EL GAUCHO

Homenaje al héroe anónimo de las luchas por nuestra independencia
Declarado monumento histórico por Decreto del Poder Ejecutivo con fecha 8 de setiembre de 1926.
Autor: José Luis Zorrilla de San Marín, uruguayo (1921 - 1975).
Inauguración:30 de noviembre de 1927.
Ubicación:Plazuela Lorenzo Justino Perez en la confluencia de la avenida 18 de Julio con las calles Constituyente y Javier barrios de Amorín.
Material empleado: Bronce.
Material del basamento: Piedra clara y granito rosado martelinado y esculpido.
Descripción: Figura ecuestre del gaucho soldado, portando en su mano derecha una lanza.
Complementan el monumento los bajo relieves esculpidos en la piedra que representan:
Al frente el "Holocausto", gaucho semicaído, protegido por una figura femenina alada que porta una bandera y simboliza la patria
Inscripción grabada en la piedra con letras romanas: "Al gaucho, primer elemento de emancipación nacional, y de trabajo", "La patria agradecida".
En la parte posterior "La tradición", un anciano gaucho, sentado bajo un ombú y junto a él, de pie, un jóven.
En el costado norte, "La vida campesina", una carreta, un buey, mujeres, gauchos con instrumentos de labor, y de arte.
En el costado sur, "Faenas camperas", escena de doma.
Con acceso al monumento por tres escalones de granito gris martelinado.

Transcurría 1922 - José Luis Zorrilla de San Martín, poco más que veinteañero se aprestaba a viajar por segunda vez a Europa, la prodigiosa institución Sociedad Rural de Durazno resolvió propiciar la erección de un monumento "al gaucho" que simbolizase la gratitud del pueblo oriental creador material de nuestra Independencia, el gaucho. La iniciativa tenía la tenaz influencia del Dr. Elías Regules, médico, jerarca máximo de nuestra Universidad y, lo válido para esta caso, líder indiscutido del sentimiento criollo, nativista, al que contribuía con su calidad de insigne poeta.
Se llamó a concurso internacional, rioplatense por lo menos, para artistas interesados en realizar la obra. Participaron, de Uruguay, Michelena, Pena, José Luis Zorrilla y algún otro artista y, de Argentina el escultor Falchini. El proyecto aceptado, fue el de Zorrilla, escultor que enfrentaba un acuciante problema: ya tenía planeado el viaje de estudio a Europa y calculó si podía adelantar los trabajos en barro y en yeso, de tal manera que, antes de su zarpada, podría tener la obra en el estado exigido de llevar todo al Viejo Mundo, completarlo allá, donde se planeaba hacer la fundición. Con el esfuerzo del artista, trabajador incansable como era, esa apretada etapa, se iba a completar, como se hizo finalmente.
Un militar, y universitario, el entonces Tte.Cnel.de Artillería, don. José Z. Polero, prestó apoyo al artista. Comandaba Polero el 1º de Artillería, con asiento en un Cuartel de la "proa" de Salta y Encina y era el Sub Jefe el entonces Mayor José San Martín, quien accedió a buscar entre los soldados el "modelo" requerido.
Y así, el soldado raso "y asistente" de San Martín llamado Alejandro Silva Martínez, marchaba todas las tardes al taller del artista en Punta Carretas, sólo a pasos de la costa y "posaba" pacientemente.
Se colocó un caballete sobre el que se puso un excelente recado y allí "montaba" el soldado, teniendo en su diestra una lanza traída del Regimiento de Blandengues. Y en búsqueda de "la cabeza", el artista recorría esas calles en constante observación. Un día, transitando por Constituyente, vio a un hombre maduro, vestido de tranviario, sentado en un banquito, sosteniendo en sus manos un hierro a la espera de los coches tranviarios. Cuando aparecía alguno, el "guardaguja", que esa era la función del personaje, se apresuraba a cumplir el cambio correspondiente en la dirección de los rieles...
Zorrilla charló con el guardagujas, convino en la modesta paga y, terminada la "pose" del soldado, entró a exponer, lo más inmóvil que fuese por su cabeza el tranviario. Claro que la gorra fue sustituida por un hermoso sombrero gaucho...
Terminados los yesos, se embalaron y el escultor partió para Europa agregando al equipaje personal los cajones con "los modelos" de "El Gaucho" . En París el artista siguió trabajando en su obra; necesitaba estriberas y riendas para terminar la labor emprendida en Montevideo y también un equino.
Este último provino del Sur de Francia y lo restante lo prestó el entonces Ministro uruguayo en Bélgica; doctor Alberto Guani. La etapa de los trabajos en el "atelier" de la rue De la Santé tuvo muchos visitantes.
Colegas franceses de Zorrilla y uruguayos de paso por París. Un habitué lo fue el legendario don Tydeo Larre Borrges, entonces en la Capital francesa. Por las aguas del Sena, los cajones con aquel "tesoro" navegaron hasta Bélgica y bajo la supervisión del escultor, "El Gaucho" pasó al bronce en la "Fonderie National" en Bruselas. El monumento fue llevado por ferrocarril al puerto de Amberes, embarcándolo para Montevideo.
Allá por 1950 resolvimos preguntarle a Zorrilla por las vidas de los dos "modelos" utilizados en el monumento. Desconcertado, nos dijo no haber sabido nada más de ellos. Con la ayuda del entonces ya retirado General San Martín, pudimos pesquisar sobre el soldado Alejandro SiIva Martínez, ubicando en unos ranchos en el Pantanoso, dándonos un vecino una dirección en El Cerrito. Encontramos su refugio: hacía dos años que había fallecido.
Con el otro "modelo" tuvimos más suerte. Cuando hace muchos años publicamos en el extinto semanario "Mundo Uruguayo" un artículo sobre Gutiérrez, apellido que recordaba el escultor, nos visitó un joven de la ciudad de Santa Lucía, asegurando que su abuelo, ya fallecido, había sido el "modelo" para la cabeza de "El Gaucho". Y nos mostró una foto carnet del ex guardavía de los trenes de "La Comercial". Cuando don José Luis vio la foto, sin vacilar, nos aseguró que aquél había sido su modelo.Había fallecido en 1931. Se llamaba José María Gutiérrez. Reposa en el cementerio de su natal ciudad canelonenese.
CONSTITUYENTE Y 18 DE JULIO

La modernidad de El Gaucho

      

Con el paso del tiempo, las distintas esquinas y rincones montevideanos fueron adquiriendo los perfiles que hoy disfrutamos. Hace casi medio siglo la obra de Zorrilla de San Martín le puso los ojos de la memoria al Cordón

La proa que albergaba al Palacio de los Niños y la discreta estación de servicio que alimentaba a los escasos automóviles que circulaban por Montevideo en 1918 forman parte de nuestro pasado. Si de hacer un concurso se tratara, pocos adivinarían que se trata de la esquina de 18 de Julio y Constituyente, la esquina del Gaucho.
Por esos años la plazoleta de la proa se llamaba "Lorenzo J. Pérez", en homenaje a uno de los "caballeros orientales" que prepararon desde Montevideo la Cruzada Libertadora de 1825.
La remodelación comenzó con la necesidad de dar un lugar adecuado al monumento creado por Zorrilla de San Martín para homenajear a los gauchos que participaron en la independencia. En 1950 se levantó el pedestal de mármol y se colocó la estatua de cuatro metros de alto que hoy es una de las señales identificatorias de la ciudad. El Palacio de los Niños fue demolido y en su lugar comenzó a edificarse, en varias etapas, la torre que hoy da fondo al viejo paisano de a caballo. La iglesia metodista de la calle Constituyente sigue siendo la única referencia que el tiempo ha dejado como testigo.

Montevideo Capital Cultural Iberoamericana
Suplemento de El País
Agosto de 1996