The
Black Dragon Society
by
Shougo Amakusa & Misanagi
Capítulo
4
"Las
Primeras Bajas"
Shougo, Misao,
Shouzo y Aoshi se encontraban dentro del Cuartel General de los Sanada; había
Ninjas por todos lados y era evidente que habían muchos más ocultos y esperando
sólo una señal para aniquilarlos; un movimiento en falso, un error de cálculo,
una frase mal dicha o mal interpretada desencadenaría un baño de sangre en todo
el lugar. La líder del grupo era un mujer atractiva, pero de facciones muy
duras; su sola mirada bastaba para atemorizar a cualquiera y mucho más con el
humor que tenía debido a la poca sutileza con que sus "invitados" habían hecho
acto de presencia.
Misanagi (sin
mirarlos): Bien, les
escucho. ¿Qué eso tan importante que deben decirme?.
Aoshi tomó la
palabra y de la forma más clara que pudo le explicó a la mujer la situación
actual del país y los objetivos que trataban de alcanzar los enemigos; le hizo
ver lo importante que sería su ayuda para la causa y le demostró que a los
Sanada les convenía estar de parte del gobierno Meiji en ese momento porque
nadie les garantizaba que un nuevo régimen les mantuviera sus
privilegios.
Misanagi
(cerrando los ojos): Entiendo; así
que quieren que me una a ustedes para luchar contra esa Sociedad de la cual me
hablas.
Aoshi: Para
resumir; sí, eso es lo que esperamos.
Misanagi (luego
de meditar por varios minutos las palabras de su colega Ninja):
¡Haita!.
Haita: Sí,
Jefa. ¿Qué se le ofrece?.
Misanagi: A
partir de este momento te quedas a cargo, yo iré con estas personas a Kyoto y no
sé por cuánto tiempo estaré fuera.
Haita:
Pero, Jefa; no creo que sea conveniente en este momento.
Misanagi: Ya
perdimos mucho por una Sociedad y no quiero que se repita la historia; esta vez
tengo que hacer lo correcto por este país, aunque estoy segura que no me lo
agradecerán, pero Aoshi tiene razón; nadie nos asegura que un nuevo régimen nos
permita seguir en paz.
Haita: Al
menos, déjeme ir con Usted o lleve a alguien más, pero, no vaya sola. Si lo que
estos sujetos acaban de decir es cierto; va a ser demasiado
peligroso.
Misanagi: Te
agradezco tu preocupación, pero puedo cuidarme sola; así que quédate
tranquilo.
Haita: Está
bien, Jefa.
Misanagi
(dirigiéndose a Aoshi): Supongo que
debemos irnos ahora.
Aoshi:
Cuanto más pronto mejor; la emboscada de la que te hablé ya nos ha retrasado
bastante.
Misanagi:
Bien.
En pocos
instantes ya los ahora cinco miembros del grupo estaban de regreso a Kyoto;
todos iban en silencio pues no había mucho que decir; necesitaban llegar cuanto
antes con los demás, porque en cualquier momento podrían ser víctimas de otra
emboscada. Lo que ninguno sabía era que la Ninja mayor que iba con ellos tenía
sus propios planes en cuanto a su viaje a la antigua
capital.
Misanagi
(pensando): Perfecto, ahora
podré ir a la cita sin que los demás miembros del grupo se enteren; necesito
saber la razón de su actitud.
Shougo
(pensando): Esto no me
agrada; ella bien pudo hacerse acompañar por uno o dos de los suyos y nosotros
no nos hubiésemos opuesto, pero decidió partir sola con un grupo donde sólo
conoce vagamente a dos de sus integrantes; o es extremadamente confiada e
idiota, o ella tiene otros motivos para ir a Kyoto y no desea que sus dirigidos
se enteren; ella bien podría ser una espía de la sociedad, nada garantiza que no
lo sea. Definitivamente tendré que vigilarla
estrechamente.
************
Saito, Soujiro y
Kenshin entablaban un pequeña charla para que el más joven supiera los motivos
por los cuales lo habían buscado; a pesar de los pocos años con que contaba,
nadie negaba las enormes habilidades de Seta Soujiro; era un experto en el
manejo de la espada y su Shukushi era impresionante. Lo que más llama la
atención es que fue él mismo quien creó su estilo de pelea; son muy pocos los
hombres que poseen la capacidad de crear uno; muchos son los que se limitan a
aprender un arte en el manejo del sable; pero sólo algunos son lo
suficientemente buenos como para modificar, perfeccionar y crear formas
propias.
Saito: ¿No se
suponía que Cho estaba aquí?. ¿Dónde se habrá metido?.
Soujiro
(señalando a una persona que se acercaba): Creo que es ése
que viene allá.
Cho (luego de
acercarse a los demás): Lamento la
demora, pero acá estoy y.....................................................acá
está Soujiro.
Soujiro
(sonriendo): Así que para
eso estabas aquí, veo que no me equivoqué; ya se me hacía extraña tu
presencia.
Cho: ¿Te
diste cuenta?.......................Entonces.......................¿Por qué no
hiciste nada?.
Soujiro:
¡Claro que me di cuenta!. Pero tenía curiosidad, por eso me quedé a la
expectativa; además hacía mucho que no me divertía.
Cho:
Entiendo.
El policía no
perdió más tiempo y le planteó al Samurai la propuesta que le hacía el gobierno
Meiji para que se uniera al frente común que estaban creando en contra de la
Sociedad del Dragón Negro.
Soujiro (luego
de pasar unos momentos pensando detenidamente): Yo ya dije que
me volvería un vagabundo; pero, del mismo modo en que Kenshin luchó contra
Shishio, yo lucharé contra esa Sociedad..............................estoy con
ustedes.
Kenshin
(complacido): Pues ya que no
tienes ningún problema, bienvenido al grupo. En este momento debemos partir a
Nagasaki porque tenemos información de que la Sociedad tiene una base de
operaciones allá; debemos desmantelarla y tratar de descubrir en qué lugar está
su cuartel general.
************
Varios días
habían transcurrido desde que Shougo, Kenshin y los demás partieron del Aoia y
los que quedaron en su espera ya comenzaban a mostrar signos de preocupación;
aún no se sabía nada y eso los dejaba con una incertidumbre muy difícil de
superar.
Okina:
Vaya, ya ha pasado mucho y no tenemos noticias de Misao; sólo espero que esté
bien.
Kaoru: No
se preocupe, recuerde que ella está con Aoshi. No creo que él deje que le hagan
daño.
Okina:
Tienes razón, pero él tampoco es invencible y nadie lo está
protegiendo.
Sayo:
Espero que mi hermano esté bien; no sé qué sucede; yo no estoy acostumbrada a
estas cosas, es la primera vez que mi hermano pasa tanto tiempo alejado de
mí.
Sano: No
tienes de qué preocuparte; después de Kenshin, él es el más poderoso y dudo que
quieran molestarlo.
Sayo (frunciendo
el ceño): ¡Hmmp!. Eso no
es verdad, mi hermano es mucho más fuerte que Himura, es sólo que tú no viste su
primera batalla contra Kenshin.
Sano:
Vaya; lo siento, pero entonces, ¿Por qué te preocupas
tanto?.
Sayo:
Porque no sé si allá afuera exista alguien más fuerte que Shougo; eso es lo que
me preocupa.
Kaoru:
Además, ellos
podrán ser muy fuertes, pero eso no impide que las personas que los quieren y
aprecian se preocupan por ellos.
Sano:
Vaya, mejor me marcho, cuando dos mujeres empiezan a hablar el mundo corre
peligro, lo sé por experiencia.
Yahiko:
Tienes razón, Sanosuke; yo voy contigo.
Kaoru (después
de ver partir a los dos): Son unos
idiotas.
Sayo
(resolutiva): ¡Hai!.
Kaoru (volteando
a ver a la cristiana): Por cierto;
¿Cómo van tus cosas con Sanosuke?.
Sayo
(sonrojada):
¿M........m..........mis cosas?. ¿A qué te refieres?. ¿Cuáles
cosas?.
Kaoru (con una
mirada llena de picardía): Vamos, no me
engañes, antes de que te fueras era obvio que ustedes se querían; incluso él
pasó mucho tiempo encerrado en sí mismo luego de tu partida; no me digas que de
pronto ya no sienten nada el uno por el otro.
Sayo:
No.........................bueno..........................es
que...................yo aún siento algo,
pero..............................
Kaoru:
¿Entonces?. ¿Qué te detiene?.
Sayo: No
lo sé, tal vez no se ha dado el momento para hablar de eso con él; entiende que
hay cosas más importantes.
Kaoru:
¡Tonterías!. El amor siempre es lo más importante.
Sayo
(sarcástica): Mira quien lo
dice, tú llevas mucho rato buscando ese momento con Kenshin y aún son sólo
amigos.
Kaoru (con una
gota en la cabeza y una risa nerviosa): Eh, ah, este,
bueno, bueno; si quieres tomarte tu tiempo puedes hacerlo, no hay ningún
problema.
Las dos mujeres
se miraron y comenzaron a reír; sin duda ambas se llevaban muy bien a pesar de
no tener mucho tiempo congeniando; las dos fortalecían velozmente una hermosa
amistad y eso las llenaba pues ambas necesitaban a alguien así en esos
momentos............................................La noche cayó mucho después
y Sanosuke se quedó vigilando como lo había venido haciendo desde que los demás
se fueron a cumplir sus respectivas misiones; el guerrero una vez más se
encontraba solo contemplando las estrellas y de pronto sintió pasos que se
acercaban; el hombre se volvió y pudo ver a Sayo de pie detrás de
él.
Sayo (un tanto
apenada):
Hola.
Sano: Ya
es muy tarde, deberías irte a dormir. No es bueno que estés despierta a estas
horas.
Sayo: No
tengo sueño; además no es la primera vez que lo hago; créeme, para mí esto es
común y corriente.
Sano: Pues
si tú lo dices, te creo.
Sayo: ¿Qué
has hecho durante todo este tiempo?; quiero decir, ¿Qué ha pasado en tu
vida?.
Sano
(sonriendo): Lo mismo de
siempre, pelear, comer como un cerdo, etc, etc, etc.
Sayo: Ja,
ja, ja, ja...........................siento mucho haberte dicho eso; no fue muy
amable de mi parte.
Sano: No
hay problema, además es la verdad. Por más que trate de negarlo, al final del
día sólo soy un vago más de este país.
Sayo: No
digas eso; tú tienes muchas habilidades; lo que sucede es que le temes a la
responsabilidad, eso es todo.
Sano:
Bien, bien, como sea. Cambiando el tema; ¿Cómo vas con tu
enfermedad?.
Sayo: Allá
en Holanda la medicina está muy avanzada y gracias a ella y al Dr. Eltsen estoy
completamente curada. El mundo tendrá que soportarme por otros
años.
Sano
(sonriendo): Ah so desu; me alegra mucho escuchar
eso......................................................¿Sabes
algo?.................................................Te extrañé mucho en todo
este tiempo que estuviste ausente.
Sayo (algo
sobresaltada): Pues, yo no
pensé que...........................bueno, es que yo.....................yo
también te extrañé, Sanosuke.
Los dos se
miraron fijamente y sus rostros comenzaron a acercarse muy despacio; sus labios
buscaban con gran avidez el unirse para sellar lo que sus corazones ya habían
pactado hace mucho tiempo; sus ojos estaban cerrados y pronto sus bocas se
rozaron débilmente. Justo en ese momento, un ruido despertó los sentidos del
guerrero, quien segundos después se lanzaba sobre Sayo para recibir tres dagas
en la espalda; la mujer comenzó a gritar, pero ya los atacantes se habían
retirado cuando los demás llegaron a ver. El hombre estaba sangrando mucho y se
encontraba inconsciente por lo que tuvieron que llevarlo con mucho cuidado al
interior del lugar para poder atenderlo.
Okina: Hay
que dejarlo descansar, las heridas son algo profundas y ha perdido algo de
sangre; lo que me preocupa es que no logro detener la
hemorragia.
Kaoru (muy
nerviosa): ¿Quiere decir
que va a morir?. ¿No hay nada que pueda hacer para
evitarlo?.
Sayo (dominada
por la histeria): ¡Eso no puede
ser!. ¡Sano no se pude morir!. ¡Él no puede morir!. ¡No ahora!. ¡Tiene que haber
algo que se pueda hacer!.
La cristiana
estaba muy nerviosa por lo que la joven Kamiya trató de calmarla un poco; por
fortuna, no pasó mucho tiempo para que Shougo y los demás estuvieran de vuelta.
En el instante en que Sayo notó que su hermano estaba en el Aoia ni siquiera le
dio la bienvenida, sólo se lanzó hacia él y le rogó para que ayudara al guerrero
que se hallaba muy malherido en una de las habitaciones.
Sayo:
¡Shougo, por favor, ven pronto, Sanosuke se está muriendo!. ¡Hayaku niichan!.
Shougo: ¿Nani?. ¿Doushitano?.
Sayo: No
hay tiempo para eso ahora; lo importante en este momento es la vida de Sanosuke;
por favor, ven conmigo; debes verlo.
Shougo
(siguiendo a su hermana al cuarto donde estaba el guerrero):
Bueno, bueno, déjenme pasar; onegai.
Misao
(resolutiva): Ayudemos a
Shougo; él tiene buenos conocimientos de medicina, si Sanosuke está herido,
nadie mejor que Amakusa para atenderlo.
Shougo (luego de
revisar la herida de Sano): Ha perdido
mucha sangre, hay que detener la hemorragia.
Todos
colaboraron de la forma en que podían para ayudar al cristiano a salvar a
Sanosuke; si la hemorragia no se detenía, el guerrero moriría desangrado
inevitablemente; Kaoru estaba muda al igual que Misao; las dos no podían creer
lo que estaba pasando. Sayo se encontraba muy aturdida producto de la impresión;
un sentimiento de culpa la estaba carcomiendo por dentro; él estaba a punto de
morir por protegerla; esas dagas iban a matarla a ella no a él; si Sanosuke
moría jamás podría perdonarse. Por suerte, el cristiano tuvo éxito al contener
la hemorragia y logró cerrar la herida; claro que tuvo que aplicar mucho calor y
los gritos de dolor del luchador no se hicieron esperar. Sin embargo, lo que
importaba era que su vida ya no corría peligro y que pronto se repondría por
completo.
Shougo:
Bien, hay que dejarlo descansar; esperemos que recobre la consciencia para nos
diga que pasó aquí.
Sayo
(llorando): Lo hizo para
salvarme, niichan. Él y yo estábamos
hablando y de repente se lanzó sobre mí, cuando logré reaccionar ya estaba
inconsciente y tenía varias dagas clavadas en su espalda; sin duda alguna yo era
el blanco de esos seres. Todo esto pasó por mi culpa.
Kaoru (tratando
de consolarla): Cálmate, todo
terminó; él estará bien y nada de esto fue tu culpa; tú no le dijiste a nadie
que te atacara; no debes sentirte mal por eso.
Okina (mostrando
las dagas): Estas dagas
causaron todo, las retiré de la espalda de Sanosuke cuando lo
atendí.
Shougo: Ya
veo.................................no cabe duda que fue un atentado; sin duda
alguna fueron miembros de esa sociedad, ya deben estar enterados de nuestros
movimientos y desean amedrentarnos; en especial a mí, pues si esas dagas se
dirigían a mi hermana, sin duda alguna ese ataque fue un mensaje para
mí.
Aoshi: Con
esta gente no se puede jugar, este asunto es muy serio. Esos seres están
dispuestos a todo con tal de llevar a cabo sus planes.
Shouzo:
Oigan chicos; ¿Y Misanagi?. ¿Dónde se ha metido?.
Misao: No
lo sé, pensé que venía detrás de nosotros. Juraría que entró con nosotros al
Aoia.
Shougo: Esto
es muy raro, tal vez se perdió, mejor la busco. (Pensando): ¡Yappai!. Esa mujer está ocultando algo y
será mejor que averigüe de qué se trata antes de que sea demasiado
tarde.
************
En la oscuridad
de la noche, una frágil figura se mueve por entre los callejones de Kyoto. Se
sobresalta ante cualquier sonido; días antes había recibido una carta de alguien
que se había marchado sin despedirse y que marcó su vida al demostrarle que las
cosas pueden resultar si se lucha por alcanzar los objetivos. ¡A pesar de las
pérdidas!. En esa carta, le pedían que fuese a Kyoto y que cuidase sus espaldas,
pues uno de los caballeros negros con más poder, Melders, no había muerto y
buscaba vengarse. Esa carta estaba firmada por ¡Snyder!. Misanagi apresuró el
paso al percibir que la seguían y no era su imaginación que la engañaba, sino su
instinto de supervivencia. Fatalmente, el cielo se iluminó a causa de un
relámpago, cegándola por unos instantes, momento en el cual los perseguidores
atinaron a herirla en una pierna, antes de que su agilidad le permitiese
colocarse a distancia segura, al verla herida sus atacantes se
acercaron.
Misanagi:
¿Quiénes son?. ¿Qué buscan?. ¿Qué quieren de mí?.
???:
¿Dónde está Snyder?. ¿Dónde se esconde esa rata?.
Misanagi: En
Alemania, según sé, preso.
???: No
nos engañas, sabemos que vas a buscarlo, porque de otra forma no estarías en la
calle en una noche como ésta. Será mejor que cooperes, de lo contrario vamos a
tener que enseñarte algunos de nuestros métodos más dolorosos para sacar
confesiones.
Uno de ellos se
acercó, era el más alto de todos, estaba cubierto con una capa negra y un
sombrero de paja que ocultaba la mitad de su rostro; el hombro rió
maliciosamente y tomó el mentón de la mujer para susurrarle al oído unas
palabras.
???1:
Sabemos que llegó al Japón hace un mes, y es hasta ahora que te busca, dinos
¿DÓNDE ESTÁ?. No trates de pasarte de lista con nosotros o lo
lamentarás.
El hombre hizo
un movimiento brusco, lanzando a Misanagi contra el piso, la herida sangró más y
poco a poco le restó consciencia a la chica. Con mucho esfuerzo, pudo notar una
figura que no había visto antes, más alta que sus agresores, caminaba lentamente
detrás de ellos sin hacerse notar, como si flotara; de repente, un haz de luz
emergió de su cintura zigzagueando de izquierda a derecha; y, a su paso uno a
uno iban cayendo tras de él los que la habían atacado. Sin percatarse como, ni
en que momento, la figura apareció frente a ella, enfrentando al
líder:
???2 (sonriendo
irónico): No es honroso
enfrentar a un oponente caído y mucho menos aprovecharse de eso para tomar
ventaja.
???1:
¿Quién eres tú?. Será mejor que dejes de meterte donde no te llaman y que
largues de aquí.
???2: Un
buen cristiano, nada más; puedes considerarme alguien que quiere ayudar a su
prójimo. Ya sabes, eso de "amaos los unos a los otros".
???1: Esto
no es asunto tuyo; si no te marchas ahora mismo morirás.
Debido a que una
vez le prometió a alguien, que al igual que él, no volvería a usar su espada
para asesinar, observó el cielo y en el justo instante en que un relámpago
iluminaba el sitio como si el sol hubiese nacido y muerto en un segundo, tomó a
la chica y salió de ahí, sin dar siquiera oportunidad a los otros de
respirar.
Misanagi
despertó sobresaltada, con sudor en sus sienes y el corazón palpitante como
después de una larga carrera. Después de que se normalizara su respiración, se
percató de estar en una habitación con mucha claridad; al fondo, escuchaba unas
voces que la aturdían por lo que decidió levantarse para ver dónde se
encontraba; luego de dar algunos pasos pudo ver a Kaoru, Yahiko y los demás. Sin
embargo, había algo que la intrigaba; en la noche, aún semiconsciente pudo
reconocer la técnica Kendo de quien la ayudó, pero definitivamente no era
Kenshin Himura, pero ¿Quién era entonces?.
???2 (sin
voltear a mirarla): Veo que ya
estás mejor; eres muy fuerte, una persona común no se habría puesto de pie tan
pronto.
Misanagi (sin
hacer mucho caso a lo que acababa de escuchar): ¿Fuiste tú
quien me salvó?.
???2:
¿Acaso importa?. El punto es que estás con vida; deberías agradecérmelo en lugar
de hacerme un interrogatorio; además, tal y como están las cosas eres tú quien
tiene muchas cosas que aclarar.
Misanagi:
¡Responde!. ¿Tú me salvaste?.
???2:
Vaya, ahora resultaste impositiva; bien, si tanto te interesa; sí, fui yo. No
obstante, veo que hay mucho detrás de esas ansias de ayudarnos mi querida
Misanagi; pero luego ha hablaremos al respecto; por ahora debes descansar, tu
herida no es muy grave pero necesita reposo.
Al decir la
última frase, el sujeto se colocó frente a ella y Misanagi pudo darse cuenta que
su salvador no era otro que Shougo Amakusa; luego de mirarla por breves
instantes, el Samurai salió de la habitación y dejó a la Ninja con mucha
confusión en su mente.
¿Qué pasará
ahora?. No deje de ver el próximo capítulo.