The Black Dragon Society

The Black Dragon Society

by Shougo Amakusa & Misanagi

Capítulo 8

 

"Una Batalla Complicada"

 

En el sótano que servía como cuartel fachada para la Sociedad del Dragón Negro se desarrollaba una batalla entre los cuatro guerreros que estaban de parte del gobierno Meiji y los caballeros de la muerte. Kenshin y los demás estaban pasando por momentos difíciles porque sus adversarios eran verdaderos expertos.

Soujiro (sonriendo): Eres bueno, no se puede negar.

John: Te borraré esa sonrisa del rostro, pequeño come arroz.

John ya le había causado varias heridas en el cuerpo a Soujiro y no había recibido ninguna. El europeo era capaz de leer todos los movimientos de su rival, se anteponía a los mismos y contraatacaba sin piedad. El joven Samurai aún no encontraba la forma de llevar el combate a su favor y sólo se dedicaba a permanecer con vida.

John: Vas a lamentar haber nacido; ¡Te enviaré al infierno!.

Soujiro: No debería cantar victoria aún; la pelea apenas se ha iniciado.

Soujiro decidió aumentar su velocidad empleando el Shukushi; esto tomó por sorpresa a su rival quien no se esperaba algo como eso; el Samurai logró por fin balancear un poco la situación y ahora las heridas existían en ambos luchadores.

John (pensando): Vaya, así que ha decidido usar el Shukushi, creo que me divertiré un poco. (En voz baja, pero con la intención de que Soujiro escuchara): ¡Es muy veloz!. ¡No puedo verlo!.

Las palabras pronunciadas por el europeo agradaron al Samurai, quien una vez más decidió atacar; el japonés apareció por la espalda de su oponente, pero en ese momento sintió el helado filo de una espada surcando su pecho; Soujiro fue lanzado lejos por la inercia del golpe y cuando estaba en el suelo se dio cuenta que su ataque había sido superado.

Soujiro (incrédulo): ¡Vio mi ataque!. ¡Masaka!.

John (divertido): ¿Es ese el Shukushi?. ¡Qué decepción!. Esperaba algo más asombroso, había escuchado mucho acerca de esa velocidad, pero ahora me doy cuenta que es sólo basura al igual que tú.

Soujiro: ¿Cómo has podido verlo?. ¿Cómo pudiste adelantarte a mi golpe?.

John: ¿Te sorprende que lo evadiera?. Vaya que eres patético. Fue sencillo, te movías tan lento que te seguí en todo tu recorrido. ¿Quieres ver verdadera velocidad?. Con gusto te daré una pequeña demostración.

El europeo desapareció y apareció frente a Soujiro; lo siguiente que se escuchó fue el silbido de un sable y una nueva herida se abrió en el pecho del Samurai quien de nuevo se vio volando por los aires para caer aparatosamente unos metros más atrás.

Soujiro (pensando): ¡Increíble!. No pude ver su movimiento. ¿Quién demonios es ese sujeto?.

John: Bien, puedes despedirte, ha llegado la hora de tu partida.

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El lugar era enorme y las cuatro batalla se desarrollaban en él con entera libertad; el guerrero conocido como "cabeza de escoba" se las veía negras ante su oponente; el sujeto era bastante hábil y Cho no tenía oportunidades claras para ganar esa pelea.

Gerald: Jamás vi a alguien tan idiota como Guerrero.

Cho: ¡Acabaré contigo!.

Gerald: Es la cuarta vez que me lo dices y sólo consigues que te golpee más. ¿Eres masoquista o de verdad eres descerebrado?.

Cho: ¡Te haré callar la boca!.

Cho usó su espada flexible y atacó a Gerald, el golpe fue muy rápido y sorpresivo, pero el europeo logró evadirlo; rápidamente con sus dagas tomó la espada y con un movimiento excesivamente veloz se la quitó.

Gerald (sonriendo): Buena espada, lástima que el dueño sea un imbécil. Sin embargo, hoy estoy de buen humor y por ello te enseñaré a usarla.

Gerald lanzó el golpe contra Cho con una velocidad endemoniada y luego lo aprisionó con la misma, produciéndole muchas cortaduras; seguidamente haló la espada y con ella a Cho; cuando el japonés estuvo cerca, el europeo le clavó las dagas en las piernas.

Gerald: ¿Lo ves?. Es sencillo, sólo es cosa de tener cerebro y de mucha práctica. Un arma es tan poderosa como el sujeto que la use.

Cho (con mucho dolor): ¡Eres un malnacido!. ¡Pagarás por esto!.

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En otra parte del sótano se llevaba a cabo otra confrontación; los dos estaban analizándose y aún no habían realizado ningún movimiento; la adrenalina se respiraba en esa ala del recinto y pronto la tensión fue rota por unas palabras del europeo.

Duncan (sarcástico): Vaya, vaya, ¿Qué tenemos aquí?. ¿Un policía?. ¿Qué?. ¿Vas a llevarme preso?. ¡Soy inocente!.

Saito: Eres muy arrogante para alguien que está a punto de morir.

Duncan: ¿Tú me acusas de arrogancia?. Vaya, eso sí que es risible mi querido Hajime Saito. Creo que ahora sí lo he visto todo en esta vida.

Saito se colocó en posición para realizar el Gatotsu y Duncan sólo se limitó a observarlo; pronto el policía atacó, pero sin éxito y, luego de fallar el golpe recibió varios ataques de Duncan en la espalda.

Duncan: Espero que esa ataque haya sido una broma; porque sería bochornoso que tus habilidades no den para algo mejor.

Saito: Aún no ves todo de mí. Es cosa de tiempo para que termines muerto.

Duncan: Soy todo ojos mi amigo policía. Me gustaría ver que lo intentaras.

Nuevamente Saito se colocó en la posición del Gatotsu, sólo que su cara mostró un gesto de asombro al ver que su rival hacía lo mismo. No obstante, el policía resolvió atacar de todas formas; para su desgracia, el europeo lo golpeó en la mano y esto provocó que su espada cayera al suelo; acto seguido, Duncan clavó una de las cuchillas de su bastón en la pierna del japonés.

Duncan (irónico): ¿Lo hice bien?. Es que con un maestro tan malo como tú, cuesta mucho aprender las cosas. Tienes suerte de que yo sea un alumno excepcional.

Saito (impasible): Tienes muy buen sentido del humor, pero aún no has ganado esta pelea. No te mofes cuando sólo has logrado hacerme un rasguño; claro que imagino que eso debe significar mucho para ti.

Duncan: Veo que aún tienes fuerzas para seguir con tus sarcasmos; bien, eso me agrada en una persona; tienes espíritu, al menos eso hará que tu muerte pueda ser mencionada como algo que valió la pena hacer.

Saito: Cierra la boca y prepárate para la batalla.

Duncan: Como quieras; admiro el deseo de morir que tienes.

Una vez más el japonés usó su Gatotsu contra su oponente, pero Duncan desapareció antes de que el policía pudiera tocarlo por lo que Saito quedó muy contrariado.

Saito: ¿Adónde se fue?. ¿Dónde te has metido?.

Duncan apareció como una exhalación y le infringió una profunda herida en la espalda al japonés; esta vez el europeo no tenía ánimos de jugar y se había preparado para terminar con todo de una vez por todas.

Duncan: Bien, se acabaron los juegos y las contemplaciones, tu muerte ha llegado.

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En otra zona del recinto se desarrollaba el combate restante; Himura y un sujeto desconocido se preparaban para blandir espadas; los dos estaban frente a frente y fue el extranjero el que habló primero.

Dave: Bien, muéstrame lo que tienes; espero sea algo bueno.

Kenshin: No permitiré que se salgan con la suya.

Dave: Bonitas palabras, pero ¿Por qué no la acompañas con algunos hechos?.

Kenshin: Eres un ser desalmado.

Dave: Eso es obvio; no necesito que me lo digas. Bueno, ya que no quieres atacarme, yo lo haré.

Dave se lanzó contra Himura, pero el Samurai logró evadir todos los ataques con gran facilidad; sin embargo, cuando quiso contraatacar no logró asestar ningún golpe.

Kenshin (pensado): No lo entiendo, sus ataques fueron muy lentos, pero cuando lo ataqué su velocidad se incrementó notablemente, ¿Qué trata de hacer este sujeto?.

Duncan: Vaya, eres bueno, incluso eres mejor que el promedio. Pero no lo suficiente como para derrotarme.

Kenshin: Eso lo veremos. Hiten Mitsurugi Ryu ¡Sou Ryu Sen!.

Kenshin atacó a Dave con la técnica de la espada y la funda pero para sorpresa de Himura, su ataque fue evadido sin ningún problema.

Dave: Muy bueno tu movimiento, pero creo que ahora es mi turno. ¡Earthquake!.

Dave clavó sus dos espadas contra el suelo y produjo un gran movimiento de tierra en dirección al japonés, Kenshin evadió el ataque con cierta facilidad, pero sólo para darse cuenta de que el extranjero ya se había anticipado a ese movimiento y cuando ambos se encontraron en el aire, Himura recibió numerosos ataques de parte del europeo.

Dave: Bien, espero hayas entendido el mensaje; será mejor que te rindas de una buena vez.

Kenshin: ¿Por qué haces esto?. ¿Por qué vienes a inmiscuirte en un país que no es el tuyo?.

Dave: Pronto la Sociedad del Dragón Negro regirá los destinos de todo el Japón; mi deber es ayudarla y destruir a todo aquel que se levante contra ella. Lo que opines al respecto no me interesa en lo más mínimo.

Kenshin: Ahora entiendo, sólo te mueven tus ansias de poder.

Dave: No; hay otra cosa que me motiva aún más.........................me encanta asesinar.

Kenshin (colocándose en la posición Battou): ¡No lo permitiré!. ¡Jamás te lo permitiré!. No dejaré que seres fanáticos y sin piedad como tú controlen al Japón.

Dave (preparando su defensa y colocándose en guardia): Bien, aquí te espero. Ataca cuando gustes.

Kenshin se lanzó contra su rival quien sólo se dedicó a esperarlo; el Samurai decidió usar el Kuzu Ryu Sen para terminar con todo y casi lo logra, pero Dave logró evadir en parte el golpe; sin embargo, el impacto lo debilitó mucho. El japonés no dudó en aprovechar el momento para seguir el ataque y esta vez utilizó el Ryu Kan Sen; el europeo no pudo hacer nada para evadir esa técnica por el estado en que se encontraba y fue lanzado lejos de Himura. Kenshin se lanzó contra su enemigo para darle el golpe final, cuando de pronto se quedó paralizado en medio de su propio asombro.

Dave (muy adolorido): ¿Te gustó mi pequeño truco?. No creas que va a ser tan fácil; ahora te mandaré al infierno.

El extranjero se lanzó para asesinar a Kenshin, pero ese esfuerzo extremo que quiso realizar terminó por volverse en su contra y cayó al suelo en medio del ataque; el hechizo que había lanzado sobre el Samurai se rompió y Himura se acercó a su oponente; Dave se encontraba sumamente debilitado y no tardó que quedar inconsciente.

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Poco a poco, Soujiro lograba igualar las acciones y esto estaba ocasionando que John se dejara llevar por la ira; en cada golpe, en cada movimiento, el japonés siempre estaba por delante y su rival estaba entregado a una gran histeria; esto era aprovechado por el joven Samurai para asegurarse su victoria.

John (visiblemente exaltado): ¡Prepárate para morir!. ¡¡¡¡VAS A MORIR!!!!.

John atacó a Soujiro, pero el Samurai no tuvo muchos problemas en evadir el golpe y clavar su espada en el pecho del extranjero; el japonés se colocó a distancia segura y le dedicó algunas palabras mientras enfundaba su sable.

Soujiro (sonriendo): Nunca te debes dejar llevar por tus emociones, te hacen perder tu sentido de supervivencia y hacen que tu habilidad disminuya.

John poco a poco fue perdiendo sus fuerzas hasta que murió en un charco de sangre. Gerald y Duncan se percataron de las derrotas de sus compañeros y al verse inferiores en número decidieron que la mejor maniobra era la rendición.

Saito (mirándolos con mucha frialdad): Muy bien, han tomado el mejor camino; ahora quiero respuestas. ¿Dónde está su centro de operaciones?.

Duncan: ¿Crees que vamos a decírtelo?. Nunca en esta vida.

Gerald: Ni bajo tortura revelaremos secretos de la Sociedad. Tendrán que matarnos primero.

???: Ya que quieren morir, los complaceré.

Como si vinieran de la nada; unas dagas mataron a Duncan, a Gerald y a Dave; los tres pronto estaban en el suelo sin vida, mientras que Kenshin y los demás se apresuraron a buscar al oculto agresor.

Kenshin: ¿Quién ha hecho esto?. ¡Muéstrate!.

Instantes después ante ellos apareció una figura flotando en el aire como si pudiera caminar en él; la mujer estaba vestida toda de negro y los miraba con verdadero despotismo; una sonrisa cubría su hermoso y delicado rostro y pronto una dulce voz se dejó escuchar en el lugar.

???: Veo que son mejores de lo que pensaba, han vencido a 4 de los mejores guerreros de la sociedad; bien, me quedaría a hablar pero tengo un mensaje que llevar. Además son 4 contra mí, no sería una pelea Justa.

Saito (pasando al frente): Yo pelearé contigo, nadie más intervendrá. Así que no será un combate desleal.

??? (riendo divertida): Creo que no entendiste lo que quise decir; la verdad es que no sería una pelea justa, pero para ustedes. (Tornándose seria): Sólo les diré que no se metan en nuestros planes, nuestra sociedad es más de lo que ustedes puedan pensar; se los digo como un buen consejo, sólo aléjense de nosotros.

La mujer desapareció de la misma forma en que había hecho acto de presencia; todos trataron de seguirle la pista, pero fue inútil; era como si la tierra se la hubiese tragado. Pronto, Saito y los demás estuvieron en la ruta de regreso a Kyoto con ciertos aires de triunfo, pero con muchas dudas por resolver.

Saito: Bien, creo que hemos ganado esta batalla.

Soujiro: Pero la Guerra apenas empieza.

Kenshin: Lo que no me agrada es que vinimos por respuestas y sólo encontramos más preguntas.

Cho: Tal vez los demás allá en Kyoto saben algo que nosotros no; quizás tuvieron mejor suerte.

Kenshin: Tienes razón, además tengo un mal presagio; algo me dice que allá las cosas no están muy bien.

Saito: Pues ya estamos en camino.

Soujiro (sonriendo): Creo que después de todo sí conoceré a ese tal Amakusa.

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Los hermanos Amakusa disfrutaban de una amena plática y pronto la cristiana encontró el momento oportuno para tocar el tema que le interesaba en ese momento.

Sayo: ¿Qué es lo que te sucede neechan?. ¿Has actuado de forma muy extraña estos días y no encuentro un motivo lógico para ello.

Shougo (suspirando resignado): A ti no puedo mentirte; la verdad no sé qué me pasa con ella; es la primera vez que me siento de esta forma.

Sayo: ¿Te refieres a Misanagi?.

Shougo: Hai; no confío en ella, pero hay algo que me hace dudar; algunas veces la veo como una enemiga y otras como una aliada, algunas veces creo odiarla y otras no; es una mezcla de sentimientos que no puedo entender.

Sayo (mirándolo con ternura): Creo que el único que puede descubrir lo que en verdad te pasa con ella eres tú mismo. Debes enfrentarla, es la única forma de salir de esa situación en que estás.

Shougo: Lo sé, pero por ahora es mejor dejar que el tiempo me ayude, tal vez me dé las respuestas que necesito.

Sayo: Ojalá, hermano, ojalá.

¿Qué pasará ahora entre Shougo y Misanagi?. ¿Cuándo encontrarán las respuestas que necesitan nuestros protagonistas?. No se pierda el próximo capítulo