The
Black Dragon Society
by
Shougo Amakusa & Misanagi
Capítulo
9
"El
primer Encuentro de 2 Amores"
ADVERTENCIA:
Este capítulo contiene escenas moderadas de tipo lemon; si lo lees es bajo tu
propia responsabilidad y que conste que te lo estamos advirtiendo; si no sabes
qué es una escena de tipo lemon, te aconsejamos que hagas click aquí. Al inicio del siguiente capítulo, haremos
un resumen editado de éste por si decides no leerlo; gracias.
El
grupo de Kenshin había regresado de su viaje a Nagasaki, con más interrogantes
que respuestas en torno a la Sociedad del Dragón Negro; lo único de lo que
estaban seguros era que no sería fácil vencerlos ya que su semilla de corrupción
se había esparcido como una gota de tinta negra sobre un recipiente de agua
cristalina. Todos deseaban llegar lo más pronto posible a la ciudad de Kyoto
para saber cómo le había ido a sus compañeros allá.
************
Sayo
despertó al escuchar el primer gallo y decidió ver si la cicatrización de las
heridas de Sanosuke había tenido problemas pues ya habían pasado suficientes
días; además, quería verlo antes de que todos despertaran. Le dolía que lo
hubiesen herido por protegerla; pero a la vez, era la excusa perfecta para pasar
más tiempo con él, de otro modo su hermano no se lo hubiese permitido, o por lo
menos no estaría muy conforme que digamos con la situación. Entró en la
habitación, y la tenue luz de la lámpara que encendió le proporcionó al rostro
dormido de Sano un aspecto muy dulce e intensificó el color verde de los ojos de
Sayo, los cuales se habían llenado de lágrimas de ternura. En el momento en que
se acercó a la cama de Sano, éste despertó, la observo por un rato, y colocando
su mano en la mejilla de la mujer le comenzó a hablar.
Sano:
Sabes que no soy creyente, pero quiero darle gracias a tu Dios por haberte
puesto en mi camino. Eres lo mas dulce y hermoso que poseo, no sé que sería de
mi vida si no te tuviera a mi lado....................Ai Shiteru
Sayo.
Sin
dejar que ella pronunciase una sola palabra, rodeó su cintura y la atrajo hacía
él; de una manera muy suave retiró los cabellos que cubrían su rostro, buscó sus
ojos, buscó sus labios y al fin la besó. Fue un beso tierno, cálido y
correspondido. No podía creer que un tipo como él hubiese tenido la suerte de
conseguir a una mujer tan especial. La cristiana se sentía perdida en sus brazos
y deseaba estar con él, pero de pronto sus creencias y la doctrina de su
religión llegó a su mente como dardos venenosos; ella deseaba dar el siguiente
paso, pero su fe cristiana se lo prohibía terminantemente por lo que luego de
una intensa lucha de sentimientos decidió que lo mejor era evitar la tentación y
marcharse del lugar.
Sayo
(algo tímida):
Creo que debo irme.
Sano:
¿Doishite?.
Sayo:
No es correcto que esté acá a solas contigo tanto tiempo; no es lo más adecuado
para nosotros.
Sano
no le respondió con palabras, sólo se acercó a ella y la besó de nuevo; esta vez
acompañó el beso de caricias, las manos del guerrero comenzaron a recorrer el
cuerpo de su amada; Sayo lo notó y trató de hablar, pero él le puso su dedo
índice en la boca y la besó por tercera vez; la mujer sentía escalofríos por
todo el cuerpo, sentía que las manos del hombre la quemaban, era algo que nunca
antes había experimentado y le gustaba, le agradaba esa sensación; poco a poco
las caricias de su amado abarcaban más terreno y eran más intensas; la cristiana
poco a poco perdía el control de la situación y se entregaba a ese fuego del
deseo que la envolvía; ambos comenzaron a respirar de forma entrecortada y una
vez más Sano tomó la iniciativa; con ambas manos le comenzó a quitar la capa
superficial del vestido a Sayo, ella trató de evitarlo unos instantes y trató de
decir algo pero sólo logro que de su boca saliera un leve susurro que decía "por
favor, detente"; palabras que de inmediato se ahogaron en un gemido de placer.
Ni siquiera sabía porqué lo había hecho y ya no le importaba, ella sentía como
el guerrero la iba despojando de sus ropas y sentía el deseo de lanzarse a lo
desconocido; de repente, algo más allá de su comprensión la impulsó a quitarle
el chaleco a él. Pronto Sanosuke había descubierto la parte superior del cuerpo
de su amada y comenzó a besarle el cuello, poco a poco comenzó a bajar hasta sus
senos y comenzó a besarlos; la mujer ya no podía contenerse más, hasta ahora
había luchado contra sí misma pero ya no lo podía seguir haciendo; comenzó a
acariciarlo mientras él seguía con sus juegos; luego, él decidió ir más allá, la
belleza del cuerpo virgen de Sayo lo hechizó, era como una droga de la que no se
puede probar sin querer más; comenzó a quitarle el resto de su ropa y esta vez
la cristiana no hizo nada para evitarlo.
Pronto
ambos se encontraron desnudos y abrazados, los dos estaban entregados a la
pasión y no pensaban en nada más; la joven poco a poco comenzó a gemir de placer
ante las caricias de su enamorado, las cuales también correspondía, y ello le
hacía gemir a él. Ambos habían besado cada parte del cuerpo del otro; cuando ya
no podían aguantar más, Sanosuke decidió llegar al momento cumbre; se colocó
encima de ella y con sumo cuidado y muy despacio intentó hacerla suya; en esos
instantes, las creencias de la mujer aparecieron de nuevo como un fantasma que
llega a enturbiar la alegría de las personas. Sayo detuvo al hombre y le pidió
que por favor terminara todo; el guerrero se hallaba poseído por una especie de
locura desenfrenada y no logró contener las ganas que le quemaban por dentro,
por esa razón hizo caso omiso a la petición de la cristiana e intentó entrar en
ella de nuevo; al principio fue difícil pues ella era virgen y sentía algo de
dolor, pero no pasó mucho tiempo antes de que lo lograra, justo en ese instante
la joven intentó gritar, pero él alcanzó a taparle la boca justo a tiempo.
Sanosuke comenzó a balancearse sobre ella con mucha suavidad y delicadeza, pues
la fragilidad que le inspiraba la mujer así lo exigía; en cada embestida Sayo no
podía evitar gemir y de vez en cuando alcanzaba a decirle un "te amo", a lo cual
él le contestaba con mucha ternura; los besos siguieron, al igual que las
caricias; ambos parecían un solo ser; Sano no podía creer que estaba haciendo
suya a esa mujer, a ese ángel que bajó del cielo para enamorarlo; nunca había
sentido nada parecido por alguien antes, ella había cambiado su vida y ahora lo
hacía una vez más. La cristiana; había decidido dejar sus creencias de lado y
entregarse a lo que sentía en ese momento; al fin y al cabo ellos sólo se
estaban demostrando el amor que se tenían y no podía haber nada malo en eso;
ahora era su mujer y no se sentía mal de serlo. En poco tiempo se alcanzó el
momento cumbre de la relación, primero fue ella y luego él, era el premio
merecido por todo lo que habían hecho; cuando terminaron, el se colocó debajo de
ella y ella se acostó sobre él; lentamente ambos comenzaron a regresar a la
realidad de donde habían escapado para entregarse mutuamente al sentimiento que
los unía.
Sayo
(sintiendo el peso del pecado que acababa de cometer):
Sanosuke; la verdad no sé cómo pasó esto; no sé cómo pudo ocurrir; esto nunca
debió suceder. ¿Qué he
hecho?.......................................Definitivamente no estuvo bien; al
menos no para mí.
Sano
(muy dolido):
¿Te arrepientes de que haya sucedido?. ¿Te arrepientes de lo que acaba de pasar
entre nosotros?. ¿Tanto de avergüenza ser mi
mujer?...................................Por favor, se honesta.
Sayo
sabía que responder esa pregunta traería como consecuencia muchas cosas y no
sabía si estaba preparada para ello por lo que decidió callar; ese gesto le
dolió mucho a Sanosuke, quien lo entendió como un "Sí".
Sano
(destrozado por dentro):
Creo que debes vestirte, en realidad no deberías estar aquí; lamento que todo
esto haya sucedido, creo que me aproveché del momento. Fui poco menos que un
animal en celo, jamás me perdonaré el haberte avergonzado de esta forma; sólo te
puedo decir que lo lamento enormemente.
Sayo
iba a decirle que no, que no se arrepentía, pero no pudo, su religión pudo más
esta vez; decidió vestirse y salir de la habitación a toda prisa; al hacerlo fue
a la suya y cuando llegó comenzó a llorar, eran demasiadas cosas juntas para
ella y no podía resistirlas; era la alegría de lo que había hecho y de ser la
mujer de Sanosuke y estaba la culpa por esa misma razón, sólo le quedó llorar y
llorar. Mientras tanto en el cuarto de Sano, él se acostó boca arriba,
sintiéndose como el peor de los hombres por haberle robado la inocencia y por
haberse aprovechado de ella.
************
Kenshin
y los demás llegaron al Aoia y todos estuvieron alegres de verlos de nuevo con
bien; la verdad estaban preocupados por ellos y ahora que los veían sanos y
salvos podían respirar más tranquilos; obviamente que todos decidieron reunirse
para intercambiar información y experiencias.
Kenshin:
Bien, por lo que se ve nos perdimos de mucho, supe que fueron atacados. ¿Cómo
sigues de la herida Sanosuke?.
Sano:
Bien, estoy bastante mejor y creo que en pocos días estaré al 100%.
Shougo:
Ustedes también tuvieron algo de acción por lo que puedo percibir.
Cho:
Tuvimos un enfrentamiento con varios de ellos, pero logramos salir
airosos.
Lo
siguiente en la conversación fueron los detalles de la emboscada que les habían
tendido en aquel sótano, los detalles de cada una de las peleas y no podía
faltar la narración de la forma tan inesperada en que todo terminó. Luego, Saito
y los otros se enteraron de las partidas clandestinas de Misanagi y del
desenlace fatal de toda esa aventura.
Saito:
Esa gente está muy bien organizada; sin duda no deseaban que los sobrevivientes
pudieran ser interrogados. Sin mencionar la forma en que silenciaron al
alemán.
Misao:
Es lo más seguro; ellos tienen un círculo muy cerrado, ni siquiera nosotros
podemos encontrar información de ellos.
Soujiro:
Yo pensé que íbamos a enfrentar a esa Sociedad; y, hasta ahora, lo que hemos
hecho es defendernos de sus ataques.
Aoshi:
Ellos sólo están jugando con nosotros, desean saber hasta dónde podemos
llegar.
Saito
(poniéndose de pie):
Regresaré al cuartel de policía para ver si consigo alguna información
adicional. ¡Vamos Cho!.
Cho:
Hai.
Saito:
Volveremos mañana para decidir de una vez qué haremos.
Aoshi:
Bien, creo que no ganaremos nada estando acá en estos momentos; yo volveré al
templo pues necesito descansar; si deseas venir puedes hacerlo
Soujiro.
Soujiro
(sonriendo):
No es mala idea Shinomori-san, tomaré su palabra y lo
acompañaré.
Shouzo
(saliendo del lugar): Esta
noche me corresponde el primer turno de guardia y será mejor que vaya a
cumplirlo de una vez.
Kenshin:
Yo te relevaré y tomaré el 2º turno.
Shouzo:
Domo Kenshin-san.
Shougo:
Yo por mi parte deseo descansar porque estos días han sido algo agitados; nos
vemos mañana.
Misanagi:
Yo también iré a dormir.
Cada
uno de los presentes se retiró a sus aposentos porque en esos momentos
necesitaban un descanso con urgencia; todos habían vivido días llenos de gran
tensión y una horas de sueño surgían como una posibilidad caída del
cielo.
************
Una
figura ingresó a una habitación con mucha timidez; la mujer trató de no hacer
ruido pues no deseaba molestar al ocupante de la misma. Para sorpresa de la
cristiana, el hombre se encontraba despierto y ya estaba incorporado en el
cuarto.
Sano
(inexpresivo):
No deberías estar aquí, Sayo. No creo que sea conveniente.
Sayo
(cabizbaja):
Sólo vine a ver tus heridas; estaba preocupada.
Sano
(con voz serena):
Yo ya les di un vistazo cuando desperté y están bien así que no tienes nada que
hacer acá.
Sayo
(con cierta vehemencia):
¡Trata de entenderme Sanosuke!. Esto no es fácil para mí.
Sano:
Eso hago; y por esa razón te digo que no quiero que estés aquí; lo de ayer no
debió pasar, eso fue un grave error del que toda la responsabilidad es mía por
aprovecharme de ti; nuevamente te pido disculpas por ello; fui un verdadero
canalla contigo y hasta me siento un traidor.
Las
palabras de Sanosuke le hicieron mucho daño a Sayo, pero no podía hacer ningún
reclamo; ella tenía la culpa de esa actitud por no decirle la verdad, por
ocultar que no se arrepentía de nada, que ese fue el momento más feliz de su
vida y que estaba orgullosa de ser su mujer; no obstante, le aterraba las
consecuencias de hacerlo, eso iba a abrir una caja de pandora que la intimidaba.
Una vez más miró a los ojos a su amado y comprendió que si salía de la
habitación en silencio marcaría el fin de la relación que apenas comenzaba a
florecer entre ellos; la mujer no soportó la idea de perderlo simplemente por
tener miedo y, luego de armarse de valor, decidió contarle toda la
verdad.
Sayo
(respirando profundamente):
Antes de irme quiero que sepas algo.
Sano
(muy serio):
Te escucho.
En
ese instante, una espada cortó el panel que dividía la habitación y tres sujetos
aparecieron de la nada. Dos de ellos, a una velocidad imperceptible, tomaron a
Sano y lo colocaron boca abajo, ejerciendo presión con sus rodillas sobre su
espalda herida la cual comenzó a sangrar nuevamente. El tercero logró atrapar a
Sayo, mientras trataba de escapar de la habitación gateando. El desconocido le
tapó la boca y le sostuvo los dos brazos atrás de la espalda, lo cual le hacía
daño a la mujer por lo que podía verse en la expresión de su rostro. Uno de los
que sujetaban a Sano, acercó su rostro al oído del guerrero para decirle una
palabras en voz baja.
???:
Le advertimos que no se entrometieran. El precio que pagarán por haberlo hecho
será muy alto. Despídete de la chica.
Una
vez dicho esto, el sujeto golpeó a Sano con la vaina de una espada y este cayó
inconsciente. Ya fuera de la casa y apunto de desaparecer en la oscuridad de la
noche, Sayo logró liberar su boca de la mano que la silenciaba y pudo emitir un
grito pidiendo ayuda.
Sayo
(gritando):
¡¡¡¡Sanosuke!!!!.
El
grito desesperado llegó a oídos de su hermano, quien inmediatamente se levantó y
encontró a Sano desmayado en el suelo y con los vendajes de su espalda teñidos
de sangre. El cristiano trató desesperadamente de hacerlo reaccionar, pero su
esfuerzo fue en balde; mientras lo hacía, Kenshin llegó a la habitación junto
con Aoshi, quien observaba desde la puerta.
Kenshin:
¡Sano!. Pero, ¿Qué sucedió aquí?. ¿Qué demonios pasó?.
Shougo
(con mucha ira reprimida): Varios
sujetos entraron por sorpresa y se llevaron secuestrada a mi hermana; al parecer
Sanosuke trató de impedirlo y lo dejaron muy malherido. ¡Malnacidos!. Haré que
rueden sus cabezas por atreverse a tocar a Sayo. ¡Ella no tiene nada que ver con
esto!. ¡Esto no quedará
impune!......................................(Reaccionando de pronto):
¡Shouzo!.
En
ese momento Kaoru llegó a la habitación y Aoshi la puso al tanto de todo; ni
siquiera hubo tiempo para más porque inmediatamente después entró Shouzo muy
golpeado; el discípulo de Amakusa apenas podía mantenerse en pie y sólo atinó a
decir unas cuantas palabras antes de caer al suelo inconsciente.
Shouzo:
Fue muy rápido................................no lo vi
venir.............................Gomen nasai Shougo-san.
El
cristiano golpeó el suelo poseído por la ira y acudió en auxilio de su compañero
y amigo; ahora eran dos los convalecientes y el panorama se le comenzaba a
complicar. Súbitamente a Kaoru se le vino una idea a la mente y sin demora se la
transmitió a Shougo.
Kaoru:
Yo
poseo una sales medicinales que traje conmigo desde Tokio, tal vez puedan
servirte de algo; ahora mismo voy por ellas.
Shougo:
Me van a servir de mucho; Domo Arigatou Kaoru-dono.
Pocos
minutos después, la joven regresó con un frasco que Shougo recibió de inmediato.
Primero hizo que Shouzo las inhalara y su discípulo logró recobrar la
consciencia, pero el sueño fue quien lo venció esta vez. Seguidamente, el
cristiano le aplicó las sales a Sanosuke y el guerrero tuvo una reacción algo
diferente.
Sano
(despertando violentamente):
¡¡Sayo!!. ¡¡¡Suéltenla!!!. ¡¡¡No se la lleven!!!.
Kenshin:
¡Cálmate Sanosuke!. Debes
calmarte para que nos puedas decir qué diablos sucedió aquí.
Sano
(volviendo en sí):
Los de la Sociedad; fueron ellos, dijeron que era el precio que teníamos que
pagar por haber metido nuestras narices en sus asuntos.
Shougo
(resolutivo):
Voy a buscarla.
Kenshin
(deteniéndolo antes que pudiera salir):
Pero, ¿Dónde?. Pudieron haber ido a cualquier lado.
La
líder de los Onniwa Banshu tenía algún tiempo en el lugar y al enterarse de lo
ocurrido comenzó a buscar pistas por todas partes; de pronto pudo observar unas
señales interesantes y se apresuró a compartir sus cavilaciones.
Misao
(escudriñando el suelo):
Estos son restos de barro arcilloso; este material no es muy común por estos
lugares; de hecho, este tipo de suelo sólo se encuentra cerca de las minas de
carbón que están en las montañas.
Shougo
(aún con rabia en sus ojos):
¡Eso me basta para empezar!. ¡No intentes detenerme ahora Himura!.
Kenshin:
Pero no debes ir solo, por lo menos déjame acompañarte.
Saito
(con cierta calma):
No es prudente que las dos únicas personas que dominan el estilo Hiten Mitsurugi
abandonen el Aoia juntas en una misión de rescate; podría ser precisamente lo
que ellos están buscando. Si logran emboscarlos y asesinarlos será un duro golpe
para todos.
Misao
(interviniendo antes de que hubiera alguna réplica):
Quienes conocen bien los alrededores de las minas son los Ninjas del grupo
Sanada.
Por
reflejo, todos los presentes voltearon a ver a Misanagi quien ya tenía bastante
tiempo en la habitación recostada contra una de las paredes. La mujer entendió
el mensaje y sabía que dada la gravedad del asunto no podía negarse a prestar la
ayuda solicitada; al fin y al cabo para eso estaba con ellos.
Misanagi:
Muy bien, está dicho, yo iré con Amakusa a buscar a Sayo. Además estoy en deuda
con ella por haberme apoyado en un momento muy difícil para mí.
Shougo
(tomando a Kaoru de la mano para darle otro frasco):
Quítale los vendajes a Sanosuke y úntale esta crema, ayudará a cicatrizar
nuevamente las heridas; no permitas que haga movimientos bruscos o no lo
contará. Shouzo sólo está dormido y cuando despierte va a sentir mucho malestar
por los golpes que ha recibido; por fortuna no tiene ningún hueso roto y su
estado no es de gravedad; por favor cuida de ellos en mi ausencia, te lo
encargo.
Kaoru:
No te preocupes, Shougo. Estaré pendiente de los dos hasta tu regreso, puedes
irte tranquilo.
El
Samurai y la Ninja decidieron cambiarse de ropa y esperar al alba para partir en
su campaña de rescate.
¿Qué
pasará con Sayo?. ¿Logrará Shougo salvarla?. ¿Cuál será el próximo movimiento de
la Sociedad?. No se pierda el siguiente capítulo.