The Black Dragon Society

The Black Dragon Society

by Shougo Amakusa & Misanagi

Capítulo 1

"Encuentros"

Antes que nada aclaro que voy a reescribir un poco mi Saga, es decir la de Shimabara para que la historia comience después de ésta. ¿Qué haré?. Sencillo evitaré que mi hermana muera (lo que no pudo hacer Sanosuke).

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Mientras en la montaña sagrada se encontraban Kenshin y Shougo frente a frente en otro lugar de la isla, Sanosuke corría a toda velocidad con Sayo en la espalda. La mujer estaba muy débil y el guerrero sólo pensaba en llagar a tiempo para salvarle la vida; era injusto que una persona tan noble muriera por no contar con ayuda médica a tiempo. Sin embargo, la cristiana no le podía encontrar una explicación a lo que estaba viviendo; el hombre que la estaba ayudando no era cristiano y desde siempre ella aprendió que todos aquellos que no profesaban esa religión eran seres impíos y malvados. Por ello su mente era un mar de confusión, era evidente que la persona que la estaba ayudando no era un ser maligno, pero eso indicaba que sus creencias estaban erradas; pero, ¿De verdad lo estaban?. Necesitaba encontrar la respuesta, por eso en medio de su estado comenzó a hablarle.

 

Sayo: ¿Por qué me ayudas, Sanosuke?. No ganas nada con ello.

Sano: Le prometí a Shouzo que te cuidaría con mi vida y cumpliré mi promesa; además.....

Sayo (sorprendida): ¿Además qué?.

Sano (después de dudar por varios instantes): No lo entenderías.

 

Pronto llegaron con el embajador Eltsen y el hombre, que también era médico, se dispuso a examinarla; ese momento de descuido fue aprovechado por Santó, quien era la mano derecha del embajador, para sacar un arma e intentar asesinar al alto dignatario como parte del plan del perverso Kayoh había trazado. Sin embargo, Sanosuke se percató de la maniobra por lo que con una gran velocidad saltó hacia el hombre y logró noquearlo antes de que algo grave sucediera. Eltsen quedó estupefacto al saber que su hombre de confianza era un traidor y se disculpó con el guerrero y la joven pues estaba muy apenado. Sanosuke sólo deseaba que Sayo se recuperara y fue lo que le hizo saber al embajador.

 

Eltsen: Nunca imaginé que él fuera un traidor.

Sano: Eso no es importante ahora, ¿Puede ayudarla?.

Eltsen: Acá no, necesito llevarla a un Hospital. En estas condiciones no puedo hacer nada por ella.

Sayo (asustada): No, por favor, déjenme acá, y vayan a detener al ejército, sino matarán a mi hermano. Él no merece morir de esa forma; ambos estábamos equivocados en nuestras convicciones; no quiero que Shougo muera por esa causa.

Sano: Pero podemos hacerlo y luego llevarte a un Hospital, ¿No es así Dr.?.

Eltsen: Sí, es posible. Entonces necesitamos apresurarnos; no tenemos tiempo que perder.

Eltsen tomó a Sayo en sus brazos y entró al carruaje mientras que Sanosuke tomó las riendas del mismo para ir a la Base del ejército Meiji; mientras tanto, en la colina, Himura derrotaba a Shougo. Cuando todo pasó, el cristiano iba a ser condenado a muerte, pero gracias a la intervención del embajador Eltsen y Himura sólo lo desterraron junto con los demás cristianos; el alto dignatario les ofreció asilo en Holanda; por lo que Shougo, Sayo, Shouzo y sus 88 seguidores se disponían a abordar un barco para marcharse.

Kenshin: Supongo que no volverás a usar tu espada.

Shougo: No, desde ahora protegeré a mi gente como una persona normal.

Kaoru: Espero que tengas suerte.

Shougo: Gracias y lamento nuestro primer encuentro, espero me disculpes.

Kaoru: No te preocupes; lo bueno de todo es que pude hablar con Sayo, desde que la vi, sentí curiosidad por conocerla.

Shouzo: Bueno, gracias a todos...................Un momento, ¿Dónde está Santa Magdalia?.

Shougo: Es verdad, ¿Dónde está mi hermana?.

Kenshin: Está con Sanosuke recorriendo la ciudad, dijeron que estarían a tiempo.

Shougo (cerrando sus ojos con resignación): Vaya, supongo que me perdí parte de la historia.

Kenshin: ¿Oro?.

Kaoru (señalando con su brazo): Miren, allá vienen.

Todos voltearon y vieron a Sanosuke tomado de la mano con Sayo acercándose a los demás. Obviamente que el asombro fue general, pero nadie dijo nada pues sabían que la despedida iba a ser muy dolorosa.

 

Sayo (sonrojada y soltándose por reflejo de Sanosuke): ¡¿Niichan?!. Lamento haber tardado y encima llegar de esta forma. Gomen nasai.

Sano (muy apenado): Lamento la demora. Fue culpa mía; por favor recibe mis más sinceras disculpas.

Shougo: No hay nada que disculpar.

Al decir esto, Shougo, miró a Sano de arriba abajo, con cara de escrutinio.

 

Shougo (sonriendo complacido): Vaya, así que tú eres Sanosuke Sagara.

Sano: Sí................................¿No me digas qué también lo sabes todo de mí?.

Shougo (sin cambiar su tono de voz): ¿Qué te agradan las peleas, comes como un cerdo sin pagar y vives a costa de los demás?. Tal vez sepa un poco.

Todos se cayeron para atrás, menos Sanosuke. La verdad el cristiano había dado una descripción muy acertada del guerrero; era como si lo conociera de toda la vida y sólo lo había visto un par de veces; definitivamente, un vago siempre será un vago y no se necesita de muchos dotes para reconocer a uno cuando se le ve; sobretodo si el sujeto en cuestión se llama Sanosuke Sagara.

Sanosuke (pensando): Las mismas palabras que me dijo Sayo mientras me curaba, estos chicos deben ser adivinos.

Sayo: No seas tan duro con él hermano. Sanosuke es una buena persona y tiene bellos sentimientos.

Todos los presentes dejaron escapar una risa ahogada al escuchar las palabras de la cristiana; o estaba demasiado ciega o hablaba de otra persona, porque sus palabras no se asemejaban para nada con la persona que tenía al lado.

Shougo: No lo soy, sólo le respondí su pregunta.....................................bueno, es hora de partir.

Diciendo esto, Shougo abordó el barco junto con Shouzo y Sayo. Todos se despidieron con mucha cortesía y respeto; sin duda alguna, los dos seres que fueron rivales ahora se estimaban mutuamente; ambos representantes del Hiten Mitsurugi Ryu sabían que ya no volverían a verse, pero sería difícil que se olvidaran................................................Pero, sin duda alguna, la despedida más dolorosa era la de Sayo y Sanosuke; apenas estaban aprendiendo a conocerse y a descubrir lo que sentían mutuamente cuando el destino los obligaba a separarse; era injusto que las cosas terminaran así. Ya no volverían a verse nunca más y eso les partía el alma; sólo les quedaban los pocos momentos juntos que pasaron recorriendo la ciudad, ellos jamás se dijeron nada, pero cuando él la tomó de la mano ambos sabían que sentían lo mismo. Por desgracia, era algo destinado a morir............................................

Sayo: Ja ne, Sanosuke Sagara.

Sano: Ja ne, Sayo Amakusa.

Sayo: Mutoh; mi verdadero apellido es Mutoh, Sayonara.

Sano y Sayo se veían con lágrimas en los ojos y pronto el barco se alejó en el horizonte, llevándose consigo muchas esperanzas e ilusiones; Shougo no necesitaba ser un hechicero consumado para saber por lo que estaba pasando su hermana en esos momentos. Por ellos trató de acercarse y hablarle.

Shougo: Lo amas, ¿verdad?.

Sayo: Sí. Con toda mi alma, niichan. Sé que no te agrada, y sé que piensas que no me merece, pero nadie antes que él me había hecho sentir esto; sin embargo, si Dios ha decidido que no puedo verlo nunca más; tal vez sea porque es lo mejor para los dos.

Shougo: Recuerda siempre que lo que ha de ser, será.

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Sanosuke se retiró del muelle sin hablar con nadie; ninguno de sus amigos trató de detenerlo porque sabían el amargo momento por el cual estaba pasando; ahora necesitaba estar solo, necesitaba pensar y tomar decisiones. La frustración lo invadía; se sentía impotente al no poder retenerla a su lado; al fin había encontrado a una persona capaz de quererlo y capaz de despertar en él cosas hermosas, pero una vez más el gobierno Meiji se interponía en su vida y una vez más le quitaba algo sagrado. Definitivamente, se había ensañado en su contra; tal vez para recordarle que sólo era un vago y que no tenía derecho a ser feliz, mucho menos con una mujer como Sayo.

Sano (llorando): Maldito gobierno Meiji, me la arrebataron. Una vez más esos sucios me han quitado un ser querido; ya estoy harto de esto.

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Era un día tranquilo en la estación de policía de Kyoto. Allí estaba Cho enfrente de un hombre que estaba sentando y viendo un periódico. Había pasado un año entero desde el día en que el Samurai cristiano se había ido del Japón; el hombre que leía el diario había deseado conocerlo, pero cuando llegó al muelle fue tarde; eso le molestó mucho, pero no tuvo más remedio que resignarse; si el policía hubiese sabido las cosas que estaban a punto de suceder, jamás se hubiese dado tanta prisa en llegar a ese embarcadero.

Saito: ¿Cuándo van a encontrar a Soujiro?.

Cho: Todavía falta pero es posible que dentro de una semana

lo hagamos.

Saito: ¿Algo nuevo sobre el grupo?.

Cho: No, es muy difícil conseguir información sobre ellos, son demasiado cerrados y muchos de los espías que hemos utilizado para infiltrarnos en sus filas han sido asesinados y los demás están desaparecidos.

El policía se puso de pie y decidió salir del lugar; tenía algo que hacer y no podía esperar más tiempo; las cosas se estaban tornando cada vez más difíciles en el país por lo que necesitaba contar con toda la ayuda posible.

Cho: ¿Adónde vas?.

Saito: A buscar a Aoshi Shinomori. Debo hablar con él a la brevedad posible.

Cho: Ah so desu.

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Pronto el policía se encontró frente al templo donde se encontraba la persona que había ido a buscar; Aoshi de inmediato se percató de su presencia, sabía quien era el recién llegado y también que esa visita sólo significaba una cosa: problemas.

Aoshi (sin inmutarse): Hajime Saito. ¿Qué haces aquí?. ¿No estabas muerto?.

Saito: Vaya, no has perdido tus reflejos.................................como puedes ver; sigo con vida y he venido a pedirte ayuda.

Aoshi: Eso ya lo sabía; ¿Para qué otra cosa ibas a venir a verme?. De ti no espero visitas sociales, pero lo que aún no he descubierto es la razón que te ha llevado a pedirme ayuda.

Saito: Un grupo muy poderoso ha surgido en el Japón y tienen el control absoluto de la distribución del opio; es una organización muy secreta y cerrada por eso se sabe poco acerca de ella. Hemos perdido una enorme cantidad de hombres a quienes le hemos dado la misión de infiltrarse en sus filas.

Aoshi: Entiendo; sin embargo, ¿Qué quieres que haga?. Hace mucho que colgué mis armas y ahora sólo me dedico a meditar.

Saito: Se está corriendo el rumor de que su líder planea una guerra civil, por ello necesitamos averiguar todo sobre ellos y detenerlos.

Aoshi: Aún así, pudiste buscar a Kenshin; y, si quieres información, puedes ir con Misao; ahora es ella quien dirige a los Onniwa Banshu y la red de información que tiene a su cargo es la más completa de todo el Japón.

Saito (sonriendo): Vine acá pues eres el que estaba más cerca y no quería caminar mucho.

El Ninja se cayó para atrás ante semejante respuesta de parte del policía; pero no le extrañaba, Saito era una persona con una personalidad muy versátil; podía hacerte pasar un rato agradable contando anécdotas o podía hacerte pedazos sin siquiera esperar a que pestañearas.

Saito: Sólo bromeaba; para serte franco, estoy localizando a Soujiro, también hablaré con Kenshin, pero hay otra persona que fue localizada y que en este momento ya debe estar en el Japón.

Aoshi: ¿Nani?. ¿Quién es esa persona?. ¿Acaso es extranjero?.

Saito: Debes conocerlo, pues ustedes ya se han visto las caras, su nombre es Shougo Mutoh.

La noticia tomó por sorpresa a Aoshi quien quedó muy sorprendido; era obvio que esta vez el policía no estaba jugando; sin embargo, no podía encontrarle una explicación a traer de vuelta a ese Samurai. Excepto que las cosas estuvieran tan graves que necesiten toda la ayuda posible sin importar dónde la consigan.

Aoshi: ¿Por qué lo trajeron?. El gobierno sabe el peligro que ese ser causó hace poco más de un año; si a pesar de ello aceptaron su regreso, anulando la sentencia de exilio que pesa en su contra es porque la situación está mucho peor de lo que me has dicho.

Saito: Él domina el Hiten Mitsurugi Ryu al igual que Kenshin; y, en este momento necesitamos toda la ayuda posible. Como bien has dicho, las cosas no están nada bien y el gobierno necesita estar fuerte para poder hacerle frente a lo que pueda ocurrir.

Aoshi: ¿Y aceptó?. Por lo que pude saber, él había decidido colgar su sable y no volver a pelear.

Saito: Al principio se opuso pues, como ya has dicho, había renunciado a su espada y sólo quería vivir en paz; sin embargo, el gobierno llegó a un acuerdo con él a cambio de suspender de forma permanente su destierro y el de los demás cristianos.

Aoshi: Deben estar muy preocupados como para haberse tomado la molestia de ir hasta Holanda a buscarlo y ofrecerle la conmutación de su pena.

Saito: Es para que te hagas una idea de la magnitud del problema. El futuro del Japón está en juego.

Aoshi: Si la situación es de tal gravedad debo hacer algo por ayudar. Cuenta conmigo.

Saito: Me agrada escuchar eso.

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En el Dojo Kamiya, Kenshin y sus amigos estaban transados en las labores de limpieza; Kaoru era la líder de las maniobras y no dejaba de molestarlos con sus típicas reacciones histéricas; sobretodo cuando Yahiko estaba involucrado; los minutos se hicieron horas, pero como todas las cosas, el calvario tuvo un final.

Kaoru: Bueno, creo que al fin terminó la limpieza.

Yahiko: Ya era hora. Si seguía escuchando los gritos de la fea me moría.

Kaoru (enfadada): ¡¡¡¡¡¿A QUIÉN LE DICES FEA?!!!!!.

Yahiko: Pues a ti; ¿Cuántas feas hay en este lugar?.

Kaoru (dándole un golpe en la cabeza a Yahiko con un palo de escoba): ¡¡¡¡¡¡YA DEJA DE MOLESTARME!!!!!!.

Yahiko (sobándose el golpe): Pero yo sólo dije la verdad.

Kenshin (deteniendo a la muchacha para que no cometiera una locura): Vamos Kaoru, ya dejen de pelear; siempre es lo mismo con ustedes dos.

Kaoru (llorando): Es que él no me respeta.

Kenshin: Ya, cálmate; Yahiko ya no seguirá molestando. ¿Verdad Yahiko?.

Yahiko (ante la mirada de pocos amigos de Kenshin): ¡Claro!. No molestaré más, je, je.

Kenshin: Bueno, lo bueno es que todo ha quedado muy limpio.

Sanosuke: Es lo menos que esperaba después de todo este trabajo.

En ese momento tocaron a la puerta y la joven Kamiya salió a abrir; ellos no esperaban ninguna visita por lo que les extrañó el acontecimiento.

Kaoru: ¿Quién será?.

Cuando la chica abrió se quedó totalmente estupefacta. Jamás se imaginaba que las personas a quienes miraba volverían a aparecer en sus vidas; mucho menos en tan poco tiempo; la única reacción que tuvo fue llamar a Himura.

Kaoru (aún sin sobreponerse de la impresión): Kenshin, ven por favor.

Kenshin fue a la puerta junto con Sanosuke y se sorprendió al ver las 3 siluetas en ella. Los dos tampoco se esperaban el encuentro y aunque era una sorpresa agradable no dejaba de consternarlos un poco.

Sanosuke: ¡No puede ser!. ¡Sayo!.

Sayo (sonriendo): Hola, Sanosuke.

Kenshin: Shougo Mutoh, ¿Qué haces aquí?.

Shougo (mirándolo a los ojos): Shougo Amakusa ha regresado.


¿Qué pasará en este encuentro entre Shougo y Kenshin y entre Sano y Sayo?. ¿Encontrarán a Soujiro?. ¿Vendrán más aliados?. No deje de ver el próximo capítulo.