Yemanja - Monumentos del Uruguay - Mundo Matero

Yemanjá

Realizado en bronce.
Obra de Ulrico Habegger.
Inaugurado en 1994.
Monumento ideado y patriocinado por A.T.E.E.U.M.D. (Asociación Templo Evangélico Espiritual Umbandista "Menino Deus) bajo la presidencia del Babalorisá Armando Ayala.

Al pie de la imágen, un pilar con poesía a los cuatro lados.
Cada poesía es de un autor diferente, tres de ellos de orígen sudamericano y la cuarta poesía trata de una "reza" (canción) que se canta durante las ceremonias de Batuque.

Imágen cargada de un alto contenido simbólico, representa la maternidad y la fecundidad. Nos muestra a la madre en permanente posición de brazos abiertos indicando que recibe a todos sus hijos por igual. La maternidad y fecundidad se encuentra expresada en la anchura de sus caderas (significan el haber tenido hijos y estar preparada para ello), la ampulosidad de sus senos demuestra la alimentación que le dió a sus hijos. Ambos símbolos se usaban en Africa.
La ostra que está tras ella y la estrella de su frente nos indican la fuerza y la energía del mar y el agua, símbolo de la vida. En la mano derecha lleva dos hipocampos como símbolos del amor eterno (Los hipocampos cuando se emparejan lo hacen de por vida y lo hacen a través de la unión de sus colas). Su unión será para siempre hasta el punto de que uno de ellos muere, el otro lo hará con él).
Las culturas y tradiciones africanas en América hicieron raíces y se integraron a la cultura del país y hoy forman parte de ella.

Textos en la base del monumento:

Yemanjá, Nuestra señora del mar
Es febrero y celebramos
a la reina Iemanjá
madre de todas las aguas,
nuestra señora del mar
Luz de luz entre las sombras
sacra imágen de cristal
bajo su manto bordado
se acogen los orixás.
Cotizada joya estrella,
el día va a clarear
sobre tu falda de espumas
refulge la claridad
Yanaina, madre pura
exenta de todo mal
purifica nuestras almas
y bendice nuestro hogar.
Alivio de nuestras penas
princesa del Aluká
recibe nuestras ofrendas
Marabó, Ynae, Yansá, Ynae, Donha María
nuestro espíritu es tu altar
postrados te celebramos
sirena de macurá

Alma Vasconcellos, uruguaya.

Iemanjá de los cinco nombres
Iemanjá, que es la dueña del muelle, de los aveiros, de la vida de sus hombres, tiene cinco nombres, cinco nombres dulces que todo el mundo conoce. Se llama Iemanjá, siempre se llamó así y ese es su verdadero nombre, de dueña de las aguas, de señora de los océanos. Pero a los canoeros les gusta llamarla Janaína, y los negros, que son sus hijos predilectos, que danzan para ella y la temen mas que todos, la llaman Inae devotamente o, en sus súplicas, la Princesa de Aiocá, reina de esas tierras misteriosas que se esconden en la línea azul que las separa de las otras tierras. Y las mujeres del muelle, que son simples y valerosas, Rosa Palmeirón, las mujeres de la vida, las casadas, las muchachas que esperan novio, le dicen Señora María, por que María es un lindo nombre, el más lindo de todos, el más venerado y se lo dan a Iemanjá como un regalo, como si le regalaran una caja de jabones a su piedra del Dique. Ella es una sirena, es la madre del agua, la dueña del mar, Iemanjá, Janaina, la Señora María, Inae, la Princesa de Aiocá. Ella domina los mares, ella adora la luna, que viene a ver en las noches sin nubes, ella gusta de las músicas de los negros.
Jorge Amado - Mar Muerto.

Reza Yorubá
Yemoja dele olódo bábá orómi o! Yemoja d'ele i táyéwo, yé bábá oromi o
Yemoja, llega a casa dueña de las aguas, ama, espíritu del mar; Yemoja llega a casa y prueba la vida, ama, espíritu del mar.
Yemoja dele olódo bábá oromi o! Yemoja d'ele i táyéwo, yé bábá oromi o. Yemoja pa fún 'ku, páse sún a! Yemoja se ssún, olú wa o! Ŕbélú ásábá, a! Ňsun dúpé o! bábá oromi o!
Yemoja, dá órdenes a la muerte y después descansa, o! Nuestra ama, nosotros recurrimos a ti en momentos de dificultad, a! Osun, te agradecemos, o! Padre, espíritu del mar.

Yemanjha
Un rumor de piedrecillas entrechocadas que deshace su collar en la profundidad,
en pasados adioses, en la ondulación de algas de un viejo amor,
un jadeo de burbujas en el círculo de la campana marina,
el salobre sabor del horizonte hasta el graznido de la gaviota que desaparece.
Es esta Yemanjha, la líquida diosa del remolino y de la calma transparente,
y el chapoteo de una canción ahogada hasta la blanca dulzura de la arena
en la herrumbre de los puertos, en la luz brillante y en el oleaje de la memoria.
Ella despierta ante su vista el tumulto, la ansiedad de la sangre,
y el estremecimiento de la piel que suplica y tiembla
con el estertor de lo que huye en la corriente hacia la entraña saqueada,
la furia del despojo y la inocencia de unos huesos de nadie
en la playa entre los pétalos de la espuma y el beso lunar.
Boca entreabierta, la gran cabellera se despliega en el agua quemada,
en la pureza insondable,
tal pánico, tal posesión,
tal desborde de plenitud en el alma,
para exaltar toda oración de gracia por la hoguera del instante.
Yemanjha, devoradora y compasiva entre las sueltas raíces de la brújula,
entre el desorden de los sentidos hacia el foco central donde resuena el mundo.
Diosa amada del mar, divinidad del deseo del horizonte
y los alcoholes de la inconstancia,
allí donde la negra tendida al sol de la orilla,
sabe que ni el sol ni la espuma
dejarán de mezclar las músicas en la eternidad,
y que el Exú, con el bello y ubicuo poder del demonio,
astuto y brillante como una tentación,
fosforece en la ola embrujada
y en los labios del hombre tambien hijo del mar y de toda lejanía.

Enrique Molina - Buenos Aires, 1989 Para LA NACIÓN.

Textos y Fotos de A.T.E.E.U.M.D.