|
Martes, 08 de Octubre de 2002 Fuente: www.pais-global.com.ar
Costó bastante tiempo, prédica y dinero convencer a muchos productores e industriales mendocinos de que, además del anteriormente atractivo mercado interno, también existían grandes posibilidades de ubicar bienes en los mercados internacionales (exportar).
Antes y después de la Segunda Guerra Mundial, algunos secaderos de esta provincia enviaban frutas procesadas que, por su calidad, tenían buena aceptación en países foráneos. Ese impulso cedió porque la Argentina se fijó otras prioridades y centralizó sus promociones en los envíos de carnes y granos, principal rubro por décadas de nuestras ventas en el exterior.
Quedaron en Mendoza quienes recordaban la buena acogida que se había dado a nuestras primeras exportaciones, pero el lapso que mediaba entre una y otra época demandaba que se reiniciara prácticamente desde cero. Así, comenzaron algunos inquietos empresarios, con el apoyo de cámaras que los agrupan y el beneplácito oficial no siempre traducido en hechos, a salir fronteras afuera, determinar qué productos eran demandados y confrontar todo con las posibilidades de Mendoza.
La conclusión de esos primeros viajes, realizados por los años ’?70, fue que las perspectivas eran buenas, pero que había que incorporar tecnología, estándares de calidad, selección de variedades frutícolas y hortícolas de gran demanda y, hasta cierto punto, comenzar a producir a la medida de los requerimientos. Una de las primeras experiencias fue el envío de legumbres deshidratadas hacia el Lejano Oriente, un paso que demostró que se podía si se establecían las necesarias inversiones.
Hoy, Mendoza a de exportar por cientos de millones de dólares y si se comparan las cifras en el lapso de ocho años, que abarcan desde 1993 hasta 2001, se advierte que el monto aumentó en nada menos que un 87 por ciento. Y eso incluye una tremenda diversificación de los rubros puestos a disposición de los compradores internacionales, ya que a nuestras tradicionales líneas de producción se han sumado bienes de origen no agropecuario, como turbinas, grupos electrógenos y otros que importan refinada tecnología industrial.
Hay, sin embargo, detalles de las cifras que se han divulgado que deben hacer pensar en torno de la necesidad de seguir perfeccionando nuestro perfil exportador, sumando a lo ya existente rubros que están en desarrollo y que producirían dinero que, en su mayor parte, quedaría en el ámbito local, y restando en cuanto a exportaciones de otros bienes que, como los provenientes de los hidrocarburos, no suman tanto a la economía provincial y se basan en el envío de recursos naturales no renovables, de los cuales tanto el país como Mendoza, disponen de un horizonte limitado.
Enviar petróleo o derivados como naftas o gasoil al exterior no es el negocio que conviene a la provincia o al país, ya que, aunque aportan necesarias divisas, marcan a la larga una riesgosa dependencia. Si, en cambio, sobre la base de los hidrocarburos, se desarrollara aún más una industria petroquímica que quedó en poco tras grandes proyecciones, sí sería un negocio rentable. Por varios años, los brasileños compraron nuestro petróleo y nos lo devolvieron en la forma de productos terminados, dejando fuera de competencia a firmas nacionales y aumentando el cierre de establecimientos y el índice de desempleo.
Mendoza hace buen negocio al exportar, y si la devaluación hubiera sido bien aprovechada, mucho mejor hubiera sido el perfil de 2001. Para exportar hay que promocionar tanto interna como externamente, y alentar mediante decidida ayuda oficial, como se hace en otros países, a aquellos sectores que aportan tanto en divisas como en creación de puestos de trabajo, sin que se vean comprometidas reservas cuya estimación hace comprender que no nos podemos comparar con el golfo Pérsico.
|
|