GRECIA (ATENAS).
ARTE
GRIEGO 
Arte y arquitectura desarrolladas en Grecia y sus colonias
entre el año 1100 a.C. y el siglo I a.C. Aunque tuvo su origen en
la civilización del Egeo, su evolución posterior le ha convertido
en uno de los periodos artísticos más influyentes de la cultura.
El arte griego se caracterizó por la representación
naturalista de la figura humana, no sólo en el aspecto formal, sino
también en la intención expresiva del movimiento y las emociones.
El cuerpo humano, tanto en las representaciones de dioses como en las de
seres humanos, se convirtió así en el motivo fundamental
del arte griego, asociado a los mitos, la literatura y la vida cotidiana.
Se han conservado pocos ejemplos intactos o en su
estado original de la arquitectura y escultura monumental, y en el ámbito
pictórico no conocemos grandes ciclos decorativos. Sin embargo,
se conservan importantes vasos cerámicos, monedas, joyas y gemas,
que junto con las pinturas funerarias etruscas nos ofrecen algunas pistas
sobre las características del arte griego. Estos restos se complementan
con los relatos de las fuentes literarias. Algunos viajeros, como el romano
Plinio el Viejo o el historiador y geógrafo griego Pausanias, vieron
in situ muchos de los objetos artísticos que se conservan hoy día
deteriorados o en mal estado y sus relatos nos ofrecen bastante información
acerca de algunos artistas y sus principales obras.
La función principal de la arquitectura, pintura
y escultura monumental hasta aproximadamente el año 320 a.C., fue
de carácter público, ocupándose de asuntos religiosos
y de la conmemoración de los acontecimientos civiles más
importantes, como las competiciones atléticas. Los ciudadanos sólo
utilizaron las artes plásticas para la decoración de sus
tumbas. Sin embargo las artes decorativas se dedicaron sobre todo a la
producción de objetos de uso privado. El ajuar doméstico
contenía un gran número de vasijas de terracota pintadas,
con elegantes acabados, y las familias más ricas poseyeron vasijas
de bronce y espejos. Muchos objetos realizados en terracota y bronce incorporaron
pequeñas figurillas y bajorrelieves.
Los arquitectos griegos construyeron la mayoría
de sus edificios en mármol o piedra caliza, utilizando la madera
y las tejas para las techumbres. Los escultores labraron el mármol
y la caliza, modelaron la arcilla y fundieron sus obras en bronce. Las
grandes estatuas votivas se esculpieron en láminas de bronce o se
recubrieron con oro y marfil sobre estructuras internas de madera. Algunas
veces se realizaban por separado las cabezas o los brazos extendidos, que
posteriormente se unían al torso. La escultura en piedra y en arcilla
estuvo total o parcialmente pintada con pigmentos brillantes. Los pintores
griegos emplearon colores al agua para pintar grandes murales o vasijas
decoradas. Los ceramistas modelaban sus vasijas en tornos de alfarero y
cuando se secaban las pulían, pintaban y cocían.
El arte griego se divide normalmente en periodos artísticos
que reflejan sus cambios estilísticos. Las compartimentaciones cronológicas
desarrolladas en este artículo son las siguientes: 1) periodos geométrico
y orientalizante (c. 1100 a.C.-650 a.C.); 2) periodo arcaico (c. 660 a.C.-475
a.C.); 3) periodo clásico (c. 475 a.C.-323 a.C.); 4) periodo helenístico
(c. 323 a.C.-31 a.C.).
Los periodos geométrico y orientalizante
Los vestigios más importantes del arte griego de
los periodos más antiguos son piezas cerámicas. Las vasijas
del periodo geométrico se decoraban con bandas de meandros y otros
motivos geométricos, de ahí su denominación. En los
ejemplos más antiguos, los motivos rectilíneos se combinaron
con elementos curvilíneos derivados del arte micénico. Aproximadamente
a principios del año 750 a.C. introdujeron motivos humanos y zoomórficos
de formas esbeltas, como puede observarse en las representaciones del cuerpo
del guerrero muerto o del carro tirado por caballos. El mejor ejemplo de
la cerámica de estilo geométrico es la crátera Dípilon,
una especie de esquela funeraria realizada con el propósito de guardar
ofrendas, que se halló en una necrópolis cercana a la puerta
de Dípilon de Atenas (Museo Metropolitano de Nueva York).
El estilo de la cerámica decorada se modificó
aproximadamente en el siglo VII a.C., debido a la creciente colonización
griega del Mediterráneo y al comercio con los fenicios y otros pueblos
orientales. En las vasijas de este periodo, conocido como periodo orientalizante
de la cerámica decorada, los diseños abstractos geométricos
se reemplazaron por los motivos naturalistas del arte oriental, como la
flor de loto, la palmeta, los leones y las esfinges. La ornamentación
aumentó en cantidad y complejidad.
De la escultura del periodo geométrico se han
encontrado únicamente pequeñas piezas en bronce y arcilla.
Entre ellas cabe destacar una pequeña estatua de Apolo realizada
en bronce (Museo de Bellas Artes de Boston). Las esculturas de este periodo
no son representaciones realistas, sino obras de naturaleza conceptual.
La arquitectura de los periodos geométrico
y orientalizante consistió en estructuras sencillas realizadas con
adobe y ripio. Las viviendas más primitivas fueron chozas circulares,
que evolucionaron hacia formas elípticas de herradura. Más
tarde se hicieron rectangulares, organizadas a lo largo de un eje este-oeste
con una entrada y un vestíbulo de columnas en uno de los extremos.
Las cubiertas a dos aguas o de doble vertiente se construyeron en paja,
y las planas en barro.
La planta básica de los templos fue similar
a la de las viviendas. En Samos, Esparta, Olimpia y Creta se han encontrado
los cimientos de algunos templos del final del periodo geométrico.
En Eretria y Thermos algunos templos posteriores mantenían la planta
de herradura. En los templos de planta rectangular los dos muros laterales
sobresalen hacia el exterior de la pared frontal formando un vestíbulo
o pórtico. Dentro del espacio cubierto o cella, las vigas de madera
del tejado a dos aguas se apoyaban en una única fila de columnas
de madera, dispuestas a lo largo del eje principal; más tarde, sin
embargo, se reemplazaron por dos filas de columnas, ya que las anteriores
ocultaban la imagen de la divinidad. Estas dos columnatas, como los muros
laterales, se prolongaron más allá del muro frontal para
sustentar el vestíbulo cubierto.
El periodo arcaico
Durante el periodo arcaico, al extenderse el mundo griego
geográfica y económicamente, su mayor riqueza y los contactos
con el exterior le condujeron al desarrollo de una arquitectura y escultura
monumental. Ambas se hicieron con el mármol y la piedra caliza que
abundaba en Grecia. Los templos albergaron imágenes de los dioses
y estuvieron decorados con esculturas y pinturas. La pintura tuvo también
su desarrollo en las vasijas, que fueron importantes objetos de comercio.
Los griegos empezaron a esculpir en piedra, inspirados
en las piezas monumentales de Egipto y Mesopotamia. Las esculturas de bulto
redondo compartieron la solidez y la característica posición
frontal de los modelos orientales, pero, como podemos comprobar en la Dama
de Auxerre y el Torso de Hera de Samos (periodo arcaico primitivo, c. 660
a.C.-580 a.C., ambas en el Museo del Louvre de París), sus formas
fueron más dinámicas que las de la escultura egipcia. Las
esculturas masculinas y femeninas, a partir aproximadamente del año
575 a.C., reflejaron en sus rostros la denominada sonrisa arcaica. Aunque
esta expresión no parece obedecer a razones específicas en
las personas o situaciones en las que aparece reproducida, quizás
fue empleada por los griegos como un artificio que proporcionaba a las
figuras un rasgo humano distintivo.
Las tres tipologías que predominaron fueron
el joven desnudo de pie (kouros), la doncella vestida en pie (kore) y la
mujer sentada. Todos ellos acentúan las características esenciales
del cuerpo y expresan, cada vez más, un conocimiento preciso de
la anatomía humana. La razón de ser de la representación
de estos jóvenes fue por una parte de índole sepulcral y
otra de carácter votivo. Algunos ejemplos conservados son el Apolo
primitivo del Museo Metropolitano de Nueva York, el Apolo Strangford de
Lemnos del Museo Británico de Londres, obra bastante más
tardía, y el Kouros de Anavysos conservado en el Museo Arqueológico
Nacional de Atenas. En dichas obras, a diferencia de otras más antiguas,
puede observarse un estudio más detallado de la estructura muscular
y anatómica. Las figuras femeninas, vestidas y de pie, ofrecen una
amplia variedad de expresiones, tal y como puede verse en las esculturas
del Museo de la Acrópolis de Atenas. Sus ropajes están tallados
y pintados con la delicadeza y la meticulosidad característica de
la escultura de este periodo.
Los relieves escultóricos que se esculpieron
con posterioridad a la escultura exenta o de bulto redondo, representaron
a sus figuras en movimiento. Los frisos del Tesoro de los Siphnios, en
el templo de Apolo en Delfos (Museo Arqueológico de Delfos), que
muestran una de las batallas de la guerra de Troya, son uno de los ejemplos
más excepcionales del periodo arcaico medio (c. 580 a.C.-535 a.C.).
Otra muestra importante es el frontón del templo antiguo de Atenea
en la Acrópolis de Atenas, conservado
en estado fragmentario (Museo de la Acrópolis), que representa un
combate entre dioses y gigantes. Entre los ejemplos del periodo arcaico
tardío (c. 535 a.C.-475 a.C.) destacan las esculturas de los frontones
del templo de Aphaia en Egina (actualmente en la Gliptoteca de Munich).
Las figuras del frontón oriental parecen tan llenas de vida como
los atletas que describió el poeta Píndaro. En el siglo XIX
se comenzó a valorar el mérito artístico de la escultura
del periodo arcaico.
Los escultores del periodo arcaico continuaron fundiendo
esculturas en bronce. Los ejemplos del siglo VI a.C. describen los músculos
de forma esquemática mediante la representación de un estrecho
arco en el límite bajo del tórax y unas marcas horizontales.
Las esfinges y otras formas realizadas en piedra sirvieron como florones,
yelmos o lápidas.
Los griegos, después de conocer los templos pétreos
de los egipcios, comenzaron en el siglo VII a.C. a construir sus propios
templos en piedra, con un estilo propio y específico. Utilizaron
la piedra caliza en el sur de Italia y Sicilia, el mármol en las
islas griegas y en Asia Menor y la caliza revestida con mármol en
el continente. Más tarde levantaron sus edificios principalmente
de mármol. Los templos eran de planta rectangular sobre un pequeño
zócalo escalonado (crepidoma) en un recinto donde se llevaban a
cabo las ceremonias rituales. Los templos pequeños presentaban un
frente porticado de doble columna (in antis), a veces con otro vestíbulo
delante del mismo (próstilos). Los templos más grandes, con
pórticos en sus partes delantera y trasera (anfipróstilos),
podían tener un vestíbulo de seis columnas antes de cada
uno de sus pórticos, o estar totalmente rodeados por un peristilo
(perípteros). La columnata sostenía un entablamento, o dintel,
bajo un tejado a dos aguas.
Desarrollaron dos órdenes de arquitectura o
tipos de columnas, el dórico y el jónico. Las columnas dóricas,
que no tenían basa y cuyos capiteles consistían en un bloque
cuadrado (ábaco) sobre un elemento redondo en forma de almohadilla
(equino), eran piezas robustas colocadas a escasa distancia para sujetar
el peso de la mampostería. Su pesadez se aliviaba gracias al fuste
abombado y estriado. En el entablamento se tallaban triglifos verticales
sobre cada columna, dejando entre ellos metopas oblongas, que más
tarde fueron cuadradas y al principio estuvieron pintadas y más
tarde decoradas con bajorrelieves figurativos. El estilo dórico
se originó en la península helénica, pero se difundió
por todas partes. Los templos dóricos de Siracusa, Paestum, Selinonte,
Acragas, Pompeya, Tarento (Taranto), Matapontum y Corcira (actual Corfú
o Kerkira) todavía se conservan. Especialmente extraordinario es
el templo de Poseidón en Paestum (c. 450 a.C.).
Las columnas jónicas, originarias de Jonia
(Asia Menor) y las islas griegas, son más esbeltas, estriadas más
estrechamente y se colocan a mayor distancia que las dóricas. Cada
una descansa sobre una basa moldurada y termina en un capitel con forma
de almohadilla plana que se enrolla en dos volutas en los laterales. El
entablamento, más ligero que en el estilo dórico, podía
tener un friso continuo. Se pueden ver ejemplos de templos jónicos
en Éfeso, cerca de la moderna Izmir (Turquía), en Atenas
-el Erecteion- y algunos restos
del Naucratis en Egipto.
Hacia el año 675 a.C. los pintores de vasijas cerámicas
de Corinto empezaron a decorar sus objetos con figuras en silueta negra,
generalmente animales desfilando, realizadas con formas redondeadas y dispuestas
en uno o varios pequeños frisos. Es el estilo denominado protocorintio.
En el estilo corintio, que se desarrolló totalmente hacia el 550
a.C. y del que se conservan numerosos ejemplos, los vasos están
abarrotados de figuras sobre fondos florales. En las vasijas se representan
a menudo monstruos fabulosos, como la quimera que escupe fuego, una criatura
con cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de serpiente. Otros motivos
orientales similares aparecen en las piezas cerámicas encontradas
en Laconia, Beocia, Calcis, Rodas y Sardes.
En el periodo arcaico medio, Atenas saturó
el mercado mediterráneo de objetos cerámicos. Las vasijas
atenienses han aparecido en las islas del Egeo, norte de África,
Asia Menor, Italia e incluso en Francia, España y Crimea. La popularidad
de la cerámica ateniense se debió a su carácter práctico
de bellas proporciones, su acabado aterciopelado, negro como el azabache,
y a las escenas narrativas con que estaba decorada.
La decoración de las vasijas cerámicas
con la técnica de las figuras negras, que llegó de Corinto
a Atenas hacia el 625 a.C., se combinó con el antiguo estilo ateniense,
más lineal y de mayor tamaño. La decoración se realizaba
en engobe negro sobre el color rojo de la arcilla. Los detalles se grababan
de forma incisa y a veces se recalcaban con el uso de matices lumínicos
rojos y blancos, hasta lograr cierta tridimensionalidad.
A partir de este momento, las escenas representadas
en los vasos cerámicos y los artistas que las pintaron se pueden
identificar por inscripciones. Unos treinta pintores firmaron con su nombre
las piezas decoradas y otros cien han podido ser identificados por su estilo
característico. A los pintores más tardíos se les
han asignado nombres modernos según la localización de alguna
de sus obras más importantes, como el pintor de Berlín; por
el tema de alguna de sus pinturas más representativas, como el pintor
del jabalí; o por el nombre del ceramista para el que trabajaron,
como el pintor de Amasis. Entre las obras maestras de este periodo están
el vaso François, realizado el 560 a.C. por el alfarero Ergótimos
y el pintor Klitias (Museo Arqueológico de Florencia); la copa de
Dioniso realizada por Exequias (Gliptoteca de Munich) y los trabajos de
dos de los más destacados artistas en la técnica de figuras
negras, Lydos y Amasis (Museo Metropolitano de Nueva York).
Los vasos decorados en la técnica de figuras
rojas se hicieron por primera vez el año 530 a.C., por iniciativa
del ceramista Andokides. La decoración se realizaba con una técnica
pictórica a la inversa: es decir, el fondo se pintaba de negro,
dejando las figuras en el color rojo de la arcilla. Los detalles, en lugar
de hacerse por medio de incisiones en la arcilla, se dibujaban con un trazo
rígido en engobe negro, que a menudo formaba un relieve sutil. Se
utilizó también un nuevo color, el castaño dorado,
obtenido al diluir el barniz negro.
Los pintores atenienses inventaron hacia el 540 a.C.
otro nuevo estilo, ejemplificado en la crátera de Antaius, realizada
por el ceramista Euphronios. Estas innovaciones, asumiendo además
el interés por la anatomía del cuerpo humano, evolucionaron
hacia una nueva concepción espacial, expresada a través del
escorzo y del uso de una capa marrón o parda para lograr el sombreado.
Este fue el inicio de un tipo de pintura en el que la tridimensionalidad
se consigue tanto con la valoración lumínica como con el
contraste de manchas de color.
Aunque el estilo de las figuras negras continuó
siendo el dominante durante todo el periodo arcaico, la producción
en el estilo de figuras rojas se fue incrementando poco a poco. Entre los
pintores de vasos más importantes del final del periodo arcaico
destacamos a Douris, el pintor de Brygos, el pintor de Berlín y
el pintor de Kleophrades.
El periodo clásico
El arte griego del periodo clásico, desarrollado
desde la época de las guerras médicas hasta el final del
reinado de Alejandro Magno, se mantuvo totalmente independiente de las
influencias foráneas, y gracias a ello obtuvo una gran demanda en
otros lugares.
La alta época clásica (c. 475 a.C.-448
a.C.)
Después de la victoria griega sobre los persas,
la necesidad de reparar la devastación de la guerra, generó
una gran actividad artística tanto en arquitectura como en escultura.
Esto fue especialmente evidente en Atenas, centro neurálgico del
poder político y económico.
La mayoría de los templos de la alta época
clásica fueron de orden dórico. El templo de Zeus en Olimpia
(mediados del siglo V a.C.), proyectado por Libón de Elis, es un
ejemplo excepcional. Sus columnas relativamente esbeltas indican una reacción
contra las proporciones pesadas del dórico de la época arcaica.
La escultura de la alta época clásica no
presenta la típica sonrisa o los suaves detalles característicos
del periodo arcaico. En su lugar, se expresa una cierta solemnidad determinada
por la nueva fuerza y simplicidad de las formas. Entre los mejores ejemplos
se encuentran los frontones escultóricos del templo de Zeus de Olimpia
(Museo Arqueológico de Olimpia), el Auriga (Museo Arqueológico
de Delfos), el joven de pie o Efebo de Kritios -denominado así por
el escultor ateniense Critius o Kritios- y la cabeza del Efebo rubio (ambos
en el Museo de la Acrópolis de Atenas), así como el Idolino
del Museo Arqueológico de Florencia.
Los escultores de esta época representaron
sus personajes en el momento inmediatamente anterior o posterior a la culminación
de una acción significativa. Las esculturas del templo de Zeus en
Olimpia son una muestra: en el frontón oriental aparecen los preparativos,
supervisados por Zeus, para la fatal carrera de carros ente las legendarias
figuras de Pelops y Enomao; en el frontón occidental la batalla
entre lapitas y centauros; y las doce metopas conservadas, describen los
trabajos de Hércules ayudado por la diosa Atenea.
Muchas de las obras de la alta época clásica
se perdieron en la antigüedad. Algunas han perdurado, sin embargo,
en las copias realizadas por los romanos, para los que el estilo clásico
tuvo un atractivo considerable. Entre algunas de esas copias se encuentran
los Tiranicidas realizados por Kritios en colaboración con Nesiotes
(Museo Nacional de Nápoles) y los numerosos trabajos de Policleto
incluyendo el Doríforo, o portador de la lanza (Museo Nacional de
Nápoles), el Diadúmeno (Museo Nacional de Atenas) y la Amazona
Capitolina (Museo Metropolitano de Nueva York). En estas esculturas la
postura frontal de las figuras del periodo arcaico se sustituye por posiciones
más complejas y actitudes más naturales.
De la alta época clásica casi no se conservan
pinturas murales. El pintor más importante del momento fue Polignoto
de Tasso. En sus frescos de Lesche, o salón de actos de los cnidios
en Delfos, representó la destrucción de Troya y la visita
al Hades, descrita por Pausanias. Plinio el Viejo escribió que Polignoto
fue el primer maestro de la expresión. El descubrimiento en 1968
de los frescos de un sarcófago griego en Paestum (c. 470 a.C., Museo
arqueológico de Paestum) muestra los logros de la pintura mural
de la alta época clásica. Las figuras de los asistentes a
un banquete y una representación de la zambullida de un buzo muestran
el dominio de la anatomía, del trazo y de las expresiones faciales.
Los ojos se dibujaron de perfil en lugar de frontales y también
aparecen escenas paisajísticas.
En la pintura de vasijas las escenas de carácter
simbólico y decorativo fueron remplazadas de forma gradual por representaciones
tridimensionales, como en las pinturas de Pistoxenus y Penthesilea. Las
formas son más nítidas, los ojos se representan de perfil
y los pliegues de las telas adquieren formas más naturalistas. Estas
características especialmente en las vasijas del pintor de los Nióbides,
sugieren la influencia de Polignoto y ofrecen más información
de su estilo artístico.
El periodo clásico medio (c. 448 a.C.-400 a.C.)
El clasicismo pleno se desarrolló durante la segunda
mitad del siglo V a.C., especialmente bajo el patronazgo de Pericles, el
estadista ateniense. La arquitectura y la escultura de Atenas alcanzaron
entonces una perfección raramente igualada.
Los arquitectos desarrollaron gran cantidad de métodos
para contrarrestar las distorsiones oculares. Así, las plataformas
o crepidomas de los templos se curvaron hacia arriba en el centro, se invirtió
el estrechamiento de las columnas, sus ejes se inclinaron hacia el interior
y las líneas verticales del edificio adquirieron la inclinación
pertinente dependiendo de la corrección deseada.
En occidente, el enorme templo de Apolo en Selinonte
(Sicilia) se terminó después de cien años de trabajo.
En el Ática, Pericles ordenó la restauración de muchos
templos quemados por los persas. El escultor Fidias se encargó de
la supervisión de los trabajos en la Acrópolis
o ciudadela, recinto que era el lugar tradicional de los templos atenienses.
El edificio más importante fue el Partenón, proyectado por
los arquitectos Ictino y Calícrates. Los propíleos, o puerta
monumental de acceso a la Acrópolis,
fue otra de las construcciones importantes.
El Partenón se erigió al lado de dos
templos anteriores, el viejo templo de Atenea, conocido como el Hekatompedón,
construido aproximadamente el 570 a.C. y ampliado hacia el 530 a.C., y
el antiguo Partenón, comenzado el 488 a.C. y destruido por los persas
el 480 a.C. cuando aún no estaba terminado. La construcción
del nuevo edificio se inició el 447 a.C.
El Partenón se construyó en su totalidad
con el mármol de las célebres canteras del monte Pentelikon.
Estaba rodeado por una gran columnata de ocho columnas dóricas en
sus frentes y otras 17 en cada lado. El peristilo tuvo un techo artesonado
de mármol. El santuario se dividía en dos partes (cella y
tesoro), a las que se tenía acceso a través de un estrecho
vestíbulo. El techo de la más grande, la estancia oriental
o cella, contenía una enorme estatua criselefantina (realizada en
oro y marfil) dedicada a la diosa Atenea, protectora de la ciudad, sostenida
en tres de sus lados por una columnata dórica superpuesta en dos
cuerpos. La estancia más pequeña o tesoro estaba sostenida
por cuatro esbeltas columnas jónicas. Un ambicioso programa escultórico
se extendía por las metopas, los frontones y el alto friso que recorría
el exterior de la cella.
Fidias definió el estilo de las esculturas
del Partenón, pero la mayoría de ellas fueron probablemente
ejecutadas por sus discípulos en el taller del maestro. Las metopas
del lado oriental representan una batalla de gigantes, las occidentales
una batalla contra las amazonas, las del norte la destrucción de
Troya y las del sur la batalla entre lapitas y centauros. El friso representa
a los ciudadanos atenienses acercándose a la diosa Atenea en el
cortejo procesional de las fiestas panatenaicas, cuando le presentan su
peplo o vestidura nueva. En el frontón oriental aparece el nacimiento
de Atenea, rodeada de los dioses del Olimpo, y en el frontón occidental
su lucha con el dios Poseidón por el dominio de las tierras del
Ática. Las esculturas del Partenón y otros monumentos de
la antigua Atenas se conservan en la Colección Elgin (porque fue
lord Elgin quien los llevó a Inglaterra) en el Museo Británico
de Londres.
Los propíleos se iniciaron el 437 a.C., pero
nunca llegaron a terminarse, probablemente debido al comienzo de la guerra
del Peloponeso en el año 431 a.C. Fidias encargó su construcción
a Mnesiklés (c. 437-409 a.C.), que proyectó sus pórticos
como si fueran fachadas de templos dóricos. Además, también
utilizó columnas jónicas, consideradas como unas de las muestras
más hermosas de este orden arquitectónico, y reforzó
los arquitrabes del edificio con piezas de hierro.
Otro de los edificios dóricos de este periodo
es el Hephaisteion, llamado inicialmente el Theseion, que se alzaba en
una colina al oeste del Ágora o plaza del mercado de Atenas, y que
se ha convertido en uno de las construcciones mejor conservadas de Grecia.
El templo de Poseidón en el cabo Sounion y el templo de Apolo Epikurios
(450 a.C.) en Bassai, en plena Arcadia, son los edificios más antiguos
donde han aparecido capiteles corintios.
El Erecteion,
erigido en la Acrópolis en frente del
Partenón, y quizás obra de Mnesiklés, es un templo
jónico excepcional. El hecho de que el terreno fuera accidentado,
y el temor a destruir los santuarios anteriores del lugar, forzaron al
arquitecto a idear una complicada planta asimétrica. El entablamento
del pórtico que oculta la bajada a la tumba de Erecteo se apoya
sobre unas esculturas femeninas llamadas cariátides.
El templo de Atenea
Niké, en el extremo suroeste de la Acrópolis,
es otro edificio jónico ligero y elegante. El templo estuvo en pie
hasta el siglo XVII, cuando los turcos otomanos lo derribaron para convertirlo
en una posición de artillería, pero fue reconstruido el año
1835, conservando la mayor semejanza posible con la estructura original.
Fidias y Policleto fueron los escultores más importantes
del periodo clásico medio. Según el parecer que sostuvo la
antigüedad griega, Fidias fue el escultor de los dioses y Policleto
el de los seres humanos o mortales. Fidias creó dos estatuas criselefantinas
colosales, una de Zeus en Olimpia, considerada una de las siete maravillas
del mundo antiguo, y otra de Atenea en el Partenón.
Aunque ninguna de las dos se ha conservado y ni siquiera existen buenas
copias de las mismas, Zeus aparece en algunas monedas y la Estatua de Varvakeion
se parece ligeramente a la de Atenea. La cabeza de la Atenea Lemnia (Museo
Cívico de Bolonia) copia romana de una obra de Fidias, junto con
el trabajo de sus discípulos Alcamenes y Agorácritos, permite
deducir algunas ideas de su arte.
Paionios, con su Niké en vuelo de Olimpia y
los trabajos posteriores del eminente escultor Mirón, son contemporáneos
a la escultura del Partenón.
El Discóbolo y Palas Atenea y Marsias, dos de sus esculturas más
conocidas, estuvieron en un principio en la Acrópolis
y son conocidas únicamente por las copias romanas conservadas.
Aunque las figuras de las vasijas del periodo clásico
medio están dibujadas con una perspectiva lineal rudimentaria, se
logra un cierto efecto tridimensional. Estas pinturas se parecen probablemente
a las obras desaparecidas de Apolodoro y Zeuxis de Heraclea. El segundo
es famoso por haber pintado un racimo de uvas de forma tan veraz que hasta
los pájaros trataron de picotear sus granos.
El periodo clásico final (c. 400 a.C.-323 a.C.)
Las empresas arquitectónicas disminuyeron cuando
Atenas, derrotada en la guerra del Peloponeso, perdió su hegemonía
política en el ámbito griego. En las artes plásticas
la nueva y detallada caracterización de las figuras reflejó
un interés por el individuo, hecho que corroboran los poetas y filósofos
de aquel momento.
Aunque los templos se construyeron todavía en el
orden dórico, desapareció el vestíbulo posterior.
El templo de Asclepio en Epidauro (c. 380 a.C.) es un buen ejemplo. Las
columnas corintias (el tercer orden arquitectónico griego), una
especie de columnas jónicas con hojas de acanto en los capiteles,
se utilizaron en el interior del tholos circular de Epidauro, realizado
por Policleto el joven. A partir de este momento los teatros, que al principio
tenían gradas de madera sobre una colina, se construyeron en piedra.
Así por ejemplo, el teatro de Epidauro (350 a.C.) proyectado también
por Policleto el joven, se construyó sobre un terreno inclinado
alrededor de una escena circular.
En Asia Menor tuvo lugar un renacimiento del orden
jónico. El edificio más impresionante fue el mausoleo de
Halicarnaso, la enorme tumba de Mausolo, rey de Caria (c. 376 a.C.-353
a.C.), que está considerada una de las siete maravillas del mundo
antiguo. Elevado sobre un pedestal, estaba rodeado por una columnata jónica
cubierta por una techumbre piramidal y coronada por una cuádriga.
Según la tradición, cada uno de sus lados estaba decorado
con frisos de Escopas y otros tres escultores áticos. Los restos
de su estructura se conservan en el Museo Británico de Londres,
junto con la estatua colosal de Mausolo, imponente retrato de un gobernante
del siglo IV a.C.
La escultura del último clasicismo estuvo dominada
por Lisipo, Praxiteles y Escopas. Lisipo esculpió ágiles
atletas, como el desaparecido bronce del Apoxiomenos (c. 330 a.C.). Quizás
el más excepcional de los tres sea Praxiteles, que trabajó
en un estilo delicado y elegante. En su Hermes con el niño Dioniso
(c. 330 a.C.-320 a.C., Museo Arqueológico de Olimpia) el tronco
del árbol en el que se apoya Hermes está integrado en la
composición, manteniendo las curvas voluptuosas de la figura. Su
Afrodita Cnidia (350 a.C., copia romana en los Museos Vaticanos de Roma)
aparece cubriéndose con la mano derecha el centro del cuerpo, en
un gesto púdico que sirvió de pauta para los desnudos femeninos
posteriores. Su expresión combina la dignidad, el encanto delicado
y la frivolidad mundana. Sus párpados inferiores están remarcados
únicamente por medio de una talla ligera y la superficie de la figura
está esculpida de tal forma que produce un suave juego de luces
y sombras.
La escultura del siglo IV a.C. llevó más
lejos los logros de Policleto. Lisipo introdujo un nuevo canon de proporciones
consistente en alargar el cuerpo y reducir la cabeza. Además, como
escultor de la corte de Alejandro Magno, hizo que las estatuas de los gobernantes
se introdujeran en el repertorio artístico. Escopas, su contemporáneo,
tal y como podemos observar en las esculturas conservadas del templo de
Atenea Alea en Tegea (hoy en el Museo Nacional de Atenas), abandonó
gradualmente la expresión serena del periodo clásico introduciendo
en los rostros de sus figuras una expresión pasional y emotiva.
Se han conservado muchas estatuas en terracota sin
esmaltar del siglo IV a.C. Estas piezas proceden fundamentalmente de ajuares
funerarios y fueron denominadas figurillas Tanagra, ya que Tanagra (Boecia)
fue el lugar donde se encontraron por primera vez. Muchas de ellas están
huecas porque se realizaron con moldes. Están pintadas al temple
y muestran temas diversos como actores cómicos, mujeres vestidas
con elegancia, enanos y dioses en miniatura.
Las lápidas áticas de los siglos IV
y V a.C. consistían en una losa decorada en relieve, con personajes
que transmiten la tristeza de la partida. A menudo, las figuras estaban
flanqueadas por pilastras coronadas por una cornisa.
Todos los murales griegos del siglo IV a.C., incluyendo
los del gran Apeles, han desaparecido. Sin embargo, su influencia puede
observarse en los trampantojos y en los paisajes arquitectónicos
pintados sobre los muros de las casas romanas de Pompeya y Herculano en
el siglo I d.C.
A partir del 320 a.C. Atenas no exportó más
cerámica y sólo se fabricaron algunas vasijas que se entregaban
como premio a los atletas de los Juegos Panatenaicos. La cerámica
italiana ocupó el lugar de la ateniense en el mercado mediterráneo.
Las piezas italianas fueron de distintos tipos, entre los cuales destacan
los de Canosa, al sur de Italia, y la cerámica calena denominada
así por la vecina ciudad de Cales. Ambos modelos presentan a menudo
las firmas de sus ceramistas. Las vasijas de Centuripa (Sicilia) son más
complicadas y sus escenas están decoradas con figuras pintadas que
recuerdan la técnica actual del pastel. Los cuerpos de estas piezas
están adornados con motivos florales y tridimensionales.
El periodo helenístico
Los ejércitos de Alejandro Magno, tras conquistar
las ciudades-estado de Grecia, llevaron su cultura por todo Oriente Próximo.
Como las polis griegas sufrieron un declive político y económico,
la religión oficial y la conciencia cívica menguaron, apareciendo
en todas las esferas un mayor énfasis subjetivo. Los griegos fueron
receptivos a las nuevas influencias orientales, como podemos observar en
las decoraciones lujosas y las religiones místicas. En las ciudades
ricas de Asia Menor, así como en Alejandría (Egipto), se
desarrolló un nuevo helenismo, mezcla del espíritu griego
y de los estilos orientales.
El estilo dórico continuó utilizándose
en los templos pequeños y en los cuerpos inferiores de los edificios
de dos plantas. En Asia Menor se construyeron grandes templos jónicos,
como el períptero de Apolo en Dídima (c. 300 a.C.), con sus
dos columnatas jónicas de diez columnas en el frente y 21 por cada
lado. Las columnas corintias se utilizaron en mayor medida que en épocas
anteriores, como se observa en el templo de Zeus Olímpico en Atenas,
iniciado el 174 a.C. por encargo del rey sirio Antíoco IV.
En este complicado estilo helenístico se inventaron
nuevas tipologías arquitectónicas como gimnasios y edificios
para el senado, profusamente decorados y realizados en orden corintio.
También se levantaron altares monumentales en Siracusa, Pérgamo,
Priene y Magnesia. Los reyes helenísticos construyeron pórticos,
bibliotecas, teatros y puertas urbanas. Los monumentos sepulcrales imitaron
el estilo suntuoso del mausoleo de Halicarnaso. Las casas particulares
cambiaron su vestíbulo rectangular por un patio central rodeado
por un peristilo.
Con la conquista de oriente por Alejandro Magno, los artistas
cuestionaron la estrechez de miras del arte griego, seleccionando como
temas posibles para sus obras a personas de tipos étnicos diferentes,
como persas o indios y sus diferentes estados físicos, incluyendo
la vejez, la enfermedad o la deformidad. La disolución del imperio
de Alejandro propició el alzamiento de varias dinastías rivales,
y los reinos independientes que se originaron crearon sus propias escuelas
artísticas. Por ejemplo, la dinastía tolemaica de Egipto
perpetuó las tradiciones del periodo clásico desde el siglo
IV a.C. Los atalidas de Pérgamo (actual Bergama, Turquía),
en Asia Menor siguieron la escuela de Escopas, representando el cuerpo
humano en las escenas de combate retorciéndose en movimientos violentos.
Un ejemplo notable es el friso de más de 100 m del altar de Zeus
en Pérgamo (Museos Estatales de Berlín), que muestra la lucha
entre dioses y gigantes. Este trabajo fue levantado en Pérgamo por
encargo del rey Eumenes II, hijo de Atalo I, que ganó numerosas
batallas contra los gálatas y el rey selyúcida Antíoco
III el Grande.
Al mismo tiempo, la escultura evolucionó hacia
formas abiertas, formas que obligaban al espectador a trasladarse más
allá del espacio de las figuras, en un estilo lleno de emotividad.
El sátiro dormido (Palacio Barberini en Roma), la Victoria de Samotracia
y la Afrodita de Melos, más conocida como la Venus de Milo (ambas
en el Museo del Louvre de París) son algunos ejemplos destacados.
Además, la escultura del periodo helenístico experimentó
nuevos recursos compositivos. Una de las disposiciones favoritas, llamada
posición en aspa, representa la figura humana con el torso retorcido,
esto es, la cabeza y los miembros dispuestos en direcciones contrarias.
Este recurso se empleó en los grupos escultóricos, como Menelao
portando el cuerpo de Patroclo (Loggia dei Lanzi, Florencia), donde los
artistas invitan al espectador a moverse alrededor de la composición.
Otras esculturas similares son el Heracles Farnesio o Las manzanas de las
Hespéridas que Heracles lleva sobre su espalda (Museo Nacional de
Nápoles) y el Hermafrodita dormido, con su sexualidad ambigua (Museo
de las Termas, Roma).
Muchas de estas innovaciones en la escultura griega
se adecuaron al estilo romano donde se copiaron muchas obras, modificándolas
según su gusto e incluso añadiendo una o más figuras
subsidiarias, como puede verse en el Laocoonte (Museos Vaticanos de Roma).
Durante la época romana, la mayoría de los escultores griegos
continuaron la tradición helenística en Grecia, Asia Menor,
África e Italia.
El renacimiento y los historicismos griegos
En los siglos XV y XVI, sobre todo gracias a las copias
romanas, la tradición artística griega se recuperó
en el arte y arquitectura renacentistas. El realismo, el sentido de la
proporción y los órdenes arquitectónicos griegos empezaron
a aparecer en el arte europeo. La excavación de Pompeya y otros
hallazgos greco-romanos en el siglo XVIII propiciaron un restablecimiento
de la antigüedad griega en el arte y esbozaron el movimiento conocido
con el nombre de neoclasicismo. El término clásico llegó
a definir no sólo un periodo concreto del arte griego, sino el arte
griego y romano en general. Por extensión, clásico y clasicismo
se convirtieron en conceptos aplicables a numerosos ámbitos.
Los artistas y arquitectos academicistas imitaron
las características externas del arte griego, a menudo sin comprender
su espíritu. En el siglo XX algunos artistas reaccionaron contra
las tradiciones académicas y comenzaron a valorar el arte griego
del periodo arcaico por encima de los periodos artísticos posteriores.
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realizada por Estrella María Ruiz Segura.
Si tienes alguna sugerencia que realizar escribir a: emruiz@galeon.com