
Partiendo de la postura del misionero o del jinete, la pareja se gira hacia un lado con cuidado, para evitar que el pene se salga.
• Postura íntima y dulce, en la que los dos amantes pueden mirarse y besarse sin que ninguno de ellos se sienta dominado por el otro.
• La profundidad de penetración y la amplitud de movimientos son limitados.
• Riesgos de salida involuntaria del pene cuando ambos basculan hacia un lado.
Es verdad, ellos podrían disfrutar de una parte de su cuerpo equivalente a nuestro Punto G, la glándula prostática, aunque no se suele estimular por el lugar en el que está (porque está escondido y porque ellos no se suelen dejar tocar ahí).
Esta glándula no está a la vista, y para muchos de nuestros compañeros nunca existirá porque no se dejarán tocar su Punto G. Para acceder a él hay que introducir un dedo en su ano unos cinco centímetros y presionar hacia delante (hacia su pene) un pequeño abultamiento que se debe notar a esa altura.
Quienes lo han probado no dudan en repetir, pero puede que tu pareja no quiera descubrir a este punto por miedo a que tu creas que es ‘maricón’. Todavía nos quedan estos tabúes, pero si tu pareja accede, acuérdate de cortarte las uñas, utiliza un preservativo u otra cosa para lubricar la zona y evitar hacerle daño.
Unión del gato