todo cambio es un morir, y al mismo tiempo implica
el nacimiento de un hombre nuevo (que puede ser mejor o peor que el viejo;
pero, en nuestros contextos, que conciernen solo a los verdaderos Viajeros, es
siempre un hombre mejor)[74],
como ello es explícito en Sa×yutta Nikya II.95, donde «voluntad, pensamiento, discriminación (citta, mana, viöa), todo esto surge como uno y se destruye como otro,
cada noche y cada día», y en Aöguttara Nikya II.82, donde, con referencia a un cambio de ocupación y estatus, se dice
que un hombre «muere a uno y nace a tal otro» (tato
cuto itthattam gacchati )[75].
Es desde el mismo punto de vista como debe comprenderse la aplicación de nibbuto y parinibbuto a seres humanos todavía
vivos. El Mahsambodhi, como un nibbna, es la muerte del
Bodhisattva, y el nacimiento de un Buddha, el Despierto[76];
y similarmente en el caso de otros de quienes se dice que son nibbuto o incluso parinibbuto [77] aquí y ahora.
Así pues, parinibbyati implica, no meramente la muerte de un sí
mismo, sino, como todas las muertes, cualesquiera que sean, la traída al
nacimiento[78], o el hacer
devenir (bhvan ), de otro sí mismo. Cada
paso en la Vía usa un «sí mismo muerto», que ahora se ve como no siendo «ni
mío, ni yo», como un escalón o un peldaño; y es así como el verdadero Sí mismo
del Viajero viene al ser (bhè·öur-tm, Aitareya Brhmaöa VII.15), y se revela cada
vez más claramente (vistarm-tm, Aitareya îraöyaka II.3.2): y el producto
final, «cuando se ha hecho todo lo que tenía que hacerse» (katakicco, kataµ karaö´yam, passim; k¨tak¨tyaú en Aitareya îraöyaka II.5 y Maitri Upani·ad VI.30)[79], es el
Espíritu todo mismidad, un Sí mismo acabado y perfecto (bhvitatt, passim, k¨ttman como en Chndogya Upani·ad VIII.13)[80].
Parinibbyati, en este sentido de «llevar
a la perfección», aparece repetidamente en el llamativo texto Majjhima Nikya I.446, donde la palabra se
usa en conexión con cada una de las diez etapas del entrenamiento de un noble
alazán (y no debe perderse de vista que el Mendicante cuyo sí mismo más bajo ha
sido puesto bajo un control completo [att sudanto] se compara a menudo a un
corcel bien entrenado). Lo que hemos querido mostrar, entonces, es que parinibbuto, en el sentido de «muerto», no tiene el valor
limitativo que se asocia comúnmente a esta palabra[81],
sino que implica también «regenerado». Parinibbuto tiene los dos valores que son inherentes a la palabra «acabado», la
cual puede significar o «muerto» (como en la expresión, «eso fue su fin») o
«llevado a la perfección» (en el sentido en que nosotros hablamos de un
«producto acabado»)[82].
Apenas necesitamos decir que toda perfección y toda paz implican de esta manera
la muerte de todo lo que había sido imperfecto o no estaba en paz[83];
toda moción acaba cuando alcanza la meta hacia la cual se dirigía; Muerte es el
«Acabador» (antaka), pero también el Eros
solar, el Gran Espíritu (mahtman) que da la bienvenida al
perfecto en el Fin del Mundo. Parinibbuto, literalmente «despirado»,
es así «acabado» en los dos sentidos de la palabra; y solo si nosotros
entendemos esto podemos comprender plenamente por qué el fiel budista, cuando
ve la tumba (thèpa) del Buddha, no es movido
por la pena, sino por el «estremecimiento» (saµvejana) de la comprensión, y exclama triunfantemente, «Aquí el Tathgata fue enteramente acabado (parinibbuto) con esa obtención de la despiración (nibbna) que es sin residuo de asunción».
nettiy. Bhava-nettiy no es, como se ha traducido
al menos una vez, «el Ojo de la Existencia», sino los conductos de la
existencia (o del devenir, o del nacimiento). De la misma manera que en Majjhima Nikya II.105, etc., udakaµ hi nayanti nettik, «los irrigadores
(hacedores de canales, o “conductos” para el agua) conducen el agua». Bhava-netti se explica correctamente en el Diccionario como
«conductor a una existencia renovada». Pero en êökhyana îraöyaka II.336, cf. D´gha-Nikya Atthakath 127, etc., se explica como rajju, «cuerda»: y bhava-rajju es la cuerda que le ata a uno a devenir o a una existencia renovada.
Similarmente en Aitareya îraöyaka III.2, donde se afirma explícitamente que este rajju = netti es la cuerda «con la que los seres, como ganado
atado por el cuello, son conducidos a tal o cual existencia». El Tathgata es el cortador de este netti, que es la sed de existencia (D´gha-Nikya Atthakath 128), y así la cuerda que
lleva a ella, hasta que es cortada. Cf. Itivuttaka, p. 94, netticchinna bhikkhu, el que ha cortado el netti, y para quien no hay
ninguna existencia, sed o ansia, taöh, renovada, puesto que está
completamente limpio de ella, Udna Atthakath 272. Nosotros nunca nos hemos encontrado con la expresión bhava-cakkhu (solamente maµsa-cakkhu); y el pli netta = netra es más a menudo «eso que
conduce», por ejemplo, «riendas» (nettni, Sa×yutta Nikya I.26), que literalmente
«ojo», el cual, en todo caso, es un significado secundario y no primario de la
palabra.
pacchi. En kilaja-pacchi, Jtaka VI.370, «cestas de juncos»; no, como lo traducen Cowell y Rouse,
«rollos de estera». Las cestas de Jtaka VI.370, con sus tapaderas,
se muestran claramente en Bharhut, Cunningham lám. 25, fig. 3. El Diccionario
piensa que la etimología es «dudosa», pero la raíz es ciertamente pracchad, cubrir, envolver, ocultar.
pdavra y pdacchida. Dhammapada Atthakath III.216 describe el ascenso
del Buddha al Cielo de los Treinta y tres, desde Svatthi. «levantó su pie derecho y
le puso sobre la cima del Monte Yugandhara, después levantó su pie izquierdo y
le puso sobre la cima del Monte Sineru (Meru), y así, en solo tres compases (tayo va pdavr ) y dos zancadas (dve
pdacchidni ), atravesó sesenta y ocho
centenares de miles de leguas», y allí se sentó sobre el trono de oro de Indra.
La versión de Burlingame, «en tres zancadas, poniendo el pie sobre la tierra
solo dos veces», invierte el significado propio de las dos palabras en
cuestión, y es al mismo tiempo ininteligible. Pdavra es la pausa al caminar, cuando ambos pies se juntan; hay tres de tales
«compases», el primero en Svatthi, el segundo sobre el monte Yugandhara, y el tercero
sobre el monte Sineru. Pdacchida es, como implica la palabra
misma, la «separación de los pies» al zanquear: la palabra corresponde a padacchedana, padabhjana, y padavibhga, que denotan el análisis del verso para
formar un texto pada, puesto que la inversa de padasaµsagga, que es padasaµdhi, implica la conjunción de
ambas palabras y corresponde a pdavra. La traducción correcta no
solo tiene sentido, sino que nos permite reconocer la correspondencia de las
dos zancadas del Buddha con las dos primeras de las tres zancadas de Vi·öu; la cima que alcanza el
Buddha en esta ocasión es solar, y la que asume sobre el Monte G¨drakèÊa, no es supra-solar, puesto
que el Cielo de los Treinta y tres, que preside el Indra solar, no es un
Brahmaloka ni un aspecto del Nibbna.
Pdavra y padavra aparecen también en Jtaka I.213 y 506: en este último contexto es
especialmente claro que hay implícita una pausa, puesto que la descripción es
la de un caminar deliberado «como si a cada paso (padavre-padavre) estuviera soltando un saco de un millar de piezas
de oro» —lo cual no podría hacerse sin pausa. De hecho, puede señalarse que
siempre es con un solo pie como se da una zancada, y que el otro se deja atrás
durante el movimiento. En el relieve de Bhrhut (Cunningham, lám. 17,
centro) que representa el subsecuente descenso en Saµkassa, vemos, por lo tanto, un
solo pie sobre el peldaño superior de la escala, y el otro sobre su peldaño
inferior: el descenso se hace de una sola zancada; por consiguiente, tenemos
aquí la pintura efectiva de un pdacchida. De la misma manera, el Sol
tiene regularmente «un solo pie» o rayo, con el que camina y alcanza así a cada
criatura, a la que confiere su ser, ôg Veda
Sa×hit etc.; passim, pero los pies de Muerte (que es también el Sol),
considerados como «plantados» en el corazón (h¨daye
pdv atihatau, êatapatha Brhmaöa X.5.2.13), son dos, «y cuando los separa,
parte (chidyotkrmati )»: donde chidya es más bien «separar» que el «cortar» de Eggeling,
puesto que, efectivamente, es un padacchida lo que tiene lugar en la
muerte, cuando el espíritu «parte» (utkrmati
), o como
en B¨hadraöyaka Upani·ad IV.4.3, donde «este espíritu, sacudiéndose el cuerpo y desechando la
ignorancia, dando otra zancada (anyam kramam kramya), se junta a sí mismo», es
decir, entra en su fuente, vuelve a sí mismo, puesto que akramya implica nuevamente un pdacchida».
El texto de êatapatha Brhmaöa continua, «y cuando él
(Muerte, la Persona en el Orbe solar) asciende (utkrmati ), esta persona (en el ojo derecho) muere. De aquí que ellos llamen al
primero (etad ) el “partido” (pretam), y dicen del segundo (asya)
que «Él ha sido cortado» (chedi
)»[84].
El preta es el tman inmanente, el «espíritu» que el hombre «entrega»
cuando «expira», «ese otro sí mismo de él» que,
habiendo hecho su trabajo, «parte» o «procede» (praiti ) cuando llega la hora (Aitareya îraöyaka II.5), mientras que atrás queda la manifestación psicofísica, de la
misma manera que queda atrás un pie cuando se zanquea[85].
Debe observarse que pduka, en pli, es siempre «sandalia», y
que no es un término apropiado para las huellas según se representan en el
arte. En la literatura encontramos solo pada
o pda tanto para «huella» como
para «pie»; por ejemplo, en Majjhima Nikya I.175 sig. y Sa×yutta Nikya I.86, tathgatapada y hatthi-pada son «la huella del Buddha» y «la huella del
elefante». La expresión pada-valaja aparece en Dhammapada Atthakath III.194, y a la «huella del
pie» dejada por el Buddha se le llama un pada-cetiya; este último es claramente el término que debe usarse en las
descripciones iconográficas.
pabbhati. En el Diccionario, s.v. pabhati, sánscrito prabarh, prav¨h, como en KaÊha Upani·ad II.13, prav¨hya (aöum). Pabbheyya y pabbÂh (v.l., pavÂha) aparece en Majjhima Nikya II.17, y significa «extrae»
y «extraído». La referencia del Diccionario de pavÂha a prav¨h es ciertamente correcta,
pues el pli mujaµh is´kam
pabbheyya corresponde exactamente a mujd is´kµ viv¨het en Jaimin´ya Brhmaöa II.134 y en contextos similares. La metáfora se repite en D´gha Nikya I.77. Las versiones plis muestran claramente que el
significado real no es tanto «extrae la caña de su vaina» como «extrae la
flecha de la caña»; si el is´k no se hubiera considerado
como una «flecha», no habría habido ningún propósito en las palabras ao mujo aa is´k. Es evidente que cuando el
flechero va a las marismas muja a recoger astiles, los
extrae de las plantas, las cuales son dejadas allí; y que lo que extrae es para
él la «flecha», y lo que deja la «planta». La metáfora se aplica en los
contextos pli a la extracción de un cuerpo sobrenatural de este cuerpo mortal[86];
cf. êatapatha Brhmaöa IV.3.3.16.
psa. En Jtaka III.282, Francis y Neil
traducen erróneamente pse vijjhitv por «el cual atravesó los dados»; como quiera que sea, el Bodhisatta
es el sujeto de vijjhitv y sècim su objeto; el significado es «perforado con un
ojo». Supsiyam y supsam abajo significan «tener un ojo bien hecho».
Que psa (sánscrito p§a) puede significar «el ojo de una aguja» tiene un doble interés. En
primer lugar, p§a es esencialmente «lazo», y
como tal, «lazo corredizo», etc. La aplicación de una palabra que significa
«lazo» al ojo de una aguja sugiere un período en que las primeras agujas de
metal se hacían de alambre con una punta curvada para formar un «lazo» u «ojo».
Y en segundo lugar, porque el «ojo de la aguja» (y en particular una aguja tal
como la que el Bodhisatta hace en el Jtaka, «no puede decirse cómo,
sino solo que los propósitos de los Buddhas triunfaron» [ijjhanti ]) es un aspecto reconocido de la Janua Coeli, la
Puerta del Sol y la «puerta estrecha»; y puesto que p§a es también «lazo corredizo» (en las manos de M¨tyu, Yama y Varuöa), entendemos que el ojal
del lazo de Muerte es también otro aspecto de la Puerta, y que deslizarse a
través del lazo corredizo, sin que se cierre sobre vosotros, es lo mismo que
haber pasado por las fauces de Muerte, sin que se cierren sobre vosotros, de la
misma manera que el «enhebrado de la aguja» es el paso de la Puerta del Sol en
el simbolismo del bordado.
Hasta aquí, por supuesto, la
referencia es a la «última muerte del alma», en la que, el «enhebrado de la
aguja», es el paso de la Puerta del Sol. Pasar a través del ojo de la aguja,
(cf. Dante, Purgatorio X.16) o evadir el lazo
corredizo, puede usarse también con referencia a cualquier otro paso, puesto
que todo paso implica cambio, y todo cambio un morir (a lo que era antes).
Nosotros estamos interesados aquí solo en la equivalencia simbólica general del
ojo de la aguja y del ojal del lazo corredizo.
piö¶ika. En Jtaka VI.376 debe ser la
terminación o la extremidad esférica del mango del parasol, puesto que piö¶a es una protuberancia, una bola. Esto lo apoyan los
hechos de que el sánscrito piö¶aka se cita en un léxico como
«cubo de una rueda», y también como una «hinchazón o protuberancia redonda»; y
de que en el Aupaptika Sètra,
§16, piö¶iya corresponde a u·ö´·a en su sentido posterior de «protuberancia craneal».
Cf. skh.
beluva (-paö¶u-v´ö
). El
Diccionario tiene «flauta» (dos veces), pero esto es solamente una errata por
«laúd». S.v. v´ö, el Diccionario tiene
«laúd, mandolina… lira». Sin embargo, el v´ö del texto es un arpa sin columna. Para esto, y para los nombres pli de las demás partes y
accesorios del arpa, ver Coomaraswamy, «Las Partes de un v´ö» en Journal of the
American Oriental Society, LVII (1937), con
referencias posteriores. El Diccionario, en particular, traduce erróneamente koöa, que no es «arco» sino «plectro».
bhè. El siguiente examen no ha de tomarse en modo
alguno como un argumento contra la posición general tomada por C. A. F. Rhys
Davids en To Become
or Not
To Become
(Londres, 1937); yo estoy de acuerdo con esta posición. El examen es solo con
referencia al significado de la forma futura bhavissati en Aöguttara Nikya II.37, donde el Brahman Dona encuentra las huellas marcadas de la
rueda del Buddha y, según las mira, se dice a sí mismo, «No puede ser que estas
sean las huellas de un ser humano». No se niega que na bhavissati, aunque futuro en la forma, tenga aquí el valor
conjetural de «no puede ser», con referencia al hecho presente, y no a un
devenir futuro; el punto que hay que destacar aquí es que las huellas no son, ciertamente, las de un hombre. Antes de proseguir
puede destacarse que no hay disputa alguna respecto de que la forma futura de bhè pueda tener este valor gnómico en pli; de entre incontables
ejemplos, para no mencionar los dados por Rhys Davids misma, cito solo Jtaka VI.364, «tu nombre debe ser Amar» (tvam amar nma bhavissati ), ciertamente con
referencia al hecho presente; en Jtaka VI.365 udakaµ na laddham bhavissati, «Debe ser que no obtuvisteis agua», es decir, en el tiempo en
que se necesitaba para las
cosechas. Encontramos el mismo uso en sánscrito ya en ôg Veda Sa×hit I.164.39, kiµ ¨c kari·yati, «¿Qué hará él con el
verso?», es decir, ¿de qué utilidad es para él?
Hasta aquí todo bien. Pero
en el siguiente contexto de Aöguttara Nikya II.38, F. L. Woodward y Rhys Davids (To Become or Not
To Become,
p. 99) han insistido en traducir manusso… bhavissati por «¿devendrá un ser humano?», y na… manusso bhavissmi por «yo no devendré un ser humano», con referencia específica al
futuro. Y se insiste sobre esto a pesar del hecho de que el Buddha concluye sus
observaciones diciendo que todas aquellas condiciones, con arreglo a las cuales
él podría haber sido un hombre (o deva, gandhabba, yakkha, etc.), han sido matadas,
«de modo que yo soy el Despierto (tasm buddhoÕsmi
).
Justamente de la misma manera, en Milinda Paho 346, encontramos que bhavissati y atthi se usan como sinónimos en una y la misma conexión,
y que ambos significan «certísimamente sea» o «ciertamente es». Puede
observarse también que en Jtaka V.317, donde se hace una
pregunta similar a Nanda, este responde que él es, o, literalmente, que él «ha
devenido», un hombre (manussa-bhèto).
En nuestro disputado
contexto tenemos, primero, un futuro con un valor conjetural admitidamente de
presente; después una serie de futuros con un valor discutido; y finalmente un
pronunciamiento definitivo en presente, con respecto a las preguntas y
respuestas que intervienen. Nosotros no podemos pensar sino que nuestros
autores fuerzan el sentido del futuro debido solo a su extrema reluctancia a
permitir que el Buddha diga de sí mismo, «yo no soy
un hombre, o dios, o eros, o daimón». Es cierto que en innumerables contextos
de los Nikyas se explica que un Buddha o Arhat está emancipado
del ser en un modo dado, que es sin
nombre, que no puede ser alcanzado o comprendido, y así sucesivamente; pero
todo esto nuestros autores lo rechazarían como interpolaciones o desarrollos.
Los textos me parecen autoconsistentes; para mí la «crítica elevada» de estos
textos equivale a una peligrosa supresión de todo lo que en ellos no nos parece conveniente o verdadero. Yo tomo los textos
como ellos están. Pero parece que fuera mucho mejor llamar a nuestro pasaje una
interpolación que traducirlo en franca contradicción con la sintaxis. Se
pregunta al Buddha, «¿Qu eres tú?» y responde, «Yo
no soy un qu»,
es decir, esencialmente, como en Sutta-Nipta 455-56, koci noÕmhi… kiµcano… carmi loke…
akalla maµ…
pucchi gotta-paham.
rasa. Veremos que vyajana se distingue de attha algo así como el sabor se
distingue del alimento. En un único texto Nikya la palabra rasa toma efectivamente el lugar
que toma usualmente vjajana: este texto es Aöguttara Nikya I.36, donde «aquellos que
obtienen el sabor del significado» es attha-rasassa… lbhino, y aquí nosotros
difícilmente podemos dejar de observar que rasa
se usa esencialmente como se usa en la retórica posterior. La historia antigua
de la palabra rasa necesita un tratamiento más
completo en un artículo separado, pero queremos sugerir que aún en contextos
diferentes, y más antiguos que los contextos Alaµkra, e incluso cuando la referencia es la Deidad (so vai rasa),
la palabra debe traducirse, en la mayoría de los casos, por «sabor» en vez de
por «esencia». En su sentido más propio la palabra «esencia» se necesita para
términos tales como bhètat («ser», en principio; para atthit preferiríamos decir «existencia», distinguiendo así
entre esse y essentia vel quidditas, es decir, el «ser en sí mismo» e iti-bhavbhava, JÎ Ð< y JÎ N"4<@:g<`<). Por otra parte, hablar
del «sabor» del conocimiento, o de «digerir una idea» (o de «asimilación» = adaequatio rei et intellectus), o incluso de «saborear a Dios» («Oh, saborea y ve
que el Señor es bueno»), no es en modo alguno extraño al genio de las lenguas
europeas, puesto que la palabra latina sapientia es etimológicamente una «saboreidad», y como lo expresa Santo Tomás de
Aquino, «Quasi sapida scientia, seu scientia cum sapore (pli ¡savyajanam!
), id est
cognitio cum amore (pli ¡p´ti! )», Summa Theologica, I.43.5, y II-II.45.2-3 con más referencias[87].
El attha-rasassa lbh´ de nuestro texto será, por
supuesto, el «Gran Sí mismo», no el «pequeño sí mismo» de Aöguttara Nikya I.249, el «Sí mismo Limpio»
y no el «sí mismo sucio» de Aöguttara Nikya I.149: es decir, como en Atharva Veda
Sa×hit X.8.44 es el «Sí mismo
Contemplativo, Inmortal», el Espíritu que se «deleita con el sabor» (rasena t¨ptaú). En otras palabras, el
sabor es la parte «inmortal» del significado: y de la misma manera que en la
retórica posterior (Shitya Darpaöa III.2-3) a la «saboreación del sabor» (rassvdana) se le llama la semejanza de la «saboreación del
Brahman» (brahmsvdana), así aquí, puede decirse,
con San Agustín, que «incluso nosotros mismos al saborear mentalmente algo eterno, no estamos en este mundo» (De Trinitate IV.20).
lekhaö´. Pluma, lapicero, pincel[88],
o cualquier instrumento puntiagudo usado para tallar madera o marfil; nunca
«estarcido», como se da también en el Diccionario. En Aöguttara Nikya II.200, donde se describe
la construcción de una canoa vaciada a partir de un árbol, el lekhaö´ es la más delicada de las tres herramientas usadas
antes del pulido. El tronco se «labra con hachas», o quizás «azuelas» (kuÊhr´hi tacchetv
), se
«corta con formones» (vs´hi tacchetv ), se «talla con la “punta de lanza”» (lekhaöiy likhitv ), y finalmente se «pule con
un guijarro redondo» (psnaguÂena dhopetv ). Nosotros traducimos lekhaö´ por «punta de lanza», el
nombre técnico de una cierta herramienta de tornear madera, teniendo presente
que uno de los significados de likh es tornear (madera o
marfil)[89],
y porque en el caso presente, aunque no se trata de tornear, debe entenderse
algo como la herramienta puntiaguda de un tallador de madera; y likhitv por «tallado» en el sentido de imagen «tallada». Lekhaöiy likhitv podría significar también
«tallado» en el sentido de decorado, pero esto parece improbable en el contexto
presente, donde el «tallado» es preparatorio al pulido. Es probable que en este
período estén implícitas las herramientas de metal, pero el proceso descrito
debe haber sido transmitido desde tiempos prehistóricos, cuando los mismos
términos o términos similares podrían haber denotado herramientas de piedra.
Queda otra alternativa, y quizás aún más plausible, según la cual lekhaöiy likhitv significaría «pintado con
un pincel»: que un pulido con un «bruñidor de ágata» siguiera a esto sería
completamente inteligible.
vatra. «V¨tra»: Jtaka V.153 indo vatrabhè… sakko: Sa×yutta Nikya I.47, vatra-bhè.
va¶¶hamna. Acepto el argumento del Dr. Johnson (Journal of the
Royal Asiatic Society, 1932 pp. 392-98, y 1933,
p. 690) al efecto de que el símbolo del tridente, llamado a veces tri§èla o triratna en el arte budista
primitivo, se ha designado propiamente como el vardhamna. Es quizás solo por accidente que nosotros no encontremos ninguna
referencia al símbolo en la literatura pli, y por ende ninguna
aparición de la palabra va¶¶hamna con referencia a un
símbolo. La palabra aparece en la literatura jaina antigua como el nombre de un
símbolo. En lo que concierne a la palabra en otros sentidos, y primariamente
los del significado raíz («aumentar»), es curioso que el Diccionario, s.v.,
iguala va¶¶hamna en Dipavamsa XI.33 con va¶¶hana en Mahvaµsa XXIII.33, pasando por alto
que va¶¶hamna mismo aparece en el verso
siguiente del mismo texto en un sentido explicado en el Diccionario, s.v. va¶¶hati. La palabra aparece también en Mahvaµsa XI.30, donde va¶¶hamnaµ kumrikam es «una muchacha en la flor
de su juventud» (Geiger, o como yo preferiría decir, «una muchacha todavía
creciendo»). Hay también un pli va¶¶hanika que significa un plato del
cual se sirve comida, y esto explica el jaina va¶¶hamnaga posterior, en el sentido de «vasija auspiciosa» (distinta de puööa-ghaÊa).
vitaµsa. No alcanzo a ver por qué la etimología propuesta (vi tan) es «no claro»: el
significado es «trampa» (para pájaros): proverbialmente es «en vano como la red
se tiende a la vista de un pájaro»; el Antiguo Testamento abunda en referencias
al tendido de redes y trampas; y para
ilustraciones de trampas tendidas ver Bulletin of the
Museum of Fine Arts, Nº 210, pp. 50-53.
vyajana (en contraste con attha).
Antes de que tratemos estos términos en los contextos pli, debemos asumir el
significado de attha con relación a dhamma tratado arriba, s.v. attha
= artha. Será aconsejable también
considerar el significado de vyajana en contextos pre y postpli, a fin de hacer la pregunta
(de considerable interés desde el punto de vista de la historia de la retórica
india) de si el vyajana pli tiene o no realmente un
significado contradictorio de su significado en estos contextos pre y postpli. El sentido primario de la
raíz (vyaj ) es «ungir», y de aquí
«adornar», «sazonar» (bebida, comida), e «ilustrar» o «manifestar». Para los
tres primeros de estos valores en ôg Veda
Sa×hit, cf. el Wrterbuch de Grassmann, s.v. aj. Vyajana (neutro) es «adorno» en ôg Veda Sa×hit VIII.78.2. En la retórica posterior, se distinguen tres tipos de
significado (artha) en una proposición (vcakam), a saber, abhidh, lak·aö y vyajan, respectivamente literal, figurado y
parabólico (Shitya Darpaöa, II.3 etc.), y este último coincide con lo que se llama el «sabor» (rasa) de un texto poético, definido como un
«pronunciamiento (que tiene por cuerpo la letra y) el sabor (rasa) como su espíritu informante» (kvyaµ rastmakaµ vkyam).
Por otra parte, el
Diccionario tiene bajo Vyajana, «La letra (de una palabra)
en tanto que opuesta a attha (significado, sentido,
espíritu)», y bajo Savyajana sólo «con las letras»[90].
Por consiguiente, la mayoría de los traductores traducen attha como «espíritu» y vyajana como «letra»[91].
Si esto pudiera justificarse estaríamos frente al curioso fenómeno de una
inversión temporal de los significados básicos de la palabra vyajana. Hemos mostrado, s.v. attha,
que el significado de attha es todo excepto «espíritu».
Proponemos tratar la palabra
en sus contextos pli, comenzando con el más simple y yendo hacia el más difícil. En Jtaka VI.366, Amar Dev´ está preparando un pudin de
arroz con leche, y «añade el saborizante adecuado» (tadanurèpaµ vyajanaµ sampdetv ). Cuando el Bodhisatta cierra sus dientes sobre el
«pudin saborizado» (savyajanaµ ygum adsi ), su sentido del gusto
resulta conmovido (rasa-haraöiyo).
En Vinaya-PiÊaka I.40 alguien pregunta, «¿Qué enseña el Maestro?».
El discípulo responde, «Yo no soy capaz de exponerte la doctrina extensamente (vitthrena dhammaµ desetum), pero puedo decirte su significado brevemente (saµkhittena atthaµ vakkhmi )». El preguntador replica, «Digas tú poco o mucho, cuéntame en todo
caso el significado (atthaµ yeva
me brèhi )
—de acuerdo con su intención, quiero decir (atthenÕeva me attho)—
¿por qué habías de hacer una gran elaboración (kiµ
khasi vyajanaµ bahum)?». La respuesta es la
siguiente «fórmula doctrinal» (dhamma-pariyyam): «De todas las cosas que
son de origen causal, el Tathgata ha dicho la causa, y así mismo el Gran Monje ha
proclamado su supresión» (la bien conocida «confesión budista» que se
encuentra, como una inscripción, en tantos ejemplos de arte budista, como si
esta fuera la esencia de su mensaje). Aquí no se trata para nada de «espíritu y
letra»: lo que el preguntador quiere saber realmente es «lo que debe hacer para salvarse». En los términos de la referencia
precedente, está hambriento y quiere principalmente comida, sin importar si
está «sazonada» o «elaborada». Attham es aquí la aplicación, o la
manifestación inmediata de la doctrina; vyajanam es su «sabor», y lo mismo que ese attha-rasa que solo lo saborean los pocos (Aöguttara Nikya I.36)[92].
En Aöguttara Nikya II.160 donde tenemos,
«cuando los factores analíticos del significado (attha-paÊisambhid )[93]
han sido verificados (sacchikatv
)[94],
tanto en lo concerniente a lo que se propone (odhiso),
como a lo que se elabora (vyajanasso), entonces les explico con
muchas fórmulas alternativas, les enseño e ilumino, les hago comprehensibles,
les abro, les disecciono y expando (aneka-pariyyena cikkhmi, desemi, paksemi, paapemi, vivarmi, vibhajmi, uttn´-karomi )»[95]. Odhiso aquí solo puede referirse al significado inmediato
del texto: puesto que odhi deriva de odahati, sánscrito avadh, «hacer una proposición», análogo a abhidh, el «poder literal» de una proposición, o «denotación». Es ciertamente
en este sentido como el texto mismo es una «huella» (pada), un rastro propuesto que puede seguirse, en el
sentido de ôg Veda
Sa×hit X.71.3, vcaú padav´yam yan, y del «hatthi-pada» en pli, passim. Odhi es también, como su
equivalente sánscrito avadhi, el objeto hacia el que se
dirige la mente, y siendo así equivalente al significado primario del texto, vyaajanam sólo puede ser el significado expandido
implícito en las frases que concluyen con uttni-karomi. Puesto que odhi se refiere al enunciado de
hecho, corresponde a desanam, «promulgación»; vacanam corresponde al «pronunciado»; akhynam a la «narrativa»; kathitam a la «relación»; padam al «verso», etc. Odhi se refiere a la «superficie estética» de la
doctrina, y en conexión con esto puede señalarse que lo que se dice en
palabras, en principio, no difiere en modo alguno de lo que se representa en el
arte plástico; y que su interpretación, ya sea desde un punto de vista
estrictamente estético o ya sea meramente anecdótico, es igualmente superficial
e insuficiente: como Lankvatara Sètra
II.118-19 lo expresa, «la pintura real no está en los colores, el principio
evade la letra».
De nuevo nos encontramos con
los «cuatro significados» en Aöguttara Nikya II.139, en conexión con la definición de cuatro tipos de oradores (vd´ ), de quienes el mejor es el orador «que no se para,
ni en lo concerniente al propósito práctico (atthato), ni en lo concerniente al significado desarrollado (vyajanato): es imposible para el plenamente poseído de
los cuatro poderes analíticos (paÊisambhid
) pararse
en uno u otro de estos respectos».
En Aöguttara Nikya II.148, la primera de las
cuatro vías que conducen a la preservación de la «Verdadera Ley» (saddhamma) es esa condición que existe cuando el Mendicante
está en plena posesión de un texto «con versos y saborizantes bien dosificados
(sunikkhittehi pada-vyajanehi ): pues, oh Mendicantes, si los versos y su
saborizante están bien dosificados, el significado es igualmente fácil de
seguir (attho pi sunnayo hoti )». Volvemos en esta versión
a la noción del «arte de cocinar»: considerando que pada
corresponde al arroz, y vyaajana a la salsa, y que si estos
están adecuadamente combinados, el nutriente intelectual se asimilará
rápidamente.
En D´gha Nikya III.127-28, se dice que los
Mendicantes han de juntarse y hablar sobre la Doctrina, no contumazmente, sino
«comparando sentido moral (o literal) con sentido moral (o literal) (atthema attham), y significado implícito
con significado implícito (vyajanena vyajanam)», y que la discusión debe tomar una forma tal como esta: «¿para tal y
tal sentido moral (imassa… atthassa), corresponden más estrechamente estos, o estos
otros significados implícitos (imni v vyajanni etni va vyajanni )?»; e inversamente. Aquí puede notarse cómo los
genitivos implican que los significados morales o literales, y los significados
espirituales o implícitos, son recíprocos e inseparables; jamás se trata de
explicaciones arbitrarias, sino solo de un simbolismo adecuado, en el que hay
un contraste pero nunca una oposición entre «letra y espíritu» (los islámicos a§-§ar´ah y al úaq´qah). En Sa×yutta Nikya IV.281 y 296, nnatth nnavyajan es claramente «diferente en denotación y en
connotación», puesto que ekatth significa «igualmente en
denotación» en el mismo contexto.
En Sa×yutta Nikya V.430, un tema específicamente
moral, el de dukkha, «mal» o «aflicción», es
efectivamente el «significado moral» con referencia al cual el Buddha dice que
«hay definitivamente varias fases e ilustraciones de ello» (aparimö vaöö aparimö vyajan aparimö saµksan ), y aquí, vyajana es, ciertamente, algo como «colorante», «disfraz», «sombra de
significado», un sentido en completa concordancia con el significado raíz de vyaj, «untar». Similarmente en Aöguttara Nikya II.182, donde el Buddha
dice que «él ha enseñado que tal y cual proposición es acertada (idaµ ku·alaµ… may pannattam), en incontables versos (aparimö pad ), con incontables coloreamientos (aparimö vyajan ) e incontables
enunciaciones del significado espiritual (aparimö dhamma-desan )».
El texto más difícil es el
de Milinda Paho 18, donde la palabra del Buddha (buddha-vacanam) se aprende de memoria con una sola escucha, se domina en tres meses vyajanato, y en otros tres meses atthato. Aquí deberíamos haber esperado el orden inverso de
las palabras. Sin embargo, no podemos permitir que el aparente significado de
este texto aislado atropelle el de tantos otros, y debemos concluir que el
significado plenamente desarrollado se considera aquí como habiendo sido
entendido antes de que se haga la aplicación de él.
Como lo hemos observado, en
casi todos los contextos precedentes los traductores traducen attha por «espíritu» y vyajana por «letra». Nuestra intención no es sugerir en modo alguno que las
palabras «letra y espíritu» mismas están fuera de lugar en estos contextos,
pero decimos que si se usan estas palabras, es precisamente en el sentido
opuesto, y que attha es la «letra» y vyajana el significado «espiritual». Pues nosotros no
podemos emplear las palabras inglesas «letra y espíritu» vagamente, sino solo
de una de estas dos maneras, ya sea con referencia al «significado literal» y
al «significado interior» (una relación que se expresa en pli diciendo que «B es el adhivacanam, es decir, la interpretación, de A»)[96],
o ya sea de esa manera en la cual las palabras «letra y espíritu» (o sus
equivalentes) fueron usadas por San Pablo (II Corintios 3.6), de quien
desciende nuestro uso de las palabras. Quienquiera que tenga alguna duda en
cuanto al significado de las palabras de San Pablo debe considerar el tratado
de San Agustín, De spiritu et littera. San Pablo no se está refiriendo a las expresiones figuradas, sino a
la distinción entre la ley moral y la comprensión espiritual, donde la primera
es esencial a la vida activa y la última esencial a la vida contemplativa. Es
precisamente de la misma manera como attha (según hemos visto) se
refiere a las cosas que han de hacerse, y vyajana a las cosas que han de comprenderse: sería verdadero decir que en
nuestros contextos attha y vyajana corresponden a lo que se llama en sánscrito karma-kö¶a y jna-kö¶a. En Vinaya-PiÊaka I.40, el hecho de que una prescripción a caminar en
una cierta Vía está implícito en la fórmula, es lo que la hace ser attha y no vyajana. Podemos ver también por
qué se da esa precedencia a attha: ocurre lo mismo en el caso
de un hombre hambriento, para quien la comida es la primera consideración y el
sabor la segunda; el sabor es mejor que la comida, pero no para el hombre
hambriento, que está todavía necesitado de comida, sin la cual no puede «seguir
adelante»; no es este «pequeño sí mismo», el supuesto att o appatt, sino solo el «gran sí
mismo», mahatt, «el sí mismo contemplativo
e inmortal, sin deseo» de Atharva Veda
Sa×hit X.8.44, el que se
«satisface con el sabor» sólo (rasena t¨ptaú).
Es desde el mismo punto de vista, como el Buddha rehusa tan a menudo tratar del
fin último (tal como «es o no es» después de la muerte), debido a que ello no
pertenece ni conduce al «Caminar de la vía» (maggana). La virtud es solo un medio, ciertamente; es dispositiva, pero no
esencial al fin. Pero «mientras nosotros estamos en camino, no estamos allí»;
la virtud es esencial a la Vía. Attha es así anterior a vyajana en la práctica, pero inferior en jerarquía, puesto
que cuando se ha alcanzado el fin de la vía ya no hay más «Caminar de la vía»
que haya de hacerse.
Hasta aquí hemos tratado vyajana en lo que puede llamarse su sentido «bueno», ese
sentido en el cual se dice que los cuatro paÊisambhid son esenciales al Arahatta. Hay también algunos contextos en los
cuales vyajana, en tanto que «ornamento»,
se menosprecia, por ejemplo Puggala-paatti-atthakatha 223, donde el padaparamo, «cuyo fin último es el verso mismo», se explica
con vyajanapadam eva
paramam assa,
«aquel para quien solo el ornamento verbal es la principal consideración». Que
la referencia es despectiva se hace claro también de Aöguttara Nikya II.135, donde la recompensa
final (uÊÊhna-phalam) es contingente dependiendo
de la naturaleza del esfuerzo mental puesto; hay cuatro clases de escuchadores,
«aquellos que comprenden inmediatamente (ugghaÊitaè ), aquellos que comprenden con la reflexión (vipacittaè ), aquellos que deben ser
conducidos (neyyo, e-duc-ados, siendo la Yakkh´ de Sa×yutta Nikya I.11-12 un buen ejemplo), y
aquellos cuya finalidad es el texto mismo» (padaparamo, de los que el rey estúpido de Jtaka VI.131 es un ejemplo). Padaparamo es, entonces, ya sea un
«literalista» (como se condena en Sa×yutta Nikya I.11 donde, ciertamente, «la letra mata»), o, en concordancia con Puggala-paatti-atthakatha, el hombre que cuida más el
arte del texto que su significado, y puede compararse con el hombre que, en los
términos de nuestra primera cita (Jtaka VI.366), podría ser más
afecto al sabor de la comida que a su esencia nutriente. Nuestro interés
inmediato está en el menospreciado vyajanapadam de Puggala-paatti-atthakatha, donde la referencia es
llanamente a la pericia considerada como el fin final de la oratoria: cf. Aöguttara Nikya I.72, III.107 y Sa×yutta Nikya II.267, donde a un suttanta, caracterizado por bellos sonidos, en vez de por
bellos pensamientos, se le llama cittakkhara (cf. el citrakvya posterior), y Sa×yutta Nikya I.38, donde a las sílabas
mismas (akkharni, consideradas como sonidos
en lugar de como letras escritas)[97]
se les llama la «salsa o sabor» (vyajana)[98]
de la poesía. en Sa×yutta Nikya II.267 y en pasajes paralelos, «los sermones (suttant ) predicados por el Tathgata son profundos (gambh´r ), de profunda significación moral (gambh´ratth ), tratan del otro mundo (lokuttar ) y están asociados con la vacuidad de este
mundo (suata-paÊisaµyutta); pero vendrá un tiempo en
que ya no se considerarán como cosas que han de ser estudiadas y dominadas; por
el contrario, esos sermones que hacen los poetas en el estilo poético (te suttant kavikat kveyy ), con sonidos embellecidos
(cittakkhar ), sobrecargados de
ornamento (citta-vyajan ), y dichos para auditores
profanos (bhirak svaka-bhsit ), se considerarán dignos de estudio, y los otros
desaparecerán».
Nosotros no vemos en todo
esto nada que sea particularmente monástico o puritano, sino sólo algo que es
ciertamente serio; la repudiación de un arte por el arte, de la sofisticación y
del esteticismo. El punto de vista budista sobre la retórica, en tanto que el
arte de dar efectividad a la verdad, es el mismo que el punto de vista
platónico, aristotélico y escolástico. Como dice San Agustín, «Yo no estoy
hablando ahora de cómo complacer: estoy hablando de cómo ha de enseñarse a
quienes desean instrucción». Cittakkhara, citta-vyajana son «sofística» en el sentido de la definición de San Agustín, «A un
lenguaje que busca el ornamento más allá de los límites de la responsabilidad
de su gravidez (gravitas), se le llama “sofístico”».
De la misma manera, «No importa cual sea la circunstancia, cuando los Buddhas
predican la Ley, es sobre la Ley donde ponen la gravidez (gravam, etimológica y semánticamente el equivalente de la gravitas de San Agustín); ellos hablan como si hicieran
descender del cielo el Río Aéreo» (ksagaögam otrento viya, Dhammapada Atthakath III.360)[99].
Que la predicación de la Ley «traspasa la piel y la carne[100]
y penetra hasta la médula de los huesos» (Dhammapada Atthakath III.361) recuerda la
palabra de San Pablo «la palabra de Dios es rápida y poderosa, y más aguda que
una espada de doble filo, que penetra hasta…» (Hebreos 4:12)[101],
y la de San Agustín «¡Oh elocuencia, tanto más terrible cuanto más limpia de
adorno; y cuanto más genuina, tanto más poderosa!: ¡Verdaderamente un hacha que
parte la roca!»[102].
Por otra parte, no debe
inferirse que el arte de la oratoria, usado rectamente, sea en modo alguno
menospreciado. Encontramos, por ejemplo, que se elogia a Mah Kaccna como el «principal de
aquellos que diseccionan minuciosamente el significado de lo que ha sido dicho
brevemente (saµkhittena bhsitassa vitthrena atthaµ
vibhajantnam aggam)»,
a Kumra Kassapa como el «principal de los oradores floridos (citta-kathiknam aggam)»[103],
y a Mah
KoÊÊhita
como el «principal de los Maestros de los Cuatro Significados (paÊisambhidappattnam aggam)»,
Aöguttara Nikya I.23-24. También encontramos al Buddha elogiando a un Mendicante que
«en su discurso doctrinal estaba instruyendo a los hermanos, haciéndoles la Ley
aceptable, inflamándoles, regocijándoles con palabras corteses, bien
enunciadas, sin aspereza, con exposición del significado, pertinentes e
imparciales» (Sa×yutta Nikya II.280, cf. I.189). Las mismas expresiones aparecen en D´gha Nikya II.109, donde el Buddha
explica que él adapta su enseñanza a su audiencia («Cualquiera que pueda ser su
tipo, yo me hago a mí mismo del mismo tipo, cualquiera que sea su lenguaje, yo
hablo ese lenguaje» —es decir, deviene como nosotros somos para que nosotros
podamos ser como él es), «Pero ellos no me conocieron cuando hablé, y
preguntaron, “¿Quién puede ser este que así habla, un hombre o un dios?”. A lo
cual yo demostré la Ley, se la hice aceptable, les inflamé (samuttejetv ), les regocijé, etc.». El argumento es
siempre ad hominem: pues como lo expresa Lankvatra Sètra
II.122, «Todo lo que no está adaptado a tales y cuales personas a quienes se ha
de enseñar, no puede llamarse enseñanza». Es así como «Él predica la bella Ley,
con sus significados moral y espiritual (dhammaµ deseti… kalyöam sttham savyajanam, D´gha Nikya I.250)».
No será inapropiado concluir
el presente artículo con: «al cierre de mi discurso yo compongo y concierto mi
corazón, le enfoco y le sintetizo (cittaµ saöÊhpemi sannisdemi ekodikaromi samdahmi ), de acuerdo con el primer
modo de mi síntesis interior (samdhi
), en la
que, ciertamente, yo moro cuando y siempre que quiero (niccakappaµ niccakappaµ viharmi, Majjhima Nikya I.249)».
El resultado claro del
presente estudio, y del de rasa, es indicar que las
palabras pli vyajana y rasa son a menudo casi la misma cosa, una cualidad que
puede considerarse como el sabor o el color más íntimo del texto o, desde otro
punto de vista, como una cubierta de ornamento, y así «algo bueno en demasía».
En todo caso, vyajana nunca es «sílaba», como se
ha traducido en Aöguttara Nikya II.182.
sakh y skha. Como el equivalente
sánscrito §kh, la palabra aparece en pli en el sentido primario de
«rama» (de un árbol), pero también en Sutta-Nipta 688 como «varilla (radial)» de un parasol, y es probable que este
fuera también un significado de la palabra en sánscrito. En este sentido, la
palabra tiene interés, debido a la coincidencia del simbolismo (axial) del
«parasol» y del «árbol»; las varillas rodean el mango (daö¶a, también «tronco de un árbol») «como las ramas
rodean el tronco del árbol (v¨k·asya skandhaú parita iva
§kkhú, Atharva Veda Sa×hit X.7.38)», formando un «círculo» (maö¶ala). Cf. piö¶ika.
saökha. El significado primario es «número», de aquí saökhaµ gam, «ser contado» o
«enumerado», como en Udna 55, donde «ellos son
contados (saökhaµ gacchanti ) [como] “Hijos del Buddha”» (sakyaputtiya)[104]. En este
sentido saökhaµ gam
es «ser llamado», «obtener un nombre». Se sigue que, de una manera más general,
ser «enumerado» es existir en el universo cuantitativo y dimensionado (nimitta), y que saökha, es desde este punto de
vista, equivalente de mtr («medida», y
etimológicamente «materia», eso que se conoce en los términos de «forma y
fenómeno», nma-rèpa), en cuyo sentido, saökha es casi el equivalente exacto del «número» en tanto
que característico de la «especie» en la filosofía escolástica. Venir al ser,
nacer y ser «nombrado» es un bien desde algunos puntos de vista, pero nunca un
bien final; y, por consiguiente, desde otro punto de vista, el del hombre que
está buscando devenir «nadie» (akiµcana), es un mal. Así en Sutta-Nipta 1074, del Muni partido como una llama
apagada por el viento, y liberado de nombre y cuerpo (nmaky = nmarèpay
), se dice
que «vuelve a casa (attham paleti ), no vuelve a un número (na upeti
saökham)»[105],
es decir, que él no es cognoscible: de la misma manera, del Arhat, que no puede
ser encontrado por los dioses ni por los hombres ni en el cielo ni en la
tierra, se dice que «ha acabado con el número (pahsi saökham, Sa×yutta Nikya I.12)»; de hecho es
justamente de tales como estos de quienes dice Brahm, que él «no puede dar
ninguna verdadera cuenta» (saökhtuµ no pi sakkomi, etc., D´gha Nikya II.218); e, inversamente,
en Sa×yutta Nikya III.35, «Lo que quiera que un hombre se lleva al lecho, por eso es por
lo que obtiene su número» (yaµ… anuseti tena saökhaµ gacchati ), es decir, su propósito
incumplido determina su nacimiento[106]
(como en Maitri Upani·ad II.6d).
Sin embargo, hay otro uso de
la palabra, o más bien del verbo correspondiente, de no menos interés, que
aparece en Sutta-Nipta 351, «Hacer lo que uno
quiere no pertenece al común del rebaño; pertenece a los Tathgatas hacer lo que es correcto»,
o más literalmente, «calculado» (na kmakro[107] hi puthujjannaµ, saökheyyakro ca tathgatanam). Saökheyya solo puede comprenderse
aquí como equivalente de prameya en el sentido de «correcto»
(de hecho se atribuye al Buddha un pramöa absoluto; todo lo que el
Buddha dice o hace, está bien dicho o bien hecho). Por supuesto, la inversa del
texto también está implícita: todo lo que hacen las muchedumbres inenseñadas,
es informal, apaÊirèpa, asaökheyya[108], los Buddhas hacen lo que
quieren. En el mismo sentido, saökha debe significar lo que es
«correcto», o incluso se podría decir, lo que es «matemáticamente correcto»,
puesto que se trata precisamente del «número»; en Dhammapada 267, donde «el que ha desalojado el bien y el mal, el caminante con Brahma,
cuyo curso en el mundo está “calculado (saökhya loke carati )”, a ése se le llama correctamente un “Mendicante”»: o, inversamente,
lo que es «erróneo», cuando el «cálculo» (saökhya)» implica que es «con motivos ulteriores», como en Aöguttara Nikya II.143. El uso de saökheyya y de saökhya, en el buen sentido,
corresponde al de saökhynam y de asaökhynam en Jaimin´ya Brhmaöa II.69 y 73, donde, en ritos
opuestos, lo que se hace por Prajpati en buena forma vence a lo que hace Muerte
informalmente; y donde, lo que es «ordenado (saµkhynam)» es inmortal (am¨tam) y lo que es «desordenado (asaµkhynam)» mortal (martyam) —una distinción que corresponde a la de satyam
y an¨tam. Es este mismo sentido, en
un sètra
sin identificar (A. F. Rudolf Hoernle, MS. Remains of Buddhist Literature from
E. Turkestan, Oxford, 1916, I, 98-100), saµkhym gacchati es «alcanza la plenitud».
samala. Esta palabra se cita debido a la luz que arroja
sobre los sánscritos §mulya, §mèla. El Diccionario omite anotar el inmediato equivalente sánscrito, §amala, pero da el significado, «impuro, contaminado, Vinaya-PiÊaka I.5». Tenemos también sandhi-samala-saµkaÊ´ra, con el sentido general de «montón de basura» en Sa×yutta Nikya II.270, Majjhima Nikya I.334 y D´gha Nikya II.160; y dhammo asuddho samalehi cintito, «una doctrina impura
concebida por mentes sucias» en Vinaya-PiÊaka I.5, Sa×yutta Nikya I.137. Parece imposible
poner en duda que en ôg Veda
Sa×hit X.85.29 §mulyam no es (como se traduce comúnmente) «lanudo», sino
«sucio»[109], puesto
que la referencia es, de hecho, a la «piel de serpiente» que K¨ty debe despojarse cuando «ha
obtenido pies» (padvat´ bhètv´ ), todo ello de acuerdo con la fórmula bien conocida de la procesión
desde la potencialidad ofidiana a la actualidad humana; o que en Jaimin´ya Upani·ad Brhmaöa I.38.4, §mèla-paröabhym no es, como lo traduce
Oertel, «con una camisa (?) de lana y una hoja», sino «(vestida) de hojas
sucias».
samudda (como adhivacanam de nibbna). En el budismo, como en el brahmanismo, la «Vía»
del Peregrino, considerada como un viaje (yna, en este sentido), puede relacionarse de tres maneras diferentes con
el fluyente río de la vida y de la muerte: a saber, o bien el viaje es
corriente arriba, hacia la fuente de las aguas; o bien sobre las aguas, hasta
una remota orilla; o bien corriente abajo, hasta el mar. Este uso de
simbolismos, que son contrarios en su sentido literal, pero unánimes en su
sentido espiritual, ilustra muy bien la naturaleza de la metafísica misma, que
no es, como una «filosofía», sistemática, sino siempre consistente. De todo lo
que tenemos que cuidarnos aquí (como en toda obra de arte) es de hacer uso de
nuestros símbolos consistentemente: Por ejemplo, es solo en el segundo caso, el
del «cruce», donde puede emplearse también el símbolo del «puente»; sería
incongruente hablar del «puente» en conexión con un subir o bajar la corriente[110].
En el primer caso, el
símbolo es el de un procedimiento contra la corriente, y, por consiguiente, al
Viajero budista se le llama un «Corriente-arribador» (paÊisoto o uddhaµsoto, que tiene anusotagm´, «arrastrado por la corriente», como
opuesto). Sin adentrarnos extensamente en la historia del pensamiento
subyacente, podemos observar que en ôg Veda
Sa×hit X.28.4, prat´paµ §paµ nadyo
vahanti («los ríos llevan la espuma
contra la corriente»), ya es una paradoja que hay que explicar. Cualquier cosa
que esto pueda significar, el texto de Taittir´ya Sa×hit VII.5.7.4, «El mundo
celestial es contra-corriente (pratikèlam) desde aquí» es
completamente explícito: y es precisamente en este sentido como en Pacavi×§a Brhmaöa XXV.10.12-16 los
Sacrificadores, yendo «contra-corriente» o «corriente-arriba» (prat´pam), a lo largo de todo el curso de la Sarasvat´ (el Río de la Vida),
alcanzan el mundo celestial (es patente por el verso 11 que la Sarasvat´ es coincidente con el Axis
Mundi)[111]: es
imposible alcanzar la meta «corriente-abajo». Aquí el simbolismo es el del
retorno a la fuente del río, la «Fons Vitae», el lugar de morada de Varuöa (sindhènm upodaye, ôg Veda Sa×hit VIII.41.2), el «Manantial de Miel en la más elevada morada de Vi·öu» (vi·öoú pade parame
madhva utsaú,
ôg Veda
Sa×hit I.154.5), la Fuente Perenne
de Plotino, Enadas III.8.10, etc. Entre los
paralelos cristianos puede citarse a Ruysbroeck, «un perpetuo esfuerzo tras lo
inalcanzable —esto es el “esfuerzo contra la corriente”» (Sparkling Stone, cap. 9; cf. Jaimin´ya Brhmaöa I.85, pratikèlam udyam… sama·Êy ); Dante, Purgatorio I.40, «Contra la obscura corriente huyó de la prisión eterna»; Blake,
«Jesús murió… se esforzó contra la corriente de esta rueda».
Más familiar es el
simbolismo de la «Otra Orilla», que ha de alcanzarse de diferentes maneras, ya
sea con balsa, barco, puente o vado, y en conexión con la cual nos encontramos
con una gran variedad de términos, tales como tara,
taraöa, tr, t´ran, t´rtha[112], trt¨, etc., que derivan de t¨,
«cruzar». En este caso las Aguas que han de cruzarse son específicamente el Río
de la Muerte (Majjhima Nikya I.225-27; Dhammapada Atthakath II.275, etc.); o, como se explica más plenamente en Sa×yutta Nikya IV.174-75, la Gran
Inundación de Agua (mah udakaööavo), es la inundación de la volición, el nacimiento, la opinión y la
ignorancia (kma, bhava,
diÊÊhi, avijj ); Esta Orilla representa la «incorporación» (sakkya), la Otra Orilla representa el nibbna, y el «Brahman que ha cruzado y alcanzado la otra
orilla y que está en terreno sólido» (tiööo
praµgato thale
titthati brahmaöo) es el Arahat. La fórmula del cruce a la otra orilla, o el cielo de la
seguridad, aparece tan repetidamente en contextos igualmente budistas y
brahmánicos que no es necesario citar aquí ningún ejemplo más. La metáfora de
la «barca» salvadora (pli y sánscrito nv ) se conserva en nuestra «nave» (de una iglesia)[113].
Menos familiar, aunque en
modo alguno rara en los contextos budistas, es la metáfora de un deslizamiento
corriente-abajo hacia un nibbna representado por el Mar,
aquí no una masa de aguas que han de cruzarse, sino, él mismo, el fin último.
Este valor de samudda (Mar) se pasa por alto en
el Diccionario. En Sa×yutta Nikya V.39-40, encontramos «de la misma manera que los ríos se inclinan,
tienden y gravitan hacia el mar» (samudda-ninn, -poö, -pabbhr
)[114],
justamente así, el Mendicante que cultiva el Óctuple Sendero Ario «se inclina,
tiende y gravita hacia el Nibbna»; similarmente Sa×yutta Nikya V.134. E igualmente en la
parábola del Leño, Sa×yutta Nikya IV.179-80, donde este, flotando corriente-abajo sobre el Ganges, se
desliza hacia el Nibbna; los peligros son los de embarrancar en una u otra
orilla, ser tomado por aquellos (hombres o dioses) que moran en estas orillas[115],
embarrancar en un banco de arena (thale uss´dissati )[116], hundirse
en medio de la corriente (majjhe saµs´dissati )[117], o
pudrirse dentro; y si todos estos peligros son evitados, entonces «vosotros os
inclinaréis, tenderéis y gravitaréis hacia el Nibbna». Está claro que la
corriente aquí ya no es la de Mra, como en Majjhima Nikya I.226 (mrassa sota),
sino más bien la Inundación del Mérito (puasa dhr ) de Aöguttara Nikya II.56. En Sa×yutta Nikya V.47, cf. 63, los jóvenes
seguidores del Óctuple Sendero se comparan a los jóvenes Ngas (serpientes, o más bien
anguilas; ver nga), nacidos en los Himlayas, y que, a medida que
crecen, hacen su vía de descenso hacia el Mar, y allí alcanzan sus plenas
dimensiones; el Comentario iguala nga con yogvacara y samudda con nibbna. En Dhammapada Atthakath III.230 sig., la significación del viaje corriente-abajo, aquí en una
barca, es la misma, pero se invierte el valor de nga[118]; debido a un pecado por el
que se interrumpe el viaje, el novicio renace como el Nga Erakapatta.
Finalmente, los precedentes
textos, en los que samudda = nibbna, e incluso el texto más
literal aún de Udna 55, «De la misma manera que
los ríos pierden sus antiguos nombres y nombres de clan (purimni nma-gottni
)[119]
cuando alcanzan el mar, y el todo se tiene sólo como “El Gran Mar”»,
corresponden exactamente a la palabra mejor conocida «De la misma manera que
estos fluyentes ríos que tienden hacia el mar, cuando alcanzan el mar han
llegado a casa, y su nombre y aspecto (nma-rèpa) se deshacen, y solo se habla del “Mar” (samudram iti ) (Pra§na Upani·ad VI.5, etc.), así como
también a las imágenes casi idénticas empleadas por Dante, el Maestro Eckhart y
Ruysbroeck[120].
Puede agregarse que donde se
emplea, como arriba, el simbolismo de un ir corriente-abajo hacia el Mar, un
retorno a la fuente sería equivalente a una «recaída (apya)», y que encontramos, efectivamente, que las
expresiones «contra-corriente» y «fluyendo-atrás» se usan de esta manera en Atharva Veda Sa×hit X.1.7, donde a los poderes malos se les manda volver «corriente arriba
contra-corriente» (pratikèlam udyyam), y en Atharva Veda
Sa×hit IV.17.2, donde punaúsara = apotropáico.
sahjanetta. Sutta-Nipta 1096: dos MSS. dicen sahajanetta. Nosotros deberíamos traducir «poseído del ojo
innato», es decir, como implica el Comentarista, «de omnisciencia espontánea».
No estamos de acuerdo con la traducción del Diccionario «lit. “ojo
coincidente”», sino que tomamos sahaja en su sentido usual de
«connatural», «innato», y de aquí, como en la retórica posterior, no adquirido
(ahry ) o aprendido (aupade§ik ), sino iluminación (pratibh ) «natural» (sahaj ). Esa es la terminología del Kvyam´mµsa, cp. 2, donde sahaja
se iguala también con srasvata, equivalente a «comunicado
por Sophia». En lo que concierne a pratibh, el paralelo está
plenamente justificado por Majjhima Nikya I.240, «Brillaron sobre mí espontáneamente tres parábolas inauditas
hasta ahora (tisso upam paÊibhaµsu anacchariy pubbe assutapubb )». Esto es, por supuesto, una cosa enteramente diferente de la
habilidad del auriga, bien versado y experto en su arte para responder a cada
cuestión sobre el tema, «inmediatamente (Êhnaso)» sin «tomar consejo (cetaso parivitakkam)»; no obstante, esta facilidad nacida de la aplicación y de la
práctica, proporciona una analogía a la habilidad del Buddha para «responder
inmediatamente (Êhnaso… paÊibhti )», pues puede hacerlo debido a que «él ha
penetrado completamente el dominio de la Ley» (dhammadhtu… suppaÊividdh, Majjhima Nikya I.396), o, como se afirma
en otras partes, debido a que él es la Ley (Sa×yutta Nikya III.120 yo dhammam passati mam passati cf. D´gha Nikya III.84). Hay otros modos en los que se expresa el poder de respuesta
inmediata del Buddha, por ejemplo Sa×yutta Nikya II.105, «“Originación, originación”: diciendo así, surgió en mí, oh
hermanos, una visión en materias de la Ley inauditas hasta ahora (pubbe ananussutesu dhammesu cakkhum udapdi ); gnosis, presciencia, ciencia, luz, surgieron (öaµ, pa, vijj, loko udapde)». Obsérvese que «inaudito antes», aunque implica literalmente «que no
ha de ser encontrado en la §ruti, y que, por consiguiente,
ha de considerarse como sm¨ti, no implica «original» en
nuestro sentido individualista, que concibe una propiedad en las ideas, sino
una exégesis adecuada a las condiciones y audiencia presentes, y autorizada
precisamente porque es «original» (yoniso) en el verdadero sentido de
la palabra, el de «derivar de la fuente»; no se trata de lo que nosotros
llamamos «inspiración», sino más bien de infalibilidad[121],
comparable a la de Cristo cuando dice, «como mi Padre me ha enseñado, así yo
hablo» (San Juan 8:28), o la de San Pablo cuando dice, «Yo tengo la mente (<@ØH) de Cristo» (I Corintios
2:16).
Sahajanetta también puede explicarse de acuerdo con lo que se
ha dicho arriba, s.v. nettiy, pero con una referencia
más explícita al epíteto cakkhuµ loke,
«Ojo en el Mundo»[122],
aplicado tan a menudo al Buddha en otros contextos; un epíteto que, en
contextos prebudistas y no budistas, sería aplicable solo al Sol o a Agni; en
este caso sahajanetta sería más literalmente
«nacido como el Ojo», u «Ojo por Naturaleza» en lugar de «poseído del ojo
innato». La distinción es apenas perceptible.
suata. La «Vacuidad» (suata) en los contextos pli no es el Cero metafísico (el No-Ser como el
principio del Ser, la Posibilidad Infinita en tanto que distinguida de la
Actualidad Indefinida), sino una característica de este mundo, como en Sa×yutta Nikya IV.295-96, donde se ha
explicado que cuando el Mendicante retorna de una Contemplación como de muerte,
en la que la consciencia y la sensación habían estado detenidas, «tres toques
le tocan», «la vacuidad (suato-)», «la sinformeidad (animitto-)» y «la no hechura de planes (appaöihito-phasso)», y él discrimina (viveka) en consecuencia; y el significado de la «vacuidad»
es explicado en Majjhima Nikya I.29, donde «la emancipación de la Voluntad por la Vacuidad (suat ceto-vimutti ) es consecuente con la comprehensión de que “este mundo está vacío de
espíritu o de algo espiritual” (suam idam
attena v attaniyena v )»; suat es sinónimo de anatt, del cual, en realidad, solo parafrasea y aísla el
privativo an. No hay duda de que es en
el mismo sentido como en Aöguttara Nikya I.72, «los textos están acoplados con “vacuidad” (suttant… suat-paÊisaut
)»; de
hecho, no hay nada más característico de la enseñanza budista que su constante
recurso a las negaciones (sobre todo en el sentido de la palabra anatt ), las cuales llenaban de perplejidad incluso a
algunos oyentes de la época. La negación de espiritualidad a las cosas
contingentes, en particular, es una negación de toda esencia real a estas cosas
en sí mismas, y forma así la base de la arrolladora doctrina §ènyavda, que, en el Mahyna, no niega solo todo
«valor», sino también toda esencia, incluso a la llegada del Buddha y a la
promulgación del Dhamma mismo. Si una tal doctrina nos perturba, puede
encontrarse expresada más digeriblemente en el Vajracchedika Sètra de la siguiente manera,
«Aquellos que me ven en el cuerpo (rèpeöa) y me piensan en sonidos (ghosaiú), su modo de pensamiento es falso, ellos no me ven
en absoluto... El Buddha no puede comprehenderse adecuadamente (¨ju boddhum) con ningún medio (upyena)»[123].
No que los «medios» no sean dispositivos a una recta comprensión[124],
sino que si se consideran como fines, incluso los medios más adecuados son un
obstáculo. En una iconoclasia tan radical como esta todas las enseñanzas
tradicionales están finalmente de acuerdo. Lo que es verdadero para la ética es
verdadero también para los soportes de contemplación: como en la bien conocida
Parábola de la Balsa, los medios ya no son de utilidad alguna cuando se ha
alcanzado la meta.
* [Este artículo se publicó por primera vez en el Harvard Journal of Asiatic Studies, IV (1939). Hay que
agradecer a I. B. Horner, presidente de la Pali Text Society, la revisión del
texto antes de su publicación.—ED.]
[1] A esto yo agregaría que la
doctrina budista se dirige, en gran medida, directamente a oyentes brahmanes
instruidos, ya familiarizados con casi todos los términos técnicos en sus
formas sánscritas, y con el contenido indio de las palabras, en lugar del
específicamente budista: de ello se sigue que cuanto más podamos acercarnos a
los textos desde el mismo punto de vista, tanto más capaces de entenderlos
seremos. El budismo presupone la posición brahmánica, y en su mayor parte solo
está en conflicto con las perversiones efectivas o supuestas de esta posición.
En la medida en que el
budismo es un argumento dirigido a una audiencia instruida, es un argumento que
presupone un conocimiento de los Vedas y Upani·ads; si nosotros no estamos
equipados con un conocimiento similar, difícilmente podemos esperar comprender
más del Dhamma, que es «profundo, profundo en significado, transcendental y
emparejado con la negación (te ye suttant gambh´r gambh´ratth lokuttar suat-paÊisaut, Aöguttara Nikya I.72, Sa×yutta Nikya I.267, etc.)», que lo que
se dirige directamente a la «multitud inenseñada» (assuta
puthujjana, «el hombre de la calle»).
En conexión con los comentarios budistas, puede observarse aquí que Buddhagosa no conocía los términos sánscritos o no conocía la historia de los términos sánscritos, y al menos en algunos casos interpreta las palabras pli de una manera dependiente de los usos especiales en su propio período; su tratamiento de unh´sa es un buen ejemplo. Por lo tanto, puede suponerse que lo que un oyente brahman que escuchaba al Buddha comprendía por un término dado, a menudo puede representar mejor su valor real en el «budismo original» que la interpretación de un comentarista budista posterior.
** En todo el texto de este artículo el «Diccionario» se refiere siempre al PTS Dictionary [Nota del Traductor].
[2] Udbhidaú en el sentido de Maitri Upani·ad VI.30, sauraµ dvraµ bhitv = èrdhvam… yo bhitv sèryamaö¶alam, nuevamente con referencia a un Marut.
[3] Las implicaciones de akaniÊÊha son similares a las de la bien conocida Parábola de la viña, San Mateo 20:1-16. Cf. «pues todos Le conocerán, desde el más pequeño hasta el más grande de ellos» (Jeremías 31:34), y la discusión de San Agustín en De spiritu et littera 41.
[4] Maurice de Wulf, History of Mediaeval Philosophy 3ª ed. (Londres, 1935), p. 235.
[5] Ver ahaµkra.
[6] Hay efectivamente tres maneras diferentes según las cuales el akiriyavd´ pretende la irresponsabilidad (cf. Jtaka V.228). En Aöguttara Nikya I.173, la traducción de akiriya por «inacción» es errónea; para «inacción» se requeriría más bien akamma, que corresponde a akarma en Bhagavad G´t IV.16. En tanto que «punto de vista falso», akiriya significa que no hay «ningún debe hacerse»; en tanto que «punto de vista verdadero», significa que hay «un no debe hacerse». Los tres fundamentos sobre los que se basa una pretendida irresponsabilidad son (1º) el fatalismo, puesto que las acciones son el efecto de actos pasados sobre los que nosotros no tenemos ningún control; (2º) las acciones no son nuestros actos sino los del Señor (issara); y (3º) las acciones son incausadas e inmotivadas (ahetu, appacaya): contra todo esto el Buddha mantiene que «esto debe hacerse, esto no debe hacerse (idaµ v karaö´yaµ idaµ v akaraö´yam)», y es en este sentido también como se llama a sí mismo a la vez kiriyavd´ y akiriyavd´, como arriba.
[7] La doctrina del Buddha, evidentemente, era tan incomprendida o tan erróneamente contada por algunos en sus propios días, como lo está siendo por algunos eruditos modernos (en espacial por aquellos que ven en nibbna una «aniquilación»). En Majjhima Nikya I.140, por ejemplo, le encontramos acusado de enseñar «el corte, destrucción y reducción a nada de las entidades existentes (sato-satassa ucchedaµ vinsaµ vibhavam)». El Buddha protesta que la acusación «se hace maliciosamente, vanamente, falsamente y contrariamente a lo que son los hechos (asat tucch mus abhètena)», pues «esto es justamente lo que no enseño».
[8] Por supuesto, no simplemente en el sentido del «deber cumplido», sino en el de «haber hecho lo que tenía que hacerse», es decir, de «haber reducido toda la potencialidad al acto» y de estar, por lo tanto, «todo en acto».
[9] Nótese la dramática distinción de k¨tak¨tyah, «hacedor de mal», «hacedor de embrujos», en Atharva Veda Sa×hit IV.17.4.
[10] No debemos pasar por alto que a Milinda mismo se le tiene como el conductor, pero esto es meramente para introducir el tema de la parábola. Si Ngasena hubiera proseguido aplicando la parábola no solo a sí mismo, sino también a Milinda, es la personalidad psicofísica, por nombre «Milinda», la que habría sido analizada, y Ngasena hubiera podido decirle, na vo so att, «todo eso no es tu esencia»; todo ello sin tocar la naturaleza de una esencia definida así por eliminación, esa esencia espiritual a la que aquí, de acuerdo con Jtaka VI.252, nos referimos como el «conductor» o el «auriga».
[11] ¡Aquí, ciertamente, sin ningún valor peyorativo!. En los muchos contextos en los que se niegan att y attaniya, «sí mismo y sí mismi-dad» o «esencia y esencial» (por ejemplo, Majjhima Nikya I.297), la referencia es al vehículo compuesto mismo, al alma-y-cuerpo que «no son mi verdadero Sí mismo (na me so att )» sino el pseudo-sí mismo o el «pequeño sí mismo» (apptumo, Aöguttara Nikya I.249). Todos nuestros textos mantienen que no hay ninguna entidad en el carro mismo, sino solo su nombre y apariencia; ninguno de ellos afirma que no hay ningún auriga.
En Sa×yutta Nikya V.6, la traducción por Woodward de attaniyaµ bhètam como «construido por sí mismo» traiciona el significado: attaniyaµ es «enspirituado», bhètam es geworden; es en un vehículo en el que att está en el control donde los contemplativos «escapan».
[12] Brahmaynam anuttaraµ niyyanti dh´r lokaµh.
[13] En paÊisaµvedeti, prati es secundum y sam corresponde a co (= cum) en cognoscere: pratisaµvid es cognoscere secundum rem. Aquí hay implícita una adaequatio rei et intellectus.
[14] Cf. Sutta-Nipta, la prosa que precede al verso 1124, donde encontramos que a cada pregunta puede dársele una respuesta en los términos de attha o de dhamma, según sea el caso. Dhammapada 362, 363, atthaµ dhammaµ ca d´peti… tam hu bhikkhum. Cf. Majjhima Nikya I.37, Aöguttara Nikya V.329, etc., attha-veda y dhamma-veda, en tanto que «conocimiento» o «devoción», tanto de attha como de dhamma, «la ley y los profetas».
[15] «Letra y espíritu» se usa en dos sentidos, ninguno de los cuales es el de «significado superficial y significado aplicado». Los dos sentidos son 1º) el más familiar, y que fue desarrollado por Orígenes (De principiis, Lib. 4, cc. 8-20), a saber, que el significado literal no es más que el símbolo del significado propuesto, una figura de lenguaje que ha de ser interpretada, como, por ejemplo, cuando se dice que el adhivacanam de samudda es nibbna; y 2º) el recalcado por San Agustín en De spiritu et littera, en el que la «letra» se refiere a la ley moral; esta es la «letra que mata», porque por esta ley el ofensor se condena; mientras que, por otra parte, el «espíritu» es el Espíritu Santo en operación dentro del alma, donde imparte el conocimiento de Dios, conocimiento por el que aquellos que están muertos al pecado, pero vivos en Cristo, están liberados de la Ley. Attha y dhamma podrían traducirse por «letra y espíritu» en el sentido de San Agustín, donde attha es el «significado aplicado» y dhamma el «significado último»: la distinción es la que hay entre karmakö¶a y jnakö¶a, y puede ser que, en este sentido, el Diccionario distinga acertadamente, s.v. Veda, entre attha y dhamma, como entre la letra y el espíritu de la enseñanza del Buddha, aunque la nota de Woodward, que da para dhamma el significado que pertenece a attha, muestra que él no está usando «letra y espíritu» en su sentido paulino original.
[16] Por ejemplo, en Sa×yutta Nikya I.34 (también Vinaya-PiÊaka XI.147) sampassam attham attano se traduce por «viendo su propio bien», pero podría traducirse también por «viendo el significado de “sí mismo” (att )».
[17] Por esta razón el erudito tradicional indio siente que los métodos deliberadamente objetivos y desapegados de la erudición moderna (adoptados, como ha dicho Jung, «en parte a causa de la miserable vanidad de los sabios, que teme y rechaza con horror cualquier signo de simpatía viva, y en parte a causa de que una comprensión que toca a los sentimientos podría permitir que el contacto con el espíritu foráneo pudiera devenir una experiencia seria») no pueden conducir nunca nada más que a un entendimiento superficial de una doctrina. Solo si nosotros mismos participamos en la gesta, y si nosotros mismos somos cazadores, podemos comprender los términos de la caza, nunca como espectadores desinteresados.
[18] Las mismas palabras aparecen en Jtaka VI.131, donde se traducen acertadamente de la misma manera.
[19] Apenas se necesita recalcar que en el presente artículo estamos tratando enteramente attha en tanto que contrastado con dhamma (o vyajana), no attha en el sentido muy frecuente y simple de «significado», para el que bastará el ejemplo de Aöguttara Nikya V.194, etc., «Aquí en el mundo, es por medio de una parábola como aquellos hombres que son de entendimiento rápido comprenden el significado de lo que se ha dicho (upamdyam idhÕekacce viè puris bhsitassa attham jnanti )».
[20] La versión de Max Müller en Sacred Books of the East es muy deficiente y demasiado libre. Haber «ido a casa», en este sentido anagógico, es, ciertamente, haber «desaparecido» del campo de la percepción objetiva, ya sea humano o angélico; pero, sin embargo, nosotros no estamos justificados a traducir atthaµ gato por «desaparecido»: siempre es importante retener el significado literal del que dependen todos los demás significados. Tampoco la alternativa de Max Müller, «¿Ha desaparecido, o no existe?» es la acertada: las alternativas se plantean con respecto al que ha «ido a casa» (atthaµ-gato, so…), sobre el cual «ido a casa» no hay ninguna pregunta que hacer, puesto que la cuestión es solo en cuanto a qué implica este «ido a casa».
[21] Según se afirma más plenamente en D´gha Nikya XI.68, un locus classicus.
[22] Vdapath: por consiguiente, él ha entrado dentro del silencio de la palabra inhablada, del dharma según se define en Lalita Vistara, texto p. 423, «aparte de toda voz o sonido de palabras, aunque la causa eficiente de las voces de todos los seres (sarva-ruta-gho·a vkpathn´taµ… sarvasattva-ruta-racaöam)». «Nada verdadero puede decirse» del dharmakya, sino solo del sambhogakya o del nirmöakya. De la misma manera el dhamma es akliko, «no ex tempore», sino como el akla Brahman de Maitri Upani·ad VI.15, «sin partes», y como el amèrta Brahman de B¨hadraöyaka Upani·ad II.3.1, «inmortal».
[23] En pli, el contraste entre verdadero y falso es usualmente saccam musam, como en Aöguttara Nikya II.25, un interesante contexto donde se recalca la relatividad de «verdadero y falso», en el sentido de los hechos dados; el Tathgata no está circunscrito por estas barreras sistemáticas (saµvutesu = saµv¨tte·u); los Buddhas no están interesados en los «hechos». En esta conexión puede observarse que «hecho» y «ficción» son ambos igualmente lo que nosotros «hacemos de» nuestra «experiencia».
[24] En Aöguttara Nikya I.148, al mismo anhelo se le llama «indecoroso» (na-paÊirèpam, literalmente «informal», es decir, feo).
[25] Por ejemplo, ser caliente, o no ser frío. Abhava no implica ninguna privación de existencia sino que, como saµkhya-vimutto, implica un no ser de una manera determinada. Vibhava (en pli) es «privación de existencia», pero en sánscrito es «omnipresencia»; vibhè corresponde a vikrama, cf. también vibhèti como «poder». Los dos significados no son en modo alguno tan contrarios como podría parecer; puesto que solo aquello que no es una cosa entre otras puede ser omnipresente.
[26] Nosotros hablamos de un hombre moribundo como de «alguien casi ido» o, en el argot, como de alguien «que se va».
[27] Para más referencias y análisis detallados ver Coomaraswamy, «El Simbolismo del Domo» y «Svayamt¨öö: Janua Coeli». En conexión con «El Simbolismo del Domo», en el que he identificado los ôbhus con las tres dimensiones del espacio, me gustaría agregar que esta interpretación está virtualmente probada por ôg Veda Sa×hit IV.33.5 donde, de los tres hermanos, el mayor propone hacer dos del navío de Tva·Ê¨, el segundo tres, y el más joven cuatro (una dimensión hace de un único punto dos puntos separados por una línea, una segunda crea un plano o campo de tri-angulación, y una tercera crea un espacio real que puede considerarse como cuatri-esquinado). Sin embargo, yo no debería haber dicho que a Tva·Ê¨ le disgustó lo que se había hecho: por el contrario, él aprueba (panayat, Syaöa astaut, aög´cakra) y aprecia (avenat, Syaöa akmayat, aög´cakra) el cuádruple arreglo. Si los ôbhus son también los mejores amigos del Indra solar, ello se debe igualmente a que en el comienzo él está deseoso de un espacio, dentro del cual él y sus seguidores puedan cumplir sus propósitos.
[28] Eggeling traduce erróneamente como si la lectura hubiera sido kèÊe. El comentario de Syaöa, «agarrándole por el cuerno» no apoya al de Eggeling, ni entra en conflicto con nuestra interpretación: uno sujeta a la víctima por el cuerno para golpearla con la maza.
En su estudio sobre kèÊa (Journal of the American Oriental Society, XIX, 1898, 114), Oertel lo traduce satisfactoriamente por «martillo» en el contexto de êatapatha Brhmaöa y en Jaimin´ya Brhmaöa I.49.9, y solo encuentra difícil kèÊe en Jaimin´ya Brhmaöa I.49.2 debido a que olvida que kèÊa es la cabeza o la cima de algo. KèÊa, de la raíz kuÊ, estar combado o curvado, es cima o cumbre, debido a que la cumbre de algo, tal como una montaña, casa o cráneo, es, o un ángulo, o un domo; de la misma manera que kuÊi o kuÊ´, en tanto que «cabaña», se llama así por su techo puntiagudo o inclinado (kuÊaöka): como la cima del techo, kèÊa coincide con kaööik; y deviene una maza o martillo, por analogía, debido a que la cima del techo, la antedicha clave de bóveda, es efectivamente un disco perforado a través del cual pasa el eje de la casa (como el Axis Mundi pasa a través del Sol), donde el mango del martillo corresponde a este eje. En último análisis, se sigue que la maza o martillo, en tanto que un arma, «deriva», como las demás armas, del vajra primordial. La maza o martillo es apropiadamente tenido por la «Estación» de Jaimin´ya Brhmaöa I.49.9, debido a que las Estaciones son los «porteros» del Sol, Jaimin´ya Brhmaöa I.18.2. De la misma manera el vajra de Indra deviene un martillo en las manos de Thor.
En conexión con la ecuación kèÊa = kaööik, puede observarse que los significados de kaööik, en tanto que «arillo» y «pericarpio de un loto», son secundarios, y que el sentido primario, que depende de la conexión etimológica de karöa con §¨öga y a§ri (y el alemán Ecke), es el de «proyección» o «esquina» (como en Jtaka VI.330). Así pues, ambos, kèÊa y kaööik, son en tanto que «punta» del techo, equivalentes de angulus y de (T<\", «piedra angular» según se interpreta en mi «Eckstein», en Speculum, XIV (1939).
[29] Es lamentable que C. A. F. Rhys Davids no haya mantenido constantemente la posición tan bien expresada en Kindred Sayings, I.68, n. 2, donde explica bhvana como «trabajo constructivo (en contemplación, por supuesto)… contemplación significa a la vez eliminación… y… creación». Estoy aterrado por las palabras de Rhys Davids al respecto de que «Dhyna no era meditación; era prestar atención a una tabula rasa para la comunicación psíquica. Fue el monacato posterior el que convirtió esto en hipnosis mental», etc. (New Indian Antiquary, II, 1939, 46).
[30] En Sa×yutta Nikya I.48 un Deva sugiere que «Está despierto quien “despierta” la contemplación» (yo jhnam abuddhi buddho); el Buddha asiente, con la reserva «Sí, si ellos están perfectamente sintetizados, o unificados» (samm te susamhit ).
[31] Cf. Aöguttara Nikya V.7, donde en avitakka samdhi el Comprehensor no es presenciador de nada, y, sin embargo, no es sin presenciación (asa´ ). Esta es la posición que se afirma tan plenamente en B¨hadraöyaka Upani·ad IV.3; aunque, curiosamente, D´gha Nikya III.127 rezuma desdén por el dicho passaµ na passati, que son las mismas palabras de B¨hadraöyaka Upani·ad IV.3.23, na pa§yati pa§yam. D´gha Nikya III.127 es un mal ejemplo de la tendencia de los textos pli a pervertir los significados de los logoi sánscritos a fin de obtener la victoria sobre un hombre de paja.
[32] En el sentido de que «Dios está en todas las cosas atento solo a sí mismo», «ve solo a sí mismo», y de que la manera divina de conocer «no es por medio de ningún objeto externo al conocedor».
[33] El concepto es Védico, cf. ôg Veda Sa×hit IV.33.6, donde (con referencia a los ôbhus) satyam ècur nara ev hi cakruú. La correspondencia perfecta de pensamiento, palabra y acto es la integridad del Tathgata.
El budista «Ve y haz igualmente» puede citarse de Jtaka II.130, «Aquellos que hacen lo que el Buddha ha prescrito, siguen la vía de la fortuna (ye ca khanti… buddhena desitaµ, sotthiµ praµ gamissanti = nibbnaµ gacchanti )».
[34] Tomadas juntas, la referencia a las puntas de flecha en piedra aquí, y a las puntas de flecha en bronce en ôg Veda Sa×hit VI.75.15, implican una cultura «chalcolítica».
[35] En êatapatha Brhmaöa III.4.4.14-15, donde se trata de la confección del vajra (incidentalmente, el arma arquetípica, de la que se derivan la espada, el martillo o maza, y la flecha), Vi·öu es (1º) kulmala, y (2º) eso que está «entre» Agni y Soma como entre el día y la noche. Sin tratar kulmala extensamente, diré solo que la ecuación kulmala = sandhi, implícita aquí, concuerda con el significado de «fijación» (de la punta a la flecha) que encuentro para kulmala en tanto que un factor en la confección de una flecha, y con la glosa sobre Atharva Veda Sa×hit III.25.2, traducido por Whitney como «cosa para fijar (saµ§lesa-) la punta a la flecha», —sin embargo, no «como un casquillo», sino más bien un cemento o cola, o como en Aitareya Brhmaöa III.26, un atado con «tendones» (snvni ), así como también, en Majjhima Nikya I.429, nahru.
[36] (V¨·-) kapi, quizás un prototipo de Hanuman, de aquí = Vyu, adentro del cual, cuando se apaga, retorna el Fuego (y todas las demás «semideidades»), que de esta manera es tragado.
[37] Nam se encuentra ya en Atharva Veda Sa×hit III.25.2, donde §alym… tm susaµnatm k¨tv es traducido por Whitney como «habiendo hecho esa flecha bien enderezada».
[38] Una flecha se «aguza», literal o metafóricamente, con una encantación (brahmasaµ§it, ôg Veda Sa×hit VI.75.16) o con «culto» (upsanisitam, Muö¶aka Upani·ad II.2.4); de la misma manera en que una espada se «afila» con una invocación del Viento, êatapatha Brhmaöa I.2.4.5-7.
[39] Sería innecesario decir que la «ordenación» como tal debe distinguirse de la «iniciación» como tal: la primera, por muy significativa que sea, es meramente la imposición de un «carácter» específico y es comparable a la imposición de una nueva «forma» sobre el material ya «formado»; la segunda es siempre un segundo nacimiento, el nacimiento de otro hombre, un hombre nuevo, no una re-formación sino una trans-formación del hombre que era antes. De ello no se sigue que lo que se ha llamado una ordenación (en la traducción) no pueda haber sido de hecho una iniciación. En todo caso, la ordenación budista no es la imposición de un carácter «sacerdotal»; el monje no es un «sacerdote». Para un estudio de la ordenación budista ver Psalms of the Brethren, índice, s.v. [cf. Theragath —ED.].
[40] El significado raíz de pabbajati es «salir», «entrar en exilio», y del causativo pabbjeti, «ser exiliado» o «desterrado», de aquí, técnicamente, abandonar la casa y la vida de hogar y adoptar la vida del Peregrino «sin-techo». El Peregrino lleva su propio techo (parasol) consigo mismo.
[41] Ver la extensa serie de artículos sobre la «Iniciación» publicada por René Guénon en volúmenes recientes de tudes traditionelles [Ver René Guénon, Apercepciones sobre la Iniciacin, 2ª ed. (París, 1953)]. Nosotros esperamos publicar en alguna ocasión futura algunos de los principales textos indios en los cuales se trata el tema.
[42] Cf. Émile Sénart, La Lgende du Bouddha (París, 1875), p. 425: [el] trono del Buddha substituye al antiguo altar brahmánico; [el Buddha] perpetúa bajo una forma nueva la presencia del fuego sagrado».
[43] êatapatha Brhmaöa III.1.4.1 describe d´k· como un audgrabhaöa o «ascensión» (desde este mundo al de los dioses), y es a esta expresión a la que parece corresponder la designación budista de la ordenación como un ullumpana. A. Préau llama mi atención sobre la cuadragésima estancia del Paramrtha-sra de Abhinavagupta, donde se dice que, «por su naturaleza conductiva (anugraha-svabhvt ), es la función de los mantras libertar a los hombres-animales (pa§èn uddhartum)».
[44] Esta serie bien conocida de símiles aparece en Majjhima Nikya II.17 (y D´gha Nikya I.77, cf. I.34), «He mostrado a mis discípulos los medios (paÊipann, con referencia a las prácticas contemplativas ya enumeradas) con los que pueden crear (abhinimminanti, donde abhi- implica una super- o una transformación, y donde nimminanti significaría solo una formación) de este cuerpo (el antedicho kyo rèp´ ctummahbhètiko, el cuerpo formal basado sobre los cuatro elementos) otro cuerpo formal de substancia intelectual (aaµ kyaµ… rèpiµ manomayam = D´gha Nikya I.34 ao att dibbo rèp´ manomayo), completo con todos sus órganos y miembros, y con facultades transcendentales (abhin-indriycam, pero en D´gha Nikya I.34 y I.77 ah´nindriyo, no privado de ninguna facultad). Es justamente como si un hombre extrajera (pabbheyya = prav¨het ) una flecha (is´kam) de una caña (mujaµh ), o una espada de su vaina, o una serpiente (ahim) de su piel vieja. Él es consciente de que la flecha y la caña son dos cosas diferentes, de que la espada y la vaina son dos cosas diferentes, de que la serpiente y la piel vieja son dos cosas diferentes; él es consciente de que la flecha es justamente lo que se ha extraído de (pabbÂhoprab¨dha) la caña, etc.» Con este cuerpo de substancia intelectual él goza de omnisciencia (abhia) y es un Movedor a voluntad hasta tan lejos como los cielos de Brahma (yva brahmalok pi kyena vasam vattenti ).
[45] En el Aggaa Sutta (D´gha Nikya III.84), donde aparecen estas fórmulas, se explica que solo son aplicables a aquellos cuya fe (saddh ) en el Buddha está bien establecida, enraizada, bien fundamentada, y que es tal que no puede serles robada. El Sutta, como un todo, es una descripción admirable de la Caída y Regeneración del hombre, aunque en D´gha Nikya III.81-82 se proporciona un buen ejemplo del nivel pueril al que pueden descender los textos pli por propósitos de controversia; aquí la pretensión brahmánica de ser «Hijos naturales de Brahm, nacidos de su boca, etc.» se ridiculiza y se refuta (!) con el argumento de que los Brahmanes, como los demás hombres, nacen visiblemente de la mujer, a pesar de la identificación del Buddha con Brahm (o el Brahman) en D´gha Nikya III.84. Evidentemente, la intención del texto pli es distinguir entre el Brahman por nacimiento humano y el Brahman = Arhat que deviene un hijo de Dios por adopción; pero para hacer esta distinción, se pervierte la significación real de ôg Veda Sa×hit X.90. Igualmente pueril es el argumento del Tevijja Sutta (D´gha Nikya I.235 sig.), al respecto de que los Vedas son fútiles debido a las diferentes «vías» que se enseñan en sus escuelas; el Brahman protagonista mantiene acertadamente que todas son igualmente sendas rectas hacia Brahm (es decir, Prajpati), pero al Buddha se le hace decir que esto es ridículo, porque los Brahmanes mismos no pretenden haber visto a Brahm o saber donde está —un argumento de puerilidad realmente sorprendente. De la misma manera Sa×yutta Nikya I.61-62, donde se dice bien que «El fin del Mundo está dentro de vosotros», aunque se pretende que el Rohita de Aitareya Brhmaöa VII.15 no conocía esto y había pensado que el Fin del Mundo podía alcanzarse con una locomoción de hecho. O también D´gha Nikya III.127, donde se distorsiona el significado de passaµ na passati (= B¨hadraöyaka Upani·ad IV.3.23 na pa§yati pa§yan vai ). Pasajes tales como estos muestran con suficiente claridad que el canon pli incluye mucho que es de origen puramente humano, o aún demasiado humano. Pero a pesar de tales pasajes, un estudio concienzudo de los textos pli nos ha llevado a creer que el antiguo dhamma budista es esencialmente ortodoxo y sólo superficialmente heterodoxo. Creemos que el Buddha quería decir lo que decía cuando afirmaba que «había encontrado la antigua vía y la había seguido» (êatapatha Brhmaöa II.106, que refleja a B¨hadraöyaka Upani·ad IV.4.8), a saber, esa «antigua» vía que los Brahmanes de antaño se dice que habían recordado (Sa×yutta Nikya IV.117) pero que otros han olvidado (D´gha Nikya III.81-82), el «caminar primordial con el Brahman» de D´gha Nikya III.40. Nosotros creemos que el Buddha vino «no a destruir, sino a cumplir la ley».
[46] Los opuestos de estas posiciones son «herejías» (miccha-diÊÊhi ) bien conocidas desde el punto de vista budista, al igual que deben serlo desde el de cualquier enseñanza ortodoxa. Expresada en términos cristianos, kammavda es la doctrina de que todos los «accidentes» son originados causalmente, y de que nada acontece por azar o debido a una intervención divina directa; kiriyavda es la doctrina de que hay un «debe-hacerse» y un «no-debe-hacerse (akiriya)». Sin embargo, debe observarse que akiriyavda, en tanto que una doctrina herética, implica que «no-hay-un-debe-hacerse» y que corresponde al «amoralismo» del que se acusó a los amaurianos en la Edad Media. En conexión con lo mismo debe observarse que, aunque los valores morales se recalcan en exceso en el budismo (un hecho estrechamente conectado con su carácter especialmente k·atriya), no se pretende que la conducta recta sea de más valor que un valor necesariamente dispositivo con relación al logro final: como se muestra claramente en la Parábola de la Balsa (Majjhima Nikya I.135), donde la conducta es una «barca» que ha de ser abandonada cuando se ha alcanzado la «Otra Orilla», y en Dhammapada 267, donde aquellos que han rechazado igualmente la virtud y el vicio (yo ca pua ca ppaµ bhetv ) pueden llamarse justamente «caminantes con Dios en este mundo» y «monjes mendicantes».
[47] Los Ngas (serpientes de carácter en parte humano pero que retienen características ofidianas) están descualificados, aún cuando puedan ser movidos por las mejores intenciones. A esto corresponde el principio del «folklore» de que las sirenas marinas, en tanto que tales, no pueden adquirir un «alma», sino que deben «casarse» con un ser humano, y al mismo tiempo perder sus colas escamosas, que se cambian en pies, de modo que no quede ningún rastro de su origen ofidiano. Por supuesto, es siempre un Héroe Solar el que «se casa» con la sirena (ngin´ ), y a esta situación (que es la de Apl en relación con Indra) pueden aplicarse las palabras de Donne, «Ni nunca casta a menos que Tú me raptes».
[48] Para los casos de Asoka y del Emperador chino Wu-ti, que ambos tomaron las órdenes sin abdicación efectiva, ver Vincent Smith, Early History of India (Oxford, 1924), p. 168.
[49] En conexión con esto, es digno de destacar que yajamna es una forma que puede ser o reflexiva o pasiva, y que significa así tanto «Sacrificador» como «Sacrificado». Se afirma repetidamente (por ejemplo, êatapatha Brhmaöa X.2.6.13-14) que el Sacrificador que es también un Comprehensor del ritual, es realmente un «sacrificador» de sí mismo (tma-yaj´ )», y esto también es verdad del sacrificio cristiano (la Misa).
[50] Los Puröas, en los cuales se reconoce al Buddha como un avatar de Vi·öu, consideran que nació como un engañador a fin de extraviar a los enemigos de los Devas. Nosotros nos inclinamos más a pensar que (como en San Marcos 4:11-12) el dhamma budista se presenta en una forma que podía ser fácilmente incomprendida (cf., por ejemplo, D´gha Nikya III.40, donde se le describe como «difícil de comprender por vosotros que sois de puntos de vista diferentes, de otra tolerancia, de otros gustos, de otra obediencia y de otra instrucción»), y que podía haber iluminado a algunos («a quienes es dado conocer el misterio del Reino de Dios») y engañado a otros («a aquellos que están afuera, a no ser que en algún tiempo se conviertan y sus pecados sean perdonados»). He conocido a un erudito moderno que admitía que «temperamento e instrucción», igualmente, impedían su aceptación de los puntos de vista tradicionales. El pandit indio raramente intenta corregir al erudito europeo, que puede mantener lo que sabe que es un punto de vista falso: uno tiene que hacer la pregunta correcta antes de obtener la respuesta correcta. De la misma manera el dhamma budista, lo mismo que otras muchas «doctrinas secretas», protege su propio «secreto». En todo caso, lo que es altamente significativo es la síntesis de cultos §aiva y bauddha que es tan evidente en la Edad Media india.
[51] Cf. Jtaka V.228, donde el ucchedavd´ («aniquilacionista», «materialista») se define como el que mantiene que «no hay ninguna cosa tal como ir de este mundo a otro; este mundo está cortado» (ito paraloko-gata nma natthi, ayaµ loko ucchijjati ). En Jtaka VI.225 la misma herejía se sostiene con el argumento «¿pues quién ha regresado nunca de allí?» (ko tato hi idhgato), una llamada a la experiencia común de que los muertos no vuelven (como se afirma también en D´gha Nikya II.226 y en Jtaka II.242 y de acuerdo con la doctrina normal de los Brhmaöas y Upani·ads, êatapatha Brhmaöa II.6.1.6, XIII.8.4.12, etc., y Chndogya Upani·ad VIII.2.3).
[52] Cf. Udna 80, atthi ajtam abhètam akatam asaµkhatam, «hay un Innacido, Indevenido, No-hecho, Sin-composición».
[53] Boecio, Contra Eutiquio 7, mantiene que la fe tiene una senda media entre herejías contrarias. Hecho y ficción son igualmente «lo que nosotros hacemos de» nuestras observaciones; ninguno de ambos es una manera de hablar absoluta, o más que una manera de hablar útil, ninguno de ambos es nada sino pruebas estadísticas válidas para el reconocimiento del hecho o la ficción. La Verdad misma es transcendente igualmente con respecto al hecho y a la ficción, como lo es la Divinidad con respecto a la virtud y al vicio, y como lo es la Belleza con respecto a lo bello y a lo no-bello.
[54] Ningún budista negará que las apariencias aparecen. Si nuestra aprehensión de estas apariencias puede corregirse con una observación más estrecha, ello puede servir para fines prácticos, pero la mejor observación es todavía solamente el registro efectivo o teórico de una apariencia, y así ad infinitum. Esto se aplicará incluso si las «cosas» se reducen a fórmulas matemáticas, que son también «apariencias». La pregunta, «¿Hay alguna cosa en sí misma?» carece de significado: nosotros solo podemos preguntar, «¿Hay alguna forma correspondiente a la materia (dimensión o número)?». La respuesta tradicional asume la existencia de una tal forma o idea de la cosa, como su razón eterna; esta es una «realidad», pero es menester observar que ahora nosotros ya no estamos tratando de una cosa auto-subsistente «en sí misma», sino de la cosa «en el intelecto» y consubstancial con este intelecto. Es en este sentido como el metafísico es un «realista»: el «realismo» popular y científico (=«nominalismo» filosófico) coincide con el «esteticismo» y la «sentimentalidad».
[55] Pocos materialistas, si hay alguno, han intentado refutar la inmortalidad del «alma» aduciendo su mutabilidad manifiesta, o con el argumento de que todo lo que ha tenido un comienzo en el tiempo debe terminar también en el tiempo. Que el científico quiera refutar más bien los «fenómenos» del espiritista, que sus interpretaciones de estos, es bien significativo de su posición real. Para el metafísico, los «fenómenos» del espiritista, por bien probados que estén, no son de mayor interés que cualesquiera otros fenómenos; pero su interpretación de ellos es muy diferente de la del espiritista (cf. René Guénon, El Error Espirita, París, 1930). La actitud de la religión ortodoxa (esencialmente una actitud de indiferencia) es también muy «correcta»; en todo caso, solo sobreviven las «virtudes intelectuales», y estas no son ciertamente las que se dice que mostraba el «amado difunto». Cuán lejos está la posición budista de la posición espiritista, aparece no solo en todo el tratamiento de la «individualidad» (puesto que la liberación es precisamente de la «personalidad», de cuya supervivencia el espiritista dice aducir «pruebas»), sino evidentísimamente en Sutta-Nipta 774, donde la pregunta «¿Qué vendremos a ser nosotros después de la muerte?» (kim su bhavissma ito cutase) es una pregunta que solo pueden hacer los ignorantes mundanales.
[56] La doctrina de la «Originación Causal» se describe expresamente como «profunda» y «difícil de comprender» por aquellos que son de un temperamento e instrucción enteramente diferentes (Sa×yutta Nikya II.92 y II.267, D´gha Nikya III.40, etc.).
[57] Plutarco, Moralia 392D: «El muerto es el hombre de ayer, pues ha entrado en el hombre de hoy; y el hombre de hoy muere cuando entra en el hombre de mañana. Nadie permanece una única persona, ni es una única persona… Nuestros sentidos, por ignorancia de la realidad, nos dicen falsamente que lo que parece ser, es».
[58] El «carro», en la escritura india, es generalmente el vehículo psicofísico, en sí mismo un agregado, en el cual «va montada» la substancia simple del Espíritu.
[59] Cf. en Majjhima Nikya I.366, alam… aathattya, «¿Habéis tenido suficiente otreidad?», es decir, «vicisitudes» de la vida.
[60] Para la herencia en este sentido, ver B¨hadraöyaka Upani·ad I.5.17 y Kau·itak´ Upani·ad II.15 (pitputr´yaµ sampratti o sampradnam) y Jaimin´ya Brhmaöa I.18.10, tasya putr dyam upayanti.
[61] Uno, una esencia (espiritual o intelectual), el otro, una existencia (psicofísica y sensitiva). En el cristianismo, el alma que ha de salvarse y el alma que ha de perderse, en San Lucas 17:33; odiarse, en San Lucas 14:26; el espíritu, en tanto que separado del alma en Hebreos 4:12: pues el alma que ha de «odiarse» es precisamente la psyque del «sicólogo». E igualmente para Rèm´, «el alma (nafs) es el infierno (Mathnaw´ I.1375): cf. Jaimin´ya Upani·ad Brhmaöa IV.26, mano narakaú, etc.
[62] En el Makhdeva Sutta (Majjhima Nikya II.75-83) se ve claramente que desde un punto de vista indio el linaje cesa tan pronto como se descuida el hábito característico de la familia; la «costumbre bella» (kalyöa vaÊÊa) de este linaje real es que cuando el barbero encuentra el primer cabello gris en la cabeza del rey, el rey adopta la vida religiosa y transmite el reino a su hijo; esta tradición se mantuvo durante 84.000 años, pero finalmente se rompió, y el Buddha observa a su respecto que «Cuando por parte de una de dos personas sucesivas hay una ruptura de una costumbre tan bella, el primero de ellos es el último (de la línea)», so tesam antimapuriso hoti. De la misma manera, el carpintero cuyo hijo deviniera un tendero, se consideraría ciertamente el último de su línea. Una reminiscencia del mismo punto de vista sobrevive en la actitud del padre, cuyo hijo o hija ha cometido alguna ofensa grave, y que dice «tú no eres hijo mío», o que simplemente «deshereda» al hijo. La extensión de un linaje es literalmente el renacimiento repetido de los padres en los hijos; cada uno de los cuales se considera que toma el lugar de su padre en el mundo. Este es el principio de la vocación hereditaria, principio que subyace en toda la resistencia que se ofrece a la ruptura del sistema de castas, según el cual la función de uno se determina por la herencia y no por la elección personal. Apenas sería posible negar que, en los tiempos modernos y ante nuestros ojos, la «civilización» (en este sentido, la de «la familia y el reino» indios) ha sido destruida por el escepticismo (el materialismo), el individualismo (que implica la libre elección de ocupación), y la «subida» (al poder) del proletariado (§èdra). En una dictadura hay un gobierno por un solo §èdra, en un gobierno soviético por unos pocos «§èdras», y en un gobierno democrático por muchos §èdras; ninguna de estas condiciones corresponde a las concepciones indias sobre la civilización o el orden; lo que el moderno califica de progreso es desintegración para el tradicionalista.
[63] La versión de Chalmers confunde a los que hablan; es completamente evidente, según la secuencia del texto, que «Brahman» se refiere a Kassapa, y «Sumedha» al Deva. Por Dhammapada Atthakath III.146, sabemos que el Deva había sido un monje en el tiempo del Buddha Kassapa y que había subido al Mundo de Brahm como un no-retornador, pero todavía no plenamente perfeccionado.
[64] Cavar buscando el tesoro enterrado, en un sentido espiritual, aparece varias veces en ôg Veda Sa×hit.
[65] En el capítulo inmediatamente siguiente, se describe a dos Arahats (Majjhima Nikya I.151) como «dos grandes ngas», y probablemente, en este caso también, lo que se entiende es nga como «serpiente» en lugar de nga como «elefante». En Vinaya-PiÊaka I.24-25, donde el Buddha vence al Ahi-nga en el templo del fuego de JaÊila, se le califica como manussa-nga, y aquí nga tiene ciertamente su sentido ofidiano; que el Buddha «luche fuego con fuego» (tejas tejam) corresponde a Taittir´ya Sa×hit V.2.4.1, donde el Agni encendido y «el Agni que era antes se odian uno a otro». En muchos otros contextos el valor de nga es incierto.
[66] La palabra es nga, pero la descripción sugiere un conocimiento más imperfecto de la vida de las anguilas que de las serpientes. Si las anguilas se consideraran como «serpientes», esto podría explicar en parte la asociación característica de los ngas con las Aguas, pero no afectaría a los valores simbólicos.
Probablemente nga es también «serpiente» en Majjhima Nikya I.386, ngassa pantasenassa kh´nasamyo-janassa. En otras partes nga, como un símbolo o epíteto del Buddha o del Arahat perfecto, es usualmente «elefante», y siempre, por supuesto, donde esté implícito el símbolo del hatthi-pada, nga = hatthi, gaja. Por supuesto, es desde un punto de vista diferente como puede seguirse el rastro del elefante; como por ejemplo en Milinda Paho 346, yath pi gajarjassa padaµ disvna, y textos similares que corresponden a la doctrina de los vestigium pedis, en contextos tanto brahmánicos como cristianos.
[67] Para la despiración de Agni, debido a la cual se apagaría, y en contraste con que se le mantenga encendido soplando o con un suministro de combustible, cf. êatapatha Brhmaöa II.8.3.7.
[68] Justamente como en Maitri Upani·ad VI.34, «Lo mismo que el fuego, privado de combustible, se apaga en su propia fuente, así la volición (cittam), por la destrucción de sus versiones, se apaga (upa§myate) en su propia fuente». La interpretación hermenéutica de nibbna como nir-vana, «sin madera», «sin combustible», se basa sobre este aspecto del deceso del fuego de la vida. Anhra = anbhoga, como lo interpreta Paul Mus, en el sentido de «no derivar alimento de ninguna fuente externa».
[69] Cf. Jaimin´ya Upani·ad Brhmaöa I.2.5-6.
[70] Nótese que udna, en el sentido de un «pronunciamiento espontáneo», es mucho más una «aspiración» (por supuesto, no en el sentido de «ambición») que una «inspiración». Es un producto de la propia elevación del orador. Así, C. A. F. Rhys Davids traduce acertadamente Udna (el libro llamado así) por «Versos de Elevación» (ignorando, por supuesto, el significado vernáculo y social de «poner en vilo»).
[71] La moción a voluntad es una consecuencia necesaria de la consubstancialidad con el Viento del Espíritu, que «sopla donde quiere» (San Juan 3:8), y «como quiere» (yath va§am, ôg Veda Sa×hit X.168.4).
[72] Pravi·ya vyau m¨tv n na m¨cchanti, tasmd eva punar ad´ranti: uno de los textos indios más bellos sobre la muerte y la regeneración. La regeneración del Comprehensor (evaµvit ) a la muerte, cuando «nace de nuevo» del fuego (y «A no ser que un hombre nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios», San Juan 3:3), se prefigura en el ritual, donde, por ejemplo, por cuanto el sacerdote repite la totalidad de los himnos, «trae al nacimiento (pra janayati ) al sacrificador, que es ahora un embrión, del Sacrificio como matriz», Aitareya Brhmaöa VI.9, puesto que el Sacrificio mismo se identifica con el Viento, dem, V.33.
[73] Por consiguiente, vyogataú presupone el cumplimiento del anhelo expresado tan vehementemente en los requiems Védicos X.14.8 y X.6.3, hityvadyam punar astam ehi, saµ gacchasva tanv suvarc… gacchatu vtam tm, «Todo el dañino mal ahuyéntalo, vuelve a casa de nuevo, constitúyete en un cuerpo de gloria… Entrega tu espíritu al Viento».
[74] Sin embargo, Majjhima Nikya I.388-90 trata el caso del hombre que «se arruina».
[75] Cf. San Agustín, Contra Max., «todo cambio es un tipo de muerte». Lo que se cita arriba de Sa×yutta Nikya y Aöguttara Nikya lo afirma Platón, en términos casi idénticos, en el Banquete, y también el Maestro Eckhart, «La progresión del alma es de máxima importancia; en ella, el alma se viste de formas nuevas y se despoja de las viejas: la que se desviste, a ella muere, y la que viste, en ella vive» (ed. Pfeiffer, p. 530); idéntico a Bhagavad G´t II.22 y B¨hadraöyaka Upani·ad IV.4.4, pero no más que estas una doctrina de la «reencarnación».
La fórmula que expresa el cambio de ocupación es idéntica a la fórmula en la que se expresa el descenso del Buddha desde el cielo de Tusita, D´gha Nikya III.146, so tato cuto itthattam gato (donde, además, puede destacarse que itthattam gato es equivalente a tathgata); y es en los mismos términos como se describe una serie de renacimientos, por ejemplo, Dhammapada Atthakath IV.51 tato cut seÊÊhikule nibratt.
[76] De la misma manera la ordenación, que en muchos aspectos es
análoga a la iniciación, es un «nacimiento» (y por lo tanto también una
«muerte» del laico como tal), como en Majjhima Nikya II.103,
donde tenemos (1º) yato… jto, «desde el día en que nací» y (2º) yato… ariyya jtiy jto, «desde el
día de mi nacimiento en la Noble Raza», es decir, como un Sakyaputta, un «hijo
del Buddha», puesto que el nacimiento es en este sentido una filiación. Ser
despertado es lo mismo que venir al ser, ôg Veda Sa×hit, passim, especialmente en conexión con Agni (u·ar-budh). «Despertar», en el sentido de «nacer», puede observarse en Widsith, línea 5, y nosotros podemos hablar también de «despertar a la
luz del día» en este sentido [ver Widsith,
ed. Kemp Malone,
Londres, 1936].
[77] Por ejemplo, Aöguttara Nikya II.155, que distingue a aquellos que son parinibbuto «aquí y ahora, ante nuestros mismos ojos» (diÊÊhÕeva dhamme) y a aquellos que son parinibbuto solo «a la muerte» (kyassa bhed ). Estos dos parinibbnas se subdividen a su vez de acuerdo a si se alcanzan «con medios» (sasaökhra = sasaµskarana) o sin medios, dependiendo esto de si los poderes del pupilo (sekha-balni ) son «cortos» (mudutt ) o «superabundantemente manifiestos» (addhimattni ptubhavanti ).
[78] Este sentido de bhu (causativo) es explícito en Aitareya îraöyaka II.5 kumram… bhvayati. En muchos otros contextos bhè (causativo) tiene la significación creativa de m, y similarmente donde significa «evocar» una imagen mental.
[79] Aitareya îraöyaka II.5 tm k¨tak¨tyo vyogataú praiti… prayann eva punar jayate, «el espíritu, todo en acto, entra en el Viento y parte, y partiendo, se regenera»: Maitri Upani·ad VI.30 k¨tak¨tyo… sauraµ dvraµ bhitv, etc., «todo en acto, pasa a través de la Puerta del Sol y sigue la senda de ese único de los rayos solares que pasa a través del Orbe y continúa más allá del mundo de Brahma, por donde los hombres alcanzan la meta más alta».
[80] K¨ttm brahmalokam abhisambhavmi, la «respuesta» a Sutta-Nipta 508, kenÕ attan gacchati brahmalokam.
[81] Un valor limitativo que solo puede atribuirse al acontecimiento de la muerte por aquellos que ven anattani attnam, «su sí mismo en lo que no es su sí mismo». Estos deben temer a la muerte y deben afligirse, a la vez por su propia pérdida y por la del difunto, quien «ya no es más». Es precisamente el mismo tipo de aflicción que siente el profano cuando un religioso «deja el mundo» o es iniciado, pues estos eventos son también muertes, cf. Jaimin´ya Upani·ad Brhmaöa III.8.1. Por otra parte, los ritos funerarios en una sociedad tradicional no son ocasiones de aflicción, sino de regocijo: cf. D´gha Nikya II.161, donde en el deceso del Buddha se le honra como se honra a los reyes «con danza, canto y música instrumental». Z. L. C. estuvo viviendo en una ocasión cerca del Campo Crematorio en Benarés; vio muchas procesiones funerarias y observó que los rostros de los «dolientes» estaban radiantes. Solo en una ocasión vio a un anciano llorando amargamente según seguía al cadáver. Al señalar esto a su anciana sirvienta, esta replicó con desdén, «l es solamente un campesino ignorante» (o como lo habría expresado el budista, un assuta puthujjana: son solo los Devas «de propensión mundanal» quienes lloran a la muerte del Buddha, D´gha Nikya II.139). La posición tradicional asume que el decedido, como k¨tak¨tyaú, etc., es vyogataú, punar bhutv, udita, am¨ta; el modo de vida tradicional presupone esto como su conclusión normal, puesto que la muerte es «la ablución a la conclusión del ritual de la vida», como en Chndogya Upani·ad III.17.5.
[82] «Acabado» en estos dos sentidos nos proporciona la razón (ratio) de la bien conocida superstición del «mal de ojo». Pues solo aquello que es imperfecto, que está inacabado (aparinibbuto), está todavía «vivo»: reconocer que una cosa es perfecta es tanto como decir que es un producto acabado, no viable ya debido a que geworden was er ist, debido a que ya ha llegado a su «fin». Por esta razón (de la cual puede ser completamente inconsciente) el artesano deja a menudo en su obra algún pequeño defecto, y por esta razón el poseedor de un objeto bello no quiere escuchar que se lo alaba indebidamente, e incluso lo sustraerá al admirador insensato; o si no puede sustraerlo, tomará precauciones para «prevenir» el mal de ojo. Podemos ver también por qué el «mal de ojo» no implica necesariamente una mala intención; la mala consecuencia es el resultado de lo que, usualmente, es una inadvertida imputación de «acabado» en el sentido siniestro. Y como es usual, la superstición, o el «residuo», es solo realmente tal cuando se ha olvidado su razón de ser: la superstición del mal de ojo corresponde a lo que puede haber sido una respuesta corriente, en una sociedad más sensitiva que la nuestra, a los efectos directos de los actos mentales, ya se expresaran o no en palabras.
[83] Santa, «en paz», sánscrito §anti, «paz», de la raíz §am, siempre en contextos sacrificiales, «dar el quietus», extinguir, matar. No debería perderse de vista que la víctima, en estos contextos, es siempre, en último análisis, el sacrificador mismo, cuya muerte ritual prefigura su «reposo» final.
[84] La versión de Eggeling es insuficientemente literal, pues ignora la distinción de «anterior» y «posterior».
[85] Justamente de la misma manera, en el sacrificio introductorio (pryaö´ya), el sacrificador (que ha padecido la muerte ritual de la iniciación) «procede (praiti, Aitareya Brhmaöa I.7)» al mundo del cielo —dejando tras de él, por supuesto, el sí mismo humano al que solo vuelve (como desde la verdad a lo que es falso) cuando se abandona la operación y se desacraliza formalmente a sí mismo (êatapatha Brhmaöa I.9.3.23 con Vjasaneyi Sa×hit I.5, Aitareya Brhmaöa VII.24, cf. êatapatha Brhmaöa III.9.4.2), el sí mismo humano que sacrifica en el rito (como tmayaj´ ) para «vaciarse» de sí mismo (êatapatha Brhmaöa III.8.1.2). Lo que así «se deja» atrás es un ahi en el sentido de Jaimin´ya Brhmaöa III.77 (yad ah´yata tad ah´nm ahitvam); cf. Pacavi×§a Brhmaöa XII.11.11, donde «se deja atrás» a Kalyöa, pues él había dicho una mentira» (como hacen los hombres, pero no los dioses, passim) y deviene un §vitra, es decir, un ahi.
Preta es entonces, al menos original y propiamente, la deidad inmanente, el «espíritu», es decir, el Espíritu Santo, que un hombre «entrega» cuando «expira» (apnati, ucchvsati, etc.). Si preta (y especialmente el peta budista) ha llegado a significar también «espíritu» en un sentido mucho más bajo, ello es de la misma manera en que Yak·a, originalmente = Brahman, îtman, Daimon, puede devenir también «demonio», y en que «espíritu» puede referirse también a esas entidades tan completamente humanas como en las que se interesa el «espiritista».
[86] En estos contextos is´k no es ya «caña» (la planta), ni asi (espada) es ya kosi (funda o vaina), ni ahi (serpiente) es ya karaöda (piel vieja [de serpiente]).
[87] Cf. Ibn al-ÔArab´, Tarjumn al-Ashwq (ed. R. A. Nicholson, Londres, 1911) XXV.4, y su propio comentario, donde «la saliva en la que yo saboreé la miel blanca» significa las «ciencias de la comunión y de la conversación y del lenguaje que dejan un sabor delicioso en el corazón».
La mención de la miel aquí refleja el simbolismo tradicional de las abejas y de la miel, donde la «miel» es el conocimiento de las cosas sub specie aeternitatis, y de hecho ese «néctar» (am¨ta) que los dioses comparten y en virtud del cual son «Inmortales» (am¨tsaú).
[88] Para estos sentidos en un período posterior ver Technical Studies, III (1934), 71, 74. Likh aparece en pli con los sentidos de dibujar, escribir, grabar, tornear; lekhaö´, como lapicero o pincel, en Mahvaµsa.
[89] Cf. Journal of the American Oriental Society, XLVIII, 263-64.
[90] Sería difícil reconciliar esto con Sa×yutta Nikya II.51, donde se pregunta, «¿Has declarado Arahatta (tay a vykat ), a saber, kh´n jti… nparam itthattya?». La respuesta es que este significado (attha) no se afirmaba «En estas palabras mismas (etehi padehi ) o con estos arreos mismos (etehi vyajanehi )». El Buddha responde diciendo que por cualquier «fórmula alternativa (pariyya, paráfrasis, circunlocución)» que se haya declarado a, debe tomarse como habiendo sido declarado.
Puede notarse, incidentalmente, que el pli vyatta = al sánscrito vyakta (pp. de vyaj ), y su opuesto avyatta se aplican a personas, no a pronunciados, como si uno hablara de un «hablador explícito o inexplícito» en lugar de un «lenguaje explícito o inexplícito»; que vyajayati («caracterizar, etc.) aparece solo en los Comentarios; y que la palabra enteramente diferente vykaroti es más bien «afirmar o proponer» que «explicar».
[91] Pienso que es así siempre en las traducciones del Diccionario por C.A.F. Rhys Davids y F. L. Woodward. La versión Sacred Books of the East del Mahvagga por T. W. Rhys Davids y H. Oldenberg es inconsistente: en Vinaya-PiÊaka. I.40-41 (Mahvaµsa I.23.4-9), attha se traduce por «espíritu» y vyajana por «letra», pero en I.358 (X.6.2) attha se traduce por «letra» y vyajana por «espíritu».
En el último contexto, para atthupet ca vyajanupet ca léase atthupetvyajanupet, es decir, atthupet-avyajanupet: el contraste es con atthupet ca vyajanupet ca.
[92] Más breve aún es la enunciación del kammavda por el Buddha en estas dos palabras paÊisamuppannaµ dukkham, con respecto a las cuales înanda exclama: «¡Es maravilloso, como todo este asunto ha sido expresado en una sola frase (ekena padena)! ¡Si hubiera sido expuesto extensamente, se habría visto que es profundo (gambh´ro), de hecho, tanto como parece!».
[93] Para los cuatro paÊisambhid ver el Diccionario, s.v. Los cuatro son attha, dhamma, nirutti (=hermeneia), y paÊibhna («iluminación»), un significado dado en el Diccionario (cf. Sa×yutta Nikya I.187 y Kindred Sayings [= Sa×yutta Nikya], Vol. I, 237), en conexión con el que puede observarse que pratibh, en el sentido de «deslumbrar la mente», es difícilmente sánscrito «reciente», puesto que aparece en las Upani·ads. Los cuatro significados parecen ser moral, literal, hermenéutico y anagógico o parabólico. A menudo se mencionan en conexión con, y como si fueran necesarios a la obtención del «Arahatt», en la fórmula saha paÊisambhidhi arahattam ppuöati, Milinda Paho 18, etc. Cf. Dhammapada 352, nirutti-pada-kovido, akkharnam sanniptaµ ja pubbparni ca, sa ve antimasar´ro, mahpao, mahpuriso ti vuccati. Hay aquí un reconocimiento inequívoco del valor espiritual de la erudición semántica y gramatical; pero debe recordarse que estas ciencias no pueden identificarse exactamente con sus «equivalentes» modernas, pues el nirukta es mucho más «hermeneia» que «etimología» en nuestro sentido.
Los estudiosos encontrarán provechoso comparar con esto los cuatro significados, literal, moral, alegórico y parabólico, en la exégesis escolástica cristiana, según se definen, por ejemplo, en Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica I.1.10. Muy importante y de aplicación universal es la proposición de que «el sentido parabólico está contenido en el literal». Por esta razón es muy necesario no solo haber comprendido el significado preciso de los símbolos pli, sino también traducirlos literalmente (ipsae res significatae per voces etiam significant aliquid ).
[94] Sugerimos el uso de «verificar» para el pli sacchikaroti y de «verificación» para sacchikiriya (el así llamado «Acto de Verdad»). Cf. nuestra expresión, «hacer que una cosa llegue a ser cierta». Sin embargo, debe observarse que desde el punto de vista indio, la posibilidad de esto depende de la verdad en el agente, cf. Jtaka I.214, bodhisatto… saccasabhvam rabbha saccakiriyaµ karonto. En otros contextos encontramos que la «realización» se expresa con la frase yoniso manasikra, «un acto original del intelecto».
El uso de sacchikaroti, en el pleno sentido de las palabras «escuchar y comprender» puede observarse en D´gha Nikya I.150, donde el Buddha, «como el que ha verificado con su propia gnosis extragenérica (sayam abhi sacchikatv ) promulga la Ley y la predica, bella en su comienzo, en su medio y en su fin, a la vez en su significación moral y en su significación espiritual (satthaµ savyajanam)»; y en Dhammapada Atthakath III.361, donde sakkaccan na sunanti es literalmente «escuchar sin verificación», es decir, escuchar pero no aprender.
Lo mismo se espera de otros: «Todo Monje o Brahman aquí y ahora, que por su propia gnosis extragenérica ha verificado el significado del monacato y de la Brahmeidad, ha “llegado” (smaattha ca brahmaattha ca ditÊúeva dhamme sayam abhi sacchikatv, upasampajja viharanti, Sa×yutta Nikya II.46)».
[95] Similarmente, Sa×yutta Nikya II.28 svkhyto… may dhammo uttno vivaÊo pakasito chinnapilotiko, «la Doctrina, bien enseñada, explicitada, abierta, iluminada y desvestida de envoltura por mí».
[96] En conexión con esto encontramos el paralelo budista de «la letra que mata» de San Pablo, a saber en Sa×yutta Nikya I.11, donde «Los hombres que solo conocen lo que puede decirse (akkheyya, el akkhnam, la narrativa o la parábola tomada histórica y literalmente) viven bajo el yugo de la muerte». Esto se aplicará, por supuesto, tanto a la comprensión de las parábolas talladas o pintadas como al símbolo hablado.
[97] El lector no olvidará que ak·ara es primariamente una sílaba sonante, y solo secundariamente un signo escrito. Por consiguiente, la retórica india, al menos en sus comienzos, tiene que ver mucho más con la oratoria que con la «literatura» según nosotros la concebimos.
[98] Este es el significado del Diccionario, s.v. akkhara.
[99] Parece haberse pasado por alto que esto es una alusión al «Descenso del Ganges», bien conocido en la Epopeya. El símil es mucho más tremendo para los oídos indios que para los europeos: «hablar como si lo hiciera con el rugido del Niágara» sería una débil analogía.
[100] La secuencia entera frecuentemente aparece así: chavi, camma, maµsa, nahru, aÊÊhi, aÊÊhi-mija, «epidermis, piel, carne, tendones, huesos y médula» (chavi es generalmente «complexión», «aspecto», y aquí solo puede traducirse por epidermis). En Vinaya-PiÊaka I.83, toda la fórmula se aplica al amor de un hijo.
[101] La consecución del texto, «que penetra hasta la división entre el alma y el espíritu» corresponde exactamente al tema repetido a menudo de la enseñanza budista, na me so att, sabbe dhamm anatt, suam idam attena, etc., y hace el paralelo particularmente significativo.
[102] Las citas de San Agustín son del De doctrina christiana, 4. Cf. las referencias más completas en Art Bulletin, XX (Marzo 1938), 72-77.
[103] En Milinda Paho I, el discurso (kath ) de Ngasena se describe como «adornado con parábolas y tipos» (citr opammehi nayehi ca).
[104] En este sentido, en ôg Veda Sa×hit IX.61.7, Soma se «cuenta con los îdityas» (saµ dityebhir akhyata).
[105] Na upeti saökham, como Maitri Upani·ad VI.20 nirtmakatvt asaökhyaú, «fuera de cuenta, debido a que es sin un sí mismo». Sutta-Nipta 1076, na pamöam atthi. Sa×yutta Nikya IV.376-77 es explícito: el Tathgata está «libre de toda cuenta» (saµkhya-vimutto) en los términos de alguno de los cinco khandhas, rèpa, vedana, etc., es decir, no tiene ningún «número» psicofísico. «El número, si se toma como una especie de la cantidad, denota un accidente agregado al ser» (Summa Theologica I.30.3): «quia designatio individui respectu speciei est per materiam determinatum dimensionibus» (De ente et essentia III.1), es decir, en tanto que todas las cosas son nimittni, están «medidas».
Por lo que sigue, se verá que, como todo otro símbolo negativo, ser sin número (lo mismo que ser sin nombre) puede tener un significado «bueno» o un significado «malo»; puesto que asankhyaú corresponde a amtra, y a ajta, etc. De la misma manera, hay un asat (no-ser) que es «nada» (debido a la privación de ser) y un asat (no-ser) que es también un plenum (pèrnam) debido a que no está limitado por ningún ser en absoluto (iti-bhva).
[106] Esta expresión corresponde a las palabras «como uno se hace su lecho, así debe yacer en él». La correspondiente palabra, anusaya, denota la condición en la que un hombre se encuentra naturalmente, y de la que se le conmina a levantarse; y no hay duda de que es en este mismo sentido como debe comprenderse la palabra del Nuevo Testamento «Levántate, toma tu lecho y anda». De hecho, saökha es virtualmente sinónimo de anusaya, en tanto que «lecho», consecuencia krmica, y finalmente «arrepentimiento», puesto que es de esta condición predestinada de donde uno se levanta. Similarmente §aya: ver karm§aya según lo usa Patañjali, Yogasètra [The Yoga-System of Patajali, tr. Jtaka. H. Woods, Cambridge, Mass., 1914, Harvard Oriental Series 17] II.12 sig. (traducido por Woods como «depósito latente de karma»), y el estudio por Jaideva Singh en Review of Philosophy and Religion, VIII (1939).
[107] Na kmakro, como en Chndogya Upani·ad VIII.1.6, ihtmnam ananuvidya… sarve·u loke·u akmacro bhavanti, «no habiendo conocido el Sí mismo Espiritual en esta vida, no devienen “Movedor-a-voluntad” en ningún mundo».
[108] En muchos contextos, por supuesto, asaµkheyya es simplemente «incalculable», es decir, de extensión indefinida (sin embargo, no infinito): por ejemplo, donde asaµkheyya = kappa.
[109] Las asociaciones védicas y brahmánicas de la «lana» son regularmente con la pureza y la purificación. Syaöa parece ser perfectamente correcto en su glosa de §mulyam = §mulam = §ar´raµ malaµ, sar´rvacchannasya malasya dhrakaµ vastram, «cuerpo sucio, o ropa impregnada de la suciedad del cuerpo que estaba cubierto con ella».
[110] O solo si nosotros vemos en el río mismo el «puente» y el Axis Mundi.
[111] Coincidente, entonces, con el Eje de Luz, el Rayo y Poste Sacrificial que cae del zenit al nadir del universo, y que debe ser revertido por aquellos que quieren ascender. La excavación y erección del Poste en Aitareya Brhmaöa II.1-2, etc., tiene la misma significación espiritual que las palabras «contra-corriente», etc., examinadas arriba; cf. Coomaraswamy, «El Arbol Invertido». [Los símbolos examinados en este artículo se tratan también en Coomaraswamy, «El Mar»].
[112] Tirtha es «lugar de cruce»; t´rthakara es virtualmente sinónimo de «pontifex», «pontífice». Tr es «Salvadora», y también «estrella», cf. la Virgen como Stella Maris. Trt¨ es barquero o salvador. Taraöa es cruzar; de aquí avataraöa, «cruzar hacia atrás», es decir, el «descenso» de un Salvador. T´ran es «cruzar» en Sa×yutta Nikya V.24 (donde tenemos «de los hombres mortales con pocos los que han alcanzado la Otra Orilla»). Nuestro «término», latín terminus, es análogo.
[113] Como en la bien conocida Parábola de la Barca (Majjhima Nikya I.135), el cruce es aquí por medio de una barca, para la cual ya no hay utilidad cuando se ha alcanzado la Otra Orilla; y como en Apocalipsis 21:1, «ya no había ningún mar». Las Aguas que han de cruzarse se representan en los Evangelios (San Juan 6, etc.) por el Mar de Galilea; cf. W. Norman Brown, Walking on the Water, Londres, 1928, pp. 20 sig.
[114] Las palabras -ninn, -poö, -pabbhr o sus equivalentes, mutatis mutandis, aparecen en otras partes, concretamente en la bien conocida metáfora de las vigas que convergen hacia, y se apoyan en, la clave de bóveda; y así es como los poderes del alma convergen hacia, y vienen a reposar en, el samdhi (êökhyana îraöyaka VIII.8, Majjhima Nikya I.322-23, Milinda Paho 38, etc.).
[115] La interpretación (adhivacanam) de «esta orilla» es ajjhattiknam yatannam y la de «aquella orilla» bhirnam yatannam, es decir, estas condiciones internas (microcósmicas) y aquellas condiciones externas (macrocósmicas). Esto nos proporciona una buena evidencia para lo que puede inferirse en muchos otros contextos, a saber, que ajjhattikam… bhiram corresponde a adhytmam… adhidevatam como, por ejemplo, en Jaimin´ya Upani·ad Brhmaöa III.33, donde las dos palabras tienen precisamente la implicación de «subjetivo» y «objetivo» que es fundamental al pli ajjhattikam y bhiram, como en Majjhima Nikya I.421, donde los cinco elementos, como ellos son dentro de vosotros (es decir, microcósmicamente), se contrastan con los mismos, como ellos son fuera de vosotros (es decir, macrocósmicamente).
[116] Obsérvese que thale («embarrancado») tiene aquí el significado espiritual exactamente opuesto de thale («a salvo en tierra») en Sa×yutta Nikya IV.174-75 citado arriba. En conexión con esto, cf. René Guénon, «Del doble sentido de los símbolos», en tudes Traditionelles, XLII (1937).
[117] «Ahogarse en las aguas inferiores»; aquí el simbolismo coincide con el del cruce, y si uno cae de la barca o del puente, o si uno se hunde mientras «camina sobre el agua», puede ahogarse.
[118] Los dos valores de «nga» son los mismos que los de Jaimin´ya Brhmaöa III.77 y Pacavi×§a Brhmaöa XXV.15.4, donde se hace una distinción entre aquellas serpientes (ahi ) que se «dejan atrás» (ah´yata) y las otras (sarpa) que, en tanto que «reptan al más allá» (atisarpanti ), vencen a la muerte y devienen îdityas (como el Buddha, dicca-bandhu).
[119] Cf. Jaimin´ya Brhmaöa I.18.5-6, Taµ hgatam p¨cchati, kas tvam asi. Sa yo ha nmn v gotreöa v prabrète… taµ ¨tavas… padg¨h´tam —es decir, si en respuesta a la pregunta «¿Quién eres tú?», responde por su nombre propio o el de su clan, es arrastrado atrás por los representantes del tiempo. Para muchos otros paralelos ver îkiµcaa: La anonadación-de-sí mismo».
[120] Citado en Coomaraswamy, Una nueva aproximacin a los vedas, 1933, pp. 45, 46. Puede agregarse que en Jaimin´ya Upani·ad Brhmaöa I.173-75, donde los Sacrificadores están en su vía al cielo y preguntan «¿Quién será capaz hoy de nadar eludiendo las fauces abiertas del cocodrilo?», con referencia al «cocodrilo que está apostado en la única y sola vía, contra la corriente, con la boca abierta» (ekyane siµ§umr´ prat´paµ vydya ti·Êhati ), está claro que la moción de los sacrificadores mismos, en la única vía, es corriente-abajo hacia el mar; el cocodrilo (siµ§umrin = makara = m¨tyu = sèrya) es el guardián de la Puerta que, en este caso, es la «desembocadura» del río (como nosotros diríamos, aunque es más bien la boca del mar dentro de la cual desemboca el río).
[121] D´gha Nikya III.127, nada ha de agregarse o substraerse del Dhamma promulgado; D´gha Nikya III.135, todo cuanto el Tathgata ha dicho, desde la noche del Despertar hasta la de la Despiración Total, «todo eso es así, y es infalible» (sabbaµ taµ tathÕeva hoti, no aath ).
[122] Cakkhuµ loke no está en el Diccionario. Aparece en D´gha Nikya II.159, Sutta-Nipta 599, etc. Cf. I.138, buddhacakkhun lokaµ volokento; Sa×yutta Nikya I.134, sabbaµ passati cakkhun. De incontables textos brahmánicos cito solo Aitareya Brhmaöa I.6, «El Ojo es la Verdad depositada entre los hombres» (con referencia a Agni), y ôg Veda Sa×hit VII.61.1, caksur… sèryas… abhi yo vi§v bhuvanni ca·Êe. Con sahajanetta, cakkhuµ loke, etc., cf. cakkhubhèto öa-bhèto en Majjhima Nikya I.111, Sa×yutta Nikya II.255, etc.
[123] A. F. Rudolf Hoernle, MS. Remains, I, p. 270.