Hola. Soy Lince. Este es un fic que se me ocurrió hace tiempo mientras me hacía un par de preguntas locas sobre Digimon.
Espero que lo disfrutes! n_n
Ah si. Y Digimon no me pertenece. Le pertenece a Akiyoshi Hongo. (¡Rayos!)
>>La jaula de cristal<<
Por Lince
Capítulo 1: La Chica de Ojos Violetas
Ryo Akiyama bostezó mientras terminaba de instalar todas sus cosas en su nueva habitación. Había llegado esa mañana a Shinjuku. Y aunque su padre estaba muy feliz por la mudanza, al joven de dieciocho años no le había entusiasmado ni un poco. Ryo tuvo que despedirse de todos sus viejos amigos y tendría que empezar de nuevo en un lugar diferente. Estaba bien que recién iniciaban las vacaciones de verano y que tendría una gran oportunidad de hacer nuevos amigos; pero es que Shinjuku le parecía tan aburrido. No imaginaba que podría hacer para entretenerse ahí.
Esa tarde, Ryo decidió salir de la casa y dar un paseo corto para ir conociendo el lugar, caminó algunos minutos hasta que llegó a una zona verde donde jugaban algunos niños.
-Hey, creo que encontré el parque. –Murmuró Ryo pasando por entre los niños y adentrándose a los arbustos con el firme propósito de explorar el lugar a la perfección.
Caminó algunos minutos hasta que llegó a un sitio en donde ya no había gente y se sentó en una banca a respirar el aire fresco y mirar el agua de un pequeño lago que se encontraba por ahí. El parque era tan bonito, que Ryo pensó que era una suerte el que se encontrara tan cerca de su nuevo hogar. El chico se preguntaba qué otros lugares interesantes encontraría para divertirse. Y Entonces, la vio.
Una muchacha pelirroja de unos dieciséis años salió de entre los arbustos, su cabello estaba recogido en una erizada cola de caballo, llevaba unos jeans color azul marino y una blusa azul rey; traía unos audífonos puestos, y al parecer estaba guardando algo en un bolsillo que le prendía del cinturón.
-Eh, oye, disculpa... –La llamó Ryo.
La chica se quitó los audífonos y miró a Ryo con sorpresa.
El joven Akiyama sonrió al ver el hermoso brillo púrpura que poseían los ojos de la páida chica. Luego sacudió la cabeza para salir de su ensueño.
-Uh... ¿podrías decirme cómo se llama este lugar? -Preguntó Ryo sonriente. –Es que soy nuevo por aquí y no conozco nada todavía.
La pelirroja lo miró valorativamente y luego, con una mano, movió sus dedos.
Ryo arqueó las cejas.
-¿Qué haces?... –Respondió este.
La muchacha meneó la cabeza y suspiró. Luego con el pulgar señaló los arbustos que estaban detrás de ella. Le sonrió a Ryo, y haciendo una señal de despedida, comenzó a alejarse del chico.
Ryo parpadeó y la alcanzó de nuevo.
-Oye, espera, ¿Cómo te llamas? –preguntó Ryo.
La chica no respondió.
-¿Por qué no me dices nada? –Dijo el chico. -¿Es qué acaso soy tan molesto? –Susurró Ryo mostrando su blanca sonrisa.
La pelirroja no respondió, y siguió caminando; aunque sonriendo ligeramente.
Ryo se rascó la nuca y resopló.
-Hey, ¿Qué pasa? ¿Es que te comió la lengua el gato? –bromeó Ryo.
La joven se giró y miró a Ryo con rabia. Apretó los puños. Entonces sus ojos brillaron intensamente y de pronto pareció como sí una gran ráfaga de viento saliera de la misma pelirroja. Ella levantó su mano y apuntó a Ryo con su dedo índice. El chico pudo sentir entonces como una fuerza extraña lo empujaba hacia atrás y poco a poco lo iba despegando del suelo, él apretó los dientes tratando de resistir y mantenerse en pie; pero esa energía lo presionó y lo envió con velocidad a estrellarse contra un árbol cercano.
La chica cerró los ojos y suspiró, y el viento se detuvo. Se colocó sus audífonos y sin prestar el menor interés en Ryo, se alejó del lugar con las manos en los bolsillos.
Ryo la miró perplejo desde donde estaba y se frotó el brazo mientras la veía alejarse. Meneó la cabeza para quitarse las hojas que habían caído en su cabello.
-¿Qué fue eso? –se preguntó sorprendido.
-Eso fue una sacudida al estilo de Rika. –Le contestó una voz a sus espaldas.
-¿Eh? –Ryo volteó de inmediato y se topo cara a cara con un sonriente chico de ojos color carmesí y cabello castaño que sostenía bajo el brazo un cuaderno de dibujo y que acababa de salir de entre los arbustos por los que la chica había salido también.
-¡Hola! –saludó entusiasmado el muchacho mientras le tendía la mano a Ryo. –Mi nombre es Takato, Takato Matsuki; ¡Mucho gusto!
-¡Eh, mucho gusto! –respondió Ryo con rapidez estrechando la mano de Takato. –Yo soy Ryo, Ryo Akiyama.
-¿No eres de por aquí, verdad? –preguntó Matsuki mientras ayudaba a Ryo a ponerse de pie.
-N-no, recién me mudé de Fukuoka. –explicó Akiyama.
-Ah, ya veo. ¿Y en donde vives ahora? –preguntó Takato.
Ryo arqueó las cejas y se rascó la nuca.
-Mmmh al oeste de aquí, subiendo por la zona mercante.
-¿De verás? ¡Yo vivo en esa zona! Mís padres tienen una panadería. –Sonrió Takato. –Podría decirse que somos casi vecinos, Akiyama. Cuenta conmigo si quieres conocer el barrio.
-Es bueno saber que sí hay personas amables en este lugar. –bromeó Ryo. -¿Tú sabes cuál es el problema de esa pelirroja extraña?
Takato dejó de sonreír y meneó la cabeza.
-N-no… -Respondió Takato mientras miraba nerviosamente hacia todas partes.
-¿Qué pasa? –Inquirió Ryo, notando su comportamiento.
-Es que… no hablamos de eso… -murmuró Takato.
-¿Por qué? –Insistió Ryo.
-Por…esos sujetos. -Terminó Takato apretando los puños.
Ryo se pasó la mano por la nuca y resopló.
-No comprendo. –Murmuró.
Takato miró de nuevo hacia todas partes y le hizo a Ryo una seña de que lo siguiera. El chico de ojos azules se encogió de hombros y comenzó a caminar detrás de Matsuki pasando por los arbustos e internándose un poco más en el parque. Takato lo condujo hacia una especie de refugio de piedra y se sentó en el suelo de cemento, indicándole que también hiciera lo mismo. Ryo seguía sin entender nada pero aún así obedeció.
-Mira Akiyama. –Comenzó a decir Takato. –Ya sé que tú eres nuevo en este lugar y sientes curiosidad por lo que pasó. Pero te recomiendo que no te entrometas.
-¿En qué? –Balbuceó Ryo mientras pensaba en lo que había ocurrido y preguntándose por qué el joven Matsuki seguía llamándolo “Akiyama”.
Takato guardó silencio.
-Quieres decir… -Susurró Ryo reflexionando un poco. -…¿Qué ella lo hizo?
El chico asintió lentamente y resopló.
-Su nombre es Rika Nonaka, es amiga mía desde que teníamos diez años. –Explicó Takato. –Te pido disculpas por lo que hizo. Ella es muy buena persona, pero… a veces no puede controlar su mal genio. Creo que hiciste algo que la sacó de sus casillas.
-¿Yo? –Soltó Ryo. –¡Pero si no hice más que tratar de entablar una conversación con ella! –resopló indignado.
Al escuchar eso, Takato tronó los dedos y se sonrió un poco.
-¡Ah¡ He ahí el problema. –Dijo Takato cruzándose de brazos. –Verás Akiyama. Es que Rika no puede hablar. No puedes tener una conversación con ella si no sabes el lenguaje de señas. Supongo que trató de decírtelo, pero es que ella es muy poco paciente. –Comentó Takato girando los ojos. –A mí me lanzó al arenero cuando éramos pequeños porque yo me burlé de ella al pensar que lo que hacía era un juego.
Ryo parpadeó sorprendido.
-Uh… supongo que lo que hacía era la contestación a lo que le había preguntado. –Ryo se golpeó la frente. –¡Soy un tonto! ¿Cómo no me di cuenta?
-Nah, no importa. –Comentó Takato. –Después hablaré con ella y aclararé todo, no te preocupes. Agradece que no te envió a volar más alto. –se sonrió el chico.
Ryo sacudió la cabeza y miró a Takato con fijeza.
-Takato, ¿Qué fue lo que me hizo? –preguntó Ryo con intriga.
-No sabría como explicártelo. -El chico meneó la cabeza. --Nosotros tratamos de no tocar ese tema, no hablamos sobre sus “habilidades”
-¿Sus habilidades? Te refieres a lo que hizo hace unos momentos.
Takato asintió con la cabeza.
-Digamos que mover cosas no es lo único que Rika puede hacer, Akiyama. Ella tiene “otros dones”, pero son peligrosos. Hace un año murió un amigo nuestro, te lo digo en serio. Por eso no debes involucrarte, podrías correr peligro si te mezclas con nosotros.
Ryo se preguntó qué era todo ese aire de misterio que envolvía a la chica Nonaka. Pensó en qué tanto sabía Takato y en qué tanto le podía decir este al respecto. Ambos permanecieron en silencio unos momentos. De pronto, Takato se puso de pie.
-Bueno, Akiyama, es hora de que yo vuelva a mi casa; mi mamá se molesta mucho cuando no la ayudo a atender el negocio. –Comentó Takato sacudiéndose el polvo de los pantalones.
Ryo se levantó también y decidió emprender el viaje de regreso junto con el chico Matsuki.
-Oye, Takato; ¿Sabes si esa chica tiene algún interés en especial?
Takato se sonrió y recogió su libreta de dibujo.
-Sí, Akiyama. –Respondió Takato tranquilamente. –Las cartas, ella adora jugar a las cartas de los digimons; precisamente eso hacíamos hace unos momentos.
Ryo se sonrió, él era muy bueno jugando con las cartas de Digimon, y se preguntó si tendría la oportunidad de jugar con la pelirroja algún día.
Takato pareció adivinar sus pensamientos porque chasqueó la lengua y meneó la cabeza.
-Ni lo pienses Akiyama, ella es muy buena.
Ryo se sorprendió un poco ante el comentario de Takato, pero después se sonrió y continuó caminando junto a su nuevo amigo. Durante algunos minutos conversaron sobre digicartas, videojuegos, música, y demás; hasta que llegaron a la zona mercante y se detuvieron en el local que pertenecía a los padres de Matsuki.
-Bueno, Akiyama. Debo decir que ha sido un placer conocerte. –Dijo Takato estrechando la mano de Ryo nuevamente. –No dudes en buscarme si te metes en problemas, ¿eh?
-Eso haré, Takato. –Respondió Ryo.
Takato estaba a punto de cruzar las puertas del establecimiento, cuando Ryo lo llamó nuevamente.
-¡Eh, Takato! –Llamó Ryo en un susurro. -¿Podrías enseñarme?
Takato arqueó las cejas.
-¿Qué? –preguntó este.
-El lenguaje de señas. –respondió Ryo sonriendo ligeramente.
Takato lo pensó un momento, se rascó la nuca, y luego sonrió y levantó su pulgar.
-Cuenta con ello Ryo. –Contestó Takato.
Ryo parpadeó varias veces.
-¿Ahora sí me llamas por mi nombre?
-Sí, porque me has demostrado que quieres ser un amigo sincero. -Explicó Takato. –Pero te advierto que es verdad todo lo que te he dicho.
-Entiendo.
Takato se dio la vuelta y abrió la puerta del local.
-Mañana voy a ver a Rika en el parque, si quieres puedes acompañarme y entre los dos podemos tratar de arreglar su malentendido de hoy.
-Me parece buena idea. –Comentó Ryo.
-Te veo mañana entonces.
Ryo se despidió y siguió caminando hacia su casa con muchas preguntas en su mente. Sonrió un poco. Parecía ser que después de todo, Shinjuku no iba a ser un lugar tan aburrido como él creía. Levantó la vista hacia el cielo ya oscuro y se percató de un edificio grande y moderno que se veía a lo lejos. El chico silbó impresionado.
-¡Guau! Me pregunto... qué será ese lugar.
Dejando que todas sus dudas flotaran en el aire, Ryo decidió marcharse a su casa y aclararlas otro día.
***
Al mismo tiempo, cerca de la estación de trenes. La chica de los ojos de color violeta se dirigía con calma a una residencia de aspecto antiguo y bien conservado. Lentamente abrió la enorme puerta negra que protegía el bardado de la propiedad, y entró. Recorrió el camino de un extenso y bien cuidado jardín y deslizó la puerta de entrada a la casa. Se quitó los zapatos y los dejó en el recibidor, mientras caminaba en calcetines con pesadumbre hacia la sala donde probablemente encontraría a su abuela y a su madre. Y no se equivocó. Rumiko, su madre, veía la televisión y cambiaba los canales con algo de fastidio; y Seiko, su abuela, leía una revista en el sofá.
Al ver a la joven, Seiko sonrió amablemente.
-Hola Rika, te esperábamos para cenar. –Dijo la abuela. -¿Tienes hambre, cariño?
Al oír eso, Rika asintió y sonrió también; luego miró a su madre y soltó una risita.
Rumiko se reía a carcajada suelta de un reportaje de televisión en el que criticaban el más reciente vestuario que había tenido que modelar. Si bien era cierto que la colección no era de lo más espectacular, aún así, le habían pagado muy bien por usarla; así que a la mujer el comentario le hacía gracia. De pronto miró a Rika y soltó una risita también.
-¿Qué te parece, eh? –Preguntó Rumiko con incredulidad.
Rika movió sus manos “¡Vaya estupidez!” Le dijo.
Rumiko soltó una carcajada y apagó la televisión.
-Sí, tienes razón. –Replicó Rumiko y miró los pies de su hija. –Rika ¿Otra vez en calcetines por la casa? ¿Qué no sabes el trabajo que cuesta mantenerlos limpios?
Rika soltó una risita.
“Sí, una taza de jabón y veinte minutos en la lavadora”
-Ok, tú ganas esta vez. Resopló Rumiko girando los ojos y dirigiéndose hacia la cocina, mientras Rika preparaba la mesa. –Hoy la abuela hizo guisado y yo me encargué del arroz, ¿sabes?
Rika se relamió y respondió en señas.
“Gracias por advertirme entonces de no tocar el arroz.”
-Ja, ja, ja. Qué graciosa. Respondió Rumiko mientras servía el té.
-Bueno, ya basta. –Las reprendió Seiko. -¿Y cómo te fue Rika? ¿Te divertiste en el parque? –preguntó la mujer mientras le servía arroz a su nieta.
Rika comenzó a mover sus manos y le explicó sonriente a su abuela como había derrotado a Takato con las cartas esa tarde.
Rumiko bebió su té esbozando una sonrisa, y Seiko meneó la cabeza mientras se sentaba a la mesa.
-Parece que Takato nunca puede ganarte en ese juego, ¿eh? –Comentó Seiko. –¿No será que necesitas ya un nuevo contrincante?
Rika negó con la cabeza y le aclaró a su abuela que eso no era necesario.
La pelirroja se entristeció un poco por alguna razón. Luego pensó en el chico torpe que había conocido en el parque, y suspiró.
No quería que la historia volviera a repetirse.
Rumiko notó la cara pensativa de su hija y dejó su taza de té sobre la mesa.
-Ya no te atormentes por eso Rika. No fue tu culpa cariño, lo sabes. –murmuró la joven rubia.
Rika asintió con tristeza y después de unos momentos se levantó de la mesa explicando que había perdido el apetito y que se sentía cansada.
-Rika, ¿Está todo bien? –preguntó Seiko dubitativa mirando a su pálida nieta a los ojos con algo de preocupación.
La chica sólo asintió y se dirigió a su habitación.
Cuando las dos mujeres se quedaron solas, Rumiko suspiró.
-Esto no puede seguir así, mamá. –susurró. –Me preocupa que ahora sus ataques estén sucediendo con tanta frecuencia.
Seiko meneó la cabeza y se cruzó de brazos.
-Las cosas no cambiarán a menos de que Rika logre controlar su temperamento. –Dijo esta. –El joven Matsuki me ha contado que Rika usa sus poderes sin pensar en las consecuencias.
Rumiko pareció sorprenderse por aquella declaración.
-¡Pero sabe que no debe hacerlo! ¡Ellos podrían encontrarla! ...además... –la mujer bajó la mirada. –Sabe que es peligroso.
-Esa niña se parece demasiado a su padre... es demasiado testaruda.–comentó Seiko.
Rumiko estuvo a punto de asentir ante esa afirmación, más un sonido extraño llamó su atención. Se escuchaba como si golpearan madera.
-¡Rika! –gritó Rumiko, levantándose de su asiento al mismo tiempo que su madre y dirigiéndose ambas a toda velocidad al cuarto de la pelirroja.
Abrieron la puerta y se encontraron con que la chica se sujetaba la cabeza y jadeaba, mientras que varios muebles y cosas se levantaban de sus lugares y se estrellaban directo a la pared.
-¡Rika, no, detente! –suplicó Rumiko tratando de acercarse a su hija.
La pelirroja miró a su madre con ojos brillantes y levantó sus manos, las cuales tenían un fulgor de color azul brillante en las puntas de los dedos.
-¡No, Rika! –Gritó Seiko.
De pronto, Rika reaccionó y todo se detuvo. Sus ojos dejaron de brillar y la luz azul desapareció de sus manos. La chica miró alrededor, y posando los ojos en su aterrada madre, sollozó y se echó a llorar en sus brazos.
Rumiko la estrechó con fuerza y trató de confortarla.
-Shhh, ya, ya, todo está bien. Tranquila. –Susurró la mujer acariciando la cabeza de su hija.
Rika sollozó y meneó su cabeza, derramando más lágrimas en el hombro de Rumiko.
Seiko presenciaba la escena con tristeza, y suspiró aliviada al ver que todo había terminado.
Rumiko miró a su hija a los ojos y esbozó una pequeña sonrisa.
-Ahora, ¿Qué te parece si nos ponemos a limpiar todo este desorden? –Preguntó Rumiko mientras guiñaba un ojo.
Rika limpió sus lágrimas y asintió sonriente; sin embargo, de pronto se tambaleó y cayó de rodillas al suelo jadeando, apretando los dientes y presionándose el pecho con fuerza. Rumiko de inmediato se arrodilló junto a la chica y le dio a beber el líquido de un frasco pequeño que Seiko había sacado con rapidez de su delantal.
Después de unos momentos, Rika se tranquilizó y le sonrió débilmente a su madre mientras perdía el conocimiento en su regazo.
La mujer acarició el cabello de su hija, besó su frente y comenzó a llorar quedamente mientras Seiko la miraba con tristeza.
-Otra vez... ¿Por qué mamá? –Sollozó Rumiko. -¿Por qué?
Seiko se sentó junto a su afligida hija y la rodeó con un brazo.
-No lo sé. Ahora está ocurriendo más seguido que antes... –Reflexionó esta con tristeza. –Vamos a tener que ser muy fuertes a partir de este momento para poder darle fuerza a Rika.
Rumiko limpió sus lágrimas y asintió con determinación.
-Lo sé mamá. No voy a permitir que ocurra de nuevo. –Susurró Rumiko mirando a su hija dormida. –No lo haré.
***
Mientras tanto, en otro lugar; un hombre de traje negro y gafas oscuras jugaba con un encendedor de plata mientras leía las señales que se mostraban en un monitor.
-Desconecten el sistema. –Ordenó.
Dos chicas de traje blanco que tecleaban incesantemente una serie de instrucciones, dejaron de hacerlo. Una de ellas se quitó el visor que llevaba puesto.
-Jefe Yamaki, de nuevo registramos una lectura que sobrepasó los niveles de energía de una manera alarmante. –Pronunció la mujer sorprendida. -¿Qué significa?
El hombre se levantó de su asiento y miró una gran maquinaria que se encontraba frente a él.
-Significa Reika, que entonces sí logró sobrevivir.
Las dos mujeres miraron a Yamaki desconcertadas.
-Pero ¿Cómo? –Preguntó Megumi.
-No lo sé. Pero les garantizo que ese error no volverá a repetirse.
Continuará...
Este es el final del capítulo 1, no te enojes si no entendiste varias cosas.
Todo lo iré explicando conforme avance la historia. (se supone)
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