¿Qué tal? Heme aquí otra vez. Mil disculpas por no haber escrito antes, pero los exámenes finales fueron atroces y no tuve mucho tiempo de usar la computadora para fines que no fueran académicos -_- ... Sin mencionar que tuve problemas para subir el documento... pero ya por fin, te presento la parte 3 de esta saga. Muchas gracias por tus reviews, y sólo espero que este capítulo sea de tu agrado y que te siga gustando este fic como hasta ahora.
Comencemos.
Digimon no me pertenece. Le pertenece a Akiyoshi Hongo (¿Te imaginas lo genial que sería si me perteneciera? n_n)
>>La jaula de cristal<<
Por Lince
Capítulo 3: Como Cualquiera
Rika y Ryo permanecieron un momento en silencio. Ninguno parecía querer tomar la iniciativa en la conversación.
¿Qué podían decir? La chica no sabía qué pensar de aquel muchacho tan persistente. No podía explicarse por qué le dirigía la palabra después de lo que había sucedido la tarde anterior. No podía entenderlo. Trató de pensar...
-Yo... lo siento. –susurró Akiyama.
La pelirroja se sorprendió y arqueó una ceja.
¿Se está disculpando conmigo? ¿Por qué?
Ryo resopló y se metió las manos en los bolsillos.
-¿Sabes? No era mi intención molestarte el otro día... es que... no me di cuenta...
¿Por qué lo hace? Se supone que él no debería...
El chico seguía disculpándose con la pelirroja quién no entendía nada al respecto, mientras seguía mirándola a los ojos. Si algo sabía muy bien Ryo era que en un diálogo sincero siempre hay que ver a la otra persona a los ojos... aunque, claro que también influía el hecho de que al chico le parecieran estos una verdadera belleza. Rika por su parte se encontraba algo nerviosa, se sentía algo confundida respecto a Ryo. Parecía estar deliberando mentalmente entre: ser amable con él, y en enviarlo a volar al matorral más cercano y escapar (después de darle un buen escarmiento a sus amigos por haberla metido en esa situación, por supuesto.) Rika miró a Ryo una vez más y sintió algo diferente, como si la primera vez que lo vio no se hubiera percatado por completo de él. Ahora le parecía tan distinto. Pensó por unos segundos.
Parece un buen chico... ¿Estaría bien si soy amable con él?
Una vocecilla interna le decía a la pelirroja que sí, y otra vocecilla le decía que no; que ella sólo ocasionaba desastres y que lo único que conseguiría sería lastimar a más gente porque esa era su naturaleza.
Pero yo no quiero lastimar a nadie...
¡Hazlo!
De pronto Rika le hizo una señal a Ryo de que se detuviera. Tomó aire, negó con la cabeza y se señaló a sí misma.
“Oye, fue mi culpa”
Ryo abrió la boca y zarandeó su dedo índice.
-¡Entendí eso! –balbuceó emocionado. -¡Eso lo entendí!
Rika arqueó una ceja y soltó una risita. El joven Akiyama al percatarse de lo que hacía se sonrió y levantó el pulgar.
-Nada mal para haber tenido mi primera lección esta mañana, ¿no te parece?
La pelirroja pareció sorprenderse ante la declaración y comenzó a mover sus manos con entusiasmo.
“Me llamo Rika”
-Lo sé. –respondió Ryo sonriente. –Takato me habló sobre ti, bueno... algo. –comentó con cautela, no queriendo que la chica fuera a molestarse de nuevo con él y a enviarlo a volar por ahí, y tampoco que tomara represalias contra el pobre de Matsuki.
Rika miró hacia el suelo por unos momentos, se mordió el labio, y después comenzó a hacer más señas; sin embargo lo único que Ryo pudo entender fue “no” El chico se encogió de hombros y meneó la cabeza.
-Eso no lo entendí. Lo siento. –se disculpó.
Rika se cruzó de brazos y chasqueó la lengua como buscando resolver ese problema de comunicación. De pronto esbozó una sonrisa maliciosa, se inclinó sobre una de las bancas y recogió un cuaderno y un bolígrafo que se encontraban tirados descuidadamente en ese lugar. Ryo la miró extrañado.
-¿Esa no es la libreta de Takato? –murmuró Akiyama.
Rika pronunció más su sonrisa y asintió mientras destapaba la pluma y recorría las hojas del cuaderno buscando una página en blanco de entre todos los dibujos del chico Matsuki. La pelirroja tomó asiento en la banca de cemento y comenzó a escribir con rapidez sobre el papel, Ryo estiraba el cuello con curiosidad tratando de leer las palabras que la chica escribía. Tras unos segundos, Rika levantó la libreta y la volteó para que Ryo pudiera verla.
“¿No tienes miedo?”
Ryo se encogió de hombros y arqueó las cejas.
-¿De qué? –preguntó extrañado.
Rika bajó la mirada y escribió de nuevo.
“De mi.”
***
-Bien, ¿Se puede saber a qué resultados han llegado, Yamaki? –retumbó una voz amenazante a través de una enorme pantalla en la que poco podía verse debido a que se encontraba por completo a oscuras.
-No estamos del todo seguros, señor. –murmuró el hombre mientras inclinaba la cabeza y levantaba la mirada, como tratando de distinguir la cara del sujeto que se mostraba en el monitor. –Hemos realizado sólo unas cuantas pruebas.
Hubo un momento de silencio.
-No sé si fui claro, Yamaki. –siseó la voz. –No me interesa saber qué tantas pruebas has hecho. Lo que me interesa saber es: De quién diablos recibes respuesta.
Yamaki apretó los puños.
-Aún no podemos asegurarlo. –gruñó.
-¿Es acaso de los nuestros?
-Probablemente, señor.
-¿El último infante de ICARO, quizá?
-Es lo que estamos tratando de averiguar, señor. –explicó Yamaki. –Pero... si me permite opinar, no creo que el último infante lograra sobrevivir. –El hombre bajó la cabeza.
Yo estuve ahí. Era imposible...
Un golpe sordo se escuchó de repente, como si un puño golpeara una mesa.
-¡No seas idiota! –se escuchó que gritaron. -¡Tú mejor que nadie sabes de lo que fue capaz esa sabandija!
-Si señor, así es. –murmuró Yamaki mientras se acomodaba los lentes. –Presencié cosas increíbles con esa criatura, era el resultado perfecto, no lo niego ... pero... aún así era frágil... como cualquier humano. No pudo salir con vida.
-Esas cosas no son humanas, Yamaki. Que te quede bien claro que esos monstruos nacieron para servirnos. –murmuró la voz con desprecio. –Son herramientas.
Yamaki rechinó los dientes.
-Lo sé, señor.
-Localiza a esa cosa. –ordenó la voz. –Que regrese a la jaula de la que no debió salir jamás. –siseó. –Ese error debe pagar por lo que hizo hace seis años...
-Entiendo, señor. –terminó Yamaki.
-Yamaki, no vayas a fallar de nuevo. Si ese monstruo pudo fingir su muerte una vez, igual pudo hacerlo de nuevo.
La comunicación se cortó y Yamaki apagó la pantalla.
-Malditos...
***
-No entiendo por qué habría de temerte. –susurró Ryo con gentileza. –Digo, está bien que puedes hacer cosas fuera de lo normal pero... no sé... yo creo que eres una buena persona... –murmuró sentándose a lado de Rika. –Y bueno, tus amigos también lo creen ¿No?.
Rika sonrió un poco y lo miró con extrañeza.
“Gracias”
-Je, por nada. –respondió Ryo sonriente sintiendo que se abochornaba.
Rika esbozó una sonrisa y volvió a escribir en el cuaderno.
“¿Y tú también me perdonas a mí?”
-¿Uh?, ¿Perdonarte?
“Ya sabes, por lo del árbol”
-¡Ah, eso! –comentó Ryo sin darle importancia. –Pero por supuesto, ¿Qué es una buena bienvenida a Shinjuku si no te mandan a volar por ahí? Lo leí en la guía de turistas ¡Ya me siento como todo un buen vecino!
Los dos soltaron una risita por el comentario.
-¿Qué te parece si borramos lo de ayer y comenzamos de nuevo? –Preguntó el chico encogiéndose de hombros y mostrando su sonrisa. –Yo soy Ryo Akiyama. –Le dijo a Rika ofreciéndole su mano. –¿Acepta mi amistad, bella dama?
Rika lo miró divertida y estrechó su mano mientras asentía con la cabeza.
-¡Eso es! ¡Empezamos bien! Que buena impresión tenemos el uno del otro ¿no? –dijo Ryo arqueando las cejas.
La pelirroja solo le sonreía. No podía creer lo agradable que era el chico.
–... Oye... me dijeron que te gusta jugar con las cartas de Digimon, ¿Es cierto eso?
Rika asintió con la cabeza.
-¡Genial! ¿Qué te parece si jugamos ahora una partida? –Le propuso Ryo mientras le enseñaba su baraja.
Rika asintió emocionada y sacó sus propias cartas del bolsillo de su cinturón, dispuesta a aceptar el desafío.
***
-Jefe Yamaki, ¿Cómo le fue con Murakami-san? –preguntó Reika cuando vio al hombre de traje negro regresar de su junta telefónica.
-No muy bien, Reika. –gruñó Yamaki. –Ese cretino sabe más de lo que dice en verdad. Para mí que ya lo sabe todo.
-Ni de broma lo diga. –jadeó ella. –¿Qué haríamos entonces?
Yamaki sacó su encendedor y jugó con el por unos momentos.
-Yo creo, Reika, que lo mejor será continuar con el rastreo. Mientras más rápido encontremos al blanco, más rápido podremos largarnos de aquí. Ya no lo soporto.
-¿Pero y si lo que Shibumi dijo fue cierto? ¿Si en verdad existe el número 100? –susurró Reika con preocupación.
-Entonces estamos en serios problemas, Reika. –respondió Yamaki. –No me extrañaría si todo esto se va al demonio.
***
-¡No lo puedo creer! –gritó Juri soltando una risita.
Juri, Takato y Henry habían vuelto hacía un rato con bocadillos del restaurante de la familia Katou y habían estado comiendo y prestando atención al duelo entre Rika y Ryo. El encuentro se había mantenido muy cerrado hasta que Rika hizo una jugada afortunada y terminó derrotando a Akiyama por una diferencia aplastante.
-¡Aaaaaagh! ¡Qué masacre! –soltó Ryo mientras se tiraba de espaldas al suelo con los ojos dándole vueltas. –Es buena.
Todos rieron, Rika le agradeció a Ryo, se levantó de su lugar y tomó un bocadillo mientras se sentaba en una banca con Juri.
-¿Qué te parece? ¿No es lindo? –le susurró Juri a Rika al oído.
“¡Juri! ¡No me digas que tú tramaste todo esto!” respondió Rika.
-Bueno, Takato me ayudo un poquito. –se sonrió Katou.
“Me siento como un trozo de carne”
-¿Pero, un trozo de carne contento?
Rika sonrió un poquito.
“Si, un trozo de carne muy feliz.”
-¡Claro! –se jactó Juri. –Si soy una genio en cuestión de relaciones.
“¿Cómo supiste que me iba a disculpar con él, genio?”
-La pregunta es: ¿Habría sucedido todo esto si no lo hubieras hecho? –contestó Juri, guiñando un ojo mientras tarareaba el tema de la dimensión desconocida.
Rika soltó una risita.
“¡Callate ya!”
Henry se sentó frente a Ryo y le acercó un bocadillo y una gaseosa.
-Vamos viejo, estuviste muy cerca. –Lo animó Wong. –Jamás había visto que alguien le diera tanta batalla a Rika, eres bueno.
-Gracias. –dijo Akiyama dando un trago al refresco. –La verdad, fue muy divertido.
-A lo mejor a la otra ganas. –dijo Henry.
-A lo mejor... –respondió Akiyama. –Aunque no me gustaría saber qué me pasaría si eso sucediera. Probablemente terminaría colgado de los calzoncillos en algún poste alto.
Los dos chicos soltaron una carcajada, pero se detuvieron al ver la mirada amenazante de Rika.
-Je je je, fue una broma. –balbuceó Ryo.
-Si, en buena onda, je je. –complementó Henry.
Rika se levantó de la banca y comenzó a hacer señas.
“A veces las bromas me dan ideas. ¿Quién quiere ser el primero en colgar de los calzoncillos en el poste?”
-No le entendí, pero no fue bueno ¿Verdad? –murmuró Ryo.
-No, nada bueno. –Respondió Henry mientras se sujetaba los pantalones.
-Este... Bueno... ¡bye! –gritaron los chicos al mismo tiempo mientras emprendían la graciosa huida.
Rika corrió detrás de ellos, y utilizó sus poderes para hacer que a Henry se le amarraran las cintas de los tenis, y para que a Ryo lo atacara un arbusto. Estaban en eso cuando...
-¡Rika! ¡¿Qué hacen tus garabatos en mi libreta de dibujo?! –rugió Takato.
Los tres se paralizaron en plena persecución y miraron al joven Matsuki, luego Henry y Ryo miraron a Rika.
Rika sonrió inocentemente y se encogió de hombros.
-¡Ya lo verás! –gritó Takato abalanzándose contra la pelirroja.
-¡Corran! –gritó Henry.
Juri veía divertida como sus amigos se peleaban por pequeñeces mientras comía otro bocadillo.
-Ay, son tan simples. –murmuró Katou.
-¡No te hagas la que no sabes, Rika! ¡Estos garabatos son tu letra!
“¡Era una emergencia!” decía la pelirroja. “No lo pude evitar, tú libreta era tan tentadora”
-¡Bándala! –le dijo Takato al atraparla y darle un golpecito en la cabeza. –Conste que te perdono sólo porque eres mi amiga.
“Que amable” respondió Rika sarcásticamente. “... Oye Takato, ¿Me prestas tu pluma otra vez?”
-¿Uh?, si, claro. –contestó Matsuki alcanzándole la pluma a la pelirroja.
Rika se acercó a Ryo y tomó su mano.
-¿Eh? –se sonrojó este.
Rika escribió algo en la mano de Ryo, le sonrió, y le devolvió la pluma a Takato.
“Muchachos, ya me tengo que ir. Le prometí a mamá que llegaría temprano a casa.”
-¿No quieres que te acompañemos, Rika? –Se ofreció Juri.
“No, está bien. Se cuidarme sola.”
-Hasta mañana, Rika. –se despidieron todos.
“Adiós”
Una vez que Rika desapareció de la vista de todos, Ryo leyó lo que la pelirroja había escrito en su mano:
“Fue divertido jugar contigo, Ryo.
Nos vemos mañana a la misma hora.”
Rika.
-¡Guau! –jadeó Ryo. –Excelente...
-¡Hey! ¿Y que te escribió Rika en la mano picarón? ¿Una cartita de amor? –Comentó Henry mientras trataba de leer la palma de Akiyama.
-¡No! ¿Cómo crees? –Soltó Ryo guardándose la mano en el bolsillo del pantalón. –Además no es asunto tuyo.
Henry se sonrió.
-Como digas, viejo.
***
Rika caminaba de regreso a casa pensando en los sucesos del día y sonriendo por ello. No recordaba haber pasado una tarde tan divertida con sus amigos, ¿sería acaso por Ryo? Rika se detuvo en la esquina de la calle y esperó junto a otros peatones a que la luz del semáforo cambiara de color.
Ryo... parece ser un chico amable y sincero...
La señal del semáforo cambió y Rika cruzó la calle junto con los demás peatones; sin embargo, un estruendo hizo que volteara. Un auto se dirigía hacia ellos a toda velocidad, parecía que un hombre ebrio era el que conducía y no pensaba detenerse.
La gente comenzó a gritar y a correr hacia otras direcciones, más Rika no se inmutó y permaneció donde estaba. La pelirroja veía al vehículo aproximarse hacia ella como si todo estuviera en cámara lenta. Rika ya estaba acostumbrada a ver las cosas de esa manera, se giró y miró al automóvil con ojos brillantes. Levantó su mano y un brillo extraño la rodeó mientras esbozaba una sonrisa.
Detente.
Rika llegó a la acera en una fracción de segundo, se escabulló entre los peatones, y se colocó sus audífonos mientras miraba por sobre su hombro cómo el auto rechinaba los neumáticos y disminuía la velocidad poco a poco. La joven suspiró.
La vida es tan valiosa y tan frágil, no debería la gente tomarla tan a la ligera.
Rika se metió las manos en los bolsillos y prosiguió su camino, mientras el propietario del auto abría la puerta con dificultad y salía tambaleándose del vehículo, todavía con una botella de licor en la mano.
-...¡Eh! ...¡Fíjate por donde vas, chiquilla estúpida!... –El borracho trató de distinguir a Rika pero esta ya se había confundido entre la gente, así que el sujeto lanzó la botella vacía al pavimento, y cuando se dispuso a subir de nuevo al auto soltó un alarido.
-¡Mi auto! ... ¿Qué rayos?... ¡¡MI AUTO!! –gritó el ebrio mientras miraba el vehículo.
El cofre del automóvil se encontraba retorcido y abollado como si se hubiera estrellado contra una pared de acero, y las llantas estaban completamente deshechas por el alto tan brusco que tuvieron que afrontar. El hombre gritaba y maldecía mientras veía su auto convertido en chatarra, aplastado como una lata.
La gente murmuraba y observaba el auto con incredulidad. Era imposible que el auto se hubiera estrellado solo porque sí como decía el hombre.
-¿Qué crees que pasó eh? –le susurró una joven a su pareja.
-Lo más probable es que ese idiota se haya salido del camino. –Contestó un joven alto. –Pobre, no dice más que sandeces.
-¿Qué rayos fue eso?... ¡Qué hiciste... eh!... ¡MALDITA! –gritó el ebrio. –¡MI AUTO! –sollozó. –Mi auto...
-Si, definitivamente está bien borracho. –murmuró la joven.
-Que la policía se encargue de este tipo. –dijo un hombre vestido de traje mientras apagaba su celular y señalaba una patrulla policíaca que se aproximaba al lugar.
La multitud dejó de prestar atención y se dispersó, llegando a la conclusión de que todo el alboroto lo estaba causando un ebrio loco que no hacía más que gritar incoherencias; de inmediato dos policías llegaron a la escena y lo detuvieron mientras el sujeto seguía chillando que había sido una chica rara la responsable del accidente y no él.
Rika subió el volumen de su música y meneó la cabeza mientras desaparecía entre las sombras y murmuraba en su mente esa vieja tonada que recordaba de repente:
“Zutto zutto issho ni iru to Ano yuuhi ni yakusoku shita kara
(Juntos, juntos siempre estaremos tu y yo. Lo juramos en ese bello atardecer)
Ima sugu aitai Sono kimochi o Onegai tsutaete ne ...”
(Desearía verte aquí, tarde o temprano que mi deseo te haga volver...”)
Continuará...
El capítulo 3 ha terminado, ¿Qué te pareció? ¿Qué te agrada? ¿Qué te disgusta? Tú dímelo con confianza, que Lince no se enoja. Sólo te digo lo de siempre: Dudas, comentarios, sugerencias, lo que quieras, mándalo a mi e-mail o en un review.
Nos vemos en el capítulo 4!
Por cierto... checa el fic: “El espíritu del bosque” si tienes chanza porque lo escribí en conjunto con mi hermano y ya se me deprimió porque nadie le ha mandado un review. Hasta la próxima!
¡No olvides el review! n_n