The Black Dragon Society

 

 

The Black Dragon Society

by Shougo Amakusa & Misanagi

Capítulo 7

 

"Un Prematuro Adiós"

 

La habitación estaba en silencio, una vela le daba una tenue iluminación al lugar; el ambiente era muy triste y no era para menos; allí estaba una persona herida en proceso de recuperación; una mujer estaba a su lado en todo momento y puedo notar que en un momento, el convaleciente abrió los ojos.

Sayo (exaltada): ¡Sanosuke!.

Sano (aún sin incorporarse del todo): ¿Dónde estoy?. ¿Sayo?.

El guerrero estaba un poco aturdido, pero aún así trató de levantarse; en ese momento sintió una mano que lo detenía, lo que lo obligó a levantar su rostro e indagar la identidad de la persona que estaba con él.

Sayo (sonriendo): Estás muy débil y debes descansar.

Sano: ¿Qué pasó?. ¿Por qué estoy aquí?.

Sayo: Te hirieron en la espalda con unas dagas y mi hermano logró detener la hemorragia; pero dijo que debías descansar.

Sano (riendo un poco y luego quejándose de dolor): Ya recuerdo, creo que fueron muy inoportunos esos sujetos. ¡Ay!. ¡Demonios!.

Sayo: No tienes porqué decir esas cosas, no es para tanto.

Sano: Gracias por quedarte conmigo; de verdad te lo agradezco.

Sayo: No tienes que darlas, tú me salvaste la vida, era lo menos que debía hacer.

Sano: ¿Lo hiciste sólo por eso?. ¿Sólo por agradecimiento?. Vaya, creo que no era lo que esperaba.

Sayo: Creo que no es el mejor momento para discutir mis motivos.

Sano: Al contrario, dudo que tengamos uno mejor.

Los dos se miraron fijamente en silencio; aún no reconocían ese lazo invisible que los unía y que jamás los dejaría; el hombre extendió su mano y tomó la de ella lo que hizo que la mujer se sonrojara por completo; aunque lo negara, aunque tratara de evitarlo estaba cayendo en las redes del amor. Pronto la chica estalló en llanto.

Sayo (llorando): Pensé que ibas a morir, pensé que te perdería para siempre; no quiero perderte, no ahora, Sanosuke.

Sano (tomando con una mano el rostro de la mujer): Yo tampoco lo deseo...................................Cuando te llevaba en mi espalda, quería correr mucho más rápido de lo que lo hacía y todo por ti, porque no quería dejarte morir; no sé que está pasando en mí, pero nunca había sentido por alguien lo que siento por ti, te necesito, este año no hice otra cosa que pensarte y maldecir al gobierno por separarnos. Ahora te tengo a mi lado y eso ya me hace inmensamente feliz.

Sayo (sin poder contener su nerviosismo): ¡Sanosuke!. Yo...............................no sé qué decir..................................Cuando te conocí poco a poco empecé a sentir cosas que nunca había sentido; no sé qué me está pasando, esto es muy confuso y difícil para mí; lo que me sucede no está bien, esto no............................

En ese momento Sanosuke, con mucha suavidad, acercó a Sayo hacia él y la besó; fue un beso tierno, un beso de dos seres que se amaron desde siempre y que el destino los separó para luego unirlos; los dos se entregaron por completo en ese beso; el guerrero jamás había creído en ese sentimiento y hasta se burlaba de él y ahora era uno de sus tantos prisioneros; la mujer dejó a un lado su fuerte doctrina religiosa y toda las coerciones que ella implicaba para darse toda en ese acto de amor.

Sano (mirándola a los ojos): Te amo, Sayo. No puedo decir otra cosa; eres todo en mi vida, desde que te vi, no pude sacarte de mi mente............................................(sonriendo burlón): creo que el amor no es tan ridículo como pensaba.

Sayo (riendo): Siempre con ese humor, ¿Verdad?. (Tornándose seria): Yo.......................yo también te amo, Sanosuke. Por mucho tiempo traté de luchar contra esto, pero jamás pudo olvidarte y ahora estoy segura de que jamás lo haré; tú significas demasiado para mí y es hora de que empiece a aceptarlo.

Los dos se abrazaron con una fuerza muy grande, era como si quisieran fusionarse y volver un solo ser; sin embargo, el guerrero no estaba en buenas condiciones aún; se encontraba muy débil y pronto se resintió un poco por lo que la mujer le pidió que se acostara. Él poco a poco se fue entregando al sueño, sólo que ahora estaba en los brazos del amor de su vida.

************

Dos personas caminaban sigilosamente por el bosque, la densa neblina les reducía la visibilidad y esto trajo como consecuencia que aminoraran su paso; no podían cometer errores pues podría ser fatal; de pronto, la mujer detectó a varias personas que los estaban siguiendo y decidió alertar a su compañero.

Misanagi (tomándolo del brazo): ¡Nos siguen!. ¡Vamos, corre!.

La mujer trató de aumentar el ritmo de la marcha, pero sintió cómo la mano que sostenía se iba zafando del agarre y que la persona que estaba a su lado perdía las fuerzas y caía irremediablemente al suelo.

Misanagi: ¡¡¡¡¡Snyder!!!!!.

Ciega de ira, lanzó unos shurikens contra los árboles: la mujer no tenía un blanco definido y decidió que atacar a cualquier lado era una buena estrategia, instantes después sólo llegó a escuchar un gemido ahogado por los ruidos de la noche, la niebla seguía siendo su peor enemigo y gracias a ella, Misanagi no podía tener el control de la situación. Snyder yacía en el suelo, ahogado en su propia sangre, pues una daga le había atravesado el pulmón. Sacando fuerzas de donde no tenía, lo levantó y como pudo lo llevó hasta el Aoia; por suerte, sus atacantes se habían retirado o tal vez habrían resultado heridos en su ataque desesperado. Sea como sea, la mujer ya no tenía una amenaza sobre sus espaldas y se dedicó a llevar a su compañero herido hasta la base de los Onni con la esperanza de que allá lo pudieran ayudar. Shougo divisó a lo lejos una silueta y fue a ver qué ocurría; pronto se encontró con la Ninja y en su espalda el hombre con quien ya había tenido un encuentro no muy agradable. El Samurai corrió en su ayuda, al ver al alemán herido y fue él quien lo llevó al interior del lugar.

Shougo: ¿Qué sucedió?. ¿Cómo pudo pasar esto?.

Misanagi (desesperada): Shougo, ayúdalo, por favor. ¡Es mi culpa!. Otra vez. ¡Sólo mi culpa!. Si tan sólo lo hubiese escuchado, ¡Demonios!. Sólo sirvo para dañar a las personas que están cerca de mí.

Shougo se arrodilló al lado del hombre y revisó la herida; luego se puso de pie y le dijo a Misanagi que no había nada que hacer, la incisión era demasiado profunda y Snyder ya había perdido mucha sangre. Pronto llegaron Shouzo y Misao con unas mantas limpias; Amakusa las tomó y como pudo intentó contener la hemorragia y trató de hacer sentir un poco más cómodo al herido. Misanagi se dejó caer al lado del alemán y abrazó su cuerpo casi sin vida; las lágrimas corrían por su cara y con uno de sus puños golpeaba incesantemente el suelo. Momentos después se hicieron presente Kaoru y Sayo; toda la atmósfera era desoladora y deprimente; ninguno de los presentes dijo nada y sólo se escuchaban los sollozos de la mujer que estaba en el suelo; pronto, toda la agonía se vio interrumpida por los intentos de Snyder para poder hablar.

Snyder (en medio de ataques de tos): Mi........................Misanagi......................¿Eres tú?.

Misanagi (aún llorando): Todo esto es sólo mi culpa, tú me advertiste, pero no te escuché, yo soy la responsable; yo soy la que merezco estar herida, no tú.

Snyder (agonizante): N...............n............no, por favor, no te culpes de nada y déjame hablar, Mel.............Melders está vivo y ahora trabaja con una nueva organización acá en Japón............................él quiere vengarse de todos y en especial de ti...............................debes evitarlo y debes cuidarte de él.........................Yo me voy tranquilo, ya cumplí con mi obligación de avisarte..............................lo que lamento es no poder quedarme contigo........................Te amo................

Todos sintieron pena por el hombre que se había ido y por la mujer que estaba a su lado; Sayo imaginó a Sano en el lugar de aquel hombre y el terror se apoderó de su ser; ella no sería capaz de soportar esa pérdida. Kaoru y Misao también pasaron por lo mismo; era demasiado doloroso el perder a un ser querido y mucho más si se trataba de la persona amada. Lo que nadie sabía era que la Ninja lloraba más por culpa que por amor; ella no se perdonaba el haber llevado a Snyder a la muerte, una vez más la gente que confiaba en ella se veía defraudada por sus malas decisiones. Pronto, Sayo se sentó a su lado y Misanagi al ver ese gesto de bondad de la otra mujer se recostó de su regazo; en ese momento necesitaba de algún apoyo y la cristiana se lo había brindado.

Misanagi: ¿Por qué él y no yo?. ¿Por qué siempre las personas que me quieren tienen que sufrir?. ¿Doishite?.

Shougo, quien veía la escena en aparente calma, por dentro, sentía la enorme necesidad de consolar esa alma destruida, pero esa demostración de sentimientos no hubiera estado acorde con su carácter, por ello le alegró mucho que su hermana pudiera suplantarlo en ese instante. Al día siguiente él, junto a Shouzo, acompañó a Misanagi a entregar el cuerpo de Snyder a las autoridades para que le fuera enviado a su país natal. La Ninja, ya no derramaba una sola lágrima, pero tampoco pronunciaba palabra alguna. El Samurai podía ver en sus ojos los sentimientos de ira y deseos de venganza que oprimían su corazón. Esos sentimientos era bien conocidos por él como para que pasaran desapercibidos. Era evidente que la desconfianza que el cristiano le tenía había desaparecido por completo; estaba conmovido por su dolor y deseaba ayudarla en lo que pudiera para hacerla sentir mejor.

************

Shougo revisaba con detenimiento las heridas de Sanosuke; las mismas habían sanado estupendamente, pero aún no cerraban del todo; una vez que concluyó su examen, el cristiano se puso de pie y le dio ciertas indicaciones al otro.

Shougo: Ya puedes estar de pie, pero trata de no hacer movimientos muy bruscos de lo contrario las heridas volverán a abrirse. ¿Wakarimasu ka?

Sano (irónico): Wakarimasu. ¡Que suerte la mía!. ¿Por cuántos días más debo portarme como una niña?.

Sayo (enfadada): ¡Sano!, ¿No entiendes que es por tu bien?.

Shougo (saliendo de la habitación): Dos días por lo menos; pero, a mí me tiene sin cuidado si quieres irte al infierno antes de tiempo, yo sólo cumplo con avisarte, si deseas morir es tu problema, pero ni siquiera te atrevas a buscarme para que te ayude.

Sanosuke se sorprendió ante las palabras del otro; era evidente que no le tenía ningún aprecio y no se preocupaba en ocultarlo; el guerrero sólo había hecho un comentario gracioso para tratar de romper el hielo que había, pero aparentemente lejos de cumplir su cometido puso al Samurai más en su contra.

Sano: ¿Qué le pasa a tu hermano?. Es demasiado obstinado; yo no pretendí burlarme de él para que se haya tomado mi comentario tan en serio; fue sólo una broma.

Sayo (casi para sí misma): No lo sé; la verdad no sé por qué está así.

************

Misao y Misanagi entrenaban para tratar de olvidarse un poco de todo lo que había sucedido en esos días; ambas se movían con una agilidad abrumadora cuando de pronto, Misanagi se colocó detrás de Misao y sin medirlo, colocó una de sus dagas en la garganta de su rival. Aoshi, quien observaba el ejercicio, se levantó sobresaltado y lanzó un grito en dirección a la líder Sanada.

Aoshi: ¡¡¡¡Misao!!!. ¡Misanagi suéltala!. ¿Qué demonios estás haciendo?. ¿Deseas matarla?.

Aoshi se disponía a atacar a la Ninja mayor; pero Misao, aún cuando estaba aturdida por la situación, lo detuvo con un gesto de su mano; al tiempo que, con una voz casi imperceptible, se dirigió a su atacante compañera.

Misao (midiendo cada palabra): Misanagi, es un entrenamiento, por favor, suéltame.

La líder Sanada estaba con la mirada perdida en un punto en el infinito, la mujer se hallaba en una especie de trance y sólo respiraba jadeante. Permaneció callada y sin moverse por algún tiempo cuando, repentinamente, sintió como un fuerte jalón la separaba de Misao. La Onni cayó al piso y Aoshi la sostuvo antes de que golpeara el suelo; entretanto Shougo, que con su rapidez logró separarlas antes de que el percance llegase a mayores, se puso frente a Misanagi; y, sin que ésta lo esperara, le dio una bofetada

Shougo (muy enojado): Si lo único que vas a hacer es causarnos problemas, es mejor que te vayas. ¿Qué pretendías hacer?. ¿Matarla?. ¿Te has vuelto loca?. Ella no tiene la culpa de nada de lo que ha pasado.

Misanagi (llevando su mano izquierda a la mejilla golpeada): Pero ¿Cómo te atreves a golpearme?. ¿Olvidas quién soy?. Puedo hacer que mueras más rápido de lo que imaginas.

Shougo (mirándola fijamente a los ojos): ¿Mandarás a los Sanada tras de mí?. Puedes hacerlo, pero entonces te quedarás sin dirigidos; clavaré la cabeza de todo el que me busque en una estaca y te la enviaré sistemáticamente. No acepto amenazas de nadie y si te golpeé fue porque lo estabas necesitando (Dejando de lado la dureza): Tienes que reaccionar, no eres la única que ha perdido una persona querida en la vida. Si quieres quedarte con nosotros y ayudarnos, tienes que enterrar tus sentimientos y canalizar esa rabia a favor de nuestros objetivos y no contra nosotros. ¿Te diste cuenta de que casi matas a Misao?. ¿Has pensado lo que hubiese pasado?. Ni siquiera cuatro clanes Sanada te habrían salvado de tu destino. Si a pesar de todo, eres lo suficientemente orgullosa y engreída como para hablar con amenazas será mejor que no estés aquí; la base de nuestra unión es la confianza, no el miedo. Es tu decisión.

La mujer bajó un poco a la cabeza y dirigió su mirada hacia donde estaban Aoshi y Misao; se sentía apenada por lo que acababa de hacer y a pesar de la dureza de Shougo, no podía negar la razón que había en esas palabras; ninguno de ellos tenía la culpa de la muerte de Snyder; si existía un culpable era ella misma. La ninja se acercó a la líder de los Onniwa Banshu y comenzó a buscar las palabras adecuadas para ese momento.

Misanagi: Gomen nasai, no volverá a pasar; creo que me dejé llevar por cosas totalmente ajenas a nosotros; espero me disculpes y deseo que sepas que no fue nada personal. Si aún lo deseas podemos continuar.

Misao buscó lo meditó un poco y Aoshi le hizo saber que no había problema; las dos Ninjas reanudaron la práctica y esta vez no hubo mayores inconvenientes.

************

Kenshin y los demás se decidieron a ingresar al lugar que les había sido señalado como una de las bases de operaciones de la Sociedad; el sitio estaba sumido en la oscuridad y parecía desierto. Pronto Saito y los otros habían revisado las instalaciones y no había nada que indicara presencia de la Sociedad o la presencia de alguien; la confusión se apoderó de todos pues al parecer habían seguido una pista falsa; fue entonces cuando Soujiro lanzó una exclamación y cuando los demás fueron al lugar en donde estaba el joven Samurai pudieron ver una pequeña puerta en el suelo; la cual era casi imperceptible; la misma estaba abierta y unas escaleras podían ser observadas. Todos se vieron las caras pues sabían que estaba yendo directo a una trampa, pero no había alternativa; Soujiro bajó primero y los demás lo siguieron; el sótano en que se hallaban tenía una escasa iluminación y apenas podían distinguirse las cosas que allí estaban; súbitamente todo el lugar se iluminó y cuatro personas se colocaron frente a ellos.

???: Somos los 4 caballeros de la muerte y los mandaremos al infierno.

Saito (con su sonrisa de siempre): Eso quiero verlo.

Los enemigos eran de aspecto extranjero; uno usaba dos espadas, otro usaba dos dagas, un tercero utilizaba una sola espada y el cuarto empleaba un bastón de hierro con una daga en cada extremo.

Soujiro (sonriendo): Buenas armas, ¿Saben usarlas?. Espero que sí porque necesitarán hacerlo.

???: Nos presentaremos, para que sepan quién la identidad de las personas que los matarán. Soy Dave y uso dos espadas; mi amigo que usa dos dagas se llama Gerald; el de la espada es John y el del bastón es Duncan. Bien, ahora que ha terminado la cortesía será mejor que terminemos con esto rápido, tenemos otras cosas que hacer.

¿Por qué Shougo se comporta de esa forma tan extraña?. ¿Qué pasará con Misanagi?. ¿Cuál será el desenlace de la batalla en Nagasaki?. No se pierda el próximo capítulo.