PLAZERES I FELIZIDAD ... PLAZERRA, POZA ...
Hermann Hesse:Hermann Hesse:
El caminante disfruta del mejor y más delicado de los placeres, porque además
de saborear sabe de lo pasajero de todas las alegrías. No se queda largo tiempo
mirando lo ya perdido, ni ansía echar raíces en el lugar donde una vez estuvo
a gusto. Hay viajeros por placer que van año tras año al mismo lugar, y muchos
que no pueden despedirse de un bello paisaje sin antes tomar la decisiçon de
volver muy pronto. Buena gente podrán ser, pero no buenos caminantes. Tienen
algo de la roma embriaguez de los amantes y algo de ese afán coleccionista de
las muchachas que recogen la flor de tilo. Pero afán de caminante no tienen,
ese afán callado, serio y alegre al mismo tiempo, siempre diciendo adiós.
Fernando Savater:
Llamamos felicidad a lo que queremos; por eso se trata de un objeto
perpetuamente perdido, a la deriva. La felicidad sería el "télos" último
del deseo, ese mítico objetivo una vez conseguido el cual se detendría en
satisfecha plenitud la función anhelante. Al decir "quiero ser
feliz", en realidad afirmamos "quiero ser". Osea, unir
definitivamente el en sí y el para sí, superar la adivinanza hegeliana según
la cual el hombre "no es lo que es y es lo que no es". De lo que el
hombre quiere -no de lo que debe o puede- trata precisamente la ética. Por
tanto, creo que una aproximación especulativa al contenido de la felicidad que
quiera huir de la cursilería y de la puerilidad no puede hablar más que de ética.
Taisen Deshimaru:
En cierta ocasión dijeron al Maestro Ryokar que encontrar dinero en el camino
daba mucha alegría. El Maestro Ryokan, para comprobarlo, esparció por el
camino las pocas monedas que habçia conseguido en su ronda de mendicidad y
luego las volvió a recoger sin por ello sentirse especialmente feliz. Un poco
decepcionado, repirió la operación varias veces hasta que en una de ellas se
le perdieron dos o tres monedas entre el polvo las hojas muertas del camino. Se
puso a buscarlas ansiosamente, y cuando las encontró, ¡qué alivio!. ¡Ya sé
a qué se referían! Encontrar monedas en el caminoo, ¡qué alegría!.
Taisen Deshimaru:
Un muchacho tenía un hermoso caballo del que se sentía orgulloso. Un día, el
caballo se escapó y por más que lo buscó, no pudo encontrarlo. La familia
estaba desolada. A los pocos días el caballo apareció acompañado por una
preciosa yegua. La desgracia se convirtió en felicidad y el muchacho estaba
loco de alegría, pero el padre le advirtió: "No seas idiota y no te
alegres tanto". Al día siguiente, al montar el caballo, el hijo cayó de
él y se rompió una pierna. La felicidad se volvió desgracia. Al poco tiempo
estalló la guerra y todos los muchachos del pueblo fueron movilizados; todos
menos el muchacho cojo que fue declarado inútil. La mayor parte de los jóvenes
murieron en el campo de batalla y solo se salvó el joven campesino debido a su
cojera. La desgracia se volvió felicidad.