Éxodo del pueblo oriental


Autor: Heber Ramos Paz, uruguayo (1924-)
Inauguración: 10 de setiembre de 1958
Ubicación: Adosado a la fachada de la sede del Banco de la República, calles Cerrito y Zabala.
Material Granito gris
Material del basamento: Granito gris
Descripción: Grupo escultórico con tres figuras simbólicas de pie, constituido por un indio aborigen, una madre con su nióo en brazos, y un gaucho. En el basamento se halla grabada la inscripción concebida por el escritor uruguayo Raúl Montero Bustamante:
"El éxodo del Pueblo Oriental fue la afirmación de la soberanía, de su genio democrático, de su indomable voluntad de ser libre".
Homenaje a la memorable jornada histórica uruguaya iniciada el 23 de octubre de 1811, cuando la mayoría del pueblo oriental decidió acompañaría su máximo jefe el Gral. José Gervasio Artigas, a su campamento del Ayuí, en la provincia argentina de Entre Ríos antes que soportar la dominación extranjera en el territorio de la Banda Oriental.
El éxodo del pueblo oriental es uno de los capítulos más apasionantes de la historia del Uruguay. Muchos historiadores coinciden en afirmar que es el momento donde mejor se puede apreciar la figura emblemática de su prócer, José Gervasio Artigas: el caudillo y el líder natural de los orientales.
Se conoce como éxodo del pueblo oriental a la emigración colectiva de los habitantes de la Banda Oriental que siguieron a José Gervasio Artigas al Salto Chico – actualmente ciudad de Concordia, Argentina- después de la firma del armisticio de octubre de 1811, que decretaba el levantamiento del sitio de Montevideo.

En esas circunstancias, la Banda Oriental quedaba bajo la jurisdicción del virrey Elío quién había realizado el convenio con la Junta de Buenos Aires. En ese marco, Artigas fue nombrado Teniente Gobernador, Justicia Mayor y Capitán del Departamento de Yapey , actualmente Misiones, Argentina.
El pueblo oriental que había seguido a su caudillo en la gesta revolucionaria, decidió no acatar la resolución y seguir al Jefe de los Orientales.
Así cruzaron el río Uruguay unas 16 mil personas, hombres, mujeres, niños con todas sus pertenencias. Al principio, Artigas se opuso a esta emigración masiva pero luego ordenó levantar un registro de las familias, los individuos y las carretas que lo seguían.
Entonces, decía: ”No quiero que persona alguna venga forzada, todos voluntariamente deben empeñarse en su libertad, quien no lo quiera, deseará permanecer esclavo”.
Los historiadores bucean en el éxodo el origen, el fermento del sentimiento de nación, de orientalidad.
Los protagonistas, le llamaron Redota, término que surge por la mala pronunciación del vocablo “derrota”.