The Black Dragon Society

The Black Dragon Society

by Shougo Amakusa & Misanagi

Capítulo 10

"Algo más que un Rescate"

 

ADVERTENCIA: Este capítulo contiene escenas fuertes de tipo lemon; si lo lees es bajo tu propia responsabilidad y que conste que te lo estamos advirtiendo; si no sabes qué es una escena de tipo lemon, te aconsejamos que hagas click aquí. Al inicio del siguiente capítulo, haremos un resumen editado de éste por si decides no leerlo; gracias.

 

Había pasado más de la mitad del día, Shougo y Misanagi habían llegado a la zona más profunda del bosque, donde era más que imposible que un rayo de Sol lograse profanar la virginidad del suelo, aún se hallaban algo lejos de su destino y el cristiano cada vez era atrapado por ese calvario llamado desesperación; su hermana era lo más sagrado para él y el simple hecho de saberla en peligro era una tortura; mucho más si ella se encontraba en poder de un grupo tan peligroso, cruel y despiadado como la Sociedad del Dragón Negro.

Shougo: Debemos apurar el paso, sólo Dios sabe lo que esos degenerados pueden hacerle a mi hermana.

Misanagi: Este bosque es una trampa perfecta; de nada vale el tratar de apurarnos si nos atacan por sorpresa y nos matan; si eso sucede nadie podrá llegar a tiempo para ayudar a tu hermana; debemos ser cautelosos en estos momentos. Desde los árboles somos presa fácil para una emboscada. Mi lentitud tiene como único propósito el percibir cualquier sonido que sea diferente al de nuestras pisadas.

La mujer ni siquiera tuvo tiempo de respirar luego de concluir su explicación porque seis shurikens aparecieron de la nada y se dirigieron hacia el cristiano quien, gracias a sus reflejos, logró desviarlas hacia un árbol utilizando su espada; los dos rápidamente se colocaron en guardia para esperar otros posibles ataques, pero nada ocurrió; nada se veía por los alrededores y lo espeso del bosque tampoco ayudaba mucho. Varios minutos se vivió una tensa calma, el siguiente movimiento era esperado por todos y nadie se atrevía a realizarlo. Súbitamente, Misanagi sacó su daga y con un movimiento casi imperceptible la lanzó. Unos metros más adelante cayó un cuerpo inerte, el cual fue sujetado con vehemencia por Amakusa.

Shougo (tomándolo del cuello): Dinos. ¿Adónde se la llevaron?. ¡Hazlo ya!. Será mejor que hables y pronto.

???: Prefiero morir antes que traicionar a los míos. ¡Por la Sociedad!.

El desconocido sacó una daga de sus ropas y se la clavó en el corazón antes de que los demás tuvieran tiempo de reaccionar.

Shougo (lanzando el cuerpo contra el suelo): ¡Malditos!. ¡Malditos!. ¿Qué clase de demonios son que prefieren morir antes de traicionar a su Sociedad?.

Misanagi (pasando por su lado y encaminándose hacia la montaña): Vamos, debemos continuar; ya no tiene caso seguir aquí.

Shougo (sacando una daga del cuerpo del sujeto): Creo que esto es tuyo.

El cristiano le entregó el arma a la mujer quien se mostró agradecida y complacida por el gesto de su compañero. Pronto llegaron a las minas y comenzaron a revisar uno a uno, los túneles de las mismas, por desgracia no hallaron ninguna pista que los orientara. Ambos salieron de la red de túneles donde habían buscado y la Ninja le indicó a Shougo que en otro sector del bosque se encontraba otra ala de excavaciones; los dos se dirigieron hacia la zona indicada, pero en su travesía comenzó a llover de forma copiosa; al principio continuaron la búsqueda, pero ya Misanagi sentía los efectos de la lluvia sobre su percepción visual. Llegaron cerca de una cascada y mirando a Shougo le dijo:

Misanagi: Shougo debemos esperar que la lluvia amaine, me es imposible ver algo más allá de mis manos extendidas y eso nos perjudica. Estoy tan preocupada como tú por Sayo, pero de esta forma no la ayudamos.

Shougo (irónico): ¿Qué sugieres?. ¿Regresar?. Si deseas irte no hay problema.

Misanagi: No, detrás de la cascada hay una cueva que nos refugiará, sólo los del clan Sanada sabemos de su existencia. Allí podemos esperar a que disminuya la intensidad de la lluvia.

Shougo: No es que sea de mi agrado el perder este tiempo preciado, pero reconozco que tienes razón. Muertos o con un ataque de pulmonía no podremos ayudar a Sayo.

Ambos rodearon la cascada y entraron por un pasaje a una cueva ubicada detrás de la misma donde podía verse la caída de agua. Misanagi hurgó en la cueva encontrando unas ramas y logró, no sin cierta dificultad, encender un tenue fuego. Amakusa se quitó la túnica y se sentó junto a ella.

Misanagi (tiritando): Suerte la tuya de cargar una túnica, por lo menos no estás hecho.........................

No la dejo continuar; él se acercó aún más y la rodeó con sus brazos para que los dos pudieran quedar cubiertos por la prenda del cristiano.

Misanagi (tratando de separarse): Oye... ¿Qué crees haces?.

Shougo: No mal interpretes, la cueva es de roca sólida y la caída de agua ayuda a enfriar el ambiente más de lo normal; tú estás empapada y debes mantener el calor del cuerpo, si no quieres sufrir de una hipotermia.

La miró tan fijamente y sin un asomo de emoción, que ella optó por colocarse lo más cerca de él que pudo, con la cabeza entre sus rodillas y tratando de controlar los temblores, que no sólo eran producidos por el frío de la cueva. La lluvia se hacía más fuerte y el frío aumentaba, ambos seguían abrazados sin proferir palabra hasta que Shougo rompió el silencio.

Shougo (midiendo sus palabras): ¿Estás con nosotros en esto?.

Misanagi (sorprendida): ¿Por qué me lo preguntas?. ¿Aún desconfías de mí?.

Shougo: No, bueno realmente no sé, pero es que nunca has dicho tus motivos, no sabemos nada de ti.

Misanagi: No es menos de lo que yo sé de ti.

Shougo: Bien, ya sabes que soy un Samurai cristiano y que tuve mis "diferencias con Himura".

Misanagi (irónica): Vaya, ahora dejar ciego a alguien y casi matarlo se llama "tener una diferencia".

Shougo: Veo que ya te enteraste de los detalles.

Misanagi: Hai.

Shougo: No me critiques, tú también tuviste tus "diferencias con él".

Misanagi (riendo): Ahora que lo mencionas, sí.

Shougo: Espero me disculpes por mi comportamiento; es sólo que todo esto me ha puesto muy perspicaz y tal y como están las cosas es difícil saber quien está de tu lado y quien no. De verdad siento que tu novio o prometido se haya muerto de esa forma.

Misanagi (con cara triste): No era mi novio ni tampoco mi prometido; yo lo amé una vez, pero él se fue y no tuve noticias suyas salvo por las que podía averiguar por mi misma, esa indiferencia me hizo mucho daño.

Shougo: ¿Dejaste de amarlo?.

Misanagi: Cuando recibí la carta en que me pedía que lo buscara tuve mis dudas, pero cuando lo vi, a pesar de que él aún me amaba, mi corazón no se estremeció con su presencia, sé que ese sentimiento poco a poco se fue acabando y ya no queda nada de él..............................................Y el propósito de mi alianza con ustedes es poder resarcir de alguna forma el daño que le hice a mi pueblo cuando por mi culpa se perdió la medicina milagrosa.

Shougo: Ah so desu Misanagi-san. Yo también pasé por lo mismo en el pasado.

Misanagi: ¿Cómo?. Si se puede preguntar.

Shougo: Bueno, creo que estamos en uno de esos momentos de sinceridad así que no hay problema. Mis padres fueron asesinados frente a mí cuando era un niño. No pude hacer nada para evitarlo

y lo peor fue que tuve que huir; pues yo representaba la esperanza de mi gente; mientras partía pude ver a casi todos los cristianos de Shimabara crucificados por el gobierno por la sencilla razón de adorar a un Dios distinto a Buda; nunca me he perdonado eso y aún hoy siento que debí haber hecho algo más.

Misanagi: De verdad lo siento; tu historia es muy triste. Al menos tenemos algo en común; los dos hemos hecho cosas oscuras en el pasado y tratamos de buscar la redención de la misma manera.

Shougo (sonriendo): Pues ahora que lo mencionas debo reconocer que tienes razón; ni tú ni yo hemos sido ejemplos de buena conducta.

Misanagi: Eso sin mencionar que ambos ocultamos nuestros sentimientos; aún no sé como es que estamos siendo tan abiertos en este momento.

Shougo (suspirando): Pues debe ser la luna que está ejerciendo su influencia o quizás sea esta lluvia que no termina de acabar. (Observando que la luz proveniente del exterior iba disminuyendo en intensidad): Ya ha comenzado a anochecer, creo que tendremos que dormir aquí.

Misanagi: Tienes razón.

Misanagi a medida que hablaba se iba poniendo más nerviosa, sentía mariposas en el estómago y no sabía qué hacer; Shougo pasaba por la misma situación, definitivamente era insoportable sentirse de esa forma. Ambos continuaron su plática, pero algo comenzó a envolverlos; quizás el sitio donde se hallaban, la lluvia y el frío sirvieron de catalizadores a una reacción que poco a poco se gestaba en sus corazones; en un momento, la mujer giró su cara para ver al cristiano y los labios de ambos quedaron peligrosamente cerca. El Samurai fue empujado por algo indescriptible y cuando se percató ya tenía sus labios unidos a los de ella en un profundo beso; pronto sus manos rodearon el cuerpo de la mujer quien, para sorpresa del hombre, estaba correspondiendo plenamente a todo. Ambos seguían enfrascados en el beso y ninguno de los dos quería darle fin; el hombre poco a poco comenzó a separarse y sus dos manos se posaron en la barbilla de la mujer.

Shougo: Por primera vez en mucho tiempo no tengo la menor idea de qué decir o hacer.

Misanagi: Ya somos dos.

Shougo (clavando sus ojos en los de ella): ¿Qué significa esto?.

Misanagi (devolviéndole la mirada): Que ya no podemos seguir ocultando lo que sentimos el uno por el otro; tarde o temprano esto iba a pasar.

Shougo (sin inmutarse): Entonces creo que no estuve errado en mis pensamientos.................................¿Qué sientes por mí?.

Misanagi (sonrojándose un poco): Me pones en un apuro; es algo muy distinto a lo que sentí por Snyder; es más fuerte, es diferente. No puedo explicarlo.

Shougo la miró fijamente, trataba de encontrar por si mismo la respuesta que deseaba. Le sorprendió la claridad de su mirada, sin un asomo de miedo o desconfianza; desde que la vio por primera vez algo le había llamado la atención de ella y eso poco a poco fue creciendo en su interior; el hombre apenas pudo notarlo cuando le dejó sola con el alemán, pero no quiso aceptarlo. La ninja tomó las manos del cristiano y dudó un poco antes de hacer una pregunta que le quemaba por dentro.

Misanagi: ¿Y tú?. ¿Qué sientes por mí?.

Shougo no respondió sólo se acercó a ella, rodeó su cintura, la atrajo contra él y la besó nuevamente, esta vez de forma más intensa; ella comenzó a acariciarlo y él le correspondió; ambos recorrían el cuerpo del otro, haciendo que el frío fuese desapareciendo lentamente y se convirtiese en una cálida y placentera sensación. Comenzó a desvestirla y ella lo hizo con él; ambos quedaron desnudos y siguieron descubriéndose el uno al otro lentamente, como si cada rincón de sus cuerpos fuera un oasis de placer; él le besaba la boca, el cuello, sus brazos, sus colinas, todo su ser; se detuvo en sus senos y comenzó a rodear sus pezones con su lengua a lo que Misanagi reaccionó gimiendo producto del éxtasis en que se encontraba; ella lo acariciaba y a veces clavaba sus uñas en la espalda del Samurai. Shougo seguía explorando el hermoso cuerpo de Misanagi con besos tiernos y caricias, a la vez se sentía impresionado por la capacidad que había tenido esa mujer de envolverlo en esa mezcla de sentimientos; primero indiferencia, después desconfianza y hasta rechazo, pero al mismo tiempo deseo, ternura y hasta un sentimiento más grande, que él mismo no quiso pronunciar. Esta vez Misanagi tomó la iniciativa y comenzó a besarle el pecho sin dejar de recorrerlo con las manos; el cristiano también gemía y ambos respiraban de forma entrecortada; él la tomó y la puso boca arriba, luego comenzó a besarle desde el pecho y fue bajando hasta su entrepierna donde se detuvo para acariciarla con su lengua; los gemidos de Misanagi aumentaron en volumen cuando Shougo lo hizo; ella sólo pedía más y él se lo daba, logrando llevarla a la cumbre del placer en dos ocasiones; luego ella lo jaló hacia sí; y mientras recorría su cuerpo con sus manos, quiso premiarle también, a lo que él respondió alborotando su cabellera, gimiendo, y levantándola de forma súbita para volver a besarla en la boca.

Al fin había llegado el tan ansiado momento para ambos; Shougo la acostó e inició la penetración; Misanagi era virgen, pero no sintió dolor alguno, estaba demasiado extasiada como para sentir otra cosa que no fuera placer; el Samurai entró en ella y la Ninja lanzó un grito que se confundió con los truenos producidos por la tormenta, pero en verdad era difícil decir cuál tormenta era peor si la de la lluvia, fuera de la cueva; o la de dos seres que se unían en cuerpo y alma, dentro de la misma. Poco a poco se fueron borrados todos los desacuerdos y las desavenencias que marcaron sus primeros momentos juntos. Shougo al inicio se mecía suavemente sobre el cuerpo de Misanagi, pero poco a poco fue haciéndolo con más fuerza y ella así lo pedía; luego de un rato, ambos giraron y ella quedó sobre él tomando el control de todo y comenzó a acariciarlo; ambos lo hacían, ambos gemían y algunas veces gritaban de placer, ella le besaba el pecho y él la tomaba de los cabellos y la pegaba contra él; muchas formas de amar siguieron a ésta y luego de muchos minutos de intensa pasión llegó el momento cumbre de todo, ambos descubrieron el paraíso, ella estaba encima de él y ambos se quedaron así por mucho rato hasta que Shougo la tomó entre sus brazos como si no quisiera dejarla ir, como si una sensación de miedo se hubiera apoderado del Samurai, un temor de que ese cuerpo que amó se volviese etéreo y que los sentimientos que afloraron esa noche sólo hubiesen sido un sueño. Lo que él no sabia, es que el abrazo correspondido por parte de Misanagi fue la manera silenciosa que tuvo ella de tranquilizarse y sentirse segura, pues también deseaba que esa unión se tornara permanente. Antes de quedarse dormidos; sólo atinaron a decirse un "te amo" imperceptible, que pareciera más bien haber sido dicho en sueños.

Al día siguiente Misanagi despertó a su lado y recorrió lentamente su rostro con la mirada; esa expresión triste en él le hacía amarlo más. Sí; eso era amor, eran deseos de ser suya, de protegerlo y si fuese necesario, hasta sacrificar su vida por la de él. Colocó su cabeza sobre su pecho y escuchando el latido pausado del corazón de Shougo, pensó que ya había entregado su tesoro más sagrado y se alegraba que fuera él quien la hubiese iniciado y hecho suya.

Misanagi (para sí misma): No, no fue un sueño, fue una maravillosa realidad.

Y diciendo esto, besó tiernamente los labios de Shougo, quien despertó plácidamente, tomó el rostro de la mujer entre sus manos y retiró los cabellos de sus ojos, para poder contemplar plenamente esa mirada que le fascinaba.

Shougo: Konnichi wa.

Misanagi: ¿Cómo amaneciste?.

Shougo (irónico): Algo agotado, alguien me hizo gastar mucha energía anoche.

Misanagi (sonriendo): Siempre con tu humor negro, ¿verdad?.

Shougo (levantándose y ayudándola a ella a hacerlo también): Es parte de mí. (Recordando la razón de su estancia allí): Pero tenemos otras cosas más importantes que hacer. Sólo espero que aún estemos a tiempo.

Misanagi: Hai.

Ambos comenzaron a vestirse, volteados de espaldas, como si el pudor no hubiese desaparecido por completo. Él quiso verla de nuevo tal y como la había conocido la noche anterior por lo que se acercó a ella y la rodeó con sus manos para luego acercar su boca al oído izquierdo de ella.

Shougo (en voz baja): Amor.

Misanagi: ¿Nani?.

Shougo: Me hiciste una pregunta ayer y no la contesté, lo hago ahora; lo que siento es amor.

Misanagi (volteándose y abrazándolo también): Ai Shiteru mo Shougo.

Shougo: Creo que ahora puedo entender más a mi hermana; aunque ella llevó su sentimiento al extremo. (Retomando una mirada dura en sus ojos): Voy a aplastar a esos degenerados, me las van a pagar.

Shougo se dispuso a salir de la cueva sin hacer caso de Misanagi y ella sólo bajó la cabeza un tanto dolida por eso; sin embargo, súbitamente el Samurai se detuvo en la entrada y le extendió su mano derecha a ella.

Shougo: ¿No vas a venir?. No quiero acabarlos sin que tú estés allí para verlo; pues supongo que ya tenemos una relación, ¿no es así?.

Misanagi (sonriendo de la alegría): ¡Hai!.

Shougo (sonriendo): Pero que quede claro que aún no confío en ti.

Misanagi (sonriendo): Eso es lo que me atrajo de ti; tu amabilidad.

Shougo (suspirando): Ya hablaremos con más calma, por ahora debemos encontrar a mi hermana.

Y ambos reanudaron su búsqueda por las minas luego de este "receso".

¿Qué pasará ahora?. ¿Podrán rescatar a Sayo?. ¿Qué pasará entre Misanagi y Shougo y entre Sano y Sayo?. No se pierda el próximo capítulo.