¡Hola! He vuelto, perdón por el retraso, pero he estado ocupándome de mis molestas tareas y de otros asuntos que tengo entre manos. Quiero agradecer a quienes me han enviado reviews, y a quienes no lo han hecho pero se han tomado la molestia de leer este fic, tambíen. n_n
Aquí está el capítulo 2, esperó que lo disfrutes.
¡Ah! Y Digimon no me pertenece, le pertenece a Akiyoshi Hongo -_-
>>La jaula de cristal<<
Por Lince
Capítulo 2: La Segunda Vista
Rika abrió los ojos y se encontró a sí misma en un lugar que le resultaba extrañamente conocido. Miró hacia todas partes con nerviosismo, pero lo único que podía ver eran las lozas de color blanco del suelo y el techo. La chica jadeó y se arrastró a un rincón donde permaneció unos momentos sujetándose las sienes y sollozando; esperando que aquellas personas dejaran de observarla; deseando con todas sus fuerzas que esos muros transparentes desaparecieran; esperando que todo terminara; añorando poder escapar de ahí de alguna forma...
-Inicien a ICARO –escuchó que dijeron.
En esos momentos, un sonido extraño comenzó a oírse. La chica, temblorosa, levantó la mirada y posó la vista en una enorme maquinaria que se encontraba frente a ella y la cual parecía haber comenzado a funcionar. De inmediato, Rika se sujetó la cabeza y se retorció de dolor en el piso al sentir que algo le oprimía el cráneo, y que un dolor punzante le taladraba el pecho.
Ella gritaba y lloraba como jamás lo había hecho antes, implorando por ayuda, suplicando que todo terminara. Más nadie la escuchaba, nadie quería escucharla...
Rika gritó y gritó, hasta que no pudo escuchar nada más y todo a su alrededor se volvió negro.
***
Rika abrió los ojos y se levantó sobresaltada. Su corazón latía como si estuviera a punto de estallar, temblaba como si fuera un conejo asustado, y le goteaba sudor por la cara. Miró hacia todas partes. Se encontraba en su habitación, a salvo, en su pijama, en su cama. No había luces, no había gente, no había máquina... Suspiró y secó su frente.
¿Fue sólo un sueño?
La pelirroja recordaba vagamente que la noche anterior había sentido esa sensación, esa ya conocida sensación que pensó que jamás volvería a experimentar. Sabía que había estado a punto de hacer algo terrible; pero después todo se le había vuelto borroso, no podía recordar nada más. Recorrió su habitación con la vista. Todo se encontraba en orden y en perfectas condiciones; sin embargo tenía la impresión de que ahí había ocurrido algo grave. Trató de hacer memoria...
-¡Rika! ¡El desayuno está listo! –escuchó la inconfundible voz de su abuela llamándola.
Meneando la cabeza, Rika se desesperezó y salió de su cuarto tambaleándose mientras seguía el olor de la avena caliente que provenía del comedor.
Al entrar vio a su abuela sirviendo unos humeantes tazones en la mesa. La mujer la miró con algo de preocupación y le palpó la frente con el dorso de la mano.
-¿Rika, te sientes bien? –preguntó la abuela. –anoche tuviste un poco de fiebre.
“Estoy bien, abuela.” –Respondió la chica en señas mientras se sentaba en su lugar y bebía un poco de leche.
Rumiko entro al poco rato y se sentó a la mesa. La rubia no estaba usando su ropa acostumbrada para ir al trabajo. Miró desayunar a Rika de soslayo y suspiró.
-Rika, creo que sería bueno ir con el señor Wong hoy. –Pronunció Rumiko.
Al escuchar esto, Rika casi se atragantó; tosió un par de veces y comenzó a hacer señas frenéticamente.
“¡No, mamá! ¡No es necesario! ¡Estoy bien!”
Rumiko meneó la cabeza.
-No Rika, no lo estás. Vamos a ir con los Wong y san se acabó. –decidió Rumiko.
Rika giró los ojos y continuó con su avena, sabiendo que la orden de su madre era terminante esa mañana.
No le gustaba ir con el señor Wong, se sentía muy extraña en ese lugar.
***
Ryo se levantó temprano esa mañana, y después de tomar un desayuno rápido, se dirigió a la casa de Takato, con el fin de comenzar con sus lecciones del lenguaje de señas. El joven Akiyama no podía esperar para poder charlar libremente con la pelirroja que había conocido el día anterior, su historia lo había intrigado bastante; quería saber más sobre ella; quería aclarar muchas dudas; y sobre todo, quería disculparse personalmente por lo que había sucedido en el parque. Aunque él no supiera exactamente por qué se sentía de esa forma.
Llegó a la panadería de los Matsuki y se encontró con que Takato se encontraba en la entrada, con su inseparable cuaderno de dibujo bajo el brazo, y charlando animadamente con una muchacha de cabello castaño y vestido color verde claro.
-¡Hey, Takato! –Saludó Ryo acercándose a ellos.
Los chicos dejaron de hablar, y la joven miró a Ryo con desconfianza hasta que Takato habló:
-¡Hola Ryo! –Le dijo mientras chocaba su palma con Akiyama. –Hombre, pensé que no ibas a venir. –exclamó sonriente. Luego se dirigió hacia donde estaba la chica que lo acompañaba. –Mira Ryo, te presento a Juri Katou. Juri, él es Ryo Akiyama. Es el chico nuevo del que te hablé.
Juri pareció cambiar su actitud de repente y saludó a Ryo con cordialidad, como si fueran buenos amigos de toda la vida.
-Mucho gusto Ryo. –Dijo Juri estrechando su mano. –Takato me dijo que estás interesado en aprender el lenguaje de señas.
-Uhm, sí, un poco. –respondió este con un algo de pena. De pronto Ryo sintió que él era el único ser de por ahí que no conocía ese código.
-Que buen detalle, apuesto a que Rika lo va a apreciar mucho. –Comentó Juri esbozando una sonrisa.
-Si, te dije Juri, que Ryo es un buen tipo. –Dijo Takato.
-¡Ah! ¡No! ¡no digas esas cosas! –sonrió Ryo mientras se pasaba la mano por la nuca. –Eso no es cierto.
-Mmmm, ya lo veremos. –murmuró Juri con cierto aire de misterio.
Takato soltó una carcajada y llamó la atención de Ryo.
-Bueno, ¿qué les parece si nos vamos al parque a comenzar con las lecciones? –Sugirió Matsuki.
-Me parece bien. –Pronunció Katou.
Ryo sólo asintió, y entre los tres se dirigieron al parque Chuo.
***
-Jefe Yamaki, los superiores lo esperan. –susurró Reika cuando vio al hombre de lentes oscuros entrar en la habitación.
Yamaki comenzó a jugar con su encendedor y se acomodó las gafas.
-Eso pensé. –murmuró él. –Supongo que ya están enterados de los acontecimientos.
-Si señor. –respondió Megumi mientras ocupaba su puesto.
-Saben que hemos echado a andar a ICARO sin autorización. –Explicó Reika. –Aunque creo que ellos pensaban que no íbamos a obtener ninguna respuesta al principio.
-Claro, pero como sí la obtuvimos, ahora piensan abrir el proyecto nuevamente... Cretinos. –murmuró el hombre mientras salía del cuarto y caminaba por unos pasillos oscuros. –Pero nunca pensé que fuera posible... que lograra salir con vida
***
-Rika, ya quita esa cara, no es tan malo. –le decía Rumiko a su hija, mientras conducía su automóvil. –Ya verás que todo va a salir bien. Yo voy a estar contigo todo el tiempo.
La pelirroja iba en el asiento contiguo, estaba cruzada de brazos, y por la expresión de su rostro parecía no compartir la misma opinión de su madre. Meneó la cabeza y sólo se dedicó a mirar por la ventana, suspiró al ver a toda esa gente normal que caminaba por la calle viviendo su vida con tranquilidad y sin preocupación alguna.
Al poco rato llegaron a un lugar que parecía más bien una bodega abandonada, el edificio estaba sucio y maltratado, las ventanas estaban rotas y parecía que nadie había puesto un pie allí en mucho tiempo. Rumiko aparcó el auto y madre e hija descendieron del vehículo.
-Bien, de nuevo por aquí ¿eh? –Se escuchó una voz.
Rumiko y Rika se giraron para encontrarse con un joven de cabello alborotado de color azul y ojos grises que les sonreía asomando la cara por una enorme puerta vieja entreabierta.
-¡Hola, Henry! –saludó Rumiko acercándose al muchacho. –¿Donde está tu papá? –preguntó en voz baja.
-Uh, él está preparando todo. –contestó con cautela. –Pase, señora Nonaka. –ofreció él abriendo más la puerta.
-Gracias. –respondió la rubia mientras entraba.
Henry se apartó y observó a Rika quién todavía seguía afuera del edificio y que no parecía muy decidida a querer entrar.
-Hola, Rika. –Llamó el chico. –¿Vas a venir? –murmuró arqueando las cejas.
Rika resopló y comenzó a mover sus manos mientras miraba ceñuda al muchacho.
Henry sonrió mientras se pasaba la mano por la nuca.
-¡Muy bien, muy bien!, ¡está bien! No te presiono, tú mandas. –Le dijo el chico. –Pase usted, su alteza.
Rika sonrió y cruzó la puerta. Henry salió, miró hacia todas partes y una vez que se aseguró de que no había nadie más afuera, regresó y entró a la vieja estructura cerrando todo con llave. Adentro, Rika recorría el sitio con la vista. En la bodega todo se veía muy diferente a la austera fachada, el interior estaba limpio y ordenado, había un montón de computadoras e instrumentos, eléctricos, papeles llenos de notas se desbordaban de los escritorios, había planos y diagramas por doquier, y una gran cabina transparente ocupaba el centro del cuarto. Rika se dirigió hacia donde estaba su madre hablando con el señor Wong y se sentó en un pequeño sillón mientras los escuchaba hablar.
-Por eso creo que algo raro sucede, Tao. –murmuró Rumiko dirigiéndose a un hombre de anteojos y cabellera azul.
-Mmm... pero no puede ser posible. –Respondió éste mientras sujetaba su barbilla. –¿Cómo podrían saberlo?...
En eso estaban cuando se percataron de que Rika también estaba ahí. Al verla el señor Wong sonrió y se sentó frente a ella.
-¡Hola, Rika! ¿Cómo te encuentras? ¿Todo bien? –preguntó el hombre mientras buscaba algo en el bolsillo de su bata.
Rika le respondió en señas que se sentía bien.
-Ajá. –murmuró el señor Wong sacando una pequeña lámpara y observando con detenimiento los ojos de la pelirroja. -¿Qué tal el aire? ¿No te ha faltado? ¿Te has sentido mareada o débil?
Rika negó con la cabeza.
-Muy bien, entonces, ¿Qué tal esa migraña de la que me contaste la última sesión? –comentó casualmente. –Tú mamá me dijo que no estuviste del todo bien en toda la semana.
La pelirroja suspiró y meneó la cabeza.
-Ya veo. –terminó el hombre mientras se ajustaba los lentes. -¿Sucedió otra vez? –preguntó en tono serio.
Rika asintió y resopló con fastidio, sabía lo que seguiría después.
-Bueno Rika, vamos a tener que hacer una prueba. –susurró el señor Wong encogiéndose de hombros y levantándose de su asiento. Sé que no te gustan así que vamos a hacerla rápida.
Rika se levantó de su lugar y siguió al señor Wong hacia donde estaba Henry que se encontraba tecleando unos comandos en una de las computadoras.
-Todo está listo papá. –informó el muchacho.
El señor Wong checó la pantalla unos momentos y luego asintió.
-Muy bien, creo que todo está en orden entonces. –dijo éste. –Rumiko, por favor, ¿puede poner los dispositivos en su lugar?
-Sí. –respondió la mujer tomando unos aparatos pequeños y colocándoselos a su hija en las muñecas, brazos, pecho, cuello y frente. –Todo listo.
-Perfecto. –exclamó el hombre. –Ahora, Rika, Henry, ya saben que hacer.
Los chicos asintieron. Rika permaneció de pie, inmóvil mientras Henry comenzaba a realizar una serie de movimientos de Kung Fu. El señor Wong observaba los monitores. Henry realizó un par de patadas y comenzó a marcar una serie de puñetazos a gran velocidad mientras Rika los esquivaba como si nada. El chico incrementó su velocidad, sin embargo, de pronto su puño se detuvo y el muchacho jadeó cuando sintió que algo jalaba su brazo y lo hacía retroceder; miró a Rika. La chica le sonreía, parecía estar controlando los movimientos del joven de ojos grises con hilos invisibles y con mucha facilidad, como si se tratara de un simple títere y ella de la titiritera.
Henry apretó los dientes y se esforzó en tratar de moverse, pero no podía conseguirlo. Levantó a duras penas su brazo y consiguió avanzar un paso mirando a la pelirroja con desafío; más Rika pronunció más su sonrisa y haciendo un movimiento de su mano, lo elevó en el aire y lo envió a estrellarse en la colchoneta que cubría esa área. Henry trató de levantarse pero sentía como si una mano invisible le estuviera presionando la espalda, alzó la cabeza y vio a Rika acercarse hacia él lentamente, con los ojos iluminados y con un destello azul en los dedos. Henry comenzó a sacudirse.
-¡Me rindo! –jadeó el chico. -¡Ya, me rindo! –gritó cerrando los ojos.
La chica se encontraba a escasos centímetros de él y no parecía querer detenerse.
-¡Rika, suficiente! –ordenó Rumiko.
La pelirroja se detuvo y se sentó en el suelo. Henry abrió los ojos, se dio cuenta de que había recuperado el control sobre sí mismo, resopló y frunció el ceño cuando vio a Rika sonriendo inocentemente.
-¿A qué crees que juegas? –le reclamó el chico.
“Eres un cobarde” respondió la chica. “no iba a hacerte nada”
-Si, eso dijiste la última vez y me quemaste la chamarra. –recordó Henry.
“Ah, pequeño detalle sin importancia” comentó Rika mientras se quitaba los aparatos. “Además, en esa ocasión sí lo hice a propósito”
-¡Lo sabía!
Rika se sonrió, y entonces Henry sacó unas cartas de su bolsillo.
-¿Ya viste estas? Son dispositivos muy raros, los conseguí hace unos días.
A la pelirroja se le iluminó el rostro y comenzó a observar las cartas con fascinación.
Mientras tanto, el señor Wong miraba desconcertado los monitores que se encontraban frente a él
-E-es imposible –balbuceó. –¡Su psicoquinesis aumentó un 60%! ... ¿Cómo pudo pasar?
Rumiko se encogió de hombros y miró los monitores sin comprender muy bien lo que ocurría.
-¿Será posible?... –Susurró la mujer.
-...ICARO... –Murmuró el señor Wong. –Tal vez...
-¡Papá! –lo llamó Henry. –Voy a acompañar a Rika al parque Chuo, ¿Está bien?
Rumiko y Jyaniu se miraron un momento.
-Esta bien. –respondieron al mismo tiempo.
-Que no se te haga muy tarde. –dijo Rumiko.
Rika levantó su pulgar y salió del edificio junto con Henry.
***
Simplemente a Ryo le parecía que el tiempo transcurría con demasiada lentitud. Había pasado la mañana entera con Takato y con Juri repasando el lenguaje de señas y todavía no podía diferenciar bien los símbolos.
-¡Lo están haciendo muy rápido! –gruñó Ryo desesperándose. –No puedo entenderlos.
Juri soltó una risita y le palmeó el hombro.
-¡Ryo, sí lo estás haciendo muy bien! –lo apremió la chica. –Vas a ver como ya vas a empezar a entender lo que Rika tenga que decirte.
El chico esbozó una pequeña sonrisa.
-Me gustaría...
-¡Hey, muchachos! –se escuchó que gritaron.
Los tres se giraron y vieron a Rika y a Henry saliendo de entre los arbustos y acercándose hacia ellos, de improviso Rika se detuvo y posó la mirada en Ryo. Henry observó de reojo a la pelirroja, arqueó las cejas y se reunió con Takato y Juri con algo de desconcierto. Katou, al ver la confusión del chico Wong; saludó a Rika con una seña y se llevó a Takato y a Henry mientras le guiñaba un ojo a Akiyama.
-Iremos a traer algo de comer. –informó Juri. –No nos tardamos. Ya conoces a Ryo, ¿Verdad? Supongo que ustedes tiene cosas de qué platicar.
Rika parpadeó varias veces y los vio alejarse con incredulidad, cruzó los brazos y suspiró. ¿Cómo podían sus amigos hacerle cosas como esa?
Ryo, titubeante, se pasó la mano por la nuca y dio un paso al frente.
-Me llamo Ryo Akiyama. Nos conocimos ayer, aquí mismo. –Comenzó él con nerviosismo. -¿Lo recuerdas?
La pelirroja asintió algo cohibida, y levantó la vista hacia los ojos azules del chico que también veía los suyos.
Rika y Ryo sólo permanecieron así, mirándose, mientras el sol comenzaba a ocultarse tras el horizonte.
Continuará...
Ok, creo que las cosas empiezan a componerse, y a partir de ahora comenzarás a conocer más sobre el pasado de Rika. Espero que este capítulo te haya gustado, y si tienes preguntas o sugerencias no dudes en escribirme. n_n
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